Bonifacio: El cazador de pesadillas
Texto: Pablo A
Ilustraciones: Stuffen

Érase una vez un peluche gordinflón y algo feote que se llamaba Bonifacio. Bonifacio vivía desde hacía ya mucho tiempo en la tienda de peluches. Como sabéis, casi todos los peluches tienen un niño con el que les encanta jugar. Pero Bonifacio, después de tanto tiempo, no había conseguido todavía el suyo. Esto le hacía sentirse un poco triste. Cada vez que veía entrar un crío por la puerta de la tienda, ponía su mejor aspecto de osito gordote para gustar mucho y tener la suerte de ser el elegido. Aunque siempre ocurría que elegían a otros muñecos más bonitos que él y, Bonifacio, se quedaba muy desanimado pensando que nunca conseguiría su niño.
Un día, cuando ya Bonifacio estaba empezando a pensar que nunca lo elegirían a él, entró un señor a la tienda de peluches. Este hombre llevaba mucha prisa. Bonifacio lo miró un poco desganado y ni siquiera se incorporó como hacía siempre para conseguir ponerse los más guapo posible. El señor dio una pasada rápida por las estanterías sin saber muy bien qué escoger y, de repente, sonó su teléfono.

Como el hombre tenía mucha prisa porque lo habían llamado, cogió sin mirar un muñeco de la estantería.
De pronto, Bonifacio notó cómo lo zarandeaban. ¡Que susto! Ese hombre lo había cogido de repente y sin avisar. Se lo llevó a toda prisa al tendero para que lo envolviera en un papel de regalo. Y allí se quedó Bonifacio. Todo quieto, sin poder moverse por el susto que llevaba y envuelto en papel.
Así pasó un buen rato y notaba cómo lo llevaban de aquí para allá hasta que oyó unas voces.
- ¡Papá, papá! Qué me has traído para mi cumpleaños. – Decía un niño.
- Mira, Fermín, este paquete es para ti. – Le contestó el padre.
Bonifacio notó cómo unas manos más pequeñas lo cogían y empezaban a romper a toda prisa el papel que lo envolvía. En un momento, Bonifacio volvió a ver la luz y tenía frente a sí la cara de un precioso niño. ¡Ese iba a ser su niño!. Bonifacio estaba la mar de contento porque por fin lo había conseguido. Pero, de pronto, vio que Fermín lo miraba de un modo extraño mientras decía a su padre.
- ¡Qué rollo! Un peluche. Y encima feo. Yo quería un videojuego, no un muñeco.
Fermín estaba muy enfadado y Bonifacio, que vio cómo su niño no lo quería, se puso muy triste pensando que lo iban a devolver a la tienda de nuevo. Sin embargo, una dulce voz de mujer habló a la espalda de Bonifacio. Era la mamá del niño.
- ¡Pero Fermín! ¿Tú sabes qué es este muñeco?
Bonifacio miraba curioso esperando lo que la madre iba a decir
- ¡Es un cazador de pesadillas! – Siguió la mujer
Fermín no estaba del todo convencido, todavía no le gustaba ese muñeco soso que le habían regalado y que no parecía hacer nada divertido, como hablar o lanzar flechas contra los enemigos. Sin embargo, eso de cazar pesadillas ya era algo. Precisamente las dos noches anteriores había tenido unas pesadillas muy malas en las que salía un tremendo monstruo que se comía todos sus juguetes.
- ¿Ah sí? ¿Y cómo las caza? – Preguntó Fermín curioso.
- Eso es un secreto de Bonifacio – Contestó la madre
- ¿Cómo sabes que se llama Bonifacio? – Dijo Fermín
- Porque lo pone aquí, mira – Respondió la madre señalando la etiqueta donde Bonifacio llevaba su nombre.

El padre, que había estado escuchando la conversación, cogió a Bonifacio y, muy serio, le puso la espada de plástico que Fermín guardaba en el cajón de los juguetes y dijo:
- Yo te nombro cazador de pesadillas de esta casa, al servicio de Fermín. ¡He dicho!
