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Allá donde hay luz crecen las sombras
Este será mi pequeño regalo al mundo, desde mi más oscuro interior.
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Dicen que solo somos lo que hacemos.....dime, ¿Qué es lo que has hecho tú?
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Los niños de 30 años.


Sabéis, en España está ocurriendo un fenómeno muy extraño, del que nunca se hubiese previsto, ni imaginado por los más antiguos y sabios de este país, y que otros países de Europa lo miran casi con asombro.

El fenómeno es como el título refleja, “Los niños de 30 años”. En Italia, que sufren algo parecido, creo que lo llaman “mammoni” o algo así. (¡Y no!, no es ninguna broma, es tan real como tu y yo, y como todo esto que vas a leer).

Y esto no es más, que jóvenes de 30 años o más, viviendo con sus padres en el domicilio familiar, si no es muchas veces también dependiendo económicamente de ellos. Se que parece algo un poco cómico, o de caraduras, pero es en realidad algo trágico, muy trágico.

Claro, muchas personas consideran a estos “niños” como unos caraduras, unos vagos, cobardes o vete a saber que más, que prefieren vivir en la comodidad y protección del hogar paternal (o maternal según se mire). Y no niego que esto pueda ser cierto en algún caso, pero la verdad me niego a pensar que este problema sea así de sencillo, ¿acaso hay algo que lo sea?.

La cosa no es para menos, España, ¡como no!, junto con Grecia e Italia, es un país donde los jóvenes tienen más dificultades y trabas de empezar en el mercado laboral, de hasta poder sencillamente trabajar y de poder conseguir un empleo estable. Ya sabemos todos que de toda la vida siempre se ha sacado mucho jugo de los jóvenes, que cuesta mucho empezar, pero ahora, además, se les hipoteca literalmente el futuro. Y resulta muy paradójico, que siendo ahora la generación mejor preparada de toda la historia del país, sea también la que menos oportunidades tiene.

Esta inestabilidad laboral, junto con la especulación de los precios de las viviendas, provoca que para obtener un sencillo piso de habitación, cocina y baño, sea casi una odisea, algo imposible. Si no consigues una vivienda...¿Qué se hace?¿Vivir en la calle o de okupa?.

Muchas veces, me da un gran coraje cuando leo u oigo frases como: “Que bien viven bajo la teta de su madre”,”Vive con sus padres, a la sopa boba...”,”¡Que caradura!, duerme lo que quiere y todavía dice que vive mal, que está deprimido/a..”. Y yo me pregunto:...¿Y que coño sabrán ellos de la vida de los demás?¿De verdad creen que es preferible vivir una vida cómoda sin sueños ni futuro?¿De verdad creen que todo el mundo tiene las mismas oportunidades o más fácil de lo que ellos/s lo han tenido ?.

En fin, no se como expresar tanta rabia e impotencia que siento al oir todo eso, pero eso no es nada, en comparación con la que siento al ver que nada de esto se soluciona.
 
Paranoia de una noche de verano...




Que curioso son los recuerdos cuando pasa el tiempo, algunos te vienen a la mente algo distorsionados, exagerados tal vez. Otros graciosos, más de lo que eran, o tristes, muy tristes. Igual en todo esto influye el estado de animo, yo la verdad que no lo se, pero el caso es que vienen así, de improviso, muchas veces cuando menos te lo esperas.

Hoy, cuando menos me lo esperaba, me atacó un recuerdo, así de repente, supongo que provocado por una animada charla que tenía sobre la virginidad, las parejas y el como ligar (Y por favor, no penséis mal, no era nada relacionado con cybersexo o algo parecido).

Bueno, de la charla no tengo nada que contar, vosotros mismos podéis sacar vuestra propia opinión personal sobre estos temas y charlar con cualquier amigo sobre esto (Hasta algún día postearé por aquí algo sobre esto), pero lo que si merece la pena dar a conocer es esa pequeña historia almacenada en mi cabeza. Quién sabe.....igual hasta puede ser algo útil para alguien.

Todo comenzó en una noche, como de esas tantas de fin de semana, en los que los jóvenes (y no tan jóvenes) salen a “divertirse” por la noche hasta tantas horas de madrugada.

El caso que yo iba con unos amigos (aunque no estábamos todos) a un local “de moda” del que nunca había estado. Allí habíamos quedado con más gente y supuestamente luego iríamos a otro a pasarlo mejor todos reunidos.

Yo no se si por predisposición o yo que sé, no me notaba cómodo esa noche, no me sentía a gusto. Sin embargo decidí salir e ir con mis compañeros, porque quien sabe, igual luego todo mejoría.

