Capítulo 10
La vida en Estados Unidos era muy diferente, incluso en una ciudad tan hispanizada como Miami. Era agradable poder comunicarse a menudo en su idioma, y cada vez llevaba mejor el inglés, pero tras seis meses allí seguía sin sentirse a gusto.
La gente del Aquarium y de la facultad la trataba con amabilidad, incluso había quedado un par de veces para cenar con algunos compañeros. Podría decirse que se integraba en el ambiente y, pese a todo, tenía aquella sensación. Echaba de menos Madrid.
- ¿Estás bien? -preguntó Beth, su compañera de laboratorio- Pareces distraida.
- Solo estaba pensando.
- ¿Algún amor en la distancia?
Beth rió y le guiñó un ojo, pero Lena no estaba de buen humor aquella mañana. El intercambio no resultaba todo lo que había esperado, y hacía días que pensaba en volver a casa.
El coordinador del programa realmente pareció entristecerse cuando le contó que deseaba dejarlo.
- Eres nuestra mejor alumna, lamento perderte.
- Lo siento mucho -contestó la chica- Esto no es cómo pensaba.
- Estoy seguro de que, donde estés, te irá bien.
El hombre le estrechó la mano con afecto antes de entregarle el billete de avión. Tenía un par de días para dejar todo lo que tenía en la ciudad, así que se despidió de la gente de quien tan buenos recuerdos guardaría, dejó su trabajo con la sensación de haberlo hecho bien, y tarareó mientras hacía las maletas para volver su vida anterior.
El viaje que había intentado hacer, ahora lo comprendía, no requería de distancias ni de aviones. En cuanto aterrizó en Barajas y sintió el calor del mayo de la capital, supo que estaba en cada de nuevo.
La gente del Aquarium y de la facultad la trataba con amabilidad, incluso había quedado un par de veces para cenar con algunos compañeros. Podría decirse que se integraba en el ambiente y, pese a todo, tenía aquella sensación. Echaba de menos Madrid.
- ¿Estás bien? -preguntó Beth, su compañera de laboratorio- Pareces distraida.
- Solo estaba pensando.
- ¿Algún amor en la distancia?
Beth rió y le guiñó un ojo, pero Lena no estaba de buen humor aquella mañana. El intercambio no resultaba todo lo que había esperado, y hacía días que pensaba en volver a casa.
El coordinador del programa realmente pareció entristecerse cuando le contó que deseaba dejarlo.
- Eres nuestra mejor alumna, lamento perderte.
- Lo siento mucho -contestó la chica- Esto no es cómo pensaba.
- Estoy seguro de que, donde estés, te irá bien.
El hombre le estrechó la mano con afecto antes de entregarle el billete de avión. Tenía un par de días para dejar todo lo que tenía en la ciudad, así que se despidió de la gente de quien tan buenos recuerdos guardaría, dejó su trabajo con la sensación de haberlo hecho bien, y tarareó mientras hacía las maletas para volver su vida anterior.
El viaje que había intentado hacer, ahora lo comprendía, no requería de distancias ni de aviones. En cuanto aterrizó en Barajas y sintió el calor del mayo de la capital, supo que estaba en cada de nuevo.





