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LA ABADESA

Por Jano

Hoy, 12 de Octubre del año del Señor de 1.492, reinando sus Católicas Majestades Dña. Isabel y D. Fernando, la anciana Abadesa, tras larga y penosa enfermedad , habiendo recibido los Santos Sacramentos y la Extremaunción, ha entregado su alma al Supremo Hacedor.

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Esa noche, las hermanas velaron y rezaron por su querida madre abadesa que había pasado a mejor vida.

A la mañana siguiente, Fray Onésimo ofició la misa de réquiem acompañada por los cánticos de todas las hermanas y, en su homilía, ensalzó las virtudes de la difunta madre.

Pasado un día de rezos, como exigían las reglas, se reunieron a votar para nombrar nueva abadesa todas las hermanas,-- exceptuando las novicias--..

En ello estaban cuando llegó un emisario del Arzobispo con una misiva. En ella, se leía lo siguiente:

"Queridas hijas en Cristo nuestro Señor:
Conocido el fallecimiento de nuestra hija,
Sor Lucía del Justo Nombre de Jesús, he
decidido que sea nombrada Madre
Abadesa del convento mi sobrina Sor Inés
que se presentará allí en la mañana del
domingo después de maitines.
Confiando en vuestra obediencia y caridad,
quedad con Dios nuestro Señor y con mi
bendición.

Firma y sello ut supra.

El asombro se dibujó en las caras de las hermanas:
era harto irregular aquella imposición. Las Reglas de la Orden establecían claramente las normas que regulaban el nombramiento de la nueva abadesa. Sin embargo, el mandato no admitía interpretación ni discusión alguna. Debían acatarla sin la menor vacilación o discrepancia: el obispo ordenaba y debía ser obedecido.

Como anunciaba la carta de Su Ilustrísima, la mañana del domingo, después de maitines, en una severa carroza negra, llegó Sor Inés: envuelta en su blanca capa.

Se dirigió a la entrada del convento donde se encontraban todas las hermanas, incluidas las novicias, esperando su llegada. Fue recibida con deferencia y acompañada hasta la celda destinada a ella.

El asombro y cierto enojo se reflejaba en sus rostros;

Sor Inés, que no tendría más allá de los 21 años , con ojos en los que se reflejaba un cierto temor, no dejaba de mirar a uno y otro lado como buscando donde esconderse.

La dejaron sola en la celda y se retiraron murmurando contra aquella imposición tan absurda.

Sor Inés, sin fuerzas para pensar en la tarea impuesta por su tío y a la que trató de negarse sin éxito, se acostó a descansar aunque solo fueran unos minutos.

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Pasaron varias semanas y aquello era peor de lo que se había temido.

l Las monjas no hacían caso a sus indicaciones; ni siquiera las novicias.

Cada domingo, Fray Onésimo pasaba por el convento para oír las confesiones de las que lo habitaban. Sor Inés no le decía nada del tormento que estaba pasando. Al fin y al cabo, en la confesión no tenía porque hablar de ello puesto que no se trataba de pecados o faltas suyas.

Alguna noche de insomnio, paseando por el corredor, escuchaba risas y murmullos apagados

que trascendían las puertas de algunas celdas. Inquieta, no sabía que pensar de aquello.

Aún pasaron dos semanas más cuando se atrevió a contarle al fraile lo que ocurría y lo referente a los ruidos que escuchaba algunas noches en las celdas de las monjas.

Él la amonestó severamente por soltar las riendas de la situación y no saber manejar a sus hermanas. Ella era quién debía mantener el
orden y la disciplina en el convento y hacer cumplir las reglas con todo rigor. En cuanto a los ruidos nocturnos no sabía qué pensar: Sor Inés debería vigilar y enterarse de lo que en las celdas ocurría a unas horas en que todo debería estar en silencio. Ella prometió que así lo haría y le informaría de lo que descubriera.

Noche tras noche, procurando no hacer ruido, paseaba arriba y abajo por el pasillo, aguzando el oído para tratar de enterarse de lo que ocurría en el interior de las celdas de donde procedían los sonidos.

Algunas veces, oía risas apagadas y murmullos; otras, jadeos que no sabía identificar.

Seguían pasando los días y no avanzaba en su investigación.

Todos los domingos, Fray Onésimo le preguntaba por sus averiguaciones a lo que ella contestaba que, desde el corredor, no conseguía saber que ocurría en el interior de las celdas.

Además, no solo era eso: la abadesa le confió que no lograba hacerse obedecer.

Cada monja iba por su lado, holgazaneando, durmiéndo en los rezos, robando en la cocina, yendo desaliñadas e incluso, riñendo entre ellas por el asunto más baladí.

Fray Onésimo se enfurecía y le recriminaba su falta de autoridad que, por todo lo oído, redundaba en perjuicio de la buena marcha de la comunidad. A él le preocupaba todo: la falta de disciplina de las monjas y lo que pasaba en las celdas durante la noche. Ordenó, irritado, a Sor Inés que tomara medidas en todos los sentidos o se lo comunicaría a su tío el Arzobispo. Incluso, le ordenó que entrara en alguna de aquellas celdas de las que procedían los sonidos y se enterara directamente de lo que allí ocurría. Tenía autoridad para hacerlo en beneficio de la comunidad. No debería dejar pasar ni un día más sin averiguarlo. Ella asintió y prometió hacerlo.

Sin valor para cumplir su promesa, aún pasaron varios días hasta que, haciendo acopio de valor, la noche del sábado entró sin aviso en una de las celdas.

Lo que presenció le heló la sangre y a punto estuvo de caer al suelo desvanecida por la impresión. Dos novicias, totalmente desnudas, intercambiaban besos mientras se azotaban mutuamente en las nalgas y la espalda con las manos y unas cuerdas entre risas hasta que se dieron cuenta de la presencia de Sor Inés.

Sorprendidas por la abadesa, las dos jóvenes trataban sin éxito de tapar su desnudez.

En tanto, Sor Inés, petrificada, no daba crédito a lo que acababa de presenciar. Sin reaccionar, seguía allí, sujetando la puerta con una mano y sin dejar de mirar la escena como hipnotizada.

Al fin, pudo articular unas palabras que le sonaron como dichas por otra persona: salían de sus labios atropellada e incoherentemente

Las amenazó con la condenación eterna, con proclamarlo a los cuatro vientos, con decírselo al Arzobispo para que fueran expulsadas. Les ordenó que se acostaran advirtiéndoles que se tomarían medidas contra ellas.

Abrió otras puertas y, horrorizada, encontró escenas similares. Novicias y monjas, desnudas o semidesnudas, se abrazaban, se besaban, se manoseaban, se lamían, hurgaban los sitios más recónditos de sus cuerpos,..

Trastornada, enfebrecida, encolerizada, abrió violentamente las puertas de todas las celdas y a grandes voces ordenó a las mujeres que salieran al pasillo tal como estaban.

De su celda, Sor Inés tomó las disciplinas que usaba para purgar sus pecados y, avanzando por el pasillo, golpeaba con ellas a todas las que, a ambos lados, arrimadas a las paredes, encontraba a su paso, sin sus hábitos o con ellos tratando de taparse.

Cuando se fue calmando, no sin antes haber azotado a muchas de ellas, ordenó que cada una se encerrara en su celda.

Una vez que el pasillo quedó vacío y en silencio, Sor Inés se encerró en la suya. Las manos le temblaban y un calor desconocido, unas sensaciones nunca sentidas le recorrían la espalda

Y, en suma, todo el cuerpo entero. Con la boca abierta notaba el temblor de sus labios.

Su cabeza era un caos, un torbellino de emociones encontradas. Algo insólito no sentido nunca le atormentaba: algo que no sabía definir.

Se acostó vestida con el hábito, temblando desde la punta de los pies hasta la nuca.

Las escenas vistas, el recuerdo de ella misma azotando sin piedad a sus hermanas se cruzaban por su imaginación desbocada. Escalofríos le recorrían la columna vertebral y el temblor no abandonaba su cuerpo ni su espíritu.

No comprendía cómo había podido llegar a tales extremos, aunque las faltas de sus hermanas fueran tan graves.

Una laxitud nunca sentida se apoderó de ella.

El sueño la venció al fin. Cayó en un sopor y los sueños, como un vendaval de emociones, poblaron su espíritu. Se veía de nuevo azotando a monjas y novicias sin discriminación y disfrutando de ello. La escena le producía cosquilleos y espasmos en el vientre.

Al fin, las imágenes se diluyeron en su cerebro y cayó en un profundo sueño reparador.
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A la mañana siguiente, domingo, Sor Inés encabezó la fila para el rezo de maitines con una extraña sensación en su cuerpo y su mente.

Tras ella, monjas y novicias, avanzaban en silencio, cabizbajas. Ninguna de ellas levantó la cabeza durante los rezos en la capilla.

Fray Onésimo, oyó en confesión a las monjas. Cuando le llegó el turno a la abadesa, le preguntó si había averiguado algo a lo que contestó que no, sintiéndose culpable por la mentira. Nada había sucedido digno de mención.

Llegado el momento de la comunión, Sor Inés, le hizo una seña al fraile como que se encontraba indispuesta para recibirla.

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A partir de aquella noche, la Abadesa fue obedecida en todo lo que mandaba durante un tiempo. Ella mantenía ante el fraile que nada ocurría ya que había tomado las riendas de la comunidad: no se oía nada por las noches y todo empezaba a marchar de la mejor manera.

Sus hermanas iban aseadas, estaban atentas a los rezos y no habían vuelto a discutir. No tenía motivos de queja y se sentía satisfecha.
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Pasaron los días y una noche, la abadesa salió al pasillo. De una de las celdas salían risas y gemidos de nuevo: balbuceos, como quejidos, jadeos.

Abrió la puerta con firmeza y encontró juntas a dos monjas tumbadas en la litera, semi desnudas, abrazadas una sobre otra, besándose y acariciando sus cuerpos. Les obligó a salir de la celda y llamó al resto de las hermanas. Todas se colocaron a ambos lados del pasillo con la espalda apoyada en la pared.

Algunas salían de la celda de otras, a medio vestir. A las primeras que sorprendió, les ordenó que, tal como estaban, sin ropa, se colocaran en el centro. Mandó a las que no estaban decentemente vestidas que se pusieran también junto a las primeras.

Sin vacilar un punto, se dirigió a su propia celda de la que volvió con las disciplinas en la mano agitándolas en el aire. Dijo a las infractoras,--ocho en total --, que se colocaran frente a frente, juntas.

Avanzando por el pasillo, primero una fila y más tarde la otra, fue recorriendo una a una a las monjas y novicias, azotando sus culos, uno a uno veinte veces.

Mientras esto hacía, extrañas sensaciones le acometían; una a modo de satisfacción invadía su cuerpo y su mente, dándose cuenta de que

algo en la acción de los azotar a sus hermanas le producía un gran placer: se regodeaba con el color que iban adquiriendo sus traseros por efecto de los azotes.

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De tiempo en tiempo, la escena se repetía con variantes.

Sor Inés se hizo de un pequeño látigo y una regla de dura madera de haya que utilizaba a su entera discrección sin que en la grey se alzara voz alguna de protesta.

En ocasiones, cuando el castigo era en presencia de todas las monjas, algunas risas ahogadas se escuchaban por parte de las más jóvenes.

Otras veces, el castigo se producía en la intimidad de la celda de Sor Inés. Después de azotar con firmeza a las infractoras, le rendía la

ternura y las abrazaba, las besaba y acariciaba su enrojecido culo mientras ellas descansaban la cabeza sobre su pecho, llorando blandamente.

Cuando el castigo era en privado, prefería hacerlo solo con la mano.

La paz reinaba en el convento y se veían resplandecer los rostros de la mayoría.

Durante el día, se ocupaban con diligencia en la cocina, en el huerto, haciendo dulces, etc.

En la noche, las idas y venidas de unas celdas a otras, eran más que frecuentes. Los castigos se sucedían casi a diario. Siempre había alguna que había cometido una pequeña falta y Sor Inés sospechaba que lo hacían a propósito.

No faltaban las visitas a la celda de la propia Abadesa donde se escuchaban los mismos sonidos que en las otras.

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A Fray Onésimo, jamás le dijo nada de lo que pasaba entre aquellas paredes. Solo le contaba lo bien que marchaban las cosas. A esto, el felicitaba a la Abadesa por haber encauzado a las hermanas y lograr la paz y el bienestar para ellas, y para el convento a mayor gloria de Dios.

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La Abadesa llegó a una provecta edad antes de rendir cuentas ante su Creador con el cariño y la devoción de sus hermanas.

F I N

 
LUCIA.
Relato de Jano.
Durante cuatro años, desde los 18, había soportado las Infidelidades de Mario, su pareja. Cansada de la situación, harta de perdonar y volver a perdonar, una vez y otra, siempre con su promesa de no repetirlo, Lucía le dejó plantado y trató de reanudar su vida por otros derroteros, sola.

El detonante fue que, cuando se decidió a hacerle partícipe de sus fantasías íntimas él, airadamente, le dirigió los peores epítetos de que fue capaz.
Lucía soñaba con que él le propinara una azotaina de vez en cuando: era su anhelo secreto y que mantenía como tal desde que le conoció. Solo la necesidad y la deseperanza guardada durante los últimos cuatro años, hizo que se confesara a él. El resultado no pudo ser peor; ante aquél aluvión de insultos, la joven decidió dar por terminada la relación.

Ella, que le había perdonado toda clase de infidelidades, no entendía que él no accediera a sus deseos o, al menos, no se aviniera a discutirlo amistosamente.

Con lágrimas en los ojos, recogió algunas de sus pertenencias, llamó a su hermana y le pidió asilo momentáneo.

De nuevo llorando, abandonó la casa donde había transcurrido su vida en aquel tiempo.

Ya instalada en la casa de su hermana, pensó en su futuro y decidió que tenía que hacer algo para ganarse la vida. Su trabajo como auxiliar administrativo en una empresa, de 8 a 15 no era lo más apropiado. Se enteró de la convocatoria a una oposición del Estado, bien remunerada y con perspectivas de ascenso. Decidió presentarse ya que reunía las condiciones precisas.

Dado que llevaba tiempo sin estudiar y que los temas eran muchos y difíciles, comprendió que debía buscar ayuda.

Hizo averiguaciones y supo de un profesor especializado en la preparación de oposiciónes.

Llamó al número de teléfono que le habian proporcionado y concertó una cita para el día siguiente. La voz de la persona que la atendió era de una mujer: la dirección, de una calle cercana al Museo del Prado, zona de las más elegantes de Madrid.

Llena de esperanza, se acicaló cuidadosamente: pantalón gris claro, camisa blanca, chaqueta tipo sastre y zapatos de tacón alto. El pelo, recogido en una larga “cola de caballo”. Carmín en los labios y una discreta sombra de ojos.

Aproximándose la hora de la cita, tomó el metro hasta la estación de Banco de España (Cibeles) y bajó andando por el Paseo del Prado hasta llegar a la calle y al número que le habían sido indicados.

Se encontró ante un edificio de principios del siglo XX, señorial, con un gran portal flanqueado por dos grandes puertas de hierro forjado y una mullida alfombra roja cubriendo toda la entrada. Caminando por ella, accedió al ascensor de madera labrada y cristales. Abrió la puerta,--también de hierro forjado--, y subió hasta el segundo piso. Llamó al timbre y esperó. Tras unos pocos segundos, la puerta se abrió:

una mujer de unos cuarenta años, embutida en un ajustado vestido negro, delantal blanco y cofia del mismo color, le hizo pasar y, tras enterarse de quién era le pidió que la siguiera por el ancho corredor alfombrado y flanqueado por numerosas estatuillas de bronce y varias cornucopias.

Lucía la observaba mientras caminaba tras ella: se trataba de una mujer alta, de pelo negro y espléndidas caderas que movía acompasadamente al andar sobre sus zapatos de altos tacones.

Después de algunos pasos, la mujer llamó discretamente a una puerta y, al recibir el permiso, la abrió y anunció la visita de Lucía. Con un ademán la invitó a pasar.

Cuando hubo entrado, Lucía se encontró en una gran habitación en la que había varias mesas de caoba, armarios de la misma madera, alfombras rojas y, al fondo, una mesa de despacho ante un ventanal con cortinas de terciopelo y, tras la cual, se encontraba un hombre de unos 50 años, delgado, pelo entrecano y patillas plateadas. Se levantó para recibir a la joven. Su estatura era más que mediana: vestía un traje negro que hacía juego con su rostro severo. Indicó a Lucía un sillón frente a sí y, tras sentarse ella, también él tomó asiento.

Después de escuchar las pretensiones de la muchacha, con voz profunda, bien modulada dijo:

--“Señorita: antes de aceptarla como alumna, he de decirle mis condiciones.”

Impresionada por el escenario y la presencia del hombre, Lucía asintió con la cabeza.

--“Bien: la vestimenta de mis alumnos es muy importante para mí. La puntualidad, la estricta obediencia y el esfuerzo también lo son.

Lo primero: no podrá venir vestida con pantalón. Siempre con falda. No deberá maquillarse de ningún modo y el pelo irá recogido. ¿Me va entendiendo?—“

Lucía afirmó con la cabeza.

--“Sigo: las faltas de puntualidad, los errores, la indisciplina, o el incumplimiento de las reglas sobre la vestimentas, serán sancionadas debidamente—“

Lucía se movía inquieta ¿Qué querría decir el hombre con lo de sancionar sus posibles faltas? No obstante, asintió levemente. Lo que sabía del profesor por las referencias recibidas sobre él, era que el número de aprobados de sus alumnos en las convocatorias ascendía a un 90%. No podía permitirse poner objeciones y sí aceptar las condiciones impuestas.

--“Esas son mis reglas además del pago de las clases.

Si no está de acuerdo éste es el momento de decirlo. Una vez que haya aceptado deberá cumplirlas o nuestra relación quedará cancelada en caso de no hacerlo a mi entera satisfacción. ¿Sí, acepta? En ese caso, todos los lunes, miércoles y viernes a las 17,30 la quiero ver aquí con los ejercicios que yo le daré.Mañana es viernes, así es que hasta mañana.”--

Se levantó y acompañó a Lucía hasta la puerta, donde le tendió la mano y la despidió.

En el pasillo, misteriosamente, apareció la mujer como si supiera de antemano que ella iba a salir. La llevó hasta la puerta de salida y allí a la despidió con una ligera inclinación de cabeza.

Caminando por el Paseo hacia la entrada del metro, Lucía iba poniendo en orden sus pensamientos. No sabía bien a que se referiría el profesor con lo de los castigos. ¿Acaso le impondría deberes extraordinarios como en el colegio? Era tal su necesidad de aprobar aquella oposición que aceptaría casi cualquier cosa o esfuerzo que se le impusiera.

Pasaron dos semanas. Las cosas se desenvolvían bastante bien: a veces, recibía una regañina y gestos de desaprobación por parte de él. Hasta el momento no había recibido ningún castigo: supuso que las amenazas iban encaminadas a que ella hiciera el máximo esfuerzo.

Un lunes, llegó con los ejercicios sin terminar. La noche del sábado se fue de marcha con su hermana y sus amigas: se acostó ya entrada la mañana del domingo y durmió casi hasta lo noche. En consecuencia, no había tenido tiempo de hacerlos.

Cuando llegó el momento de entregarlos y no poder hacerlo, el profesor, airado, le dijo:

--“¿Cómo se atreve a venir sin los ejercicios hechos?”—

--“No me ha dado tiempo de hacerlos”—contestó Lucía.

“—Desde el viernes que salió de aquí hasta hoy han pasado casi 72 horas y no ha tenido tiempo ¿Eh? Esta es una falta que no puedo pasar por alto. Con otras he sido demasiado benévolo, pero con ésta no. Apoye el pecho y las manos sobre esa mesa libre de papeles y manténgase inclinada hasta que yo le diga.”—

Sin salir de su asombro, Lucía vaciló un momento antes de cumplir la orden pero, ante la dura mirada del hombre que lanzaba fuego por los ojos, obedeció con una extraña sensación en el cuerpo y la mente.

Dio un respingo cuando sintió en su culo el golpe de un objeto contundente. Sin poder evitarlo, se levantó bruscamente y vio al hombre con una regla en las manos de unos 50cm. de larga y 5 de ancha.

Con una fuerza insospechada, él la obligó a agacharse de nuevo y, ante las protestas de la joven, impasible, sin una palabra, siguió azotándola.

--“ Ya le dije mis condiciones el primer día. Ahora debe cumplir su compromiso. Estará toda la hora de la clase en esa posición y, cada 15 m. recibirá 10 golpes con la regla hasta la hora de irse. Si no lo acepta, puede irse ahora mismo: pero no vuelva.”—

Lucía no se movió. Recibió los reglazos que aún faltaban y se mantuvo quieta. Entretanto su cerebro

No paraba de dar vueltas a la situación; por un lado, por primera vez se habian hecho realidad sus fantasías: por otro le parecía que la situación era bastante extraña y que, si la aceptaba pasivamente podría parecer raro y su dignidad quedaría mermada. Trató de levantarse pero la voz del hombre le hizo cambiar de opinión con una orden tajante.

--“ Quieta o se marcha”—

No se movió. Extrañas sensaciones recorrían su cuerpo

Al rato, efectivamente, la regla volvió a hacer impacto en su dolorido culo que ardió con otros 10 golpes.

Siguió sin moverse y sintiendo sus carnes al rojo.

Antes de terminar la hora, como él había dicho, recibió los 20 restantes.

En un estado de gran excitación, después de recibir las consiguientes reprimendas y advertencias para el futuro por parte del profesor, Lucía salió de la casa.

Ya en el vagón del metro se dio cuenta de que una cierta humedad mojaba sus muslos. Volvió a pensar que alguien, seguramente sin saberlo, había hecho realidad sus fantasías. Confió en que aquello se repitiera con frecuencia.

Llegada a la casa, se encerró en su habitación y, frenéticamente, llevándose las manos a la entrepierna, bajándose el panty, se masturbó recordando la azotaina recibida.

El miércoles, en lugar de los pantys se puso un exiguo tanga, medias ajustadas a los muslos y una falda muy corta. Llegó con los ejercicios hechos aunque con 5 m. de retraso.

Él la recibió con una mirada fría y le advirtió de su impuntualidad.

--“ Al final de la clase le haré pagar retraso”--

Lucía se estremeció de la cabeza a los pies, un hormigueo recorría su vientre y el culo le ardía anticipadamente, expectante.

Transcurrieron 45 m., tras los cuales, él ordenó a la joven que se inclinara sobre la mesa. Con una ligera vacilación, ella obedeció y, al jacerlo, tuvo la seguridad de que algo más que sus piernas se mostraba.

Si mediar palabra, él se afanó en golpear con la regla las carnes femeninas sin, al parecer, percatarse del espectáculo que ofrecía la joven en semejante postura y por el corto tamaño de la falda.

En ésta ocasión no fueron 10 los golpes propinados sino 30, tras los cuales la recriminó por su falta y, despues de ello, comenzó a azotarla de nuevo hasta un total de 40.

--“Siento tener que adoptar éstas medidas, pero es necesario que aprenda a tener disciplina y a obedecerme. Le recuerdo que se lo dije al principio. Usted me obliga a ello.”--

Entretanto, con suavidad, subió su falda y, también suavemente acarició el enrojecido culo de la muchacha. Ella se estremeció: la caricia calmaba el escozor.

Al poco, se retiró de ella y, acercándose a la mesa, pulsó un timbre. Inmediatamente se presentó la mujer.

--“Traiga una palangana con agua y hielo y una toalla pequeña”—

Sin decir palabra, la mujer salió y volvió enseguida conlo pedido.

Lucía seguía en la misma posición reclinada sobre la mesa y las nalgas casi al aire.

--“Humedezca la toalla y aplíquela sobre ella”

Así lo hizo . En tanto, Lucía, agradecida por el tratamiento, pero confusa no sabía que pensar de la situación.

La mujer sabía de éstas escenas y no parecía sorprenderla. El culo de la chica disfrutaba del frío.

Al poco, sonó la voz del hombre: --“Ya basta. Pueden irse las dos”—

La mujer salió y Lucía, con la cara arrebolada, se arregló la falda tapando su desnudez y, recogiendo sus cosas se despidió con la mirada baja.

Salió a la calle. Llovía. A ella no parecía importarle. Andaba deprisa y el agua escurría por su cara como si fueran lágrimas, pero en su interior, otra tormenta se cernía. Su vientre hervía de deseos incontenibles encendido de pasión .

En el metro, ausente de todo lo que la rodeaba, apretando su carpeta contra el pecho, no se había dado cuenta de que alguien le estaba acariciando el culo. Al fin, la luz se hizo en su cerebro. Un joven que estaba a su lado con aire inocente que miraba al infinito la estaba sobando las nalgas por encima de la falda. Dudando si montar un escándalo o aceptarlo, optó por lo último. Aquello hizo que aumentara más si cabía su excitación. Haciendo que no se daba cuenta, ella, a su vez, se oprimió el pubis con la mano que le quedaba libre. Llegó a su estación dejando al muchacho en un estado de más que probable exaltación erótica no menor que en el que ella se encontraba.

Llegado que hubo a su casa no pudo por menos que descargar su carga sexual con la mano, la almohada, y el mango de un cepillo

Pasaron los días y Lucía siempre encontraba alguna forma de recibir una azotaina. Su profesor la regañaba constantemente y la azotaba con gran dedicación.

Al castigo seguían caricias y más agua y más hielo . Ocasionalmente, algo abultaba el pantalón del hombre. Nunca se pasó a mayores.

Lucía salía casi todos los días de la clase en un estado de permanente exaltación erótica , con un fuego interior que apagaba como podía en la intimidad de su dormitorio.

EPÍLOGO.

Cuando se presentó al examen, iba tan bien preparada que lo aprobó sin la menor dificultad.
Volvió a sus clases con el profesor para preparar otra oposición, que aprobó con nota. Despues vendrían otras cada vez más importantes y, por tanto, más difíciles.

En Madrid, a 1 de Mayo de 2.005

JANO.
 
ADELA
Por Jano:
Cuando abrió la puerta de la habitación,su sobrina Adela, sin más ropa que una exigua camiseta que apenas le cubría la cintura y dejando a la vista su culo, moreno por el sol, amplio y respingón que mostraba sin tener conciencia de su presencia. Le sorprendió lo que estaba haciendo: montada a horcajadas sobre el brazo del sillón , se movía adelante y atrás frotándose sobre él, con un movimiento que no dejaba lugar a dudas sobre su intención.
Excitado por el espectáculo y a la vez irritado por tan desvergonzada actitud, airadamente se dirigió a la jovencísima Adela exigiendole que parara. Ella pareció no oírle y siguió con el vaivén. En vista de que no le hacía caso, él, brúscamente, sacó rápidamente su cinturón que chasqueó en el aire y, sin explicaciones ni avisos, lo abatió sobre las expuestas nalgas, dejando rojas señales alargadas sobre ellas.
Ella, al primer cintazo, trató de eludir el castigo sin éxito. La mano de su tío la sujetó fuertemente al sillón; mientras, no cesaba de descargar un latigazo tras otro sobre aquel corazón de sandía en que se estaba convirtiendo el culo de la joven.
El cinturón cruzaba el aire con un silbido amenazador antes
de estrellarse ora sobre un lado, ora sobre el otro, alternando.
Las protestasy gritos de Adela fueron dando lugar a suaves gemidos cada vez que el cinturón hacía impacto en sus carnes. Aparentemente, con la intención de evadirse del castigo, su cuerpo volvió a moverse de forma convulsiva de atrás hacia adelante frotando su entrepierna contra el brazo del sillón. Al observar aquella maniobra, su tío aumentó la fuerza y frecuencia de los azotes, ante lo cual, ella, por toda respuesta, incrementó la velocidad de sus movimientos.
La escena pareció quedar suspendida en el tiempo. El tío, más excitado que enfadado con ella, sin embargo, no paraba de descargar golpes sobre aquél culo al que no dejaba de mirar como hipnotizado.
En tanto, Adela se aferraba al brazo del sillón, incluso con las uñas clavadas en él sin dejar de frotarse. El resto del cuerpo subía y bajaba al ritmo de los azotes.
Ninguno de los dos parecía prestar atención al tiempo transcurrido desde que empezara el castigo.
Repentinamente, ella cayó desplomada sobre el sillón. Asustado, su tío dejó de golpear pensando que se habría desmayado; cuando intentó levantarla, Adela se le abrazó con fuera al cuello mientras le besaba apasionadamente en los labios.
Lo que sucedió a continuación, pertenece a la intimidad de sobrina y tío.
Aquello fué "El Comienzo de una gran amistad" (Casablanca)

JANO.
 
