El Test de la Compatibilidad del Instituto de Bruce Springsteen
Atención: advierto de que lo que sigue a continuación es largo, bastante largo. No obstante, ha de ser evaluado con detenimiento por todos/as y cada uno/a de vosotros/as.
¿Que por qué? Pues porque, si tenéis pareja en la actualidad, os conviene leerlo. Y si no la tenéis, si no la tenéis... ¡os puede salvar la vida!
"Estaba leyendo un artículo de una revista sobre Springsteen en los tiempos en que se casó con su primera esposa -había dicho May-. Ella era una modelo de la alta sociedad llamada Julianne no sé qué. Los redactores de la revista habían rescatado unas fotografías antiguas de los anuarios del instituto del novio y la novia, y las publicaron, una al lado de la otra, con el artículo. ¿Y sabes qué? En el instituto, Julianne no le habría dado a Bruce ni la hora. Ella, de buena familia, era una de las reinas de los bailes del colegio. Animadora, representante estudiantil. Fue Miss Simpatía. Pertenecía al grupito selecto. En cambio, la foto del anuario de Bruce presenta a un marginado, tímido y difícil de trato. Julianne era de Lake Oswego, una comunidad dormitorio de clase alta en la costa Oeste. Estaba muy lejos de las cadenas de producción y los sórdidos bares de Nueva Jersey. Bruce y Julianne provenían de mundos distintos. Si hubieran ido al mismo instituto, Julianne habría mirado por encima del hombro a Bruce. ¿Y ahora van a casarse? Ya en ese mismo momento dije, basándome sólo en las fotografías de los anuarios, que ese matrimonio estaba condenado al fracaso. Y no me equivoqué. Al final, él la dejó por su cantante de acompañamiento, Patti Scialfa, una buena chica de Jersey. En el instituto, Patti y Bruce se habrían llevado bien.
May llamaba a eso un test de compatibilidad: las personas que no se habrían relacionado en en el instituto no debían casarse.
-En realidad, nunca superamos la época del instituto -dijo-. Sencillamente la reprimimos. Quienes somos nunca cambia. La reina de las fiestas del instituto siempre será la reina de la fiesta. Y un inadaptado siempre será un inadaptado.
May había hablado de generalidades, pero sus observaciones encerraban cierta mordacidad. Edwin simuló no haber prestado mucha atención -"Una teoría interesante. ¿Sabes ya qué vas a tomar? El plato del día tiene buena pinta"-, pero por dentro se reconcomió. Había visto el anuario de Jenni, sabía que ella había sido una de las chicas más populares en un instituto de la zona alta muy clasista. Sabía que si él hubiera conocido a Jenni por aquel entonces, con su acné y sus gafas de culo de botella y su Norton Anthology bajo el brazo, un personaje desgarbado a quien se conocía fundamentalmente por sus latinajos y sus sarcásticos comentarios, ella no se habría dignado dirigirle la palabra. Y Edwin se habría hundido. (Pese al desdén que sentía por sus coétaneos, anhelaba su aprobación) Edwin de Valu había pasado buena parte de su época estudiantil intentando congraciarse con gente más tonta que él. Y si bien esto lo había dotado de un ego saludable y cierta arrogancia, también había subrayado su propia posición como permanente intruso. Cuando Jenni -milagrosamente- accedió por primera vez a salir con Edwin, poco después de empezar a trabajar en Panderic, fue como si él de algún modo quedara validado por fin como persona. Cuando Jenni rió por primera vez de su espontáneo ingenio (un ingenio ensayado frente al espejo la noche anterior), cuando Jenni accedió de nuevo a salir con él, Edwin supo que se casaría con ella. Lo supo aun antes de acudir a esa segunda cita. Se casaría con ella para apaciguar su yo anterior. Se casaría con ella para borrar su propia foto del anuario, y así podría decirse: <<¿Ves? ¡Lo has conseguido!>>"
Happiness, de Will Ferguson
Espero que todos os apliquéis el cuento. Je, je, je (risa diabólica). Y si no habéis leido todavía esta estupenda novela canadiense... ¿a qué esperáis? De verdad que es fantástica, de verdad que lo es...
