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No puedo respirar cuando tú me miras
Pensamientos, confesiones y cualquier cosa que pase por mi mente.
Acerca de
22. Spanish. Fangirl. Student. Funny. Dreamer. Ironic. Independent. Crazy.
Sindicación
 
Nobody but you
Tienes ese don de dar tranquilidad,
de saber escuchar, de envolverme en paz.
Tienes la virtud de hacerme olvidar
el miedo que me da mirar la oscuridad.
Solamente tú lo puedes entender
y solamente tú te lo podrás creer...
 
Missing you
La primera vez que escuché tu voz, fue confuso y complicado. Debía tener unos quince años, y nunca me había emocionado de esa forma solo con un par de palabras y un acento curioso y divertido.
Con diecisiete ya era mucho más que eso: eran palabras, miradas, sonrisas, y una complicidad que, la mayoría de las veces, parece que solo yo noto. Pero a pesar de la distancia y de la separación, los sentimientos eran suficiente para que todo me pareciese especial.
Parece mentira que haya pasado tanto tiempo y que te cada vez me importes más, pero tenga que conformarme con echarte de menos. Solo tu voz me recuerda que aún merece la pena.
 
Lost
Have you ever been so lost
Known the way and still so lost
Another night waiting for someone to take me home
Have you ever been so lost


Cuesta volver a encontrar el camino después de tantos daños y heridas a medio cerrar...
Cuesta creer que las cosas terminan sin más, pero es lo mejor para los dos...
Cuesta reconocer que las mentiras y el egoísmo han conseguido hacerme olvidar tantas cosas buenas....


Pero, aunque cueste, es la verdad. Lo siento.
 
Capítulo 17
Lena le explicó que hacía poco que había reconocido y aceptado sus sentimientos, pese a que lo que él había percibido era completamente cierto. Se estaba enamorando, posiblemente había empezado a hacerlo desde aquella tarde en su despacho en que la abrazó y consoló, pero se sintió tan estúpida que lo más sencillo había sido huir. Aquel viaje solo sirvió para que se diese cuenta de cuánto le echaba de menos.
- Tengo que hablar con Verónica -recordó José Antonio- Me he portado como un imbécil con ella.
- Espero que lo entienda.
- Pensé que me ayudaría, fue muy egoísta.
- La verdad es que sí -concedió Lena- Anda, vete ahora mismo.
Se levantó del sofá en cuanto terminaron de comer, le dio un beso en la mejilla y se marchó después de asegurarse de que tenía todo lo que necesitaba y estaría bien.
Lena pasó la tarde echando un vistazo a los apuntes y descansando. El día había sido emocionante y, después de tantos meses sintiéndose extraña y tratando de luchar contra sus sentimientos, se sentía aliviada y feliz. No había imaginado que José Antonio pudiese sentir lo mismo, pero estaba dispuesta a hacer lo que fuese necesario para poder estar con él y demostrarle lo que sentía.
Esa misma noche, cuando Lena estaba a punto de meterse en la cama, regresó con una gran sonrisa y una rosa roja.
- ¿Estabas acostada?
- Estaba a punto -respondió- No sabía que ibas a venir.
- Todo ha ido genial -dijo dándole la flor- Verónica está un poco enfadada, pero creo que lo ha entendido.
- ¿Has cenado?
- No, esperaba que me preparases algo.
Lena le besó en la mejilla cuando entró a la casa, y rebuscó en los cajones del congelador mientras él buscaba algo interesante en la televisión. Parecía increíble cómo algo tan sencillo conseguía que la casa no le pareciera tan enorme y vacía.
 