AL GALOPE
Por Rams:
"Me dijeron hace meses que la competencia serla intensa. Alertaron a mis padres sobre la dedicacirn que requerirla esta pr`ctica. Se escogir el mejor caballo de la comarca, la montura m`s fina, todos los implementos fueron hechos a mi medida y gusto. Con exquisito lujo se bordaron mis chaquetillas y pantalones de montar, las botas fueron fabricadas por un artista en talabarterla traldo expresamente a la viqa. Mis instructores llegaban evaluados positivamente por sus logros previos, y eran despedidos a la menor falla que presentara mi exhibicirn...
Asl pash medio aqo y una docena de habilidosos entrenadores desfilaron por los arcos de salida, con la cabeza gacha y un cheque de finiquito. Pap` estaba al borde de la quiebra, los gastos aumentaban en la medida que pretendla tener satisfechos a los inversionistas, los rancheros, la servidumbre y a cualquier pobre pelafustan que se sintiera afectado por mi comportamiento. El escazo rendimiento de las vides acentuaba el negro humor que se cernla sobre los envejecidos hombros de mi madre. Las canas desarrolladas por ambos en los yltimos 40 dlas no dejaban de asombrarme. Pero yo era una chica arrogante que aspiraba al Premio Nacional de Equitacirn, por lo que no me detenla en contemplaciones por demasiado tiempo. Estaba muy ocupada leyendo novelitas rosa y comiendo chocolatines a escondidas, ya que el sobrepeso mlo era factor determinante en los saltos de Chamberlain

Una noche, de vuelta del teatro de variedades al que solla ir con mis amistades escolares, me encontrh con 2 seqoras de aspecto europeo charlando en la salita, mientras que mam` les servia th al chofer que tantas otras veces habla conducido la entrada de mis educadores frustrados .. pero algo olla diferente ahora. Nadie me presentr adecuadamente, 4 pares de ojos se posaron risueqamente en mi boca manchada de sorbete de chocolate, provoc`ndome un incontrolable sonrrojo.

- A partir de maqana ellas se haré cargo de ti, hijita - dijo papa extraqamente conmovido
- Sera mejor que te acuestes, querida, mañana ser duro ... necesitaras estar descanzada

Quize responder que ya era yo mayor para decidir a que hora me dormla, parecla que esperaban eso las mujeres, entonces (srlo por llevar la contra) subl las escaleras apresuradamente sin despedirme siquiera. Arriba la mucama ocultr el rostro y ahogr un ruido que casi puedo asegurar era una risa. En mi berger habla un horario e instructivo detallado de actividades desde la madrugada a la puesta de sol empezando de !!!?hoy mismo?!!!

Naturalmente desconocl la validez del papeleo aquel, tras echarlos a mi basurero decidl fumarme los restos de la hierba que me quedaban del paseito con mis ex-compaqeras. Dispensada de los molestos deberes escolares, inclusive exmida de asistir a clases o de rendir ex`menes, mi vida era la fantasla soqada de las muchachas y m`s de una vez se haclan repetir mis hazaqas de testarudez o las insolencias que era capaz de soltarle al m`s encumbrado de los potentados de la regirn. Y me daba piteadas de cigarrillos "especiales" cuando la historia amenazaba con volverse monrtona, en la creencia que estimulaban mi memoria. Estaba enfuruqada sl q me hice un pitillo y absorvl lo que m`s pude de humo... Supongo que me marih muy fuerte porque desperth aletargada con unos rayitos de sol pincelando mis p`rpados. No alcanzh a caer dormida cuando varios brazos me levantaron y vistieron agilmente. Torpemente fui a dar a las caballerizas, me morla de sueqo.

- Se nos encomendr hacer de usted lo que ha pedido insistentemente a su familia: una ganadora
- Si, bueno, okey, empiezen el lunes, damas, ahorita me voy a tomar una siesta p...

Jamás termine la frase. Una me jala la ropa hasta dejarme a culo descubierto, distintas personas se enlazaron para encaramarme a la fuerzaobre Chamberlaln. Desnuda de la cintura para abajo efectuh un trotecillo flojo intentando escapar, pero !no podla zafarsme de las nuevas tutoras !

- Al galope , al galope - me declan una y otra vez mientas azuzaban con la fusta mi trasero
 
ENTRENEMIENTO
Por Jano:

Enfundada en su kimono blanco, hace ejercicios de elasticidad sobre el tatami separando sus piernas en un ángulo de 180º. Mira a su entrenador con aire desafiante inmersa en su propio enfado. Algo ha dicho él que no le ha gustado.

Comienza la clase y, poco a poco, en distintos momentos, su expresiva cara denota a las claras su descontento por las órdenes recibidas.

Está en la primera fila como corresponde a su condición de cinturón negro, donde sus expresiones no pasan desapercibidas al entrenador.

A medida que el tiempo pasa, su irritación y enfado aumentan, hasta el punto de que, contra todas las normas, lo manifiesta en voz alta.
Por toda respuesta, él desata su largo cinturón y, con un movimiento de va y ven, lo estrella en el culo de Ada. Esta, dando un respingo, se dirige al hombre de forma airada.

Un nuevo latigazo se estrella en su cuerpo haciéndola saltar. A éste le siguen otro y otro ante la mirada expectante del resto de los participantes en la clase. No es la primera vez que esta escena ocurre, bien con Ada como protagonista, bien con otros.

Ante las insistentes protestas de Ada que no ceja en su actitud agresiva, deja a cargo del entrenamiento a uno de sus ayudantes y, sujetándola con fuerza se la lleva al cuarto contiguo donde se encuentra guardado el potro de gimnasia. Allí, la obliga a ponerse sobre el aparato, no sin antes, y a pesar de la resistencia, bajar su pantalón hasta las rodillas.

Sin preocuparse por el ruido que pueda llegar a los otros, con el cinturón doblado, y siempre sin articular una sola palabra, lo descarga con firmeza sobre las nalgas desnudas de Ada quién, indefensa ante la mayor fuerza del entrenador, patalea y se retuerce sin parar. El sigue descargando el cinturón sobre el ya enrojecido culo de la joven sin hacerse eco de sus quejas e incluso amenazas.

Poco a poco, los esfuerzos de Ada por zafarse del castigo dan lugar a gemidos y a frotar una pierna contra la otra.

Cuando vuelven a la sala de entrenamiento, Ada aparece con la cara roja de vergüenza y acariciándose disimuladamente el culo.

El resto de la clase transcurre sin más quejas.

Al finalizar, el entrenador (su amante) y Ada entran en el coche de él, donde continúa la paliza que tan bién merecida tenía por su insubordinación y mal ejemplo para sus compañeros, con el culo bién expuesto a lo azotes e, incluso, a la mirada curiosa de los paseantes.

Lo cierto era que, Ada disfrutaba de éstas situaciones que ella misma provocaba, sabiendo cual era el resultado final : su culo, al rojo vivo.

Ya en casa, los azotes eran sustituidos por caricias y orgasmos múltiples de ella entre gemidos de placer y miradas apasionadas.

Yo, el entrenador.
 
CARTA A UNA AMIGA
Por Jano
Querida amiga:
Como ya sabes por mi última carta, la paz no brillaba en mi matrimonio. Pese a que mi marido es un dechado de paciencia, un diablillo interno me empujaba a menudo para que se la pusiera a prueba. Cuanto más le atacaba, más retraido y alejado le notaba. Raramente me hacía frente
y en esas raras ocasiones, después de la discusión, se encerraba en su despacho durante horas.
En realidad, por mucho que lo meditaba, no conseguía saber qué pasaba en mi interior para portarme de forma desconsiderada con alguien que me quería y a quién yo correspondía en el fondo de mi corazón.
No todo era negativo; nuestra actividad sexual era aceptable, e incluso muy satisfactoria,--curiosamente--, cuando habíamos tenido una discusión fuerte a lo largo del día (fuerte desde mi lado: él no solía responderme)
Como te decía, por mucho que buceaba en mis motivaciones para actuar de aquella forma con él, no sabía cuales eran las causas de mi actitud. Sí sabía, que todas nuestras desavenencias procedían de mis malas formas para con mi marido.
Pasaban los días y los meses y la relación iba empeorando casi por minutos. Él, cada vez mas encerrado en sí mismo; yo, cada vez mas nerviosa y
agresiva.
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Estando de visita en casa de mi amiga Ana ,--a la que tu debes recordar de nuestros tiempos de Instituto --, hice un descubrimiento asombroso. Mientras ella charlaba con el resto de las chicas, mi afición, casi compulsiva por la lectura, me llevó ante las estanterías donde Ana tenía sus muchos libros y revistas. Mis ojos se fijaron en un grueso tomo en cuyo lomo se podía leer "Enciclopedia del SM". El título me intrigó ¿Qúe era aquello de SM?. Lo abrí: en sus páginas encontré muchos dibujos, historietas, narraciones y fotografías sobre niñas, mujeres y alguna de hombres siendo sometido y sometidas, azotados y azotadas con la mano y otros instrumentos. La lectura y la visión de aquello, hizo que algo como una nube me rodeara y una excitación sin precedentes se apoderara de todo mi ser. A medida que pasaba las páginas, mi calentura subía. (Te cuento ésto por la gran confianza que nos une). Noté, desconcertada, que por mis piernas discurría el líquido que ya antes había empapado las bragas.
¿Qué me estaba pasando?. Repentinamente, me vinieron a la memoria escenas soñadas o en duermevela durante mis años de la pubertad y en las cuales, niñas o niños, eran azotados sobre las rodillas de adultos con el culo bién expuesto: aquellas ensoñaciones culminaban en lo que ahora sé eran los primeros aunque pequeños orgasmos.
Ante aquellos recuerdos y la visión de los castigos mostrados en la enciclopedia, mi estado era el de una elevada calentura. Dejando el libro en la estantería, pero con sus imágenes grabadas en mi memoria, fuí al cuarto de baño y....(fué así, te lo confieso), me masturbé frenética y lárgamente.
Antes de terminar la reunión, apartando a Ana de las demás, le pedí
que me prestara el libro, a lo que accedió guiñándome un ojo. Buscó una bolsa y me la entregó con una pícara sonrisa dibujada en su rostro sin ningún comentario. "Ya me lo devolverás" --me dijo-- "No hay prisa"
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Al regresar a casa y comprobar que estaba sola, encendida como seguía estando, fuí al dormitorio y, allí, con
una almohada entre las piernas, consegui cinco orgasmos maravillosos leyendo y viendo aquellas imágenes.
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Repentinamente, dscubrí cual era el diablillo que me impelía a mantener aquella estúpida y beligerante actitud con mi marido. Lo que anhelaba, sin ser consciente de ello, era recibir en mi cuerpo aquellos que me parecían deliciosos azotes.
Tenía que trazar un plan. Puse varios indicadores de papel entre diferentes páginas, --las más explícitas --, y dejé el libro "descuidadamente" sobre la mesa de centro en el salón. Me puse aquella camisa blanca y la minifalda tableada de cuadros rojos y negros ( ya sabes: las faldas escocesas ): una que guardaba como recuerdo de mis años de colegio y que apenas podía abrochar. Me había pedido mi marido que me vistiera de esa forma en numerosas ocasiones, lo que había supuesto que yo me pusiera con él como una fiera.
Esperé pacientemente a que él llegara sentada ante el televisor. Mi mente no estaba para lo que había en la pantalla; otros eran mis intereses.
Pasada media hora, que se me hizo interminable, mi marido llegó y le saludé. Al verme así vestida, se quedó parado a la entrada del salón con cara de asombro.

Mis piernas cruzadas, mostraban toda su longitud hasta casi, casi, la cadera. Hice como que no me percataba de su actitud de asombro y me levanté para cambiar de canal manualmente (lo que me obligó a agacharme y enseñar el culo apenas cubierto por unas bragas blancas, también de mi época de adolescente)
Le dejé alli con su expresión asombrada y me fuí a la cocina a prepararme un gin-tonic, procurando, durante el trayacto, mover las caderas más de lo acostumbrado.
Me tomé un buen rato en la preparación de la bebida. Cuando al fín
volví, él estaba ojeando el libro: me miró con gesto interrogativo. A su pregunta muda, le contesté que me había gustado y lo había pedido prestado.
"Esto es lo que te está haciendo falta a tí desde hace mucho tiempo y no me he atrevido a hacer por respeto, pero que ha pasado por mi cabeza miles de veces debido a tu forma de comportarte. No me he atrevido .......hasta ahora. En adelante, cada vez que me montes un numerito de los tuyos, vas a saber lo que es bueno"

Se le veía alterado como no le había visto nunca. Le provoqué, le insulté, le dije todo lo que se me ocurrió. Con sus ojos despidiendo chispas, vino hacia mí y me dió una bofetada.
"Es la última vez que me haces ésto. Se acabó. "

No bién acababa de decirlo, me agarró de un brazo y me tumbó sobre el sofá. A continuación, con toda tranquilidad, sin alterarse ahora, comenzó a estrellar su mano en mi trasero sin pausa, metódicamente,
a ritmo de metrónomo, no muy fuerte al principio, pero, paulatinamente, aumentando la fuerza de los impactos. Por alguna razón por mí desconocida, no hice la menor señal de rebelarme.
Los azotes dolían pero, a medida que se multiplicaban, el dolor dejaba paso a un cierto placer desconocido hasta el momento. Me levantó del sillón y me puso de pié, frente a él. Desabrochó su cinturón y, sacándolo bruscamente, lo hizo restallar en el aire antes de sujetarme por una muñeca y colocarme sobre sus piernas. Me quitó
las bragas de un tirón, las envió lejos y comenzó a descargar cintazos sobre mi desnudo culo. En aquella posición notaba el gran bulto de su sexo contra ni vientre desnudo.
Aquella situación era un tanto surrealista: la agresora habitual que era yo, no se resistía en tanto que, el agredido, me estaba sacudiendo bién sacudida. Era como si hubieran cambiado los papeles ( y así era, en efecto)
Toda resistencia tiene un límite y, las lágrimas afloraron a mis ojos, mansas, dulces. En mí se produjo una catársis.
Algo se rompió en mi interior. Una gran paz se apoderaba de mí. El dejó de azotarme, me levantó con dulzura y secó mis lágrimas con besos y caricias. Me besó dulce y largamente.
No recuerdo bién que dijo, pero fué algo así.

"¿Esto te duele? Y, todo el tiempo que me has estado martirizando, ¿crees que ha sido justo? Todo lo he soportado por amor. Espero que eso haya terminado para siempre"

Entretanto, me acariciaba yo mi maltrecho culo y le juraba que "nunca más". La sesión acabó en nuestro dormitorio, sin haber comido ,pero alimentándonos de los frutos del amor.
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Jamás cumplí mi juramento, pero él sí su promesa. Cada vez que trataba de molestarle, el cinturón, la mano y otros útiles que se fueron añadiendo, amén de ser castigada frente a la pared, o de rodillas y otras lindezas, eran el fín de toda discusión (no sin que despues hiciéramos una incursión al dormitorio).
Desde aquel día, somos felices y cada uno tiene lo que quiere.
Te dejo: El está a punto de llegar y quiero jugar un rato.
Con el cariño de siempre, tu amiga felíz,

JANA.
P.s. Espero tu respuesta y tu parecer lo antes posible. Vale.

 
LA PLAYA SANTA MARÍA
Por Rocío.

El siguiente relato esta basado en hechos reales, se ha cambiado los nombres de las personas para proteger su intimidad.

El sábado fuimos un grupo de amigas a la casa de playa de mi amiga Carolina de la universidad. A las 7 am pase a recoger a dos amigas, Lita de 23 años como yo su hermanita Ady de 14 que tambien venía con nosotras. Su mamá al despedirse me dijo, mirando sobre todo a Ady:

- Rocío cuídamelas por favor, y tu Ady hasle caso en todo a Rocío ahh , si no ya sabes.

Lo dijo muy seria y las chicas y yo tomamos una custer para reuirnos con el resto en el point de donde en la cherokee de Martha nos fuimos a la casa de playa de Carolina situada en el distrito de Santa María.

En Santa María, todo pasó sin novedad, almorzamos y ya en la tarde, al borde de la piscina tumbada en mi toalla, charlando con Ruth, mi mejor amiga y compañera de clase me percaté que, aunque había varias chiquillas jugando por ahí, ninguna era Ady, precisamente la que me habían encargado, felizmente Lita andaba por ahí así que le pregunté:

- Y Ady?

Lita, como cualquier hermana mayor no se preocupó en lo más mínimo y encogiéndose de hombros dijo:
- No sé. Quizá haya ido acá no más, a San Bartolo, como una prima vive ahí.

Lo dijo como si tal cosa y si bien la playa San Bartolo estaba cerca no pertenecía al distrito mismo y si se había marchado o había caminado mucho o algún taxi la habría llevado, se me vinieron a la mente la imagen de la actriz peruana Leslie Steward atacada en las playas del sur de Lima por Aldo Valle y le pedí a Lita que le envíe un mensajito e texto desde su celular para confirmar, pero Lita me dijo que ya no tenía saldo, así que tuve yo que enviarle una notita a su cellphone desde el mío: “donde estas?”. A los dos minutos la niña contestó : “Me vine un toque a San Bartolo, a la casa de mi prima, regreso en una hora.” Entonces le escribí: “Estas sóla con tu prima? Quienes más estan ahí?.”. Ella escribió unos minutos después: “Estamos con mis tíos, mi prima y un pata”.
Le contesté : “Pórtate bien, si no te castigo ahh”

A la hora me percaté que aún no venía, a las dos horas apareció. Llevaba un pareo y restos de arena ya seca en toda la piel. Le pregunté si almorzó y dijo sí y percibí un leve olor a cerveza. Era obvio que no estaba borracha pero no tiene edad para tomar así que le pregunté:

- Has estado tomando?
- Sólo un poco, es que me invitó mi pata.
- Como te portaste?
- Mal, muy mal… terminé agarrando con él, nunca más tomo.
- Pero que te pasa? No puedes largarte así no más con cualquiera, tomar y besarlo! Entra a la cocina y tomate un jugo, pero luego subes al cuarto.

No dijo nada y entró.

Un rato después subí al cuarto del segundo piso, era donde íbamos a dormir, pero aún era temprano.

- Bien señorita…- le dije.
- Bien que? – preguntó.
- Voy a tener que castigarte.
- A mi porque?
- Ahh todavía lo preguntas…
- Que me vas a hacer?

Me senté en la cama y me palmee un muslo diciéndole:

- Inclínate.
Abrió los ojos y musitó suavemente un no, pero igual la jalé y la puse en mis rodillas:

- Ya oiste a tu mamá, si no te portas bien, te cae.
- No, no, por favor.
- Guarda silencio – le dije mientras desataba su pareo y la sujetaba por la cintura y entonces empecé -. Toma (taz) toma (taz) (taz) (taz).
- Ay… no.
- No grites, debería darte vergüenza lo que has hecho. Toma (taz) toma (taz) (taz) (taz).
- No, no, me duele.
- Pues está muy mal tomar a tu edad, (taz) (taz) (taz). entiendes? (taz) (taz) (taz).
- Sí, si entiendo, pero sólo fue un poquito.
- Pues (taz) (taz) no vi que tan poquito (taz) (taz) (taz) y ya habrá tiempo para eso, por ahora no, (taz) (taz) (taz). entiendes? (taz) (taz) (taz).
- Sí, si entiendo, ya para, ya no lo vuelvo a hacer.
- Y ese chico (taz) (taz) (taz) es tu enamorado?
- No, es mi amigo.
- Pues (taz) (taz) (taz), está mal besar a los amigos, entiendes? (taz) (taz) (taz).
- Sí, si entiendo, ya no lo vuelvo a hacer, me duele.

La dejé parase y ella se quedó miando el suelo.

- Espero que hayas aprendido la lección. Más tarde vamos a jugar Pictionary, baja si deseas.
- Ahh, si, yo…. Bajo.

Y me fui.
 
Tercer relato de Jano

Ana tiene 14 años y, recientemente ha quedado huérfana. Jaime, el hermano menor de su madre ha venido para llevarla consigo a su casa en el norte, un edificio de dos plantas flanqueado por dos torres y alejado del pueblo más cercano algunos kilómetros donde vive solo con una criada.

Una vez instalada la niña en una de las habitaciones del piso superior, pasados unos días Jaime contrata una maestra educada en Inglaterra para la instrucción de la niña.

Transcurridas unas semanas el tío interrogó a la mujer sobre los progresos de su sobrina.

--No pone mucha atención en las clases, es desobediente y muy terca--

--Utilice los métodos que considere necesarios pero, no vuelva a darme otro informe semejante--dijo Jaime.--. Ya sabe a qué me refiero. No pienso soportar en mi casa ni la menor indisciplina, no solo de ella sino de usted. En caso contrario, seré yo quien tome medidas.

Al día siguiente, Sara, -la maestra, - habló a la niña en los siguientes términos:

--A partir de ahora, las cosas van a cambiar radicalmente. Tengo plenos poderes de tu tío para educarte, tanto si quieres como si no. O lo haces de buen grado o habré de utilizar métodos que no van a gustarte ni un poco. He de convertirte en una señorita educada y respetuosa cueste lo que cueste. Por las buenas o por las malas. ¿Ves esta regla? Más te vale que no la utilice en tí.--

Sin saber a que se refería su profesora, Ana se estremeció. Durante unos pocos días trató de portarse mejor.

Una mañana, tras varios intentos para que Ana dejara de hacer tonterías, Sara, desesperada, tomó de un brazo a la niña y, tumbándola sobre sus propias rodillas pese a sus protestas y pataleos, descargó sobre sus nalgas a través de la falda la regla que sostenía con la mano derecha. Fueron diez reglazos secos que arrancaron lágrimas y lamentos de la sorprendida Ana.

--Esto te enseñará a obedecer y estudiar en condiciones. Si no es así la misma escena se repetirá las veces que yo considere oportuno. De tí depende. Si tengo que educarte en la forma que lo hicieron conmigo lo vas a lamentar.--

Mientras escuchaba esto, Ana, llorosa, se restregaba las nalgas a través de la falda.

Pasaron los días. En varias ocasiones y , como su comportamiento no era el adecuado, probó la regla e, incluso, una zapatilla.

Una noche, cuando la niña estaba acostada, Jaimé llamó a Sara a la biblioteca y, el informe que recibió, nada satisfactorio, le enfureció.

En tono cortante dijo a la maestra:

--Confío en que no me obligue a tomar mis propias medidas. Le advierto que, si no consigue educar a mi sobrina, será usted quien pague las consecuencias con mis propias manos sobre sus carnes. Usted se encarga de la educación de mi sobrina y yo me encargaré de la de ambas. Queda avisada.--

Al día siguiente, nada más bajar a la biblioteca donde se desarrollaban las clases, Sara, sin más preámbulos, atrajo hacia sí a la niña y, levantando sus faldas hasta la cintura, si hacer caso de las protestas de Ana, con amenazas futuras, golpeó sus nalgas con la mano y con la regla hasta cincuenta veces.

--No estoy dispuesta a que tu tío me castigue por tu culpa. Tu culo va a recibir castigos continuamente y te ataré a la pata de una mes para que medites. Te vas a acostar todas la noches con el culo bien caliente.--

Ese mísmo día y tras la clase de inglés, encolerizada por el comportamiento de Ana,la vapuleó concienzudamente apoyándola sobre la mesa, azotándola sobre las nalgas desnudas que iban tomando un intenso color carmesí.

--Y, aunque es temprano, la niña se va a la cama sin merendar ni cenar con el culo bien caliente.¿Entendido?--

A partir de esa tarde, Ana trataré de complacer en todo a Sara pero, inexplicablemente, sin resultado. Sara, insensible a las súplicas de la niña, parecía haberse aficionado y no cesaba de azotarla al menor pretexto e, incluso sin él.

La niña, desconcertada, soñaba por las noches con las palizas. Un día, sin previo aviso, Jaime preguntó a la pequeña sobre sus progresos y al comprobar, según su criterio, que no había adelantado lo suficiente, mandó a la pequeña a su habitación, castigada. Enfrentándose con la maestra le dijo:

--Señorita, estoy muy decepcionado. Las deficiencias en la educación de mi sobrina las va a pagar usted con creces.--

Sin más, tumbándola sobre sus rodillas pese al pataleo y las negativas, descargó veinte sonoros palmetazos sobre su trasero.

--Esto se repetirá tantas veces como yo considere necesario. Puede irse.—

El vientre de Sara bullía en un calor que le embargaba toda y apenas sentía el dolor de los golpes. Aquello actualizó sus recuerdos del colegio donde ella había estudiado y los castigos a que había sido sometida encontrándose con unos deseos que ya creía olvidados y que le hicieron sentir la misma excitación que en épocas pasadas.

Llegó a acostumbrarse a los castigos que, incluso, esperaba impaciente el recibirlos. Pasaron los meses. Sara azotaba a Ana, Jaime a Sara.

A partir de cierto momento, Sara azota a Ana, Jaime a Sara y Jaime a Ana. No pasaba día en que alguna de las dos recibiera un torbellino de nalgadas. A veces las dos juntas. A pesar de que los estudios de Ana marchaban excepcionalmente bien.

Jano.
 
Tercer relato de Jano (continuación)
Un día, inesperadamente, Jaime le dijo a la niña:
--Ven aquí--
Ana, sorprendida, se acercó lentamente a su tío. Este, con gesto sombrío, habló así:
--Tengo malos informes de tí continuamente y a pesar delos castigos míos y de tu maestra, sigues igual. Tengo que pensar seriamente en qué hacer contigo. Tienes en ésta casa todo aquello que puedes desear y, a pesar de ello no respondes adecuadamente. Desde mañana mismo, llevarás un cuaderno, como un diario pero que yo leeré habitualmente y en el que está obligada a escribir cada cosa que hagas mal, por pequeña que esta sea. En función de la falta,-que espero esté reflejada minuciosa y verazmente,-obtendrás el castigo que yo estime acorde a dicha falta.

Todas las noches, después de cenar me lo enseñarás y veremos que consecuencias te traen. Si en alguna ocasión no hay anotaciones, preguntaré a tu maestra y, si ésta me comunica alguna anomalía, el castigo será doble y te acostarás bien caliente.—

Ana se sentía realmente asustada, pero no se atrevió a decir palabra alguna.

--Ahora puedes retirarte a tus habitaciones y meditar en lo que te he dicho. Es todo por hoy. Vaya usted con ella, dijo a Sara que había escuchado todo con la mirada baja.—
--Estoy harta de tí y de que me castiguen por tus faltas. Ahora iremos a tu habitación y te daré una paliza que no olvidarás en mucho tiempo.

No, no hagas gestos ni intentes rebelarte. Te voy a poner las cosas claras y vas a saber lo que es bueno. Eres una niña mal criada, muy terca y con malas artes. Te voy a enseñar a obedecer y a no dejarme en mal lugar ante tu tío. Entra,.....desnúdate,......ponte de rodillas sobre esa silla y apoyada en el respaldo. Si no obedeces será peor.—

Atemorizada y con un mohín pero para evitar males mayores obedece, se desnuda de cintura para abajo y apoya las rodillas sobre la silla siguiendo las instrucciones recibidas.