Bonifacio se quedó aterrorizado. ¡El nunca había cazado una pesadilla! Ni siquiera sabía cómo era una pesadilla ¡Cómo iba a saber cazarlas! Pero el peluche no quería perder a su niño, le había costado mucho conseguirlo y ahora no pensaba renunciar a él. ¡Haría lo que fuera por conservarlo!
Fermín cogió al muñeco y lo miró fijamente a los ojos de cristal. Lo examinó por arriba y por abajo, le dio un par de vueltas por aquí y por allá y dijo:
- Bueno, si caza pesadillas no está tan mal – Y lo colocó sobre la mesita de noche, al lado de la lámpara. Luego apagó la luz y Bonifacio se quedó allí casi a oscuras, en su nuevo hogar.

Cuando ya no había ninguna persona cerca, oyó, al lado suyo, que alguien decía:
- Tú no has cazado una pesadilla en tu vida, seguro
Bonifacio miró a su lado y vio que la lámpara de la mesita de noche le miraba con un gesto que parecía de pocos amigos.
- Hola lámpara. Soy Bonifacio, cazador de pesadillas – Saludó el peluche a su nueva compañera.
La lámpara, que estaba enfadada, le dijo:
- Repito que tú no has cazado una pesadilla en tu vida y vienes aquí a quitarme mi puesto. Yo soy quien espanta las pesadillas con mi luz. Tú ni siquiera iluminas un poquito.
Bonifacio, que quería llevarse bien con su nueva vecina no se enfadó y contestó a la lámpara:
- ¿Y tú no podrías enseñarme cómo son las pesadillas? – Y continuó un poco triste – Es que tienes razón, yo no he cazado nunca pesadillas, pero me ha costado mucho conseguir este niño y ahora no quiero perderlo.
La lámpara, que aunque era un poco gruñona y estaba algo celosa, no era mala, le dijo:
- Bueno, haremos un trato, Yo espanto a las pesadillas cuando esté encendida y, cuando me apaguen, si viene alguna, tú la cazas.
Bonifacio, lleno de alegría dijo:
- ¡Gracias lámpara! – Vamos a ser muy buenos amigos.
Por fin llegó la noche. Durante los primeros minutos, Fermín dormía con la luz encendida y Bonifacio observaba a su nueva amiga, la lámpara, para aprender de ella. Bonifacio estaba muy atento a su nuevo trabajo, no quería hacer nada mal, Fermín iba a ser su niño para siempre y tenía que cazar cualquier pesadilla que se acercara a él. Se ve que las pesadillas ya conocían a la lámpara porque, mientras estuvo encendida, ninguna se atrevió a molestar al niño. Pero, al rato, apagaron la luz. La lámpara le dijo a Bonifacio en voz baja:
- ¡Atento!, llegó tu hora.

Bonifacio se puso alerta, mirando a un lado y a otro, con la cara muy seria.
- Si viene una pesadilla, se va a enterar – Le dijo a su amiga.
Al cabo de un rato, vio una sombra extraña que se colaba por la rendija de la ventana y se dirigía hacia su niño ¡Era una pesadilla! Bonifacio, a toda prisa, se lanzó a por ella como si fuera el mismísimo Superman. Pero la pesadilla, que lo vio llegar, se escabulló de entre los peludos brazos del peluche y salió disparada por donde había entrado.

- Jo. No la he podido cazar. – Dijo apenado
- Bueno. Al menos la has espantado y Fermín no ha tenido un mal sueño – Le consoló la lámpara de la mesita.
- Bueno sí, algo es algo – Se conformó Bonifacio.
Mientras hablaban, otra sombra se deslizó por debajo de la puerta de la habitación de Fermín.