Capítulo 16
Le dieron el alta dos días después, cuando los dolores ya habían desaparecido por completo y la única secuela visible era un chichó en la frente. José Antonio fue a recogerla y la llevó a casa, preguntándole cada dos segundos si se encontraba bien.
- Venga, te invito a comer -dijo la chica entrando por la puerta- Tiene que haber algo en el congelador.
- No debería dejarte cocinar -bromeó- Estás convaleciente.
- Podemos pedir algo, hay un chino aquí cerca.
- Por mí está bien.
José Antonio se sentó en el salón mientras Lena llamaba al restaurante y se cambiaba de ropa. Era la primera vez que estaba en su casa, pero era tal como la había imaginado: paredes pintadas de colores claros, estanterías llenas de libros, apenas una o dos fotos y demasiado espacio. No le extrañaba que se sintiese sola en una casa así.
La chica regresó unos minutos después, con un par de refrescos y patatas fritas. Se sentó junto a él y le miró con una enorme sonrisa.
- No sé cómo darte las gracias.
- No tienes porqué -aclaró dando un sorbo a su vaso- Has sido una paciente estupenda.
- Lo digo en serio -matizó- Te has portado genial estos días.
- Te lo mereces.
Sabía que realmente él lo sentía así. Se preocupaba por ella y la cuidaba como nadie había hecho jamás, y Lena deseaba decirle que era la persona más increíble del mundo y que nunca olvidaría todo aquello, pero en lugar de eso se cayó y siguió sonriendo.
- Quiero hablarte de Verónica -dijo él- Aunque no te apetezca.
- No es eso, es que...
- Esperé tus cartas, una llamada, un mail o lo que fuese.
- Creí que estarías enfadado -se justificó- Me porté como una idiota.
- Aún así, esperé -repitió- Pensaba que no había sido solo un presentimiento.
Lena no entendía sus palabras pero, cuando José Antonio le miró como si pudiese ver todo lo que llevaba dentro, tuvo la sensación de que las cosas empezaban a tener sentido. Aquel abrazo fue mucho más intenso que todo lo que había sentido en 19 años.
 
Capítulo 15
Lo primero que vio al abrir los ojos fue un par de médicos tomando apuntes y, unos metros más allá, a José Antonio con gesto cansado y preocupado.
- ¿Dónde estoy? -dijo con la voz pastosa- ¿Qué ha pasado?
- Tranquila, estás bien -explicó uno de los médicos- Has tenido un accidente pero no ha pasado nada grave.
- Me duele la cabeza.
- Te diste un golpe fuerte, pero en un par de días podrás irte.
Los médicos se despidieron y dejaron pasar a José Antonio, que parecía algo más relajado. Le contó lo que sabía: de camino a casa, un coche había golpeado al suyo por detrás, y cuando la ambulancia llegó estaba inconsciente. Le habían hecho pruebas y todo estaba bien, pero por el momento estaría en observación. Parecía mentira que de aquello solo hubiesen pasado unas horas.
- ¿Cuánto llevas aquí?
- Vine en cuanto me avisaron -respondió, sentándose junto a la cama- Pensaban que iba a ser más grave, has tenido mucha suerte.
- Eso parece -sonrió, incorporándose un poco- Vete a casa, pareces cansado.
- No voy a dejarte sola.
Lena sintió ganas de llorar al oirle. Estaba claro que seguía preocupándose por ella y, cuando le cogió la mano, tuvo la impresión de que todo volvía a ser como antes. Tenía ganas de levantarse de esa cama y salir corriendo a tomarse algo con él sin que nadie interrumpiese su charla. Era la única persona con quien le apetecía hablar y, en resumen, pasar el tiempo, y empezaba a comprender la gravedad de la situación.
- Escucha, quería disculparme -habló José Antonio- Tenía que haberte dicho que iría con ella.
- Me pilló por sorpresa.
- Llevamos poco tiempo, iba a contártelo pero...
- No tienes que explicarme nada -le interrumpió- Tienes derecho a estar con quien te apetezca.
Él asintió y, aunque por un momento pareció que iba a decir algo más, se mordió el labio y siguió sentado junto a ella, sin decir nada, hasta que los calmantes hicieron efecto y Lena se durmió.
 
