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Maldita Srta. Ming...
Sólo amamos aquello que no poseemos por completo.
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Todos los textos están registrados. Fotografía: Srta. Ming por Srta. Ming
Sindicación
 
MUJERES
Recuerdo haber sentido, desde mi más temprana infancia, una especial admiración hacia las mujeres. El primer recuerdo al respecto se remonta a una tarde en la que mi madre yacía, apoyada su cabeza en el borde de la bañera; deslumbrantemente desnuda, cubierta de agua y de espuma que, al balancearse, semejaban acariciarla sólo como a un amante demasiado atrevido le estaría permitido hacerlo. Mis ojos, que no sobrepasaban en altura a la cerradura de la puerta, parecían tener como única finalidad el placer en la cuidada observación de ese universo femenino. A partir de aquella imagen novedosa para mí, comenzaron también unos torpes juegos particulares que tardaron excesivo tiempo en llevarme a algún lugar concreto. Era más bien una mezcla de goce, nerviosismo, excitación y sentimiento de culpa. Llegaba a disfrutar, a pesar de ser presa continua de la sensación de que un ser superior pudiera estar observándome y de que el castigo posterior llegaría a ser inevitable. Aprovechaba entonces esos momentos en los que mi madre se lavaba cuidadosamente, ajena a mi curiosa mirada. Aunque había, sin lugar a dudas, un lugar destacado entre mis preferencias para aquellos, a mi expectante modo de ver siempre demasiado breves, instantes en los que mi madre iba cubriendo su cuerpo antes de marcharse a trabajar. Yo me entregaba al elegante espectáculo tumbado en la cama mientras charlaba animadamente con ella, intentando disimular mi interés ante ese ritual constante. Le hablaba de cosas banales e incluso perdía a menudo el hilo de la conversación; pero mi fama de niño distraído me salvaba siempre de ser descubierto. Ella siempre comenzaba a vestirse llevando el pelo recogido en un moño sujeto por un par de palillos de madera, largos y oscuros. Su cuerpo, entre la cama y la ventana por la que penetraban los últimos minutos de luz solar, la hacían aparecer indefinida, cual silueta casi espectral, pero femenina. Siempre tan femenina. Primero se deshacía de la toalla, arrojándola normalmente a la esquina de su cuarto e inmediatamente se acercaba al primer cajón de su cómoda, de donde sacaba la ropa interior; de un sistemático color negro. Se colocaba el sostén, repitiendo invariablemente el mismo gesto una vez abrochado: sus manos debajo de cada pecho, sopesándolos y colocándolos a su vez para, acto seguido, agarrar los tirantes, volviendo a soltarlos al segundo. Después les tocaba el turno al liguero y a las bragas; breves, transparentes y sensuales. Pero mi momento favorito, qué duda cabe, era cuando se sentaba en la silla, ofreciéndome su perfil. Alzaba una pierna, posando su maravilloso pie en algún lugar imaginario y deslizaba así cada uno de sus panties hasta el muslo. Podría haberme quedado horas observándola mientras ella repetiría una y mil veces la misma operación. Pero pronto me sacaba de mi ensoñación, levantándose agitadamente para coger cualquiera de sus vestidos, al que remataba con unos altísimos y casi inquisitivos zapatos de tacón.

De ese modo, fui un mero espectador durante años y años, hasta que mi madre dejó de vestirse de esa manera y yo decidí -obviamente, no por tal motivo- empezar una nueva vida por mi cuenta.

En cuanto alcancé cierta seguridad en mi trato con las mujeres, aprovechaba de nuevo cualquier momento de intimidad femenina en mis amantes para volver a poner en marcha mis mecanismos de satisfacción visual. Ninguna de ellas respondió satisfactoriamente a mis deseos de ser objeto de revisión en esos pasajes tan, aparentemente, banales y cotidianos. Algunas de ellas me tomaban por enfermo, otras actuaban como si no hubieran oído nada. Mantuve dos relaciones con mujeres que sí parecían estar dispuestas y, sobre todo en el caso de una de ellas, disfrutar con ello. Pero mi alegría duró poco: la primera tuvo que mudarse a otra ciudad y con la otra rompí al conocer sus sistemáticas infidelidades.

