The Dreams of Children
Echo de menos esos veranos, cuando salía con los amigos a las 5 de la tarde, cuando el sol ardía y nos refugiábamos en la sombra de algún árbol raquítico, saboreando un calippo de fresa y hablando de tonterías. Echo de menos esa época, cuando todavía era demasiado niña para hablar de temas serios y demasiado mayor para pasarme el día jugando en casa de alguien. Esa época, cuando mi máxima aspiración era ver pasar el chico guapo de bachillerato, cuando nadie pensaba en ir a la discoteca, cuando nadie tomaba café, cuando nadie fumaba.
Incluso echo de menos la época en la que empezamos a ir a la discoteca, empezamos a tomar café y empezamos a fumar, para hacernos los mayores. Cuando entrábamos a la discoteca a las 5 de la tarde y salíamos a las 11 de la noche, cuando apenas nos tomábamos un cubata, cuando nos pasábamos toda la tarde bailando y pasando de los horrendos Kevins que intentaban ligar con nosotras.
Pero a decir verdad, esa fue la época en que todo empezó a ir mal, cuando las amigas de toda la vida me dejaban de lado porque no me interesaba ligarme a todos los chicos que me encontraba en la discoteca, porque me importaba un pimiento sus aventuras pseudo amorosas, porque ya me cansaba de pasarme una tarde entera en una discoteca llena de Kevins y Jennis escuchando música-basura y me apetecía más ir a tomar un café y hablar de cosas interesantes con gente interesante.
PD. "Kevin" y "Jenni" es la forma que tengo de nombrar a gente poco deseable con cadenas de oro y ropa hortera que se pasa la vida en la discoteca escuchando bakalao y reggaeton, no es mi intención ofender a nadie con ese nombre
Incluso echo de menos la época en la que empezamos a ir a la discoteca, empezamos a tomar café y empezamos a fumar, para hacernos los mayores. Cuando entrábamos a la discoteca a las 5 de la tarde y salíamos a las 11 de la noche, cuando apenas nos tomábamos un cubata, cuando nos pasábamos toda la tarde bailando y pasando de los horrendos Kevins que intentaban ligar con nosotras.
Pero a decir verdad, esa fue la época en que todo empezó a ir mal, cuando las amigas de toda la vida me dejaban de lado porque no me interesaba ligarme a todos los chicos que me encontraba en la discoteca, porque me importaba un pimiento sus aventuras pseudo amorosas, porque ya me cansaba de pasarme una tarde entera en una discoteca llena de Kevins y Jennis escuchando música-basura y me apetecía más ir a tomar un café y hablar de cosas interesantes con gente interesante.
PD. "Kevin" y "Jenni" es la forma que tengo de nombrar a gente poco deseable con cadenas de oro y ropa hortera que se pasa la vida en la discoteca escuchando bakalao y reggaeton, no es mi intención ofender a nadie con ese nombre
Alta Fidelidad - Episodio III
Seguí con mi fiebre brit-popera hasta que… Oh. Un buen día, el brit-pop pasó de moda. Y no me extraña, sólo hay que ver los discos que sacan ahora. Mi trío maravilla nunca volvió a ser el de antes, y aunque algunos grupos como Suede aguantaron un poco más la compostura, el brit-pop estaba agonizando. Y yo. Qué sería de mi vida ahora? Me quedé anclada en el pasado, escuchando los mismos discos una y otra vez… Esta apatía musical estuvo presente durante mi primer año de secundaria, cosa que se reflejó también en mi actitud. Era indiferente ante todo, pasaba de mis compañeros, de los estudios, de mi familia… Ciertamente, no fue el año más feliz de mi vida.
Afortunadamente, durante el tremendo aburrimiento de las vacaciones de verano del año 2000, me dio por culturizarme musicalmente, escuchar todos los discos que había en mi casa (que no eran pocos, cerca de 300) y clasificarlos según si me gustaban mucho, bastante o normal (en mi casa no entra música que no me guste). Durante esta intensa sesión musical, escuché el disco Pop de U2, y me llamó la atención una canción: Staring at the sun. La letra, la melodía, todo era sublime. Y TACHÁN! Ya tenemos otra fan de U2 al bote. Pero aunque U2 fue mi grupo favorito durante 2º y 3º de ESO (y fui a su concierto del Elevation Tour en Barcelona!), no fue el único. Poco a poco me fui abriendo a nuevos horizontes musicales, y mi lista de grupos favoritos aumentó considerablemente: REM, Nirvana, The Cure, The Smiths, Radiohead, Beck, Massive Attack, Björk, Kula Shaker, Joy Division, Weezer, Primal Scream, The Strokes… Y sigue aumentando sin parar, aunque puede decirse que ya me he consolidado un poco en lo que estilo se refiere.