Capítulo 14
La cafetería en que habían quedado estaba llena cuando Lena llegó, pero pudo ver a José Antonio sentado en una mesa cerca de la barra. Fue al acercarse cuando comprobó que, junto a él, había una mujer, más o menos de su edad, de melena pelirroja y vestido verde chillón.
- Hola Lena -saludó él- Ésta es Verónica.
- Encantada -dijo dándole dos besos- No sabía que ibas a venir con alguien.
- Quería que la conocieses, llevamos un par de meses juntos.
- Me ha hablado mucho de tí -intervino la mujer- Pero no me había dicho que fueses tan guapa.
Aquella no era una situación cómoda. Lena esperaba poder contarle su tiempo en Miami con tranquilidad, intentando recuperar su amistad con calma, pero Verónica no pintaba nada en su plan. Le molestaba que él no le hubiese contado nada, y sobre todo que la hubiese llevado a su primer encuentro después de la reconciliación.
- Hemos pedido algo de picar -explicó José Antonio- Espero que no te importe.
- No, claro que no.
- Después vamos al cine -aclaró Verónica- ¿Te apetece venir?
- Tengo planes -mintió Lena- Quizá otro día.
Tomaron un par de cervezas mientras la pareja contaba cómo se habían conocido. Al parecer, ella trabajaba en un banco y todo había sido muy divertido, pero a Lena nada le resultaba gracioso. Apenas abrió la boca y, tan pronto como pudo, se disculpó y se marchó a casa.
Se sentía dolida y no acababa de entender porqué. Ellos solo eran amigos, ni siquiera eso, pero Lena no había previsto que una tercera persona entrase en la relación, y menos que José Antonio intentase que fueran amigas. Evidentemente, Verónica era divertida y guapa, pero no creía que pudiesen llegar a llevarse bien, y tampoco estaba dispuesta a hacer el esfuerzo.
La última imagen que le pasó a Lena por la cabeza, mientras conducía de camino a casa, fue la de su profesor sonriendo y abrazándola. Después oyó el frenazo de un coche y todo se apagó.
 
Capítulo 13
Los siguientes días fueron raros. Cada vez que se encontraban en la facultad, Lena intentaba acercarse y José Antonio huía o simplemente la ignoraba. A la chica le disgustaba pensar que jamás recuperaría su relación con él, y pese a que intentó acercarse de todas las maneras posibles, finalmente el único medio fue una tutoría: el departamento le obligaba a recibir a cualquier alumno que quisiera hablar con él.
- Sé breve, por favor.
- Quiero pedirte perdón -dijo mirándole fijamente- Me porté como una idiota y simplemente tenía miedo.
- Ya -respondió con un bufido- Porque soy un ogro o algo así.
- Porque no estaba acostumbrada a que nadie quisiese estar cerca de mí.
José Antonio reparó en que había formulado esa frase en pasado. Los cambios de Lena parecían ir más allá de un corte de pelo y ropa nuevo, y era consciente de que sus palabras implicaban más que una disculpa. Había algo en su tono de voz y en sus ojos que parecía tranquilizador.
- Estás perdonada.
- No sabes cuánto me alegro.
- ¿Y ahora qué? -preguntó con tono más relajado- ¿Somos amigos, colegas, compañeros...?
- Pues no lo sé -reconoció la chica- Para empezar, podríamos tomar algo.
Aceptó sin necesidad de que ella insistiese, y quedaron en verse al día siguiente, sábado, en una cafetería del centro. Aquel era un paso importante, y Lena sintió por un momento que sus viejas inseguridades y miedos intentaban abrirse paso. Sin embargo, volvía a estar en casa y nada podía cambiar esa sensación.
 
Capitulo 12
¿Qué tal? No esperaba volver a verte,
¿cómo estás? Al tiempo se le olvidó pasar por ti,
estás tan guapa como siempre...

¿Y tú qué? ¿Qué tal estás?

¿Qué tal?
Si quieres que te diga la verdad,
no he dejado ni un segundo de pensar en ti,
mi perfume es el aroma del último beso que te dí,
se me olvidaba que no volverías...

Cuánto tiempo sin verte no dejé de quererte,
vivir con tu recuerdo no fué suficiente,
si es que el tiempo me lleva,
y me aleja de ti..
Volver a verte duele hasta quemarme el alma,
no sabes cuánto en este tiempo te heché en falta,
si es que el tiempo me lleva..

Ya ves, sigues siendo el primer pensamiento al despertar,
un desgarro de mi alma sigue vivo en ti,
que pasa el tiempo y no mis ganas.
Y qué mas, mentiría si dijera que todo va bien,
que hace tiempo que no pienso en ti,
que te olvidé,
que otra persona supo darme lo que un día me regalaste tú,
miento si digo que ya no te amo...

