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Vestida por el mundo
Opiniones sobre aquello que leo, veo o escucho... y un cuento de vez en cuando
Acerca de
VESTIDA POR EL MUNDO ¡Bienvenidos a mi blog personal! Intentaré colgar algo cada día, artículos, comentarios de libros y, de vez en cuando, relatos. Gina Lollobrigida fue “desnuda por el mundo” (o “Desnuda frente al mundo”) en la versión fílmica de la novela de Tom T. Chamales, un libro que ha estado desde tiempos pretéritos en la librería de mis padres y que, a pesar de eso y de mi afición por la lectura, aún tengo pendiente de leer.
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MEMORIAS DE UN LICÁNTROPO DEL SIGLO XXI (1º PARTE)
(O COMO SER HOMBRE LOBO EN TIEMPOS DE LA DEPILACIÓN DEFINITIVA).

Balas de plata, agua bendita… que me vais a contar. Hay días que me levanto y me siento fatal, y no es porque empinara el codo más de la cuenta la noche anterior. Creo que la palabra que define mejor mi estado anímico es “perseguido”. Perseguido por hordas de sanguinarios redentores que se pasan el día produciendo balas de plata para pasarse la noche tirándomelas.
Pensé que si conseguía publicar mis memorias, estos energúmenos desistirían en su empeño, ya que de nada han servido mis quejas a la L.O.L.A (Liga Organizativa de Licántropos Asociados). Y lo cierto es que tampoco las tengo todas conmigo. Revelar mis intimidades me hace sentir vulnerable en una sociedad donde ya no sirve aquello de “donde hay pelo hay alegría”. Lo intenté con la prensa del corazón… En un semanario de cierto renombre me pusieron de patitas en la calle porque, según ellos, no tengo el glamour suficiente. Eso sí, me regalaron un hueso. A este paso, o me opero las glándulas mamarias a ver si me llevan de tertuliano a algún talk-show, o tendré que cargarme a un par de abuelitas para salir, por lo menos en “El Caso”. Pero el caso, valga la redundancia, es que estas cosas no van conmigo: ni me gusta ese tipo de programas ni mucho menos morder a viejecitas. Nunca estuvo hecho para mí eso de devorar a nadie. Donde esté un buen conejo al ajillo que se quite lo demás. Claro que, si la noche está poco concurrida, hasta me conformo con una buena paloma de ciudad.
Lo que os voy a contar no es ni una carta al director ni tampoco una declaración de intenciones. Se trata simple y llanamente del aullido sordo de un pobre hombre lobo que lo único que quiere –y a lo que aspira- es a poder deambular un poco por la espesura y comer tranquilo el conejo de turno (para los malpensados, aclarar que me refiero a un Oryctolagus cuniculus, de la familia de los lepóridos).
(continuará)
 
Y ESTO ¿CÓMO LO TITULO?
Uno de los motivos por los que comencé este blog fue el obligarme a escribir, aunque sólo fuera un poquito, cada día. Llevo muchos años escribiendo pero quizá la rutina, las obligaciones o incluso la desidia han estado haciendo mella, últimamente, en esta afición mía. Antes escribía relatos bastante a menudo y era rara la semana que no había pergeñado algo nuevo. A veces eran cosas para enviar a algún fanzine, a algún concurso. Otras eran bromas privadas, alguna idea que me había pasado por la cabeza y que escribía pensando en un solo lector –mi compañero-. Durante el último año se puede decir que no he escrito prácticamente nada, salvo lo que voy colgando en este diario de viaje. Y poco más.
Nunca he sido capaz de escribir un diario a la usanza clásica, aunque he iniciado unas cuantas decenas desde que soy capaz de escribir cuatro letras juntas. Pero no se me da muy bien eso de desnudar mi alma, que la pobre es más bien friolera. O sea, que mi intención siempre estuvo muy alejada de la idea de un diario on-line. Hubiera resultado aún más aburrido que hablar del tiempo.
Tampoco contaba entre mis intenciones el que alguien me leyera, aparte de los amigos. Sé que es difícil que, entre miles de blogs, los lectores vayan a encapricharse con el tuyo. Pero la gente ha ido entrando por aquí y, con ilusión, he comprobado que hasta alguna persona del Japón o de Israel ha asomado su pantalla por estos lares. Igual buscaron en el Google una palabra clave y entraron por casualidad, que es lo más seguro, pero bueno, ilusión hace igual, para que nos vamos a engañar.
Pero lo que más me ha gustado de escribir esta bitácora, día a día, ha sido la participación de algunas personas, comentando los temas que he ido desgranando, dando su opinión sobre esto o aquello, o aportando datos adicionales que siempre son interesantes de conocer.
También he conocido mejor este universo de los blogs leyendo los de otros. Algunos de ellos porque eran de personas que conozco, pero también muchos los he descubierto siguiendo algún enlace, hasta tropezar con un texto que me llamó la atención. Es curioso como la acción de mirarme mi propio ombligo ha terminado por conseguir el efecto de interesarme con los ombligos ajenos.
 