Sigilosamente, para que no la vieran la lámpara y el peluche, que seguían hablando en la mesita de noche, se fue acercando a la cama muy poco a poco, pegada a la pared. Al alcanzar los pies de la cama, subió enredándose a la pata. Se metió bajo el edredón y comenzó a avanzar hacia la cabecera de la cama hasta que, por fin, alcanzó la almohada. ¡Lo había conseguido! Estaba allí, y tenía a Fermín a su alcance. Éste pronto estaría teniendo sueños horribles que ella le haría tener. Empezó a meterse en la cabeza de Fermín muy despacio, por el oído, muy poco a poco, para no despertarlo. Pero, cuando ya lo iba a conseguir, notó como algo la cogía por detrás, miró a su cola y se dio cuenta de que Bonifacio la había agarrado. Este, con cara enfadada, la cogió y la sacudió mientras le decía:
- ¡Ven aquí, pesadilla! ¿Crees que puedes molestar a mi niño sin que te pase nada?. ¡Ahora te vas a enterar! – Mientras le decía todo esto, Bonifacio tenía a la pesadilla cogida con las dos manos y le daba vueltas en el aire. Ésta empezaba a marearse y comenzó a suplicarle que la dejara, que prometía no volver. Bonifacio seguía mareándola y la pesadilla continuaba suplicando cuando Fermín se despertó. Al abrir los ojos, observó cómo Bonifacio le daba vueltas a algo feo que no paraba de decir que no volvería nunca, que lo soltara. Por fin, el peluche, soltó a la sombra, que se estrelló contra el cristal de la ventana y, rápidamente, salió huyendo por la rendija de ésta. Bonifacio se dirigió al cristal y, desde allí, gritó - ¡Ni se te ocurra volver!
La lámpara, asombrada, gritaba: - ¡Bravo! ¡bravo! – y hubiera aplaudido si llega a tener manos; pero cuando se dio cuenta de que Fermín estaba despierto, volvió a quedarse quieta, como hacen las lamparitas de noche.

Bonifacio también se dio cuenta de que su niño estaba despierto y, igual que la lamparita, permaneció quieto en el sitio como siempre hacen los peluches. Pero Fermín lo había visto ¡Había visto como su nuevo peluche había cazado una pesadilla!. Así que lo cogió, lo metió en la cama con él y volvió a dormirse abrazándolo. Esa fue la primera noche que Bonifacio había cumplido el sueño de todo buen peluche: ¡Dormir con su niño!.
Y fue desde aquella noche que Fermín dormía abrazado siempre a su peluche. Y Bonifacio, feliz junto a su niño, vigilaba para que ninguna pesadilla volviera a aparecer porque se había convertido en Bonifacio, ¡el mejor cazador de pesadillas del mundo!
FIN
Ilustraciones: Stuffen
Érase una vez un peluche gordinflón y algo feote que se llamaba Bonifacio. Bonifacio vivía desde hacía ya mucho tiempo en la tienda de peluches. Como sabéis, casi todos los peluches tienen un niño con el que les encanta jugar. Pero Bonifacio, después de tanto tiempo, no había conseguido todavía el suyo. Esto le hacía sentirse un poco triste. Cada vez que veía entrar un crío por la puerta de la tienda, ponía su mejor aspecto de osito gordote para gustar mucho y tener la suerte de ser el elegido. Aunque siempre ocurría que elegían a otros muñecos más bonitos que él y, Bonifacio, se quedaba muy desanimado pensando que nunca conseguiría su niño.
Un día, cuando ya Bonifacio estaba empezando a pensar que nunca lo elegirían a él, entró un señor a la tienda de peluches. Este hombre llevaba mucha prisa. Bonifacio lo miró un poco desganado y ni siquiera se incorporó como hacía siempre para conseguir ponerse los más guapo posible. El señor dio una pasada rápida por las estanterías sin saber muy bien qué escoger y, de repente, sonó su teléfono.
Como el hombre tenía mucha prisa porque lo habían llamado, cogió sin mirar un muñeco de la estantería.
