"El Nuevo Chofer de Jean"
Por Tomoyo:
Desde siempre, había tenido todo lo que ella había deseado y soñado. Sus padres no escatimaban en esfuerzos, por complacerla en todos sus caprichos, aunque sabían que esa no era la forma de educar a una niña como ella, pero se sentían sumamente culpables por no poder pasar el tiempo suficiente junto a ella, debido a sus respectivos trabajos y acciones sociales.
Así Jean había crecido, bajo el cuidado de los sirvientes de la casa. Ellos se habían convertido mas en su familia, que sus propios padres. Pero, esto había afectado enormemente el carácter de la joven.
Quien a los dieciocho años, se había convertido en una chica demasiado rebelde y llevada de su idea.
Los sirvientes en ese caso, no podían hacer nada, ya que solo eran empleados, y no tenían autoridad suficiente en ella. Pero, eran los que más sufrían con la actitud de la joven, ya que eran los que más tiempo pasaban junto a ella.
Un día, Jean es despertada por su nana, quien entra en la habitación de la joven y abre todas las cortinas y las ventanas para que ella despertara más rápido.
Jean de mal humor, por la resaca de la fiesta de aquella noche, se tapa la cabeza con la almohada y le dice
Deja cerrada esas cortinas Marta, me duele la cabeza y quiero seguir durmiendo. – Pero la nana se acerca a la cama y con reproche le dice. No debió tomar tanto mi niña, así que ahora no se queje, debe levantarse para ir a la universidad, no olvide que hoy tiene examen. – Jean, se quita la almohada de la cara y con disgusto le dice. No comiences a regañarme Marta, mejor tráeme el desayuno y después que nadie me moleste, porque quiero seguir durmiendo, no pienso ir a la U. Ya inventaré algo para el profesor más tarde. Pero...Ya Marta, se te paga para obedecer, no para discutir mis decisiones, ahora déjame sola, y tráeme lo que te pedí. – Jean vuelve a taparse la vista y sigue durmiendo. Marta sale muy enojada de la habitación.
Cuando llega a la cocina, no tarda en ponerse a rezongar y quejarse por la forma tan humillante, como la había tratado esa chiquilla mal criada, le comenta a una de las chicas del servicio.
Te juro, Rosa... si pudiera darle su merecido a esa jovencita, no lo dudaría dos veces, ya me tiene cansada esa forma en que me trata cada vez que se despierta con resaca después de una fiesta. Bueno Marta, tu tienes la culpa por no comentarle nada al patrón cuando el esta en casa... tu siempre estas protegiéndola, así que ahora no te puedes quejar Un día de estos me va a pillar con mal genio y voy a olvidar que es la hija de mis patrones. Toma nota de ello Rosa.
Así más tarde ese día, Jean se lo había pasado de un pésimo humor, ya que se había enterado por una de sus compañeras de carrera, que el profesor le había puesto un dos, en el examen y que no tendría derecho a repetir. Esto la lleva a descargar toda su frustración con los empleados de la casa, en especial con Marta, quien se lo había pasado regañándola.
Después de la cena, aparece el mayordomo, quien le dice.
Señorita, ha llegado el nuevo chofer que contrataron sus padres. – Ella queda algo sorprendida ya que no tenía idea que sus padres habían contratado a alguien nuevo, y con el humor tan malo como lo tenía, esto la hizo estallar. Por lo que, cuando aparece el joven junto a Marta, ella les dice. Esto es el colmo, Marta, ¿Tu sabias de esto? Sí niña, y se lo dije ayer en la mañana... ¿No lo recuerda?¿Crees que si lo recodara, estaría preguntándotelo? Maldita sea, si te dedicaras a hacer tu trabajo, en vez de estar preocupada por cosas que no te conciernen, yo estaría más informada... ahora dime ¿Quién eres? – Le pregunta al muchacho que estaba junto a la nana.
El joven era un muchacho bastante atractivo, de un físico envidiable que más parecía guardaespaldas que un simple chofer, tenía en cabello corto de color oscuro y unos ojos claros muy expresivos. Él se había molestado mucho al escuchar la manera en que Jean había tratado a la pobre Marta, quien no trataba de ocultar su pesar.
Jean, se impacienta mucho más al tener que esperar respuesta de aquel muchacho, por lo que le dice.