¡Zas!, la regla sobre su culo desnudo. Uno, dos,.....veinte. -¿Vas a obedecer?. No te oigo. (Cambio a la zapatilla). La zapatilla cae repetidamente sobre ambas nalgas dejando marcas de color escarlata sobre ellas. ¿Contestas a lo que te pregunto? Más alto, mala niña.--

Ana solo afirma con la cabeza y esto irrita de tal manera a Sara que, enrojecida ella misma por el esfuerzo y la indignación, arremete contra el culo infantil, descargando con gran fuerza la zapatilla que, por la violencia de los golpes, se le escapa de la mano. La recoge y sigue el encadenamiento de golpes. Sara, a medida de que transcurre el tiempo nota que se va excitando. El ruido de la paliza se escucha en todo el caserón. Al fin, con voz quejumbrosa y los ojo arrasados por las lagrimas, promete portarse bien. Acabado el castigo, Ana se acaricia el culo con ambas manos.

Enfurecida, con el rostro enrojecido y excitada, se dirige a la biblioteca, donde está Jaime. Airadamente le dice:

--No es justo que me castigue a mí por las faltas de su sobrina. (Ante el silencio de Jaime ella va aumentando el tono de su voz y mostrándose más agresiva) Estoy harta de su sobrina y de que usted me castigue.--

Por toda respuesta, él se levanta y, en un tono de vos que no admite réplica, le dice:

--Señorita: suba inmediatamente a su habitación y espere a que yo llegue. No le tolero que me hable así y, por tanto, voy a castigarla adecuadamente. Si esto no le gusta y cuando suba no tiene el vestido recogido hasta la barbilla para recibir su merecido, entenderé que renuncia a su empleo y mañana mismo le doy la liquidación y puede hacer su maleta para marcharse inmediatamente.--

Tras un momento de duda y apoyándose alternativamente en uno y otro pié, Sara baja la cabeza, vuelve la espalda y, curiosamente excitadísima, sube a su dormitorio y espera cumpliendo las instrucciones que le han sido dadas.

Una mezcla de temor a perder el empleo que tanta falta le hace y la excitación que siente entre las piernas la mantienen inmóvil junto a la cama.

Media hora más tarde, el señor hace su aparición blandiendo una fusta en el aire haciéndola silbar amenazadoramente. La visión de aquel objeto hace que un escalofrío recorra la espalda de Sara y lo mire con los ojos muy abiertos.
--Túmbese en la cama.--ordena Jaime.

Cumplida la orden, una lluvia de fustazos caen como granizo sobre las nalgas de la mujer solo protegidas por las bragas.

Sara se siente atemorizada, dolorida, avergonzada e indefensa aunque a la vez, llena de fuego interior y profusamente mojada en la entrepierna.

Después de un incontable número de golpes y un tiempo que a ella se le hace interminable, Jaime, mientras se dirige a la puerta le dice:

--Que sea la última vez que me habla en ese tono. Hasta mañana y que descanse.

Caliente por dentro y por fuera, Sara toma una toalla mojada que presiona sobre su culo para atemperar el dolor insoportable. Después......
Jano.
 
MI NUEVA FAMILIA

Por Fernando:

Nunca hubiese creído encontrarme habiendo formado una nueva familia y siendo tan feliz. Si me lo hubiesen dicho que la armonía entre mis fantasías más oscuras y una perfecta vida burguesa se iba a establecer en estos años de mi vida, hubiese contestado que me estaban hablando de otra persona.

Cuando bordeaba la cincuentena, mi matrimonio de toda la vida con Amalia acabó de hundirse. Ya venía haciendo aguas desde hace años, me atrevería a decir que desde hace lustros, nuestra interesante vida bohemia del comienzo se fue haciendo una densa rutina de reproche y rencores. La puntilla final la dieron ciertos problemas económicos derivados de mi decisión de trabajar menos horas, dejar de ser la locomotora financiera de esa relación y tratar de disfrutar un poco más del tiempo libre. Nuestra separación me causó mucha amargura y mucho dolor. Pese a que la pasión se quedó encallada en la década de los ochenta, el afecto era enorme y más de veinte años de vida en común pesan.

Después de un tiempo conocí, por motivos de trabajo a una mujer, Ana, que me devolvió el interés por relacionarme afectivamente con alguien. Solo me quedaban unos pocos amigos de toda la vida que no tomaron partido en la ruptura.

Ana fue entrando en mi vida muy suavemente, primero como amiga, luego como algo más, mientras yo iba saliendo de mi ensimismamiento. Realmente fue ella quien tomó la iniciativa un día que salimos juntos y depositó un casto beso en mis labios. Una cosa fue llevando a la otra y pese a la diferencia notable de edad de más de 15 años la relación pasó a ser algo más. Nos encontramos bien el uno con el otro y Ana me introdujo en su familia. Su madre, aunque muy mandona, una mujer inteligente y activa y su padre el típico buenazo. Ana es hija única, siendo su familia muy unida y pudiente económicamente. Ana está divorciada desde hace muchos años. Tiene dos hijas, Diana de 16 años y Mara de 14,

Fue pasando el tiempo y la relación se fue haciendo más y más cercana. Con Ana comencé a vivir una gran tranquilidad, solamente perturbada por las preocupaciones que ella sufría que tenían como fuente la conducta de sus hijas y las tonterías que hacía su exmarido. Sobre este último, Cristian, percibí de forma fría y casi de inmediato que es el típico niñato rico inmaduro y – en resumen – el perfecto cantamañanas.

Ana y yo decidimos, hará cosa de poco más de un año, ir a vivir juntos, por lo que me trasladé a su magnífico piso y pude alquilar el mío una vez se hubo marchado Amalia. Nos casamos hace exactamente 8 meses y medio.

Los primeros tiempos de convivencia fueron un poco complicados, nos tuvimos que ir adaptando el uno al otro y todo esto con Diana y Mara, dos adolescentes encantadoras pero muy desorientadas. Mimadas, indisciplinadas y siempre tanteando los límites de su madre y, por extensión, los míos.

Ana es una mujer con las ideas muy claras, una profesional independiente que no solo tiene un gran patrimonio inmobiliario y financiero sino que gracias a su impresionante Currículum Vitae se gana estupendamente la vida con su trabajo, una mujer con carácter, delgada, elegante, bien vestida con un incisivo toque de clase.

Al principio nuestra vida sexual no fue demasiado satisfactoria para mí. Ana, según me dijo tenía muy poca experiencia ya que, a parte de su marido – al cual dudo si incluir o no - solo han pasado 3 hombres por su cama contándome a mí... Solo conserva buenos recuerdos de un amante que luego del torpe de su marido supo rendirle los debidos tributos amorosos. Sin embargo Ana estaba muy contenta y muy feliz en este aspecto conmigo, no soy el autor del kamasutra pero me gusta hacer disfrutar a una mujer y me las apaño bien para hacer feliz a mi compañera de cama si me lo propongo.

Yo estaba acostumbrado a mantenerme en lo más profundo y oscuro del armario spanko en mi anterior matrimonio, ya que Amalia era feminista primitiva y el spanking lo podía interpretar, claro está, como una humillación de la mujer frente al varón dominante, etc., etc. y no osé exhibir mis fantasías y anhelos como spanker. Esta actividad solo se había limitado a alguna experiencia esporádica con alguna amante ocasional y en los últimos años al bendito mundo Internet.

En todo caso Ana me aseguraba desde un principio ser muy feliz a mi lado en todos los sentidos.

El problema que nos atenazaba era el comportamiento de las llamadas “niñas” que ya no eran tales. Dos adolescentes muy diferentes entre ellas pero con el denominador común de un padre bastante lelo y todas las tonterías de las chicas ricas de colegio elitista.

Diana es delgada, menuda, morena un tanto anoréxica, reservada, muy secundaria en sus reacciones, ávida lectora, muy técnica para hacer todas sus cosas y con unos hermosos ojos negros misteriosos. Viste como una top model. Es capaz de desplegar frialdad, cinismo y toda la indiferencia que haga falta. Mara en cambio, parece mayor que Diana, es rubia, alta, llena de curvas, extrovertida, deportista, sonriente, desordenada, diabólicamente seductora y muy encantadora.

Estas chicas han crecido en la teoría y práctica de la explotación de la situación de divorcio de los padres sin un límite, salvo algún esporádico bufido de Ana. Yo creo que desde un principio les caí bien a ambas, sin hacer gran cosa para ello pero procurando no hacer nada para caerles mal.

Muy rápidamente en mi nueva familia se fueron estableciendo nuevos equilibrios. Podemos decir que se produjo una reasignación de los papeles de cada uno. Ana aseguraba el altísimo nivel económico y social en el que nos movíamos, yo aportaba la figura del hombre adulto y experto y las chicas estaban a la expectativa. Esta expectativa era muy activa pues en todo momento tanteaban los límites de tolerancia de la nueva pareja, hasta que un día llamaron del colegio que se había montado un tremendo enredo en el cual ambas habían sido sorprendidas fumando porros con otros chicos, con lo que uno de ellos, noviete de Diana, resultó expulsado del colegio por haber traído el hashich. Cuando Ana se enteró se puso como una furia y las castigó sin ir a esquiar dos fines de semana en plena temporada, si bien el castigo les resbaló como tal, ese medio mes fue una etapa insoportable para la convivencia. El castigo fue peor para nosotros que para ellas. Ana sufrió mucho esos fines de semana.

Yo me mantuve al margen hasta que un día Ana me pidió formalmente que tomase cartas en el asunto de la educación de las chicas. Yo que no tuve hijos de mi anterior matrimonio le dije que tenía menos experiencia que ella pero que lo intentaría.

Mantuvimos una conversación de pareja muy seria y Ana, una mujer tan valiente y tan desenvuelta en su trayectoria habitual, estalló en su desesperación e impotencia con estas hijas tan indisciplinadas y me pidió que pusiese orden en la casa. Yo le pregunté por los métodos y hasta dónde quería que llegase. Ella casi me dejó estupefacto cuando me dijo que les diese azotes si no entendían otro lenguaje. A partir de aquí tuvimos una seria conversación familiar que las chicas se tomaron con cierta sorna y displicencia.

Una semana después, un viernes, fueron a la fiesta de una amiga y quedaron en volver sobre las 12 y media o una, a más tardar, pues cual sería nuestra sorpresa cuando ya eran las dos de la mañana y no habían vuelto.

Llamamos a casa de la amiga de Diana y nos comunicaron que la fiesta había terminado hacía rato pero que ellas no habían asistido. Las llamamos mil veces por los teléfonos móviles que ambas poseen, nada, el buzón de voz. Casi a las tres, cuando ya pensábamos llamar a la policía y a todos los hospitales de la ciudad, llegaron con alguna copa de más, muchas risas y en plan burla hacia nosotros.

Ana les dijo que esto no podía ser y que las cosas habían cambiado, la discusión fue subiendo de tono y yo entré con una postura muy inflexible. Les hice ver de una forma muy seria que esto no podía continuar así, que las cosas habían cambiado y les recordé nuestra conversación. Ellas, especialmente Diana, seguían en actitud desafiante, habían estado bebiendo claras con unos amigos y dando unas vueltas en su coche. La discusión fue subiendo de tono hasta que yo les dije:

- Esto se acabó, jovencitas, si no entendéis las cosas como personas adultas las entenderéis como niñas por lo que os voy a dar unos azotes en el culo

Ellas pasaron de la actitud burlona poco a poco primero a la incredulidad y después a la perplejidad. Esto a mí me estaba causando enormes tensiones interiores, ya que por una parte estaba en mi papel de hombre de la casa que ejerce la autoridad que mi esposa Ana me había transferido sobre sus hijas y por otra parte, y vosotros me comprenderéis perfectamente, soy un spanker y esta situación me resultaba excitante, por más que intentase negármelo a mí mismo.

En eso estábamos cuando me encontré con Diana con su corta faldita tendida sobre mis rodillas. No era el momento de echarme atrás, Ana estaba pendiente de mí. Cuando le levanté la falda hasta la cintura protestó muy airadamente y apareció un tanga blanco de una lencería de tal lujo que, una jefa del departamento de estudios del mejor banco del país no podría permitírselo, de todas formas se lo bajé hasta las rodillas dejando al descubierto sus posaderas. Diana imploraba y suplicaba que “eso no” refiriéndose a que la privase de su última protección, pero inevitablemente quedó con su pompis al aire, Ana miraba fascinada pero aprobando con su gesto la escena y en la cara de Mara se reflejaba que la cosa iba en serio.

Comencé a azotar con mi mano, creedme que es pesada, a Diana primero de forma relativamente suave para in crescendo ir aumentando la cadencia e intensidad del castigo, que iba acompañado de duras recriminaciones. Creo que fueron unos 40 o 50 los azotes que le propiné, el hecho es que al principio no quiso demostrar nada pero luego le caían las lágrimas por la cara a medida que sus nalgas enrojecían. Ana le dijo:

- Diana, ahora te quitas la falda y las braguitas y te pones de cara a la pared hasta que Fernando te permita irte a tu habitación

El espectáculo de la soberbia Diana en tacones, con su top de fiesta, sin ropa de cintura para abajo y con el culete enrojecido por el castigo fue verdaderamente digno de verse. La princesita de la casa había sido destronada. Sin embargo algo de sumisión y docilidad comenzaba a verse reflejaba en su nueva actitud.

Luego le tocó el turno a Mara, que como no podía ser de otra forma, intentó negociar que se le dejaran las blancas braguitas de algodón puestas y reducir el número de azotes alegando que no había sido idea suya y que había bebido muy poco.

Mara se resistía como una lagartija y ¡se reía! Y también lloraba. Yo me atrevería a decir que disfrutaba de la azotaina... al final ella misma se quitó la falta y las braguitas y se puso junto a su hermana, con el culete más ostensiblemente enrojecido dada la palidez de su tez.

Así estuvieron hasta las cinco de la mañana. Y esta escena se repitió varias veces pues ellas parecían provocar las situaciones para llegar a este extremo. Pero poco a poco se volvieron más obedientes y mejoraron en todas sus actitudes siendo muy cariñosas con su madre y conmigo también muy apegadas a mi persona.

Poco después, en nuestra casa de la Costa Brava se produjo un incidente nuevo en nuestra particular guerra. En casa estaban como invitados a pasar gran parte del verano David de 15 años, primo hermano de las chicas por parte de padre y Sarai de 17, una bonita chica chilena del colegio compañera de Diana. Los cuatro bajaban casi a diario a la playa y, puesto que las pautas de disciplina habían mejorado espectacularmente, gozaban de la libertad de salir por las noches y llegar más allá de las 2 de la madrugada, siempre y cuanto su madre y yo supiésemos en donde estaban y se llevasen los teléfonos móviles.

Sin embargo, quizás envalentonadas por la presencia de Sarai y David una mañana hicieron algo que tenían absolutamente prohibido, alquilaron motos náuticas. Su madre y yo creemos que son peligrosas y que perturban el medio ambiente rompiendo la paz de la playa con sus excesivos decibelios. Lo que Diana y Mara no pudieron prever es que yo escrutaba con mis poderosos binoculares la playa con fines inconfesables como ver un bonito topless o algún bello trasero apretado por un bikini y me percaté que habían alquilado un par de motos y estaban saltando olas tan contentas.

Cuando volvieron los cuatro para la hora de la comida, las chicas fueron interpeladas y de forma muy descarada Diana contestó con un cierto tono de chulería con las consiguientes risitas de Mara, en apenas un segundo Ana y yo nos miramos y sentimos al unísono que todo esto nos recordaba a épocas superadas y en el instante siguiente decidí actuar tirando por la calle de en medio.

Les espeté,

- Parece que volvemos a las andadas, habíamos quedado que nada de motos náuticas!
- Os pensáis que soy tonto ¿o que me chupo el dedo?
- Ahora os vais a enterar y será aquí, en el jardín delante de vuestro primo y de vuestra amiga que os voy a zurrar en el culo como a unas crías pequeñas

Ellas, protestaron vivamente al ver que yo no me detenía ante nada, ni siquiera en que había dos invitados en la casa que observaban atónitos la escena que se estaba desarrollando.

Esto duró solo unos instantes pues ordené a Diana bajarse el bañador hasta la mitad de los muslos y tenderse sobre mis rodillas. Protestó y se permitió palabras hirientes pero le advertí que todo sería peor si plantaba cara. Finalmente lo hizo y comencé a azotarla con una parsimonia y tranquilidad asombrosa, le obligué a contar los azotes y dar las gracias por cada uno, fueron unos 30. Con el bañador como lo tenía la hice colocarse de espaldas a todos nosotros mirando la zona del parrillero.

De inmediato le tocó el turno a Mara, siempre es más agradable azotar a Mara ya que su culete es redondo, duro y muy blanco. Yo mismo le bajé el bikini aún mojado y procedía a azotarla sistemáticamente. En medio de los azotes les dije a sus invitados que como se pusiesen tontos ellos también cobrarían, que no me costaba nada hablar con sus padres y sugerirlo.

Mara quedó expuesta mientras comíamos al lado de su hermana con el bañador por las rodillas y el trasero tatuado con mis manos.

Ana estaba de buen humor y los chicos invitados no decían ni pío.

A partir de aquí las sesiones de castigo se hicieron más esporádicas y las chicas cada vez fueron siendo más y más dóciles.

Muchas cosas cambiaron en nuestra familia. A mí me parecía insólito que un método tan tradicional como los azotes funcionase tan bien en el siglo XXI. Ana comenzó a disfrutar de una placidez y una tranquilidad de espíritu muy grande. Yo sentí que tenía un lugar en mi nueva familia. La armonía y el equilibrio reinan en nuestro hogar.

Mis pulsiones spanko, pese a un cierto conflicto interior, ya que por una parte me excitaba tremendamente azotar a Diana y Mara y me atrevería a decir que era recíproco y por otra estaba cumpliendo mi cometido en el pacto familiar, por lo tanto mis oscuros anhelos se veían canalizadas en una situación socialmente aceptada. Todo eran contradicciones en mi espíritu.

En un momento dado sufrí tanto con estas dudas que incluso, pese a no ser practicante, hablé con un sacerdote amigo de mi familia, un antiguo cura-obrero y misionero, a quien le expliqué la situación y él me dijo que si todos eran más felices, cosa que pudo constatar las veces que vino a comer a casa, y yo había triunfado sobre esos pensamientos con las chicas, esos castigos estaban justificados mientras no se convirtieran en práctica habitual sin excepcional y muy justificada. El buen cura me proporcionó una paz interior que yo necesitaba para dejar de debatirme en mis oscuras tribulaciones, Eso me tranquilizó mucho la conciencia.

Un efecto secundario fue que también mi vida sexual con Ana, que hasta el momento salvo la no práctica del spanking, no se podría calificar como vainilla, mejoró espectacularmente. Y esta es la parte quizás más sorprendente de este relato.

Un buen día en nuestro dormitorio hablando de los castigos que había aplicado a las niñas, como ella insistía en llamar a las mujeres que ya tenía por hijas, me dijo que ella nunca había recibido ese tipo de castigos. Si conocieseis al bueno de su padre lo entenderíais perfectamente. Quien ponía los límites en su casa de pequeña era la madre y por su fuerte carácter y determinación le resultaba innecesario recurrir al castigo físico. Y, Ana me decía que por no haber tenido esas vivencias, que le producía una gran curiosidad vivir la experiencia que había transformado a sus hijas, mientras me lo decía yo casi no me atrevía a respirar. También me dijo que quería vivir lo mismo que sus hijas y que no era por celos que me lo comentaba.

Finalmente se decidió y me preguntó que si yo me atrevería a proporcionarle unos buenos azotes en las nalgas. Yo no daba crédito a lo que oía, pero a pesar de que el corazón me batía al menos al doble de su velocidad de crucero, procuraba aparentar calma. Hasta tuve la sangre fría de hacerme el remolón y que ella – ya muy mimoso – me lo pidiese casi rogándolo.

-Papi, como me decía entre cariñosa y burlona, he sido una niña mala: castígame, porfa!

Cuando por fin accedí, bendita hipocresía, ella tuvo el buen gusto de cambiarse los pantalones que llevaba puestos por una faldita muy corta, creo que también se cambió la ropa interior y se puso un top muy cortito que, gracias a su tipo tan esbelto, podía lucir estupendamente, para secreta envidia de alguna de sus más viperinas amigas.

La coloqué sobre mis rodillas, levanté con una lentitud de ritual primitivo su falda, deslicé sus braguitas blancas hasta abajo del todo y comencé, primero muy suave, a azotar su culete virgen de palmadas. Cuando aceleré los golpes pretendía zafarse e interponía sus manos ente mi poderosa palma y su ya enrojecido trasero, pero yo solo me detendría si escuchaba la palabra “Stop” , que era la que habíamos pactado como medio de seguridad, no haciendo caso ni a sus ruegos ni a su llanto.

El hecho es que le di una buena azotaina y le dejé el culete rojo como un tomate y pensé al ver la reacción cromática que de alguien tuvo que heredar la piel tan blanca Mara. Luego la tendí sobre el secreter en una postura más forzada que separando sus nalgas permitía una visión más íntima de sus encantos más ocultos y reanudé mi tarea de forma constante y sistemática.

Al final, cuando di por acabada la azotaina, ella me dijo que le ardía mucho y si no le aplicaba una crema nutritiva, de esas de 130 € el bote de 50 gramos que se apilan por docenas en su mesita de noche, cosa que comencé a hacer de inmediato. Le apliqué una generosa ración sobre su delicioso culito colorado que fui extendiendo de forma parsimoniosa por toda la superficie afectada y zonas anexas.

Todo esto tuvo en ella y en mi un efecto afrodisíaco de auténticos megatones de potencia. Tuvimos la mejor sesión de sexo desde que nos conocimos, para mí que hasta entonces me había mantenido frío o cuando mucho tibio, tal vez después de una sesión de azotes con las chicas, fue una excitación que parecía envolverme en todo el calor del trópico para terminar en increíbles explosiones simultáneas de placer. No es que hiciéramos algo especial o que tuviésemos una práctica que antes no hubiésemos tenido, creo que lo habíamos probado en materia de sexo estándar prácticamente todo, lo que ocurrió es como si nuestro motor sexual hubiese pasado de estar alimentado por un par de pilas de 1,5 Volts, todo lo alcalinas que se quiera, a enchufarse directamente a una línea trifásica de 380 V.

A partir de entonces estos juegos, se convirtieron en habituales e incluso añadimos muchos incentivos como el paddle y el cepillo y, más tarde, a través de un club que había en Internet, conocimos a otra pareja muy simpática que alguna vez los practicaba con nosotros. Si bien ahora casi no azotaba nunca a las chicas puesto que su conducta era cada vez más madura y cariñosa con Ana y conmigo, algunas imágenes de los azotes que les había proporcionado se quedaron a vivir para siempre junto a mis fantasmas preferidos.

Fernando
fer forever2004@yahoo.es
 
Me llamo Ana y tengo 36 años.
Mi compañero sabe lo que me excitan los azotes y , una o varias veces por semana tengo una buena sesión con mano, zapatilla, regla y otros.

Mis sentimientos ante tal situación son ambivalentes. Lo disfruto, aunque con una cierta sensación de que eso no es normal.
Todo empezó cuando tenía quince años y me encontraba interna en un colegio de Inglaterra cercano a Escocia, en un edificio imponente situado en plena campiña. En él, estudiábamos y vivíamos más de cien chicas de entre 12 y 18 años.

Hacía poco más de un mes que había comenzado mi primer curso en la institución. Por más esfuerzos que hacía, quizás por la tristeza de encontrarme sin mis padres por primera vez, no conseguía seguir el ritmo de mis compañeras con las consiguientes regañinas del profesor, hombre de unos cuarenta años, severo y poco dado a confianzas.

Aunque en aquella época ya estaban prohibidos los castigos corporales, tenía conocimiento de que alguna alumna había recibido una azotaina por alguna razón. Por eso, cuando un día él me ordenó que fuera a su despacho donde hablaría conmigo, me eché a temblar.

Por aquel tiempo, mi cabeza estaba llena de imágenes y pensamientos eróticos y me masturbaba frecuentemente con la mano o cualquier objeto que sirviera a mis propósitos.

Llamé a la puerta del despacho y, cuando entré después de recibir el permiso, le encontré en el centro de la habitación con una regla en una mano y golpeando suavemente la otra. La visión de aquel utensilio, hizo que me estremeciera de los piés a la cabeza. Inmediatamente me reconvino por mi falta de atención y aprovechamiento. Por ello, dijo, debería castigarme. El movimiento de la regla entre sus manos me mantenía como hipnotizada. Obedecí maquinalmente la orden de apoyarme inclinada sobre la mesa de escritorio. Lentamente, sin dejar de regañarme, subió la falda del uniforme hasta la cintura, dejando a la vista mis braguitas de algodón.

En un primer momento se dedicó a acariciarme el culo hasta que llegó el primer palmetazo que me hizo dar un respingo. Después de un buen número de golpes me ordenó que me tumbara sobre sus piernas. Sin fuerzas para negarme lo hice. En tal posición comenzó a golpearme con la mano y, el dolor me obligaba a apretarme contra su regazo donde, poco a poco notaba crecer un bulto. Este hecho hacía que, a pesar de los azotes me fuera excitando hasta el punto de notar como se mojaban mis bragas. Hasta tal punto me encontraba excitada que, inexplicablemente, esperaba impaciente el siguiente azote.

Al ver que no me resistía o porque así lo quería, aumentó la intensidad y la velocidad de los azotes. Me bajó las bragas hasta las rodillas y lo mismo azotaba que amasaba o pellizcaba mi culo.

Había perdido la conciencia del tiempo que llevaba así cuando me dijo que me levantara y vistiera en un tono de voz entrecortado. Al ponerme en pié, pude ver una enorme mancha en su pantalón.

Corrí a mi dormitorio y, con el concurso de una almohada me masturbé frenéticamente hasta alcanzar un tremendo orgasmo.

Desde aquella primera vez los castigos se sucedían casi a diario con la misma secuencia más o menos.

Algunas veces no comenzaba el castigo hasta pasado un tiempo en que me obligaba a estar de cara a la pared con la falda recogida en la cintura

En cierta ocasión, cuando cumpliendo órdenes llegué a su despacho, me encontré allí con dos alumnas de un curso superior.

"quiero que estas niñas presencien tu castigo para que sepan a qué atenerse"

Fué terrible cuando hube de ponerme sobre sus rodillas con el culo en pompa y las bragas en los tobillos. En esta ocasión empleó una correa ancha que estrellaba dolorosamente sobre mi culo. Cuando terminó la sesión mis sensaciones eran, por un lado, de pudor ante la situación y, por otro lado, la excitación era mayor que otras veces por la presencia de las otras chicas.

"Acercaos y mirad que rojo tiene el culo y lo caliente que está".

Con la cara roja y los ojos bajos, salí disparada hacia mi habitación, donde me masturbé furiosamente.

Tras rememorar aquellos momentos, espero la llegada de mi compañero para provocarle y recibir una gran azotaina que calme la excitación que siento en este momento.

He de tener alguna falta real o imaginaria que justifique la paliza.

No sé si podré aguantar hasta que él llegue en el estado que me encuentro.

Besos. Jano.
 
Cuento
Cuento de Jano

"P" tiene los pechos pequeños, nacarados como el resto de la piel y terminados en dos puntas rosadas. El cuerpo es pequeño, bien formado por hermosas líneas curvas y las nalgas prietas, casi respingonas. Su sexualidad, inagotable. En ocasiones, irritante por lo protestona. Muchas veces me había contenido para no propinarle unos buenos azotes. Hasta que un día, no hace mucho, me soliviantó de tal manera que no pude por menos de amenazarla con dárselos si no abdicaba de su actitud mirándola fíjamente y con aire adusto. Un relámpago, un brillo desacostumbrado en sus ojos me sorprendió. Siguió con la misma actitud que me pareció intencionadamente provocativa.

