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Maldita Srta. Ming...
Sólo amamos aquello que no poseemos por completo.
Acerca de
Todos los textos están registrados. Fotografía: Srta. Ming por Srta. Ming
Sindicación
 
UN HOMBRE, UNA TARDE, UN HELADO

Jodida niñez,
teniendo que pedir permiso hasta para ir al baño.
Eso lo sabías incluso entonces,
cuando eras tan inocente como
para creer que todos eran buenos.
Si hubieras sabido lo que ahora sabes
les habrías mandado al infierno,
lo que está más que claro es que no hubieras
acudido a aquella cita obligada.

La primera imagen que
de él quedó en tu cabeza fue la de
un hombre medio harapiento,
hippie y tranquilo.
Nada que ver con el retrato que
durante toda la vida tu madre insistió en hacer de él:
Barba de alambre,
Dinero, infidelidades
y drogas alucinógenas.
Por no hablar de otras cosas…
A contraluz,
apoyado en el ventanal del salón
hablando con tu madre,
ella tan tensa como de costumbre.
Les viste hablar de perfil
justo al llegar a casa
al regresar de la escuela
hacia la que siempre tuviste sentimientos contradictorios.

Frenaste tu paso,
la pesada cartera en el suelo
aplastándote los pies
y la boca tan abierta como seca.
Mira cariño, te presento a tu padre.
Y en ese mismo momento te diste cuenta de que
nunca te habías planteado que existiera verdaderamente.
Y entonces le tuviste delante
y no era una broma,
ni una estampa familiar lejana;
estaba de pie, frente a ti,
sonriendo con cara de:
“Aquí no ha pasado NADA”.

Rebuscó en su maleta y te ofreció un regalo
que anticipó tu coquetería en diez años.
Las niñas no llevan bolsos de mujer,
¿o es que acaso no sabe ni qué edad tengo?
Tu madre, siempre tan viva,
sugirió que os reunierais para hablar de vuestras cosas.

A solas.

¿Pero qué son “nuestras cosas” si ni nos conocemos?
Pero callaste,
dejando tu casa
como quien deja la Ropa
en la silla de la consulta del doctor.

 
Comentario:
El café sube.
Un perro ladra y salta cuando llego.
Aún puedo recordar
que tengo un padre y una madre,
y que me quieren,
y esperan impacientes cada viernes
la hora del regreso.
 
Comentario:
Ciertamente, cierto.
La vida de un niño es perfecta, hasta que llegan los "mayores" para joderla.
Por cierto, ¿quienes son los mayores?
No