¿Eres sordo, mudo o solo un tarado? Te pregunte quien eres... ¿Cuándo te contrataron mis padres?. – Él molesto le responde. Si dejaras de insultar a todo el mundo, quizá podría responder de buena manera, mocosa arrogante... mi nombre es Thomas y tu padre me contrato antes de partir de viaje. – Ella queda algo impresionada por la manera en que aquel sujeto la había tratado. Era la primera vez que alguien le decía cosas tan insultantes y eso no lo iba a tolerar. Se levanta de su asiento y muy enojada se para delante de él para decirle .Mira, idiota si quieres hacerte el gracioso conmigo, te aseguro que no lo conseguirás, así que ahórrate tus comentarios sobre mi persona... y si quieres conservar el puesto, es mejor que sepas que yo hago y digo lo que se me antoja ¿He sido clara?. – Él sonriendo con malicia, le dice.¿Nunca te han lavado la boca con jabón, mocosa? Maldito bastardo, si sigues así te juro que no pasaras de esta noche en casa... ahora déjame pasar, porque si me quedo, te aseguro que te pongo en la calle. No puedes hacer eso, mocosa... fui contratado por tu padre, y solo él tiene la autoridad para sacarme de esta casa. – Responde él con ironía a lo que ella le dice. No te sientas tan seguro, idiota... mi padre hace todo lo que yo quiera, así que cuida tus palabras, porque te juro que te echare en menos de lo que piensas. – Jean mira a Marta y le dice Voy a salir, y no me esperes porque no sé si regrese.¿Dónde irá mi niña? Eso no es de tu incumbencia, mejor metete en tus asuntos y déjame en paz. – Jean sale de la sala dejando atrás a Marta y Thomas.
Cuando ella ya se había retirado, Marta le dice al muchacho.
No debiste tratarla así Thom, esa chica es muy caprichosa, de seguro que antes de salir a donde sea que vaya, llamara a su padre para que te despida. No te preocupes tía, el patrón me dijo que cualquier esto iba a suceder, me advirtió que su hija no era una joven fácil de tratar, y que por nada del mundo me iba a despedir. – Responde él riendo, Marta queda muy impresionada y le dice.¿Estas seguro, muchacho? Completamente. – Responde y la rodea con un brazo por los hombros, para después irse con su tía, a la habitación que ocuparía de ahora en adelante.
Esa noche, Jean rechaza que Thomas la llevara al lugar en donde se juntaría con sus amigas. Sin embargo él no quería dar su brazo a torcer por lo que molesto le dice.
Mira mocosa, a mí tu padre me contrato para ser tu chofer, así que te guste o no te llevare a donde vayas. Te dije que dejaras de llamarme de esa manera, maldito bastardo... además yo no necesito chofer, porque tengo mi propio auto y no permito que nadie lo use... ahora déjame tranquila y metete en tus asuntos. – Thomas se le acerca con la expresión más temible que Jean había visto en una persona, y no puede hacer nada, cuando él ya la sostenía por los brazos y le dice con una sonrisa malévola. Sabes mocosa... yo creo que te hace falta que alguien te lave esa boca con jabón, para que dejes de insultar a todo el mundo.¡Sácame las manos de encima, animal!. – Pero él no se sentía aludido por aquellos insultos, por lo que sin darle tiempo a soltarse, la toma y la coloca encima de su hombro derecho, como si fuera un saco de ropa sucia.
Jean se encontraba muy sorprendida, pero nada podía hacer para salirse de esa posición, por más que trataba de patear a Thomas, este no la bajaba, solo camina hacia el interior de la casa, llevando consigo a Jean.
Marta y algunas chicas del servicio salen de la cocina a la sala, para ver porque se producía tanto escándalo, pero al ver pasar a Thomas con la joven en sus brazos, Marta queda horrorizada y le pregunta.
¿Qué se supone que estas haciendo, muchacho?. – Él sonriendo le responde. Sólo mi trabajo tía, por favor no te preocupes y regresen a sus labores... yo llevare a esta mocosa mal criada arriba, para enseñarle una pequeña lección de buenos modales. Por favor, Thom, deja a la joven en el suelo, antes que te metas en líos. No. Tía, después te explicaré todo, así que no te preocupes más y vete tranquila. – Así Thomas sigue su camino, por la escalera al segundo piso, con rumbo a la habitación de Jean.
