Capítulo 8
- Ella viene a verme a veces. No se lo digas a nadie.
Lena, sentada junto a José Antonio en el despacho, había parado finalmente de llorar y ahora parecía sentirse avergonzada y deprimida a partes iguales. Sus manos temblaban sin que la chica pudiese hacer nada para evitarlo y, cuando él trató de cogérselas, lo rechazó con una amarga sonrisa.
- No sé de qué me hablas, Lena.
- Mi madre -aclaró- Sueño con ella, me da consejos.
- Es normal -dijo con ternura- La echas de menos, y de alguna forma la gente a la que queremos sigue presente siempre.
- Me habla de tí desde hace un par de meses.
Le había costado aceptar que un fantasma del pasado se apareciese en sus sueños para decirle que era un buen hombre, pero ya estaba acostumbrada. Suponía que solo era un efecto del tiempo que pasaban juntos y de la admiración que sentía por él.
- Hay algo que no te he dicho -confesó José Antonio- Conocí a tu padre.
- ¿Cómo?
- Supongo que suena raro, pero fuimos vecinos cuando yo era pequeño, en la época en que él conoció a tu madre.
- Deberías habérmelo contado antes.
- Solo me fijé en el apellido y cuando me contaste todo caí en la cuenta.
Le creía. No había motivos para que él mintiese, menos cuando se trataba de un asunto tan delicado y que parecía afectarles a los dos. José Antonio no parecía recordar mucho del padre de Lena, salvo que era un joven inteligente y simpático, que escuchaba música rock y vivía en el piso de arriba. Supo mucho tiempo después que había muerto en un accidente de coche, junto a su mujer, y dejando una hija pequeña, pero jamás imaginó que algún día se encontraría frente a ella.
- ¿Nunca conociste a mi madre?
- La vi de pasada alguna vez. Te pareces mucho a ella.
- Mi abuela también lo decía -admitió enjugándose una lágrima- Escucha, quiero ser sincera contigo.
Lena, sentada junto a José Antonio en el despacho, había parado finalmente de llorar y ahora parecía sentirse avergonzada y deprimida a partes iguales. Sus manos temblaban sin que la chica pudiese hacer nada para evitarlo y, cuando él trató de cogérselas, lo rechazó con una amarga sonrisa.
- No sé de qué me hablas, Lena.
- Mi madre -aclaró- Sueño con ella, me da consejos.
- Es normal -dijo con ternura- La echas de menos, y de alguna forma la gente a la que queremos sigue presente siempre.
- Me habla de tí desde hace un par de meses.
Le había costado aceptar que un fantasma del pasado se apareciese en sus sueños para decirle que era un buen hombre, pero ya estaba acostumbrada. Suponía que solo era un efecto del tiempo que pasaban juntos y de la admiración que sentía por él.
- Hay algo que no te he dicho -confesó José Antonio- Conocí a tu padre.
- ¿Cómo?
- Supongo que suena raro, pero fuimos vecinos cuando yo era pequeño, en la época en que él conoció a tu madre.
- Deberías habérmelo contado antes.
- Solo me fijé en el apellido y cuando me contaste todo caí en la cuenta.
Le creía. No había motivos para que él mintiese, menos cuando se trataba de un asunto tan delicado y que parecía afectarles a los dos. José Antonio no parecía recordar mucho del padre de Lena, salvo que era un joven inteligente y simpático, que escuchaba música rock y vivía en el piso de arriba. Supo mucho tiempo después que había muerto en un accidente de coche, junto a su mujer, y dejando una hija pequeña, pero jamás imaginó que algún día se encontraría frente a ella.
- ¿Nunca conociste a mi madre?
- La vi de pasada alguna vez. Te pareces mucho a ella.
- Mi abuela también lo decía -admitió enjugándose una lágrima- Escucha, quiero ser sincera contigo.