Sin más, sujetándola de un brazo, la tumbé sobre mis rodillas y, a pesar de sus gemidos y protestas, descargué mi mano sobre sus nalgas no menos de veinte veces.

Mientras la golpeaba pensé que íbamos a tener una buena trifulca y, tal vez, la separación.

Para mi sorpresa, en lugar de enfadarse o insultarme, con los ojos llorosos se abrazó a mi. Sorprendido, la acaricié suavemente tratando de consolarla y, al mismo tiempo, tratando de justificar la azotaina como consecuencia de su actitud.

Acariciando sus piernas bajo la falda, mi mano llegó a un punto donde la encontré húmeda. De éste hecho y de su reacción, deduje que los azotes le habían excitado y que todo el tiempo me había estado provocando, cosa que más tarde admitió, para llegar a este punto. Despues..

Tomé buena nota y aprovechaba cualquier ocasión para azotarla cumplidamente.

A través del tiempo he ido,-hemos ido-.utilizando diversa variantes. En ocasiones, le obligo a llevar un cuaderno en el que ha de anotar las faltas que, a mi juicio, son punibles según un riguroso baremo.

Según mis órdenes escribe relatos y sus propias fantasías para mutuo disfrute. También yo le escribo relatos y ambos nos hacen obtener "recompensa" de ellos. Transcribo uno que puede servir de orientación.

Son la 11h. en casa de "A" suena el teléfono. La voz de "J" llega a sus oidos.

-Hola: a las dos y cinco en punto deberás estar en ....Comeremos juntos. Vístete con falda amplia y sin nada debajo excepto medias hasta medio muslo; camisa cerrada hasta el cuello, traslúcida que no transparente; sin sujetador; abrigo y zapatos de aguja. Ya sé que a ti no te gusta, pero a mí sí. La mesa está reservada y, si no he llegado que será lo más probable, me esperas. Haz notar al camarero la hora a la que llegas para que yo sepa si has obedecido,

Tienes hora y media para dejar todo en orden; las camas perfectamente hechas, sin una sola arruga. Y así, todo. Si hay algún fallo...ya sabes lo que te espera. Eso es todo (Clic)

Por la columna de "A" corre un escalofrío. El no bromea. Ella sabe a qué atenerse. Debe darse prisa aunque, también sabe que "algo" fallará y él lo detectará. Conoce sus preferencias a la hora del castigo; sobre todo, el maldito y horrible cepillo del pelo que le mantiene el culo rojo durante horas y duele incluso con el roce de la ropa y al sentarse

Piensa; ¿y si al salir, un golpe de viento le abre el abrigo y le levanta la falda?. Su cara se arrebola con solo la idea . El lo sabe y por eso lo hace, para ver si se niega y tener un motivo más para castigarla.

Está excitada. La eterna dicotomía.

Las dos y cuatro minutos. Pide la mesa. Hace notar la hora de llegada al camarero. Por si acaso.

Tras una tensa espera de quince minutos el aparece tranquilo. Se inclina y la besa largamente en los labios.

¿ Hace mucho que esperas? Le mataría, por cínico, pero le informa.

La comida transcurre en agradable conversación. De tiempo en tiempo:

-¿Habrás cumplido las instrucciones, ¿No?
-Los pezones se te marcan en la blusa.
-¿No estarás mojando la falda?
-Cuidado, no vayas a derramar el vino.
-.............

Lo dice como sin darle importancia ,paro sabiendo lo nerviosa que "A" se pone con estas frases.

-¿Hacia mucho viento por la calle?
-¿Muchas apreturas en el autobús?
-............

La comida se está convirtiendo en una auténtica tortura para ella. Es cierto que está húmeda y teme que al levantarse deba darse prisa en ponerse el abrigo.

En casa, inspección. El polvo, bien. La cama presenta unas casi imperceptibles arrugas. Con un gesto brusco, él la deshace totalmente.

-Hazla de nuevo. Esta vez, perfectamente. Cuando termines y yo lo apruebe, te pondrás de cara a la pared durante quince minutos, con el culo al aire sin quitarte ni los zapatos ni las medias. Cuando pase ese tiempo, te tumbarás sobre la cama y esperarás el castigo.

Así lo cumple. Los cintazos se estrellan contra su culo de manera inmisericorde, obligándola a morderse los labios para no emitir ningún sonido.

Le arden los glúteos y, ni siquiera sabe cuanto durará el castigo-

-Además de otras cosas has llegado un minuto antes de la hora. Esa no era la orden.

Los cintazos y las palmadas se suceden sin interrupción. Debe tener el culo rojo como un tomate. De vez en cuando, alguna advertencia para el futuro.

Al fín, el castigo cesa. El la abraza con mimo y ella llora en su regazo.

Jano
 
UNA AVENTURA EXTRA LABORAL
Por Roca Spanker:
Posee aun el don de generar calor en los hombres, su risa alegre y fácil su rápido doble sentido y su permanente juego al limite de lo permitido la hacia una ventura interesante. Su nombre que importa pero su supuesto cartel de Diosa en la cama en la época de juventud y su permanente desafío a los demás en ese ámbito me llevo a buscar la aventura. Fue luego de una comida de la empresa en que a modo de broma me desafío durante un baile y yo le dije ok espérame en tal lugar al llegar sin más que una sorprendida cara, me dijo si quieres lo dejamos para otro día ante lo cual me burle como quieras yo sabia que eras pura historia me acerque y percibí su temblor la bese fuertemente sin permitirle más que corresponder luego le dije ¿será? y cuando tomaba rumbo a mi casa se arrepintió de lo que hoy ya es parte de ella.

Esa noche fue el inicio de una no muy corta relación, una relación basada solo en un buen sexo para mi y en un mutuo aprender de fantasías para ambos. En resumen esa noche fue una buena noche pero lo especial vino después.

Una tarde un cambio de actividades en uno de esos cursillos que se suele mandar del trabajo nos permitió solo mirarnos y decirnos vamos, rápidamente enfilamos hacia un motel ya hacia un tiempo no teníamos una intimidad más completa, su desempeño en el curso no estaba siendo el mejor yo haciendo uso de esto bromee y le dije te haz ganado una paliza te estas avergonzando y a nuestra empresa también. Tienes que ponerle más ganas me escuchas, ella no escuchaba ya que su boca me había encontrado, gemí y empecé a desnudarme mis pantalones y boxer solo terminaron de caer y salir luego al sacar mi corbata un rápido pensamiento me despertó, seguí retándola con una idea fija en mi mente recibiría su castigo por su falta de entrega y desmotivación al curso, sin embargo mi cuerpo me indicaba que yo solo tendría un poco de tiempo más la cabeza amoratada e hinchada de mi pene también lo indicaba, no le daría el placer pues le encantaba tragar (creo que todavía le encanta) la pare bese y solo tuve que comenzar a desnudarla sus manos ayudaron bastante.

Mi boca busco su sexo y al encontrarlo una de mis manos busco la corbata, luego subí besándola y suavemente amarre sus manos al sentir el apriete del nudo abrió sus ojos le sonreí y la bese , mi boca bajo tome uno de sus pies y luego de dar una vuelta a el con la corbata tense, amarrando con su manos y otro pie; no era un gran nudo pero le restaba un 80% de movilidad volví a su sexo roce mis diente en su ya hinchado clítoris la penetre y comencé un lento movimiento cuando ya tomaba ritmo mis ojos se clavaron en mi pantalón baje simulando darle placer oral. Cogí mi cinturón sin que ella lo percibiese la volví a penetrar con rápidos movimientos cuando su respiración ya era lo bastante agitada me salí y tomando sus pies y haciéndolos hacia su cuerpo el cinturón cayo no grito, lo que me extraño y enfureció el segundo y tercero sonaron mucho más fuerte y su cuerpo lo sintió luego una rápida sesión de correazos cortos y un llanto infantil e inaudible pude percibir, el reto comenzaba y se espaciaron los correazos.

¿Vas a dar más? Silencio un hubo respuesta PLAS; PLAF . ¿Vas a dar más? Si te daré todo lo que quieras PLAS; PLAF, PLAS . Tonta en el curso PLAS; PLAF; PLAS ¿Puedes ser mejor cierto? Snif si PLAS
¿Entonces que harás? Pondré más atención PLAS, PLAS pero no me pegues más
Participar más eso es lo que quiero que hagas ¡¡entendiste!! , Sí.

Esto es para que nos se te olvide y una lluvia de correazos nuevamente inundo su trasero, luego mi lengua comenzó a suavizar escalofríos decía le recorrían y su orgasmo llego al sentir mi húmeda boca con su húmedo sexo en esa humedad mi sexo se hundió para acabar sobre sus nalgas quienes no agradecieron el ardor que les pude causar pero si agradeció su dueña el momento vivido, nuevamente posando sus labios en mi sexo una vez desatada.
Solo queda decir que le molesto sentarse al día siguiente y el curso lo aprobó destacándose lo cual le significo una celebrada noche pero eso es otra historia .
 
" A Rosy ya las rojeces le crecían"
Por Jano

" A Rosy ya las rojeces le crecían" (Parafraseando a Garcilaso de la Vega en un soneto)
Al salir de su casa, ya él la estaba esperando en su auto. Cuando entró en él, vió que su cara no presagiaba nada bueno. se había retrasado 10 minutos y eso no le gustaba nada.
Un sudor frío corrió por su espalda pensando en las consecuencias de su retraso. No sería perdonada y sí castigada. Rosy sabía, conocía la manera en que la reprendería y, más allá de toda duda, la forma en que debería pagar su falta.
Sin una palabra, él arrancó el motor y condujo el auto hasta un lugar transitado por poca gente. De vez en cuando, junto a ellos pasaba alguna persona paseando: apenas se fijaban en ellos.
Con voz calmada pero imperiosa, él le dio a Rosy una seca orden:" levántate la falda y quítate todo: bragas, pantys, ....todo". Mientras ella obedecía en silencio, él, con un chasquido, extrajo su cinturón del pantalón. Aquél sonido estremeció a Rosy: sabía lo que se le venía encima. "Ponte de rodillas en el asiento y la falda sujeta a la cintura"
La cara de la muchacha se cubrió de rubor: pese a los cristales tintados, el interior del vehículo era visible desde el exterior y, cualquiera que pasara podría verla en esa postura. No le dio tiempo a más consideraciones; "Por cada minuto que has tenido de retraso, recibirás 10 azotes. Serán 100 en total y deberás contarlos uno por uno en voz alta" No bien dicho esto, el cinturón comenzó a estrellarse sobre sus nalgas; al principio, sin gran violencia pero, a medida que se sucedían, la fuerza de los golpes aumentaba. Su culo debería estar adquiriendo un subido tono rojizo y el escozor era cada vez mayor.
Rosy gemía y contaba en voz alta. "uno,...dos,...tres,.......Mientras, veía como un paseante miraba asombrado la escena. Curiosamente, aparte de le vergüenza que sentía, notaba que, añadido al extraño placer que sentía por los azotes, la aparición de aquel observador, el encontrarse casi denuda frente al viandante, le hacía sentirse muy excitada: notaba cómo su entrepierna se iba humedeciendo y sus gemidos, más que de dolor, eran como el ronroneo de un gato agradecido por las caricias de su amo.
Terminado el castigo, él arrancó de allí dejando al hombre que miraba con cara de asombro y quién sabe qué sentimientos contradictorios.
Ya en casa, como un gesto de perdón, él la hizo tumbar en la cama desnuda y, dulcemente, acarició despacio aquellos globos enrojecidos y calientes por la azotaina.
Después, después ya no sé que pasó ¿O sí?
JANO.
 
NACIMIENTO DE UN SPANKER
Por Jano:

Nos amábamos: sin embargo, mi vida con Raquel era un pequeño infierno. Su carácter irascible hacía que, en ocasiones, me contuviera para no responder con unas bofetadas. Mi natural respeto por las personas y el hecho de que fuera más alta y fuerte que yo, todo unido, me impedían hacerlo.
Gracias a que las relaciones íntimas (salvo algún "dolor de cabeza" esporádico), son satisfactorias y se muestra dulce y participativa, y que, indudablemente nos queremos, la vida transcurre ceptablemente bien. Con ocasión de uno de los malos días, conversé con un amigo intimo y le hice participe de mi situación. Su respuesta me dejó boquiabierto. "Dale unos buenos azotes" " Lo has intentado todo sin éxito. Quizás eso lo arregle"
Cuando nos despedimos y caminando hacia casa, mi mente no cesaba de darle mil vueltas a sus palabras. ¿Me atrevería a cometer tal acción? ¿Sría capaz de semejante cosa? ¿Cómo? ¿Se revolvería como una fiera y sería yo el que recibiera el castigo? Estas y otras muchas preguntas golpeaban mi cerebro como un tornado. Algo extraño en mí hizo que Raquel me preguntara si me pasaba algo, a lo que respondí, moviendo la cabeza, que nada. Al día siguiente por la tarde, se enfureció conmigo por una tontería .La sangre comenzó a subirme a la cabeza. Una nube roja se puso ante mis ojos y, sin ensarlo dos veces, me lancé sobre ella derribándola sobre un gran sillón que teníamos en el salón. Aprovechando su asombro y vacilación, hecho un energúmeno, sacando fuerzas de quién sabe donde, conseguí darle la vuelta y montarme a horcajadas sobre su espalda. Como un loco, comencé a disparar mi mano contra su generoso culo. No me preocupaba que el ruido de la azotaina llegara a oídos de los vecinos. Me estaba vengando de seis años de aceptación y silencio.
Cuando dejé de azotarla, me percaté de que, en todo el tiempo que había recibido la zurra, en ningún momento había ella tratado de zafarse ni defenderse. Asombrado, me levanté dejándola libre.
Se levantó lentamente acariciándose el trasero por encima de la
ropa. Me miró con una expresión extraña y se lanzó a abrazarme y llenarme de besos. Extrañado, pero contento, respondí a sus muestras de amor, satisfecho de su reacción y mi valor. Mas tarde, me confesó que todas las discusiones del pasado, habían sido para provocarme y que llegáramos a ese punto. Desde ese momento, la vida entre nosotros fue un constante idilio. No pasa día sin que Raquel reciba su buena ración de azotes con motivo o sin él. Casi siempre acabamos como es de suponer, abrazados estrechamente y....
Ese día nació un spanker oculto

F I N
 
SORPRESA TE DA LA VIDA.
Por Jano:

Hacía días que se sentaba frente a mí en la mesa de estudio de la biblioteca. Aparecía diariamente con su rápido andar, moviendo airosamente su corta falda tableada llevando abrazados contra su pecho varios libros y carpetas. Nuestras miradas se cruzaban por un breve instante.

Mi atención se apartaba de los apuntes de clase para estar pendiente de sus más ligeros movimientos. Una idéa me obsesionaba: quería verle las piernas pero no me atrevía a dar el paso. El paso era, hacer que se me caía algo al suelo para tratar de ahondar con la mirada en el interior de sus muslos. La sola idéa erizaba el vello de mi nuca.

Contra toda ética, avergonzado y dubitativo, pero ansioso, dejé caer el lápiz y me asomé al espectaculo maravilloso de sus piernas. Ante mi sorpresa, ella separó las rodillas permitiendome acechar hasta el fondo, quedando extasiado ante la visión de sus muslos.

Al sentarme de nuevo, la miré; nada en su expresión, atenta a su trabajo, denotaba que se hubiera dado cuenta de mi acción.

Si antes me sentía atraido hacia ella, ahora estaba obsesionado.

Durante algunos dís no me atreví a repetir la hazaña. Solo la admiraba absorta en su trabajo. Solo de tarde en tarde, nuestras miradas se cruzaban: las mías, ansiosas; las suyas, indescifrables.

En cierta ocasión en que abandonaba su puesto, la seguí.Casi me tropecé con ella en el vestíbulo donde estaba encendiendo un cigarrillo. Haciéndome el indiferente, pero sin dejar de mirarla de reojo, también yo prendí fuego al mío.

Avancé un tímido inicio de conversación que fué respondido, aunque con una media sonrisa burlona. Haciendo acopio de valor, la invité a tomar un café en el bar de al lado y que me sorprendió aceptando.Después decharlar un rato y de enterarnos de nuestros nombres y ocupaciones, volvimos a nuestros puestos de estudio.

Sin pararme ante ninguna consideración, dejé caer una pequeña regla al suelo y, al asomarme al obscuro objeto de mi deseo, asombrado, ví como de nuevo separaba sus piernas permitiéndome ver su exigua braguita que enseñaba más que ocultaba. No quería levantarme ,hipnotizado por aquella excitante visión.Cuando al fín conseguí apartar mis ojos de aquel punto y levantarme, lo hice en un estado de exaltación dificil de explicar.

Cuando se levantó para irse, la seguí precipitadamente, Ya en la calle, me lancé al vacío invitándola a visitar mi estudio de pintor y mis cuadros. Aceptó. Me quedé clavado al suelo por la sorpresa. No me lo podía creer.Me advirtió de que no podría quedarse más de una hora o poco más.

Una vez en el estudio, nervioso, le ofrecí una copa mientras veía mis pinturas.

En un momento de la conversación, me preguntó si yo había visto "Historia de O" y leido Justine, de Sade. Ante mi contestación afirmativa, me preguntó por mi opinión respecto a ellas. Confesé que me gustaron y me excitaron: que mi fantasía, nunca puesta en práctica, era azotar a una mujer. Tras una breve vacilación, mirando al suelo, me contestó que su fantasía, tampoco realizada nunca, era lo contrario; que alguien la azotara.

Un largo silencio siguió a nuestras palabras.

Al fín, armándome de valor, le sugerí que podíamos iniciarnos juntos y realizar nuestras fantasías.

Tardó en contestarme hasta que, en voz baja y sin mirarme, aceptó.

Sin saber por donde empezar, le dije que se levantara y se diera la vuelta hacia la pared. Sobre la falda ,tímidamente,le lancé la mano cinco o seis veces.(tan nervioso estaba que perdía la cuenta). Ella callaba y ni se movía. Aumenté ligeramnete la fuerza de los azotes, a lo que ella respondíó proyectando sus caderas hacia mí.Supuse que, no solo no le molestaba, sino que le gustaba. Animado y perdiendo el temor, sacudí su culo con más fuerza. Su única respuesta fuéron una serie de gemidos.

Cansado de azotarla en esa incómoda posición, la tumbé sobre el sofá sin una protesta por su parte.

Seguí azotando con fuerza y velocidad creciente. Poco a poco, su falda iba ascendiendo hacia la cintura mostrando sus hermosos muslos. Un poco más y las breves braguitas blancas quedaron al descubierto, dejándome admirado de la redondez de su protuberante culo.

A la vista de aquellas preciosas nalgas mi excitación llegó a un punto máximo. Las bragas, por pequeñas dejaban ver dos globos que, poco a poco, tomaban un tono rosado al principio y rojo intenso más tarde.


Sus gemidos se repetían en una cadencia semejante a la de los azotes. A cada golpe que se abatía sobre las casi desnudas nalgas, se sucedía un gemido. Ni una protesta. Yo no sabía cual sería el límite de su capacidad agonística. La mano me ardía y la excitación por llevar a cabo mi, nuestras,
fantaasias, me pedían buscar otro elemento de castigo. Dentro de mi bisoñez en tales lides,se me ocurrió quitarme el cinturón, el cual, al salir de sus presillas, hizo un ruido de látigo al restallar en el aire. Por primera vez, levantó los ojos hacia mí, y ví reflejad en su cara asombro y un brillo extraño.

Sin más, comencé a golpear aquellos maravillosos globos casi con saña. Uno tras otro estallaban los azotes del cinturón silbando en el aire, haciendo que toda ella se contorsionara sobre el sofá, tapándose la boca con las manos para apagar el ruido de sus gritos, pero sin protestar.

Harto ya del cinturón y con las manos descansadas, se me ocurrió sentarme y arrastrarla sobre mis rodillas. Ya en esa posición, bajé sus bragas hasta las rodillas dejando a la vista la totalidad de su sexo y la estriada entrada del ano. Creí perder el sentido ante aquella visión y, perdiendo el temor de inferir un gran daño, abofeteé aquella perfección, roja ya al máximo, de su culo tentador.

La hora que me había concedido en principio se convirtió en dos horas y media en que los golpes caían y caían sin apenas pausas. La parte alta de los muslos también habían recibido algunos impactos y mostraban las señales rojas de los azotes.

Cuando me cansé de la mano y ya perdido el temor y el pudor de aquella situación, enardecido por mi propia excitación y su aceptación sin aparentes condiciones, acudí a una regla de gruesa madera de haya que allí tenía y continué la sesión con suma dedicación y, por que no decirlo, inmenso placer.

Nunca pensé que mis fantasías pudieran hacerse realidad.

La sesión acabó en la cama.

Esta fue la primera vez de muchas que siguieron, quizás no tan intensas pero siempre enriquecedoras de nuestras fantasías realizadas aunque secretas.

Jano.
 
"Las tres morillas"
"Tres morillas me enamoran en Jaén Axa, Fátima y Marién"

Tres morillas tan garridas,
fueron a coger olivas,
y encontráronlas cogidas en Jaén
Axa y Fátima y Marien.

Tres morillas tan garridas
iban a coger olivas
y hallábanlas cogidas
en Jaén.
Axa y Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas,
y tornaban desmaídas
y las colores perdidas
en Jaén,
Axa y Fátima y Marién.

Tres morillas tan lozanas,
tres morillas tan lozanas
iban a coger manzanas
a Jaén,
Axa y Fátima y Marién.
(Poéma anónimo)

Las tres morillas se encaminaban a Jaén cuando se encontraron a Florián, Florín y Florestán, tres fornidos labriegos de buena planta.
Preguntáronle a las mozas qué hacían por aquellos pagos. A ello,les respondieron que iban a coger olivas a Jaén.

--Pero, no necesitais ir hasta allí para cogerlas -- dijo Florián. Muy cerca de aquí se encuentra un olivar grande del que podéis tomar las que deseéis--
--No son esas la clase de olivas que nosotras buscamos-- contestó Mariém entre risas.
--Venid con nosotros hasta el olivar que, tal vez allí, con nosotros, encontréis las que buscáis-- contestó Florestán, tambien con risas.
Se animaron las morillas a seguir con aquellos simpáticos galanes hastaa donde decían.
El corto camino hasta el olivar, lo aderezaron con bromas y requiebros. Los ojos de los hombres brillaban iluminados por la belleza de las jóvenes. Tampoco ellas parecían indiferentes al gracejo y la apostura de los hombres.
Una vez en el olivar, Florín sacó de su zurrón nueces, almendras, jamón y pan que ofreció a las muchachas. Florestán aportó una gran bota de vino.
Sentáronse sobre el suelo y dieron buén fin de todo.
Poco a poco, ellos fueron tomando confianza para acercar sus manos a los cuerpos morenos de las muchachas. Con risas y mohínes, ellas se dejaban tocar o no: les permitían acercarse, se alejaban, corrían o caían al suelo como cansadas.
Los hombres, enardecidos, cada vez eran más osados en sus intentos: una mano a un pecho; otra a las caderas........
Ellas se reían pero no permitían incursiones a lugares más recónditos y secretos de sus cuerpos.
En el paroxismo de su deseo, los jóvenes hacian esfuerzos por tumbarse junto a ellas sin éxito alguno.
Las mozas forcejeaban entre risas y protestas.
Enfurecidos y ardiendo, los jóvenes no cejaban en su empeño: ora arriba, ora abajo, cada uno a su manera trataban de reducirlas.
Poco a poco, pese a la negativa de las morillas, más fingidas que reales,los tres hombres consiguieron sus propósitos.
A esas alturas, las ropas de ellas se encontraban alborotadas y mostraban de sus cuerpos más de lo que la decencia permite.
Cada uno de ellos sujetó a su presa y, enardecidos por la vista de muslos y traseros desnudos, ante la negativa de las jóvenes, casi niñas, a acceder a sus deseos, como si se hubieran puesto de acuerdo misteriosamente, al unísono, comenzaron a darles fuertes palmadas en sus culos y piernas con frenesí creciente.
Ante éste ataque, Axa, Fátima y Marién se defendieron con uñas y dientes aunque no con mucha firmeza. Gemían, se quejaban sin que a los muchachos pareciera importarles lo más mínimo.
Tras un buen rato de lucha, ellas, con risas ahogadas y mirando pícaramente a los muchachos, dejaron de defenderse; una tras otra, se tumbaron boca abajo. Ante tal invitación, recomenzaron la azotaina con verdadera dedicación y no pararon ni cuando aquellos morenos y atractivos culos estuvieron de un color rojo subido. Aún pasó un tiempo para que dejaran de palmear aquellas glorias de nalgas.
En tanto, Axa, Fátima y Marién aceptaban el castigo entre gemidos, risitas y miradas burlonas hacia sus castigadores que no descuidaban su misión. Ellas se miraban con gestos de complicidad.
Llegado a un punto, Florín comenzó a acariciar las nalgas de su víctima, a besarla en el cuello, en la boca y en los pechos que, para entonces, ya asomaban por su escote.
A él le siguieron sin tardanza Florián y Florestán.
Los besos y las caricias se sucedían sin cesar.
Las niñas participaban en el festín devolviendo cada beso y cada caricia.
No tardaron Florián, Florín y Florestán en tomar posesión del tesoro de Axa, Fátima y Marién.
Durante algunas horas, todos se alimentaron de los frutos del amor. De tanto en tanto, volvían los azotes con gran regocijo de todos.
Este romance que empezó como anonimo acabó con nombres propios y de forma diferente a como el autor lo pergeñó.
Por fín Axa, Fátima y Marién consiguieron las olivas que deseaban sin necesidad de llegar a Jaén.
(continuará)
En Madrid, a 19 de Abríl de 2.005.

......Continuación

Florián, Florín y Florestán, quisieron repetir la experiencia, para lo cual, concertaron un nuevo encuentro con las bellas moras. Se verían de nuevo dos días después en el mismo lugar. Ellas aceptaron gustosas.

Como estaba previsto, en la fecha y hora convenida se encontraron los jóvenes con aquellas que habíanse apoderado de sus pensamientos. Las miraban con arrobo y sus ojos brillaban por el deseo de estrecharlas entre sus brazos.

Caminaron hacia el olivar con las manos enlazadas entre risas y canciones.

Desde el fondo de sus grandes ojos negros, Axa envolvía a Florián con una mirada cargada de sensualidad.

Florín cercaba con un brazo la cintura de Fátima.

Florestán no perdía ocasión de estampar sus labios sobre el cuello moreno de Marién.

Llegados que hubieron al olivar, se adentraron en él y, sacando de sus zurrones viandas y vino.

Comenzaron a dar buena cuenta de todo. Las cristalinas risas de ellas, se mezclaban con las

recias voces de los jóvenes requebrándolas.

El vino ingerido hacía lucir arreboladas las mejillas de las muchachas. Sus ojos eran como

brasas encendidas.

No bien terminado el yantar, comenzaron los intentos de caricias y besos por parte de los mozos. Axa y Marién se dejaban hacer con gusto. No así Fátima, quién forcejeaba con Florín, negándose entre risas a ser sometida.

Este, excitado, lo intentaba por todos los medios sin conseguirlo. Visto que no lo podía con arrumacos y frases encendidas,

se abalanzó sobre ella y usando de su mayor fuerza física, la redujo en un instante.

Entretanto, las otras dos parejas, aunque seguían con sus lances amorosos, no perdían detalle de la escena.

Florín, con gesto de rabia, sujetó a Fátima con una mano, mientras con la otra levantaba sus faldas hasta la garganta dejando las nalgas de la niña expuestas a las miradas. Enardecido por la visión, quitándose el grueso cinturón de cuero, comenzó a azotarla sin piedad: ella se debatía tratando de evitar el ataque sin lograrlo.