¿Que por qué? Pues porque, si tenéis pareja en la actualidad, os conviene leerlo. Y si no la tenéis, si no la tenéis... ¡os puede salvar la vida!
"Estaba leyendo un artículo de una revista sobre Springsteen en los tiempos en que se casó con su primera esposa -había dicho May-. Ella era una modelo de la alta sociedad llamada Julianne no sé qué. Los redactores de la revista habían rescatado unas fotografías antiguas de los anuarios del instituto del novio y la novia, y las publicaron, una al lado de la otra, con el artículo. ¿Y sabes qué? En el instituto, Julianne no le habría dado a Bruce ni la hora. Ella, de buena familia, era una de las reinas de los bailes del colegio. Animadora, representante estudiantil. Fue Miss Simpatía. Pertenecía al grupito selecto. En cambio, la foto del anuario de Bruce presenta a un marginado, tímido y difícil de trato. Julianne era de Lake Oswego, una comunidad dormitorio de clase alta en la costa Oeste. Estaba muy lejos de las cadenas de producción y los sórdidos bares de Nueva Jersey. Bruce y Julianne provenían de mundos distintos. Si hubieran ido al mismo instituto, Julianne habría mirado por encima del hombro a Bruce. ¿Y ahora van a casarse? Ya en ese mismo momento dije, basándome sólo en las fotografías de los anuarios, que ese matrimonio estaba condenado al fracaso. Y no me equivoqué. Al final, él la dejó por su cantante de acompañamiento, Patti Scialfa, una buena chica de Jersey. En el instituto, Patti y Bruce se habrían llevado bien.
May llamaba a eso un test de compatibilidad: las personas que no se habrían relacionado en en el instituto no debían casarse.
-En realidad, nunca superamos la época del instituto -dijo-. Sencillamente la reprimimos. Quienes somos nunca cambia. La reina de las fiestas del instituto siempre será la reina de la fiesta. Y un inadaptado siempre será un inadaptado.
May había hablado de generalidades, pero sus observaciones encerraban cierta mordacidad. Edwin simuló no haber prestado mucha atención -"Una teoría interesante. ¿Sabes ya qué vas a tomar? El plato del día tiene buena pinta"-, pero por dentro se reconcomió. Había visto el anuario de Jenni, sabía que ella había sido una de las chicas más populares en un instituto de la zona alta muy clasista. Sabía que si él hubiera conocido a Jenni por aquel entonces, con su acné y sus gafas de culo de botella y su Norton Anthology bajo el brazo, un personaje desgarbado a quien se conocía fundamentalmente por sus latinajos y sus sarcásticos comentarios, ella no se habría dignado dirigirle la palabra. Y Edwin se habría hundido. (Pese al desdén que sentía por sus coétaneos, anhelaba su aprobación) Edwin de Valu había pasado buena parte de su época estudiantil intentando congraciarse con gente más tonta que él. Y si bien esto lo había dotado de un ego saludable y cierta arrogancia, también había subrayado su propia posición como permanente intruso. Cuando Jenni -milagrosamente- accedió por primera vez a salir con Edwin, poco después de empezar a trabajar en Panderic, fue como si él de algún modo quedara validado por fin como persona. Cuando Jenni rió por primera vez de su espontáneo ingenio (un ingenio ensayado frente al espejo la noche anterior), cuando Jenni accedió de nuevo a salir con él, Edwin supo que se casaría con ella. Lo supo aun antes de acudir a esa segunda cita. Se casaría con ella para apaciguar su yo anterior. Se casaría con ella para borrar su propia foto del anuario, y así podría decirse: <<¿Ves? ¡Lo has conseguido!>>"
Happiness, de Will Ferguson
Espero que todos os apliquéis el cuento. Je, je, je (risa diabólica). Y si no habéis leido todavía esta estupenda novela canadiense... ¿a qué esperáis? De verdad que es fantástica, de verdad que lo es...
.Samaritas
Samaritas es un niño alegre y confiado. Le encanta jugar a los destrozos, pero en caso de emergencia siempre podría recurrir a la mano tendida de sus progenitores. Sus padres son abiertos, desmesuradamente imbéciles.
