La casa de la Alameda

Trece personas adultas, de edades comprendidas entre los dieciocho y cincuenta años se encuentran reunidas en un aula, aprendiendo algunos trucos de la animación sociocultural, de la mano de Leo, una de sus monitoras. De repente entra Gerardo, otro de los monitores que imparten el curso, interrumpiendo la clase. Parece que lleva una especie de carta en la mano. Le explica algo a Leo en privado. Leo vuelve a requerir la atención de los alumnos, para comentarles que Gerardo tiene algo que decirles:
- Chicos, nos acaba de llegar una invitación para participar en unas jornadas, animando a un grupo de niños de la Villa de Teguise, ¿qué les parece?, ¿les interesa? La actividad se realizará dentro de dos días en la casa de la alameda.
- ¿Te refieres a la casa abandonada? Pregunta Carlos.
- Exactamente, la misma. Podríamos aprovechar las circunstancias para practicar contando los cuentos de terror que os enseñó Sol.
- Por mí vale – comenta Nereida (lo normal, ella es de la villa), siendo secundada con bastante entusiasmo general por parte del resto de los compañeros.
- Bien, pues como esto ha surgido tan de repente y ya les he comentado que la actividad será dentro de dos días, me quedaré el resto de la clase con ustedes, para que entre hoy y mañana podamos dedicarnos a programar todas las actividades.
- Ya continuaremos en otro momento con lo que estábamos viendo, chicos – expresa Leo.- Les dejo con Gerardo. Hasta luego.
- ¡Hasta luego! – Se despiden todos de Leo. Y comienzan a trabajar en el proyecto.
Por fin llega el Viernes, el ansiado día para todos, ya que por fin podrán realizar su primera práctica de verdad, con niños de verdad. Son las 9h de la mañana y van llegando los futuros animadores, con caras de sueño (especialmente Marjorie, todo hay que decirlo) y algo de asombro ante el espectáculo que ofrece el panorama donde se supone van a actuar.
El primero en atreverse a hablar es Ezequiel, el argentino del grupo:
- Pero, ¿dónde están los niños?
- No Sé, quizás ya estén dentro, esperándonos. Nosotros vamos a entrar. Si todavía no hubieran llegado, aprovecharemos para ir reconociendo el lugar y así adecuarlo lo mejor posible a nuestros juegos y actividades.- Explica Gerardo.
Mientras van entrando a la casa por la destartalada puerta, Macarena y Lola desvían sus miradas hacia el extraño cobertizo lindante con la casa, que ofrece el aspecto de haber sobrevivido a un antiguo incendio.
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Una vez dentro, se encuentran con un pasillo que les lleva a una estancia amplia y diáfana, la cual, aunque hoy sin muebles, da Fe de haber constituído un antiguo gran salón.
- Aquí no hay nadie. – Comenta Mariola con su habitual desgana.
- No sé, yo voy a echar un vistazo - dice Carlos, al que siempre cuesta tanto permanecer quieto o en silencio.
- ¡Te acompaño! – Exclama Loli.
Y desaparecen los dos por una de las cinco puertas a las que da paso el supuesto salón.
- Podéis ir empezando a colocar el material mientras esperamos – sugiere Gerardo.
Stu* (que soy yo, la misma que os está contando esta historia), Marjorie y Lorena comienzan a dibujar la pista del juego del Quemado, con las tizas que traían junto al material, cuando comienzan a percibir extraños sonidos.
- ¿Habéis oído eso? – Pregunta Lorena.
- Sí, es como si el suelo se quejara al ser arañado por la tiza – responde Marjorie, invadida por un escalofrío que le recorre el cuerpo.
- Venga ya, comento yo*, será cosa de las irregularidades del suelo.
La mañana continúa su proceso. Ya ha transcurrido alrededor de una hora desde nuestra llegada al lugar. Los niños continúan sin presentarse. Los futuros animadores nos encontramos sentados en el suelo, hablando de nuestras cosas los unos, de la película del día anterior los otros… Macarena y Lola intercambian las impresiones que les ha producido el avistamiento del cobertizo quemado, mientras Nereida, que vive en el pueblo, les explica que está harta de verlo, pero que si lo desean, les cuenta la historia acerca del lugar.
- Yo también la conozco- dice Lorena, la otra compañera que reside en la Villa.
- Por favor, cuéntanosla – le pide Ezequiel, en el preciso instante en que todos mostramos interés por dicha historia.
- Sí, anda, contadla - les aconseja Gerardo.
