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El Pirata Blasfemo
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Si quieres saber más, www.surkero.tk
Sindicación
 
Un destello
La profecía y un destello nos embaucan. Luz de agua clara que afirmar en mil pasajes de dudosa sabiduría. Soy y doy pan por pan, no ojo por ojo. Sin cantinela, sin centinela, Cenicienta espera en el espesor de un vacío y frío terciopelo. Mis ojos me cuentan a veces que son tristes los suyos, fiel escribidor de noticias y pasajes que nacen de mí mismo. Sucio pasaje de tren en el que viajar, confeccionar telas de colores mientras se oyen historias siempre vivas, siempre pasadas. Adormezco con falta de confianza y de sueño, sueño vespertino y luces de túnel, destellos de noche que parecen luceros, luceros recién nacidos del miedo, “miedo de volver a los infiernos, miedo a que me tengas miedo, a tenerte que mirar, a quererte sin quererlo, de encontrarte de repente, de no verte nunca más”, M-Clan.
 
Sobre el asfalto
Dormí tres horas y no descansé. Sobre el asfalto, el mismo sabotaje de siempre, boicot a la tranquilidad y a la normalidad que nadie da. Sueño sin dormir y me parece muy normal, y no estoy triste, ni inanimado. Sueño con cosas buenas, eso sueño yo.
No quiero vender si solo lo triste vende y vale. No me vale una herida más ni piernas cansadas, no quiero más limpieza. Me quiero a mí y quiero verme despertar, quiero abrazarme por encima de todo. Respecto a ti, no sé donde estás, seguro que tú tampoco duermes mucho, y te acobardas ante el grano de arena de tu playa. Tú sueñas, aunque seas de cristal, de acero templado, de tiempo… eres temporal, y no sé cuanto tiempo tengo yo para encontrarte, la que marca un antes y después, al que acariciará la melena del gato mojado.
 
El tiempo no cura nada
“El tiempo no cura nada, el tiempo no es un doctor”, Enrique Bunbury. ¿Qué es lo que nos hace grandes? Más fuertes ante una situación, mínimamente maduros. No me atrevo siquiera a despuntar, ya sea con mi espada, ya sea con mis ganas. No me atrevo a desgarrar pues no sé si este es mi papel, si este es mi papel. Empuño espadas y aplasto teclas, para luchar con palabras ante lo que parece invencible a primera vista.
No es invencible, yo no soy inmortal, yo no soy más que otro vagabundo con colchón de látex, yo no soy más que tú, vencibles momentos hechos de sensaciones atosigadas, vestidos inmaculados para todos.
Si me imagino encerrado en la cripta, romántico soy en día de lluvia, y hoy encima es domingo. Como una metáfora, si estoy en la cripta, mi escritura bien podrá ser críptica, no sé si para esconder algo. No sé que esconder, si ando por cualquier calle y bajo la lluvia, si más de una vez he seguido a impulsos que me llamaban amo.
Lo imaginable y lo imaginado, ante la apuesta real del presente, como un signo sintomático de los genes, como si los errores, las verdades y las mentiras estuvieran vertidas y escritas en algún muro intraspasable. Sobre este punto, o sobre cualquiera, dicen que lo importante es saber adonde miras y no donde estás, (gracias Cati), y puede ser, entre los almohadones de momentos, entre los agravios y las amabilidades de los días. Si un momento se acaba, podemos esperar a otro, entre uvas y queso; entre lo indecible y lo inamovible, todo no son deseos, ni todo jerarquía. Aquí dentro hay espacio para todos, como un loco con un armario que le robó a Mary Poppins.
No sé que esconder en el armario, solo una opción no me parece justo. Por el armario cruza, se desborda y baña todo el armario, arrastrándolo con la suerte de la vida, con la suerte de todos los días, equiparando sensaciones a la sinfonía que oí en la tierra hace tres o cuatro días.
Ahora, me imagino dos puentes que arrojan luz sobre la indefensa boca de un lobo tuberculoso, soy el fantasma del atardecer, el que quiso anclar su barca ante un concepto infausto, infectado, invertebrado, como cualquier animal que enseña las fauces.
 
Hologramas
A veces desaparece, por causas naturales casi siempre, pensando en la puntita del iceberg y en la cicatriz del diablo. Volviendo sobre la inocencia, sobre las cosas sin prestigio sin premoniciones. Nido alado de avispas aborígenes que nacieron del rumor, un sucio y fundamentado humor que sale por los cuatro costados, un plano trazado sobre las venas de mi piel, haciendo injusticia de la frágil fragancia de mi parte más animada. Al final, como un holograma en la memoria.