Cuánto tiempo sin verte no dejé de quererte,
vivir con tu recuerdo no fué suficiente,
si es que el tiempo me lleva,
y me aleja d ti..

Volver a verte duele hasta quemarme al alma,
no sabes cuánto en este tiempo te heché en falta,
si es que el tiempo me lleva..

Tengo un millón de cartas que nadie leyó,
el corazón lleno de manchas y curando tus huellas,
que pongan en mi esquela víctima de amor,
mejor morir amando que vivir con alma en pena.



Canción: Qué tal
Grupo: Fondo Flamenco
Álbum: Las cartas sobre la mesa
 
Capítulo 11
Se enteró un par de días después de que la universidad le permitía examinarse pese a las irregularidades de aquel curso, y en cuanto pudo reunir todos los libros y apuntes que necesitaba, observó que la experiencia en Miami era más que suficiente para aprobar los cinco exámenes de junio. Pese a lo que había imaginado, no estaba nerviosa ni estresada: aquella escapada había hecho que la seguridad y valentía que tanto había reclamado apareciesen por fin, y hasta se sintió capaz de hablar con sus compañeros de clase.
Sabía que, tarde o temprano, se encontraría con José Antonio, y sin embargo cuando le vio acercarse se quedó paralizada.
- Hola.
- Hola -le saludó con una de sus sonrisas- Volví hace unos días.
- Lo sé -reconoció- ¿Ha ido algo mal?
- Me apetecía volver.
El profesor estaba ligeramente más delgado y con el pelo algo más largo, pero el mayor cambio que Lena percibió fue su frialdad. Se mantenía serio y ni siquiera le había dado la mano, y parecía tener prisa. Intuía que no había olvidado su última conversación y, a juzgar por su actitud, no necesitaba que le recordasen que era simplemente una alumna más.
- Tengo una clase -dijo mirando el reloj- Ya nos veremos.
- Sí, claro.
- Pues...
- Me gustaría hablar -le interrumpió ella- Podemos quedar luego, si tienes un rato.
- No creo que sea lo mejor.
José Antonio había pasado meses esperando una carta, o una simple postal, pero finalmente había comprendido que las palabras de Lena no dejaban abierta ni una pequeña ventana. Estaba dolido y, por encima de todo, no estaba dispuesto a darle una segunda oportunidad.
La chica le vio marcharse sin decir nada más y, cuando le perdió de vista, se dejó caer contra la pared, deseando poder volver atrás en el tiempo. Los sueños con su madre no habían cesado durante esos seis meses, y solo ahora empezaba a darse cuenta de lo idiota que había sido. José Antonio le importaba más que todos los profesores juntos.
 
Capítulo 10
La vida en Estados Unidos era muy diferente, incluso en una ciudad tan hispanizada como Miami. Era agradable poder comunicarse a menudo en su idioma, y cada vez llevaba mejor el inglés, pero tras seis meses allí seguía sin sentirse a gusto.
La gente del Aquarium y de la facultad la trataba con amabilidad, incluso había quedado un par de veces para cenar con algunos compañeros. Podría decirse que se integraba en el ambiente y, pese a todo, tenía aquella sensación. Echaba de menos Madrid.
- ¿Estás bien? -preguntó Beth, su compañera de laboratorio- Pareces distraida.
- Solo estaba pensando.
- ¿Algún amor en la distancia?
Beth rió y le guiñó un ojo, pero Lena no estaba de buen humor aquella mañana. El intercambio no resultaba todo lo que había esperado, y hacía días que pensaba en volver a casa.
El coordinador del programa realmente pareció entristecerse cuando le contó que deseaba dejarlo.
- Eres nuestra mejor alumna, lamento perderte.
- Lo siento mucho -contestó la chica- Esto no es cómo pensaba.
- Estoy seguro de que, donde estés, te irá bien.
El hombre le estrechó la mano con afecto antes de entregarle el billete de avión. Tenía un par de días para dejar todo lo que tenía en la ciudad, así que se despidió de la gente de quien tan buenos recuerdos guardaría, dejó su trabajo con la sensación de haberlo hecho bien, y tarareó mientras hacía las maletas para volver su vida anterior.
El viaje que había intentado hacer, ahora lo comprendía, no requería de distancias ni de aviones. En cuanto aterrizó en Barajas y sintió el calor del mayo de la capital, supo que estaba en cada de nuevo.
 