Y de la misma forma que mis gustos musicales se fueron definiendo poco a poco, también lo hizo mi personalidad. Independiente, un poco cerrada, bastante borde en ocasiones, soñadora y con intenciones de convertirme en diseñadora gráfica, si puede ser especializada en ilustración. Pero no está bien que me defina yo misma, la gracia es que uno se haga su propia idea cuando me conoce.
Así que mi autobiografía concluye de este modo, con una chica de 18 años morenita y bajita con las ideas claras que está a punto de ir a la universidad. Aunque la historia está abierta a segundas partes, que no siempre son malas. Mirad “El Imperio Contraataca”.
Afortunadamente, durante el tremendo aburrimiento de las vacaciones de verano del año 2000, me dio por culturizarme musicalmente, escuchar todos los discos que había en mi casa (que no eran pocos, cerca de 300) y clasificarlos según si me gustaban mucho, bastante o normal (en mi casa no entra música que no me guste). Durante esta intensa sesión musical, escuché el disco Pop de U2, y me llamó la atención una canción: Staring at the sun. La letra, la melodía, todo era sublime. Y TACHÁN! Ya tenemos otra fan de U2 al bote. Pero aunque U2 fue mi grupo favorito durante 2º y 3º de ESO (y fui a su concierto del Elevation Tour en Barcelona!), no fue el único. Poco a poco me fui abriendo a nuevos horizontes musicales, y mi lista de grupos favoritos aumentó considerablemente: REM, Nirvana, The Cure, The Smiths, Radiohead, Beck, Massive Attack, Björk, Kula Shaker, Joy Division, Weezer, Primal Scream, The Strokes… Y sigue aumentando sin parar, aunque puede decirse que ya me he consolidado un poco en lo que estilo se refiere.
Y de la misma forma que mis gustos musicales se fueron definiendo poco a poco, también lo hizo mi personalidad. Independiente, un poco cerrada, bastante borde en ocasiones, soñadora y con intenciones de convertirme en diseñadora gráfica, si puede ser especializada en ilustración. Pero no está bien que me defina yo misma, la gracia es que uno se haga su propia idea cuando me conoce.
Así que mi autobiografía concluye de este modo, con una chica de 18 años morenita y bajita con las ideas claras que está a punto de ir a la universidad. Aunque la historia está abierta a segundas partes, que no siempre son malas. Mirad “El Imperio Contraataca”.
Alta Fidelidad - Episodio II
En 4º de EGB (aproximadamente) mi hermano, la persona con el mejor gusto musical que he conocido en mi vida, me regaló el CD de las Spice Girls. Todavía no me lo explico. No entiendo como pudo dejarme a mí, su hermana, a la merced de semejantes monstruos. Yo era joven e inexperta, me tragaba todo lo que me ponían delante, y cómo no, me tragué las Spice Girls, un producto creado con la única función de anular las mentes de los niños y adolescentes y convertirlos en autómatas sin personalidad. Y yo, a mi tierna edad, era una presa fácil para esos monstruos. Lo único que se busca de pequeño son juegos y amigos, y para tener amigos hay que tener intereses comunes: las colecciones de cromos, Dragon Ball y las Spice Girls.
Por suerte, y otra vez gracias a mis hermanos, poco tiempo después empecé la búsqueda de una personalidad propia (búsqueda que algunos empiezan bastante más tarde y que otros no empiezan nunca).
