CRUZANDO EL PACÍFICO
Por Carolina:
Era difícil de comprender, habían pasado demasiados años desde la última vez que lo vi, su partida fue tan inesperada como ahora lo era su retorno. Julián había partido hacía varios años a Japón con la finalidad de perfeccionarse en las técnicas del Bonsái, al principio como todos los enamorados manteníamos contacto casi a diario, pero eso poco a poco fue decayendo, el contacto se perdió, el daño fue tan grande que creí morir de amor, aun así decidí seguir adelante sola, sola como había permanecido casi toda mi vida.
Una llamada a las 5 de la madrugada perturbo mi sueño, su voz trastorno mi vida, mi corazón, mi alma, al decirme que regresaría mi mente se nublo por completo, no sabía que pensar ni que sentir, la situación era extraña, había aprendido a vivir sin él, ¿cómo sería todo ahora que él regresaba?
Los días siguientes transcurrieron en forma normal aunque siempre me embargaba aquel extraño sentimiento, siempre conservé lindos recuerdo, pero nunca podría perdonarle el abandonarme sin haber dado una razón lógica. ¿Qué hice mal?, ¿En qué me equivoque?, ¿Qué era yo para él?, fueron las preguntas que me hice por años y con las cuales tuve que aprender a vivir.
El día se acercaba y mis nervios aumentaban, sería realmente bueno volver a verlo? ¿volver a darle una oportunidad? ¿recuperar el tiempo perdido? o debía tomar mis maletas y desaparecer por siempre?, no estaba segura de nada, sólo me dejaba llevar por la situación y por los sentimientos que permanecieron ocultos por años, en el fondo estaba ansiosa por una segunda oportunidad.
Al fin estaba frente a mi, sólo a unos metros de distancia, no lo podía creer, era como un sueño que después de tantos años se hacia realidad, pero la realidad de ayer no es necesariamente la realidad de hoy, nuestra situación era distinta y no sabía como reaccionar frente a aquello. Su mirada era profunda, penetrante, me desnudaba con los ojos y sólo me perturbaba aun más, me sentía como una niña pequeña, indefensa, con ganas de llorar y de salir corriendo, pero al mismo tiempo quería correr a sus brazos, besarlo, sentirlo, palparlo, asegurarme que no era un sueño, pero algo me lo impedía, no podía moverme, ni hablar. Los segundos eran horas y los minutos días, sentía que me desvanecería, el instante era eterno.
Comenzó a acercarse, mi cuerpo temblaba, sus brazos se posaron sobre mis hombros y las lágrimas cayeron en mis mejillas, una hermosa sonrisa se dibujo en sus labios, esos labios que por tantos años añoré. Sentí su mano en mi barbilla y aquel primer beso con el cual soñé por tanto tiempo, sus labios eran cálidos y los recuerdos invadieron mi mente, recuerdos felices, tristes, excitantes. Recordé cada momento vivido con él en cuestión de segundos. Los sentimientos se encontraron unos con otros hasta que al fin encontré las fuerzas para abrazarlo y llorar... llorar hasta que las lágrimas se acabaron, hasta que mi corazón descansó, hasta que la tortura al fin se acabó.
Hablamos por horas, recordamos cada momento de nuestras vidas. Los días siguientes fueron un nuevo despertar, nuevas sensaciones, permanecíamos días completos juntos, intentado recuperar el tiempo perdido.
Era un domingo por la mañana, el día estaba hermoso, un sol espléndido me despertó. Julián estaba profundamente dormido, se veía muy tranquilo, cuando abrió sus ojos me sonrío y me dio un beso en la frente, se levantó rápidamente diciendo que me tenía algo especial para aquel día y dicho eso entró a la ducha, yo permanecí intrigada en la cama hasta que él regreso – Bien hermosa, este es tu gran día, toma una ducha tranquila, te tengo una sorpresa especial – sin decir nada me dirigí al baño, quite mi ropa y me metí a la ducha, sentía escurrir el agua a través de mi cuerpo, la sensación era extraña, estaba nerviosa, pero no conocía el porque.