Capítulo 9
Se sentía más tranquila y, pese a que la confesión de José Antonio le había pillado por sorpresa, Lena tenía muy claro lo que quería decirle, y sabía que era el momento.
- Hacía tiempo que nadie se preocupaba por mí tanto como tú.
- No tiene nada que ver con que conociese a tu padre -dijo sin dudar- Eres una buena chica, y quiero ayudarte.
- No necesito ayuda -se apresuró a aclarar- He llegado hasta aquí sola, y voy a seguir así.
Le costaba decirlo sin titubear, pero por la expresión de él entendió que el mensaje había quedado claro. No necesitaba un amigo, ni un protector, ni mucho menos alguien que pudiese perjudicar sus estudios o su futura carrera. Si algún día llegaba a algo importante, no quería que nadie tuviese la impresión de que él había tenido algo que ver.
- Está bien, tú ganas -concedió ofreciéndole su mano- Solo soy tu profesor.
- Siempre ha sido así -aceptó- Gracias.
- No hay de qué.
Cuando dejó el despacho, los sentimientos eran opuestos. Se alegraba de haberle contado lo que le daba vueltas desde hacía días, pero era consciente de que le había cerrado la puerta en las narices a la primera persona que intentaba ir más allá. Él le había dado consejos, había sido un hombro en que llorar y le había dado razones para creer en sí misma, y después de aquello su vida no podía ser igual.
El día en que la carta de la fundación llegó, un mes y medio más tarde, tuvo la esperanza de que miles de kilómetros podrían servir para empezar de nuevo.
 
Capítulo 8
- Ella viene a verme a veces. No se lo digas a nadie.
Lena, sentada junto a José Antonio en el despacho, había parado finalmente de llorar y ahora parecía sentirse avergonzada y deprimida a partes iguales. Sus manos temblaban sin que la chica pudiese hacer nada para evitarlo y, cuando él trató de cogérselas, lo rechazó con una amarga sonrisa.
- No sé de qué me hablas, Lena.
- Mi madre -aclaró- Sueño con ella, me da consejos.
- Es normal -dijo con ternura- La echas de menos, y de alguna forma la gente a la que queremos sigue presente siempre.
- Me habla de tí desde hace un par de meses.
Le había costado aceptar que un fantasma del pasado se apareciese en sus sueños para decirle que era un buen hombre, pero ya estaba acostumbrada. Suponía que solo era un efecto del tiempo que pasaban juntos y de la admiración que sentía por él.
- Hay algo que no te he dicho -confesó José Antonio- Conocí a tu padre.
- ¿Cómo?
- Supongo que suena raro, pero fuimos vecinos cuando yo era pequeño, en la época en que él conoció a tu madre.
- Deberías habérmelo contado antes.
- Solo me fijé en el apellido y cuando me contaste todo caí en la cuenta.
Le creía. No había motivos para que él mintiese, menos cuando se trataba de un asunto tan delicado y que parecía afectarles a los dos. José Antonio no parecía recordar mucho del padre de Lena, salvo que era un joven inteligente y simpático, que escuchaba música rock y vivía en el piso de arriba. Supo mucho tiempo después que había muerto en un accidente de coche, junto a su mujer, y dejando una hija pequeña, pero jamás imaginó que algún día se encontraría frente a ella.
- ¿Nunca conociste a mi madre?
- La vi de pasada alguna vez. Te pareces mucho a ella.
- Mi abuela también lo decía -admitió enjugándose una lágrima- Escucha, quiero ser sincera contigo.
 
