Capítulo 11
Se enteró un par de días después de que la universidad le permitía examinarse pese a las irregularidades de aquel curso, y en cuanto pudo reunir todos los libros y apuntes que necesitaba, observó que la experiencia en Miami era más que suficiente para aprobar los cinco exámenes de junio. Pese a lo que había imaginado, no estaba nerviosa ni estresada: aquella escapada había hecho que la seguridad y valentía que tanto había reclamado apareciesen por fin, y hasta se sintió capaz de hablar con sus compañeros de clase.
Sabía que, tarde o temprano, se encontraría con José Antonio, y sin embargo cuando le vio acercarse se quedó paralizada.
- Hola.
- Hola -le saludó con una de sus sonrisas- Volví hace unos días.
- Lo sé -reconoció- ¿Ha ido algo mal?
- Me apetecía volver.
El profesor estaba ligeramente más delgado y con el pelo algo más largo, pero el mayor cambio que Lena percibió fue su frialdad. Se mantenía serio y ni siquiera le había dado la mano, y parecía tener prisa. Intuía que no había olvidado su última conversación y, a juzgar por su actitud, no necesitaba que le recordasen que era simplemente una alumna más.
- Tengo una clase -dijo mirando el reloj- Ya nos veremos.
- Sí, claro.
- Pues...
- Me gustaría hablar -le interrumpió ella- Podemos quedar luego, si tienes un rato.
- No creo que sea lo mejor.
José Antonio había pasado meses esperando una carta, o una simple postal, pero finalmente había comprendido que las palabras de Lena no dejaban abierta ni una pequeña ventana. Estaba dolido y, por encima de todo, no estaba dispuesto a darle una segunda oportunidad.
La chica le vio marcharse sin decir nada más y, cuando le perdió de vista, se dejó caer contra la pared, deseando poder volver atrás en el tiempo. Los sueños con su madre no habían cesado durante esos seis meses, y solo ahora empezaba a darse cuenta de lo idiota que había sido. José Antonio le importaba más que todos los profesores juntos.
Sabía que, tarde o temprano, se encontraría con José Antonio, y sin embargo cuando le vio acercarse se quedó paralizada.
- Hola.
- Hola -le saludó con una de sus sonrisas- Volví hace unos días.
- Lo sé -reconoció- ¿Ha ido algo mal?
- Me apetecía volver.
El profesor estaba ligeramente más delgado y con el pelo algo más largo, pero el mayor cambio que Lena percibió fue su frialdad. Se mantenía serio y ni siquiera le había dado la mano, y parecía tener prisa. Intuía que no había olvidado su última conversación y, a juzgar por su actitud, no necesitaba que le recordasen que era simplemente una alumna más.
- Tengo una clase -dijo mirando el reloj- Ya nos veremos.
- Sí, claro.
- Pues...
- Me gustaría hablar -le interrumpió ella- Podemos quedar luego, si tienes un rato.
- No creo que sea lo mejor.
José Antonio había pasado meses esperando una carta, o una simple postal, pero finalmente había comprendido que las palabras de Lena no dejaban abierta ni una pequeña ventana. Estaba dolido y, por encima de todo, no estaba dispuesto a darle una segunda oportunidad.
La chica le vio marcharse sin decir nada más y, cuando le perdió de vista, se dejó caer contra la pared, deseando poder volver atrás en el tiempo. Los sueños con su madre no habían cesado durante esos seis meses, y solo ahora empezaba a darse cuenta de lo idiota que había sido. José Antonio le importaba más que todos los profesores juntos.





