La casa de la Alameda

Trece personas adultas, de edades comprendidas entre los dieciocho y cincuenta años se encuentran reunidas en un aula, aprendiendo algunos trucos de la animación sociocultural, de la mano de Leo, una de sus monitoras. De repente entra Gerardo, otro de los monitores que imparten el curso, interrumpiendo la clase. Parece que lleva una especie de carta en la mano. Le explica algo a Leo en privado. Leo vuelve a requerir la atención de los alumnos, para comentarles que Gerardo tiene algo que decirles:
- Chicos, nos acaba de llegar una invitación para participar en unas jornadas, animando a un grupo de niños de la Villa de Teguise, ¿qué les parece?, ¿les interesa? La actividad se realizará dentro de dos días en la casa de la alameda.
- ¿Te refieres a la casa abandonada? Pregunta Carlos.
- Exactamente, la misma. Podríamos aprovechar las circunstancias para practicar contando los cuentos de terror que os enseñó Sol.
- Por mí vale – comenta Nereida (lo normal, ella es de la villa), siendo secundada con bastante entusiasmo general por parte del resto de los compañeros.
- Bien, pues como esto ha surgido tan de repente y ya les he comentado que la actividad será dentro de dos días, me quedaré el resto de la clase con ustedes, para que entre hoy y mañana podamos dedicarnos a programar todas las actividades.
- Ya continuaremos en otro momento con lo que estábamos viendo, chicos – expresa Leo.- Les dejo con Gerardo. Hasta luego.
- ¡Hasta luego! – Se despiden todos de Leo. Y comienzan a trabajar en el proyecto.
Por fin llega el Viernes, el ansiado día para todos, ya que por fin podrán realizar su primera práctica de verdad, con niños de verdad. Son las 9h de la mañana y van llegando los futuros animadores, con caras de sueño (especialmente Marjorie, todo hay que decirlo) y algo de asombro ante el espectáculo que ofrece el panorama donde se supone van a actuar.
El primero en atreverse a hablar es Ezequiel, el argentino del grupo:
- Pero, ¿dónde están los niños?
- No Sé, quizás ya estén dentro, esperándonos. Nosotros vamos a entrar. Si todavía no hubieran llegado, aprovecharemos para ir reconociendo el lugar y así adecuarlo lo mejor posible a nuestros juegos y actividades.- Explica Gerardo.
Mientras van entrando a la casa por la destartalada puerta, Macarena y Lola desvían sus miradas hacia el extraño cobertizo lindante con la casa, que ofrece el aspecto de haber sobrevivido a un antiguo incendio.
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Una vez dentro, se encuentran con un pasillo que les lleva a una estancia amplia y diáfana, la cual, aunque hoy sin muebles, da Fe de haber constituído un antiguo gran salón.
- Aquí no hay nadie. – Comenta Mariola con su habitual desgana.
- No sé, yo voy a echar un vistazo - dice Carlos, al que siempre cuesta tanto permanecer quieto o en silencio.
- ¡Te acompaño! – Exclama Loli.
Y desaparecen los dos por una de las cinco puertas a las que da paso el supuesto salón.
- Podéis ir empezando a colocar el material mientras esperamos – sugiere Gerardo.
Stu* (que soy yo, la misma que os está contando esta historia), Marjorie y Lorena comienzan a dibujar la pista del juego del Quemado, con las tizas que traían junto al material, cuando comienzan a percibir extraños sonidos.
- ¿Habéis oído eso? – Pregunta Lorena.
- Sí, es como si el suelo se quejara al ser arañado por la tiza – responde Marjorie, invadida por un escalofrío que le recorre el cuerpo.
- Venga ya, comento yo*, será cosa de las irregularidades del suelo.