En el camino, ella le decía furiosa mientras le golpeaba la espalda con los puños.
Déjame en el suelo, maldito bastardo ... haré que pagues muy caro todo esto... mi padre te sacara a patadas de esta casa y no descansaré hasta que te vea tras las rejas.¿Es una amenaza, mocosa mal criada?¡Déjate de llamarme de esa manera, infeliz!. – Él pierde un poco la paciencia y le da un manotazo en el trasero, para decirle en tono severo. Mira mocosa, si quieres que me despidan, tendrás que decirle a tu padre, todo lo que pienso hacerte esta noche, pero creo que no tendrás ganas de hacerlo... por otro lado te aseguro que hoy aprenderás una excelente lección de buenos modales... te juro que te enseñaré como deben portarse las niñas buenas. – Y entran en la habitación de Jean.
Thomas, se detiene a cerrar la puerta con seguro, luego camina hacia la cama y literalmente tira a Jean encima de esta de espaldas, ella queda bastante desconcertada con esa reacción, y lo mira con incredulidad, mientras que él, se coloca delante de ella y se comienza a quitar el cinturón del pantalón. Ella aterrada le pregunta.
¿Qué piensas hacer?¿Qué crees tu, mocosa? Te dije que te daría una lección que no podrás olvidar...No puedes hacer eso, ¡tu no eres nadie, para golpearme!, Así que olvídalo bastardo porque no te dejaré. – Ella se da vuelta en la cama, quedando boca abajo y trata de escapar, pero él la toma de una pierna y sujetándola con fuerza le da dos azotes en el trasero, para que se quedara tranquila.
Jean grita, con esos dos azotes y se queda paralizada, nunca en su vida había recibido un golpe... sus padres nunca habían osado golpearla de esa forma, ni de cualquier otra. Ella comprende que no podría librarse de las garras de aquel sujeto, ya que era mucho más fuerte que ella y se le veía muy decidido a cumplir con su promesa, por lo menos le quedaba el consuelo de que ese día estaba usando un jeans de la tela más gruesa que existía, por lo que esperaba que aquella lección que el sujeto pretendía darle, no le doliera demasiado.
Como Jean había dejado de moverse, Thomas se sienta en la cama a su lado y tomándola de un brazo, la recuesta boca abajo en sus piernas, para luego, sujetarla fuertemente de la cintura y decirle.
Ahora veras lo que le sucede a las mocosas mal criadas y mal habladas como tu... primero te daré una paliza por ser una mocosa arrogante. – Y comienza a darle fuertes palmadas en las nalgas, Jean se sentía muy humillada, pero la verdad era que no sentía gran dolor, ya que el jeans amortiguaba muy bien los golpes que él le daba. Aun así, ella comienza a patalear y a poner resistencia, para que él la dejara tranquila. Pero no recibía mas que un golpe aun más fuerte.
De pronto, Thomas deja de castigarla y se saca de un bolsillo una pequeña navaja, la cual abre y la utiliza para cortarle el cinturón del jeans a Jean, acto seguido, le mete una mano por el lado de la pelvis y le desabrocha el botón y el cierre. Jean intenta detenerlo, pero la fuerza de aquel sujeto era impresionante, sus manos parecían garras de acero, mas que nada la que la estaba sujetando de la cintura. Ella descubre que él pretendía quitarle el pantalón, por lo que le ruega.
Por favor no lo hagas, juro que lamento todo lo que dije, pero no sigas humillándome de esta manera... no soy una niña pequeña a la cual puedas tratar de esta forma. – Sin embargo, él ya había logrado quitarle el pantalón y mientras le bajaba el pequeño colaless, que la chica estaba usando, le responde. No serás una niña pequeña, pero te comportas como una mocosa mal criada y eso no puedo tolerarlo, te aseguro que después de esta paliza, no lo volverás a hacer... te doy por hecho, que cuando termine de colorearte el traste, te arrepentirás por cada una de tus travesuras y cada mala palabra que has pronunciado. – Acto seguido, Thomas comienza a descargar su pesada mano, en las nalgas indefensas de Jean, provocándole el peor dolor que jamás haya sentido en su vida.