Samaritas tiene una mascota elegante, el resto de lo que antaño fuera un camaleón.
Hace unos meses, Samaritas leyó un libro sobre Egipto y decidió que perpetuaría algo de sí mismo, por ejemplo su imagen. Construyó un maravillosa, enorme, pirámide de barro. Dentro colocó una foto y, siguiendo la costumbre, le arrancó a su camaleón la lengua, para enterrarla junto a su fotografía.
A Samaritas le encantan las metáforas, pero no es un asesino. El camaleón deberá esperar muchos años aún para morirse.
Samaritas es un niño criticado por los demás, pero cualquiera se enternece cuando le ven dando de comer a su mascota, porque moja los insectos en leche tibia y, despacio despacio, acerca sus deditos a la boca seca del camaleón.
Sr. ZK
.sandra elevada
La ciudad abierta de par en par como una dama.
Sandra descubre que robar en un ascensor no siempre trae buena suerte. Toma, para ti, dijo el pobre anciano, sangrante aún si no boca abajo. Un saco lleno de Dios, para que sepas adónde acudir la próxima vez que tengas un aprieto.
Sandra lo abre y el ascensor se queda pequeño. La sonrisa del viejo le desnuda de cintura para dentro, como un semen permeabilizador y amable.
Fuera del ascensor, nadie, poco más que la ciudad abierta de par en par, como las ventanas de un manicomio.
Sr. ZK
Qué asco
La recordaba vagamente. Es una chica del barrio, de unos treinta años. Hace tiempo, cuando yo era un chaval y ella una veinteañera, la veía paseando un cocker cerca de mi casa. Me gustaba su culo pero, de todas formas, yo tenía las hormonas aceleradas, así que no estoy muy seguro de que siquiera me gustara.
Hoy se subió delante mía en el autobús, línea 5, Nueva Granada-Beethoven. Llevaba un jersey verde lima que no disimulaba, para nada, sus buenos siete u ocho meses de embarazo. Gorda como una embarazada de las de siempre, avanzaba por el pasillo del autobús. Éste, para variar, no iba repleto de gente, pero todos los asientos estaban ocupados. Nada de octogenarios: la mayor parte hombres y mujeres de entre treinta y cincuenta, aparte de un par de niñas que irían al colegio o el instituto. Nadie le cedió el asiento. Nadie.
Es la típica cosa que me asquea. Es como si una mano invisible me agarrara el escroto y tirara hacia abajo. Soy el típico gilipollas que, en una situación parecida, habría saltado de mi silla de plástico malo para empujarla encima. Embarazadas, ancianos, mujeres con niños pequeños en brazos, gente con muletas... Hay otro chico que va siempre en la línea 1, Parque de las Ciencias-Modesto Cendoya, al que le falta una pierna. Es el paradigma del yonqui que da pena, borde como él sólo (¿lleva tilde este "sólo"? ay), pero nunca me he privado de ofrecerle el asiento. Supongo que no comprendo porqué la gente no hace lo que yo hago, pero os juro que me ha estropeado la mañana. Era tristísimo verla agarrada a la barra cuando el autobús giraba en las incontables rotondas que están floreciendo en Granada (hay miles, la pasta que se van a ahorrar en electricidad con todos los semáforos que han quitado; la madre que parió al concejal). La gente, mientras pasando.
Al final se ha podido sentar. Un chico se ha levantado para salir y ella ha podido hacerlo. Había más gente de pie al lado, el colmo habría sido que se le hubieran anticipado. Ahí sí habría intervenido (a esas alturas ya tenía la mala sangre subiéndome en espirales hacia el cerebelo, a punto de estallar la masa encefálica por la presión). He estado a punto, juro que lo he estado, de acercarme a ella y disculparme por la conducta del resto de los pasajeros, pero al final he recapacitado: es demasiado absurdo incluso para mí.