De pronto, Bonifacio notó cómo lo zarandeaban. ¡Que susto! Ese hombre lo había cogido de repente y sin avisar. Se lo llevó a toda prisa al tendero para que lo envolviera en un papel de regalo. Y allí se quedó Bonifacio. Todo quieto, sin poder moverse por el susto que llevaba y envuelto en papel.
Así pasó un buen rato y notaba cómo lo llevaban de aquí para allá hasta que oyó unas voces.
- ¡Papá, papá! Qué me has traído para mi cumpleaños. – Decía un niño.
- Mira, Fermín, este paquete es para ti. – Le contestó el padre.
Bonifacio notó cómo unas manos más pequeñas lo cogían y empezaban a romper a toda prisa el papel que lo envolvía. En un momento, Bonifacio volvió a ver la luz y tenía frente a sí la cara de un precioso niño. ¡Ese iba a ser su niño!. Bonifacio estaba la mar de contento porque por fin lo había conseguido. Pero, de pronto, vio que Fermín lo miraba de un modo extraño mientras decía a su padre.
- ¡Qué rollo! Un peluche. Y encima feo. Yo quería un videojuego, no un muñeco.
Fermín estaba muy enfadado y Bonifacio, que vio cómo su niño no lo quería, se puso muy triste pensando que lo iban a devolver a la tienda de nuevo. Sin embargo, una dulce voz de mujer habló a la espalda de Bonifacio. Era la mamá del niño.
- ¡Pero Fermín! ¿Tú sabes qué es este muñeco?
Bonifacio miraba curioso esperando lo que la madre iba a decir
- ¡Es un cazador de pesadillas! – Siguió la mujer
Fermín no estaba del todo convencido, todavía no le gustaba ese muñeco soso que le habían regalado y que no parecía hacer nada divertido, como hablar o lanzar flechas contra los enemigos. Sin embargo, eso de cazar pesadillas ya era algo. Precisamente las dos noches anteriores había tenido unas pesadillas muy malas en las que salía un tremendo monstruo que se comía todos sus juguetes.
- ¿Ah sí? ¿Y cómo las caza? – Preguntó Fermín curioso.
- Eso es un secreto de Bonifacio – Contestó la madre
- ¿Cómo sabes que se llama Bonifacio? – Dijo Fermín
- Porque lo pone aquí, mira – Respondió la madre señalando la etiqueta donde Bonifacio llevaba su nombre.
El padre, que había estado escuchando la conversación, cogió a Bonifacio y, muy serio, le puso la espada de plástico que Fermín guardaba en el cajón de los juguetes y dijo:
- Yo te nombro cazador de pesadillas de esta casa, al servicio de Fermín. ¡He dicho!
Bonifacio se quedó aterrorizado. ¡El nunca había cazado una pesadilla! Ni siquiera sabía cómo era una pesadilla ¡Cómo iba a saber cazarlas! Pero el peluche no quería perder a su niño, le había costado mucho conseguirlo y ahora no pensaba renunciar a él. ¡Haría lo que fuera por conservarlo!
Fermín cogió al muñeco y lo miró fijamente a los ojos de cristal. Lo examinó por arriba y por abajo, le dio un par de vueltas por aquí y por allá y dijo:
- Bueno, si caza pesadillas no está tan mal – Y lo colocó sobre la mesita de noche, al lado de la lámpara. Luego apagó la luz y Bonifacio se quedó allí casi a oscuras, en su nuevo hogar.
Cuando ya no había ninguna persona cerca, oyó, al lado suyo, que alguien decía:
- Tú no has cazado una pesadilla en tu vida, seguro
Bonifacio miró a su lado y vio que la lámpara de la mesita de noche le miraba con un gesto que parecía de pocos amigos.
- Hola lámpara. Soy Bonifacio, cazador de pesadillas – Saludó el peluche a su nueva compañera.
La lámpara, que estaba enfadada, le dijo:
- Repito que tú no has cazado una pesadilla en tu vida y vienes aquí a quitarme mi puesto. Yo soy quien espanta las pesadillas con mi luz. Tú ni siquiera iluminas un poquito.
