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Maldita Srta. Ming...
Sólo amamos aquello que no poseemos por completo.
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Todos los textos están registrados. Fotografía: Srta. Ming por Srta. Ming
Sindicación
 
DESEADA MONOTONIA NAVIDEÑA

El tiempo simula ser elástico e interminable.

Bellas mujeres que nunca nadie vio cara a cara
publicitan fragancias,
prometiendo triunfo a cambio de unas cuantas monedas.
Niños al borde de la esquizofrenia
superponen sus pedidos
ante la continua oferta de viajes hacia la felicidad.
Mujeres, cubiertos de negro sus cráneos bien pensantes -se supone-,
remueven los frutos de cáscara chamuscada
que paseantes ociosos tragan entre compra y compra.

Y luces, sobre todo luces.

La calle se exhibe artificialmente bella y triste,
cual estrella de cine a punto de ser devorada
por extrañas mezclas narcóticas,
sin lograr soportarse a sí misma…

En el reducido círculo familiar
(la madre, la hermana y la niña pequeña)
se mueven apresuradas porque
aunque paradójicamente parece que,
el tiempo vacacional ofrece relajo,
hay demasiados temas por finiquitar.
La madre le dice a la niña pequeña que vigile el horno,
la misión de la niña es hundir un largo palillo metálico
en el puding de escórpora.
Cuando éste salga sin restos,
entonces deberá apagar el horno.
La mayor es la encargada de ir a por las bebidas,
no importa que vaya cargada;
por algo es la mayor.
La madre corre al mercado
-abierto hasta última hora de la tarde-
a buscar algo que se pone en la ensalada,
pero sólo de vez en cuando.

En cuanto se cierra la puerta,
la niña camina hasta la cocina.
Odia esa cocina y odia las cosas que ha visto
en esa cocina.
Antes de abrir el horno se fija
en la pequeña cucaracha,
mínima,
atrapada entre el horno y el plástico que
soporta los mandos de la cocina.
Saca la bandeja e introduce el palillo.
Aún sale mojado.

Se va al baño, se observa en el espejo.
Camina desmandada hasta el cuarto de su madre
y saca del armario
el pequeño cesto blanco con alguna ropa interior:
ligueros, medias, bragas y más ligueros.
Se tumba sobre la cama cubriéndose con todo aquello.
Y sueña con ser una actriz famosa, vestida de fiesta.
Una actriz igual de bonita que su madre,
pero no con sus deseos
sino con los de ella misma
y con sus estudiados movimientos.

La cama de su madre huele bien, huele a su madre.

Deja la estancia, colocando antes cada objeto en su lugar,
dirigiéndose, de nuevo, hacia la cocina.

Suena el teléfono y vuelve a la habitación.
Un tío paterno que nunca llama,
preguntando insistentemente por la madre.
“Si mi madre no está tienes que decirme lo que ocurre.”
El pobre hombre se niega hasta que ya no puede negarse más:
“Tu Padre ha Muerto.”
“Ah, vale, perfecto.”
Cuelga el teléfono
y se tumba de nuevo sobre la cama
pero esta vez no se imagina como una actriz
esta vez sólo se fija en lo blanca que es la habitación.

 
UN FIN DE SEMANA ENCANTADOR

El teléfono sonó mucho más tarde de lo acostumbrado.
La mujer, descalza sobre la moqueta,
embadurnaba de crema su cara frente al espejo.
El baño, a pesar de estar dentro del cuarto,
le quedaba demasiado lejos,
así que tuvo que delegar en su marido,
aunque era ella la que solía contestar habitualmete a Todas las llamadas.
Era Alfredo, quieren invitarnos a pasar el próximo fin de semana en su casa de la playa.
Qué alegría -observó ella colgando su bata en el gancho de la puerta-, tampoco podía llamar más tarde, ¿no?
El hombre se encogió de hombros,
apagó la lamparita de su mesilla y se sumergió bajo la manta.

Llenaron el maletero del coche con dos bolsas de viaje.
Llevaban demasiado tiempo queriendo cambiarlo porque…
no tenían hijos, pero sí maletas y
sobre todo a ella
le gustaba viajar con bastante equipaje.
Emprendieron camino mientras la mujer se quejaba,
en voz baja,
acerca de tener que seguir a los anfitriones
hasta el lugar de destino.
Prefería ir a su aire -decía sentada con un ramo flores (listo para ser ofrecido) sobre su regazo-.
Para algo sirven los mapas.
Maldito fin de semana…

Al llegar a la casa se saludaron efusivamente,
colocando torpemente las maletas
en el primer lugar que les vino bien
tratando de no parecer apresurados.
No se trata de quién eres sino de quién pareces ser.
Palabras de admiración
recorriendo cada una de las estancias.
Hasta el acabado de los suelos es importante
cuando nada te espera en el cielo.

Algo más relajados
pasaron el fin de semana entre
periódicos deportivos,
barbacoas,
botellas de cerveza a punto de estallar del frío,
sol,
olor a crema protección 36
y pensamientos.

Lo hemos pasado genial.
Y nosotros también.
A ver si volvemos pronto.
Sin duda, esto hay que repetirlo cuanto antes.
(Qué hombres tan hombres.)

De vuelta a casa el camino se dividía en dos coches.
En el que salió primero la mujer decía:
¿Pero qué se creerá esa furcia?, ¿que por tener lo que tiene es mejor que yo?
El hombre callaba y conducía,
ella pasaba la vista de un objeto a otro a través de la ventanilla.

En el otro coche, la mujer decía:
Lo he pasado genial este fin de semana,
tenemos que quedar con ellos más a menudo.
Son encantadores. Y ella es una buena mujer.

Es la una de la madrugada, voy a dormir casi seis horas.
Lo he pasado bien. La verdad es que son estupendos.
Mientras él pensaba, la mujer embadurnaba de crema su cara.
Las pisadas sobre la moqueta se aproximaron.

- Buenas noches- dijo él.
- Adiós, cariño- respondió ella.

 
FILOSOFIA ALCOHOLIZADA

Unos amigos me presentaron
a un chico en una fiesta,
un chico muy agradable,
eso sí... algo pusilánime.

Su filosofía de vida era:
El viento te llevará adónde tengas que llegar.
Yo le dije que sí, claro.
Pero…
tras unas cuantas copas, le solté:

"No esperes a que el viento sea el que te lleve a ninguna parte, porque hay días sin viento y es posible que te quedes anclado en una esquina y cuando quieras darte cuenta ya no haya forma de salir de ella."

El se acercó a la ventana y tomó aire.

Mientras… yo me puse otra copa.

 
ABUSO IMPROCEDENTE

En el coche.
Ella era una adolescente
de lo más sugerente;
su pelo largo,
su boca deseosa y deseada.

El llegó y metió
la mano entre las piernas de ella.
Miré dos veces, o tres.
Y lo vi.
Mi padre sobre la pierna de mi
querida hermana.

¿Esto se supone que es la vida?

 
RAYMOND CARVER

Es curioso.
Hace años que leo a mi escritor favorito
pero hoy, después de tantos años,
he buscado su foto en internet.
Y ha aparecido.

Yo le imaginaba muy delgado,
con cara de neurótico -a lo Martin Amis-,
ciertas arrugas provocadas por el uso (abuso para los abstemios) del alcohol.
Y me aparece él,
con cara de lechoncito complicado
a punto de ser introducido
en el horno.
A veces solo,
a veces acompañado de la que fuera
su Mujer.
Nada de talento aparente.
Apariencias.

Talento tuvo, de sobra.
¿Apariencias?