Al entrar a la habitación sobre la cama había un vestido de color verde agua, unas pantaletas blancas, un par de medias y zapatos en el mismos tono. Julián no estaba en la habitación así que me desnudé frente al espejo, me gustaba contemplar mi cuerpo y poco a poco comencé a vestirme, primero las pantaletas, luego las medias, un toque de perfume en aquellos lugares importantes para finalizar con el vestido, frente al espejo nuevamente acomodé mi cabello, decidí amarrarlo para lucir la espalda y finalmente los zapatos. Al salir de la habitación Julián estaba sentado en el sofá fumando un cigarrillo, me contemplo bajar las escaleras y sin decir nada tomó mi mano y nos dirigimos fuera de la casa, no quise preguntarle nada porque me agradaba la sensación de suspenso, estuvimos todo el día fuera de casa y en realidad no pasó nada especial, regresé defraudada y enfadada, me prometieron algo que nunca ocurrió, Julián se acercó e intentó besarme, yo simplemente lo empuje, no quería que me tocara y como una niña haciendo un berrinche me dirigí a nuestra habitación y cerré la puerta tras un estruendo. Segundos después entró Julián, su mirada era seria, nunca lo había visto así, yo estaba recostada sobre la cama desatando toda mi frustración contra la almohada cuando él me habló – Ven aquí niña malcriada – yo simplemente lo miré desafiante a los ojos - ¿Qué acaso no me oíste? ven aquí, te quiero frente a mi – en ese minuto reaccioné y saliendo de mi estupefacción frente a tal comportamiento me puse de pie frente a él, intenté abrazarlo para remediar lo que había provocado, pero él sin más se alejo de mi – No te he dado de todo durante estos días? te he pedido perdón mil veces y aun así no estás contenta? ¿qué se supone que debo hacer contigo? – yo estaba algo aturdida frente a la situación, no creía que mi actitud fuese tan grave, en ese momento él se sentó en la cama y me atrajo hacia él y sin más preámbulo me acomodo sobre sus rodillas, yo intenté resistirme – ¿Qué haces? ¿quién te crees que eres? suéltame!! – por más intentos que hacia por escapar él me sujetaba aun más – Esto debí hacerlo hace mucho tiempo pero ya es hora que alguien le ponga un alto a tus caprichos – y sin mediar palabras descargó el primer azote sobre mis nalgas, yo quedé perpleja, no asimilaba la situación cuando el segundo golpe resonó en la habitación un débil auch salió de mis labios mientras sentía como aumentaba el ritmo de los golpes, mordí mis labios a pesar del dolor, no quería darle en el gusto de oírme gritar y mucho menos llorar, de repente seso todo golpe, me sentí aliviada, sentía mis nalgas arder y sentí las manos de Julián recorrerme entera – No creas que todo a acabado princesa, estamos recién comenzando – tras decir eso levantó mi vestido y masajeo mis nalgas, dibujaba círculos con sus dedos comenzó a bajar lentamente mis pantaletas, me sentía humillada, maltratada y excitada, era un mar de flujos y Julián muy bien pudo comprobarlo, paso delicadamente sus dedos sobre mi vulva – Veo que no te desagrada del todo la situación cariño, pero no creas que eso te salvará – con mayor fuerza se iniciaron esta vez los azotes, sentía el picor de cada golpe, el arder de mis nalgas y la sensación de excitación en mi entrepierna, ya no era capaz de callar mis quejidos, dolía! y dolía mucho, pasaron minutos que se me volvieron horas, era de nunca acabar y cada golpe era más fuerte que el anterior, al fin pensé que todo terminaría cuando Julián me pidió poner de pie – Ven aquí cariño – me llevo hasta el escritorio y me pidió doblarme sobre él y ahí estaba yo, excitada, con el vestido levantado y las pantaletas en las rodillas, ofreciéndole mi trasero para que él hiciera y desasiera, un gran espejo me revelaba todos sus movimientos y podía ver la posición en la que me encontraba, al verme me excite aun más si cabía pero al verlo a él y ver como se quitaba el cinturón me hizo estremecer, un frió recorrió mi espalda una mezcla entre miedo, excitación y ansiedad me invadió, temía al dolor pero me excitaba con cada azotes, él se paseaba alrededor mío con el cinturón en la mano, tocaba mis nalgas y con sus dedos comprobaba cuan excitada estaba, me ponía nerviosa, golpeaba el cinturón sobre su mano y el sonido me hacia temblar, hasta que sentí el primer azote en mis nalgas, fue un dolor intenso