Bonifacio, que quería llevarse bien con su nueva vecina no se enfadó y contestó a la lámpara:
- ¿Y tú no podrías enseñarme cómo son las pesadillas? – Y continuó un poco triste – Es que tienes razón, yo no he cazado nunca pesadillas, pero me ha costado mucho conseguir este niño y ahora no quiero perderlo.
La lámpara, que aunque era un poco gruñona y estaba algo celosa, no era mala, le dijo:
- Bueno, haremos un trato, Yo espanto a las pesadillas cuando esté encendida y, cuando me apaguen, si viene alguna, tú la cazas.
Bonifacio, lleno de alegría dijo:
- ¡Gracias lámpara! – Vamos a ser muy buenos amigos.
Por fin llegó la noche. Durante los primeros minutos, Fermín dormía con la luz encendida y Bonifacio observaba a su nueva amiga, la lámpara, para aprender de ella. Bonifacio estaba muy atento a su nuevo trabajo, no quería hacer nada mal, Fermín iba a ser su niño para siempre y tenía que cazar cualquier pesadilla que se acercara a él. Se ve que las pesadillas ya conocían a la lámpara porque, mientras estuvo encendida, ninguna se atrevió a molestar al niño. Pero, al rato, apagaron la luz. La lámpara le dijo a Bonifacio en voz baja:
- ¡Atento!, llegó tu hora.
Bonifacio se puso alerta, mirando a un lado y a otro, con la cara muy seria.
- Si viene una pesadilla, se va a enterar – Le dijo a su amiga.
Al cabo de un rato, vio una sombra extraña que se colaba por la rendija de la ventana y se dirigía hacia su niño ¡Era una pesadilla! Bonifacio, a toda prisa, se lanzó a por ella como si fuera el mismísimo Superman. Pero la pesadilla, que lo vio llegar, se escabulló de entre los peludos brazos del peluche y salió disparada por donde había entrado.
- Jo. No la he podido cazar. – Dijo apenado
- Bueno. Al menos la has espantado y Fermín no ha tenido un mal sueño – Le consoló la lámpara de la mesita.
- Bueno sí, algo es algo – Se conformó Bonifacio.
Mientras hablaban, otra sombra se deslizó por debajo de la puerta de la habitación de Fermín.
Sigilosamente, para que no la vieran la lámpara y el peluche, que seguían hablando en la mesita de noche, se fue acercando a la cama muy poco a poco, pegada a la pared. Al alcanzar los pies de la cama, subió enredándose a la pata. Se metió bajo el edredón y comenzó a avanzar hacia la cabecera de la cama hasta que, por fin, alcanzó la almohada. ¡Lo había conseguido! Estaba allí, y tenía a Fermín a su alcance. Éste pronto estaría teniendo sueños horribles que ella le haría tener. Empezó a meterse en la cabeza de Fermín muy despacio, por el oído, muy poco a poco, para no despertarlo. Pero, cuando ya lo iba a conseguir, notó como algo la cogía por detrás, miró a su cola y se dio cuenta de que Bonifacio la había agarrado. Este, con cara enfadada, la cogió y la sacudió mientras le decía:
- ¡Ven aquí, pesadilla! ¿Crees que puedes molestar a mi niño sin que te pase nada?. ¡Ahora te vas a enterar! – Mientras le decía todo esto, Bonifacio tenía a la pesadilla cogida con las dos manos y le daba vueltas en el aire. Ésta empezaba a marearse y comenzó a suplicarle que la dejara, que prometía no volver. Bonifacio seguía mareándola y la pesadilla continuaba suplicando cuando Fermín se despertó. Al abrir los ojos, observó cómo Bonifacio le daba vueltas a algo feo que no paraba de decir que no volvería nunca, que lo soltara. Por fin, el peluche, soltó a la sombra, que se estrelló contra el cristal de la ventana y, rápidamente, salió huyendo por la rendija de ésta. Bonifacio se dirigió al cristal y, desde allí, gritó - ¡Ni se te ocurra volver!