Capítulo 7
Las clases del día siguiente fueron complicadas para Lena. Intentaba no pensar en la noche anterior y convencerse a sí misma de que todo aquello era una tontería, pero su conciencia se empeñaba en aparecer sin pedir permiso.
Si se hubiesen besado o acostado juntos, posiblemente no hubiera resultado tan incómodo, pero cuando se encontró a José Antonio en la cafetería apenas fue capaz de sostenerle la mirada.
- Hola Lena -rompió el hielo- No te había visto.
- Solo vengo a por un café.
- ¿Tienes un segundo para hablar?
- Tengo clase -dijo tratando de rehuirle- En fin, si es rápido...
José Antonio se despidió de otro de los profesores y salieron hacia un pasillo tranquilo. Lena se sentó en una de las sillas negras que tanto odiaba, y esperó en silencio, sin atreverse a levantar la vista ni saber qué decir.
- No sé qué pasó ayer -comenzó a hablar él- No creo haber hecho o dicho nada para incomodarte.
- La culpa ha sido mía.
- No, Lena. Tú tampoco has hecho nada.
- Escúchame bien -pidió con gesto serio- Me gusta esto y me estoy esforzando, y no quiero que nadie lo dude ni por un segundo.
Era la primera vez que la veía tan seria, casi enfadada, y ni siquiera entendía la razón. Se había limitado a decirle cuánto valía, la maravillosa persona que era, y a demostrarle que podía contar con él como un amigo cuando lo necesitase, y entonces ella se había marchado apresuradamente.
- No quiero que seas mi amigo -habló por fin- No necesito amigos, y menos un profesor que vaya de guay.
- Todo lo que dije es lo que siento.
- Yo también, y es lo mejor.
Lena se levantó de la silla y, antes de que pudiese marcharse, José Antonio la cogió del brazo obligándola a mirarle a los ojos. Su gesto tranquilo y alegre parecía haberse transformado en furia pero, cuando sostuvo su mirada unos segundos más, la chica se echó a llorar en sus brazos.
 
Capítulo 6
Era un local pequeño, con luz tenue y música de lios 70 sonando muy bajito. Lena sonrió al reconocer a Bowie y, sin decir nada, siguió a José Antonio a la mesa que había escogido. El camarero se acercó enseguida, saludó al profesor con cortesía, y se marchó para volver unos segundos después con un par de cervezas frías.
- Has acertado de pleno -confirmó la chica- Me gusta este sitio.
- Vengo bastante -afirmó complacido- Es tranquilo y ponen buena música.
- Y la cerveza está buena.
Tenían poco más que decirse. Ambos se habían dado cuenta de que la mayoría del tiempo se sentían bien juntos sin necesidad de hablar, y Lena era callada por regla general, así que las conversaciones se habían vuelto prescindibles.
Sin embargo, José Antonio quería preguntarle muchas cosas. Quería saber porqué estudiaba Veterinaria, porqué no hablaba con sus compañeros... Su alumna era todo un misterio que le apetecía cada vez más desvelar.
- Nunca me cuentas nada de tí.
- No hay mucho que contar -se encogió de hombros- Vivo sola aquí cerca, me apasiona la carrera y me gusta Bowie.
- Lo imaginaba -sonrió él- ¿Porqué vives sola?
- Mis padres murieron -respondió manteniendo la mirada- Apenas los recuerdo, por eso me crió mi abuela.
Ahora todo resultaba más sencillo de comprender. Ese dolor velado tenía un buen motivo, pero seguía sin encontrar razón aparente a que Lena pareciese estar sola en el mundo. Era una buena chica y, si él hubiese sido uno de sus compañeros en vez de su profesor, seguramente se habría vuelto loco por ella.
- Eres una persona fuerte -sentenció con un deje de admiración- Pero no entiendo porqué te subestimas.
- La única persona que me ha querido y cuidado murió hace un año.
- No estás sola, Lena, y si lo estás es porque la gente es idiota.
 