Un buen rato pasó y muchos cintazos cayeron sobre las femeninas nalgas arrebolando aquellas dos gloriosas mitades. Ella gemía y se retorcía por efecto de los golpes: sin embargo, sus ojos se dirigían hacia sus amigas con una mirada llena de picardía. Imitando a Fátima, Axa y Marién decidieron negarse a los avances de Florián y Florestán. Ante tal actitud, los jóvenes, también imitando a Florín, hicieron lo propio con ellas y las desnudaron de cintura para abajo: uno con la mano y el otro con su cinturón, comenzaron a dar grandes azotes sobre aquellas hermosas nalgas partidas por gracia en dos.

En el olivar, solo se escuchaban chasquidos de azotes y ayes lastimeros rotos de tanto en tantopor risas ahogadas.
Las pícaras muchachas, provocaban con sus movimientos más la continuación del castigo que su cese. Ellos, cada vez más excitados por la visión de tales redondeces,-- ya rojas por los azotes--,y por el castigo que inflingían, no cejaban en su afán de dominarlas golpeando sin cesar.
Finalmente, agotados por el esfuerzo y deseando pasar a otra actividades, los jóvenes dejaron de castigar a las niñas para acariciarlas, besarlas y consolarlas. Las culparon por habertenido que adoptar tales medidas.
Ahora, fueron ellas quienes se lanzaron a besar y acariciar a los hombres; con los ojos encendidos, se frotaban lascivamente sobre ellos.
Ante esto, los jóvenes, anhelantes, impacientes, penetraron sus recónditos secretos. Los ayes dieron paso a gemidos de placer, miradas perdidas, besos apasionados correspondidos en todo momento: los cuerpos de los hombres se fundían en uno solo con el de ellas, agitados, enfebrecidos.

Allí y así, pasaron las horas disfrutando del amor.
Más tarde, otro día, volverían al lugar para repetir los acontecimientos.

(Estos sucesos pudieron muy bien acaecer en el año de gracia de 13….., en las tierras de Jaén).

En Madrid, a 23 de Abril de 2005.

JANO.
 
CRUZANDO EL PACÍFICO
Por Carolina:

Era difícil de comprender, habían pasado demasiados años desde la última vez que lo vi, su partida fue tan inesperada como ahora lo era su retorno. Julián había partido hacía varios años a Japón con la finalidad de perfeccionarse en las técnicas del Bonsái, al principio como todos los enamorados manteníamos contacto casi a diario, pero eso poco a poco fue decayendo, el contacto se perdió, el daño fue tan grande que creí morir de amor, aun así decidí seguir adelante sola, sola como había permanecido casi toda mi vida.

Una llamada a las 5 de la madrugada perturbo mi sueño, su voz trastorno mi vida, mi corazón, mi alma, al decirme que regresaría mi mente se nublo por completo, no sabía que pensar ni que sentir, la situación era extraña, había aprendido a vivir sin él, ¿cómo sería todo ahora que él regresaba?

Los días siguientes transcurrieron en forma normal aunque siempre me embargaba aquel extraño sentimiento, siempre conservé lindos recuerdo, pero nunca podría perdonarle el abandonarme sin haber dado una razón lógica. ¿Qué hice mal?, ¿En qué me equivoque?, ¿Qué era yo para él?, fueron las preguntas que me hice por años y con las cuales tuve que aprender a vivir.

El día se acercaba y mis nervios aumentaban, sería realmente bueno volver a verlo? ¿volver a darle una oportunidad? ¿recuperar el tiempo perdido? o debía tomar mis maletas y desaparecer por siempre?, no estaba segura de nada, sólo me dejaba llevar por la situación y por los sentimientos que permanecieron ocultos por años, en el fondo estaba ansiosa por una segunda oportunidad.

Al fin estaba frente a mi, sólo a unos metros de distancia, no lo podía creer, era como un sueño que después de tantos años se hacia realidad, pero la realidad de ayer no es necesariamente la realidad de hoy, nuestra situación era distinta y no sabía como reaccionar frente a aquello. Su mirada era profunda, penetrante, me desnudaba con los ojos y sólo me perturbaba aun más, me sentía como una niña pequeña, indefensa, con ganas de llorar y de salir corriendo, pero al mismo tiempo quería correr a sus brazos, besarlo, sentirlo, palparlo, asegurarme que no era un sueño, pero algo me lo impedía, no podía moverme, ni hablar. Los segundos eran horas y los minutos días, sentía que me desvanecería, el instante era eterno.

Comenzó a acercarse, mi cuerpo temblaba, sus brazos se posaron sobre mis hombros y las lágrimas cayeron en mis mejillas, una hermosa sonrisa se dibujo en sus labios, esos labios que por tantos años añoré. Sentí su mano en mi barbilla y aquel primer beso con el cual soñé por tanto tiempo, sus labios eran cálidos y los recuerdos invadieron mi mente, recuerdos felices, tristes, excitantes. Recordé cada momento vivido con él en cuestión de segundos. Los sentimientos se encontraron unos con otros hasta que al fin encontré las fuerzas para abrazarlo y llorar... llorar hasta que las lágrimas se acabaron, hasta que mi corazón descansó, hasta que la tortura al fin se acabó.

Hablamos por horas, recordamos cada momento de nuestras vidas. Los días siguientes fueron un nuevo despertar, nuevas sensaciones, permanecíamos días completos juntos, intentado recuperar el tiempo perdido.

Era un domingo por la mañana, el día estaba hermoso, un sol espléndido me despertó. Julián estaba profundamente dormido, se veía muy tranquilo, cuando abrió sus ojos me sonrío y me dio un beso en la frente, se levantó rápidamente diciendo que me tenía algo especial para aquel día y dicho eso entró a la ducha, yo permanecí intrigada en la cama hasta que él regreso – Bien hermosa, este es tu gran día, toma una ducha tranquila, te tengo una sorpresa especial – sin decir nada me dirigí al baño, quite mi ropa y me metí a la ducha, sentía escurrir el agua a través de mi cuerpo, la sensación era extraña, estaba nerviosa, pero no conocía el porque.

Al entrar a la habitación sobre la cama había un vestido de color verde agua, unas pantaletas blancas, un par de medias y zapatos en el mismos tono. Julián no estaba en la habitación así que me desnudé frente al espejo, me gustaba contemplar mi cuerpo y poco a poco comencé a vestirme, primero las pantaletas, luego las medias, un toque de perfume en aquellos lugares importantes para finalizar con el vestido, frente al espejo nuevamente acomodé mi cabello, decidí amarrarlo para lucir la espalda y finalmente los zapatos. Al salir de la habitación Julián estaba sentado en el sofá fumando un cigarrillo, me contemplo bajar las escaleras y sin decir nada tomó mi mano y nos dirigimos fuera de la casa, no quise preguntarle nada porque me agradaba la sensación de suspenso, estuvimos todo el día fuera de casa y en realidad no pasó nada especial, regresé defraudada y enfadada, me prometieron algo que nunca ocurrió, Julián se acercó e intentó besarme, yo simplemente lo empuje, no quería que me tocara y como una niña haciendo un berrinche me dirigí a nuestra habitación y cerré la puerta tras un estruendo. Segundos después entró Julián, su mirada era seria, nunca lo había visto así, yo estaba recostada sobre la cama desatando toda mi frustración contra la almohada cuando él me habló – Ven aquí niña malcriada – yo simplemente lo miré desafiante a los ojos - ¿Qué acaso no me oíste? ven aquí, te quiero frente a mi – en ese minuto reaccioné y saliendo de mi estupefacción frente a tal comportamiento me puse de pie frente a él, intenté abrazarlo para remediar lo que había provocado, pero él sin más se alejo de mi – No te he dado de todo durante estos días? te he pedido perdón mil veces y aun así no estás contenta? ¿qué se supone que debo hacer contigo? – yo estaba algo aturdida frente a la situación, no creía que mi actitud fuese tan grave, en ese momento él se sentó en la cama y me atrajo hacia él y sin más preámbulo me acomodo sobre sus rodillas, yo intenté resistirme – ¿Qué haces? ¿quién te crees que eres? suéltame!! – por más intentos que hacia por escapar él me sujetaba aun más – Esto debí hacerlo hace mucho tiempo pero ya es hora que alguien le ponga un alto a tus caprichos – y sin mediar palabras descargó el primer azote sobre mis nalgas, yo quedé perpleja, no asimilaba la situación cuando el segundo golpe resonó en la habitación un débil auch salió de mis labios mientras sentía como aumentaba el ritmo de los golpes, mordí mis labios a pesar del dolor, no quería darle en el gusto de oírme gritar y mucho menos llorar, de repente seso todo golpe, me sentí aliviada, sentía mis nalgas arder y sentí las manos de Julián recorrerme entera – No creas que todo a acabado princesa, estamos recién comenzando – tras decir eso levantó mi vestido y masajeo mis nalgas, dibujaba círculos con sus dedos comenzó a bajar lentamente mis pantaletas, me sentía humillada, maltratada y excitada, era un mar de flujos y Julián muy bien pudo comprobarlo, paso delicadamente sus dedos sobre mi vulva – Veo que no te desagrada del todo la situación cariño, pero no creas que eso te salvará – con mayor fuerza se iniciaron esta vez los azotes, sentía el picor de cada golpe, el arder de mis nalgas y la sensación de excitación en mi entrepierna, ya no era capaz de callar mis quejidos, dolía! y dolía mucho, pasaron minutos que se me volvieron horas, era de nunca acabar y cada golpe era más fuerte que el anterior, al fin pensé que todo terminaría cuando Julián me pidió poner de pie – Ven aquí cariño – me llevo hasta el escritorio y me pidió doblarme sobre él y ahí estaba yo, excitada, con el vestido levantado y las pantaletas en las rodillas, ofreciéndole mi trasero para que él hiciera y desasiera, un gran espejo me revelaba todos sus movimientos y podía ver la posición en la que me encontraba, al verme me excite aun más si cabía pero al verlo a él y ver como se quitaba el cinturón me hizo estremecer, un frió recorrió mi espalda una mezcla entre miedo, excitación y ansiedad me invadió, temía al dolor pero me excitaba con cada azotes, él se paseaba alrededor mío con el cinturón en la mano, tocaba mis nalgas y con sus dedos comprobaba cuan excitada estaba, me ponía nerviosa, golpeaba el cinturón sobre su mano y el sonido me hacia temblar, hasta que sentí el primer azote en mis nalgas, fue un dolor intenso que me hizo gritar, luego vino el segundo tan fuerte como el anterior, el sonido del cinturón contra mis nalgas, mis gritos y quejidos se apoderaron de la habitación, cada golpe me dolía más, pero aun así ansiaba el próximo, no entendía que ocurría conmigo, con mi cuerpo, podía sentir mis nalgas en carne viva, pero quería aun más – Mmm... tus nalgas han adquirido un color maravilloso cariño, pero ya verás que podré dejártelas aun más hermosas, tomó mi mano y me ayudó a poner de pie, me abrazó y beso mis labios por largo rato, yo me aferraba a él, temblaba de excitación, quería que me poseyera, que me penetrara, quería sentirme suya completamente. Sus manos recorrieron mi cuerpo, mis piernas, glúteos, espalda, apretó suavemente mis senos y con una delicadeza inimaginable comenzó a quitar mi vestido, despacio... recorrió mi cuerpo con su vista, devoró mi desnudes con la mirada, me llevó hasta la cama y me recostó sobre ella dejando mis nalgas lo más expuestas posibles, yo estaba ansiosa porque continuara, se abalanzó sobre mi y comenzó a besar mis orejas, el cuello, bajó lentamente hasta la espalda, sentía su excitación sobre mis glúteos, sentía sus manos recorriéndome al mismo que tiempo que lo hacían sus labios, una nueva pausa me perturbó, sentí sus manos azotando nuevamente mis ya maltrechas nalgas, pero me agradaba el dolor, quería continuar sintiendo aquella excitación que me trastornaba, perdí la noción del tiempo, solo sentía el ardor ....

Un cálido beso me regresó a la realidad – Buenos días princesa, dormiste bien? – fue lo que dijo, pensé que todo había sido un sueño, intenté moverme pero el dolor me lo impidió, no había sido un sueño, fue real – No te muevas cariño, creo que anoche me excedí un poco, discúlpame, la próxima vez seré más cuidadoso – la próxima vez? pensé entre mi, solo le sonreí, sabía que nuestro tiempo se acababa y que él debería regresar una vez más, pero esta vez no dejaría de luchar con tanta facilidad, esta vez él se iría, pero lo haría junto a mi, cruzando juntos el pacífco
 
“buenas noches los pastores pom-pom-pom”
Por Rams:
Relato que sirve para inspirarse a jugar en msn y a escribir aventurare enganchables

Caían las cuatro de la tarde sobre la rumoreante aula de Literatura, pocos minutos antes los párpados de la profesora Manuela habían perdido su batalla contra el adormecimiento que la embargaba desde el almuerzo.
Las diversiones de la madrugada anterior bien merecían el sacrificio de tomar café negro, lavarse la cara con agua fría y pasearse incansablemente de la tarima a la puerta y de un extremo a otro entre las bancas de los alumnos. El resultado de la jornada de la mañana era satisfactorio, los chiquillos la contemplaban en su monologo de león enjaulado sin hacer mayor barullo ni estorbarle con preguntas. Aunque Miss Rams solía disfrutar del ingenio infantil, así como de su innata curiosidad; la acumulación de trasnoches - que sumaban apenas unas ocho horas dentro de la cama – le había puesto de mal humor, por lo que tomó la precaución de encomendarles a los chicos tradicionalmente problemáticos tareas que les entretuvieran por períodos largos. Eso tenía la doble ventaja de poner presión en los juveniles hombrecitos y damitas , obteniendo un “saludable” ruido ambiental que, según creía, le ayudaría a mantenerse despierta.
La cabeza curvada hacia atrás, el ronquido nasal característico, un hilillo de saliva empapando su blusa blanca hasta transparentar el seno izquierdo, sostenido por un minúsculo encaje... los jovencitos nunca le había puesto tanta atención a la profesora ...¡lástima que ella no estuviese en condiciones de notarlo!. Un aire de desconcierto surgió de las caritas de los pequeños escolares
- ¿Qué hacemos? – aventuró una voz
- ¿Nos vamos? – sugirió un timbre femenino
- Noooo... ni ca... – se apresuró a decir un muchachito, yendo hasta la silla de la durmiente
Sin lugar a dudas el movimiento pretendía cerciorarse de las magnitudes que podía alcanzar el espectáculo, y , ciertamente mirando de pie por el escote, los 2 varones del curso - David y Oscar - optaron por velar el sueño de la maestra en vez de arriesgarse a un escape fuera del recinto. Las chicas por su lado se autoconvencieron de que su propósito era decente, y que frente a cualquier dificultad con los celadores podrían responder dignamente, acusando:
“la profe suplente que está zzzzzzzz en vez de dictar su asignatura”
La idea había surgido de una rozagante Rosarin, digna de un cuadro de Bottero, entusiasta partidaria de las reprimendas que su tía pudiese llevarse a cuenta de esta falta, porque le parecía muy entretenido jugar en el bando “con poder” y llevar el chisme a la parentela mutua. Cuando iban saliendo un balbuceo inteligible sobresaltó al curso completo
- ¡Ay , Madre de Dios! Qué susto- exclamó Teresa recobrando el aliento varios metros lejos de resto
Pánico y vergüenza había alterado los colores faciales de los niños, pero “valerosamente” permanecieron de guardia junto a la maestra, los ojos embebidos en la respiración acompasada de la Miss, que elevaba los pechos de tanto en tanto.
Afuera las niñas planificaban actividades para exprimir al máximo el rato de asueto. A Rosarin, en el entusiasmo, la frase “mi tía Manuela es seca pa’ la pestaña” la delató como posible sospechosa de complicidad con la autoridad. Mientras defendía su postura de “los chicos con los chicos y los grandes a la punta del cerro”, acertó a pasar por casualidad Remi por ahí.
-¿En serio? ¡puchas! Yo pensé que era un cuestión original de mi tía Manuela
-¿Manuela ... ¡¿¡la Manuela RAMS¡ la profe..¡???
-Si, poh, esa que está echándose la siestecita ahí mismo – señaló Ale
-¡Ajá! ... vaya vaya la misma que viste y calza ¿y dices que es tu pariente?, ...mhhh... entonces tu y yo somos familia también. Soy Remigio , Remi para ustedes...
-Yo soy Rosario, a mi papá le dicen Remi también , pero su nombre enterito es Remington Steele Machuca
-Yo soy Ale, por si a acaso – interrumpió risueñamente, tirándole un pelito a Remi
-Y yo Arco, y esta es Ter ¿dónde están las demás?, allá Karen y Pathy ...
Remi reconoció a la chiquilla cuyo trasero palmeó, retrocediendo un poquito intentó que su rostro se ocultara en las melenas de las damitas. Y siguió charlando confiadamente, pues la dulzura de ellas le atraía tanto como si fuera abeja... y en su imaginación él se ve a sí mismo como un oso cariñoso que las nalguea entre chistes y cosquillitas
-¡Mira, Karen, es el niñito que me molestó el otro día!- susurró Pathy - ¿sabes de qué curso es? Por su culpa ...¡¡UFF! ... me da rabia hasta recordarlo... después te cuento, ayúdame a averiguar sobre él para que lo castiguen duro duro – ambas se apartaron de la sala caminando sigilosamente – ya lo pondré en evidencia con alguna de las maestras ¿Cuál me sugieres, digo, para que se le quiten las ganas de tontear?
- Si es por recomendaciones debías de preguntarle a David ... jijiji... pero ese no escarmienta ni con Celeste poniéndole “azul” el lomo...jejeje... ¿vamos para preguntarle a quién le tiene más miedo?
... con la interesante posibilidad de hacer mil planes y travesuras, se deja abierta la escena para que las alumnas sigan su camino; es el turno de referirnos a lo que aconteció con la docente
El sol bajaba de su cumbre a paso redoblado, la luz permanecería sólo minutos más abundante y amarilla, para pronto adquirir su brillantes más grisácea, opacada por el atardecer.
David y Oscar habían abandonado el cuento de hadas sin ser percibidos, ocultándose entre los abrigos colgados en el ala izquierda del aula. El hombre que llamaba a la profesora desde el dintel de la puerta era un cincuentón robusto, que a veces aparecía en ceremonias importantes del colegio; se le suponía un directivo influyente y las chicas solían temer que un día se les citase a “declarar culpas” al oscuro edificio que ocupaba a un par de cuadras del internado..
La joven mujer entreabrió con pesadez los párpados, desperezandose cual gata, volviendo relajadamente a la realidad.
- ¿¿¿EHHH??? – como un rayo atravesándole la nublada sesera esa voz la hizo girar el rostro empalidecido - ¡¡¡¿¿¿ MISTER WHIPPER ¿???!!! – al comprobar su acierto brincó del asiento echando una mirada asustada a su alrrededor..
-No busque a sus alumnos, damita, hace bastante que la clase terminó ... pero usted no lo supo ¿verdad? – el tono meloso e irónico avecinaba una tormenta.... - ¿tuvo un bonito sueño?
-Eeeeeehh ... esteee.... si, señor... ji ji ji ji ... soñé que estaba en mi casa cocinando un pastel para usted – le sonrió coquetamente
- MMMMhhhh ... una profecia, tal vez
-¿¿....???
-Está a punto de cocinarse algo, ... “pastelito” ...
- ...¡Gulp!
- Venga para acá
-Pe ...pero...
-En los laureles: no , Mr. Whipper ... jeje ... en la comodidad de un curso pletórico de pequeños interesados en el arte poética que...
-¡Silencio! – su rostro se contrajo en una mueca de disgusto – No comienzes a embolinarme la perdiz, conozco el remedio para toooodos tus males
Tomó una silla de madera y la colocó al centro del salón, sentándose en ella y señalando sus piernas dijo con aspero tono
- VEN PARA ACA, AHORA !! Y ACUESTATE SOBRE MIS PIERNAS
- ¿A que juegas, Whipper? - le miró inquieta – ¡¡estamos en mi trabajo!!
David se emocionó tanto que se puso a darse un pellizcos para comprobar que no estaba imaginando lo que sucedería. Oscar le confirmó que tenía la misma sospecha... ¡serían testigos de una azotaina al adulto culito de una maesrta veinteañera!
- ¿Quieres que me ponga ahi?¿estas seguro?
- ¡¡SI VOY POR TI SERÁ PEOR !!!!
Se puso recostada de panza, de manera la manera más cómoda, con el traste bajo y la cintura en sus rodillas
- ¿Te das cuenta qués es lo que va a suceder, “pastelito”?- dulcemente lamovió hasta que sus cachetes quedaran en el punto mejor para el impacto
- ¿Me daras unas palmaditas, como a las nenas mal portadas?
- PALMADITAS, NO... TE DEJARE ESTE CULITO MUY ROJO PARA QUE APRENDAS... y me haré cargo de hacerlo a diario si es necesario, por el bien de tu empleo en este establecimiento ... ESTE PAR DE NALGAS – las palmeó suavemente - SERA MIO POR UN BUEN TIEMPO, ¿ESTA CLARO?
- MUY EN SERIO, “SEÑORITA PROFESORA SUPLENTE” usted tendrá muuuuuuchas dificultades para sentarse a roncar en clases – le levantó la amplia falda hasta las caderas, ella tembló levemente - ... hasta diría que dudo que haga el intento de poner este pompis apoyado en algo sin un cojin muy muy muy relleno, por un buuuen tiempo
- ¡Ayy no! ¿DE VERITAS ME VAS A PEGAR TAN FUERTE?- sonó suplicantemente desesperada – Tu sabes que este potito es muy blancuzco ... este... no sé si aceptaría que le pegaras así...
- ¡¡MEJOR ACÉPTALO!! ¡¡¿ DE QUIEN SERÁ ESTE CULITO?
- Mmmmmmmmmmmhhhhhhhh – Oscar pensó en levantar el dedo y ofrecerse para dueño temporal de tan tremendo trozo de carne - la colita es mía..es mia do...
Violenta nalgadas la sorprendieron en medio de la canción
- Ayyy ,... bueno, te lo presto, pero no te creas que mucho... jejeje

- ¿PRESTADO? Estas de chsitosita ¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!! AHORA VERAS DE QUIEN ES ¡¡ SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!!
- ¡¡Ay ay ayayayay ¡!!, ¡ parale hombre!, que te lo doy y te lo llevas para la casa...ay aya yayaayy....
El distinguido caballero se veía divertido por la talla, pero haciendo acopio de seriedad subió los dos hemisferios posteriores de su spankee bien en alto aun protegidos por el calzón
- ¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!!SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!!
- Auch ayy ayy ayayaya auu ESO DUELE... no quedara nada de popin sanito para cuando te lo empaque ...
- SIGUE, SIGUE DE SARCASTICA, VEREMOS SI CUANDO ACABE CONTIGO SIGUES IGUAL DE INSOLENTE ¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!! SMACK !!!: SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!!
- ¡¡Puchas!, solian ayyy gustar ayyayy gustarte mis bromas ayyy ayy ayy ¿no recuerdas?
- La que se va acordar de esta eres TU, Manuela... como que fuera tu primera tunda...
- No confío en tus promesas ... AHORA VERAS PORQUE NO ES BUENO LO QUE HICISTE ... ¡¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!! ¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!! daña la imagen que los alumnos tienen de sus maestros Y AUNQUE NO PUEDO VOLVER EL TIEMPO ATRÁS ¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!!, SI PUEDO HACER DE TI ¡SMACK !!! SMACK ! ¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!!!!SMACK !!! – enfatiza en cada golpe - UNA SEÑORITA PROFESORA COMO DIOS MANDA ¡SMACK !!! SMACK !!!SMACK !!! ....Y SI NO LO PAGARAN TUS NALGAS
- Aaaayyyy ayy ayyya ¡¡ Lo siento, mister Whipper!! ¡¡Lo sientoooooooo!!!
- PUES AUN TE QUEDA SENTIR ALGO MAS – ríe maquiavélicamente
- ¡¡¡UUUUUUUUppppsss!!! – sisea ella cuando él introduce sus dedos por debajo del elástico de su bombachita y lo baja, dejando expuestas sus dos redondeses posteriores a la atónita mirada de los escolares. Balgrus se lleva la mano a la cintura, desabrocha su cinturón, sacándolo completamente y doblándolo por la mitad
-¡¡¡¡ No, no no, Balgrusin, queridito!!! eso noooooooooooooo- implora retorciendose atrapada por su “garra” .
-Le oye chasquear en el aire ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!- los tres primero impactos caen cubriendo ambas nalgas con sendas rectilineas rosadas - FUISTE UNA MISS MUY PERO MUY MALA un pésimo ejemplo . Reconocelo
- ¡Snif!! ....
- ¿QUE FUISTE, Manuela ?¡¡ CRACK !!! CRACK !!!
- AUUUU AYAYYAAYY AYAYAYAYY si de veritas que ya entendí tu molestia, no pasará más, desconecto el msn temprano y duermo bien para no dejar esta escoba ... , en serio que no volverá a suceder, ...pero no pegues más ¿ok?
- ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! te hice una pregunta ¿QUE FUISTE? ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!!- sujetandola firmemente
- AAAAAAAAAAAAAUUUUU aay ayy ay fui una niña mala
- ¿ERES UNA NIÑA MANUELA? ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!
- NOO AAAAAAAAAAUUUUCHH!! No ... no soy niñita ....¿o acaso quieres que lo diga? AAAy ayy... pero no pegues más ..... soy lo que quieras ayy
- NO, quiero que digas la verdad, ¡¿eres una niña?
- No soy una niña
- ¿QUE ERES ENTONCES ?
- Soy una señorita
- Y ESTA SEÑORITA ¿QUE MERECE POR HABERSE PORTADO ASI?
- ... ....
- ¿Muda repentinamente? ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¿me diras que mereces?
- Ayy ¿unos azotes?... los que ya recibí???...
- ¿QUE MERECE UD., MISS RAMS ??? ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!: CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!
- ¡¡¡AAUUUU!!! – la respiración se torna entrecortada por el agitamiendo, y empieza a usar la “técnica” del lloriqueo - ¡¡buaaa!!! ¡¡Buaaa! Ayy ayyy ay aaaaazoooo oohh ohh teee ssss con laaa aayyyy cooo rrea aaaah ¿eso?
- ENTONCES PIDEMELO ¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!
- Caray ¡¡ tu estas loco, ayy ayy, no te voy a pedir que me pegues, sino que me perdones
- ¿SEGURA QUIERES HACER ESO? OK, VEREMOS QUIEN EST´MÁS LOCO ¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK ¡
- ¡¡¡WAAAAAAAAAAAAAWUAAA!!! ay ayy ayy ¡¡¡ya basta!!! ayy ayy ay que duele ¡BUAAAAAAAAAA! ¡WWAAAAA WWAAAA!! ¡SNIFS! ¿que te crees que haces?...
- HAGO LO QUE DEBO DE HACER ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! acordamos que sería tu spanker y que controlaría tus salidas de tiesto... ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ... ESTE ES MI SISTEMA PARA ENSEÑARTE A QUE APRENDAS LO QUE TE SUCEDERA CADA VEZ QUE SEAS IRRESPONSABLE ... ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! Por ejemplo CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!
- (Suspiro) Ahhhhh.. si no lo olvido, no romperé el trato ¡no rompas tu mis glúteos!.... ARDE MUCHO.. ya no hare tuto en la sala ¿okey?y no me comportare mal nunca mas, “jefe” , dejame ir , ¡¡por fis!!
- Eres insistentemente respondona, pero todaviá no contestas ¿QUÉ MERECE MI SPANKEE ?? ¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!
El llanto anegó su garganta, de sus ojitos verdes salieron riachuelos salados... el poto le quemaba como brasa
- ¡¡¡WAAA WAAWAWAWAWA! meresco que te enojes como un loco, ayy de mi
- ¿Y QUE ME DEBES DE PEDIR ,JOVENCITA?¡ CRACK !!! CRACK !!!
- ¿Perdirte perdón otra vez? MIL VECES si es necesario ayy ayy ayy
- DIJE QUE DEBES DE PEDIRME QUE TE NALGUEE ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!... ESTO CONTINUARA HASTA QUE ASI LO PIDAS Y HASTA QUE YO DIGA QUE HAS APRENDIDO ¡¡CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!
- Ayyy ayy duele muchisisisimo ¡y sales con quieres que diga eso! ¿¿no te basta con que me deje nalguear ? ¡Córtala con esa weá...! ¡¡que payaso eres!! - ¿PAYASO? OK, ESO TE COSTARA QUE SIGA CON EL CEPILLO ENTONCES . Despidete del cinto ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! Y que conste :TU NO TE “DEJAS” NALGUEAR, AQUI EL QUE IMPONE EL CASTIGO SOY YO¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! ¡¡ CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!! CRACK !!!¿ ESTA QUEDANDO CLARO?¡¡ MUCHACHA INSOLENTE !!!
- ¡Waa waaa waaaa!! Noooooooooooooo me castigues más, ay ay, siento haber usado esas palabras ... tu sabes que soy una deslenguada ... ¡cxon el cepillo nooooooooooo!
- Te cepillaré en la oficina, levántate APRENDERAS A NO DECIR INSULTOS NI PALABROTAS
La profe en vertical es contemplada en toda su rojez por los jovencitos. Intenta un artilugio de coquetería para salvar su piel de un nuevo escarmiento
- Vamos, cariño, deja la lesera de nalguearme y salgamos a divertirnos a un happy hour por ejemplo...
- Deberías de evitarte bromear conmigo en estas situaciones, Manu...¡¡VAS A VER COMO NOS DIVERTIREMOS CUANDO ACABE !!!
... entoncés la tomó en vilo y se la echó al hombro de guata , como un saco de papas, los cuadros en los tobillos delataban el acontecimiento. La pollera cubriéndole la parte en penitencia no la defendió de las miradas risueñas que sus colegas le dirigieron. Aquellas ruborizadas mejillas – ambas= de arriba y de abajo - cruzaron el umbral del internado cuando ella tomó conciencia de la grave mancha que sería para su curriculum si alguno de sus educandos hubiese cometido una travesura mientras se suponía que ella les daba clase... y oró en silencio por la benéfica protección de alguien que intercederá por ella en ese caso...
- Por cierto, Miss ... el Director quiere “hablar” con usted mañana a las 9 AM. Dijo algo respecto a las respuestas del examen global de literatura encontrado en la fotocopiadora ... hace una hora ... en manos de sus alumnas de este curso....
- (fin de la 1era. Parte. - Continuará)
 
"La obediencia y los azotes"
La había citado en un bar a las diez en punto de la mañana con instrucciones.

