LA MADRE FELINA
A menudo recuerdo la imagen de mi madre paseando por la calle junto a la gata Lola. La gata Lola con la correa al cuello, y la correa de la gata Lola atada a la mano de mi madre. Entonces yo era tan pequeña como para no saber lavarme la cabeza por mí misma y era tan mayor como para saber que cuando se te cae un diente son los padres los que, aprovechando tu sueño, meten su mano bajo la almohada y te dejan aquello que tanto valor parece adquirir cuando te haces definitivamente mayor -si es eso posible-.
Aunque la gata Lola y mi madre tenían demasiadas cosas en común, había una gran diferencia entre ellas dos: a mi madre le gustaba acompañar sus vestidos con unos vertiginosos zapatos de tacón y a la otra le gustaba mojarse las patas al caminar sobre cualquier charco. Podría decirse que existía una tremenda contradicción entre la apariencia y la realidad de ambas. Una tan aparentemente terrenal queriendo tocar el cielo y la otra tan, a simple vista, inaccesible deseando siempre estar tan unida a la tierra. A menudo la gente de la calle le hacía comentarios a mi madre respecto a estos paseos gatunos. Recuerdo sus risas y sus explicaciones, casi justificaciones, acerca de que el único motivo para no pasear a un gato radica únicamente en que casi nadie lo hace. Era para ella casi una necesidad.
Me gustaba verlas moverse. Era entonces, en esos momentos en los que lo que veía dejaba de formar parte de un universo ajeno y a mí me parecía estar viviendo una experiencia -de algún modo- trascendente, cuando dejaban de interesarme los columpios; los toboganes, los otros niños y hasta yo misma. Sólo había espacio para la madre. Sólo había espacio para la gata. Dos en una, dos tan distintas.
En ocasiones observo a mi gato y recuerdo todo aquello. Lo observo en la intimidad de nuestra casa, nunca fuera de ella, porque mi gato y yo no somos, ni podremos ser jamás, dos en uno.
Somos demasiado distintos.
Aunque la gata Lola y mi madre tenían demasiadas cosas en común, había una gran diferencia entre ellas dos: a mi madre le gustaba acompañar sus vestidos con unos vertiginosos zapatos de tacón y a la otra le gustaba mojarse las patas al caminar sobre cualquier charco. Podría decirse que existía una tremenda contradicción entre la apariencia y la realidad de ambas. Una tan aparentemente terrenal queriendo tocar el cielo y la otra tan, a simple vista, inaccesible deseando siempre estar tan unida a la tierra. A menudo la gente de la calle le hacía comentarios a mi madre respecto a estos paseos gatunos. Recuerdo sus risas y sus explicaciones, casi justificaciones, acerca de que el único motivo para no pasear a un gato radica únicamente en que casi nadie lo hace. Era para ella casi una necesidad.
Me gustaba verlas moverse. Era entonces, en esos momentos en los que lo que veía dejaba de formar parte de un universo ajeno y a mí me parecía estar viviendo una experiencia -de algún modo- trascendente, cuando dejaban de interesarme los columpios; los toboganes, los otros niños y hasta yo misma. Sólo había espacio para la madre. Sólo había espacio para la gata. Dos en una, dos tan distintas.
En ocasiones observo a mi gato y recuerdo todo aquello. Lo observo en la intimidad de nuestra casa, nunca fuera de ella, porque mi gato y yo no somos, ni podremos ser jamás, dos en uno.
Somos demasiado distintos.
Comentario:
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lo del flog es una verguenza...
si no te fueses tanto de la bola, no te pasaria... hehe..
m.
si no te fueses tanto de la bola, no te pasaria... hehe..
m.
Comentario:
Me fascina el mundo de los gatos. Me encanta esa relación de igual a igual que mantienen con sus dueños, y que los hace realmente especiales -y sinceros.
Muy bueno el fragmento en el que se relaciona a la madre con la gata Lola. Y también muy bueno el resto del blog.
Muy bueno el fragmento en el que se relaciona a la madre con la gata Lola. Y también muy bueno el resto del blog.
Comentario:
Como siempre es un placer pasar por donde tu y leer y ver la huellas que vas dejando tras de ti... Se te echa de menos por alla; yo por lo menos. Espero que estes genial; cuidate. Besos!
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Me gusta cómo escribes
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Si tuviera un gato trataría de parecerme a él.
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Me encanta leer este blog, está realmente bien escrito
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ay señor mío, cómo me ponen esas piernecitas tan desnuditas...





