MUNDOS REDONDOS
Cuando nos hayamos ido,
quebrados ante la determinación de lo inevitable
y giremos por esa esquina
por la que no será la primera vez que giremos,
pero que aun y así nos parezca la primera,
la única,
la peor,
la más dolorosa,
entonces nos daremos cuenta de que
aquellos pensamientos insoportables
que se hacían soportables por el mero hecho de saberlos lejanos
y ser un simple ejercicio de masoquismo conjunto entre ruegos y risas,
tenían que materializarse,
Debían materializarse.
Cuando nos hayamos ido,
entonces nos daremos cuenta de que,
al igual que uno siempre acaba marchándose
de la casa de un amigo a la que es invitado,
al igual que los libros que comenzamos a leer con predisposición curiosa
y vamos devorando
a medida que acarician las misteriosas teclas de nuestro interior
y en cierta forma sufrimos cuando leemos “FIN”,
Tú y Yo giraremos por esa esquina
y será entonces cuando tengamos la certeza de que las calles
siempre tienen esquinas,
y que de poco sirve querer imaginar mundos redondos.
UN MIERCOLES DE ENERO
Dedicado al Conde Abismo...
Entre mendigos abandonados en el suelo,
machacados, ásperos, fríos;
olvidados por los miles de autómatas que
los esquivan sin tan siquiera percibir su presencia.
Como colillas a punto de extinguirse, como colillas en movimiento.
Entre comentarios pornográficos sobre vidas ajenas,
sexo contado sin haber sido solicitado,
putas y putos que son capaces de enseñarnos hasta el water de su piso
comprado con el dinero ganado en cualquier concurso de mierda,
todo a cambio de una buena dosis de egolatrismo de la más barata calaña.
¿Debe ser excitante que te reconozca el panadero de un barrio que no es el tuyo?
Como si las heces tuvieran conciencia, pero no pudor.
Entre enrevesados caminos, rutas trazadas con la paciencia
del que es capaz de trazar planes porque no tiene problema
en actuar e ir contra su persona, en abrirse bien de piernas
por cuatro billetujos de esos que podrían deshacerse
y desaparecer para siempre bajo la lluvia.
Habitualmente se trata de dinero.
Como si te ofrecieran una buena suma si consigues salir indemne después de
conducir durante un buen rato por la autopista, a toda hostia,
Y en dirección contraria, claro.
Entre todo esto… uno se levanta un miércoles cualquiera
y se lleva una gran sorpresa y se da cuenta de que aún hay personas
que saben bien cómo esquivar la mierda. Porque les es ajena.
Entre mendigos abandonados en el suelo,
machacados, ásperos, fríos;
olvidados por los miles de autómatas que
los esquivan sin tan siquiera percibir su presencia.
Como colillas a punto de extinguirse, como colillas en movimiento.
Entre comentarios pornográficos sobre vidas ajenas,
sexo contado sin haber sido solicitado,
putas y putos que son capaces de enseñarnos hasta el water de su piso
comprado con el dinero ganado en cualquier concurso de mierda,
todo a cambio de una buena dosis de egolatrismo de la más barata calaña.
¿Debe ser excitante que te reconozca el panadero de un barrio que no es el tuyo?
Como si las heces tuvieran conciencia, pero no pudor.
Entre enrevesados caminos, rutas trazadas con la paciencia
del que es capaz de trazar planes porque no tiene problema
en actuar e ir contra su persona, en abrirse bien de piernas
por cuatro billetujos de esos que podrían deshacerse
y desaparecer para siempre bajo la lluvia.
Habitualmente se trata de dinero.
Como si te ofrecieran una buena suma si consigues salir indemne después de
conducir durante un buen rato por la autopista, a toda hostia,
Y en dirección contraria, claro.
Entre todo esto… uno se levanta un miércoles cualquiera
y se lleva una gran sorpresa y se da cuenta de que aún hay personas
que saben bien cómo esquivar la mierda. Porque les es ajena.