Ella pataleaba, gritaba, lloraba. Pero nada le servia contra el enfado de aquel sujeto, que se dedicaba a darle nalgada tras nalgada, con una fuerza impresionante. Jean sentía un dolor, que comenzaba como un golpe de corriente, y se extendía por todo su ser... pero también sentía algo más, algo muy extraño, que no se podía explicar con certeza. Esa nueva sensación era muy contradictoria, si lo pensaba bien, ya que aquel individuo la estaba humillando, le estaba dando el peor de los tratos que se le puede dar a una muchacha de la edad y la arrogancia de Jean. Sin embargo, ella se sentía excitada.
Mientras Thomas continuaba castigándola, implacablemente y ya le tenía más que coloradas las nalgas, seguía regañándola con
Espero que este te ayude a ser una mocosa más responsable y respetuosa de ahora en adelante. Por favor, déjame, no sigas haciéndome esto, me duele mucho... – Responde ella sollozando, sin poder hacer nada más, pero él era implacable.
Los golpes que le daba, eran muy bien repartidos en todo el trasero de la pobre chica, quien sentía como Thomas, le daba a una nalga, luego a la otra y por ultimo le descargaba fuertes palmadas en el centro del trasero, sacándole aun más llanto.
Jean lloraba, tanto por el dolor, como también por la humillación de verse tan indefensa, de sentirse como una verdadera niña pequeña en las piernas de ese sujeto, que no se ablandaba por nada, ni siquiera sus suplicas servían en ese momento.
Después de un buen castigo con la mano, Thomas deja a la chica recostada en la cama, ella aprovecha para llorar y sobarse las nalgas con ambas manos, mientras él se levanta y toma la correa, luego sin previo aviso, la coloca boca abajo y sujetándole las manos a la espalda, comienza a darle feroces azotes en su ya adolorido trasero.
Esto era demasiado para Jean, quien nada podía hacer, solo llorar y comportarse como una niña pequeña, mientras él seguía con el curso de su lección.
Varios azotes más tarde, Thomas se vuelve a colocar la correa en el pantalón y sentándose junto a Jean, la toma entre sus brazos, para decirle, con voz paternal.
Espero sinceramente que no me obligues a volver a castigarte, Jean... – Ella llorando a mares, lo abraza y le dice, con voz de niña consentida. Eres el peor de los hombres que he conocido en mi vida, no debiste darme esta paliza... mi papi se va a enterar y te sacará a patadas de la casa. – Thomas le acaricia la cabeza con dulzura y le dice. No pequeña, él no se enterará... no creo que tú, con toda la arrogancia que tienes, le confieses a alguien, incluyendo a tus padres, que un simple chofer té bajo el calzón y te dio la peor paliza que jamás te hayan dado en tu vida... de todas formas si lo haces, te aseguro que le contaré todo lo mala niña que has sido, le diré como tratas a las empleadas, que llegas todas las noches ebria, y que sacas muy malas calificaciones en la U... ¿Qué diría él, si se entera de que su princesa es una niña muy mimada?. – Ella lo mira, con los ojos llenos de lagrimas y responde. No lo sé... ellos nunca se han interesado en mí, así que no creo que les importe mucho lo que yo hago o dejo de hacer. No pequeña, ellos si se interesan en ti, solo que tienen demasiado trabajo... si ellos no te quisieran no te mimarían tanto... pero de ahora en adelante, yo me voy a encargar de corregirte y ellos de mimarte... tú solo debes ser una buena niña y yo no te volveré a castigar... ¿Tenemos un trato? – Ella lo mira con incredulidad, pero se sentía tan cómoda entre sus brazos, que sin pensarlo le responde. Esta bien, prometo no volver a portarme mal, y si lo olvido tienes mi permiso para recordármelo. – Él sonríe muy satisfecho y acariciándole el cabello le da un beso en los labios, para así demostrarle cuanto la quería.
Poco después, Jean comprende que aquel sujeto, que ella tanto había odiado por tratarla de una manera tan despectiva, al llegar a su casa. Solo la haría conocer la felicidad.
Con la llegada de Thomas a su vida, ella comienza a cambiar, y si bien es cierto, no se salva de más de alguna nueva paliza, también reconoce que ella se las buscaba, para poder sentirse indefensa y amada.
Fin.