Aparte, esta mañana me he acordado de mi ex novia. No un recuerdo agradable, haceos cargo. Fue una tarde de junio, habíamos cortado hacía un mes o así y nos encontramos en uno de los paseos que bordean el río Genil. Ella venía de clase (ahora es arquitecta), yo de recoger la orla de mi promoción, felicísimo porque estaba a punto de licenciarme (pobre hombre, yo). Nos vimos de lejos; ella luego me confesó que estuvo a punto de tirar por otra calle, haciendo como que no me había visto (a mí también se me pasó por la cabeza). No nos habíamos visto desde la ruptura. Le comenté que acababa de conseguir un trabajo en una pizzería y lo único que se le ocurrió decir es que, con ese tipo de empleo, iba a engordar. ¡Lo juro! Es lo único que se le pasó por la cabeza. Yo la mandé a freir espárragos, y acabamos insultándonos en mitad de la calle (no era la primera vez, cuando nos conocimos éramos amigos inseparables, como pareja eramos un desastre-distante, pero después... insultos y sexo, eso es lo que fue la separación).
Me parece que hoy estoy divagando hoy más de lo habitual.
Me encontré a esta misma chica, un año después (y estando yo ya con mi actual pareja) en un garito heavy. Mi pareja estaba en otro país, y yo quería tomarme unas cervezas con un chaval que había conocido en el IRC, un heavy que tocaba el bajo, o la batería (no me acuerdo) en un grupo de death metal. El chico apareció con ella: eran amigos y la estaba cortejando (muy patético, ella jamás se fijaría en un tío como él, tan buena gente, porque la verdad es que el tipo era un cacho de pan... aficionado al death, sí, pero eso no tiene nada que ver, creo yo). Había dejado de beber, ella, me refiero, pero al final acabó soltando, como si estuviera en mitad de una borrachera antológica, que conmigo (cortando conmigo quiero decir) había cometido el error de su vida. ¿Qué coño se supone que tiene que contestar uno a eso? El otro chaval estaba flipando (se enteró, así, de improviso y a mala uva) de que yo había tenido algo con la chica que le gustaba. Desvié la conversación, claro. Apuré la cerveza y me disculpé: había quedado con otro amigo en un pub indie-pop (Peatón, el pub indie-pop por antonomasia en Granada). Mentira cochina, por supuesto. Salí de allí como alma que lleva el diablo y, para no traicionar del todo mi excusa, me tomé la última en el pub de marras, acodado en soledad en la barra (he salido muchas veces solo, no me importa y lo volveré a hacer).
No os engañéis, a esta chica yo la aprecio muchísimo. Está tocada de la cabeza, pero es lógico teniendo en cuenta toda su coyuntura vital (muy chunga, la verdad). Ahora tiene casi treinta años y no sé de ella desde hace unos meses (fui a verla a una obra de teatro en la que ella era la protagonista). Espero que haya rehecho su vida, pero su actual novio (o el que era su novio cuando la obra) es el mayor patán que uno se puede echar a la cara, el típico heavy-metal con greñas y barba de tres semanas. Lo curioso es que, estando él con ella le puso los cuernos con la chica con la que yo me enrrollé después de que ella me dejara. Así son las cosas: Granada, de tan pequeña, es un asco. En según que ambientes, por ejemplo el heavy (en el que yo me movía antes de empezar mi actual relación), todos nos conocemos, y la endogamia tribal está a la orden del día.
