logotipo

img_google
El Pirata Blasfemo
Acerca de
Si quieres saber más, www.surkero.tk
Sindicación
 
Vicios y virtudes
Hay canciones que llegan con la temporada de la primavera y se van igual, son importancia, solo con un momento espontáneo de gloria. Doy valor a mis pasos, los que alumbran la vuelta, doy valor a mis cicatrices, se trata de mi vida.
Sigo queriendo girar en el mismo sentido, con el tiempo, a favor, en sentido, de las agujas del reloj. Acostarme en el tiempo y despertar natural, sin ser esclavo del día que me queda por vivir, sin esperar a la noche.
 
Romanticismo...
Llueve ahí afuera y el romanticismo me parece estúpido. El tiempo me parece estúpido. Escucho yo a Bunbury y nadie lo hace conmigo. Ser romántico es lo fácil: días lluviosos, lápiz y papel, cualquier musa.
Lo difícil es vivir, más sin literatura. Lo difícil es vivir llanamente, siendo esponja y receptor de todo lo que pasea por la calle. Lo difícil es arrastrarte físicamente hacía mi, sugerirte lo que quiero.
Bocas cerradas. Gesto serio, por si te pierdes, por si te engañan, por si la cagas. “Con, con seguridad, dos condones”, Violadores del Verso. Me valgo de los instrumentos que tengo. Estos dos ojos, quiero caminar sin muletas, y no quiero hablar de amor.
Mientras, dicen que cambio y recambio, y yo siento que camino en el mismo sentido, estamos en la misma cara de la moneda. Vomito y ahogo penas al vacío, como queriendo exterminar el espacio abstracto. No me sale nada, soy tan dichoso como tú. Somos marionetas de nosotros mismos. Y yo sigo peleándome con los colores, con los despertares, cobijándome en la sensación que me invade hoy.
Todos pensamos en lo inmediatamente próximo, sin preguntarnos que hacemos aquí. Siempre una huída hacía delante. Tú comprendes. Pero esto es solo mío, aunque tú lo puedas ver.
Lo que me ocurre es que salgo y maldigo, enciendo velas que vienen de antorchas y estas, a su vez, de hogueras que anidan en mi, y un día, liberaré todo el fuego y quemaré muchos y malvados elementos.
O iré quemando poco a poco, hasta que me consuma, hasta que me esfume en otro día como este, como este que dedicamos a pensar.
Otra vez miradas perdidas, parece que no estoy solo aquí, está oscuro, pero hoy tengo menos miedo que días, meses, años anteriores.
Todo es simple, los días ahora son cíclicos como una rueda. Y una canción triste no me resuelve nada, no me alimenta. Solo me alimenta el futuro, la esperanza, ideas y sentimientos esenciales. No hay nada más que la vida y la salud de cada uno.
Y tus serpientes? Y tus ojos? Tu vida de la que quieres aprender. Tus letras, tu llanto, tu tiempo que se agota. Quiero discernir y temo, quiero verte, y hablas poco, y dices que quieres vivir. Yo, que quiero ser compañero. Y tú estás dentro.
“Y al final, te ataré con todas mis fuerzas, mis brazos serán cuerdas al bailar este valls”, Enrique Bunbury.
 
