Puerto Hurraco, nuestro Columbine a la española,
Cuando vemos alguna catastrofe por la tele, no se porque, nos queda la impresión de que ese hecho no es real del todo, que en nuestras vidas nunca podría pasar algo parecido, ni por asomo. Pero que triste y duro es, por azar, saber que no es así.
El caso que hace poco escribí sobre el hecho que sucedió en Columbine, un pequeño pueblo de la norte-america profunda, donde dos adolescentes se armaron hasta los dientes y organizaron una masacre en el instituto de la ciudad disparando a todo aquel que se encontrasen por delante.
En españa sucedió algo parecido, no hace muchos años, en un pequeño pueblo extremeño llamado Puerto Hurraco, en una calurosa noche de agosto de 1990. Dos hombres, los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo, armados cada uno con una escopeta de caza y munición suficiente para estar disparando toda la noche, escribieron con polvora y sangre, uno de los peores sucesos de la crónica oscura de españa.
Se ve que la historia de este desenlace viene de mucho atrás, porque la familia de los izquierdo (o más conocidos ahí como los pataspelás), además de sus disputas por algunas tierras con la familia de los Cabanillas (conocidos allí como Amadeos), se comentaba que Lucia Izquierdo, una de las hermanas de Antonio y Emilio, se enamoró y tubo una historia de amor con uno de los Cabanillas, Amadeo. La historia de amor al final acabó mal, y Jerónimo, otro de los hermanos izquierdo que murió en la carcel, mató a Amadeo y más tarde, cuando tubo un permiso de salida penintenciario, acuchilló a su hermano, aunque por suerte no murió.
El caso que, en medio de todo este odio, ocurre un hecho dramático en la familia Izquierdo, donde un incendio (no se sabe si fortuito o provocado) acaba con la vida y el hogar de la matriarca de los Izquierdo. Como os debeis de suponer, los izquierdo hechan la culpa del incendio a los Cabanillas y al pueblo por callar, y viven años y años con este rencor y odio.
Y así, un 26 de agosto de 1990, este odio estalló y se saldó con 7 muertos y 8 heridos graves (de los cuales dos murieron poco despues, otro quedo hemipléjico y un último en silla de ruedas).
Tras nueve horas de rastreo, Emilio, supuesto líder del clan, es detenido cuando está apostado junto a la casa de dos de sus víctimas. "Hemos disparado ahora en agosto porque soy muy friolero", aseguró al ser esposado, "y en invierno se me agarrotan los dedos y no hago puntería". A Antonio, apodado "el tuerto", le localiza el helicóptero cuando rompe el monte tratando de escapar a la carrera. "Parecía un animal herido", dijo uno de los guardias que le quitó el arma. "Estaba encogido, temblaba de nervios, apenas balbuceaba...". "Si no nos hubiérais detenido, habríamos vuelto a dispararles durante el entierro de los muertos", llegó a decir uno de los detenidos, borracho de sangre y rabia.
Al final, los dos autores de esta matanza fueron condenados a 342 años de carcel cada uno, el pueblo hecho la culpa de lo sucedido también a las hermanas, como inductoras, pero fueron exculpadas por el juez al no encontrar pruebas e ingresadas en el hospital psiquiatrico de Mérida.

El caso que hace poco escribí sobre el hecho que sucedió en Columbine, un pequeño pueblo de la norte-america profunda, donde dos adolescentes se armaron hasta los dientes y organizaron una masacre en el instituto de la ciudad disparando a todo aquel que se encontrasen por delante.
En españa sucedió algo parecido, no hace muchos años, en un pequeño pueblo extremeño llamado Puerto Hurraco, en una calurosa noche de agosto de 1990. Dos hombres, los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo, armados cada uno con una escopeta de caza y munición suficiente para estar disparando toda la noche, escribieron con polvora y sangre, uno de los peores sucesos de la crónica oscura de españa.
Se ve que la historia de este desenlace viene de mucho atrás, porque la familia de los izquierdo (o más conocidos ahí como los pataspelás), además de sus disputas por algunas tierras con la familia de los Cabanillas (conocidos allí como Amadeos), se comentaba que Lucia Izquierdo, una de las hermanas de Antonio y Emilio, se enamoró y tubo una historia de amor con uno de los Cabanillas, Amadeo. La historia de amor al final acabó mal, y Jerónimo, otro de los hermanos izquierdo que murió en la carcel, mató a Amadeo y más tarde, cuando tubo un permiso de salida penintenciario, acuchilló a su hermano, aunque por suerte no murió.
El caso que, en medio de todo este odio, ocurre un hecho dramático en la familia Izquierdo, donde un incendio (no se sabe si fortuito o provocado) acaba con la vida y el hogar de la matriarca de los Izquierdo. Como os debeis de suponer, los izquierdo hechan la culpa del incendio a los Cabanillas y al pueblo por callar, y viven años y años con este rencor y odio.
Y así, un 26 de agosto de 1990, este odio estalló y se saldó con 7 muertos y 8 heridos graves (de los cuales dos murieron poco despues, otro quedo hemipléjico y un último en silla de ruedas).
Tras nueve horas de rastreo, Emilio, supuesto líder del clan, es detenido cuando está apostado junto a la casa de dos de sus víctimas. "Hemos disparado ahora en agosto porque soy muy friolero", aseguró al ser esposado, "y en invierno se me agarrotan los dedos y no hago puntería". A Antonio, apodado "el tuerto", le localiza el helicóptero cuando rompe el monte tratando de escapar a la carrera. "Parecía un animal herido", dijo uno de los guardias que le quitó el arma. "Estaba encogido, temblaba de nervios, apenas balbuceaba...". "Si no nos hubiérais detenido, habríamos vuelto a dispararles durante el entierro de los muertos", llegó a decir uno de los detenidos, borracho de sangre y rabia.
Al final, los dos autores de esta matanza fueron condenados a 342 años de carcel cada uno, el pueblo hecho la culpa de lo sucedido también a las hermanas, como inductoras, pero fueron exculpadas por el juez al no encontrar pruebas e ingresadas en el hospital psiquiatrico de Mérida.