En fin, ayer desayuné un par de donuts. ¿Día redondo? A las siete fui a una entrevista de trabajo, y a las ocho me llamaron para decirme que me habían cogido. Acabo de firmar un contrato de seis meses. Trabajaré de comercial para una de las mayores compañías editoriales del país. Bueno, no exactamente editorial, más bien re-editora de best-sellers (¿hace falta decir algo más? Seguro que muchos sois socios). Pagan muy bien, demasiado bien. No sabía yo, y mira que soy (o intento ser) del ramo que los libros dieran tanto dinero: un fijo de ciento quince mil de las antiguas pesetas (fijo fijo, haga lo que haga) y unas comisiones altísimas (me he caido de culo al ver el contrato). Mis viejos están como unas castañuelas, hasta me van a comprar un coche (lo flipo). Mi chica también está muy contenta, sabe que voy a hartarme de comprar comida de la cara (parece una gilipollez, pero es que hasta ahora nuestra dieta se basaba en la carne picada, el queso de barra, la cabezada de cerdo y demás delicatessen). Prometo gastármelo todo en comida, en accesorios para mi nueva PS2, en un mueble bar en condiciones (me refiero al contenido del mueble bar, ahora mismo hay una botella de Martini Dry casi finiquitada y una botella de Capataz Gallardo, o algo así, un brandy de jerez que es una puta porquería). En agosto tengo vacaciones, y nos pensamos pegar un viaje de una semana a Madrid (es el mejor mes para ir a Madrid: ¡no hay nadie! Y los dos odiamos la playa, por aquello de ser más blancos que la leche y de ponernos rojos como tomates en cuanto se nos pega un poco el sol). Hay mucha gente a la que ver en la capital del reino: Fran-Paloma y Ascensión-Anele, dos entidades duales que emigraron en busca de tiempos mejores (y lo consiguieron, por cierto); mi gente de Maru-Maya (Pakito, Medea, A_las_tres, Gilda, Sacamantecas... por cierto que los tengo muy abandonados); Pily, Santi, y otros fandomitas insaciables (los convenceremos para comer sushi [no mires para otro lado, Pily] y los llevaremos a punta de pistola a garitos que molen).
¿Véis? Mi vida es el eterno cuento de la lechera. Como eterno es también este mensaje. Gracias a todos y todas por llegar hasta el final...
Hoy se subió delante mía en el autobús, línea 5, Nueva Granada-Beethoven. Llevaba un jersey verde lima que no disimulaba, para nada, sus buenos siete u ocho meses de embarazo. Gorda como una embarazada de las de siempre, avanzaba por el pasillo del autobús. Éste, para variar, no iba repleto de gente, pero todos los asientos estaban ocupados. Nada de octogenarios: la mayor parte hombres y mujeres de entre treinta y cincuenta, aparte de un par de niñas que irían al colegio o el instituto. Nadie le cedió el asiento. Nadie.
Es la típica cosa que me asquea. Es como si una mano invisible me agarrara el escroto y tirara hacia abajo. Soy el típico gilipollas que, en una situación parecida, habría saltado de mi silla de plástico malo para empujarla encima. Embarazadas, ancianos, mujeres con niños pequeños en brazos, gente con muletas... Hay otro chico que va siempre en la línea 1, Parque de las Ciencias-Modesto Cendoya, al que le falta una pierna. Es el paradigma del yonqui que da pena, borde como él sólo (¿lleva tilde este "sólo"? ay), pero nunca me he privado de ofrecerle el asiento. Supongo que no comprendo porqué la gente no hace lo que yo hago, pero os juro que me ha estropeado la mañana. Era tristísimo verla agarrada a la barra cuando el autobús giraba en las incontables rotondas que están floreciendo en Granada (hay miles, la pasta que se van a ahorrar en electricidad con todos los semáforos que han quitado; la madre que parió al concejal). La gente, mientras pasando.
Al final se ha podido sentar. Un chico se ha levantado para salir y ella ha podido hacerlo. Había más gente de pie al lado, el colmo habría sido que se le hubieran anticipado. Ahí sí habría intervenido (a esas alturas ya tenía la mala sangre subiéndome en espirales hacia el cerebelo, a punto de estallar la masa encefálica por la presión). He estado a punto, juro que lo he estado, de acercarme a ella y disculparme por la conducta del resto de los pasajeros, pero al final he recapacitado: es demasiado absurdo incluso para mí.
Aparte, esta mañana me he acordado de mi ex novia. No un recuerdo agradable, haceos cargo. Fue una tarde de junio, habíamos cortado hacía un mes o así y nos encontramos en uno de los paseos que bordean el río Genil. Ella venía de clase (ahora es arquitecta), yo de recoger la orla de mi promoción, felicísimo porque estaba a punto de licenciarme (pobre hombre, yo). Nos vimos de lejos; ella luego me confesó que estuvo a punto de tirar por otra calle, haciendo como que no me había visto (a mí también se me pasó por la cabeza). No nos habíamos visto desde la ruptura. Le comenté que acababa de conseguir un trabajo en una pizzería y lo único que se le ocurrió decir es que, con ese tipo de empleo, iba a engordar. ¡Lo juro! Es lo único que se le pasó por la cabeza. Yo la mandé a freir espárragos, y acabamos insultándonos en mitad de la calle (no era la primera vez, cuando nos conocimos éramos amigos inseparables, como pareja eramos un desastre-distante, pero después... insultos y sexo, eso es lo que fue la separación).
