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Movida por la rutina, entro en mi propio blog en busca de actualizaciones. Escrutando los pies de texto recuerdo lo que cada día me repito: no pierdas el tiempo, sabes que no encontrarás nada, sabes que nadie te dedicará unas palabras.
Sin embargo no pierdo la esperanza de que esta vez sea distinto, de que ocurra lo improbable, que muestre más interés en mí que yo misma.
La estadística lo llamaría improbable; la razón, imposible.
Sin embargo no pierdo la esperanza de que esta vez sea distinto, de que ocurra lo improbable, que muestre más interés en mí que yo misma.
La estadística lo llamaría improbable; la razón, imposible.





