No se conformó.

No se conformó con engañarla con otra, sino que se la llevó a su casa y la impuso su presencia.
No le importaba el dolor que eso supondría, y negaba que fuera ella. La hizo cambiar de disfraz, y la idiota aún así la reconoció. Él lo negaba, pero alertado, ella dejó de hacer sus apariciones con sus "prohibidos" y sus "mayúsculas".
El embozado asentía a su petición de casamiento, como, igualmente embozado, entraba a buscarla cada noche al otro lugar.
El caso es que no se terminaba de quitar el pesado saco que le acompañaba desde cuatro años atrás, y tuvo que buscarse la disculpa de un descanso, que selló en el lugar con un "para siempre"
Ya nada le impediría escribir con total libertad, ni representar sus "escenas" sin azorarse.
Sakkarah
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