NACIMIENTO DE UN SPANKER
Por Jano:Nos amábamos: sin embargo, mi vida con Raquel era un pequeño infierno. Su carácter irascible hacía que, en ocasiones, me contuviera para no responder con unas bofetadas. Mi natural respeto por las personas y el hecho de que fuera más alta y fuerte que yo, todo unido, me impedían hacerlo.
Gracias a que las relaciones íntimas (salvo algún "dolor de cabeza" esporádico), son satisfactorias y se muestra dulce y participativa, y que, indudablemente nos queremos, la vida transcurre ceptablemente bien. Con ocasión de uno de los malos días, conversé con un amigo intimo y le hice participe de mi situación. Su respuesta me dejó boquiabierto. "Dale unos buenos azotes" " Lo has intentado todo sin éxito. Quizás eso lo arregle"
Cuando nos despedimos y caminando hacia casa, mi mente no cesaba de darle mil vueltas a sus palabras. ¿Me atrevería a cometer tal acción? ¿Sría capaz de semejante cosa? ¿Cómo? ¿Se revolvería como una fiera y sería yo el que recibiera el castigo? Estas y otras muchas preguntas golpeaban mi cerebro como un tornado. Algo extraño en mí hizo que Raquel me preguntara si me pasaba algo, a lo que respondí, moviendo la cabeza, que nada. Al día siguiente por la tarde, se enfureció conmigo por una tontería .La sangre comenzó a subirme a la cabeza. Una nube roja se puso ante mis ojos y, sin ensarlo dos veces, me lancé sobre ella derribándola sobre un gran sillón que teníamos en el salón. Aprovechando su asombro y vacilación, hecho un energúmeno, sacando fuerzas de quién sabe donde, conseguí darle la vuelta y montarme a horcajadas sobre su espalda. Como un loco, comencé a disparar mi mano contra su generoso culo. No me preocupaba que el ruido de la azotaina llegara a oídos de los vecinos. Me estaba vengando de seis años de aceptación y silencio.
Cuando dejé de azotarla, me percaté de que, en todo el tiempo que había recibido la zurra, en ningún momento había ella tratado de zafarse ni defenderse. Asombrado, me levanté dejándola libre.
Se levantó lentamente acariciándose el trasero por encima de la
ropa. Me miró con una expresión extraña y se lanzó a abrazarme y llenarme de besos. Extrañado, pero contento, respondí a sus muestras de amor, satisfecho de su reacción y mi valor. Mas tarde, me confesó que todas las discusiones del pasado, habían sido para provocarme y que llegáramos a ese punto. Desde ese momento, la vida entre nosotros fue un constante idilio. No pasa día sin que Raquel reciba su buena ración de azotes con motivo o sin él. Casi siempre acabamos como es de suponer, abrazados estrechamente y....
Ese día nació un spanker oculto
F I N