Corría el año 1996, el brit-pop arrasaba. En el cole teníamos que hacer dos bailes, uno en grupo y otro en parejas (patético, lo sé). Escogimos una canción tipo “Los pitufos maquineros” para el baile en grupo, y para el baile en parejas estuvimos buscando canciones lentas por mi casa. Encontramos, de casualidad, un casette de mi hermana: Blur – The Great Escape. Lo pusimos y nos encontramos con una canción lenta, The Universal. El caso es que en el grupo éramos impares, y alguien tenía que hacer algo que no fuese bailar, como play-back. Y ese alguien era yo. Y escuchando la canción una y otra vez para que el play-back resultara un poco creíble (dejando de lado que Damon Albarn es un chico y yo una chica), empecé a encontrarle algo a esa canción que ninguna de las Spice Girls tenía. Por curiosidad escuché el disco entero, y me gusto todavía más. Pero que era eso que tenía Blur? Oh. P.E.R.S.O.N.A.L.I.D.A.D.
Así pues, tiré mi disco de las Spice Girls y empecé a interesarme por esa cosa llamada brit-pop. Pregunté a mis hermanos, miré la tele. Vi un videoclip de Oasis, Wonderwall. Sin palabras. Otro de Supergrass. Uau! Eso era genial! Parecía que al fin había encontrado algo con lo que podía identificarme, algo que realmente me gustaba A MI, que no me gustaba sólo porque les gustaba a los demás.
Pero al mismo tiempo que encontré mi personalidad, perdí mi popularidad. Corrí a mostrar a todos mis amigos mi gran descubrimiento musical y… oh, decepción. No parecían ni remotamente interesados en esos grupos. Pasé a ser un bicho un tanto raro, poco integrado en el grupo-clase.
Durante los dos últimos años de primaria, mi tutora les explicó a mis padres que yo era diferente a los demás (que cosa tan terrible, eh), y les recomendó que me llevaran al psicólogo de la escuela. Y el psicólogo diagnosticó que mi tutora tenía el coeficiente intelectual de una mota de polvo y que a mi no me pasaba nada raro, que sólo era un poco tímida y que había “madurado” un poco más rápido que los demás para intentar parecerme a mis hermanos, que probablemente debido a la diferencia de edad eran algo así como mi referente.
Puede parecer que el hecho de que buscara mi personalidad "copiándome" en parte de mis hermanos precisamente no denota mucha personalidad... Pero vaya, todos necesitamos alguien que nos enseñe la puerta. Esto solo fue el principio. El camino que recorrí después de cruzar la puerta del brit-pop ya es otra etapa, etapa en que mis hermanos ya no eran una influencia tan grande para mi y en que empecé a pensar realmente por mí misma. La edad de oro.
Continuará...
Por suerte, y otra vez gracias a mis hermanos, poco tiempo después empecé la búsqueda de una personalidad propia (búsqueda que algunos empiezan bastante más tarde y que otros no empiezan nunca).
Corría el año 1996, el brit-pop arrasaba. En el cole teníamos que hacer dos bailes, uno en grupo y otro en parejas (patético, lo sé). Escogimos una canción tipo “Los pitufos maquineros” para el baile en grupo, y para el baile en parejas estuvimos buscando canciones lentas por mi casa. Encontramos, de casualidad, un casette de mi hermana: Blur – The Great Escape. Lo pusimos y nos encontramos con una canción lenta, The Universal. El caso es que en el grupo éramos impares, y alguien tenía que hacer algo que no fuese bailar, como play-back. Y ese alguien era yo. Y escuchando la canción una y otra vez para que el play-back resultara un poco creíble (dejando de lado que Damon Albarn es un chico y yo una chica), empecé a encontrarle algo a esa canción que ninguna de las Spice Girls tenía. Por curiosidad escuché el disco entero, y me gusto todavía más. Pero que era eso que tenía Blur? Oh. P.E.R.S.O.N.A.L.I.D.A.D.
Así pues, tiré mi disco de las Spice Girls y empecé a interesarme por esa cosa llamada brit-pop. Pregunté a mis hermanos, miré la tele. Vi un videoclip de Oasis, Wonderwall. Sin palabras. Otro de Supergrass. Uau! Eso era genial! Parecía que al fin había encontrado algo con lo que podía identificarme, algo que realmente me gustaba A MI, que no me gustaba sólo porque les gustaba a los demás.
