CANCION DE CUNA PARA FRANCES ELENA FARMER (O LA MUJER NARCOTIZADA)
El mundo está lleno de perdedores,
y cuando digo “perdedores” no me refiero a nada que tenga que ver con la ausencia de éxito en lo laboral,
cuando me refiero a “perdedores”
me refiero a aquellos seres frustrados,
incapaces de vivir sus propias vidas con deseo,
seres capaces de hundir una vida tan bonita como la tuya, mi querida Frances Elena Farmer.
Entiéndelo, las cuentas no les salen con mujeres como tú.
¿Cómo soportar que una mujer les ponga en su sitio por el simple hecho de ser inteligente, bella y talentosa al mismo tiempo?
Demasiado para ellos, créeme. Se les pone dura, pero se sienten amenazados. Y tanto tú como yo sabemos que el miedo puede con los muertos vivientes.
No imaginas cuánto me gustaría saber qué pasaba por tu mente mientras conducías, absolutamente alcoholizada, por las interminables carreteras americanas;
faros apagados, ojos encendidos.
La policía siempre anda detrás y en América creen hacer bien su trabajo.
Basura distribuida en contenedores adecuados.
Y tú les correspondiste con lo que ellos merecían: escribiendo “mamona” como ocupación en el impreso de ingreso carcelario.
Qué bien sienta limpiarse el culo con la autoridad, ¿verdad?
Y es que interpretar a Shakespeare se te quedaba corto, mi querida Frances Elena Farmer;
algo tenías que hacer con tanto mundo interior…
Cuando tú morías yo no había sido diseñada, ni remotamente pensada,
pero aunque no hayamos coincidido en espacio, ni en tiempo
-otro error de esta absurda vida -
sé que me hubiera tomado alguna que otra copa contigo,
los hubiéramos puesto a parir
para escapar corriendo desnudas de cintura para arriba,
de nuevo por las interminables carreteras americanas.
Y hubiera acariciado tu pelo fino,
ése que adornaba una mente incapaz de ser presa dentro de una camisa de fuerza
y te habría leído mis poemas sentadas en algún rincón de la clínica donde te abandonaste,
rodeadas de gente incapaz de comprender cómo funciona el mundo.
Gente como tú, gente como yo… mi querida Frances Elena Farmer.
VIAJE A MARTES O A VENUS
Entra en mi habitación y siéntate,
dispuesta a contarme en qué pensabas ayer antes de acostarte.
Date media vuelta,
y calla, sobre todo, calla.
Me gusta verte iluminada
por la blanca luz que nos llevará a Marte,
o a dónde queramos
porque… por algo estamos aquí.
Me gusta saber que tardaste
más de lo que pensabas que podrías tardar
en vestirte así para mí,
exclusivamente para mí;
frenética ante el paso del tiempo,
sabiendo que te esperaba
y tú… sin saber cuál era la elección adecuada.
Ahora estás aquí, a mi lado,
durmiendo a las cinco de la tarde
mientras beso tu nuca delicada
y repaso cada parte de tu ausente cuerpo;
mientras me pregunto cuántos amantes
habrán habitado tu entrepierna.
Es hora de irse.
Mi vida cotidiana espera
y tu chute de adrenalina diario también.
Pero, antes de irnos, dame un abrazo de los que ahogan.
Seguiría amándote, seguiría cuidándote,
seguiría pegándote,
pero es demasiado tarde.
A ti te espera tu noria
y a mí mi familia.
Nos veremos el martes que viene.