Desde siempre, había tenido todo lo que ella había deseado y soñado. Sus padres no escatimaban en esfuerzos, por complacerla en todos sus caprichos, aunque sabían que esa no era la forma de educar a una niña como ella, pero se sentían sumamente culpables por no poder pasar el tiempo suficiente junto a ella, debido a sus respectivos trabajos y acciones sociales.
Así Jean había crecido, bajo el cuidado de los sirvientes de la casa. Ellos se habían convertido mas en su familia, que sus propios padres. Pero, esto había afectado enormemente el carácter de la joven.
Quien a los dieciocho años, se había convertido en una chica demasiado rebelde y llevada de su idea.
Los sirvientes en ese caso, no podían hacer nada, ya que solo eran empleados, y no tenían autoridad suficiente en ella. Pero, eran los que más sufrían con la actitud de la joven, ya que eran los que más tiempo pasaban junto a ella.
Un día, Jean es despertada por su nana, quien entra en la habitación de la joven y abre todas las cortinas y las ventanas para que ella despertara más rápido.
Jean de mal humor, por la resaca de la fiesta de aquella noche, se tapa la cabeza con la almohada y le dice
Deja cerrada esas cortinas Marta, me duele la cabeza y quiero seguir durmiendo. – Pero la nana se acerca a la cama y con reproche le dice. No debió tomar tanto mi niña, así que ahora no se queje, debe levantarse para ir a la universidad, no olvide que hoy tiene examen. – Jean, se quita la almohada de la cara y con disgusto le dice. No comiences a regañarme Marta, mejor tráeme el desayuno y después que nadie me moleste, porque quiero seguir durmiendo, no pienso ir a la U. Ya inventaré algo para el profesor más tarde. Pero...Ya Marta, se te paga para obedecer, no para discutir mis decisiones, ahora déjame sola, y tráeme lo que te pedí. – Jean vuelve a taparse la vista y sigue durmiendo. Marta sale muy enojada de la habitación.
Cuando llega a la cocina, no tarda en ponerse a rezongar y quejarse por la forma tan humillante, como la había tratado esa chiquilla mal criada, le comenta a una de las chicas del servicio.
Te juro, Rosa... si pudiera darle su merecido a esa jovencita, no lo dudaría dos veces, ya me tiene cansada esa forma en que me trata cada vez que se despierta con resaca después de una fiesta. Bueno Marta, tu tienes la culpa por no comentarle nada al patrón cuando el esta en casa... tu siempre estas protegiéndola, así que ahora no te puedes quejar Un día de estos me va a pillar con mal genio y voy a olvidar que es la hija de mis patrones. Toma nota de ello Rosa.
Así más tarde ese día, Jean se lo había pasado de un pésimo humor, ya que se había enterado por una de sus compañeras de carrera, que el profesor le había puesto un dos, en el examen y que no tendría derecho a repetir. Esto la lleva a descargar toda su frustración con los empleados de la casa, en especial con Marta, quien se lo había pasado regañándola.
Después de la cena, aparece el mayordomo, quien le dice.
Señorita, ha llegado el nuevo chofer que contrataron sus padres. – Ella queda algo sorprendida ya que no tenía idea que sus padres habían contratado a alguien nuevo, y con el humor tan malo como lo tenía, esto la hizo estallar. Por lo que, cuando aparece el joven junto a Marta, ella les dice. Esto es el colmo, Marta, ¿Tu sabias de esto? Sí niña, y se lo dije ayer en la mañana... ¿No lo recuerda?¿Crees que si lo recodara, estaría preguntándotelo? Maldita sea, si te dedicaras a hacer tu trabajo, en vez de estar preocupada por cosas que no te conciernen, yo estaría más informada... ahora dime ¿Quién eres? – Le pregunta al muchacho que estaba junto a la nana.
El joven era un muchacho bastante atractivo, de un físico envidiable que más parecía guardaespaldas que un simple chofer, tenía en cabello corto de color oscuro y unos ojos claros muy expresivos. Él se había molestado mucho al escuchar la manera en que Jean había tratado a la pobre Marta, quien no trataba de ocultar su pesar.
Jean, se impacienta mucho más al tener que esperar respuesta de aquel muchacho, por lo que le dice.
