Capítulo 13
Los siguientes días fueron raros. Cada vez que se encontraban en la facultad, Lena intentaba acercarse y José Antonio huía o simplemente la ignoraba. A la chica le disgustaba pensar que jamás recuperaría su relación con él, y pese a que intentó acercarse de todas las maneras posibles, finalmente el único medio fue una tutoría: el departamento le obligaba a recibir a cualquier alumno que quisiera hablar con él.
- Sé breve, por favor.
- Quiero pedirte perdón -dijo mirándole fijamente- Me porté como una idiota y simplemente tenía miedo.
- Ya -respondió con un bufido- Porque soy un ogro o algo así.
- Porque no estaba acostumbrada a que nadie quisiese estar cerca de mí.
José Antonio reparó en que había formulado esa frase en pasado. Los cambios de Lena parecían ir más allá de un corte de pelo y ropa nuevo, y era consciente de que sus palabras implicaban más que una disculpa. Había algo en su tono de voz y en sus ojos que parecía tranquilizador.
- Estás perdonada.
- No sabes cuánto me alegro.
- ¿Y ahora qué? -preguntó con tono más relajado- ¿Somos amigos, colegas, compañeros...?
- Pues no lo sé -reconoció la chica- Para empezar, podríamos tomar algo.
Aceptó sin necesidad de que ella insistiese, y quedaron en verse al día siguiente, sábado, en una cafetería del centro. Aquel era un paso importante, y Lena sintió por un momento que sus viejas inseguridades y miedos intentaban abrirse paso. Sin embargo, volvía a estar en casa y nada podía cambiar esa sensación.
- Sé breve, por favor.
- Quiero pedirte perdón -dijo mirándole fijamente- Me porté como una idiota y simplemente tenía miedo.
- Ya -respondió con un bufido- Porque soy un ogro o algo así.
- Porque no estaba acostumbrada a que nadie quisiese estar cerca de mí.
José Antonio reparó en que había formulado esa frase en pasado. Los cambios de Lena parecían ir más allá de un corte de pelo y ropa nuevo, y era consciente de que sus palabras implicaban más que una disculpa. Había algo en su tono de voz y en sus ojos que parecía tranquilizador.
- Estás perdonada.
- No sabes cuánto me alegro.
- ¿Y ahora qué? -preguntó con tono más relajado- ¿Somos amigos, colegas, compañeros...?
- Pues no lo sé -reconoció la chica- Para empezar, podríamos tomar algo.
Aceptó sin necesidad de que ella insistiese, y quedaron en verse al día siguiente, sábado, en una cafetería del centro. Aquel era un paso importante, y Lena sintió por un momento que sus viejas inseguridades y miedos intentaban abrirse paso. Sin embargo, volvía a estar en casa y nada podía cambiar esa sensación.