De pronto, un nuevo mundo se abrió ante mí cuando, accidentalmente, acudí una noche, junto a unos compañeros de trabajo, a un cabaret situado en la calle Mercurio. Después de pasar una noche bastante amena - el espectáculo aun siendo algo vulgar tenía su parte divertida- y tras haber ingerido más de dos, tres y cuatro copas, acabé en una de las habitaciones del último piso del local, junto a una joven de procedencia eslava. Su cuerpo era de apariencia lechosa, cientos de lunares se repartían por él y sus hombros eran anchos, demasiado anchos. Su pelo cobrizo tapaba unos pechos casi inexistentes y era sigilosa en sus movimientos. Prácticamente no hablaba y fue esa actitud la que me animó a ordenarle que no se me acercase, a confesarle que mi único deseo se limitaba a observarla mientras ella se quitaba la ropa para volver a ponérsela después. Una y otra vez, y vuelta a empezar.
A esa mujer de pocas palabras le siguieron muchas más. De todo tipo: gordas, rubias, de detandura perfecta, altas, de nariz afilada, de rasgos inquietantes, de ojos claros, orientales, mujeres de espalda estrecha, con pecho altivo, piernas esbeltas, risueñas, miopes, fumadoras, de cabello corto, arrogantes, delicadas, de ojos claros, sumisas, viejas…
Todo tipo de mujeres. Mujeres femeninas, mujeres que sabían vestirse tan perfectamente bien como desvertirse después.

 
Comentario:
que fue de ti srta Ming...

En la vida no sabe uno con lo que se va a encontrar ¿verdad?

Escribeme, te ayudaré.
 
Comentario:
Creo recordar que no había nada que me produjera mayor excitación en mi infancia que ser testigo de cualquier intimidad de la que no debería haber sido testigo. Me escondía detrás de los albornoces del baño, esperando que alguna de mis hermanas entrara para hacer cualquier cosa, en realidad me era igual el qué... lo importante es que yo no tuviera que estar allí. Y el amyor de los excitantes delitos era leer cualquier diario...
A esto siguió el descubrimiento de las texturas y olores de la ropa íntima femenina que conseguía robar de mis vecinas con un hilo, un alambre retorcido y mucha paciencia...
Creo que aun hoy día conservo alguna de esas manías. Las reprimo muchas de las veces, pero siempre deseo abrir el cajón cerrado con llave... saber qué guardan en el congelador y usmear los aramarios del baño.

Eso sí... siempre más allá del consentimiento.

Besos ladrones...
 
Comentario:
Hola, muy interesante el blog. Pero lo que más me llama la atención, aunque te cueste creerlo, es la frase de presentación; "Todo el mundo viene con un plan....."

Y por lo que estoy leyendo, de planes entiendes mucho.

Que tengas toda la suerte del mundo, y que no te censuren éste weblog.

Saludos.

Antonio.
 
Comentario:
Nada que ver con lo que yo escribo.
Transmites y transportas a algo nostalgico de dentro....
saludos
 
Comentario:

HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA estoy viajando por este lugar para conocer sitios diferntes, personas diferentes, amigos diferentes.

un saludoooooooooooo :)
 
Comentario:
Oh Ming cuanto siento lo del fotolog, a veces pasa, a mi me borraron varias publicaciones en esflog >_<
 
Comentario:
http://www.fotolog.net/asima
ya te agregue en los links...seguimos en contacto !!!
 
Comentario:
Si. Todo lo que escribo es mío. Acabo de incluir en el blog la portada de mi primera novela, y un libro de poesía.

La pintura es un óleo, el único que he pintado, que utilicé, como verás, para la potada de mi novela, y que suelo utilizar porque su estética es la mía, y su mensaje también.

Un saludo
 
Comentario:
te seguiremos dnd quiera que vayas...
es broma (parezco un paparazzi))
un bso b0mb0n
 
Comentario:
Los vértigos del elemento femenino -a veces deseo que el paso de los años consiga domarlos... y otras veces no, de ninguna manera.
 
Comentario:
: )
u back!
 
Comentario:
Que bueno que volviste, Ming!
Se te echaba tanto de menos...
La verdad es q el formato de este blog está muy bien, ideal para intercalar textos e imágenes. Seguro q nos sorprendes!

Besitos, diosa!
 
Comentario:
Ya te he añadido a los links del fotolog.

Iré dando algún paseo por aquí...

Muchos besos.
 
Comentario:
Un verdadero placer volver a leerte. Seguro que con esté blog se abren espectativas fascinantes. Lo visitaré cada día, como ya hacía con tu fotolog. Lo mío es devoción absoluta. Un beso, guapísima!
No