que me hizo gritar, luego vino el segundo tan fuerte como el anterior, el sonido del cinturón contra mis nalgas, mis gritos y quejidos se apoderaron de la habitación, cada golpe me dolía más, pero aun así ansiaba el próximo, no entendía que ocurría conmigo, con mi cuerpo, podía sentir mis nalgas en carne viva, pero quería aun más – Mmm... tus nalgas han adquirido un color maravilloso cariño, pero ya verás que podré dejártelas aun más hermosas, tomó mi mano y me ayudó a poner de pie, me abrazó y beso mis labios por largo rato, yo me aferraba a él, temblaba de excitación, quería que me poseyera, que me penetrara, quería sentirme suya completamente. Sus manos recorrieron mi cuerpo, mis piernas, glúteos, espalda, apretó suavemente mis senos y con una delicadeza inimaginable comenzó a quitar mi vestido, despacio... recorrió mi cuerpo con su vista, devoró mi desnudes con la mirada, me llevó hasta la cama y me recostó sobre ella dejando mis nalgas lo más expuestas posibles, yo estaba ansiosa porque continuara, se abalanzó sobre mi y comenzó a besar mis orejas, el cuello, bajó lentamente hasta la espalda, sentía su excitación sobre mis glúteos, sentía sus manos recorriéndome al mismo que tiempo que lo hacían sus labios, una nueva pausa me perturbó, sentí sus manos azotando nuevamente mis ya maltrechas nalgas, pero me agradaba el dolor, quería continuar sintiendo aquella excitación que me trastornaba, perdí la noción del tiempo, solo sentía el ardor ....
Un cálido beso me regresó a la realidad – Buenos días princesa, dormiste bien? – fue lo que dijo, pensé que todo había sido un sueño, intenté moverme pero el dolor me lo impidió, no había sido un sueño, fue real – No te muevas cariño, creo que anoche me excedí un poco, discúlpame, la próxima vez seré más cuidadoso – la próxima vez? pensé entre mi, solo le sonreí, sabía que nuestro tiempo se acababa y que él debería regresar una vez más, pero esta vez no dejaría de luchar con tanta facilidad, esta vez él se iría, pero lo haría junto a mi, cruzando juntos el pacífco
Era difícil de comprender, habían pasado demasiados años desde la última vez que lo vi, su partida fue tan inesperada como ahora lo era su retorno. Julián había partido hacía varios años a Japón con la finalidad de perfeccionarse en las técnicas del Bonsái, al principio como todos los enamorados manteníamos contacto casi a diario, pero eso poco a poco fue decayendo, el contacto se perdió, el daño fue tan grande que creí morir de amor, aun así decidí seguir adelante sola, sola como había permanecido casi toda mi vida.
Una llamada a las 5 de la madrugada perturbo mi sueño, su voz trastorno mi vida, mi corazón, mi alma, al decirme que regresaría mi mente se nublo por completo, no sabía que pensar ni que sentir, la situación era extraña, había aprendido a vivir sin él, ¿cómo sería todo ahora que él regresaba?
Los días siguientes transcurrieron en forma normal aunque siempre me embargaba aquel extraño sentimiento, siempre conservé lindos recuerdo, pero nunca podría perdonarle el abandonarme sin haber dado una razón lógica. ¿Qué hice mal?, ¿En qué me equivoque?, ¿Qué era yo para él?, fueron las preguntas que me hice por años y con las cuales tuve que aprender a vivir.
El día se acercaba y mis nervios aumentaban, sería realmente bueno volver a verlo? ¿volver a darle una oportunidad? ¿recuperar el tiempo perdido? o debía tomar mis maletas y desaparecer por siempre?, no estaba segura de nada, sólo me dejaba llevar por la situación y por los sentimientos que permanecieron ocultos por años, en el fondo estaba ansiosa por una segunda oportunidad.
Al fin estaba frente a mi, sólo a unos metros de distancia, no lo podía creer, era como un sueño que después de tantos años se hacia realidad, pero la realidad de ayer no es necesariamente la realidad de hoy, nuestra situación era distinta y no sabía como reaccionar frente a aquello. Su mirada era profunda, penetrante, me desnudaba con los ojos y sólo me perturbaba aun más, me sentía como una niña pequeña, indefensa, con ganas de llorar y de salir corriendo, pero al mismo tiempo quería correr a sus brazos, besarlo, sentirlo, palparlo, asegurarme que no era un sueño, pero algo me lo impedía, no podía moverme, ni hablar. Los segundos eran horas y los minutos días, sentía que me desvanecería, el instante era eterno.