- Bien, resulta que hará unos quince años, esta casa era un hogar de acogida para niños con problemas. Se dice que una noche, todos los niños intentaron escapar, en muestra de rebeldía, robándole las llaves a uno de los cuidadores, pero otro de ellos
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*A partir del asterisco sustituyo la tercera persona (Stu), por la primera (yo, nosotros).
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les pilló in fraganti y a modo de castigo, les encerró a todos en el cobertizo contiguo
a la casa. Parece ser que los chicos mayores llevaban cigarrillos y se pusieron a fumar. El sueño, el fuego y los desperdicios que había en el suelo hicieron el resto, provocándose un repentino incendio. Cuando los cuidadores se dieron cuenta y acudieron al rescate de sus muchachos, ya era demasiado tarde. Todos murieron. A los cuidadores se les abrió un expediente y el centro fue clausurado. Se comenta que los cuidadores continuaron con sus respectivas vidas, encontrando otros empleos, hasta que fueron muriendo, uno tras otro, siempre bajo extrañas circunstancias.
Lorena asiente con la cabeza, con gesto de resignación. Lola y Macarena parecen asustadas. Carmen al fin rompe el silencio, preguntando con cara de preocupación:
- ¿Habéis oído eso?
- ¿El qué? Yo no oigo nada – contesta Pablo.
- A todo esto, ¿dónde se han metido Carlos y Loli? Hace ya más de una hora que se fueron y me preocupa – comenta Miriam, que había permanecido tan silenciosa como de costumbre.
- Es muy raro, ¿no creéis? Deberíamos ir a buscarlos, comento yo.
- Está bien, yo iré – decide Gerardo.
- ¡Voy contigo! Dicen Pablo y Marjorie al unísono.
Los tres compañeros salen por la misma puerta por la que habían visto alejarse a Carlos y Loli con anterioridad, mientras que Macarena permanece sentada en el suelo, negando con la cabeza y expresando al mismo tiempo:
- No me parece una buena idea…
Pero ellos ya se han ido. De repente, Carmen exclama:
-¡¡¡Chsssss!!! ¿No habéis oído eso? ¡Es como el llanto de un niño!
Todos se quedan en silencio, intentando agudizar el oído.
Una voz parece salir de las profundidades de la tierra:
- Mami, mami, no me dejes solo.
Ahí estamos: Lorena, Ezequiel, Macarena, Carmen, Lola, Nereida, Mariola, Miriam y yo, mirándonos los unos a los otros con cara de pavor y asombro.
- Parece que ahora sí lo hemos oído todos. – Susurra Mariola.
Carmen se levanta de golpe, como intentando averiguar de dónde procede esa voz de ultratumba.
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- Mami, mami, tengo miedo. – Se repite la voz.
Carmen se dirige hacia la segunda puerta a la izquierda, de donde parece proceder la voz del niño.
- ¡No vayas! Exclama Lorena, asustadísima.
- ¡Pero tengo que ir!, ¿es que no os dais cuenta de que se trata de un niño? ¡Y tiene miedo! – aserta Carmen, que es toda una madraza.
Antes de que podamos reaccionar, Carmen abre la puerta y entra en la habitación. Mariola, la otra madre del grupo la sigue corriendo. Una vez han entrado las dos en la sala contigua, la puerta se cierra de golpe tras ellas. Los demás, venciendo al pánico, corremos a abrir la puerta, pero tras echar un vistazo a la habitación, observamos atónitos cómo allí no hay nadie.
Al encontrarnos todos mirando para la vacía habitación, no nos percatamos de que Miriam se había quedado atrás. ¡También se ha esfumado!
- ¿Y Miriam? – Pregunta Nereida en un ataque de pánico.
- Estaba aquí hace un momento, - comenta Ezequiel – por favor, no nos pongamos histéricos y permanezcamos unidos, creo que lo primero que deberíamos hacer es salir de la casa y llamar a la policía. –A estas alturas, sólo quedamos seis de las catorce personas que integrábamos el grupo inicial. – Seguidme.
Seguimos todos al argentino por el pasillo por el que a la llegada habíamos entrado al salón, cuando yo, me doy cuenta de que tengo los cordones desatados. Me agacho a atarlos - ¡Esperadme! – les pido. Cuando me incorporo, me percato de que estoy sola. El pavor me invade, no sé qué hacer. Corro hacia la puerta de salida de la casa y me encuentro con una nota clavada a dicha puerta por la acción de un puñal. Arranco el puñal y leo la nota:
- “El que no sirve para matar, sirve para morir”. – Dice la nota.