La mañana continúa su proceso. Ya ha transcurrido alrededor de una hora desde nuestra llegada al lugar. Los niños continúan sin presentarse. Los futuros animadores nos encontramos sentados en el suelo, hablando de nuestras cosas los unos, de la película del día anterior los otros… Macarena y Lola intercambian las impresiones que les ha producido el avistamiento del cobertizo quemado, mientras Nereida, que vive en el pueblo, les explica que está harta de verlo, pero que si lo desean, les cuenta la historia acerca del lugar.
- Yo también la conozco- dice Lorena, la otra compañera que reside en la Villa.
- Por favor, cuéntanosla – le pide Ezequiel, en el preciso instante en que todos mostramos interés por dicha historia.
- Sí, anda, contadla - les aconseja Gerardo.
- Bien, resulta que hará unos quince años, esta casa era un hogar de acogida para niños con problemas. Se dice que una noche, todos los niños intentaron escapar, en muestra de rebeldía, robándole las llaves a uno de los cuidadores, pero otro de ellos
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*A partir del asterisco sustituyo la tercera persona (Stu), por la primera (yo, nosotros).
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les pilló in fraganti y a modo de castigo, les encerró a todos en el cobertizo contiguo
a la casa. Parece ser que los chicos mayores llevaban cigarrillos y se pusieron a fumar. El sueño, el fuego y los desperdicios que había en el suelo hicieron el resto, provocándose un repentino incendio. Cuando los cuidadores se dieron cuenta y acudieron al rescate de sus muchachos, ya era demasiado tarde. Todos murieron. A los cuidadores se les abrió un expediente y el centro fue clausurado. Se comenta que los cuidadores continuaron con sus respectivas vidas, encontrando otros empleos, hasta que fueron muriendo, uno tras otro, siempre bajo extrañas circunstancias.
Lorena asiente con la cabeza, con gesto de resignación. Lola y Macarena parecen asustadas. Carmen al fin rompe el silencio, preguntando con cara de preocupación:
- ¿Habéis oído eso?
- ¿El qué? Yo no oigo nada – contesta Pablo.
- A todo esto, ¿dónde se han metido Carlos y Loli? Hace ya más de una hora que se fueron y me preocupa – comenta Miriam, que había permanecido tan silenciosa como de costumbre.
- Es muy raro, ¿no creéis? Deberíamos ir a buscarlos, comento yo.
- Está bien, yo iré – decide Gerardo.
- ¡Voy contigo! Dicen Pablo y Marjorie al unísono.
Los tres compañeros salen por la misma puerta por la que habían visto alejarse a Carlos y Loli con anterioridad, mientras que Macarena permanece sentada en el suelo, negando con la cabeza y expresando al mismo tiempo:
- No me parece una buena idea…
Pero ellos ya se han ido. De repente, Carmen exclama:
-¡¡¡Chsssss!!! ¿No habéis oído eso? ¡Es como el llanto de un niño!
Todos se quedan en silencio, intentando agudizar el oído.
Una voz parece salir de las profundidades de la tierra:
- Mami, mami, no me dejes solo.
Ahí estamos: Lorena, Ezequiel, Macarena, Carmen, Lola, Nereida, Mariola, Miriam y yo, mirándonos los unos a los otros con cara de pavor y asombro.
- Parece que ahora sí lo hemos oído todos. – Susurra Mariola.
Carmen se levanta de golpe, como intentando averiguar de dónde procede esa voz de ultratumba.
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- Mami, mami, tengo miedo. – Se repite la voz.
Carmen se dirige hacia la segunda puerta a la izquierda, de donde parece proceder la voz del niño.
- ¡No vayas! Exclama Lorena, asustadísima.
- ¡Pero tengo que ir!, ¿es que no os dais cuenta de que se trata de un niño? ¡Y tiene miedo! – aserta Carmen, que es toda una madraza.
Antes de que podamos reaccionar, Carmen abre la puerta y entra en la habitación. Mariola, la otra madre del grupo la sigue corriendo. Una vez han entrado las dos en la sala contigua, la puerta se cierra de golpe tras ellas. Los demás, venciendo al pánico, corremos a abrir la puerta, pero tras echar un vistazo a la habitación, observamos atónitos cómo allí no hay nadie.