Sangrar? Quizá
Es fácil encontrar sitio donde dormir, hasta tu pero pesadilla es capaz de sonreírte. Pero como tú misma dices a veces, “la procesión va por dentro”, y cualquier cruz enquistada entre el alma y el cuerpo la llevas encima.
Esto es tan fácil como un beso bien dado. No hay nada más. La esencia, y los días que pasan. Por mi parte, esperanza, y un torrente de pensamientos, no tantas emociones ahora. De tu parte sabrás tú. Lo difícil… supongo que ha habido días y meses difíciles, por incomprensión sobre todo, por el dolor de lo que no se comprende.
El otro día te leía algo mío y ayer me decías que era enrevesado. Nada de eso. A menudo tomamos caminos más largos, o más enredados, ya sea para divertirnos, para aprender, para vivir, pero siempre los finales, o casi siempre, coinciden en el mismo lugar.
Hay momentos, en los que pensar en ti no me resuelve nada. Sé, a día de hoy, lo que eres.
Podría escribir de mil cosas, pasarme la tarde escribiendo, aquí sentado. Podría contarte mil historias. Pero lo que prefiero hacer es soñar despierto, y quiero seguir andando. A veces creo que ya he hablado bastante, y que son los hechos, pobres, sencillo, ricos en matices, los que deberían hablar por si mismos.
Parece que viajo en una nave y que tú me saludas desde ahí abajo. Yo, viajando otra vez, mientras que tú cuentas con 7 dedos los días que faltan para que yo vuelva.
Y nada más lejos de lo real están mis decisiones, en cualquier momento y de un manotazo, dejando en vilo a la eternidad, queriendo desafiar a un futuro que hacemos a cada día (que no existe).
Y las ideas siguen estando cerca, mi escritura vomitiva, sanguinolenta, que deja un espacio para nuevos pensamientos. Lo siento, mujer, pero pongo atención a las voces que oigo; mis días son cotidianos, normales, a veces no despego, no sé mirar, y otros días viajo con la imaginación a cada vez menos lugares. Estructuro el viaje para visitar aquello que llamo mi esencia, entre pieles de algodón, el tiempo que nos queda, y el magnífico sol que tanto echo de menos.
De un plumazo voy, vuelvo, y lloro. No podría ser de otra manera; temperamental, sentimental, sensible… intento reconstruirme en silencio interior, ya no oigo voces, solo rezo y me confieso por dentro, queriendo abrir viejas y nuevas ventanas, pensando en lo que pasaría si estuvieras aquí, con el hábito del cuerpo enfundado en tu alma. No lo sé, nunca te he tenido de esta manera, y puede que quizá por eso te mire sin estar de muy buena manera.
Y tú, que me miras desde lejos y repites que no me crees. Tú, que para ti el océano también es bravo, pero parezco tener una deuda en tus ojos. Pareces tímida y temerosa cuando yo, ahora te miro, te miro, te digo, te siento, y tú vuelves y yo revuelvo, y entonces el mar se vuelve bravo otra vez.
Y otra vez vendrán las aguas, y las ganas, y preguntas sin respuestas. No soy más que un joven aprendiz de estructuralista de mi propia alma. Ahora no pretendo nada más, estoy en vacío, hasta que salte la llama, hasta que sangre por alguno de mis cuatro costados.
 
Y tú ¿Huyes o persigues?
He soñado con mil aventuras ya. He soñado con desiertos, con mares, con la posibilidad real de la huída. La huída o la persecución, las dos se han alternado durante bastante tiempo, a veces mezclándose en un río espeso contaminado de palabras demasiado grandes.
Ahora despierto y sigo estando aquí, encerrado aquí, en la extrañeza, en los días de un color. No quiero que esto sea demasiado largo. Despierto y sigo estando en este puto lugar, acompañado de tus serpientes, de tus peores sueños, y de mi ansiedad.
Tú me dices que todo pasa, y eso lo veo bien.
 
Nunca fuimos ángeles
Intento buscar algún rastro de ti, de algún otro día. Intento acordarme de otras cosas, hoy que pareces mojada con agua fría, que tiritas por dentro y no es de frío, amor, o alegría.
Pensaba que nunca fuimos ángeles, entre visillos semitransparentes. Tardes juntos con frío y calor, uniéndonos en una relación. Cuatro dibujos entusiasmados con su presente, no éramos más que nosotros, ángeles que han traspasado los años.
Intento que sea redondo, cuando siempre se ha creado a cada instante, y tú, enseñándome a cada segundo lo que quieres, que me quieres.
 
Otra vez al vacío
Desperté y nada tenía que ver con el horror. No tenía nada que ver con maléficos, gélidos inviernos que dejan inertes los cuerpos ateridos. Me dirijo a mi nacimiento, no sabiendo ni queriendo saber de lo que hablan los altavoces de la convención. Me dirijo por mi sangre adentro. Es lo único que he llegado a comprender, desde que me lancé otra vez al vacío.
 
23-nov-05. He apostado por ella
Y es cuando el mar de sensaciones, celeste, se convierte en agua brava, en agua que parece que tiene algo que decir. Y hablar es difícil, cuando sientes que lo esencial es vivir, que podrías vivir, como has pensado, en cualquier sitio, retirado de algunas cosas que te ahogan, cerca de alguien a quien querrías. Pero a esas mismas cosas que te ahogaban le hiciste caso una vez y más de una. Y te lo han devuelto, a veces bien, a veces mal.
Caigo en la cuenta que no puedo pagar, porque yo sigo creyendo en la persona libre, en el desacato, en la traición, en el amor, sigo creyendo que hay una vida, y que a veces la vivimos y otras veces, no. Que a veces estamos fuera de ella, y dentro del huevo, ensimismados, hipnotizados con cobardías.
Lo mío es terrestre, yo soy mortal, entre cabellos de agua ardiente y correas que no me quieren sostener, sitios en los que me gustaría estar… alguna vez.
Soy terriblemente mortal, débil si el viento sopla demasiado en contra, confiado por naturaleza, extranjero cuando lo deseo. He apostado por ella.
 