--Irás en el autobús. Sin sujetador ni bragas. Medias blancas hasta medio muslo, con elástico. Blusa blanca de cuello redondo abrochada hasta el cuello y muy fina. Falda escocesa tableada: azul y negra. Corta. Zapato negro plano. Si el autobús va muy lleno te rozarás con el que esté más cerca pensando en mí. Eso te costará un castigo suplementario, pero debes hacerlo y no mentirme cuando te pregunte. Permitirás que te acaricie sin protestar: eso te costará otro castigo complementarioa los que ya tengo pensado infligirte. Si no estás mojada cuando te toque yo para comprobarlo, supondrá un aumento de azotes. Todo el tiempo, desde que salgas de tu casa hasta que nos veamos, irás pensando en mí, en mis manos y lo que con ellas le haré a tus nalgas.

A las diez y cuarto, aparecí en el bar donde ella y estaba sentada en una silla frente a una mesa, con las piernas bien juntas y una expresión que denotaba el estado de excitación en que se encontraba: los ojos brillantes; la boca entreabierta y los labios secos.

Al verme, una tímida sonrisa se dibujó en su cara. No me preguntó por qué llegaba tarde.

Pedí dos cafés (ella no había pedido nada), no sin antes darle un largo beso en los labios que me correspondían.

Le pregunté si había obedecido mis instrucciones. Si en el autobús alguien le había tocado, a lo que contestó afirmativamente con un gesto de la cabeza. Entonces, sin preocuparme de si alguien podía vernos, introduje la mano entre sus piernas obligándola a separarlas. Allí, en el vértice, mis dedos quedaron mojados de sus humores.

Con un gesto, le indiqué que nos íbamos. En las escaleras de mi casa, le hice subir delante de mí levantándole la falda para acariciarle el culo y comprobar su estado de excitación.

Una vez en el interior de mi piso, me senté en un sillón y le ordené que se quedara en pié frente a mí. Le pregunté por las sensaciones que había tenido desde que salió de casa y lo ocurrido en el autobús. Se había acercado a un joven quién, al notarla tan cerca, como el que no quiere la cosa, comenzó a tocarla. Así ocurrió todo el trayecto hasta que llegara a la parada. Cuando descendió, echó una breve mirada al joven quien, para entonces mostraba la cara enrojecida. Todo ello,-me confesó- , pensando en mí.

A pesar de habérselo pedido yo, me indigné y se lo dije. Ella debía haberse resistido. Me dio un ataque de celos y, sin más , tirando de sus brazos, la apoyé sobre mis rodillas y, subiéndole la falda, la azoté enérgicamente ese culo que tanto me gustaba. A medida que descargaba la mano, su piel iba adquiriendo un tono rosado. A la vez, la excitación se iba apoderando de mí. Más y más azotes y color de sus nalgas iba cambiando del rosa pálido al rojo intenso. La mano me ardía pero seguía golpeando sin piedad. Cuando quise darme cuenta, llevaba más de media hora zurrándola entre gemidos y pataleos.

Hice que se pusiera en pié y ví como asomaban unas lágrimas de sus ojos.

No obstante mi enfado, no pude por menos que besarla y acariciarla, no sin decirle que aún no había acabado su castigo. La mano con la que acaricié entre las piernas,volvió a mojarse. Mucho.

Con un hilo de voz me preguntó que por que la pegaba si había cumplido órdenes mías. Le contesté que, a pesar deello, su deber era negarse , aunque tal actitud conllevara un castigo.

Entretanto, habíamos llegado al dormitorio. Primero le quité la falda y después la blusa, quedando totalmente desnuda excepto las medias y los zapatos que se quitó inmediatamente. La tumbé sobre la cama sobre un almohadón colocado bajo su vientre. Me quité el cinturón y pasé otra media hora larga azotándola ceremoniosamente. El culo ya no tenía capacidad de ponerse más rojo. Había llegado a su máximo posible.

Como de costumbre, el final de la sesión fué.....todo lo buena que podía esperarse de nosotros.

FIN

 
"Isa y el Padre"
Isa vivía encerrada en su mundo interior. Soñaba despierta con príncipes valientes, doncellas encerradas y olvidadas de su padre, con caballeros de relucientes armaduras que luchaban contra fieros dragones y enemigos malvados que maltrataban a las desvalidas princesitas de largas cabelleras rubias.

Cuando hacía algo mal, Isa temía que en un momento u otro su padre la regañara y le impusiera algún castigo.
Jamás ocurrió. Todo el peso de la casa y las resposabilidades las descargaba él sobre los hombros
de la madre. En cierta manera era un padre ausente.
Isa, inconscientemente, suponía que no era lo bastante
importante para su padre ni siquiera para ser castigada.

Pasaron los años y siguió encerrada en su mundo fantástico añorando no sabía qué: algo intangible, obscuro, sin nombre.

Leía y leía con pasión todo lo que caía en sus manos
y estudiaba con ahínco. Toda su historia pasada hacía
que se sintiera insegura e insignificante.

En clase de ......., conoció al tutor de su asignatura.
Era éste un hombre mayor que se ocupó de ella desde
el primer momento. La corregía constantemente hasta en lo más mínimo, amable pero exijente.

Con el tiempo, Isa se enamoró perdidamente de él. Soñaba con verle, estar a su lado, oír su voz aunque
fuera para ser regañada. Le miraba arrobada, sin quitarle los ojos de encima. Lo que más le llamadba la atención
de él eran sus manos. Por alguna razón desconocida, se sentía hipnotizada por ellas.

Un día, en su despacho, al ír a despedirse, se encontró
muy cerca de él, tan cerca que casi se tocaban. Le miró
a los ojos mientras insinuaba un beso en sus labios entreabiertos. En un momento eterno, pareció que él quisiera besarla. No lo hizo y la despidió hasta el siguiente día.

Confusa, la muchacha se fué a su casa soñando.

La sorpresa fué tremenda cuando, unos días después, recibió una llamada telefónica de él invitándola a merendar esa tarde. Aceptó. Se acicaló como mejor supo
y acudió a la cita con la sangre galopando por sus venas.

Hablaba él y ella escuchaba embobada. Pasaron una hora juntos que pasó como en un suspiro. Al despedirse, él se
inclinó hacia ella y la besó en los labios. Atónita y felíz,
Isa tomó el autobús hacia su casa, confusa, soñando.

Los tres días que transcurrieron hasta que de nuevo se
encontró en su despacho, no tuvo más pensamientos que
para aquel beso. Sorprendida, se encontró entre los brazos de quien la estaba besando apasionadamente, sin
pronunciar una sola palabra. Correspondió con todo el amor acumulado sin considerar la diferencia de edad
ni el estatus de cada uno.

A partír de aquel momento, se vieron con frecuencia, primero en lugares públicos y más tarde en su casa.
Allí, siguieron consejos y regañinas como una continuación de las tutorías.

Pasaba el tiempo y él no parecía satisfecho con los progresos de Isa. A medida que pasaban los días, sus
críticas y regaños eran más frecuentes. Le notaba cada
vez más enfadado.

En vista de que Isa no respondía a las espectativas de él,
harto de contemporizar, muy enfadado, la atrajo con fuerza hacia sí, y sin advertirla, comenzó a azotarla sobre
sus rodillas con aquellas manos que ella tanto adoraba.
No solo no se resistió, sino que pudo notar cómo se excitaba ante aquellos azotes. Sintiéndose felíz de que alguien se ocupara de ella, aquellos azotes le sabían a gloria. No le dolían. O le dolían de una forma extraña.

Entretanto, él seguía azotándola y amonestándola.
Creyendo que los azotes no surtían efecto, se quitó el cinturón y restallándolo en el aire, lo estrelló sobre el
culo de Isa, quién recibió el castigo estóica y apasionadamente.

A partir de aquél momento, las tardes en su despacho o en su casa, se convirtieron en una mezcla de azotainas,
besos, abrazos, caricias y amor mútuo.

El autor no sabe cuanto durò este idilio ni como acabó la historia, eso sí, deseando que fuera larga y fructífera.

F I N

Jano.


 
Institución para señoritas.
Por Jano

Institución para señoritas.
Dorsey, Inglaterra
Finales del sigloXIX
Exterior. Día

En la puerta de entrada, Mr. Erick, director del centro, escucha a lo lejos el galope de los caballos batiendo sus cascos sobre el camino de tierra. Acercándose, se divisa ya la carroza que se acerca velozmente. Cuado ésta llega frente al edificio, de ella desciende un hombre alto de pelo cano vestido totalmente de negro, desde la alta chistera hasta los relucientes botines. Le sigue una joven damita cuyos dorados bucles caen en cascada sobre sus hombros, solo cubiertos por un pequeño sombrero grís.

El hombre estrecha la mano de Mr. Erick a la vez que le presenta a su nieta de nombre Sara. Le explica que la joven ha perdido a sus padres y él, por varias razones, no puede hacerse cargo de ella por el momento. Así pues,se ve en la obligación de dejarla en sus manos para seguir su educación, en la confianza de que sabrán hacerlo de la forma más adecuada.

Ultimados los detalles con el director del centro, el hombre, tras una palmadita en la espalda de la joven, se
despide y sube a la carroza que se eleja con rapidéz.

Mr. Erick, sonriendo amigablemente a Sara, le indica el camino hacia el interior del imponente edificio. La lleva al enorme comedor, donde se encuentran ya sentadas a la mesa para comer, un numeroso grupo de muchachas de entre 14 y 18 años que miran expectantes la entrada de Sara y el director. Este, con voz de bajo profundo, la presenta como una nueva condiscípula, y le ofrece uno de los asientos vacíos, no sin advertile que, después de la comida, deberá pasarse por su despacho para ser informada de las normas que rigen en la institución.

Con la mirada baja y sabiéndose observada por todas, Sara se sienta en el borde de la silla, muy derecha y en silencio. En su cabeza se atropellan los pensamientos.
Aún no ha asimilado la muerte de sus padres en un accidente de tren. La llegada a este centro la llena de zozobra, aunque la gentil acogida del director le hace abrigar esperanzas de una estancia agradable.

Como le ha sido indicado, al terminar la comida, pregunta cómo llegar al despacho de dirección en donde, una vez llegada, es informada con gesto amable pero escuetamente de las normas. Estas son muy simples:corrección en todo momento, aplicación en los estudios,puntualidad exacta para todo y respeto a tutores y condiscípulas. Asimismo, en su habitación, compartida con otra alumna, orden absoluto y limpieza.

El director, seguido de Sara y una criada que lleva la maleta de ésta, se dirijen a la habitación que le ha sido asignada y que utilizará quién sabe cuanto tiempo para bién o para mal con una compañera a quién todavía no conoce. Allí se queda guardando sus pertenencias en un armario, al fín , sola. Los pensamientos de Sara siguen alborotando su cerebro sin darle tregua. ¿Cual será su futuro? ¿Cómo trascurrirá su vida de aquí en adelante.
Estas y otras muchas preguntas la llenan de incertidumbre.

Pasan los días y, pese a algunos tropiezos, vá acostumbrándose al lugar. Su compañera de habitación,
una morenita vivaracha de aspecto saludable, es muy buena compañera y dulce. El resto de las alumnas parecen haberla acogido con agrado.

La vida de Sara trascurre plácidamente sin los terrores que la acometían a su llegada.

Sólo una sombra: su impuntualidad y un cierto desorden de los que había sido reprendida en varias ocasiones amablemente pero con seriedad.

De vez en cuando, alguna alumna era llamada al despacho del director, desde donde trascendían ruidos como de golpes mientras ella permanecía allí. Preguntó a su compañera de habitación, llamada Mary, quién se mostraba remisa en contestar, qué eran aquellos ruidos, sin recibir ninguna respuesta satisfactoria.

Intrigada, en cierta ocasión en que aquellos ruidos se estaban produciendo, sigilosamente se acercó a la puerta del despacho y, mirando por el ojo de la cerradura,-bastante grande por cierto-, se sorprendió ante la escena que se estaba produciendo en su interior. El director, con una gran regla en la mano y en presencia de una de las profesoras, estaba golpeando a una joven con las faldas levantadas y doblado el cuerpo que se apoyaba en el brazo de un sillón de cuero marrón. Ella pataleaba en tanto era azotada y gemía blandamente. Los azotes se sucedían siempre al mismo ritmo cayendo sobre sus nalgas solo defendidas por sus bragas blancas interpuesta entre sus carnes y la inmisericorde regla. Absorta como estaba presenciando la escena, Sara no se había percatado de que alguien se estaba acercando. Se trataba de la profesora de lengua, quien, dándole un golpecito en la espalda, le hizo notar su presencia.
Sorprendida y asustada, Sara se puso en pié. Ante su sorpresa, sin una palabra, la profesora, tras llamar a la puerta, entró arrastrándola de un brazo hacia el interior del despacho. Allí contó al director lo sucedido. La sonrisa amable de Mr. Erick que ella tan bien recordaba, había dado paso a un gesto adusto y una miradas reprobadoras hacia la que parecía haber empequeñecido por la situación en que se encontraba.
Sin una palabra y haciendo a un lado a la otra chica, en presencia de todos, sujetándola fuertemente, la hizo inclinarse sobre el sillón y, pese a sus protestas, le pidió a la profesora que pusiera a la vista, totalmente sin ropa de cintura para abajo, el cuerpo de Sara. Ella lo hizo entre protestas de la joven. A la vez que la ponían en esa posición, la tutora la sujetaba con gran fuerza para que no se moviera, y el director le recordaba las muchas veces que había sido amonestada por sus faltas sin mayores consecuencias. Se le habían permitido muchas cosa sin llegar a castigarla. Ahora, había colmado la paciencia de todos y recibiría el castigo merecido.

La regla, certera y hábilmente manejada por Mr. Erick, comenzó a caer inmisericorde sobre el culo de Sara
haciéndola botar y gritar dolorida. La regla no cesaba de golpear las redondas nalgas cubriéndolas paulatinamente de un subido color rojo. Cada diez palmetazos, había unos segundos de descanso. El dolor, la vergüenza de estar en aquella situación ante tantos espectadores que no dejaban de mirar, hacían que las lágrimas corrieran por las mejillas de Sara como un río incontenible.

Los reglazos continuaban al mismo ritmo: diez, descanso, otros diez, descanso y así sin parar. Sara había perdido la cuenta en cincuenta y tantos y de eso hacía mucho tiempo. En cada descanso, era acusada de fisgona, descuidada, impuntual. Y aquello se había acabado. De ahora en adelante sería vigilada constantemente y, a la más mínima falta, sería castigada con la regla y otros utensilios aún más eficaces según fuera esa falta. Cuando aquello acabó después de una eternidad, Sara fue despedida con la orden de recluirse en su habitación hasta nuevo aviso. Ya en su cuarto, sola, acariciándose las nalgas, comprobó que además del dolor, el castigo le estaba produciendo en aquellos momentos un extraña sensación que no sabía como definir, pero que sí sentía en lo profundo de su ser.

 
Sin titulo - relato 8
Como quien dice la curiosidad mata al gato y espero no matar la tuya al contarte mi primera experiencia con el spanking.
Como ya te había contado antes un increíble morbo y gusto por este me nació de la lectura de S&M y fue como poco a poco empecé a indagar si le apetecía el juego y los azotes a mi pareja, para esto comencé con un juego de rol el que solo yo sabia el desenlace pero que poco a poco fue gustando a mi niña si mi niña me transforme en una pareja paternalista y con mucho interés en sus castigos de niña, me sorprendí al saber que solo en dos ocasiones había recibido de parte de su madre una tunda que la hiciera recapacitar, mi cariño se fue acompañando de algunos reproches y una que otra nalgada suelta para saber si aceptaba su rol y entraba en juego en un inicio fue muy suave, en nuestros momentos de intimidad pero no como castigo, solía azotar con mis manos sus nalgas en los momentos más cercanos al clímax.

Pero no fue sino hasta cuando ya asentados en Stgo. y lejos de sus padres con una independencia mayor empecé a alcanzar mi meta azotar ese trasero que entre mis manos era un anhelado tesoro.
Las discusiones de ya una pareja más madura fueron haciendo de este juego algo un poco más divertido mi amenaza ante su inmadurez en algunos aspectos lo hacían cada vez más excitante, fue un viernes previo a nuestro regreso en que en una fiesta Black como habíamos denominados con nuestros amigos que sucedió.
Ella lucia radiante con su pelo suelto un velo negro sobre su rostro zapatos de taco medias negras un vestido vaporoso sobre sus rodillas, un jersey con cuello sin mangas y sus labios delineados al igual que sus ojos como una femme fatale, su fantasía para esa noche no se podía arruinar hacer el amor en medio de la fiesta en el cuarto independiente mientras los demás bailaban y departían; la mía darle su primera azotaina.
Entre algunos tragos y baile fue creciendo nuestro calor y pasión para jugar más le pedí sus interiores a lo que obedeció trayéndolos hecho un puñado desde el baño, pude percibir su aroma y humedad lo cual me volvió loco de pasión y comencé a ser mas insinuante en mis caricias a lo que ella respondió con un vamos, cogiendo mi mano subimos las escaleras para desaparecer en el cuarto un abrazo y beso pasional donde mis manos pudieron recorrer su cuerpo mis labios devorar su cuello el tiempo nos fue quitando nuestra ropa pero ella quebró la magia espera cerrare la puerta con llave. pero si yo le puse respondí ,no te creo dijo y lo hizo ella esos fueron mis cinco segundos de gloria y los cinco segundos de su error un nuevo abrazo dio pie a nuestra desnudes total para comenzar a amarnos saboreándonos cada parte de nuestro cuerpo alejados de la fiesta. Como es obvio no sentimos el subir de las escaleras y el repentino abrir de la puerta de dos de sus compañeras invitadas ¿lo tendría planeado? quise seguir más ella no pudo y se avergonzó, luego las emprendió conmigo que como que le había puesto a llave a la puerta arruinando su mágico momento entonces yo vi el mío y diciéndole algo así mi niña creo que no fui yo quien cometió el descuido sino que tu quien no creíste en mi y ahora me culpas y me dejas así , a no ya debes empezar a comportarte y parándome le puse llave a la puerta ni lo pienses me dijo ella ya se murió el momento no estaré tranquila como se te ocurre bajemos y tomándola de un brazo mientras subía sus medias la puse en mi regazo y le dije ya no más niñerías y plas deje caer el primer azote grito sorprendida y cayo el segundo su protesta insultante de que te crees y un déjate un huevón se fue confundiendo con la lluvia de azotes que caían en sus nalgas su pataleo fue diluyéndose en el momento en que ya su trasero era de color rojo no se porque mi reto empezó a energizarse y sus lagrimas y llanto a ser gemidos, mi segunda mano comenzó a acariciar su vagina al ritmo de los azotes (cosa que había aprendido del best seller " Adiós a Jeannette" de Harolds Robbins) y su respiración fue en aumento ya no lloraba sino que gemía fue cuando ya mi erección casi no podía en que la pare bese incline y poseí sintiendo el calor de sus nalgas que comenzaron una carrera frenética para acabar en un abrazo confundido en beso, luego un te amo y no te portes más mal que ya sabes que mis promesas se cumplen un yo también te amo y un gracias de ella fueron el inicio de una nueva vida.


 
"Mi Primera Experiencia"
Autor no quiere dejar datos
Conocí a una mujer de mi edad por Messenger y los dos éramos muy encendidos.....ella vino a mi oficina y conversamos....nos gustamos muchos y decidimos ir a un motel....llegó el día....no sabía mucho de ella ni de sus preferencias sexuales...me pregunto si me molestaba si me cubría los ojos y me ataba....lo encontré extraño pero excitante a la vez...primero me tapo los ojos y luego empezó a sacarme la ropa hasta dejarme completamente desnudo, me ato de manos adelante... y me dijo que la esperará...se fue a cambiar de ropa yo temblaba de emoción desnudo sin poder ver nada y completamente excitado...llego y sin decir...me hizo recorrer su cuerpo con mis manos atadas descubrí que estaba vestida de cuero...no me dejaba acercarme a ella temblaba de excitación...me toma del pelo y me deja besar sus pechos cubiertos de cuero....con fuerzas deja mi cabeza a la altura de su sexo empiezo a besarlo y a intentar meter mi lengua por su calzón....cuando empieza a mijarse se baja el calzón y se tira en la cama para que le siga dando sexo oral...abruptamente para y sin levantarme apoya mi torso contra la cama....me da unas palmadas fuertes en el trasero..acto seguido siento que se pone algo que suena a latex....y que moja algo en un liquido....eran guantes y el liquido era vaselina...empieza a jugar con mi culo....lentamente mete su dedo por ahí....yo temblaba....eran como espasmos...nunca me había pasado algo igual....me sentí violado....abusado....luego deja la mano y me mete algo por atrás como un consolador y mientras me penetraba me azotaba con fuerzas....y más temblaba y saltaba a cada azote...mi respiración era corta y rápida con quejidos....después de jugar un rato me saca la venda de los ojos y suelta mis manos para amarrar una a cada extremo de la cama....yo no daba más de excitación....nunca había conocido a una mujer así....y reconozco que me gusto ser abusado por ella....se saca el calzón y se sienta en mi cara....haciendo que lama su culo y su coño....luego agarra el consolador y se pone en su coño y me obliga a mantenerlo con mi boca...lamiéndola también, sentía como se mojaba en mi cara....como la dejaba estilando de su miel...de repente mordía mi pene y me dejaba excitado por un buen rato como si me fuera a ir pero prolongado por minutos...porque no dejaba que me fuera....cuando ya estuvo bien ella me monto y hacia algo parecido con su coño me excitaba y me dejaba tieso por un buen rato y luego me cabalgo como si fuera un caballo salvaje nos fuimos juntos...fue lo más espectacular que me ha pasado en la vida....fue una diosa.
 
"El Castigo"
Por Morgana
La correa cayó sobre su trasero una y otra vez. Ella apretaba los dientes y se asía con fuerza a la cama para no moverse. Deseaba acariciarse las nalgas para aliviar, aunque solo fuera un poco la quemazón, pero no se atrevía a moverse ni un centímetro. Lo más que podía hacer era contraer los músculos de las nalgas: cualquier otro movimiento le traería nuevos castigos de manera inmediata, así que se esforzaba por permanecer inmóvil.

Los azotes se espaciaban, pero no cesaban y, cuando ya creía que había terminado, de nuevo sentía el golpe que le hacía temblar y estremecerse una vez más.

Sentía arder las nalgas cada vez más intensamente y no tenía duda sobre el color que ofrecía su culo, pero sabía que todavía no era bastante. Le habían ofrecido una buena azotaina y la iba a tener.

Sus gemidos aumentaban en frecuencia y volumen. Al principio había intentado no emitir ningún sonido para no ofrecer esta satisfacción añadida a su castigador. Luego había empezado a gemir pensando que conseguiría ablandarle, pero ya había llegado el punto en que gritaba porque no podía evitarlo. Notaba la garganta seca y comenzaba a faltarle la respiración. Pero el castigo no se detenía: lo único que
conseguía era que los azotes fueran cada vez más espaciados, produciéndole un falso alivio al hacerle concebir esperanzas de que por fin se había acabado. Pero lo que conseguía era que le daba tiempo a sentir todo el dolor del golpe antes de que llegase el siguiente. Casi prefería los golpes todos seguidos, porque llegaba, de esa manera, a insensibilizarse y ya no los sentía, pero si eran espaciados no podía permitirse ese alivio.

Por fin cesaron los azotes, pero ya no sabía si era una nueva prueba y permaneció inmóvil sintiendo los latidos de su trasero y todo el calor acumulado por la azotaina.

Sentía la palpitación del trasero y una cierta humedad en su sexo.

Tímidamente, una de sus manos trató de acercarse a las nalgas para acariciarlas cuando un nuevo correazo la detuvo en seco y le arrancó un gemido. Recibió media docena de azotes más por haberse atrevido a moverse sin permiso: cuando estos cesaron sintió una mano acariciar sus nalgas con tanta suavidad como dureza había experimentado antes.

El alivio fué inmediato y una sensación de frescor le recorrió el trasero, llegando a provocarle escalofríos de placer que también le hicieron gemir.

Una mano experta le acarició el sexo hasta llevarla al máximo estallido del placer. Luego se permitieron unos minutos de descanso.

Encendió un cigarrillo y, mientras lo iba fumando tuvo que escuchar la lista de sus errores, reales o inventado, así como un cúmulo de amenazas sobre lo que iba a suceder en los días siguientes. Se le había encontrado culpable de negligencia y un sin fin de cosas más, todas las cuales debían ser corregidas con la máxima severidad. También se le dijo aun no todo era culpa suya, sino de quién lo había permitido con su tolerancia. Aún así, se iba a incrementar la exigencia porque, ya se sabe, corregir un defecto es mucho más difícil cuando hay malos hábitos adquiridos que cuando se enseña algo por primera vez y ella había tenido la mala suerte de que no se la enseñase correctamente, así que, había que ser mucho más severo y constante en las correcciones para obtener buenos resultados.

Empezó a temblar cuando oyó todo lo que le esperaba. Iba a ser un control absoluto sobre su vida, sus actos y hasta sus pensamientos. El tono de voz no dejaba dudas sobre la seriedad de quien estaba
hablando.

