logotipo

img_google
comida cruda pero no tanto
se sirve comida cruda a tres manos.
Acerca de
que dios reparta suerte
Sindicación
 
dos cosas antes de que se me olviden.

1- que estoy absolutamente enamorado de Irene Jacob. en Rojo o en La doble vida de Verónica, me da igual. esa boca no tiene precio.

2- que los reporteros de antena3 cada día son más gilipollas. el otro día con el show de Benedicto el artista de Roberto Arce dijo:
"la elección de Ratzinger ha sido todo un espectáculo NO APTO PARA DALTÓNICOS"

en fin, qué pena de chaval, mira que no saberse el chiste de daltonia y los semáforos. no sabía yo que los daltónicos no pueden jugar al ajedrez...


Sr. ZK

 
7:45. Llorar a caudales.
Tengo miedo de romperte, cariño,
con mis palabras de piel y hueso.


(Y tengo ganas de irritarlo todo,
con mis uñas de fieltro y trapo).


Sra. SM.
 
Palabras gratuitas
He tenido una fugaz idea: mudarme a una isla desierta y desconectar un tiempo de todo. Trabajo, familia, internet, televisión, todo. Estoy seguro de que muchos lo agradecerían (sí, también muchos de los que estáis leyendo esto, tal vez tú mismo, no mires para otro lado).

El que más lo agradecería soy yo.

No pasa un día sin que, navegando por la vasta www, me encuentre con una sarta de estupideces, palabras gratuitas apenas suficientemente esbozadas, de esas que me revuelven las tripas.

A veces, incluso, esas palabras las he escrito yo.

De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que la afinidad con una persona (o personas) no se basa en prácticamente nada. Las palabras que más me tocan la moral han sido escritas por gente que tiene ideas políticas de izquierdas, como yo; o que escuchan música parecida; o que leen los mismos libros. Me repugnan, sin embargo, las letras que escriben y, en algunas ocasiones, también las personas que las escribieron (cosa bastante ilógica ya que no suelo conocerlas en la realidad, y me asusta con qué facilidad tacho de mi lista de "amigos" a gente con la que no he tenido la oportunidad de charlar con unas cervezas de por medio).

Hablan (hablamos) por hablar, sin nada que decir realmente. Llenamos (llenan) los silencios como si estos fueran, per se, malos de condenación, cuando no es así. Por eso descuido mi blog, por eso he decidido cada vez huyo más de foros, del messenger, del IRC y de las conversaciones a media luz en pubs sin nombre. Me he vuelto silencioso, casi tanto como acostumbraba cuando era un chaval tímido y lleno de acné y mi grupo de amigos se reducía a un par de afines (afines en el mayor sentido de la palabra).

Aparte, el otro día estuve viendo fotos de mis tiempos de instituto y facultad. Hay allí, sonrientes junto a mí, un puñado de personas, en masculino y femenino, con los que ya no tengo ninguna relación. Y otro puñado, también en masculino y femenino, con los que no tendría ninguna relación ni aunque me fuera la vida en ello. Hay una situación que me resulta especialmente sangrante, una amiga (antigua amiga) desde hace años que, por un malentendido, me ha dejado de hablar. Ese malentendido se habría solucionado de una forma bien sencilla: hablando conmigo cuando ocurrió lo que ocurrió. Tan sencillo. Habíamos compartido docenas de cafés, pasé cientos de horas en su casa, charlando de trivialidades y de trascendencias, de lo divino, lo humano, y lo inclasificable. Pero, llegada la hora de la verdad, todo se rompió. No me engaño, la culpa está repartida a partes iguales entre ella y yo (todavía no he llegado al punto de negar sistemáticamente que, de vez en cuando, cometo fallos imperdonables que ponen en peligro amistades, colegueos y demás; sería una necedad).

Disfruté de las fotos, por mucho que no fijara la vista en esas caras. ¿Para qué? Ya no puedo (tal vez ni siquiera quiera) arreglar las cosas con toda esa gente. Hicieron (hicimos) cosas mal, se acabó lo que se daba, y mejor así para que nadie siga sintiéndose herido. Lo cual no significa que no duela.

Y de la gente que pulula internet, a la que no conozco en persona, con la que no he tenido trato alguno más que alguna conversación cruzada, esa gente que me ha insultado, a mí y a los míos, que se ha burlado de mis sueños sin haber llegado nunca a entreverlos, los que sólo toman una versión de los hechos para extraer sus conclusiones (con lo fácil que es preguntar), los que me acusan de falsedades (motivados por el ya mencionado punto de vista único), los que me juzgan... Pues, hablando en plata, que les den por el culo. Y que me manden a freir espárragos o a horadar galletas si así lo desean. Faltaría más.
 
.sin título.

Cuando traspasamos el umbral, no hallamos sino muerte. El hedor tomaba forma en las paredes de la Fortaleza. Ni siquiera los Orfanatos fueron respetados. Los Cachorros yacían como pequeños Cristos en posición crucial de abandono.