Mientras pienso dónde habré escuchado esas mismas palabras con anterioridad, oigo una risa estruendosa y tétrica. Entonces aparece ante mis ojos Tamar, un chico que fue expulsado del curso de animador por su carácter conflictivo y violento.
- Veamos qué eres capaz de hacer con ese cuchillo, me reta Tamar.
- Tamar, ¿qué has hecho con los otros?
- ¿Los otros? ¿Te refieres a esos asesinos? ¿Esos asesinos que dejaron morir a mis amigos, mis hermanos?… No te preocupes, cada uno tiene lo que se merece, al igual que lo tendrás tú.
- Así que tú eras uno de aquellos niños. No lo entiendo, ¿cómo conseguiste escapar al incendio?
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- Porque yo sí conseguí escapar la noche de la fuga, antes de que Roberto, el monitor, nos descubriera. Ahora pagarás por lo que nos hicísteis.
- ¡No, Tamar! ¡Nosotros no fuimos!
FIN
Dedicado a los chicos del curso de animador sociocultural de radio Eca, del verano del 2005.
Este es mi regalo para todos. En especial a:
Leo, Gerardo, Sol, Macarena, Mariola, Nereida, Ezequiel, Lorena, Lola, Dolores, Marjorie, Carlos, Pablo, Miriam, Carmen y Tamar.
Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia
"El arco de triunfo" de Tim Bowling.
El arco de triunfo:
Había una vez un rey que pensaba en lo elegante que se vería conduciendo su caballo a través de un arco de triunfo. Desafortunadamente, su país no poseía arco de triunfo y él tuvo que mandar construir uno. Y cuando fue construído, él hizo llamar a toda su gente para que se reunieran y pudieran verle montando a caballo a través de él.
Bien, el gran día llegó. Toda la gente estaba allí. El rey, vestido con sus más finas ropas, subió a su caballo y lo guió majestuosamente hacia el arco. Desafortunadamente, el arco había sido construido demasiado bajo, él se golpeó la cabeza, fue derribado de su caballo y cayó al suelo. Y toda la gente hizo “brrrrrffffffffff”.
Bien, el rey, como podéis imaginar, estaba furioso, se levantó como pudo y dijo: “ Voy a averiguar quién es el responsable de este ultraje y a esa persona ¡le cortarán la cabeza!”
Entonces se inició un juicio, en el que la primera persona en ser llamado fue el arquitecto. Y el arquitecto entró en el juicio y digo: “mire, no es mi culpa. No cabría ninguna posibilidad de que esto fuera culpa mía. Yo estoy muy cualificado, yo tengo cordeles de letras tras mi nombre. No, no es mi culpa. Debe de ser culpa de los masones que construyeron el arco, ellos deben de haber malinterpretado mis dibujos.”
Y los masones fueron llevados al juicio, y ellos entraron y dijeron: “Mire, no es nuestra culpa. Nosotros seguimos los dibujos, nosotros construimos el arco tan alto como podíamos, no, no es nuestra culpa. Debe de ser culpa de los carpinteros que construyeron el andamio – ellos deben haber construido el andamio demasiado bajo.”
Así fue como los carpinteros fueron llevados al juicio y ellos entraron y dijeron: “No es nuestra culpa. Nosotros usamos toda la madera que nos dieron para el andamio, no, no, no es nuestra culpa. Debe de ser culpa del caballo del rey – es muy grande.”
Y el caballo del rey fue llevado al juicio. “¡PRRRRRRRRRRRR!” dijo el caballo. “Mire, no es mi culpa. No tiene sentido acusarme a mí de nada. Yo sólo soy un caballo. Pero si quiere saber lo que pienso, para mí el problema está bien claro. Y el problema es ¡que la cabeza del rey es demasiado grande!”
“¡Sí! Dijo la gente en el juicio.
Entonces el rey, tuvo que mandar a que le cortaran la cabeza.
Cuentos populares de Tim Bowling. Traduccción por Stuffen.
Había una vez un rey que pensaba en lo elegante que se vería conduciendo su caballo a través de un arco de triunfo. Desafortunadamente, su país no poseía arco de triunfo y él tuvo que mandar construir uno. Y cuando fue construído, él hizo llamar a toda su gente para que se reunieran y pudieran verle montando a caballo a través de él.
