Capítulo 15
Lo primero que vio al abrir los ojos fue un par de médicos tomando apuntes y, unos metros más allá, a José Antonio con gesto cansado y preocupado.
- ¿Dónde estoy? -dijo con la voz pastosa- ¿Qué ha pasado?
- Tranquila, estás bien -explicó uno de los médicos- Has tenido un accidente pero no ha pasado nada grave.
- Me duele la cabeza.
- Te diste un golpe fuerte, pero en un par de días podrás irte.
Los médicos se despidieron y dejaron pasar a José Antonio, que parecía algo más relajado. Le contó lo que sabía: de camino a casa, un coche había golpeado al suyo por detrás, y cuando la ambulancia llegó estaba inconsciente. Le habían hecho pruebas y todo estaba bien, pero por el momento estaría en observación. Parecía mentira que de aquello solo hubiesen pasado unas horas.
- ¿Cuánto llevas aquí?
- Vine en cuanto me avisaron -respondió, sentándose junto a la cama- Pensaban que iba a ser más grave, has tenido mucha suerte.
- Eso parece -sonrió, incorporándose un poco- Vete a casa, pareces cansado.
- No voy a dejarte sola.
Lena sintió ganas de llorar al oirle. Estaba claro que seguía preocupándose por ella y, cuando le cogió la mano, tuvo la impresión de que todo volvía a ser como antes. Tenía ganas de levantarse de esa cama y salir corriendo a tomarse algo con él sin que nadie interrumpiese su charla. Era la única persona con quien le apetecía hablar y, en resumen, pasar el tiempo, y empezaba a comprender la gravedad de la situación.
- Escucha, quería disculparme -habló José Antonio- Tenía que haberte dicho que iría con ella.
- Me pilló por sorpresa.
- Llevamos poco tiempo, iba a contártelo pero...
- No tienes que explicarme nada -le interrumpió- Tienes derecho a estar con quien te apetezca.
Él asintió y, aunque por un momento pareció que iba a decir algo más, se mordió el labio y siguió sentado junto a ella, sin decir nada, hasta que los calmantes hicieron efecto y Lena se durmió.
- ¿Dónde estoy? -dijo con la voz pastosa- ¿Qué ha pasado?
- Tranquila, estás bien -explicó uno de los médicos- Has tenido un accidente pero no ha pasado nada grave.
- Me duele la cabeza.
- Te diste un golpe fuerte, pero en un par de días podrás irte.
Los médicos se despidieron y dejaron pasar a José Antonio, que parecía algo más relajado. Le contó lo que sabía: de camino a casa, un coche había golpeado al suyo por detrás, y cuando la ambulancia llegó estaba inconsciente. Le habían hecho pruebas y todo estaba bien, pero por el momento estaría en observación. Parecía mentira que de aquello solo hubiesen pasado unas horas.
- ¿Cuánto llevas aquí?
- Vine en cuanto me avisaron -respondió, sentándose junto a la cama- Pensaban que iba a ser más grave, has tenido mucha suerte.
- Eso parece -sonrió, incorporándose un poco- Vete a casa, pareces cansado.
- No voy a dejarte sola.
Lena sintió ganas de llorar al oirle. Estaba claro que seguía preocupándose por ella y, cuando le cogió la mano, tuvo la impresión de que todo volvía a ser como antes. Tenía ganas de levantarse de esa cama y salir corriendo a tomarse algo con él sin que nadie interrumpiese su charla. Era la única persona con quien le apetecía hablar y, en resumen, pasar el tiempo, y empezaba a comprender la gravedad de la situación.
- Escucha, quería disculparme -habló José Antonio- Tenía que haberte dicho que iría con ella.
- Me pilló por sorpresa.
- Llevamos poco tiempo, iba a contártelo pero...
- No tienes que explicarme nada -le interrumpió- Tienes derecho a estar con quien te apetezca.
Él asintió y, aunque por un momento pareció que iba a decir algo más, se mordió el labio y siguió sentado junto a ella, sin decir nada, hasta que los calmantes hicieron efecto y Lena se durmió.





