Nuestra Fuerza Interior
¿Alguna vez se han parado a pensar en lo inhóspita que resulta nuestra fuerza interior?. Quiero decir, ¿de qué nos sirve?, ¿para qué está ahí?, la llevamos muy adentro, dormida, viva, perenne. En ocasiones surge de la nada, cuando nos siente vulnerables ante los ataques exteriores, cual antídoto al veneno.
Pero, ¿dónde se oculta esa fuerza cuando nos atacan interiormente?,
cuando lo invisible -que es esencial- llega a calar tan profundamente en nuestra alma y en nuestro ser que es capaz de traspasar todas las corazas fabricadas por ella misma durante años; quizás produciendo el dolor más tormentoso y afligido de los que hayamos podido sentir jamás: el dolor del alma.
Y aquí reitero mi pregunta: ¿dónde se mete esa fuerza?, ¿dónde está
cuando verdaderamente la necesitamos?, ¿por qué no nos ayuda a
resurgir de las cenizas como ave fénix?.
Cuando han sido capaces de llegar y tocar la fibra más sensible que tenemos, creo que estamos perdidos, ni fuerzas, ni luchas internas, ni razonamientos que valgan podrán hacernos levantar o enfrentarnos a lo desconocido; en esos momentos nos encontramos perdidos en medio de la batalla entre la mente y el corazón; y la fuerza interior huyó,
nos abandonó... presentó su rendición ante lo esencial, ante lo inevitable, lo invisible...
¿Y qué nos queda?: con fuerza o sin ella, seguir andando por
el laberinto de la vida, porque ahí nos damos cuenta que la
vida no es lineal, ni son peldaños que hay que ir escalando;
son obstáculos, sorpresas, vicisitudes, aprendizajes...
confluencia de factores que con paciencia, y de la mano de
nuestro amigo el tiempo, nos ayudaran a llegar al final de
nuestro propio laberinto con dignidad y coraje... que en
definitiva, son características de nuestra fuerza interior.
Pero, ¿dónde se oculta esa fuerza cuando nos atacan interiormente?,
cuando lo invisible -que es esencial- llega a calar tan profundamente en nuestra alma y en nuestro ser que es capaz de traspasar todas las corazas fabricadas por ella misma durante años; quizás produciendo el dolor más tormentoso y afligido de los que hayamos podido sentir jamás: el dolor del alma.
Y aquí reitero mi pregunta: ¿dónde se mete esa fuerza?, ¿dónde está
cuando verdaderamente la necesitamos?, ¿por qué no nos ayuda a
resurgir de las cenizas como ave fénix?.
Cuando han sido capaces de llegar y tocar la fibra más sensible que tenemos, creo que estamos perdidos, ni fuerzas, ni luchas internas, ni razonamientos que valgan podrán hacernos levantar o enfrentarnos a lo desconocido; en esos momentos nos encontramos perdidos en medio de la batalla entre la mente y el corazón; y la fuerza interior huyó,
nos abandonó... presentó su rendición ante lo esencial, ante lo inevitable, lo invisible...
¿Y qué nos queda?: con fuerza o sin ella, seguir andando por
el laberinto de la vida, porque ahí nos damos cuenta que la
vida no es lineal, ni son peldaños que hay que ir escalando;
son obstáculos, sorpresas, vicisitudes, aprendizajes...
confluencia de factores que con paciencia, y de la mano de
nuestro amigo el tiempo, nos ayudaran a llegar al final de
nuestro propio laberinto con dignidad y coraje... que en
definitiva, son características de nuestra fuerza interior.
Comentario:
Cuando amamos tanto a alguien cómo para llorar por esa persona, ya puedes buscar esa fuerza interior donde sea... nunca la encuentras. Te dices a ti mismo: "Tengo que ser fuerte y continuar hacia adelante". Pero ya sabeis lo que dicen... del dicho al hecho...Para resurgir de las cenizas como bien dices, hace falta bastante tiempo si realmente nos ha afectado, si nos ha llegado al alma. Y cuando duele el alma, no hay fuerza que valga. A veces parece que no puedes ni respirar. Pero bueno, no queda otra que continuar la vida lo mejor que se pueda en cada momento.
Saludos.
Saludos.
Comentario:
¿fuerza interior?... creo que la mia andaba por aquí, luego la busco :)
Comentario:
Copa de vida,
Con su gran abismo
La poeta llenó.
Con su gran abismo
La poeta llenó.