Bien, el gran día llegó. Toda la gente estaba allí. El rey, vestido con sus más finas ropas, subió a su caballo y lo guió majestuosamente hacia el arco. Desafortunadamente, el arco había sido construido demasiado bajo, él se golpeó la cabeza, fue derribado de su caballo y cayó al suelo. Y toda la gente hizo “brrrrrffffffffff”.
Bien, el rey, como podéis imaginar, estaba furioso, se levantó como pudo y dijo: “ Voy a averiguar quién es el responsable de este ultraje y a esa persona ¡le cortarán la cabeza!”
Entonces se inició un juicio, en el que la primera persona en ser llamado fue el arquitecto. Y el arquitecto entró en el juicio y digo: “mire, no es mi culpa. No cabría ninguna posibilidad de que esto fuera culpa mía. Yo estoy muy cualificado, yo tengo cordeles de letras tras mi nombre. No, no es mi culpa. Debe de ser culpa de los masones que construyeron el arco, ellos deben de haber malinterpretado mis dibujos.”
Y los masones fueron llevados al juicio, y ellos entraron y dijeron: “Mire, no es nuestra culpa. Nosotros seguimos los dibujos, nosotros construimos el arco tan alto como podíamos, no, no es nuestra culpa. Debe de ser culpa de los carpinteros que construyeron el andamio – ellos deben haber construido el andamio demasiado bajo.”
Así fue como los carpinteros fueron llevados al juicio y ellos entraron y dijeron: “No es nuestra culpa. Nosotros usamos toda la madera que nos dieron para el andamio, no, no, no es nuestra culpa. Debe de ser culpa del caballo del rey – es muy grande.”
Y el caballo del rey fue llevado al juicio. “¡PRRRRRRRRRRRR!” dijo el caballo. “Mire, no es mi culpa. No tiene sentido acusarme a mí de nada. Yo sólo soy un caballo. Pero si quiere saber lo que pienso, para mí el problema está bien claro. Y el problema es ¡que la cabeza del rey es demasiado grande!”
“¡Sí! Dijo la gente en el juicio.
Entonces el rey, tuvo que mandar a que le cortaran la cabeza.
Cuentos populares de Tim Bowling. Traduccción por Stuffen.
Gente de Keflavik

Existe un pequeño país, al Norte del globo terráqueo, llamado Islandia, donde se encuentra una ciudad de habitantes simpáticos y curiosos, llamada Keflavik.
Poco sé de ese país, pero por diversas circunstancias, me he topado con bastantes habitantes de la ciudad de Keflavik.
Ellos son pareciditos, de pelo rubio, tez blanca, ojos claros, narices ultrapequeñas y sonrisa profiden. La verdad, cada vez que los veo, me acuerdo de las aventuras de David el Gnomo, porque ellos recuerdan a pequeños Gnomos del bosque. Da la sensación de que viven en casitas hogareñas, escarvadas en los frondosos árboles, alrededor siempre de una buena fogata.
Acostumbran a venir cargados de hijos y maletones. Porque la familia media de keflavik consta de 6 personas. está claro que, no sé si debido al frío o a la poca diversión del país, ellos se dedican a traer criaturas al mundo, tendiendo a formar familias numerosas. Me imagino que la economía del lugar también se lo permitirá.
En cuanto a lo de los maletones, pues la verdad, es que no lo entiendo. ¿Qué llevarán en esas dichosas maletas? Porque es que no falla. Una familia de Keflavik puede llevar unas 6 maletas, de las cuales, una o dos son enormes y pesan más de 32 kilos.
Hay quien dice que se llevan las rocas del Timanfaya, y que cuando queramos darnos cuenta, habrá un Timanfaya en Islandia. Los hay que creen que se llevan ropa y diversos artículos comprados en España. O quienes opinan que una vez llegados a su país se dedican al contrabando de tabaco y alcohol.
Tienen nombres y apellidos complicadísimos como Krustendhdorfdotti o Thorsendthalson, ya que no menos complicado ha de ser su idioma. Hasta he aprendido que cuando estos apellidos terminan en -dotti, es porque se trata de una mujer adulta (hija de), mientras que si acaban en -son, es que se trata de un hombre adulto (hijo de). (sí, ya sé que ahora estará el lector pensando en que qué gran insulto podría ser: putadotti o Putison).
Esta mañana facturé y embarqué mi segundo vuelo para keflavik, que parece ser se repite todas las semanas durante el verano lanzaroteño.