Me parece que hoy estoy divagando hoy más de lo habitual.
Me encontré a esta misma chica, un año después (y estando yo ya con mi actual pareja) en un garito heavy. Mi pareja estaba en otro país, y yo quería tomarme unas cervezas con un chaval que había conocido en el IRC, un heavy que tocaba el bajo, o la batería (no me acuerdo) en un grupo de death metal. El chico apareció con ella: eran amigos y la estaba cortejando (muy patético, ella jamás se fijaría en un tío como él, tan buena gente, porque la verdad es que el tipo era un cacho de pan... aficionado al death, sí, pero eso no tiene nada que ver, creo yo). Había dejado de beber, ella, me refiero, pero al final acabó soltando, como si estuviera en mitad de una borrachera antológica, que conmigo (cortando conmigo quiero decir) había cometido el error de su vida. ¿Qué coño se supone que tiene que contestar uno a eso? El otro chaval estaba flipando (se enteró, así, de improviso y a mala uva) de que yo había tenido algo con la chica que le gustaba. Desvié la conversación, claro. Apuré la cerveza y me disculpé: había quedado con otro amigo en un pub indie-pop (Peatón, el pub indie-pop por antonomasia en Granada). Mentira cochina, por supuesto. Salí de allí como alma que lleva el diablo y, para no traicionar del todo mi excusa, me tomé la última en el pub de marras, acodado en soledad en la barra (he salido muchas veces solo, no me importa y lo volveré a hacer).
No os engañéis, a esta chica yo la aprecio muchísimo. Está tocada de la cabeza, pero es lógico teniendo en cuenta toda su coyuntura vital (muy chunga, la verdad). Ahora tiene casi treinta años y no sé de ella desde hace unos meses (fui a verla a una obra de teatro en la que ella era la protagonista). Espero que haya rehecho su vida, pero su actual novio (o el que era su novio cuando la obra) es el mayor patán que uno se puede echar a la cara, el típico heavy-metal con greñas y barba de tres semanas. Lo curioso es que, estando él con ella le puso los cuernos con la chica con la que yo me enrrollé después de que ella me dejara. Así son las cosas: Granada, de tan pequeña, es un asco. En según que ambientes, por ejemplo el heavy (en el que yo me movía antes de empezar mi actual relación), todos nos conocemos, y la endogamia tribal está a la orden del día.
En fin, ayer desayuné un par de donuts. ¿Día redondo? A las siete fui a una entrevista de trabajo, y a las ocho me llamaron para decirme que me habían cogido. Acabo de firmar un contrato de seis meses. Trabajaré de comercial para una de las mayores compañías editoriales del país. Bueno, no exactamente editorial, más bien re-editora de best-sellers (¿hace falta decir algo más? Seguro que muchos sois socios). Pagan muy bien, demasiado bien. No sabía yo, y mira que soy (o intento ser) del ramo que los libros dieran tanto dinero: un fijo de ciento quince mil de las antiguas pesetas (fijo fijo, haga lo que haga) y unas comisiones altísimas (me he caido de culo al ver el contrato). Mis viejos están como unas castañuelas, hasta me van a comprar un coche (lo flipo). Mi chica también está muy contenta, sabe que voy a hartarme de comprar comida de la cara (parece una gilipollez, pero es que hasta ahora nuestra dieta se basaba en la carne picada, el queso de barra, la cabezada de cerdo y demás delicatessen). Prometo gastármelo todo en comida, en accesorios para mi nueva PS2, en un mueble bar en condiciones (me refiero al contenido del mueble bar, ahora mismo hay una botella de Martini Dry casi finiquitada y una botella de Capataz Gallardo, o algo así, un brandy de jerez que es una puta porquería). En agosto tengo vacaciones, y nos pensamos pegar un viaje de una semana a Madrid (es el mejor mes para ir a Madrid: ¡no hay nadie! Y los dos odiamos la playa, por aquello de ser más blancos que la leche y de ponernos rojos como tomates en cuanto se nos pega un poco el sol). Hay mucha gente a la que ver en la capital del reino: Fran-Paloma y Ascensión-Anele, dos entidades duales que emigraron en busca de tiempos mejores (y lo consiguieron, por cierto); mi gente de Maru-Maya (Pakito, Medea, A_las_tres, Gilda, Sacamantecas... por cierto que los tengo muy abandonados); Pily, Santi, y otros fandomitas insaciables (los convenceremos para comer sushi [no mires para otro lado, Pily] y los llevaremos a punta de pistola a garitos que molen).
