LA SOLEDAD INVOLUNTARIA
Un nuevo y poco sofisticado menú. Nada debe quedar en el plato, asomar la cabeza y ver su reflejo en él. Una infusión reparadora ayudará a poner cada cosa en su sitio. Cuchillos, vasos y tenedores que ocupan su lugar en el mundo. Un mundo recogido en esta cocina. Restos de comida preparados para ser llevados al más allá, a la nada. Ambas se mueven en silencio, víctimas elegidas de una inercia demasiadas veces repetida, demasiadas veces conocida. La inercia de lo cotidiano. Objetos pulcramente preparados para un futuro asalto.
Es la hora del descanso, del tránsito entre la acción y el sueño. Al fin se acomodan en el sofá y es entonces cuando la mujer enciende el televisor y sintoniza su serial favorito, aquél que habla de amores, de poder y de sueños. Aquél que habla de cualquier cosa importante a un ritmo tan exagerado que suena casi irreal. Frenetismo de sobremesa. La niña se quita los zapatos y se estira colocando los pies sobre la falda de su abuela. Le pregunta sobre esos personajes, sobre el por qué de tantas cosas que… a la mujer no le apetece contestar. La niña sigue hablando, su mirada en el techo, ríe y se pone de rodillas. Es, a partir de ese momento, cuando sus movimientos empiezan a ralentizarse. Existen para ella pocas situaciones más desesperantes que la de sentir miedo. Miedo a cosas triviales y, hasta cierto punto absurdas. Miedo a cosas reales, aunque indefensas; lejanas, pero al mismo tiempo cotidianas. Sabía que podría desprenderse con relativa facilidad del más querido de sus tesoros, y, en cambio, del todo imposible iba a resultarle regalar, con el mayor de los deseos, su miedo. Miedo irracional, miedo universal. Miedo propio. La niña se acerca a la abuela ya dormida y la mira de cerca. El aire que ambas desechan se entremezcla y desaparece. Acerca su mano y la mueve ante la cara de la que sueña, pero sin llegar a ella. No hay respuesta. Se asusta y vuelve la cabeza hacia atrás: los amores, el poder y los sueños siguen su curso irreal. Se impacienta. Acerca de nuevo la mano a la cara de la abuela, ahora la tiene tan cerca que puede levantar uno de sus párpados. Se repite de forma mecánica y casi
acompasada, hasta que la mujer despierta. Ésta se enfada y la increpa, le pide tranquilidad. La niña nerviosa vuelve a su sitio. No pasa demasiado rato cuando se encuentra volviendo a la otra a la realidad, una vez más. Sigue teniendo miedo. Miedo a lo irreal, miedo al sueño ajeno, miedo a quedarse sola. Una repetición repetida hasta la extenuación. La mujer se da por vencida y se levanta enfadada. La niña sonríe, su mundo ha vuelto a ponerse en marcha. Quizá sólo hasta mañana.
Es la hora del descanso, del tránsito entre la acción y el sueño. Al fin se acomodan en el sofá y es entonces cuando la mujer enciende el televisor y sintoniza su serial favorito, aquél que habla de amores, de poder y de sueños. Aquél que habla de cualquier cosa importante a un ritmo tan exagerado que suena casi irreal. Frenetismo de sobremesa. La niña se quita los zapatos y se estira colocando los pies sobre la falda de su abuela. Le pregunta sobre esos personajes, sobre el por qué de tantas cosas que… a la mujer no le apetece contestar. La niña sigue hablando, su mirada en el techo, ríe y se pone de rodillas. Es, a partir de ese momento, cuando sus movimientos empiezan a ralentizarse. Existen para ella pocas situaciones más desesperantes que la de sentir miedo. Miedo a cosas triviales y, hasta cierto punto absurdas. Miedo a cosas reales, aunque indefensas; lejanas, pero al mismo tiempo cotidianas. Sabía que podría desprenderse con relativa facilidad del más querido de sus tesoros, y, en cambio, del todo imposible iba a resultarle regalar, con el mayor de los deseos, su miedo. Miedo irracional, miedo universal. Miedo propio. La niña se acerca a la abuela ya dormida y la mira de cerca. El aire que ambas desechan se entremezcla y desaparece. Acerca su mano y la mueve ante la cara de la que sueña, pero sin llegar a ella. No hay respuesta. Se asusta y vuelve la cabeza hacia atrás: los amores, el poder y los sueños siguen su curso irreal. Se impacienta. Acerca de nuevo la mano a la cara de la abuela, ahora la tiene tan cerca que puede levantar uno de sus párpados. Se repite de forma mecánica y casi
acompasada, hasta que la mujer despierta. Ésta se enfada y la increpa, le pide tranquilidad. La niña nerviosa vuelve a su sitio. No pasa demasiado rato cuando se encuentra volviendo a la otra a la realidad, una vez más. Sigue teniendo miedo. Miedo a lo irreal, miedo al sueño ajeno, miedo a quedarse sola. Una repetición repetida hasta la extenuación. La mujer se da por vencida y se levanta enfadada. La niña sonríe, su mundo ha vuelto a ponerse en marcha. Quizá sólo hasta mañana.
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El miedo va a eliminar a la raza humana.
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Te pareces a la cantante de Feist, por lo menos en esa foto.
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no habia leido lo de b-52 "MESOPOTAMIA" el mejor tema de la banda es increible una vez en un show que hicimos en la mitad, nos pusimos a hacer ese playback la gente no entendia nada pero eso es lo mejor
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genial esta foto para cuando tu libro en TASCHEN? nos mantenemos en contacto !!!
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A mi que no me gusta nada el tabaco... como me gusta veros fumar... no a todas, claro, Pero algunas teneis estilo para eso, y para mas
Besitos srta!!!
Besitos srta!!!
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me alegro que hayas retomado tu sitio en la red, jeje esta genial..
me gustan los b52´s, la que mas me gusta es la de love shack, esto e sun link a un fotlog solo de fotos de ellos
http://www.fotolog.net/theb52s/?photo_id=9793874
un beso srta ming, cuidate
me gustan los b52´s, la que mas me gusta es la de love shack, esto e sun link a un fotlog solo de fotos de ellos
http://www.fotolog.net/theb52s/?photo_id=9793874
un beso srta ming, cuidate
Comentario:
Miedo y soledad...¿qué coño nos pasa a los seres humanos?. Algo nos debe pasar. No estamos muy bien hechos.
Ah, y también está la insatisfacción... ¿qué coño nos pasa?.
¿cenaremos mañana extraordinaria srtaming?
Ah, y también está la insatisfacción... ¿qué coño nos pasa?.
¿cenaremos mañana extraordinaria srtaming?