Tras un silencio incómodo, ella empezó a protestar pro, cada protesta era contestada con nuevas exigencias: si no estaba de acuerdo con un castigo, él lo aumentaba: si no aceptaba una obligación se le aumentaba el castigo y se le añadían castigos suplementarios en caso de desobediencia. Antes de que pudiera asimilar todo lo que estaba oyendo, fue informada de que su culo había empezado a adquirir su color habitual y, puesto que aquella tarde estaba dedicada a castigar sus impertinencias, no debía permanecer en ningún momento sin sentir los efectos de la corrección, así que debí colocarse en la posición adecuada para poder llevarla a cabo.

Ella gimió e intentó protestar, pero una mano férrea la obligó a darse la vuelta y dejar expuesta su parte más vulnerable. También se le informó de un incremento en el número de azotes por haber intentado resistirse. Esto último casi daba igual porque no le habían informado de cuantos tendría que aguantar antes de que le dieran un descanso.

El resto de la tarde fue una repetición de lo anterior con alternancias de castigos y recompensas, de azote y de placer, de dolor y de gusto.

Cuando por fin se quedó sola, corrió a un espejo para comprobar el estado de su trasero que, efectivamente, era lamentable, lo que le llevó a pensar que aquello era demasiado y que no tenía por que aguantarlo. Sin embargo, obedientemente, tomó una hoja de papel y un bolígrafo para hacer el ejercicio de redacción que le había impuesto para aquella noche.

Se sentó encima de un cojín, cuidadosamente, para evitar el roce con su piel sensibilizada y, tras pensar unos instantes, comenzó a escribir a partir de la frase que le había sido ordenado como comienzo.

"La correa cayó sobre su trasero una y otra vez......"
 
"Descalzo docente es a dolorido trasero, como la educación inflexible es a la rebeldía incorregible"
Por Neftali:
Por la mañana cuando felizmente me preparaba para cumplir con mis nobles obligaciones de docencia, descubrí con enfado mis zapatos arruinados por el spray. Es obvio que se trata de una travesura más de mis incorregibles pupilas. Como el deber está antes que la comodidad o mi dignidad misma, me presenté en el salón, con mi traje habitual, pero sin más protección para mis plantas que mi propia piel. La risa de mis alumnas no se hizo esperar, pero… había algo más en esas risas, parecía que sus carcajadas se mezclaban indisolublemente con una especie de grito triunfal, la expresión de ellas no era de desconcierto, más bien de satisfacción, a caso por una broma suya cuyo éxito había sobrepasado sus propias expectativas. Verlas tan felices es increíblemente conmovedor, puedo decirles que me sentí feliz de haber sido ocasión de que tuvieran un rato de esparcimiento, y si por mi hubiera sido, me hubiera integrado a su pequeña fiesta. Pero como ya les dije, el deber, ese odioso deber que hay que cumplir a toda costa.

Mi calidad de profesor me obliga a buscar y encontrar a la responsable para aplicarle su correspondiente castigo. Pero yo no hice las reglas, no estoy de acuerdo con ellas y sin embargo debo acatar esa regla maldita. La alegría de mis alumnas por poco logra arrancarme una sonrisa, pero yo la reprimí, supongo que no lo notaron. Con voz enérgica y mostrando un enojo que no sentía exclamé:

- ¡Muy bonito!, que gratificante descubrir que la vista de su profesor descalzo es motivo de diversión para ustedes. Ahora vamos a realizar algo que les parecerá todavía más entretenido.

Me dirigí al cajón de mi escritorio y sustraje de él una norme y gruesa tabla de madera, de esas que llaman padle. Al instante la algarabía se convirtió en un mortal silencio, los labios caídos de mis alumnas evidenciaban su temor y la atmósfera alegre se tornó en un espeso aterrador.

- ¿Quién arruinó mis zapatos con spray?, ¿Fuiste tú Pathy? ¡Respondan! no me hagan enojar todavía más. ¿O es que por una quieren pagar todas?

Tenían mucho miedo, la temperatura debió bajar para ellas porque su tembloteo las hacía parecer gelatinas. En eso Rosario (tengo que reconocerlo, mintiendo, pero con mucho valor) se puso de pie y preguntó:

- Por qué da por hecho que fue alguna de nosotras, en la clase de matemáticas, todo se demuestra, y yo le pido que me muestre la evidencia contundente e irrefutable de las injustas imputaciones que nos inflinge.

- Verás Rosario, en matemáticas también es válido establecer la veracidad de una afirmación, demostrando la falsedad de su negación. Y un pequeño ejercicio de lógica formal, elimina todas las posibles alternativas, dejando como única posible y por tanto la correcta, que la culpable tiene que ser estudiante de esta escuela. Ustedes habrán de señalarme a la responsable así tenga que arrancarles la delación a palos.

Pero Rosario es perspicaz, y sabiendo a lo que se atenía se atrevió a contestar:

- Usted es un racionalista clásico, tiene mucha fe en sus reglas de inferencia, pero se niega a recurrir, quizá por considerarlo innecesario, o quizá por falta de capacidad, a la evidencia física. Muéstreme las pruebas concretas de su acusación, y no quiera confundirme con su "lógica" falaz. Con ese padle en su mano, ¡claro que obtendrá la confesión que desee!, pero yo lo reto a que pruebe con evidencia fáctica y no mental, que tiene bases para acusarnos.

Los ojos de mis alumnas brillaban, se daban perfecta cuenta que su amiga se imponía en la contienda y le mostraban su apoyo dibujando una sonrisa en sus rostros. La atmósfera nuevamente se había transformado, ahora nuevamente parecía que respiraban las fragancias de la victoria.

- Pequeña Rosario, mientes y lo sabes, sin embargo tienes valor. Pero las reglas de la escuela insisten en descalificar tu valentía cambiándole el nombre por el de insolencia, en lo personal preferiría cultivar y ese carácter desafiante y ese espíritu subversivo, pero las odiosas reglas me lo prohíben. No por los zapatos, sino por tu sola osadía de haberme refutado, tengo la obligación de castigarte. Por favor, no lo hagas mas duro y ya sin protestar, ten la amabilidad de venir aquí al frente.

Rosario escondió la cabeza entre sus hombros, es evidente que sintió miedo por el castigo que se avecinaba, no obstante no tardó en levantar su frente. Con sus ojos me advertía que había vencido en el terreno de los argumentos, su sola mirada me recordó enfáticamente mi derrota durante todo el camino, desde su banca hasta el pizarrón. No tomó la actitud de alguien que fuera a recibir su justo castigo, para nada se le veía humillada más bien caminaba como una especie de héroe a punto de ser martirizada.

- Bien Rosario (dije cuando estuvo junto a mí) debes apoyar ambas manos en el escritorio, después de que tu falda y ropa interior estén en el suelo.

Rosario cerró los ojos, y comenzó a dar un profundo respiro mientras sus manos acudían a su trasero para frotarlo un poco antes del castigo. Cuando terminó de expeler todo el aire que había tomado en ese largo respiro, sus dedos ya deslizaban el cierre de su falda, instantes después la prenda cayó al suelo y un segundo después, se unió a ella su ropa interior. Ya inclinada sobre el escritorio comencé a dar golpes con la tabla sobre mi mano, y ella se estremeció.

- Voy castigarte y muy fuerte, además serás tú quien proporcione la evidencia fáctica que tanto pedías. El castigo no parará hasta que hayas denunciado a la autora de la travesura que me obligó a presentarme descalzo, así mismo deberás indicarme de donde tomar la evidencia concreta que respalde tu acusación.

- Ya no tiene que buscar más, la autora de la broma soy yo.

- Quien te ayudó.

- Nadie.

- ¿Dónde están las latas vacías de spray?... (un rato de silencio) Veo que no tienes respuesta, o será que no quieres delatar a tu cómplice, ya lo harás, el dolor te hará confesarlo, te lo aseguro. En eso la voz de Marie irrumpió en el aula.

- Basta, fui yo quien planeó y ejecutó la broma, Rosario es inocente. (dijo al tiempo que mostraba su mochila abierta para dejar ver las latas vacías de spray)

- Rosario es culpable de cubrirte, de mentirme con descaro y encima de refutarme con cinismo e insolencia. Espera de pie desde tu lugar, tu turno para ser azotada.

Un ensordecedor alarido sorprendió a todos. Sin previo aviso, después de haber hablado con Marie, me había dado vuelta para azotar el relajado trasero de Rosario, no se lo esperaba, por eso gritó tanto, los siguientes azotes fueron más rápidos, el sonido de la tabla estrellándose contra sus nalgas era de lo más escandaloso y la intensidad de rojo que iluminaba sus nalgas iba en aumento. ¿Cuanto más podrán enrojecer? Me preguntaba. Antes de iniciar yo mismo consideraba injusto el castigo, mas lo ejecutaba porque era mi obligación hacerlo, pero en el flagrar de la azotaina solo pienso en hacer el castigo lo más doloroso posible, me gusta oírla gritar, adoro el sonido de sus gemidos y de su nariz succionando los líquidos que le fluyen a causa del llanto, me gusta ver sus contorneos entre cada golpe y sus deditos queriendo rasguñar el escritorio sobre el cual está apoyada, me encanta como tensa todo su cuerpo cuando el dolor se propaga por toda su anatomía mientras escucho los fascinantes alaridos que emite su garganta. Por eso cada golpe tiene que ser más fuerte que el anterior, debo tomar todo el impulso que me sea posible y transmitirle al paddle todas mis energías. ¿Cómo, así tan rápido llegamos a los 30 azotes?, me pareció muy poco tiempo, quiero más. ¡Pobre Rosario, veo que quedó muy lastimada, no es justo que ella tenga que pasar un mal rato para que yo me divierta, pero después de todo no fue por eso que la castigué, yo solo cumplía con mi deber y si por esto experimente alguna satisfacción, no tengo ninguna culpa en ello, fue algo completamente inevitable e involuntario.

- Este castigo nos lastima a ambos Rosario, yo quisiera dejarte ir, pero los azotes que acabas de recibir fueron tan solo por haberme desafiado con insolencia y cinismo. Te falta todavía el castigo por tu complicidad en la travesura del spray.

Recargué la tabla en la pared y tomé una larga y flexible vara de mi escritorio. Treinta azotes serían suficientes para matar su afición por ese tipo de bromas. Será muy duro, pero debo ser severo, no porque sea mi obligación, sino porque quiero que le duela, por un instante seré franco con migo mismo y admitiré que me interesa verla sufrir.

- Estos 30 azotes son por tu complicidad en la broma de Marie, esto habrá de aniquilar tu placer insano por ver a tu profesor descalzo, después de esto no volverás a refocilarte.

Posé mi mirada sobre Marie, ella era la siguiente y por lo mismo había seguido con especial atención el castigo Rosario, estaba pasmada cualquiera diría que los azotes también le habían dolido a ella.

El primero de los azotes con la vara no se hizo esperar, el silbido de la vara que precedía a cada azote tensaba toda su piel y en seguida venía la explosión de dolor. Ese llanto y esos gritos son música para mis oídos, la uniformidad de rojo que cubría su piel se arruinó en un instante, el rojo que dejaba la vara se imponía al resto de color haciendo añicos la simetría original. Al término del castigo daba la impresión de que una malla roja abrazaba la redondez de sus preciosas nalgas.

Lo siguiente ya no tiene justificación, había redimido todas sus culpas pero me resultaba imposible desaprovechar el calor de sus nalgas, deseaba sentirlo en mi mano. Ni siquiera el verla llorar desconsoladamente logró conmoverme, tomé la silla frente a mi escritorio y la coloqué donde no tuviera estorbos enfrente.

- Ven Rosario, ya falta poco, te prometo que te será leve.

Levanté mi mano en todo lo alto y descargué sobre su castigado trasero una copiosa lluvia de nalgadas, me había prometido a mi mismo que me detendría pronto pero de nueva cuenta, el flagrar de la azotaina se apoderó de mí y no pude controlarme. La nalguee hasta que el ardor en mi palma fue insoportable. Recuerdo que sus nalgas estaban bien ablandaditas el contacto de mi mano con ellas era arrobador, era como aterrizar mi palma sobre una superficie cálida y suave, con razón no quería detenerme, la placible sensación era indescriptible.

- He terminado contigo Rosario, pensaba mandarte al rincón mientras castigo a Marie, pero he decidido que tomes asiento, ven te ayudaré a llegar a tu lugar.

Rosario se reincorporó y pude ver su rostro jadeante y mojado por las lágrimas y el sudor, se veía hermosa con sus cabellos húmedos y algo desordenados por la misma humedad. A través de sus ojos vidriosos pude comprobar que en su seno no albergaba ningún rencor, lo cual me hizo sentir un poco culpable. La acompañe hasta su lugar y me refocilé en la contemplación de su dificultoso caminar, y después de su trabajoso sentar. Acaricié un par de veces su cabello y me dirigí a terminar mi labor.

FIN

 
"Lesly"
Me llamo Lesly, el año pasado debí terminar la prepa, pero la verdad me queda aún este y otro para poder egresar por fin del cole. Mi novio Ron es un universitario, pronto será un Ingeniero de Sistemas. Estoy con él ya 18 meses, desde que estuvimos de aniversario jugamos a que soy su chica traviesa y me nalguea por mi mala conducta. A veces me regaña en serio, e incluso me ha castigado más de lo que papá o mamá nunca se atrevieron...¿Saben? yo era buena en el ramo computación, pero cuando Ron llegó a mi vida no quise competir en ese terreno con sus conocimientos, así que aprovechando el cambio obligado de escuela (me expulsaron por unos problemillas de "moralidad") en la nueva fui aceptada oficialmente como la boba "dedos lesos" de la asignatura , perdí el curso intencionalmente... jejeje...pero obtuve lecciones particulares de Ron que mis padres financiaban para mi gran placer. El disgusto estaba en que Ron se tomaba muy a pecho esto de enseñarme, y desde el aniversario controlaba mis tareas con férrea mano (o cinturón), haciendo más difícil fingir mi ignorancia. Y además, sucedió lo de esta semana...A modo de actividad recreativa había conseguido que mis viejos me compraran una cámara Web de excelente calidad, supuestamente para motivarme a trabajar en el computador. Iniciativa que me llevó a maquinar cómo pasarla mejor "cumpliendo mis deberes" .... : diseñé mi propia página Web en la que exhibía fotografías, clips, relatos eróticos, y ofrecía a quienes pagaran con su tarjeta de crédito una buena visualización de mi trasero o mis senos en vivo y en directo. Por supuesto era absolutamente anónimo y seguro (creo yo) ¡¡¡ y me divertía a montones !!!. Ocultar lo entretenido que era aquello se me hizo pesado por largo tiempo. De hecho a Ron le costó aceptar que yo le "permitiera" ver páginas spank y videos sin sonrojarme, (pobrecillo) intercalando confusas dudas sobre cómo funcionaba esta o aquella tecnología. Bien lo sabía yo si mi cuarto era casi un laboratorio jajajaja. ¡¡Snif!!! me río de más cuando estoy nerviosa, Ron está por llegar y conectar, ¡¡¡ayyy!!! ... continuo la historia mientras le espero... En nuestro noviazgo hay unas reglas (para mí): yo debo ser siempre obediente con él, con mis padres y con mis maestros (en ese orden), las mentiras o engaños no tiene cabida (y ¡¡ay!! si me descubren), el placer sexual sólo se permite en compañía de mi hombre (eso mismo, no tocarme yo sola, so pena de castigo severo) La desgraciada tarde del viernes salió temprano de la universidad. Cariñoso, regalo en la mano y con la complicidad tierna de mi madre apareció de sorpresa en mi habitación. Dios bendito me salvó de la vergüenza con una llamada telefónica de papá a mamá; ahí estaba yo, desnuda sobre la cama, la vela con preservativo en mi chochito y la cámara filmando un clip que sería anónimo ... excepto que Ron me miraba palideciendo. Cerró la puerta con pestillo y prendió el stereo. Eso ya significaba problemas, sin considerar la circunstancia.

- Ron, este..., mi amor, cariño, no es lo que piensas ...

- ¿qué es lo que pienso, Lesly? ¿qué debería pensar?

- Pu ...pues...no estaba en línea ...- entonces me di cuenta cuanto más la había embarrado. Ron sólo se había percatado de la cámara, mi estupidez le llevó a hurgar en la conexión. Muy tarde intenté bloquear su paso con mis carnes asustadas Le bastó un vistazo para comprender. Cliqueó un rato los links y revisó archivos. Quedaba muy claro toda mi pretendida farsa sobre lo dificultoso que era entender los programas y la Internet. Me esbozó una sonrisa irónica al preguntarme y contestarse a sí mismo "¿Usando la clave de mi cuenta para recibir los pagos? ¡¡Hackeado en mis narices!!!"
La vela en mi sudorosa palma me acusaba, además, de romper la regla número dos. - Déjame ver si te has humedecido - avanzó hacia mi- dame eso. Retrocedí velozmente hasta el cuarto de baño y tiré el preservativo (pegajoso) por el inodoro. Su rostro se puso endurecido y ordenó - Ven para acá - pero me quedé inmóvil....Me levantó en vilo y con su índice pudo comprobar que sí, que me había masturbado. Las leyes del noviazgo hechas trizas en minutos, con el agravante de la Web porno, empecé a hacer pucheros cuando me soltó sobre el edredón y volteó hacia la salida.

- No me dejes, Ron, seré buena... te amo...te obedeceré en todo, nunca más te mentiré, sólo tuya mi conchita ...puedes destruir enterita la Lesly Sexy Page (LSP así se llama)...Pero él tenía en mente otra cosa.

- Ok, nenita. Lo que voy a romper son tus ganas de hacerme diabluras ? sus ojos chispearon picaronamente, supe que me amaba, que estaba sentido y que yo pagaría doliendo en mis nalgas cada culpa

- Ven, ven Lesly, asume la posición - dijo mientras se palmeaba las rodillas.

Gateé hasta él, mi trasero temblando, yo intentando poner una carita dulce que le despertara pasión o compasión, lo que fuera que aminorara el trance por el que apostaba que pasarían mis pompas.


- Eso es, la grupa bien paradita - puso un cojín bajo mi vientre para realzarla

- Repite después de mi, Lesly: "esto lo recibo porque lo merezco. Por mi bien aceptaré el castigo completo y lo agradeceré porque me hará mejor persona en el futuro" - repetí tartamudeando un poco- Si, señorita, si, si, si - azotó mis glúteos suavemente- A modo de precalentamiento comenzaremos hoy con la horita que me queda antes
de juntarme con los muchachos en le centro - y la intensidad de la zurra subía- Excusaré tu inasistencia ya estarás ocupada todo el fin de semana en tus labores de computación ... ya sabes ...aquellas que no das pie en bola y por las que vendré a darte tus lecciones especiales - acentuó esto con un sonoro par de azotazos - No se te olvide decirle a tus padres que te haré repaso durante unos diez días ¡¡¡Gulp!!! ya me temía yo algo así - pensé y me sobresalté, para su deleite

- A menos que requieras de un tratamiento de nivel superior ¿no crees? - ¡¡¡Ayyyy!!! eso fue una amenaza patente- exclamé resignada a dormir de panza aquella noche

Hoy es lunes. Me ha calentado el culo todo el wiken¡¡¡y lo ha grabado! !! He tenido que estudiar muchísimo porque ha puesto a prueba mi manejo de la informática con los test que a él le hacían en sus primeros semestres... y como no puedo mentirle ...Intentando hacer más lento el equipo de mi recámara, para darme más horas de paz "allá atrás" he metido recién la pata ... algo arruiné y la maldita máquina ni enciende siquiera

¡¡¡Ooohh!!! son sus pasos, viene por la escalera...¿¿¿qué hago???

Lesly 13 octubre 2003 20:33 hrs.
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14/10/2003

¡¡¡¡Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!¡¡¡¡Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!
Tengo tan rojo el trasero que si me recetaran una inyección (aunque fuera para el dolor) huiría más rápido que el correcaminos. Le he contado un cuento a papá sobre mi período menstrual, y él viéndome las ojeras (tanto llorar y poco dormir) ha consentido en que no vaya hoy al cole. Hace poco llamó para preguntar por cómo me sentía, avisando que se encargaría de mandar un doctor a que recetara algo que pudiera ayudarme (menos mal mamá regresa del campo el viernes) . ¿no tendrá el médico por ahí una pastilla que le haga perdonar mis travesuras al bruto de Ron?...Lesly Sexy Page es ahora LSP a secas ... Lesly Sufre Penitencia - La Suprema Paliza ? Lo Siento Pegarme - Lesly Spank Punishment bueno ,creo que esta última quedará más clara para la gente ¿Qué paso ayer? Saludé a Ron tan inocente como pude actuar, cariñosamente le besé la barba y dejé que me estrechara entre sus brazos. La cosa tomó aspecto romántico, juraría que acabaríamos haciendo el amor, ... hasta que mamá detuvo mis pasos con su reclamo desde lejos

- ¡Lesly! ¡¿Cuántas veces debo prohibirte que entres al cuarto de tu hermana sin permiso?! - Iba a contestar, mi novio gruño su ?porfiada? moviendo la palma en ese clásico gesto que se le hace a los niños que se portan mal - ¡¡LESLY respóndeme!! Más encima te metes en su computadora ¿qué acaso la tuya está mala? Ron enarcó una ceja inquisitivamente y se me heló la sangre: maldito yahoo siempre que no me fijo guarda una copia del correo enviado... - Yo me preocuparé que quede en orden el escritorio de Susan, señora Flor ? agarrándome de la muñeca prácticamente me arrastró hacia allá ? Supe que se va de viaje, a su regreso tenga por seguro que habré arreglado el asunto de la PC de Lesly
- Porfiada, por fiada, porfiada y mil veces porfiada, ya te corregiré yo, ya verás ? me susurraba al tiempo que leía mi anterior carta ? para cerrar Sign out, no la x , jajajaja a menos que quieras que sea así de fácil revisar tu correspondencia - ¡¡Aaa haaa!! ¿con que estás en problemas chiquilla? Vamos a ver tu ?máquina? ? definitivamente estaba disfrutándolo pues me pellizcó la nalga con fuerza mientras levantaba mi barbilla para ver cómo mis mejillas se teñían de carmín y se asomaba el temor a mis pupilas. La música a volumen conveniente, mi falda escocesa recogida en la cintura, las pantaletas dobladas en la almohada. Era evidente que se avecindaba la tormenta de azotes, sin embargo Ron me sorprendió al pedirme que abriera el regalo. El paquete que me trajera el viernes permanecía sobre el escritorio intacto, mi curiosidad sólo me condujo a tantearlo pero no pude adivinar el contenido.

- ¡Paletas de playa! ¿vamos de paseo? ¡¡¡ayyyy , no ¡!!
 
"El Nuevo Chofer de Jean"
Por Tomoyo:
Desde siempre, había tenido todo lo que ella había deseado y soñado. Sus padres no escatimaban en esfuerzos, por complacerla en todos sus caprichos, aunque sabían que esa no era la forma de educar a una niña como ella, pero se sentían sumamente culpables por no poder pasar el tiempo suficiente junto a ella, debido a sus respectivos trabajos y acciones sociales.

Así Jean había crecido, bajo el cuidado de los sirvientes de la casa. Ellos se habían convertido mas en su familia, que sus propios padres. Pero, esto había afectado enormemente el carácter de la joven.

Quien a los dieciocho años, se había convertido en una chica demasiado rebelde y llevada de su idea.

Los sirvientes en ese caso, no podían hacer nada, ya que solo eran empleados, y no tenían autoridad suficiente en ella. Pero, eran los que más sufrían con la actitud de la joven, ya que eran los que más tiempo pasaban junto a ella.

Un día, Jean es despertada por su nana, quien entra en la habitación de la joven y abre todas las cortinas y las ventanas para que ella despertara más rápido.

Jean de mal humor, por la resaca de la fiesta de aquella noche, se tapa la cabeza con la almohada y le dice

Deja cerrada esas cortinas Marta, me duele la cabeza y quiero seguir durmiendo. – Pero la nana se acerca a la cama y con reproche le dice. No debió tomar tanto mi niña, así que ahora no se queje, debe levantarse para ir a la universidad, no olvide que hoy tiene examen. – Jean, se quita la almohada de la cara y con disgusto le dice. No comiences a regañarme Marta, mejor tráeme el desayuno y después que nadie me moleste, porque quiero seguir durmiendo, no pienso ir a la U. Ya inventaré algo para el profesor más tarde. Pero...Ya Marta, se te paga para obedecer, no para discutir mis decisiones, ahora déjame sola, y tráeme lo que te pedí. – Jean vuelve a taparse la vista y sigue durmiendo. Marta sale muy enojada de la habitación.
Cuando llega a la cocina, no tarda en ponerse a rezongar y quejarse por la forma tan humillante, como la había tratado esa chiquilla mal criada, le comenta a una de las chicas del servicio.

Te juro, Rosa... si pudiera darle su merecido a esa jovencita, no lo dudaría dos veces, ya me tiene cansada esa forma en que me trata cada vez que se despierta con resaca después de una fiesta. Bueno Marta, tu tienes la culpa por no comentarle nada al patrón cuando el esta en casa... tu siempre estas protegiéndola, así que ahora no te puedes quejar Un día de estos me va a pillar con mal genio y voy a olvidar que es la hija de mis patrones. Toma nota de ello Rosa.
Así más tarde ese día, Jean se lo había pasado de un pésimo humor, ya que se había enterado por una de sus compañeras de carrera, que el profesor le había puesto un dos, en el examen y que no tendría derecho a repetir. Esto la lleva a descargar toda su frustración con los empleados de la casa, en especial con Marta, quien se lo había pasado regañándola.

Después de la cena, aparece el mayordomo, quien le dice.

Señorita, ha llegado el nuevo chofer que contrataron sus padres. – Ella queda algo sorprendida ya que no tenía idea que sus padres habían contratado a alguien nuevo, y con el humor tan malo como lo tenía, esto la hizo estallar. Por lo que, cuando aparece el joven junto a Marta, ella les dice. Esto es el colmo, Marta, ¿Tu sabias de esto? Sí niña, y se lo dije ayer en la mañana... ¿No lo recuerda?¿Crees que si lo recodara, estaría preguntándotelo? Maldita sea, si te dedicaras a hacer tu trabajo, en vez de estar preocupada por cosas que no te conciernen, yo estaría más informada... ahora dime ¿Quién eres? – Le pregunta al muchacho que estaba junto a la nana.
El joven era un muchacho bastante atractivo, de un físico envidiable que más parecía guardaespaldas que un simple chofer, tenía en cabello corto de color oscuro y unos ojos claros muy expresivos. Él se había molestado mucho al escuchar la manera en que Jean había tratado a la pobre Marta, quien no trataba de ocultar su pesar.

Jean, se impacienta mucho más al tener que esperar respuesta de aquel muchacho, por lo que le dice.

¿Eres sordo, mudo o solo un tarado? Te pregunte quien eres... ¿Cuándo te contrataron mis padres?. – Él molesto le responde. Si dejaras de insultar a todo el mundo, quizá podría responder de buena manera, mocosa arrogante... mi nombre es Thomas y tu padre me contrato antes de partir de viaje. – Ella queda algo impresionada por la manera en que aquel sujeto la había tratado. Era la primera vez que alguien le decía cosas tan insultantes y eso no lo iba a tolerar. Se levanta de su asiento y muy enojada se para delante de él para decirle .Mira, idiota si quieres hacerte el gracioso conmigo, te aseguro que no lo conseguirás, así que ahórrate tus comentarios sobre mi persona... y si quieres conservar el puesto, es mejor que sepas que yo hago y digo lo que se me antoja ¿He sido clara?. – Él sonriendo con malicia, le dice.¿Nunca te han lavado la boca con jabón, mocosa? Maldito bastardo, si sigues así te juro que no pasaras de esta noche en casa... ahora déjame pasar, porque si me quedo, te aseguro que te pongo en la calle. No puedes hacer eso, mocosa... fui contratado por tu padre, y solo él tiene la autoridad para sacarme de esta casa. – Responde él con ironía a lo que ella le dice. No te sientas tan seguro, idiota... mi padre hace todo lo que yo quiera, así que cuida tus palabras, porque te juro que te echare en menos de lo que piensas. – Jean mira a Marta y le dice Voy a salir, y no me esperes porque no sé si regrese.¿Dónde irá mi niña? Eso no es de tu incumbencia, mejor metete en tus asuntos y déjame en paz. – Jean sale de la sala dejando atrás a Marta y Thomas.
Cuando ella ya se había retirado, Marta le dice al muchacho.