Malinòs vino a mí, con un ataque de ansiedad tras la máscara aséptica.
—Señor, esto se nos ha ido de las manos.
Yo no pude responderle, notaba el sudor frío. Un sabor acre me dejó la boca enferma. Me dieron ganas de matar a todo el mundo.
—Ya lo sé, hijo mío.
—No soy su hijo, señor, yo no.
Imbécil. Malinòs siempre se creyó con derecho al reproche eterno.
—Ya sé que no lo eres, Malinòs, pero eres más que un hijo para mí.
Me miró tras la pantalla protectora con odio de siglos. No quiso contestarme, se fue de allí, dejándome con la soledad del neoplástico.

Dos meses más tarde, mientras daba de comer a uno de los Cachorros de mi casa, noté el primero de los hongos sobre mi pecho. Parecía una minúscula mancha de suciedad, tan inofensiva como mi desnudez, pero en aquel momento ya debía de haber contaminado la leche de los niños que tanto amaba.

Esa fue la primera vez que estuve tentado de dejarme ir, activando el Protocolo.
Sin embargo, yo seguí actuando como si nada, infectado a todos los niños que mamaban de mí, día tras día, hasta que ya no pude más y los signos eran demasiado evidentes.

Y no es que no los quisiera, es que no podía dejar de hacer lo único que me daba razón para existir.

Tengo tanta hambre...




Sr. ZK
 
.buena gente.

Estaban en la fila interminable y se acordó de “mi nombre es legión”, pero luego se dijo ah, pero esta legión es buena.
Eran miles, seguro que millones. A su derecha había una chica con la bandera de Portugal que no debía de tener más de quince años. A su izquierda un viejo enorme con la palabra PACE pintarrajeada por una mano nerviosa en la frente. Pero no eran los mismos todo el tiempo, sino una multitud cambiante. Seguro que se cuelan, se dijo. Y tan seguro. Bueno, es comprensible, yo también lo haría. Había gente que volvía llorando, había gente que gemía y otros quedaban en silencio. Había un millón de olores.

Y entonces lo pisó.

Algo crujió blando bajo su pie derecho.
Le dio un asco terrible: sin saber por qué pensó en un dedo cortado, un dedo tieso, grisáceo y sucio.

Aprovechando un instante de paro próximo y momentáneo, intentó ver que era lo que había pisado. Se agachó como pudo, a pesar de que un trozo de Portugal le impedía la visión. No podía aclararse entre pies y movimiento, pero se dejó guiar por un leve brillo. Lo cogió, y lo miró horrorizado.

Era un dedo. Con un anillo.



Sr. ZK
 
Super Cannes
Estoy leyendo, en mis ratos libres de mi nuevo trabajo (ya os contaré), una novela de Ballardo (el mismo de "El imperio del sol" y "Noches de cocaína") que se llama así. Super Cannes. Sencillamente escalofriante, me está dando muchos quebraderos de cabeza y me está agriando el caracter, todo a la vez.

No quiere decir que no me guste, claro.

La anterior novela que leí era "Puerta al verano", de Heinlein. Tenía miedo de leer a este tipo, famoso por su belicismo recalcitrante (o eso dicen sus detractores). Para situaros, Heinlein fue quien escribió la más tarde llevada a la pantalla "Starship Troopers" (aquí traducida tanto como "Tropas del espacio" como por otros muchos nombres). Os recomiendo "Puerta al verano" encarecidamente, es fascinante (dentro de lo que cabe). De hecho, Heinlein me ha recordado, durante un momento, a Philip K. Dick. Luego me inyecté en vena una buena dosis de vitamina B y se me pasó. Pero bueno.
 
Ojalá vivas tiempos interesantes
De verdad que te lo deseo, amiguito, de verdad de la buena.

Das Boot!
Hilezkor
 
Para-para-pa-pa-pa
Tras casi tres décadas de papado poco se puede decir que ya no se sepa de un periodo en el que el mundo ha cambiado a una velocidad sorprendente. Juan Pablo II, como timonel de la Iglesia Católica, ha guiado a la milenaria institución por el camino adecuado con firmeza, carisma y sabiduría. Porque, aparte de un gran jefe espiritual, el recién fallecido Papa ha sido un hombre de Estado de talla superlativa. En el mundo hay casi mil quinientos millones de católicos, una buena porción de la humanidad que se extiende por los cinco continentes. El compromiso de Juan Pablo II fue con todos y cada uno de ellos, pero también con el resto del género humano.

Muestra de ello es la batalla que presentó al comunismo que hasta hace quince años sojuzgaba media Europa, incluida su patria natal. Cuando fue elevado a la sede pontificia el imperio soviético se encontraba en su apogeo y se antojaba invencible. Nada más lejos. Haciendo buena una de sus máximas, “el mal, por muy grande que sea, siempre se vence con el bien”, y aprovechando la revolución de la libertad patrocinada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, Juan Pablo II plantó cara a las dictaduras que devastaban la Europa secuestrada al otro lado del telón de acero. Su victoria, la del bien sobre el mal, la de la libertad sobre la tiranía, es acaso el mejor legado político que ha dejado para la posteridad y un regalo de incalculable valor para las generaciones venideras.


El ocaso de un Papa excepcional
Editorial (www.libertaddigital.com)

Para-para-pa-pa-pa

(o música de Benny Hill, que para el caso es lo mismo)

El segundo párrafo no tiene desperdicio. Si, además, se elige como próximo Papa al cardenal chileno ese (sí, el amigo del alma de César Augusto Pinochet), entonces estaremos ante un gran chiste.

Y yo pediré la excomunión, claro.