Capítulo 5
Pasaron toda la tarde en el despacho, entre cafés y papeles, ordenando toda la información y material que José Antonio había logrado reunir. El congreso tendría lugar en otra universidad, y Lena se interesó por el resto de conferenciantes.
- Ni siquiera lo sé -respondió José Antonio con sinceridad- Solo me han dicho mi tema y que tengo dos horas.
- Es una locura.
- Lo sé, pero me lo pidió un viejo amigo y le debía un favor.
Lena se encontraba muy cómoda trabajando con él y, como le había ocurrido la vez anterior, a su lado se sentía más una amiga que una alumna. Era un hombre inteligente y brillante pero, sobre todo, le gustaba porque parecía ver más allá de su físico y no la trataba como si fuese estúpida.
Cuando finalmente consiguieron aclararse y dejar todo preparado para la exposición, ambos estaban agotados. José Antonio se asomó a la venta y comprobó que empezaba a anochecer, y ni siquiera se había preocupado por si Lena tenía otros planes.
- Deberías irte -dijo mirando el reloj- Ya me has ayudado bastante, muchísimas gracias.
- No hay de qué -contestó la chica- Y no te preocupes, no tengo prisa.
Le costaba creer que no tuviese mejores planes, pero la verdad es que nunca la veía hablando con nadie y, a juzgar por lo que había comentado alguna vez, vivía sola. Estaba seguro de que, tras ese hueco en su mirada, había mucho sufrimiento que Lena se empeñaba en ocultar y camuflar con alegría.
- ¿Te apetece tomar algo? -propuso a la chica- Conozco un bar aquí cerca que te gustaría.
- Tendrás mucho que hacer.
- Es lo mínimo que puedo hacer después de tu ayuda.
Lena sonrió, asintió con la cabeza y cogió su bolso, y siguió a José Antonio hasta el aparcamiento, donde cada uno cogió su coche y la chica le siguió hasta el bar. Por un momento, se le pasó por la cabeza la idea de que alguien que les viese pudiera pensar mal, pero hacía tiempo que Lena había aprendido a vivir sin preocuparse más que por lo importante.
 
Capítulo 4
La siguiente vez que se cruzaron por la facultad, Lena iba cargada de libros y parecía más animada.
- ¡Hola! -saludó el profesor- ¿Qué tal todo?
- Mucho mejor, gracias a ti -respondió con su enorme sonrisa- Estoy repasando mi inglés.
- ¿Te han dado la beca?
Lo cierto era que no sabía nada y, con toda probabilidad, tardaría al menos un mes en tener noticias, pero estaba ilusionada y dedicaba todo su tiempo libre a estudiar el idioma y hacer una lista con cosas que hacer y sitios que ver. El organizador del intercambio le había comentado que era muy posible que, si al final era la elegida, su destino fuese Miami, donde su trabajo sería de ayundate en el Seaquarium y podría compatibilizarlo con clases en la universidad.
Frente al optimismo e ilusiones que la chica desprendía, José Antonio parecía cansado e incluso tenía ojeras.
- ¿Te ocurre algo?
- Tengo mucho trabajo -dijo suspirando- Mañana hay un congreso sobre especies en extinción y mi ayudante me ha dejado tirado.
- Puedo echarte una mano -se ofreció Lena- No soy experta, pero tengo toda la tarde libre.
José Antonio aceptó sin dudarlo un momento. Llevaba todo el día intentando que algún compañero de departamento se ofreciese, pero todo el mundo parecía demasiado ocupado y estaba pensando en suspender el congreso justo cuando se encontró con la chica. Había sido su salvación.


 
Capítulo 3
A partir de entonces, José Antonio se referiría a aquel día como el que cambió su vida para siempre. Consolando a aquella estudiante de aspecto frágil y sonrisa permanente, se dio cuenta de que pese a haber recibido la mejor educación que puede comprarse con dinero jamás le habían preparado para dar a una chica que no tenía nada razones para seguir adelante.
- Estoy pensando en dejarlo -le contó Lena- No sé si quiero seguir con esto, quizá no es lo mío.
- Eres la mejor alumna que he tenido -dijo sin más- Si dejas la carrera, será la veterinaria quien pierda.
- Necesito tiempo.
José Antonio le informó acerca de unas intercambio en Estados Unidos al que podría acceder sin problemas gracias a sus notas y, pese a que él la recomendaba seguir tal y como hasta entonces, presentía que un cambio de aires podía sentarle bien.
Cuando Lena dejó el despacho de su profesor un rato después, volvía a tener ganas de sonreir. Era un día duro y le costaba mantener su humor habitual, pero por primera vez en su vida alguien se le había acercado y hablado con claridad, sin intenciones ocultas o sentimientos negativos. José Antonio era una buena persona antes que un buen profesor, y esperaba que esa beca de que le había hablado fuese una ayuda.
Tal vez sí que necesitaba alejarse un tiempo y empezar en un sitio nuevo. Siempre había querido viajar y, por falta de tiempo o por no dejar a su abuela sola, lo había ido aplazando. Era el momento perfecto, pero algo en su interior hacía que dudase antes de aceptar sin más.
 