¿Eres sordo, mudo o solo un tarado? Te pregunte quien eres... ¿Cuándo te contrataron mis padres?. – Él molesto le responde. Si dejaras de insultar a todo el mundo, quizá podría responder de buena manera, mocosa arrogante... mi nombre es Thomas y tu padre me contrato antes de partir de viaje. – Ella queda algo impresionada por la manera en que aquel sujeto la había tratado. Era la primera vez que alguien le decía cosas tan insultantes y eso no lo iba a tolerar. Se levanta de su asiento y muy enojada se para delante de él para decirle .Mira, idiota si quieres hacerte el gracioso conmigo, te aseguro que no lo conseguirás, así que ahórrate tus comentarios sobre mi persona... y si quieres conservar el puesto, es mejor que sepas que yo hago y digo lo que se me antoja ¿He sido clara?. – Él sonriendo con malicia, le dice.¿Nunca te han lavado la boca con jabón, mocosa? Maldito bastardo, si sigues así te juro que no pasaras de esta noche en casa... ahora déjame pasar, porque si me quedo, te aseguro que te pongo en la calle. No puedes hacer eso, mocosa... fui contratado por tu padre, y solo él tiene la autoridad para sacarme de esta casa. – Responde él con ironía a lo que ella le dice. No te sientas tan seguro, idiota... mi padre hace todo lo que yo quiera, así que cuida tus palabras, porque te juro que te echare en menos de lo que piensas. – Jean mira a Marta y le dice Voy a salir, y no me esperes porque no sé si regrese.¿Dónde irá mi niña? Eso no es de tu incumbencia, mejor metete en tus asuntos y déjame en paz. – Jean sale de la sala dejando atrás a Marta y Thomas.
Cuando ella ya se había retirado, Marta le dice al muchacho.
No debiste tratarla así Thom, esa chica es muy caprichosa, de seguro que antes de salir a donde sea que vaya, llamara a su padre para que te despida. No te preocupes tía, el patrón me dijo que cualquier esto iba a suceder, me advirtió que su hija no era una joven fácil de tratar, y que por nada del mundo me iba a despedir. – Responde él riendo, Marta queda muy impresionada y le dice.¿Estas seguro, muchacho? Completamente. – Responde y la rodea con un brazo por los hombros, para después irse con su tía, a la habitación que ocuparía de ahora en adelante.
Esa noche, Jean rechaza que Thomas la llevara al lugar en donde se juntaría con sus amigas. Sin embargo él no quería dar su brazo a torcer por lo que molesto le dice.
Mira mocosa, a mí tu padre me contrato para ser tu chofer, así que te guste o no te llevare a donde vayas. Te dije que dejaras de llamarme de esa manera, maldito bastardo... además yo no necesito chofer, porque tengo mi propio auto y no permito que nadie lo use... ahora déjame tranquila y metete en tus asuntos. – Thomas se le acerca con la expresión más temible que Jean había visto en una persona, y no puede hacer nada, cuando él ya la sostenía por los brazos y le dice con una sonrisa malévola. Sabes mocosa... yo creo que te hace falta que alguien te lave esa boca con jabón, para que dejes de insultar a todo el mundo.¡Sácame las manos de encima, animal!. – Pero él no se sentía aludido por aquellos insultos, por lo que sin darle tiempo a soltarse, la toma y la coloca encima de su hombro derecho, como si fuera un saco de ropa sucia.
Jean se encontraba muy sorprendida, pero nada podía hacer para salirse de esa posición, por más que trataba de patear a Thomas, este no la bajaba, solo camina hacia el interior de la casa, llevando consigo a Jean.
Marta y algunas chicas del servicio salen de la cocina a la sala, para ver porque se producía tanto escándalo, pero al ver pasar a Thomas con la joven en sus brazos, Marta queda horrorizada y le pregunta.
¿Qué se supone que estas haciendo, muchacho?. – Él sonriendo le responde. Sólo mi trabajo tía, por favor no te preocupes y regresen a sus labores... yo llevare a esta mocosa mal criada arriba, para enseñarle una pequeña lección de buenos modales. Por favor, Thom, deja a la joven en el suelo, antes que te metas en líos. No. Tía, después te explicaré todo, así que no te preocupes más y vete tranquila. – Así Thomas sigue su camino, por la escalera al segundo piso, con rumbo a la habitación de Jean.
