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No puedo respirar cuando tú me miras
Pensamientos, confesiones y cualquier cosa que pase por mi mente.
Acerca de
22. Spanish. Fangirl. Student. Funny. Dreamer. Ironic. Independent. Crazy.
Sindicación
 
Capítulo 2
- ¿Te encuentras bien?
Lena había tenido que salir de la clase de Fisiología animal un par de veces, incapaz de aguantar el dolor de cabeza que arrastraba desde primera hora de la mañana. Al terminar, cuando se disponía a dejar el aula, el profesor se había acercado con expresión preocupada.
- Deberías irte a casa -comentó con tono amigable- Pareces cansada.
- Gracias, estoy bien -respondió con su habitual sonrisa- Es solo la cabeza.
- Aún así, te mereces un día libre.
Se llamaba José Antonio Sierra y Lena había escogido su clase porque había escuchado buenos comentarios, pero después de una semana comprendió que esas recomendaciones se quedaban cortas. Era un profesor apasionado, inteligente, que disfrutaba de su trabajo y de los temas que le tocaba impartir.
Lena siempre participaba en los debates que se abrían en clase y un par de veces había acudido a su despacho para seguir hablando con él. Tenía unos treinta años y en ocasiones parecía más otro alumno que uno de esos profesores serios y amargados que paseaban por la facultad.
- ¿De verdad que estás bien? -insistió- Estás ausente y eso no es habitual, Elena.
- Lena -corrigió la chica- Lo siento, hoy no es mi mejor día.
- Tengo un rato libre, si te apetece hablar.
Lena miró a su alrededor, el aula vacía salvo tres o cuatro chicos que hablaban del partido del día anterior, y finalmente cogió su bolso y siguió al profesor a su despacho.
Las estanterías estaban plagadas de libros de su materia, pero también de novelas, ensayos filosóficos, antologías poéticas... Lena no pudo evitar sonreir antes de sentarse frente a su profesor.
- Dime, te ocurre algo.
- Hoy hace un año que murió mi abuela -contestó poniéndose seria- Ella fue quien me crió.
Le hubiese gustado abrazarle y comprobar si se sentía mejor pero, en lugar de eso, dejó escapar las lágrimas que había aguantado durante meses. Le gustó que él rompiese el protocolo y acariciase su pelo como cualquier buen amigo habría hecho.
No