Comenzó a acercarse, mi cuerpo temblaba, sus brazos se posaron sobre mis hombros y las lágrimas cayeron en mis mejillas, una hermosa sonrisa se dibujo en sus labios, esos labios que por tantos años añoré. Sentí su mano en mi barbilla y aquel primer beso con el cual soñé por tanto tiempo, sus labios eran cálidos y los recuerdos invadieron mi mente, recuerdos felices, tristes, excitantes. Recordé cada momento vivido con él en cuestión de segundos. Los sentimientos se encontraron unos con otros hasta que al fin encontré las fuerzas para abrazarlo y llorar... llorar hasta que las lágrimas se acabaron, hasta que mi corazón descansó, hasta que la tortura al fin se acabó.
Hablamos por horas, recordamos cada momento de nuestras vidas. Los días siguientes fueron un nuevo despertar, nuevas sensaciones, permanecíamos días completos juntos, intentado recuperar el tiempo perdido.
Era un domingo por la mañana, el día estaba hermoso, un sol espléndido me despertó. Julián estaba profundamente dormido, se veía muy tranquilo, cuando abrió sus ojos me sonrío y me dio un beso en la frente, se levantó rápidamente diciendo que me tenía algo especial para aquel día y dicho eso entró a la ducha, yo permanecí intrigada en la cama hasta que él regreso – Bien hermosa, este es tu gran día, toma una ducha tranquila, te tengo una sorpresa especial – sin decir nada me dirigí al baño, quite mi ropa y me metí a la ducha, sentía escurrir el agua a través de mi cuerpo, la sensación era extraña, estaba nerviosa, pero no conocía el porque.
Al entrar a la habitación sobre la cama había un vestido de color verde agua, unas pantaletas blancas, un par de medias y zapatos en el mismos tono. Julián no estaba en la habitación así que me desnudé frente al espejo, me gustaba contemplar mi cuerpo y poco a poco comencé a vestirme, primero las pantaletas, luego las medias, un toque de perfume en aquellos lugares importantes para finalizar con el vestido, frente al espejo nuevamente acomodé mi cabello, decidí amarrarlo para lucir la espalda y finalmente los zapatos. Al salir de la habitación Julián estaba sentado en el sofá fumando un cigarrillo, me contemplo bajar las escaleras y sin decir nada tomó mi mano y nos dirigimos fuera de la casa, no quise preguntarle nada porque me agradaba la sensación de suspenso, estuvimos todo el día fuera de casa y en realidad no pasó nada especial, regresé defraudada y enfadada, me prometieron algo que nunca ocurrió, Julián se acercó e intentó besarme, yo simplemente lo empuje, no quería que me tocara y como una niña haciendo un berrinche me dirigí a nuestra habitación y cerré la puerta tras un estruendo. Segundos después entró Julián, su mirada era seria, nunca lo había visto así, yo estaba recostada sobre la cama desatando toda mi frustración contra la almohada cuando él me habló – Ven aquí niña malcriada – yo simplemente lo miré desafiante a los ojos - ¿Qué acaso no me oíste? ven aquí, te quiero frente a mi – en ese minuto reaccioné y saliendo de mi estupefacción frente a tal comportamiento me puse de pie frente a él, intenté abrazarlo para remediar lo que había provocado, pero él sin más se alejo de mi – No te he dado de todo durante estos días? te he pedido perdón mil veces y aun así no estás contenta? ¿qué se supone que debo hacer contigo? – yo estaba algo aturdida frente a la situación, no creía que mi actitud fuese tan grave, en ese momento él se sentó en la cama y me atrajo hacia él y sin más preámbulo me acomodo sobre sus rodillas, yo intenté resistirme – ¿Qué haces? ¿quién te crees que eres? suéltame!! – por más intentos que hacia por escapar él me sujetaba aun más – Esto debí hacerlo hace mucho tiempo pero ya es hora que alguien le ponga un alto a tus caprichos – y sin mediar palabras descargó el primer azote sobre mis nalgas, yo quedé perpleja, no asimilaba la situación cuando el segundo golpe resonó en la habitación un débil auch salió de mis labios mientras sentía como aumentaba