Las aguas.

Las aguas, hoy transcurren tranquilas; no son aguas dulces, tan siquiera amargas, son serenas e insípidas, pero no se estancan.
Los silencios son fructíferos; ahondan y encuentran. El espejo me devuelve una imagen que me complace, en la que me reconozco y me acepto. Acostumbrada a la ausencia, ya nada me enerva.
El aire trae melodías que dejaron de ser nanas. Ya no mece un corazón asustado, su vaivén mueve los sentimientos envalentonados.
Hoy puedo ser luz para ciertas miradas. Incandescente para quien mi fuego aviva, inocua para el resto, y eje para mí misma.
El amor se asoma a las balconadas de mis ojos, se me escapa por los poros de la piel. Se prende en cada mirada, en cada caricia. Como rama se enreda a tu corazón.
Sakarah