Pero al mismo tiempo que encontré mi personalidad, perdí mi popularidad. Corrí a mostrar a todos mis amigos mi gran descubrimiento musical y… oh, decepción. No parecían ni remotamente interesados en esos grupos. Pasé a ser un bicho un tanto raro, poco integrado en el grupo-clase.
Durante los dos últimos años de primaria, mi tutora les explicó a mis padres que yo era diferente a los demás (que cosa tan terrible, eh), y les recomendó que me llevaran al psicólogo de la escuela. Y el psicólogo diagnosticó que mi tutora tenía el coeficiente intelectual de una mota de polvo y que a mi no me pasaba nada raro, que sólo era un poco tímida y que había “madurado” un poco más rápido que los demás para intentar parecerme a mis hermanos, que probablemente debido a la diferencia de edad eran algo así como mi referente.
Puede parecer que el hecho de que buscara mi personalidad "copiándome" en parte de mis hermanos precisamente no denota mucha personalidad... Pero vaya, todos necesitamos alguien que nos enseñe la puerta. Esto solo fue el principio. El camino que recorrí después de cruzar la puerta del brit-pop ya es otra etapa, etapa en que mis hermanos ya no eran una influencia tan grande para mi y en que empecé a pensar realmente por mí misma. La edad de oro.
Continuará...
Alta Fidelidad - Episodio I
Una vez, cuando iba a 2º de ESO, tuvimos que hacer una redacción en plan autobiografía para catalán. Decidí que de ninguna manera le contaba yo a mi estúpida profesora mis intimidades, así que opté para hacer una autobiografía un tanto especial: expliqué las diferentes etapas de mi vida a partir de la música que me marcó en cada época, y titulé la redacción “Alta Fidelidad”, como la película que me había dado la idea (película basada en la novela de Nick Hornby, del mismo título, que no tuve ocasión de leer hasta hace relativamente poco).
La imbécil de mi profesora me puso un 5’5, porque, según ella, no me había adaptado al tema de la redacción y había contado pocas cosas de mí misma. El único suficiente que he sacado en una redacción fue porque una profesora estúpida, cotilla e incompetente no la había entendido.
En fin, todo esto venía a cuento porque he decidido hacer lo mismo que esa vez a modo de presentación, para hacer algo un poco más original que el típico “soy una chica de 18 años, morenita y bajita, super simpática bla bla bla”. Y como 18 años dan para mucho, supongo que dividiré mi autobiografía en tres partes, o las que me salgan de las narices. Más que nada para que no os asustéis al ver tanta letra, que hay gente que mucho blog mucho blog, pero de leer, solo el Código DaVinci.
Así pues, nací un lluvioso 3 de febrero de 1987 (lo de lluvioso ni idea, pero queda bien) a las 11 de la noche, demostrando desde el primer momento que soy un animal nocturno.
Ya se sabe como es una de pequeña. Jugar, jugar y jugar. Felicidad, sin preocupaciones. Música alegre.
A parte de las típicas canciones infantiles, de pequeña lo que más me gustaba eran los Beatles (supongo que el hecho de que mi hermano, 12 años mayor que yo, le encantase la música tiene algo que ver). Así pues, con los Beatles aprendí mis primeras palabras en inglés: “yellow” y “submarine”. Y como todo el mundo tenía un Beatle favorito y yo no iba a ser menos, mi favorito siempre fue (y es) George Harrisson, aunque Ringo Starr me resultaba muy gracioso.
Cuando empecé EGB me interesé más por el rock catalán, esta vez por influencia de mi hermana, que estaba en la edad del pavo y se lo pasaba la mar de bien siendo rebelde y quejándose de la opresión que la pobrecita padecía. Mi canción favorita era una que explicaba como un chico se comía a su novia, muy romántica.
Y si esta fue, por decirlo de algún modo, la época “gris” de mi vida musicalmente hablando (porque para qué engañarnos, la mayoría de grupos de rock catalán son basura), pronto vendría mi época negra, más negra que la boca de un lobo.
Continuará...
La imbécil de mi profesora me puso un 5’5, porque, según ella, no me había adaptado al tema de la redacción y había contado pocas cosas de mí misma. El único suficiente que he sacado en una redacción fue porque una profesora estúpida, cotilla e incompetente no la había entendido.