No debiste tratarla así Thom, esa chica es muy caprichosa, de seguro que antes de salir a donde sea que vaya, llamara a su padre para que te despida. No te preocupes tía, el patrón me dijo que cualquier esto iba a suceder, me advirtió que su hija no era una joven fácil de tratar, y que por nada del mundo me iba a despedir. – Responde él riendo, Marta queda muy impresionada y le dice.¿Estas seguro, muchacho? Completamente. – Responde y la rodea con un brazo por los hombros, para después irse con su tía, a la habitación que ocuparía de ahora en adelante.
Esa noche, Jean rechaza que Thomas la llevara al lugar en donde se juntaría con sus amigas. Sin embargo él no quería dar su brazo a torcer por lo que molesto le dice.

Mira mocosa, a mí tu padre me contrato para ser tu chofer, así que te guste o no te llevare a donde vayas. Te dije que dejaras de llamarme de esa manera, maldito bastardo... además yo no necesito chofer, porque tengo mi propio auto y no permito que nadie lo use... ahora déjame tranquila y metete en tus asuntos. – Thomas se le acerca con la expresión más temible que Jean había visto en una persona, y no puede hacer nada, cuando él ya la sostenía por los brazos y le dice con una sonrisa malévola. Sabes mocosa... yo creo que te hace falta que alguien te lave esa boca con jabón, para que dejes de insultar a todo el mundo.¡Sácame las manos de encima, animal!. – Pero él no se sentía aludido por aquellos insultos, por lo que sin darle tiempo a soltarse, la toma y la coloca encima de su hombro derecho, como si fuera un saco de ropa sucia.
Jean se encontraba muy sorprendida, pero nada podía hacer para salirse de esa posición, por más que trataba de patear a Thomas, este no la bajaba, solo camina hacia el interior de la casa, llevando consigo a Jean.

Marta y algunas chicas del servicio salen de la cocina a la sala, para ver porque se producía tanto escándalo, pero al ver pasar a Thomas con la joven en sus brazos, Marta queda horrorizada y le pregunta.

¿Qué se supone que estas haciendo, muchacho?. – Él sonriendo le responde. Sólo mi trabajo tía, por favor no te preocupes y regresen a sus labores... yo llevare a esta mocosa mal criada arriba, para enseñarle una pequeña lección de buenos modales. Por favor, Thom, deja a la joven en el suelo, antes que te metas en líos. No. Tía, después te explicaré todo, así que no te preocupes más y vete tranquila. – Así Thomas sigue su camino, por la escalera al segundo piso, con rumbo a la habitación de Jean.
En el camino, ella le decía furiosa mientras le golpeaba la espalda con los puños.

Déjame en el suelo, maldito bastardo ... haré que pagues muy caro todo esto... mi padre te sacara a patadas de esta casa y no descansaré hasta que te vea tras las rejas.¿Es una amenaza, mocosa mal criada?¡Déjate de llamarme de esa manera, infeliz!. – Él pierde un poco la paciencia y le da un manotazo en el trasero, para decirle en tono severo. Mira mocosa, si quieres que me despidan, tendrás que decirle a tu padre, todo lo que pienso hacerte esta noche, pero creo que no tendrás ganas de hacerlo... por otro lado te aseguro que hoy aprenderás una excelente lección de buenos modales... te juro que te enseñaré como deben portarse las niñas buenas. – Y entran en la habitación de Jean.
Thomas, se detiene a cerrar la puerta con seguro, luego camina hacia la cama y literalmente tira a Jean encima de esta de espaldas, ella queda bastante desconcertada con esa reacción, y lo mira con incredulidad, mientras que él, se coloca delante de ella y se comienza a quitar el cinturón del pantalón. Ella aterrada le pregunta.

¿Qué piensas hacer?¿Qué crees tu, mocosa? Te dije que te daría una lección que no podrás olvidar...No puedes hacer eso, ¡tu no eres nadie, para golpearme!, Así que olvídalo bastardo porque no te dejaré. – Ella se da vuelta en la cama, quedando boca abajo y trata de escapar, pero él la toma de una pierna y sujetándola con fuerza le da dos azotes en el trasero, para que se quedara tranquila.
Jean grita, con esos dos azotes y se queda paralizada, nunca en su vida había recibido un golpe... sus padres nunca habían osado golpearla de esa forma, ni de cualquier otra. Ella comprende que no podría librarse de las garras de aquel sujeto, ya que era mucho más fuerte que ella y se le veía muy decidido a cumplir con su promesa, por lo menos le quedaba el consuelo de que ese día estaba usando un jeans de la tela más gruesa que existía, por lo que esperaba que aquella lección que el sujeto pretendía darle, no le doliera demasiado.

Como Jean había dejado de moverse, Thomas se sienta en la cama a su lado y tomándola de un brazo, la recuesta boca abajo en sus piernas, para luego, sujetarla fuertemente de la cintura y decirle.

Ahora veras lo que le sucede a las mocosas mal criadas y mal habladas como tu... primero te daré una paliza por ser una mocosa arrogante. – Y comienza a darle fuertes palmadas en las nalgas, Jean se sentía muy humillada, pero la verdad era que no sentía gran dolor, ya que el jeans amortiguaba muy bien los golpes que él le daba. Aun así, ella comienza a patalear y a poner resistencia, para que él la dejara tranquila. Pero no recibía mas que un golpe aun más fuerte.
De pronto, Thomas deja de castigarla y se saca de un bolsillo una pequeña navaja, la cual abre y la utiliza para cortarle el cinturón del jeans a Jean, acto seguido, le mete una mano por el lado de la pelvis y le desabrocha el botón y el cierre. Jean intenta detenerlo, pero la fuerza de aquel sujeto era impresionante, sus manos parecían garras de acero, mas que nada la que la estaba sujetando de la cintura. Ella descubre que él pretendía quitarle el pantalón, por lo que le ruega.

Por favor no lo hagas, juro que lamento todo lo que dije, pero no sigas humillándome de esta manera... no soy una niña pequeña a la cual puedas tratar de esta forma. – Sin embargo, él ya había logrado quitarle el pantalón y mientras le bajaba el pequeño colaless, que la chica estaba usando, le responde. No serás una niña pequeña, pero te comportas como una mocosa mal criada y eso no puedo tolerarlo, te aseguro que después de esta paliza, no lo volverás a hacer... te doy por hecho, que cuando termine de colorearte el traste, te arrepentirás por cada una de tus travesuras y cada mala palabra que has pronunciado. – Acto seguido, Thomas comienza a descargar su pesada mano, en las nalgas indefensas de Jean, provocándole el peor dolor que jamás haya sentido en su vida.
Ella pataleaba, gritaba, lloraba. Pero nada le servia contra el enfado de aquel sujeto, que se dedicaba a darle nalgada tras nalgada, con una fuerza impresionante. Jean sentía un dolor, que comenzaba como un golpe de corriente, y se extendía por todo su ser... pero también sentía algo más, algo muy extraño, que no se podía explicar con certeza. Esa nueva sensación era muy contradictoria, si lo pensaba bien, ya que aquel individuo la estaba humillando, le estaba dando el peor de los tratos que se le puede dar a una muchacha de la edad y la arrogancia de Jean. Sin embargo, ella se sentía excitada.

Mientras Thomas continuaba castigándola, implacablemente y ya le tenía más que coloradas las nalgas, seguía regañándola con
Espero que este te ayude a ser una mocosa más responsable y respetuosa de ahora en adelante. Por favor, déjame, no sigas haciéndome esto, me duele mucho... – Responde ella sollozando, sin poder hacer nada más, pero él era implacable.
Los golpes que le daba, eran muy bien repartidos en todo el trasero de la pobre chica, quien sentía como Thomas, le daba a una nalga, luego a la otra y por ultimo le descargaba fuertes palmadas en el centro del trasero, sacándole aun más llanto.

Jean lloraba, tanto por el dolor, como también por la humillación de verse tan indefensa, de sentirse como una verdadera niña pequeña en las piernas de ese sujeto, que no se ablandaba por nada, ni siquiera sus suplicas servían en ese momento.

Después de un buen castigo con la mano, Thomas deja a la chica recostada en la cama, ella aprovecha para llorar y sobarse las nalgas con ambas manos, mientras él se levanta y toma la correa, luego sin previo aviso, la coloca boca abajo y sujetándole las manos a la espalda, comienza a darle feroces azotes en su ya adolorido trasero.

Esto era demasiado para Jean, quien nada podía hacer, solo llorar y comportarse como una niña pequeña, mientras él seguía con el curso de su lección.

Varios azotes más tarde, Thomas se vuelve a colocar la correa en el pantalón y sentándose junto a Jean, la toma entre sus brazos, para decirle, con voz paternal.

Espero sinceramente que no me obligues a volver a castigarte, Jean... – Ella llorando a mares, lo abraza y le dice, con voz de niña consentida. Eres el peor de los hombres que he conocido en mi vida, no debiste darme esta paliza... mi papi se va a enterar y te sacará a patadas de la casa. – Thomas le acaricia la cabeza con dulzura y le dice. No pequeña, él no se enterará... no creo que tú, con toda la arrogancia que tienes, le confieses a alguien, incluyendo a tus padres, que un simple chofer té bajo el calzón y te dio la peor paliza que jamás te hayan dado en tu vida... de todas formas si lo haces, te aseguro que le contaré todo lo mala niña que has sido, le diré como tratas a las empleadas, que llegas todas las noches ebria, y que sacas muy malas calificaciones en la U... ¿Qué diría él, si se entera de que su princesa es una niña muy mimada?. – Ella lo mira, con los ojos llenos de lagrimas y responde. No lo sé... ellos nunca se han interesado en mí, así que no creo que les importe mucho lo que yo hago o dejo de hacer. No pequeña, ellos si se interesan en ti, solo que tienen demasiado trabajo... si ellos no te quisieran no te mimarían tanto... pero de ahora en adelante, yo me voy a encargar de corregirte y ellos de mimarte... tú solo debes ser una buena niña y yo no te volveré a castigar... ¿Tenemos un trato? – Ella lo mira con incredulidad, pero se sentía tan cómoda entre sus brazos, que sin pensarlo le responde. Esta bien, prometo no volver a portarme mal, y si lo olvido tienes mi permiso para recordármelo. – Él sonríe muy satisfecho y acariciándole el cabello le da un beso en los labios, para así demostrarle cuanto la quería.
Poco después, Jean comprende que aquel sujeto, que ella tanto había odiado por tratarla de una manera tan despectiva, al llegar a su casa. Solo la haría conocer la felicidad.

Con la llegada de Thomas a su vida, ella comienza a cambiar, y si bien es cierto, no se salva de más de alguna nueva paliza, también reconoce que ella se las buscaba, para poder sentirse indefensa y amada.
Fin.

 
Sin titulo - Relato 2
Por Tomoyo:
Queridos amigos: Este otro relato, también lo envío esperando que ustedes puedan darme su opinión, así podré saber si voy por buen camino o no. Muchas gracias de ante mano.

Relato 2

El relato se trata de una joven, que sabe que ha cometido un error y debe pagarlo, pero habla con su conciencia, ya que se encuentra muy nerviosa y no sabe a quien recurrir.

Querida conciencia:

Ayer, le jugué muy sucio a mi jefe, sé que se me paso la mano, no debí haberlo puesto en evidencia delante de todos mis compańeros de trabajo... pero la culpa es de él, żPor qué se cree en derecho de reprenderme delante de todos? żPor qué cada vez que cometo un error, no me lo dice a mí solamente? żPor qué le gustara dejarme en ridículo frente a todos mis compańeros?.

No sé que es lo que le pasa, quizá se sienta con cierta autoridad sobre mí, solo porque fuimos amantes en el pasado... Sé que estuvo mal involucrarme con él, pero es que es tan apuesto y siempre estaba dándome indirectas que no podía pasar por alto. Nuestra relación fue muy satisfactoria, claro que nadie se entero, y espero que así sea, si alguien llega a sospechar, yo seré despedida y él podría tener problemas con su esposa... si bien es cierto, estoy molesta con él, lo ultimo que quisiera es causarle algún dańo.

Te cuento, porque estoy tan molesta con él y como lo deje en evidencia.

Estabamos trabajando tranquilamente y él se acerco a mí, regańándome por haber hecho mal un informe que me había pedido, yo me moleste, le pedí que me regańara después, a solas. Pero no hubo forma de hacerlo entender, así que mi malestar fue aun mayor y le dije que era un viejo gruńón, que era un amargado y que me dejara tranquila, yo no era su hija, para que me reprendiera de esa forma y que estaba cansada de sus malos tratos. Todos se quedaron en silencio y nos miraban, a él se le salían los ojos de sus órbitas, mirándome con mucho enfado y al ver que todos nos observaban me dijo que quería que me quedara después de la hora de trabajo a ordenar la bodega de archivos.

Maldito sea, pensé yo, él sabe que odio esa bodega, es tan lúgubre y nadie va por ahí nunca, además que yo le había contado que una vez me había quedado encerrada en ese lugar y me había dado mucho miedo. Pero aún así, me dijo que así aprendería a respetarlo.

Cuando todos se marcharon, yo fui a esa maldita bodega... es un lugar muy espantoso, lleno de armarios con archivos muy viejos, repisas polvorientas, con cajas y cajas de libros y otras cosas sin uso.

Con lo enfadada que estaba, no le había preguntado que debía hacer en ese sitio, si me mandaba a ordenar todo, demoraría muchas horas y ya eran cerca de las seis de la tarde. Me dispuse a salir de allí, iría a verlo y le preguntaría que era lo que quería que hiciera, pero justo cuando fui a abrir la puerta, esta se abrió abruptamente, dejándome muy sorprendida, ahí estaba él, sin chaqueta y con la expresión mas amenazadora que jamás le había visto. Yo no sabia que decirle o que hacer, solo retrocedí unos pasos para dejarlo entrar, él lo hizo de inmediato y cerro tras de sí la puerta, para mi sorpresa, la cerro con llave por dentro. Yo lo miraba incrédula, no sabía que pensar de todo esto, él me miro con enfado y me dijo:

- Esta vez te voy a enseñar a no insultarme delante de todos los empleados.

- no quise hacerlo seńor, pero usted no me dejo otra alternativa, siempre me esta regańando y humillando frente a los demás, yo le he pedido que si tiene que hacerlo, lo haga cuando estemos a solas, yo no soy una nińa a la cual puedan regańar.

- pero en muchas ocasiones te comportas como si lo fueras, eres una nińa muy consentida y mal criada, y ya me cansé de tu comportamiento.

- żme va a despedir?- pregunte asustada, ya que era mi única fuente de ingresos y necesitaba demasiado este trabajo como para desperdiciarlo por una tontería, que al fin y al cabo había sido culpa mía. Sin embargo él me dijo, con tono serio y severo.

- no, no pretendo despedirte, pero ya que no quieres que siga reprendiéndote delante de todos, ahora que estamos solos, voy a encargarme de que no sigas comportándote como una nińa mal criada...

- ży como pretende hacerlo?- le dije en un estúpido tono desafiante que a él le molesto mucho más, y sin decir palabra me tomo de un brazo y nos fuimos hacia un rincón de esa bodega en donde había una silla usada, pero que soporto perfectamente bien su peso al sentarse, poco después y sin darme cuenta me recostó boca abajo en sus rodillas, me acomodo y sujeto por la cintura con fuerza.

Yo estaba asombrada, no sabia que hacer, nunca antes me habían colocado de esa forma, ni siquiera cuando nińa, pero sabia lo que él tenia planeado hacerme y sentí pánico, le pedí que me soltara, que nunca mas volvería a desafiar su autoridad, pero nada me sirvió, el solo me levanto la falda hasta la cintura y de un fuerte tirón me bajo las medias y el calzón, nunca me habían humillado de tal manera, me puse a sollozar de inmediato, le suplique que no me castigara, como era su intención, pero él solo dijo

- sabes que lo mereces, no puedes seguir siendo una nińa caprichosa

- pero ya tengo 26 ańos, no puedes castigarme como si fuera una pequeńa...

- no me importa la edad que tengas, debes recibir un castigo y lo sabes.- y sin decir mas, comenzó a darme fuertes nalgadas, en mi trasero descubierto.

Las primeras, me hicieron notar lo molesto que estaba, él quería que yo recordara ese castigo y por la manera en que me golpeaba, lo iba a recordar por mucho tiempo. Al cabo de unos segundos, yo ya lloraba y pataleaba tratando de zafarme, pero solo conseguía que mi castigo fuera mucho peor.

Entre llantos, le suplique

- por favor, no me sigas castigando, me portare muy bien, lo prometo...

- no, todavía no aprendes tu lección- respondió él y yo seguía recibiendo aquella paliza, notaba como mi trasero estaba ardiendo a cada golpe, sentía un intenso dolor y calor en mis nalgas, pero él seguía castigándome, con fuerza, sin compasión. Derrepente olvide todo, y comencé a llamarlo como lo hacia cuando éramos amantes.

- por favor "dady" no me pegues mas, juro que seré una buena nińa, prometo obedecerte en todo... "dady" a tu princesa le duele mucho y esta muy arrepentida.- y más llanto, traté de mirarlo, pero lo único que logre ver, fue una sonrisa sarcástica y su mano abalanzándose nuevamente en mis nalgas, para seguir castigándolas.

El castigo, duro mas o menos media hora, yo ya no paraba de llorar y mi trasero tenia un calor insoportable, aparte de el dolor que sentía. Cuando todo termino, me acomodo la ropa cuidadosamente y me dejo levantar, yo me retire de su lado, le dije que ya no lo quería, que nunca antes me habían humillado de esa forma, lloraba como una nińa y él solo se acerco a mí, me abrazo y me consoló, para decirme tiernamente.

- ya no llore mi princesa, usted necesitaba esta paliza, y aunque ahora creas no quererme, tenlo por seguro que te acostumbraras, esta no será la ultima vez que te castigue de esta forma... de ahora en adelante, cada vez que te portes mal conmigo, te enviare aquí a esperarme y recibirás una paliza, para que aprendas a respetarme... ahora vamos te voy a ir a dejar a casa.- así nos fuimos en su auto (aunque me costo mucho sentarme ya que no soportaba el dolor).

Cuando llegue a mi casa y me fui a mi habitación, me miré en un espejo, quería saber como había quedado mi pobre trasero, y realmente parecía un hermoso tomate muy rojo y brillante, me recosté boca abajo en la cama a llorar mi humillación, pero para mi sorpresa, cuando cerré los ojos y comencé a pensar en lo que él había hecho, sentí una gran excitación, si bien es cierto me dolía, ahora que pensaba en la escena, me inundaba un gran placer, recordaba cada nalgada como si me la estuviera dando de nuevo y sin poder evitarlo, tuve un gran orgasmo, no tuve necesidad de acariciarme o cualquier otra cosa, solo tuve que pensar en ello y paso.

Poco tiempo después comprendí, que aunque me doliera mucho ese castigo, al final era algo muy placentero y como él había prometido que no seria él ultimo, yo hacia de todo, para que él se enfadara y me castigara como lo había hecho esa vez. Aunque ahora no solo me castiga con la mano, sino también con varios instrumentos, (correa, palmeta, etc.). Él comprendió que en muchas ocasiones yo me buscaba el castigo, por lo que su excitación era tan poderosa como la mía.

Así volvimos a ser amantes, pero en esta ocasión y después de haberle confesado lo que me excitaba que él me castigara por mis travesuras, cada vez que nos encontramos furtivamente, agregamos una dosis de castigo antes de tener relaciones.

Fin.


 
Sin titulo - Relato 1
Por Tomoyo:
"Hola queridos amigos. Me da un poco de vergüenza escribir estos relatos ya que nunca me he considerado una buena escritora, pero espero sinceramente que les gusten... me gustaría que me dieran su opinión y sus criticas para así, poder mejorar."

Relato 1


La chica era arrastrada por el pasillo de su departamento, él no la soltaría en esta oportunidad, ya que le había colmado la paciencia y a su punto de vista necesitaba un correctivo. Mientras él la llevaba fuertemente agarrada de la mano izquierda, ella hacia de todo por zafares, pero nada lo haría cambiar de idea... se lo había advertido, le había dicho que su paciencia tenia limites, pero ella había hecho caso omiso de esas advertencias, ahora debería pagar y él se encargaría de cobrarse.

La chica era demasiado rebelde y mal criada como para dejarse vencer tan fácilmente, primero daría una batalla antes de que alguien le pusiera una mano encima, sin su consentimiento.

Cuando al fin llegan hasta el living, él se sienta en el sofá cómodamente sin dejar de sujetar la mano de la muchacha, quien estaba indignada por lo que él pretendía hacerle, antes de que él pudiera colocarla en sus piernas boca abajo, ella se zafa y trata de escapar, pero él la vuelve a tomar y muy molesto le dice.

- si no té quedas quieta promete que tu castigo será peor.- pero ella no sedería en sus intentos de escapar. Por suerte él era un hombre muy fuerte y logra colocarla en sus rodillas, la sujeta firmemente por la cintura y comienza a darle unas fuertes palmadas en el trasero, sin quitarle el pantalón, solo eran para que ella dejara de moverse, pero eso no parecía suceder, ya que ella pataleaba y trataba de escapar, diciéndole muy enojada

- basta, no puedes hacerme esto... tu no eres mi padre... nunca nadie sé a atrevido a golpearme de esta manera... déjame de inmediato o voy a gritar y todos los vecinos acudirán en mi ayuda.- pero él no lo haría, solo continua castigándola y le dice.

- vamos, grita, grita para que todos te oigan y vengan a ver como se trata a una niña mal criada, te aseguro que harían filas para verte en esta posición.- ella comprende que eso seria muy humillante, después de todo, así que decide apretar los labios y no pronunciar palabra. Pero si él esperaba que ella se pusiera a llorar y a suplicar, tendría que esperar sentado, porque nunca sucedería. Si bien es cierto le dolían mucho las nalgadas que le estaba dando, no olvidaba que ese día estaba usando unos jeans de tela muy dura que apaciguaba un poco el dolor, así que la broma seria para él, ya que si esperaba que el castigo surgiera efecto, se equivocaba rotundamente, pero ella no se lo diría.

Poco después de que comenzara ese castigo, ella ya no se movía, ni siquiera emitía sonido, solo estaba esperando que esto terminara de una buena vez. Al terminar con su castigo, él deja que la chica se pusiera de pie, y ella sin dejarlo que se defendiera, se lanza sobre él y golpeándolo débilmente con las palmas de sus manos en el pecho lo comienza a insultar diciendo

- eres un animal, nunca antes me habían tratado de esta manera... lo nuestro se termina aquí, no quiero volver a verte en mi vida... cerdo, cobarde- él sin embargo se divertía mucho con la actitud de niña caprichosa que ella mostraba y sosteniéndole ambas manos le dice con dulzura.

- no hagas tanto berrinche mi pequeña, sabias que tenias merecida esas nalgadas, has sido una muy mala niña últimamente.- y soltándole las manos comienza a acariciarle las piernas, ella no presta mucha atención a lo que sus manos estaban haciendo, solo se dedica a responder y seguir insultándolo.

- si he sido mala niña, deberías habérmelo dicho, no haberte tomado venganza con tus manos, eso fue muy cobarde de tu parte, sabes que tienes mas fuerza que yo y no puedes jugar tan sucio.- de repente las manos de él se detienen y con una mirada burlona le dice.

- yo te había advertido que mi paciencia tenia un limite y que si seguías en tu actitud, yo iba a explotar... bueno, ahora ya sabes como me desquito yo... pero para serte sincero, todavía te hace falta una buena lección y creo que voy a dártela ahora mismo.- y sin mayor anuncio la vuelve a colocar en sus piernas boca abajo, pero esta vez, mientras le sujetaba la cintura con firmeza, con la mano libre le baja el pantalón y los calzones de un solo movimiento, ella muy sorprendida, ya que no había notado cuando él se los había desabrochado, le dice

- ¿Qué crees que estas haciendo? déjame la ropa donde estaba...

- no, creíste que tu lección eran unas simples palmadas encima del jeans... pues te equivocaste, una mocosa mal criada como tu, necesita que le dejen el traste muy colorado y eso voy a hacer.- y por arte de magia como si lo hubiera planeado todo, toma una paleta de ping-pon que tenia a su lado y comienza a pegarle con ella. Esta vez ella, aunque pataleaba y trataba de protegerse, nada la salvaba de su castigo, él estaba enojado y nada lo haría detenerse. De repente olvidando su orgullo y su rebeldía, la chica comienza a llorar como una niña pequeña y a pedirle

- por favor no sigas, me duele.- plas plas plas, era todo lo que se escuchaba y él le decía a cada nuevo golpe.

- te lo tienes bien merecido y lo sabes, te vas a portar como una niña buena de ahora en adelante, dejaras de insultarme a mí y a todo el mundo, porque o sino me encargare de que tus nalguitas queden muy marcadas... tienes que aprender a ser una niña obediente y muy respetuosa.

Ella sin parar de llorar le decía.

- juro que ya aprendí, por favor no continúes, me duele mucho.- buuuu, snif snif snnif snif, lloraba ella, pero él sabia que debía seguir para así corregirla de una buena vez.

Al cabo de unos veinte minutos él se detiene y deja la paleta a un lado, para así acariciarle su colorado trasero, y decirle.

- no llores, sabes que lo merecías, alguien debía darte una paliza para que dejaras de hacer tu voluntad.

- pero... snif snif... me dolió mucho... snif snif

- lo sé, pero así aprenderás a ser una buena niña. dejaras de hacer tantas travesuras?.- pregunta él y ella sollozando le responde. con tono de niña consentida

- no, no quiero, yo soy feliz así y no voy a cambiar por que tú lo dices.- mala respuesta, él le comienza a dar unas fuertes nalgadas en sus ya adoloridas nalguitas y ella llorando le dice.

- ĄĄ no sigas!! ĄĄ No sigas!!...seré buena niña de ahora en adelante, lo juro

- no creo que te haya quedado clara la lección, así que estas son para que se te grave.- y continua castigándola con severidad, mientras ella lloraba como una niña a la cual su papi le estaba dando una paliza por mala.

Así pasa casi una hora, y ella ya no podía más del dolor en su pobre trasero. Él la deja levantarse y ella mirándolo con cara de niña buena, se sube la ropa. Él la toma delicadamente por un brazo y la acomoda tiernamente en su regazo para hacerle cariño, mientras le secaba las lagrimas y decirle palabras tiernas.

De repente ella mirando su reloj, lo besa en los labios y le dice

- tengo que irme, ya se me hizo muy tarde... ¿Nos juntamos el viernes para otra sesión?

- bueno, pero dime ¿Te hice mucho daño?

- para nada, solo el justo y necesario... ¿Con que me esperaras la próxima vez?

- eso, pequeña mía, es una sorpresa.- responde él con malicia y la chica se despide de él para irse a su casa.

Ambos jóvenes, eran aficionados al spanking y se juntaban cada cierto tiempo, para realizar sesiones, representando papeles que les ayudaban a hacer todo mas real.

Ella volvía a su casa feliz, y él fumaba un cigarro, pensando en lo que sucedería en la próxima sesión.


Fin.