La lámpara, asombrada, gritaba: - ¡Bravo! ¡bravo! – y hubiera aplaudido si llega a tener manos; pero cuando se dio cuenta de que Fermín estaba despierto, volvió a quedarse quieta, como hacen las lamparitas de noche.
Bonifacio también se dio cuenta de que su niño estaba despierto y, igual que la lamparita, permaneció quieto en el sitio como siempre hacen los peluches. Pero Fermín lo había visto ¡Había visto como su nuevo peluche había cazado una pesadilla!. Así que lo cogió, lo metió en la cama con él y volvió a dormirse abrazándolo. Esa fue la primera noche que Bonifacio había cumplido el sueño de todo buen peluche: ¡Dormir con su niño!.
Y fue desde aquella noche que Fermín dormía abrazado siempre a su peluche. Y Bonifacio, feliz junto a su niño, vigilaba para que ninguna pesadilla volviera a aparecer porque se había convertido en Bonifacio, ¡el mejor cazador de pesadillas del mundo!
FIN
Comentario:
esta muy bonito todo eso del osito ps y me sirbe de mucho esto para mi trabajo
Comentario:
Comentario:
¡¡Ahijada!! :) ¿Cómo sabías que yo tenía mi propio blog?
Si no lo he publicitado ni nada (es un poco íntimo, así como de descubrimiento... No tengo ganas de estar haciendo publicidad, creo que en estos momentos se comprende.)
Me alegra el verte por aquí. :)
Pues ya que estás, me gustaría aconsejarte que eches un vistazo al blog de Tonelete y Badulake, que es la últma novedad en esto de blogs, y creo que sí merece la pena.
Muchos besitoooooos.
A ver si me paso yo por tu blog más a menudo, que es muy bueno.
Si no lo he publicitado ni nada (es un poco íntimo, así como de descubrimiento... No tengo ganas de estar haciendo publicidad, creo que en estos momentos se comprende.)
Me alegra el verte por aquí. :)
Pues ya que estás, me gustaría aconsejarte que eches un vistazo al blog de Tonelete y Badulake, que es la últma novedad en esto de blogs, y creo que sí merece la pena.
Muchos besitoooooos.
A ver si me paso yo por tu blog más a menudo, que es muy bueno.
Comentario:
Jo ... leevo días buscando el blog dichoso y no te encontraba .
Empiezo por este post porque me trae unos maravilosos recuerdos...besito madrina .
Empiezo por este post porque me trae unos maravilosos recuerdos...besito madrina .
Comentario:
Vaya.. pues está muy bien este cuento... voy a contarselo a mi hijo, sí.
Comentario:
Sí, Bohemian, el cuento tiene todo el estilo de Pablo. Muchas gracias por leerlo y comentarlo.
Gracias Canalla :), celebro que te haya gustado y espero que tuvieras felices sueños tras leer a nuestro Bonfacio.
Ay, Pakito, no sé, lo mismo te puedo ayudar yo...
Gracias Canalla :), celebro que te haya gustado y espero que tuvieras felices sueños tras leer a nuestro Bonfacio.
Ay, Pakito, no sé, lo mismo te puedo ayudar yo...
Comentario:
yo también quiero un cazador de pesadillas!
Comentario:
ains! que potito todo...
Ahora con este lindo cuento me voy a la cama yo tambien.
Besos
Ahora con este lindo cuento me voy a la cama yo tambien.
Besos
Comentario:
Yo tambien tengo mi cazador de pesadillas!!! :)
Me ha encantado!!, muy al estilo de Pablo y con tus excelentes ilustraciones, Stu, hacen muy buena combinación.
Un besote mojao a los dos
Me ha encantado!!, muy al estilo de Pablo y con tus excelentes ilustraciones, Stu, hacen muy buena combinación.
Un besote mojao a los dos






NO TOQUES AHI QUE NO HACE NADA>