logotipo

img_google
Escritos de una supernena
Alocados articulos sobre mis pensamientos en cuanto tios, relaciones y demas.
Sindicación
 
Un cuento.
En un país muy muy lejano en el reino de Pichalandia vivía una preciosa niña de largos cabellos rubios, grandes ojos almendrados y voluptuosos pechos llamada Capullita Roja. Su madre un día le pidió por favor que fuera a casa de su abuelita para llevarle unas cosas que necesitaba. La Mamá de Capullita estaba preocupada por la abuelita ya que no se encontraba muy bien de salud, las drogas la habían dejado muy tocada, las tomaba desde que era una preadolescente. Mamá preparó la cestita y le dijo a Capullita:

- Llévate estos chinos ya hechos, esta cajita de prozac y la botella de Ballantines que la abuelita te lo agradecerá mucho, pero ten cuidado con los maleantes por el camino y no te pares a hablar con nadie que no quiero bombos.- dijo mama echando unos condones al bolso, preparada para otra noche dura en la calle.
- Vale mamá, ahora mismo.

Capullita emprendió el camino a casa de su abuelita, la anciana vivía a las afueras de la ciudad, había que atravesar varios polígonos y barrios muy poco recomendables. Capullita que no era tonta sopesó la idea de echar un buen polvo de camino y por eso se puso su vestido rojo favorito con un escote de vértigo y su nueva adquisición, un tanga de perlas que se había comprado en el último tapper-sex al que había asistido.
A medio camino capullita ya iba cachonda perdida, lo que ella no sabía es que el lobo la estaba observando, como de costumbre. El lobo, llamado Flácido, era un vecino acosador amigo de la familia de toda la vida con un historial psiquiátrico digno de acojonar al mismísimo Vallejo Nájera.
Flácido se escondía detrás de unos contenedores y tuvo ganas de devorar a la niña, pero escucho muy cerca a los colgaos de barrio que estaban bebiendo unos cartones y fumando unos canutos, así que decidió esperar.

Flácido engoló la voz y salió tartamudeando de detrás de la basura:

- Hola Capullita ¿Qué tal va la noche? ¿Dónde vas con ese cestito repleto de alcohol y tabaco?
- Se lo llevo a mi abuelita, que esta la pobre cada vez peor.
- Pero vas a tardar mucho tan cargada y con esos tacones de 10 centímetros, si quieres me adelanto yo en mi R5 y la voy despertando que seguro que esta durmiendo la mona.
- Vale, yo me tomó un cubata más y voy para allá.

Flácido no era tonto y sabía que en casa de la abuelita tenia el picadero perfecto para follarse a Capullita. Le decía adiós con la mano a la niña y rezaba para sus adentros para que esta vez por lo menos se le empalmara. No lo entendía, en casa era ver una foto de cualquier tía en la pantalla (aunque fuera la del DNI) y una paja caía seguro, pero a la hora de la verdad…. El pobre ya no llevaba la cuenta de los gatillazos. El último lo recordaba a la perfección: 4.30 de la madrugada en el “Yeyos”, 90 kilos de peso, se llamaba Techi, Flácido se repetía a sí mismo “en peores plazas hemos toreado” “tiene coño, eso es lo que importa”.

El lobo llegó a casa de la abuelita, que por su puesto estaba pedo y le abrió la puerta sonriente momentos antes de caer redonda en el sofá. Flácido tuvo la deferencia de ponerla de lado por aquello de que no se ahogara la mujer con su propio vomito.

Capullita vio que la noche no daba más de si y tiró para casa de la abuelita,estaba borracha y el efecto de las perlas cada vez era mayor. Llamó a la puerta y abrió Flácido con la toquilla de la abuela puesta, capullita se quedó a cuadros claro, pero el lobo había pensado que podría ser más morboso follársela imitando a la abuela, ella le siguió el juego:

- ¡Oh! ¡abuelita!- exclamó Capullita – ¡Que ojos mas grandes tienes!
- Son para verte mejor, aunque los porros también ayudan.- dijo el lobo.
- ¡Abuelita! ¡Que dientes tan grandes tienes!
- Son para morderte mejor querida nieta.
- ¡Abuelita! ¡No sabía yo que calzabas así!
- Para follarte mejor Capullita.- dijo el lobo abalanzandose hacia ella.


Flácido y Capullita se pusieron al tema en la cama de su abuela, el lobo había sido precavido y se había tomado dos viagras esperando a la niña, no se la había visto así en la vida y además Capullita era su adorada obsesión desde pequeño, estaba feliz. A Capullita por su parte le daba igual ocho que ochenta esa noche, así que hizo caso omiso de los consejos que su madre le había dado antes de empezar la carrera esa noche y folló con Flácido sin temor.

Así que colorin colorado este cuento se ha acabado, con un final feliz para variar, pese a una semana mala que tuvo Capullita por descontarse con las pastillas, finalmente el predictor fue negativo.


Besos a todos.