Cuento
Cuento de Jano
"P" tiene los pechos pequeños, nacarados como el resto de la piel y terminados en dos puntas rosadas. El cuerpo es pequeño, bien formado por hermosas líneas curvas y las nalgas prietas, casi respingonas. Su sexualidad, inagotable. En ocasiones, irritante por lo protestona. Muchas veces me había contenido para no propinarle unos buenos azotes. Hasta que un día, no hace mucho, me soliviantó de tal manera que no pude por menos de amenazarla con dárselos si no abdicaba de su actitud mirándola fíjamente y con aire adusto. Un relámpago, un brillo desacostumbrado en sus ojos me sorprendió. Siguió con la misma actitud que me pareció intencionadamente provocativa.
Sin más, sujetándola de un brazo, la tumbé sobre mis rodillas y, a pesar de sus gemidos y protestas, descargué mi mano sobre sus nalgas no menos de veinte veces.
Mientras la golpeaba pensé que íbamos a tener una buena trifulca y, tal vez, la separación.
Para mi sorpresa, en lugar de enfadarse o insultarme, con los ojos llorosos se abrazó a mi. Sorprendido, la acaricié suavemente tratando de consolarla y, al mismo tiempo, tratando de justificar la azotaina como consecuencia de su actitud.
Acariciando sus piernas bajo la falda, mi mano llegó a un punto donde la encontré húmeda. De éste hecho y de su reacción, deduje que los azotes le habían excitado y que todo el tiempo me había estado provocando, cosa que más tarde admitió, para llegar a este punto. Despues..
Tomé buena nota y aprovechaba cualquier ocasión para azotarla cumplidamente.
A través del tiempo he ido,-hemos ido-.utilizando diversa variantes. En ocasiones, le obligo a llevar un cuaderno en el que ha de anotar las faltas que, a mi juicio, son punibles según un riguroso baremo.
Según mis órdenes escribe relatos y sus propias fantasías para mutuo disfrute. También yo le escribo relatos y ambos nos hacen obtener "recompensa" de ellos. Transcribo uno que puede servir de orientación.
Son la 11h. en casa de "A" suena el teléfono. La voz de "J" llega a sus oidos.
-Hola: a las dos y cinco en punto deberás estar en ....Comeremos juntos. Vístete con falda amplia y sin nada debajo excepto medias hasta medio muslo; camisa cerrada hasta el cuello, traslúcida que no transparente; sin sujetador; abrigo y zapatos de aguja. Ya sé que a ti no te gusta, pero a mí sí. La mesa está reservada y, si no he llegado que será lo más probable, me esperas. Haz notar al camarero la hora a la que llegas para que yo sepa si has obedecido,
Tienes hora y media para dejar todo en orden; las camas perfectamente hechas, sin una sola arruga. Y así, todo. Si hay algún fallo...ya sabes lo que te espera. Eso es todo (Clic)
Por la columna de "A" corre un escalofrío. El no bromea. Ella sabe a qué atenerse. Debe darse prisa aunque, también sabe que "algo" fallará y él lo detectará. Conoce sus preferencias a la hora del castigo; sobre todo, el maldito y horrible cepillo del pelo que le mantiene el culo rojo durante horas y duele incluso con el roce de la ropa y al sentarse
Piensa; ¿y si al salir, un golpe de viento le abre el abrigo y le levanta la falda?. Su cara se arrebola con solo la idea . El lo sabe y por eso lo hace, para ver si se niega y tener un motivo más para castigarla.
Está excitada. La eterna dicotomía.
Las dos y cuatro minutos. Pide la mesa. Hace notar la hora de llegada al camarero. Por si acaso.
Tras una tensa espera de quince minutos el aparece tranquilo. Se inclina y la besa largamente en los labios.
¿ Hace mucho que esperas? Le mataría, por cínico, pero le informa.
La comida transcurre en agradable conversación. De tiempo en tiempo:
-¿Habrás cumplido las instrucciones, ¿No?
-Los pezones se te marcan en la blusa.
-¿No estarás mojando la falda?
-Cuidado, no vayas a derramar el vino.
-.............
Lo dice como sin darle importancia ,paro sabiendo lo nerviosa que "A" se pone con estas frases.
-¿Hacia mucho viento por la calle?
-¿Muchas apreturas en el autobús?
-............
La comida se está convirtiendo en una auténtica tortura para ella. Es cierto que está húmeda y teme que al levantarse deba darse prisa en ponerse el abrigo.
En casa, inspección. El polvo, bien. La cama presenta unas casi imperceptibles arrugas. Con un gesto brusco, él la deshace totalmente.
-Hazla de nuevo. Esta vez, perfectamente. Cuando termines y yo lo apruebe, te pondrás de cara a la pared durante quince minutos, con el culo al aire sin quitarte ni los zapatos ni las medias. Cuando pase ese tiempo, te tumbarás sobre la cama y esperarás el castigo.
Así lo cumple. Los cintazos se estrellan contra su culo de manera inmisericorde, obligándola a morderse los labios para no emitir ningún sonido.
Le arden los glúteos y, ni siquiera sabe cuanto durará el castigo-
-Además de otras cosas has llegado un minuto antes de la hora. Esa no era la orden.
Los cintazos y las palmadas se suceden sin interrupción. Debe tener el culo rojo como un tomate. De vez en cuando, alguna advertencia para el futuro.
Al fín, el castigo cesa. El la abraza con mimo y ella llora en su regazo.