Me llaman la atención estas gentes del norte, y no he podido dejar de escribir unas palabrillas sobre ellos.
Cualquier día me subo de estrangis en el avión y me voy con ellos. Si es que queda algún hueco, claro, ¡porque ellos llenan los aviones hasta los topes!
Deberes complicados
- No meterme donde no me llaman.
- Aprobar el Viernes el carnet de conducir.
- Progresar en mi nuevo trabajo sin meter la "gamba".
- No estresarme por hacer tantas cosas a la vez.
- Organizarme para que me de tiempo a hacerlo todo.
- Repasar la teoría aprendida y superada hace meses (teoría de mi nuevo trabajo y teoría del carnet de conducir).
- Leer más.
- Hacer mis 40 ó 50 abdominales diarios.
- Engordar 6 kilos.
- Ir a la playa a sumergirme bajo el agua salada (es buena para mi piel).
- No agobiarme.
- Volver a escribir correo del ordinario.
- Ahorrar.
- Maquillarme para ir a las entrevistas de trabajo.
- Pasar menos de las amistades.
- Comer fruta.
- Acostumbrarme a los tacones (horribles) de mi nuevo trabajo.
- No perder la compostura aunque me griten y me digan que soy lenta facturando.
- Enterarme bien de cómo es éso de hacerse controlador aereo.
- Etc...
Ruinas
Stuffen 2005
öleo sobre lienzo
80 x 60 cm
"Hasta el momento presente el objetivo del arte ha sido la belleza, pero ésta es sólo una pequeña parte de lo que el hombre puede imitar".
Lessing en el Laoconte.
¿Como definirías la palabra romanticismo?
¿Es romántica una historia de dos amantes cuyo final termina comiendo perdices?
¿No son acaso mucho más románticos los relatos que nos hablan de amores imposibles, catástrofes irrefrenables, luchas por sobrevivir ante la adversidad, enfrentamientos hombre-naturaleza, ruinas, restos presentes que nos evocan antiguas presencias de tiempos mejores?
Se lo preguntaría a Caspar Friedrich, pero hace tiempo que murió.
Stuffen.
Otra vez...

Ya estamos otra vez con lo mismo: explosiones, sangre, horror, dolor,víctimas...
Esta mañana, muy temprano, estuve enviando a gente para otra isla. Concretamente, desde Lanzarote a Edinburgo. Todo sin problemas, ellos tan contentos e ilusionados porque regresaban de las vacaciones a sus respectivas casas.
Nada me podía hacer pensar que pocas horas más tarde, estallarían explosiones similares a las de Madrid del ya pasado 11 M, en su misma isla.
Me acabo de enterar de la noticia, ya que he tenido una mañana bastante ocupada (cuando te metes en clases de lo que sea, la información desde el exterior a veces no llega). Y me he quedado bastante impactada.
Ante estas noticias, no puedes más que sentir impotencia, horror, tristeza, rabia, ganas de ayudar en lo que sea, etc...
Mis condolencias para el Reino Unido, la gente de Londres y todo aquél que se haya podido ver afectado tanto directa como indirectamente.
Y atravesé el cristal
(Para ver texto "Déjame atravesar el cristal, pinchar en este link: http://www.blogia.com/a_las_6_y_pico/index.php?idarticulo=200502081)
Atravesé el cristal y me encontré, con unos ojos mágicos que me guiaban por todo tu ser, descubriendo pensamientos, reflexiones y sentires, que poco a poco llamarían a actuar a los sentidos.
Así es como fuimos salvando barreras y dejando hueco a la espontaneidad de los momentos compartidos.
Desafiaste convencionalismos junto a mí, demostrando que se puede amar sin hacer el amor.
Y todavía éramos amigos.
La dulzura de poder sentir tu mano en mi mano y mi mano en tu mano no eclipsaba a la ternura de observar esa mirada tímida que pugnaba por disimular su gozo.
Y cuando me quitaste el reloj, ¡ay cuando me quitaste el reloj!
Entonces el tiempo se hizo breve, mientras nuestros labios "quinceañeros" por un instante, se rozaban inocentemente, para permitirme seguir disfrutando del goce de tu mirada; el placer de una mirada limpia; una mirada tímida y huidiza...; una mirada que escondía su propio placer...
Atravesé el cristal y me encontré, con unos ojos mágicos que me guiaban por todo tu ser, descubriendo pensamientos, reflexiones y sentires, que poco a poco llamarían a actuar a los sentidos.
