El Alambique
Hay algo más que el vacío por inventar. Hay más de un golpe de efecto por intentar, entre alambiques, lejos de lágrimas, sin recuerdos pesados, sin un pesar eterno de vida que nunca deja de morir, una vida agónica, sin luz celeste.
No soy devoto de distintas congregaciones, grupos de seres que corren o destruyen, o crean elementos que abuchean o ensalzan. Simplemente sigo paseando, no queriendo ser un fantasma, que ya me di cuenta que lo empezaba a ser, sino como un espectador, hasta que encuentre un sitio donde quedarme.
Que necesito moverme es obvio, necesito conocer y cambiar algo también. Si me pongo delante del espejo, siento que no puedo resumir todo lo que pienso, todo lo que creo que soy. Mientras tú me hablas, de una forma impensable para mi; la vida gira y demuestra los giros, la ves pasar, como una bailarina, sutil, recta, flexible, irónica, simultánea, y nunca envejece…
Lo demás, lo que los demás le podemos dar, lo que podemos decir. Yo puedo decir muchas cosas, ese es mi trabajo, escribir sobre algo, decir, contar, pero como hombre terrenal, como ser pegado a un suelo, necesito hacer, necesito que me pasen cosas, no solo ideas que se deslicen por mi mente como una patinadora que no es la vida, la vida es una bailarina que da vueltas y a veces, solo a veces, patina sobre el hielo y sus patines son peligrosos, rasgan el alma, guste o no guste.
Ahora mis deseos se mueven entre un campo vasto, o eso es lo que quiero pensar yo, eso es parte de mis castillos montados en el aire. Quizá todo sea más simple y la mirada no tenga el revés que le quiero otorgar…
“plantar castillos en el aire, igual que fallas valencianas…” Jaime Urrutia.
No quiero hablar desde el limbo, desde una tarima ineficaz, postergados mis sentimientos y parapetado detrás de una mediocre concatenación de palabras. Las palabras son un instrumento, hacerlo bueno o malo depende de cada uno. No sería bueno que se volvieran en mí contra los instrumentos que más utilizo, con los que yo quiero vivir.
No soy devoto de distintas congregaciones, grupos de seres que corren o destruyen, o crean elementos que abuchean o ensalzan. Simplemente sigo paseando, no queriendo ser un fantasma, que ya me di cuenta que lo empezaba a ser, sino como un espectador, hasta que encuentre un sitio donde quedarme.
Que necesito moverme es obvio, necesito conocer y cambiar algo también. Si me pongo delante del espejo, siento que no puedo resumir todo lo que pienso, todo lo que creo que soy. Mientras tú me hablas, de una forma impensable para mi; la vida gira y demuestra los giros, la ves pasar, como una bailarina, sutil, recta, flexible, irónica, simultánea, y nunca envejece…
Lo demás, lo que los demás le podemos dar, lo que podemos decir. Yo puedo decir muchas cosas, ese es mi trabajo, escribir sobre algo, decir, contar, pero como hombre terrenal, como ser pegado a un suelo, necesito hacer, necesito que me pasen cosas, no solo ideas que se deslicen por mi mente como una patinadora que no es la vida, la vida es una bailarina que da vueltas y a veces, solo a veces, patina sobre el hielo y sus patines son peligrosos, rasgan el alma, guste o no guste.
Ahora mis deseos se mueven entre un campo vasto, o eso es lo que quiero pensar yo, eso es parte de mis castillos montados en el aire. Quizá todo sea más simple y la mirada no tenga el revés que le quiero otorgar…
“plantar castillos en el aire, igual que fallas valencianas…” Jaime Urrutia.
No quiero hablar desde el limbo, desde una tarima ineficaz, postergados mis sentimientos y parapetado detrás de una mediocre concatenación de palabras. Las palabras son un instrumento, hacerlo bueno o malo depende de cada uno. No sería bueno que se volvieran en mí contra los instrumentos que más utilizo, con los que yo quiero vivir.