Jano
"P" tiene los pechos pequeños, nacarados como el resto de la piel y terminados en dos puntas rosadas. El cuerpo es pequeño, bien formado por hermosas líneas curvas y las nalgas prietas, casi respingonas. Su sexualidad, inagotable. En ocasiones, irritante por lo protestona. Muchas veces me había contenido para no propinarle unos buenos azotes. Hasta que un día, no hace mucho, me soliviantó de tal manera que no pude por menos de amenazarla con dárselos si no abdicaba de su actitud mirándola fíjamente y con aire adusto. Un relámpago, un brillo desacostumbrado en sus ojos me sorprendió. Siguió con la misma actitud que me pareció intencionadamente provocativa.
Sin más, sujetándola de un brazo, la tumbé sobre mis rodillas y, a pesar de sus gemidos y protestas, descargué mi mano sobre sus nalgas no menos de veinte veces.
Mientras la golpeaba pensé que íbamos a tener una buena trifulca y, tal vez, la separación.
Para mi sorpresa, en lugar de enfadarse o insultarme, con los ojos llorosos se abrazó a mi. Sorprendido, la acaricié suavemente tratando de consolarla y, al mismo tiempo, tratando de justificar la azotaina como consecuencia de su actitud.
Acariciando sus piernas bajo la falda, mi mano llegó a un punto donde la encontré húmeda. De éste hecho y de su reacción, deduje que los azotes le habían excitado y que todo el tiempo me había estado provocando, cosa que más tarde admitió, para llegar a este punto. Despues..
Tomé buena nota y aprovechaba cualquier ocasión para azotarla cumplidamente.
A través del tiempo he ido,-hemos ido-.utilizando diversa variantes. En ocasiones, le obligo a llevar un cuaderno en el que ha de anotar las faltas que, a mi juicio, son punibles según un riguroso baremo.
Según mis órdenes escribe relatos y sus propias fantasías para mutuo disfrute. También yo le escribo relatos y ambos nos hacen obtener "recompensa" de ellos. Transcribo uno que puede servir de orientación.
Son la 11h. en casa de "A" suena el teléfono. La voz de "J" llega a sus oidos.
-Hola: a las dos y cinco en punto deberás estar en ....Comeremos juntos. Vístete con falda amplia y sin nada debajo excepto medias hasta medio muslo; camisa cerrada hasta el cuello, traslúcida que no transparente; sin sujetador; abrigo y zapatos de aguja. Ya sé que a ti no te gusta, pero a mí sí. La mesa está reservada y, si no he llegado que será lo más probable, me esperas. Haz notar al camarero la hora a la que llegas para que yo sepa si has obedecido,
Tienes hora y media para dejar todo en orden; las camas perfectamente hechas, sin una sola arruga. Y así, todo. Si hay algún fallo...ya sabes lo que te espera. Eso es todo (Clic)
Por la columna de "A" corre un escalofrío. El no bromea. Ella sabe a qué atenerse. Debe darse prisa aunque, también sabe que "algo" fallará y él lo detectará. Conoce sus preferencias a la hora del castigo; sobre todo, el maldito y horrible cepillo del pelo que le mantiene el culo rojo durante horas y duele incluso con el roce de la ropa y al sentarse
Piensa; ¿y si al salir, un golpe de viento le abre el abrigo y le levanta la falda?. Su cara se arrebola con solo la idea . El lo sabe y por eso lo hace, para ver si se niega y tener un motivo más para castigarla.
Está excitada. La eterna dicotomía.
Las dos y cuatro minutos. Pide la mesa. Hace notar la hora de llegada al camarero. Por si acaso.
Tras una tensa espera de quince minutos el aparece tranquilo. Se inclina y la besa largamente en los labios.
¿ Hace mucho que esperas? Le mataría, por cínico, pero le informa.
La comida transcurre en agradable conversación. De tiempo en tiempo:
-¿Habrás cumplido las instrucciones, ¿No?
-Los pezones se te marcan en la blusa.
-¿No estarás mojando la falda?
-Cuidado, no vayas a derramar el vino.
-.............
Lo dice como sin darle importancia ,paro sabiendo lo nerviosa que "A" se pone con estas frases.
-¿Hacia mucho viento por la calle?
-¿Muchas apreturas en el autobús?
-............
La comida se está convirtiendo en una auténtica tortura para ella. Es cierto que está húmeda y teme que al levantarse deba darse prisa en ponerse el abrigo.
En casa, inspección. El polvo, bien. La cama presenta unas casi imperceptibles arrugas. Con un gesto brusco, él la deshace totalmente.
-Hazla de nuevo. Esta vez, perfectamente. Cuando termines y yo lo apruebe, te pondrás de cara a la pared durante quince minutos, con el culo al aire sin quitarte ni los zapatos ni las medias. Cuando pase ese tiempo, te tumbarás sobre la cama y esperarás el castigo.
Así lo cumple. Los cintazos se estrellan contra su culo de manera inmisericorde, obligándola a morderse los labios para no emitir ningún sonido.
Le arden los glúteos y, ni siquiera sabe cuanto durará el castigo-
-Además de otras cosas has llegado un minuto antes de la hora. Esa no era la orden.
Los cintazos y las palmadas se suceden sin interrupción. Debe tener el culo rojo como un tomate. De vez en cuando, alguna advertencia para el futuro.
Al fín, el castigo cesa. El la abraza con mimo y ella llora en su regazo.
Jano





