Capítulo 4
La siguiente vez que se cruzaron por la facultad, Lena iba cargada de libros y parecía más animada.
- ¡Hola! -saludó el profesor- ¿Qué tal todo?
- Mucho mejor, gracias a ti -respondió con su enorme sonrisa- Estoy repasando mi inglés.
- ¿Te han dado la beca?
Lo cierto era que no sabía nada y, con toda probabilidad, tardaría al menos un mes en tener noticias, pero estaba ilusionada y dedicaba todo su tiempo libre a estudiar el idioma y hacer una lista con cosas que hacer y sitios que ver. El organizador del intercambio le había comentado que era muy posible que, si al final era la elegida, su destino fuese Miami, donde su trabajo sería de ayundate en el Seaquarium y podría compatibilizarlo con clases en la universidad.
Frente al optimismo e ilusiones que la chica desprendía, José Antonio parecía cansado e incluso tenía ojeras.
- ¿Te ocurre algo?
- Tengo mucho trabajo -dijo suspirando- Mañana hay un congreso sobre especies en extinción y mi ayudante me ha dejado tirado.
- Puedo echarte una mano -se ofreció Lena- No soy experta, pero tengo toda la tarde libre.
José Antonio aceptó sin dudarlo un momento. Llevaba todo el día intentando que algún compañero de departamento se ofreciese, pero todo el mundo parecía demasiado ocupado y estaba pensando en suspender el congreso justo cuando se encontró con la chica. Había sido su salvación.
- ¡Hola! -saludó el profesor- ¿Qué tal todo?
- Mucho mejor, gracias a ti -respondió con su enorme sonrisa- Estoy repasando mi inglés.
- ¿Te han dado la beca?
Lo cierto era que no sabía nada y, con toda probabilidad, tardaría al menos un mes en tener noticias, pero estaba ilusionada y dedicaba todo su tiempo libre a estudiar el idioma y hacer una lista con cosas que hacer y sitios que ver. El organizador del intercambio le había comentado que era muy posible que, si al final era la elegida, su destino fuese Miami, donde su trabajo sería de ayundate en el Seaquarium y podría compatibilizarlo con clases en la universidad.
Frente al optimismo e ilusiones que la chica desprendía, José Antonio parecía cansado e incluso tenía ojeras.
- ¿Te ocurre algo?
- Tengo mucho trabajo -dijo suspirando- Mañana hay un congreso sobre especies en extinción y mi ayudante me ha dejado tirado.
- Puedo echarte una mano -se ofreció Lena- No soy experta, pero tengo toda la tarde libre.
José Antonio aceptó sin dudarlo un momento. Llevaba todo el día intentando que algún compañero de departamento se ofreciese, pero todo el mundo parecía demasiado ocupado y estaba pensando en suspender el congreso justo cuando se encontró con la chica. Había sido su salvación.