En fin, todo esto venía a cuento porque he decidido hacer lo mismo que esa vez a modo de presentación, para hacer algo un poco más original que el típico “soy una chica de 18 años, morenita y bajita, super simpática bla bla bla”. Y como 18 años dan para mucho, supongo que dividiré mi autobiografía en tres partes, o las que me salgan de las narices. Más que nada para que no os asustéis al ver tanta letra, que hay gente que mucho blog mucho blog, pero de leer, solo el Código DaVinci.
Así pues, nací un lluvioso 3 de febrero de 1987 (lo de lluvioso ni idea, pero queda bien) a las 11 de la noche, demostrando desde el primer momento que soy un animal nocturno.
Ya se sabe como es una de pequeña. Jugar, jugar y jugar. Felicidad, sin preocupaciones. Música alegre.
A parte de las típicas canciones infantiles, de pequeña lo que más me gustaba eran los Beatles (supongo que el hecho de que mi hermano, 12 años mayor que yo, le encantase la música tiene algo que ver). Así pues, con los Beatles aprendí mis primeras palabras en inglés: “yellow” y “submarine”. Y como todo el mundo tenía un Beatle favorito y yo no iba a ser menos, mi favorito siempre fue (y es) George Harrisson, aunque Ringo Starr me resultaba muy gracioso.
Cuando empecé EGB me interesé más por el rock catalán, esta vez por influencia de mi hermana, que estaba en la edad del pavo y se lo pasaba la mar de bien siendo rebelde y quejándose de la opresión que la pobrecita padecía. Mi canción favorita era una que explicaba como un chico se comía a su novia, muy romántica.
Y si esta fue, por decirlo de algún modo, la época “gris” de mi vida musicalmente hablando (porque para qué engañarnos, la mayoría de grupos de rock catalán son basura), pronto vendría mi época negra, más negra que la boca de un lobo.
Continuará...
Otra víctima de la moda
Pero las vacaciones y el aburrimiento han podido más que yo, así que me he unido a la fiebre imparable de los blogs. Sí, yo, con toda mi integridad moral, no he sabido resistirme. Que más da. Siempre he acabado cayendo en todas las modas estúpidas. Cuando era niña, que si el yo-yó, que si los Pin y Pon, que si las Spice Girls; de (pre)adolescente la moda skater, el enamorarse de todos los chicos que se te ponen delante, la Play Station, el manga, y un largo etcétera. ¿Y ahora que? El blog.
Porque el hecho que lleve Converse y chapitas no quiere decir que siga esa estúpida moda. Siempre me han gustado las Converse, y si no llevaba chapas antes es porque no encontraba. Y lo que me cuesta encontrar alguna que no sea del conejito Play Boy ese.
A lo que iba. Que al final es inútil resistirse a las modas. Al menos, no a todas. Estoy orgullosa de haber resistido estoicamente a otras cosas, como el conejito Play Boy que antes comentábamos, y también he sabido dejar otras a tiempo, como las Spice Girls. Me alejé de ellas y de todo monstruo comercial de la mano de Blur, Oasis y Supergrass, el trío maravilla de la era brit-pop. Qué tiempos aquellos…
En fin, no sé muy bien lo que escribiré en este blog, supongo que cualquier cosa que se me pase por la cabeza en momentos de intenso aburrimiento. Si me apetece ya me presentaré más debidamente en la próxima entrada.
Porque el hecho que lleve Converse y chapitas no quiere decir que siga esa estúpida moda. Siempre me han gustado las Converse, y si no llevaba chapas antes es porque no encontraba. Y lo que me cuesta encontrar alguna que no sea del conejito Play Boy ese.
A lo que iba. Que al final es inútil resistirse a las modas. Al menos, no a todas. Estoy orgullosa de haber resistido estoicamente a otras cosas, como el conejito Play Boy que antes comentábamos, y también he sabido dejar otras a tiempo, como las Spice Girls. Me alejé de ellas y de todo monstruo comercial de la mano de Blur, Oasis y Supergrass, el trío maravilla de la era brit-pop. Qué tiempos aquellos…
En fin, no sé muy bien lo que escribiré en este blog, supongo que cualquier cosa que se me pase por la cabeza en momentos de intenso aburrimiento. Si me apetece ya me presentaré más debidamente en la próxima entrada.





