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Relatos de Spanking Mandados por Colaboradores
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Sin titulo - Relato 2
Por Tomoyo:
Queridos amigos: Este otro relato, también lo envío esperando que ustedes puedan darme su opinión, así podré saber si voy por buen camino o no. Muchas gracias de ante mano.

Relato 2

El relato se trata de una joven, que sabe que ha cometido un error y debe pagarlo, pero habla con su conciencia, ya que se encuentra muy nerviosa y no sabe a quien recurrir.

Querida conciencia:

Ayer, le jugué muy sucio a mi jefe, sé que se me paso la mano, no debí haberlo puesto en evidencia delante de todos mis compańeros de trabajo... pero la culpa es de él, żPor qué se cree en derecho de reprenderme delante de todos? żPor qué cada vez que cometo un error, no me lo dice a mí solamente? żPor qué le gustara dejarme en ridículo frente a todos mis compańeros?.

No sé que es lo que le pasa, quizá se sienta con cierta autoridad sobre mí, solo porque fuimos amantes en el pasado... Sé que estuvo mal involucrarme con él, pero es que es tan apuesto y siempre estaba dándome indirectas que no podía pasar por alto. Nuestra relación fue muy satisfactoria, claro que nadie se entero, y espero que así sea, si alguien llega a sospechar, yo seré despedida y él podría tener problemas con su esposa... si bien es cierto, estoy molesta con él, lo ultimo que quisiera es causarle algún dańo.

Te cuento, porque estoy tan molesta con él y como lo deje en evidencia.

Estabamos trabajando tranquilamente y él se acerco a mí, regańándome por haber hecho mal un informe que me había pedido, yo me moleste, le pedí que me regańara después, a solas. Pero no hubo forma de hacerlo entender, así que mi malestar fue aun mayor y le dije que era un viejo gruńón, que era un amargado y que me dejara tranquila, yo no era su hija, para que me reprendiera de esa forma y que estaba cansada de sus malos tratos. Todos se quedaron en silencio y nos miraban, a él se le salían los ojos de sus órbitas, mirándome con mucho enfado y al ver que todos nos observaban me dijo que quería que me quedara después de la hora de trabajo a ordenar la bodega de archivos.

Maldito sea, pensé yo, él sabe que odio esa bodega, es tan lúgubre y nadie va por ahí nunca, además que yo le había contado que una vez me había quedado encerrada en ese lugar y me había dado mucho miedo. Pero aún así, me dijo que así aprendería a respetarlo.

Cuando todos se marcharon, yo fui a esa maldita bodega... es un lugar muy espantoso, lleno de armarios con archivos muy viejos, repisas polvorientas, con cajas y cajas de libros y otras cosas sin uso.

Con lo enfadada que estaba, no le había preguntado que debía hacer en ese sitio, si me mandaba a ordenar todo, demoraría muchas horas y ya eran cerca de las seis de la tarde. Me dispuse a salir de allí, iría a verlo y le preguntaría que era lo que quería que hiciera, pero justo cuando fui a abrir la puerta, esta se abrió abruptamente, dejándome muy sorprendida, ahí estaba él, sin chaqueta y con la expresión mas amenazadora que jamás le había visto. Yo no sabia que decirle o que hacer, solo retrocedí unos pasos para dejarlo entrar, él lo hizo de inmediato y cerro tras de sí la puerta, para mi sorpresa, la cerro con llave por dentro. Yo lo miraba incrédula, no sabía que pensar de todo esto, él me miro con enfado y me dijo:

- Esta vez te voy a enseñar a no insultarme delante de todos los empleados.

- no quise hacerlo seńor, pero usted no me dejo otra alternativa, siempre me esta regańando y humillando frente a los demás, yo le he pedido que si tiene que hacerlo, lo haga cuando estemos a solas, yo no soy una nińa a la cual puedan regańar.

- pero en muchas ocasiones te comportas como si lo fueras, eres una nińa muy consentida y mal criada, y ya me cansé de tu comportamiento.

- żme va a despedir?- pregunte asustada, ya que era mi única fuente de ingresos y necesitaba demasiado este trabajo como para desperdiciarlo por una tontería, que al fin y al cabo había sido culpa mía. Sin embargo él me dijo, con tono serio y severo.

- no, no pretendo despedirte, pero ya que no quieres que siga reprendiéndote delante de todos, ahora que estamos solos, voy a encargarme de que no sigas comportándote como una nińa mal criada...