el ritmo de los golpes, mordí mis labios a pesar del dolor, no quería darle en el gusto de oírme gritar y mucho menos llorar, de repente seso todo golpe, me sentí aliviada, sentía mis nalgas arder y sentí las manos de Julián recorrerme entera – No creas que todo a acabado princesa, estamos recién comenzando – tras decir eso levantó mi vestido y masajeo mis nalgas, dibujaba círculos con sus dedos comenzó a bajar lentamente mis pantaletas, me sentía humillada, maltratada y excitada, era un mar de flujos y Julián muy bien pudo comprobarlo, paso delicadamente sus dedos sobre mi vulva – Veo que no te desagrada del todo la situación cariño, pero no creas que eso te salvará – con mayor fuerza se iniciaron esta vez los azotes, sentía el picor de cada golpe, el arder de mis nalgas y la sensación de excitación en mi entrepierna, ya no era capaz de callar mis quejidos, dolía! y dolía mucho, pasaron minutos que se me volvieron horas, era de nunca acabar y cada golpe era más fuerte que el anterior, al fin pensé que todo terminaría cuando Julián me pidió poner de pie – Ven aquí cariño – me llevo hasta el escritorio y me pidió doblarme sobre él y ahí estaba yo, excitada, con el vestido levantado y las pantaletas en las rodillas, ofreciéndole mi trasero para que él hiciera y desasiera, un gran espejo me revelaba todos sus movimientos y podía ver la posición en la que me encontraba, al verme me excite aun más si cabía pero al verlo a él y ver como se quitaba el cinturón me hizo estremecer, un frió recorrió mi espalda una mezcla entre miedo, excitación y ansiedad me invadió, temía al dolor pero me excitaba con cada azotes, él se paseaba alrededor mío con el cinturón en la mano, tocaba mis nalgas y con sus dedos comprobaba cuan excitada estaba, me ponía nerviosa, golpeaba el cinturón sobre su mano y el sonido me hacia temblar, hasta que sentí el primer azote en mis nalgas, fue un dolor intenso que me hizo gritar, luego vino el segundo tan fuerte como el anterior, el sonido del cinturón contra mis nalgas, mis gritos y quejidos se apoderaron de la habitación, cada golpe me dolía más, pero aun así ansiaba el próximo, no entendía que ocurría conmigo, con mi cuerpo, podía sentir mis nalgas en carne viva, pero quería aun más – Mmm... tus nalgas han adquirido un color maravilloso cariño, pero ya verás que podré dejártelas aun más hermosas, tomó mi mano y me ayudó a poner de pie, me abrazó y beso mis labios por largo rato, yo me aferraba a él, temblaba de excitación, quería que me poseyera, que me penetrara, quería sentirme suya completamente. Sus manos recorrieron mi cuerpo, mis piernas, glúteos, espalda, apretó suavemente mis senos y con una delicadeza inimaginable comenzó a quitar mi vestido, despacio... recorrió mi cuerpo con su vista, devoró mi desnudes con la mirada, me llevó hasta la cama y me recostó sobre ella dejando mis nalgas lo más expuestas posibles, yo estaba ansiosa porque continuara, se abalanzó sobre mi y comenzó a besar mis orejas, el cuello, bajó lentamente hasta la espalda, sentía su excitación sobre mis glúteos, sentía sus manos recorriéndome al mismo que tiempo que lo hacían sus labios, una nueva pausa me perturbó, sentí sus manos azotando nuevamente mis ya maltrechas nalgas, pero me agradaba el dolor, quería continuar sintiendo aquella excitación que me trastornaba, perdí la noción del tiempo, solo sentía el ardor ....
Un cálido beso me regresó a la realidad – Buenos días princesa, dormiste bien? – fue lo que dijo, pensé que todo había sido un sueño, intenté moverme pero el dolor me lo impidió, no había sido un sueño, fue real – No te muevas cariño, creo que anoche me excedí un poco, discúlpame, la próxima vez seré más cuidadoso – la próxima vez? pensé entre mi, solo le sonreí, sabía que nuestro tiempo se acababa y que él debería regresar una vez más, pero esta vez no dejaría de luchar con tanta facilidad, esta vez él se iría, pero lo haría junto a mi, cruzando juntos el pacífco