Así es como fuimos salvando barreras y dejando hueco a la espontaneidad de los momentos compartidos.
Desafiaste convencionalismos junto a mí, demostrando que se puede amar sin hacer el amor.
Y todavía éramos amigos.
La dulzura de poder sentir tu mano en mi mano y mi mano en tu mano no eclipsaba a la ternura de observar esa mirada tímida que pugnaba por disimular su gozo.
Y cuando me quitaste el reloj, ¡ay cuando me quitaste el reloj!
Entonces el tiempo se hizo breve, mientras nuestros labios "quinceañeros" por un instante, se rozaban inocentemente, para permitirme seguir disfrutando del goce de tu mirada; el placer de una mirada limpia; una mirada tímida y huidiza...; una mirada que escondía su propio placer...
El hombre con el que yo me case (ripio humorístico)
El hombre con el que me case ha de ser
ingenioso e inteligente
estar dotado de una buena mente
y sin duda mucha chispa tener.
Será gracioso y travieso
que no patitieso
una gran imaginación tendrá
que a lugares exóticos nos llevará.
Conversando será elocuente
nos haremos reir mutuamente
con un mínimo de cultura
y claro está, también de altura.
El exterior no es importante
sólo pido que a mis ojos no espante
y de una gran sensibilidad
la exijo, por caridad...
Si no le gusta la política mejor
y que no sea del reino el hortera mayor
que pasara del fútbol me sería grato
si prefiriera el cine haríamos el trato.
Que no sea un salido lividinoso
al que le gusten todas
podría resultarme asqueroso
vamos, no me jodas...
Si es un niño como niña soy yo
pasaríamos el dia jugando los dos,
mas aléjense los niñatos
esos que sólo valen para ratos.
Ojo que aquí viene el defecto mayor
si apareciera provisto de esposa
que a ella le haga el amor
pues yo no quiero tal cosa.
Stu.
(Nota: acabo de rescatar este ripio del olvido, sin ninguna pretensión más que la de sacar una sonrisa a quien lo lea.) (ah, y que se cumpla, que se cumpla)
El sol de la mañana

Llega la mañana, los rayos de Sol de un nuevo dia se introducen por mi ventana. Continúo durmiendo plácidamente mientras los dorados rayos cubren mi cuerpo tendido, susurrando...
- levántate, todo ha sido un sueño.
levántate, olvida lo soñado.
Poco a poco me desperezo, ya es otro dia. Un bonito dia de verano cálido y limpio. Me asomo por la ventana y veo el resplandeciente cielo azul. Me siento como si algo hubiera cambiado en mí, pero no consigo descifrar qué es.
Entonces me vienen vagos recuerdos de algo vivido, ¿o tal vez se trata de algo soñado?
Recuerdo que fuimos amigos, recuerdo haber compartido aventuras contigo.
Recuerdo pasear junto a ti por kilométricas playas desiertas de arena blanca. Nuestros cuerpos desnudos tostándose al Sol, jugando como niños; el retozar entre las olas a la orilla del mar; el dormir abrazados bajo la luz de la luna, sintiendo tu aliento en mí.
Me acaricias el pelo, es tan relajante...
Recuerdo haber robado un barco para llegar hasta ti.
Recuerdo una estación de tren a la que acudes a recogerme; después, un viejo Hotel con aire acondicionado; nuestras risas bajo las sábanas...
Recuerdo el sabor de tus besos, sabían bien.
Recuerdo el haberte deseado, tú me también medeseabas.
Recuerdo el anhelo de tocarte, acariciarte, sentir tu cuerpo contra el mio.
Recuerdo haber tenido miedo pero haber confiado en ti. Recuerdo el sonido de tu voz. Tú también confiaste en mí; qué grata sensación me produce.
Recuerdo haber recibido un regalo tuyo.
Pero..., si todo ha sido un sueño, me pregunto... ¿por qué conservo tu regalo?
Me encanta ese regalo; es tierno, dulce, imaginativo, sensible, adorable,¿como tú?
Recuerdo que no se lo puedo mostrar a nadie. Es sólo para mí.
Recuerdo tu sonrisa; te costaba tanto mostrarla.
Recuerdo que tenemos una cita, dentro de un año, o tal vez dos.
Te recuerdo,
pero...
¿Quién eres tú?
El Sol de la mañana ya nubla mis recuerdos..
(Imagen de Edward Hopper, " Habitación de Hotel")






NO TOQUES AHI QUE NO HACE NADA>