- ży como pretende hacerlo?- le dije en un estúpido tono desafiante que a él le molesto mucho más, y sin decir palabra me tomo de un brazo y nos fuimos hacia un rincón de esa bodega en donde había una silla usada, pero que soporto perfectamente bien su peso al sentarse, poco después y sin darme cuenta me recostó boca abajo en sus rodillas, me acomodo y sujeto por la cintura con fuerza.

Yo estaba asombrada, no sabia que hacer, nunca antes me habían colocado de esa forma, ni siquiera cuando nińa, pero sabia lo que él tenia planeado hacerme y sentí pánico, le pedí que me soltara, que nunca mas volvería a desafiar su autoridad, pero nada me sirvió, el solo me levanto la falda hasta la cintura y de un fuerte tirón me bajo las medias y el calzón, nunca me habían humillado de tal manera, me puse a sollozar de inmediato, le suplique que no me castigara, como era su intención, pero él solo dijo

- sabes que lo mereces, no puedes seguir siendo una nińa caprichosa

- pero ya tengo 26 ańos, no puedes castigarme como si fuera una pequeńa...

- no me importa la edad que tengas, debes recibir un castigo y lo sabes.- y sin decir mas, comenzó a darme fuertes nalgadas, en mi trasero descubierto.

Las primeras, me hicieron notar lo molesto que estaba, él quería que yo recordara ese castigo y por la manera en que me golpeaba, lo iba a recordar por mucho tiempo. Al cabo de unos segundos, yo ya lloraba y pataleaba tratando de zafarme, pero solo conseguía que mi castigo fuera mucho peor.

Entre llantos, le suplique

- por favor, no me sigas castigando, me portare muy bien, lo prometo...

- no, todavía no aprendes tu lección- respondió él y yo seguía recibiendo aquella paliza, notaba como mi trasero estaba ardiendo a cada golpe, sentía un intenso dolor y calor en mis nalgas, pero él seguía castigándome, con fuerza, sin compasión. Derrepente olvide todo, y comencé a llamarlo como lo hacia cuando éramos amantes.

- por favor "dady" no me pegues mas, juro que seré una buena nińa, prometo obedecerte en todo... "dady" a tu princesa le duele mucho y esta muy arrepentida.- y más llanto, traté de mirarlo, pero lo único que logre ver, fue una sonrisa sarcástica y su mano abalanzándose nuevamente en mis nalgas, para seguir castigándolas.

El castigo, duro mas o menos media hora, yo ya no paraba de llorar y mi trasero tenia un calor insoportable, aparte de el dolor que sentía. Cuando todo termino, me acomodo la ropa cuidadosamente y me dejo levantar, yo me retire de su lado, le dije que ya no lo quería, que nunca antes me habían humillado de esa forma, lloraba como una nińa y él solo se acerco a mí, me abrazo y me consoló, para decirme tiernamente.

- ya no llore mi princesa, usted necesitaba esta paliza, y aunque ahora creas no quererme, tenlo por seguro que te acostumbraras, esta no será la ultima vez que te castigue de esta forma... de ahora en adelante, cada vez que te portes mal conmigo, te enviare aquí a esperarme y recibirás una paliza, para que aprendas a respetarme... ahora vamos te voy a ir a dejar a casa.- así nos fuimos en su auto (aunque me costo mucho sentarme ya que no soportaba el dolor).

Cuando llegue a mi casa y me fui a mi habitación, me miré en un espejo, quería saber como había quedado mi pobre trasero, y realmente parecía un hermoso tomate muy rojo y brillante, me recosté boca abajo en la cama a llorar mi humillación, pero para mi sorpresa, cuando cerré los ojos y comencé a pensar en lo que él había hecho, sentí una gran excitación, si bien es cierto me dolía, ahora que pensaba en la escena, me inundaba un gran placer, recordaba cada nalgada como si me la estuviera dando de nuevo y sin poder evitarlo, tuve un gran orgasmo, no tuve necesidad de acariciarme o cualquier otra cosa, solo tuve que pensar en ello y paso.

Poco tiempo después comprendí, que aunque me doliera mucho ese castigo, al final era algo muy placentero y como él había prometido que no seria él ultimo, yo hacia de todo, para que él se enfadara y me castigara como lo había hecho esa vez. Aunque ahora no solo me castiga con la mano, sino también con varios instrumentos, (correa, palmeta, etc.). Él comprendió que en muchas ocasiones yo me buscaba el castigo, por lo que su excitación era tan poderosa como la mía.

Así volvimos a ser amantes, pero en esta ocasión y después de haberle confesado lo que me excitaba que él me castigara por mis travesuras, cada vez que nos encontramos furtivamente, agregamos una dosis de castigo antes de tener relaciones.

Fin.


No