La cosa ya empezó a ir mal, porque notaba que pese a que estaba rodeado por todo tipo de personas, mi cabeza sobresalía mucho sobre las demás y eso que no soy alto. Claro, estaba en una zona rodeado de quinceañeros y quinceañeras, esa zona estaba de moda, si, pero ya había sido tomada por los adolescentes. Y ese sencillo hecho ya me hacia sentirme descolocado, lo ideal siempre ha sido, cuando se está en masa, no sobresalir o poder pasar desapercibido (por lo menos para mi). Pero en este caso esto ya no era posible, estaba rodeado de “personitas” que imitaban la manera de divertirse de los veinteañeros y allí era como un intruso, como lo definiría.......un viejo.

Por fin, pasando apretujadamente entre tanto chaval, pude llegar al local donde se había quedado. Allí por suerte estaban los que faltaban del grupo, no teníamos que esperar a que llegase nadie más, ya podíamos todos salir de aquella zona para ir a otra donde me pudiese al menos sentirme más identificado con el entorno, más a gusto. Pero cual fue mi sorpresa como por mayoría, se decidió quedarse en ese local a divertirse.....Y yo me preguntaba, ...¿Qué se puede hacer cuando estás atrapado en un sitio así?. Y en ese momento, fue cuando empezó la paranoia.

El local, como muchos otros, era el típico bar discoteca, con poca luz, lleno de humo, oscuro, música de moda muy alta. Los espacios donde igual de día se colocaban mesas y sillas para tomar un café, se habían guardado para dejar más espació, dejando unas pequeñas baldas a lo largo de las paredes, para poder posar las bebidas o demás objetos. También pude encontrar, en las zonas más oscuras del local (esquinas o fondos), unos sillones, no muy buenos, que se habían dejado, quizás porque no se podían guardar o quizás para ofrecer un espacio cómodo e íntimo dentro del local. El local no era muy grande, no creo que cupieran más de 100 personas, sin embargo creo que ese día había más.

Recuerdo que desde la zona donde estaba, podía ver todos los rincones del local, sin duda era un punto estratégico si se quisiera poner una cámara de seguridad o controlar todo el local. Y desde ahí empecé en fijarme en los demás, en estudiarles.

Primero, me llamó la atención las chicas, no como iban vestidas, sino por lo que hacían. Estaba todas moviéndose (no puedo decir si bailar es mover las caderas y los hombros de un lado a otro a velocidad de un zombie), todas en círculos, como una mesa redonda. Y creerme que había muchos círculos, parecía una reunión de círculos movientes. Pero lo mas curioso no era eso, sino que todas o casi todas las chicas de los circulos, miraban fuera del círculo, como buscando otra mirada que se fijasen en ellas, eso sí, sin perder el ritmo en el movimiento.

Luego me fijé en los chicos, y el panorama era aún peor. Primero me fijé que también había círculos de chicos, aunque estos eran más irregulares, a veces con forma de rectangulos y cambiaban de forma todo el rato, la razón de que fuesen así de diferentes era porque estos no “bailaban” como los círculos femeninos, yo creo que imitaban a los chimpancés pegando saltos y chocando unos con otros, dándose abrazos y golpes. En ese momento no lo entendí, pero ahora creo que todo ese comportamiento era para llamar la atención inconscientemente de los círculos femeninos o quizás no.

Más tardé me fijé en la barra del bar, ahí estaba también llena de gente, la gran mayoría hombres, todos con un vaso de tubo en una mano lleno de todo tipo de bebidas y colores, apoyando el cuerpo en la barra y de espaldas a ella, mirando supongo que a los grupos femeninos....mirando y bebiendo, bebiendo y mirando....También pude comprobar que no solo había chicos con un vaso de tubo en la barra, también estaban apoyados en las paredes, de espaldas a ellas haciendo exactamente lo mismo de los chicos que estaban en la barra. Pero no solo eso, en los círculos de chicos (los que hacían el mono), había también chicos con un vaso de tubo en la mano..aunque estos por lo menos, hacían algo más que beber y mirar, como no, también pude oír como uno de esos vasos no llegó nunca a la barra y formó parte de la decoración del oscuro y pegajoso suelo.

Por fin, ya habiendo estudiado casi todo el local, tocó el turno de las zonas oscuras y apartadas, ahí ya vi parejas dándose el lote; - “bueno”, pensé, “por lo menos hay algunos que se lo pasan bien aquí, aunque sinceramente, vaya lugar escogen para pasárselo bien”.

Así que me cogí mi coca cola, me la bebí rápidamente y me despedí de los amigos:
- “¿Te vas ya?, joer si acabamos de llegar”.
A lo que contesté:
- “Si, es que me duele la cabeza”

Y me dolía algo, pero no la cabeza...¿Cuándo perdimos nuestro sentido común y nos convertimos en productos sociales?.