22-nov-05
Me he estado perdiendo entre gritos de hojarasca, entre ramas secas en el suelo. El agua aquí está dura, es como si le costara ser ella. No es cristalina, rasga la piel si estás mucho tiempo. Allí no, allí el agua te relaja, entre cientos de árboles, allí vuelves a recordar, solo y siempre, si quieres.
Voluntariamente recuerdas, como siempre pides poco, te aseguras que lo más importante es que todo surja, como una flor. Y entre árboles y ríos, todo sigue renaciendo, entre el esfuerzo y el sosiego que da el tiempo.
Hablo de una pesadilla que comenzó hace algún tiempo, y hablo de calles precisas, en momentos que se expanden y que se unen a mi tiempo. Hablo de que esa alegría se une a mi tiempo, de que tengo la certeza de vivir, y de que hay felicidad, que yo y los demás somos parte de ella.
Intento escribirlo porque intento decírmelo, saber donde estoy y poder saborear de verdad lo que ocurre. Hay cosas que no había notado antes, como estaba, dormitando en la hoja de la rama a punto de secar, con la mirada árida que me da este momento, pero limpio y algo sereno a la vez, sin embargo.
“Y si te vas, me voy por los tejados, como un gato sin dueño…”, Joaquín Sabina.
 
El dueño de mi tiempo
Todavía no hemos resbalado, no hemos entrado. Puede que nunca lo hagamos, y puede que algún día no tengamos memoria para acordarnos de todo esto, lo más probable. Tenemos rostro, el rostro de los días y del pasado, tenemos alma, que pesa según los días, y vamos… flotando entre el jardín lleno, repleto a veces de sarmientos y eucaliptos y otras veces solo de espinas, marrón y agreste.
Todavía no sé el significado de muchas cosas. Soy joven, me digo. Me afano en pensar, no en querer encontrar, buscaba también esta tranquilidad que he sabido desarrollar en soledad. Yo solo, triste y contento. Yo solo. Yo solo sin tranquilidad, sabiendo los pasos que doy, sin nadie a mi lado, “la vida mata”, de Diego Vasallo.
No es un alegato al pesimismo, y esto nunca fue algo bueno… Me asusto, ya ves, ante lo que viene y ante lo que tengo. Repito que no conozco el significado. No soy como tú, y tampoco como ellos, aunque algunos me quieran meter en su olla de cocción donde se está calentito, y si no… fuera de todo, a la orilla de enfrente, donde otras olas te mezan. No hay entendimiento que venga por la sangre como un imperativo categórico. Hay instinto que corre como un jinete por las venas, intentado huir de la canción que lo tranquilice. Quiero oír otra vez esa canción, necesito comprender mi cachito de oro, mi espacio particular que sin entender, sin escuchar como otros querían, me he reservado en este tiempo de bronce. La plata soy yo, que llega el segundo a lo conocido, pues a lo demás no hay primeros ni segundos, estoy yo, viviendo con mi hojalata que brilla al sol.

No tengo poder alternativo ahora, tengo mis manos y mi corazón, y mi cabeza deberá aprender a vivir sin ellos dos, dando soluciones a esta carga que yo elijo cada día. El descanso ya se verá. El arrepentimiento, la pena, todo lo malo, ya se verá.
Me centro en mi edad natural, como refugiado en el todopoderoso tiempo, mi edad como un talismán que me haga despertar y ser el núcleo centrífugo de mí, ser el dueño de mi tiempo, para mí.
 
La maldición
La maldición avanza al mismo precio que una bolsa abandonada en la playa. La maldición, solo es imaginación, como el cristal de plástico de la playa. Espero y desespero, entre el mientras tanto, entre la noche habitable, habitada ya. Desenredo cuando puedo, tierras de rojo marfil, entre venideros cañones de hojalata.
Todo lo demás que brille y haga ruido, otra vez el sábado.
“Nos quedan canciones, que alegren los corazones…” Bunbury.