¿Véis? Mi vida es el eterno cuento de la lechera. Como eterno es también este mensaje. Gracias a todos y todas por llegar hasta el final...
Dos series que NO os podéis perder


Del director de Cowboy Bebop (o como se escriba). Dos samurais se ven obligados a buscar a un tercero por culpa de una promesa que hicieron a una chica que les salvó de morir ejecutados. La estética es INCREIBLE. El guión está muy bien, por encima de la media de este tipo de productos. No abusa de la violencia, aunque esta es inevitable. En la página http://fansub.hosteol.com podéis bajaros los 21 primeros capítulos (de un total de 26) en japonés con subtítulos en español (muy bien hecho el trabajo de estos chicos, está realmente conseguido). No suelo recomendar este tipo de cosas, pero por ejemplo sé que a Francesita y a María les va a gustar muchísimo.

Esta serie puede que la conozcáis, en todo caso es desternillante. :)
Contento y feliz como una lombriz
Llevo unos días sin conectarme (mudanzas, nieve, incomunicación... ese tipo de cosas), pero estoy contento y feliz como una lombriz. El año 2005 ha empezado, en mi faceta de editor, muy muy bien. Nuestro último libro está funcionando a la perfección, inclusive las críticas (con los críticos uno nunca sabe). En mi faceta de escritor, acaba de aparecer un cuento en la revista Sable 4, el mismo pero en francés en la Sable especial (en francés, claro). El día 15, más o menos, aparece otro relato (uno de sci-fi cómica) en Axxón, la más veterana de las publicaciones electrónicas que hay en la red (este mes, el mío, es el número 148; 148 meses, se dice pronto...). Y, hoy, me han dado una de las alegrías de mi vida: otro de mis relatos va a aparecer en una de las dos antologías Artifex (Artifex 3ª Época, Bibliópolis) que van a aparecer este año. La mayoría de los que leéis estas líneas no lo vais a entender, pero publicar en Artifex es, más o menos, como pasar de jugar en Segunda División a clasificarse directamente para Liga de Campeones.
Aparte, esta noche son los entrenamientos oficiales del GP de Australia de Fórmula 1. Mi vida son mis libros (los que edito, los que leo, los que intento escribir), mi pequeño círculo de amistades y... la Fórmula 1, qué carajo (no voy a ser tan snob, no diré que no me gusta ningún deporte por el simple hecho de que "no es cool": a mí me apasiona la F1, igual que a Alamanda, por ejemplo). Y todo va bien, como diría Ansar.
Joder, ya era hora de un mensaje optimista. Digo yo.
Slobodan Hilezkor dixit
Das Boot!
Aparte, esta noche son los entrenamientos oficiales del GP de Australia de Fórmula 1. Mi vida son mis libros (los que edito, los que leo, los que intento escribir), mi pequeño círculo de amistades y... la Fórmula 1, qué carajo (no voy a ser tan snob, no diré que no me gusta ningún deporte por el simple hecho de que "no es cool": a mí me apasiona la F1, igual que a Alamanda, por ejemplo). Y todo va bien, como diría Ansar.
Joder, ya era hora de un mensaje optimista. Digo yo.
Slobodan Hilezkor dixit
Das Boot!