Capítulo 2
- ¿Te encuentras bien?
Lena había tenido que salir de la clase de Fisiología animal un par de veces, incapaz de aguantar el dolor de cabeza que arrastraba desde primera hora de la mañana. Al terminar, cuando se disponía a dejar el aula, el profesor se había acercado con expresión preocupada.
- Deberías irte a casa -comentó con tono amigable- Pareces cansada.
- Gracias, estoy bien -respondió con su habitual sonrisa- Es solo la cabeza.
- Aún así, te mereces un día libre.
Se llamaba José Antonio Sierra y Lena había escogido su clase porque había escuchado buenos comentarios, pero después de una semana comprendió que esas recomendaciones se quedaban cortas. Era un profesor apasionado, inteligente, que disfrutaba de su trabajo y de los temas que le tocaba impartir.
Lena siempre participaba en los debates que se abrían en clase y un par de veces había acudido a su despacho para seguir hablando con él. Tenía unos treinta años y en ocasiones parecía más otro alumno que uno de esos profesores serios y amargados que paseaban por la facultad.
- ¿De verdad que estás bien? -insistió- Estás ausente y eso no es habitual, Elena.
- Lena -corrigió la chica- Lo siento, hoy no es mi mejor día.
- Tengo un rato libre, si te apetece hablar.
Lena miró a su alrededor, el aula vacía salvo tres o cuatro chicos que hablaban del partido del día anterior, y finalmente cogió su bolso y siguió al profesor a su despacho.
Las estanterías estaban plagadas de libros de su materia, pero también de novelas, ensayos filosóficos, antologías poéticas... Lena no pudo evitar sonreir antes de sentarse frente a su profesor.
- Dime, te ocurre algo.
- Hoy hace un año que murió mi abuela -contestó poniéndose seria- Ella fue quien me crió.
Le hubiese gustado abrazarle y comprobar si se sentía mejor pero, en lugar de eso, dejó escapar las lágrimas que había aguantado durante meses. Le gustó que él rompiese el protocolo y acariciase su pelo como cualquier buen amigo habría hecho.
 
Capítulo 1
Lena era rubia, alta, delgada, y tenía unos preciosos ojos azules. Su piel era blanca y sus labios carnosos y de color rosa.
Solía pasarse las horas muertas delante de los espejos, preguntándose porqué, pese a todo, solía sentirse sola demasiado a menudo. La gente solía pensar que su vida era sencilla y que tenía todo hecho solo porque era preciosa, pero nada más lejos de la realidad.
El problema de Lena era que, además de ser objetivamente guapa, sabía pensar y era extremadamente sensible. Acababa de cumplir 19 años, estaba en su segundo año de veterinaria y, cuando no estaba estudiando, se pasaba horas devorando libros de todo tipo. Prefería refugiarse en esas páginas que no le hacían daño antes que buscar amigas que, en cuanto se daban la vuelta, la criticaban y se morían de envidia, o amigos que, en realidad, solo buscaban poder conseguir algo más.
Había otra cuestión: Lena no tenía familia. Sus padres habían muerto cuando ella tenía tres años, dejándola al cuidado de su abuela, que también había fallecido ya. Le habían dejado todo el dinero que pudiese necesitar, quizá más, pero Lena estaba sola en esa enorme casa, y aún así, siempre hablaba de ellos con una sonrisa en la cara. Les recordaba con cariño y agradecimiento, porque ni el odio ni el rencor eran sentimientos familiares para ella.
Lena era, desde cualquier punto de vista, una chica a la que merecía la pena conocer, pero no fue hasta ese día nublado de octubre cuando realmente alguien se atrevió a derrumbar el muro.