En el camino, ella le decía furiosa mientras le golpeaba la espalda con los puños.
Déjame en el suelo, maldito bastardo ... haré que pagues muy caro todo esto... mi padre te sacara a patadas de esta casa y no descansaré hasta que te vea tras las rejas.¿Es una amenaza, mocosa mal criada?¡Déjate de llamarme de esa manera, infeliz!. – Él pierde un poco la paciencia y le da un manotazo en el trasero, para decirle en tono severo. Mira mocosa, si quieres que me despidan, tendrás que decirle a tu padre, todo lo que pienso hacerte esta noche, pero creo que no tendrás ganas de hacerlo... por otro lado te aseguro que hoy aprenderás una excelente lección de buenos modales... te juro que te enseñaré como deben portarse las niñas buenas. – Y entran en la habitación de Jean.
Thomas, se detiene a cerrar la puerta con seguro, luego camina hacia la cama y literalmente tira a Jean encima de esta de espaldas, ella queda bastante desconcertada con esa reacción, y lo mira con incredulidad, mientras que él, se coloca delante de ella y se comienza a quitar el cinturón del pantalón. Ella aterrada le pregunta.
¿Qué piensas hacer?¿Qué crees tu, mocosa? Te dije que te daría una lección que no podrás olvidar...No puedes hacer eso, ¡tu no eres nadie, para golpearme!, Así que olvídalo bastardo porque no te dejaré. – Ella se da vuelta en la cama, quedando boca abajo y trata de escapar, pero él la toma de una pierna y sujetándola con fuerza le da dos azotes en el trasero, para que se quedara tranquila.
Jean grita, con esos dos azotes y se queda paralizada, nunca en su vida había recibido un golpe... sus padres nunca habían osado golpearla de esa forma, ni de cualquier otra. Ella comprende que no podría librarse de las garras de aquel sujeto, ya que era mucho más fuerte que ella y se le veía muy decidido a cumplir con su promesa, por lo menos le quedaba el consuelo de que ese día estaba usando un jeans de la tela más gruesa que existía, por lo que esperaba que aquella lección que el sujeto pretendía darle, no le doliera demasiado.
Como Jean había dejado de moverse, Thomas se sienta en la cama a su lado y tomándola de un brazo, la recuesta boca abajo en sus piernas, para luego, sujetarla fuertemente de la cintura y decirle.
Ahora veras lo que le sucede a las mocosas mal criadas y mal habladas como tu... primero te daré una paliza por ser una mocosa arrogante. – Y comienza a darle fuertes palmadas en las nalgas, Jean se sentía muy humillada, pero la verdad era que no sentía gran dolor, ya que el jeans amortiguaba muy bien los golpes que él le daba. Aun así, ella comienza a patalear y a poner resistencia, para que él la dejara tranquila. Pero no recibía mas que un golpe aun más fuerte.
De pronto, Thomas deja de castigarla y se saca de un bolsillo una pequeña navaja, la cual abre y la utiliza para cortarle el cinturón del jeans a Jean, acto seguido, le mete una mano por el lado de la pelvis y le desabrocha el botón y el cierre. Jean intenta detenerlo, pero la fuerza de aquel sujeto era impresionante, sus manos parecían garras de acero, mas que nada la que la estaba sujetando de la cintura. Ella descubre que él pretendía quitarle el pantalón, por lo que le ruega.
Por favor no lo hagas, juro que lamento todo lo que dije, pero no sigas humillándome de esta manera... no soy una niña pequeña a la cual puedas tratar de esta forma. – Sin embargo, él ya había logrado quitarle el pantalón y mientras le bajaba el pequeño colaless, que la chica estaba usando, le responde. No serás una niña pequeña, pero te comportas como una mocosa mal criada y eso no puedo tolerarlo, te aseguro que después de esta paliza, no lo volverás a hacer... te doy por hecho, que cuando termine de colorearte el traste, te arrepentirás por cada una de tus travesuras y cada mala palabra que has pronunciado. – Acto seguido, Thomas comienza a descargar su pesada mano, en las nalgas indefensas de Jean, provocándole el peor dolor que jamás haya sentido en su vida.