Al encontrarnos todos mirando para la vacía habitación, no nos percatamos de que Miriam se había quedado atrás. ¡También se ha esfumado!
- ¿Y Miriam? – Pregunta Nereida en un ataque de pánico.
- Estaba aquí hace un momento, - comenta Ezequiel – por favor, no nos pongamos histéricos y permanezcamos unidos, creo que lo primero que deberíamos hacer es salir de la casa y llamar a la policía. –A estas alturas, sólo quedamos seis de las catorce personas que integrábamos el grupo inicial. – Seguidme.
Seguimos todos al argentino por el pasillo por el que a la llegada habíamos entrado al salón, cuando yo, me doy cuenta de que tengo los cordones desatados. Me agacho a atarlos - ¡Esperadme! – les pido. Cuando me incorporo, me percato de que estoy sola. El pavor me invade, no sé qué hacer. Corro hacia la puerta de salida de la casa y me encuentro con una nota clavada a dicha puerta por la acción de un puñal. Arranco el puñal y leo la nota:
- “El que no sirve para matar, sirve para morir”. – Dice la nota.
Mientras pienso dónde habré escuchado esas mismas palabras con anterioridad, oigo una risa estruendosa y tétrica. Entonces aparece ante mis ojos Tamar, un chico que fue expulsado del curso de animador por su carácter conflictivo y violento.
- Veamos qué eres capaz de hacer con ese cuchillo, me reta Tamar.
- Tamar, ¿qué has hecho con los otros?
- ¿Los otros? ¿Te refieres a esos asesinos? ¿Esos asesinos que dejaron morir a mis amigos, mis hermanos?… No te preocupes, cada uno tiene lo que se merece, al igual que lo tendrás tú.
- Así que tú eras uno de aquellos niños. No lo entiendo, ¿cómo conseguiste escapar al incendio?
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- Porque yo sí conseguí escapar la noche de la fuga, antes de que Roberto, el monitor, nos descubriera. Ahora pagarás por lo que nos hicísteis.
- ¡No, Tamar! ¡Nosotros no fuimos!
FIN
Dedicado a los chicos del curso de animador sociocultural de radio Eca, del verano del 2005.
Este es mi regalo para todos. En especial a:
Leo, Gerardo, Sol, Macarena, Mariola, Nereida, Ezequiel, Lorena, Lola, Dolores, Marjorie, Carlos, Pablo, Miriam, Carmen y Tamar.
Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia
Comentario:
Jeje, me alegra que te haya producido algo de miedo mi historia, Pakito (bueno, para ser mi primera incursión en el terreno del terror, no me quejo de la acogida).
Bueno, a mis compis se lo leí y parece que disfrutaron (se reían cuando tenían que reirse, ponían cara de susto cuando tenían que poner caras de susto..)
Lananmerguan, gracias por pasarte, leerme, y no querer quitarme el pan como futura animadora sociocultural :P. Que hay poco trabajo y mucha gente entre quienes repartirlo. :)
Bueno, a mis compis se lo leí y parece que disfrutaron (se reían cuando tenían que reirse, ponían cara de susto cuando tenían que poner caras de susto..)
Lananmerguan, gracias por pasarte, leerme, y no querer quitarme el pan como futura animadora sociocultural :P. Que hay poco trabajo y mucha gente entre quienes repartirlo. :)
Comentario:
jovar, como para hacerse monitora, quta quita
Comentario:
Ostras, Stu, menos mal que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, qué miedito. Y yo que creía que lo de animación era un trabajo más tranquilito.
Ta guay, seguro que les ha encantado a tus compis de curso :)
Besos
Ta guay, seguro que les ha encantado a tus compis de curso :)
Besos






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