Adios Raasay
Ultimos paseos sobre esta tierra de agua y vida.
Las montanas me miran, desde sus longevas posiciones, como preguntandome cuando volveran mis pasos a traerme por estos humedos caminos de las highlands escocesas.
Los arboles, vestidos ahora de amarillas hojas, parecen cantar una cancion de despedida, majestuosos en su infinita paciencia vegetal. Perfectos en sus enramadas formas que aranan con dedos de madrea viva la barriga del cielo.
Bello retumba por doquier el canto de infinidad de pajaros que cantan a la manana de sol otonal, que alegran con sus gorgoreos el oido del caminante, que embelezado se deja enviolver por su melodia.
Respiro, y el olor del bosque puebla mis pulmones con mil aromas de pureza y frescura, de vida latente y palpitante.
Los hongos en la orilla del camino, poblados de hadas y gnomos, magicos en su delicada armonia con el bosque, tambien dicen adios.
Toda la isla se despedide de mi al tiempo que mis pies besan la tierra en mi caminar, y con su mullido andar responden a su despedida.
Les echare de menos en la gris ciudad de ruido y humo, oh palpitantes habitantes de Raasay, dadores de vida de la madre tierra, mudos testigos del gozo de mi ser ante la presencia de su delicada sonrisa. Arboles y bosques, playas y montanas, pajaros y flores, hongos y riachuelos. Adios amigos. Gracias por haber alimentado las ansias de naturaleza de mi ser, gracias por haber motivado los primeros pasos del camino hacia mi.
Y gracias por la bienvenida que su adios esconde. Tal vez un dia mis pasos respondan a ella y me traigan otra vez a pisar tus caminos de infinita belleza.
Las montanas me miran, desde sus longevas posiciones, como preguntandome cuando volveran mis pasos a traerme por estos humedos caminos de las highlands escocesas.
Los arboles, vestidos ahora de amarillas hojas, parecen cantar una cancion de despedida, majestuosos en su infinita paciencia vegetal. Perfectos en sus enramadas formas que aranan con dedos de madrea viva la barriga del cielo.
Bello retumba por doquier el canto de infinidad de pajaros que cantan a la manana de sol otonal, que alegran con sus gorgoreos el oido del caminante, que embelezado se deja enviolver por su melodia.
Respiro, y el olor del bosque puebla mis pulmones con mil aromas de pureza y frescura, de vida latente y palpitante.
Los hongos en la orilla del camino, poblados de hadas y gnomos, magicos en su delicada armonia con el bosque, tambien dicen adios.
Toda la isla se despedide de mi al tiempo que mis pies besan la tierra en mi caminar, y con su mullido andar responden a su despedida.
Les echare de menos en la gris ciudad de ruido y humo, oh palpitantes habitantes de Raasay, dadores de vida de la madre tierra, mudos testigos del gozo de mi ser ante la presencia de su delicada sonrisa. Arboles y bosques, playas y montanas, pajaros y flores, hongos y riachuelos. Adios amigos. Gracias por haber alimentado las ansias de naturaleza de mi ser, gracias por haber motivado los primeros pasos del camino hacia mi.
Y gracias por la bienvenida que su adios esconde. Tal vez un dia mis pasos respondan a ella y me traigan otra vez a pisar tus caminos de infinita belleza.