Ella pataleaba, gritaba, lloraba. Pero nada le servia contra el enfado de aquel sujeto, que se dedicaba a darle nalgada tras nalgada, con una fuerza impresionante. Jean sentía un dolor, que comenzaba como un golpe de corriente, y se extendía por todo su ser... pero también sentía algo más, algo muy extraño, que no se podía explicar con certeza. Esa nueva sensación era muy contradictoria, si lo pensaba bien, ya que aquel individuo la estaba humillando, le estaba dando el peor de los tratos que se le puede dar a una muchacha de la edad y la arrogancia de Jean. Sin embargo, ella se sentía excitada.
Mientras Thomas continuaba castigándola, implacablemente y ya le tenía más que coloradas las nalgas, seguía regañándola con
Espero que este te ayude a ser una mocosa más responsable y respetuosa de ahora en adelante. Por favor, déjame, no sigas haciéndome esto, me duele mucho... – Responde ella sollozando, sin poder hacer nada más, pero él era implacable.
Los golpes que le daba, eran muy bien repartidos en todo el trasero de la pobre chica, quien sentía como Thomas, le daba a una nalga, luego a la otra y por ultimo le descargaba fuertes palmadas en el centro del trasero, sacándole aun más llanto.
Jean lloraba, tanto por el dolor, como también por la humillación de verse tan indefensa, de sentirse como una verdadera niña pequeña en las piernas de ese sujeto, que no se ablandaba por nada, ni siquiera sus suplicas servían en ese momento.
Después de un buen castigo con la mano, Thomas deja a la chica recostada en la cama, ella aprovecha para llorar y sobarse las nalgas con ambas manos, mientras él se levanta y toma la correa, luego sin previo aviso, la coloca boca abajo y sujetándole las manos a la espalda, comienza a darle feroces azotes en su ya adolorido trasero.
Esto era demasiado para Jean, quien nada podía hacer, solo llorar y comportarse como una niña pequeña, mientras él seguía con el curso de su lección.
Varios azotes más tarde, Thomas se vuelve a colocar la correa en el pantalón y sentándose junto a Jean, la toma entre sus brazos, para decirle, con voz paternal.
Espero sinceramente que no me obligues a volver a castigarte, Jean... – Ella llorando a mares, lo abraza y le dice, con voz de niña consentida. Eres el peor de los hombres que he conocido en mi vida, no debiste darme esta paliza... mi papi se va a enterar y te sacará a patadas de la casa. – Thomas le acaricia la cabeza con dulzura y le dice. No pequeña, él no se enterará... no creo que tú, con toda la arrogancia que tienes, le confieses a alguien, incluyendo a tus padres, que un simple chofer té bajo el calzón y te dio la peor paliza que jamás te hayan dado en tu vida... de todas formas si lo haces, te aseguro que le contaré todo lo mala niña que has sido, le diré como tratas a las empleadas, que llegas todas las noches ebria, y que sacas muy malas calificaciones en la U... ¿Qué diría él, si se entera de que su princesa es una niña muy mimada?. – Ella lo mira, con los ojos llenos de lagrimas y responde. No lo sé... ellos nunca se han interesado en mí, así que no creo que les importe mucho lo que yo hago o dejo de hacer. No pequeña, ellos si se interesan en ti, solo que tienen demasiado trabajo... si ellos no te quisieran no te mimarían tanto... pero de ahora en adelante, yo me voy a encargar de corregirte y ellos de mimarte... tú solo debes ser una buena niña y yo no te volveré a castigar... ¿Tenemos un trato? – Ella lo mira con incredulidad, pero se sentía tan cómoda entre sus brazos, que sin pensarlo le responde. Esta bien, prometo no volver a portarme mal, y si lo olvido tienes mi permiso para recordármelo. – Él sonríe muy satisfecho y acariciándole el cabello le da un beso en los labios, para así demostrarle cuanto la quería.
Poco después, Jean comprende que aquel sujeto, que ella tanto había odiado por tratarla de una manera tan despectiva, al llegar a su casa. Solo la haría conocer la felicidad.
Con la llegada de Thomas a su vida, ella comienza a cambiar, y si bien es cierto, no se salva de más de alguna nueva paliza, también reconoce que ella se las buscaba, para poder sentirse indefensa y amada.
Fin.
Comentario:
Muy buena historia me gustaria asi que varias niñas que conoco aprendieran de esa forma ya que son muy mimadas y no entienden a palabras