DE MAYOR QUIERO SER ¡INCREDIBLE!
Tras amenazar a mi constipado con la botella del jarabe, he comenzado a sentirme un poco más animada, y esta tarde ¡tachín! hubo sesión de cine en el Coliseum: "Los increíbles". Hay cosas que revitalizan mucho más que un buen trago de Bisolvon, y una película como esta, llena de acción, risas y desenfado, mucho más. Los que hemos sido aficionados a los cómics de super-héroes, sin duda, encontraremos en esta singular familia de “Supers” muchas reminiscencias de los poderes espectaculares de los “Fantastic Tour” (Los Cuatro Fantásticos). Con el toque humorístico perfecto y la cantidad de acción necesaria para hacernos pasar dos horas de película sin que ni siquiera nos demos cuenta de lo incómoda que es la butaca. Es más, las risas en la sala eran generales y sinceras, demostrando así que la película es “para todos los públicos” como indica su clasificación. Que, de cuando en cuando, nos cuelan cada gol por esos pagos…
Los de Pixar han vuelto a hacer de las suyas y han conseguido que aquella genial “Toy Story”, o la inolvidable y divertidísima “Monstruos S.A.” tengan una digna sucesora en el cine de animación al que se dedican.
Y como información adicional al tema de los super-héroes, ya que hablábamos de los “Cuatro Fantásticos”, una noticia de la que acabo de enterarme (seguramente ya lo sabía todo el mundo menos yo): Está previsto el estreno de la película homónima para el 2005. Mr. Fantástico, la Cosa, la Chica Invisible y la Antorcha Humana se están preparando para dar guerra.
 
HOY PUEDE NO SER UN GRAN DÍA
Llevo un par de horas tratando de escribir el dichoso tema de hoy para el blog, en un intento desesperado de que mis neuronas dejen de trabajar a velocidades de caracól… Quería ampliar el tema del jueves, con las ideas y comentarios que habéis dejado al respecto de la revolución informática, o hablar de Gran Hermano y de lo mucho que me recuerdan a los SIMS. También se me ocurrió hablar de Zelda o de Super Mario, dos de mis juegos favoritos de las consolas de cartuchos. Todos mis esfuerzos han sido en vano, porque hoy no tengo el día. Y es que un dichoso constipado me ha tomado de rehén y está dispuesto a fastidiarme el fin de semana. Es, en momentos como estos, cuando los pañuelos de papel se convierten en aliados y no hay lugar más acogedor que la cama. Y el dormitorio se convierte en un campo de batalla: pañuelos arrugados por doquier, el libro que intentas leer a ratos para no estar continuamente dormitando, la botella del jarabe para la tos, los caramelos también para la tos, el termómetro, el vicks-vaporub, la taza –vacía- de caldito que te acabas de tomar y un vaso –lleno- con zumo de naranja que te tomarás en cuanto vuelvas a despertar (porque te has vuelto a quedar frita con el libro entre las manos).
Parece que corre por ahí una epidemia de constipados que está haciendo estragos entre la población, y es que no hay nada que se propague más que aquello que no tenemos interés en contagiarnos. Ya lo dice el refrán: “Todo lo malo se pega”.
 
LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA EN NUESTRAS MANOS
Mi primer ordenador entró en casa a finales de los 80, era un Amstrad que ni siquiera tenía disco duro y que funcionaba a base de cargar el S.O. con esos floppys negros de 5 ¼ que ya han pasado a mejor vida. Para escribir mis cartas y cuentos, usaba el Word Star, y para decorar las cartas, el Print Shop, ambos predecesores de los programas que ahora usamos a todo color, pero que entonces veíamos en una pantalla de fosforito verde. Claro que no había mucho más para elegir. Ya el colmo fue cuando mi hermano decidió instalar un disco duro de 20 Mb. al cachivache en cuestión, con lo que quedamos anonadados del enorme salto tecnológico que aquello suponía.
El siguiente ordenador que tuve era un mal llamado portátil, que pesaba lo suyo, abultaba lo suyo y de portátil tenía el que pudiera utilizarse desenchufado. Utilizaba uno de aquellos Windows antidiluvianos y lo más divertido que recuerdo de él eran las partidas con el Prince of Persia, día sí, y día también.
Fue todo un escándalo cuando instalé el 486 con disco duro de 400 Mb. en casa. ¡Tanto disco libre para mi solita! Además, fue la primera vez que utilicé una impresora de más de cuatro agujas, que hacía un ruido infernal y tardaba una eternidad en imprimir una página, pero ¡qué maravilla!. El no va más fue cuando instalé el módem, algo que, hasta hacía poco, parecía impensable. Que las páginas tardaran una eternidad en cargar era lo de menos, y lo de tener correo electrónico… el no va más. Era la revolución tecnológica hecha realidad.
Ahora navegamos con ADSL, escribimos on line, participamos en foros que se actualizan automáticamente, descargamos fotos y tenemos una amplia variedad de cachivaches que cambian cada año, para mejor. Y parece que siempre hemos disfrutado de todo esto ¿verdad?
Pues, en realidad, no hace tanto. Aún recuerdo que no existían los radio-cassettes, que el vídeo pertenecía al futuro (había gente que tenía un proyector Super8 en el que, cada dos por tres, tenías que cambiar las bobinas de película), la tele en blanco y negro, y las lavadoras de turbina.
Si lo pensamos bien, hace muy poco que disfrutamos de la tecnología que nos rodea y que forma parte de nuestras vidas como algo habitual. Yo me conecté a Internet por primera vez en 1997, sólo hace siete años. En realidad es un período muy corto de tiempo… y quién lo hubiera dicho entonces.
 
LA PRINCESA PROMETIDA
Martínez Roca ha lanzado al mercado una preciosa edición “30 aniversario” de este libro de William Goldman, con algunos extras que, a los que tanto disfrutamos la novela y la película, acabará tentándonos. Parece ser que el autor escribió una continuación a la historia y esta nueva edición incluye esos capítulos que no habían visto la luz hasta hoy.
Mi descubrimiento de “La princesa prometida” fue totalmente fortuito. Había ido con una amiga al cine, pero la sala a la que pretendíamos entrar tenía una cola kilométrica y nosotras poca paciencia. Así que decidimos entrar en otra de las salas para la que apenas había gente esperando. La decisión fue totalmente acertada. Tanto que, cuando salimos de la sala, nos miramos una a la otra y nos fuimos a sacar una segunda entrada. Creo que una cosa como esa sólo la había hecho una vez anteriormente, cuando fuimos a ver “Cavernícola” (pero no tuvimos que salir y volver a entrar, ya que se trataba de una sesión de tarde continua, de aquellas de cine de barrio). Después de ver la película por segunda vez, no tardé en buscar y comprar el libro. No puedo decir cual es mejor, si la novela o la película, ya que ambos soportes son magníficos. ¿Y qué decir de la banda sonora? Pues que es imprescindible y que acompaña a la perfección la lectura de la novela. Está compuesta por Mark Knopfler y es, de principio a fin, excelente.
La ocasión la pinta calva, y aunque ya tengo mi ejemplar desde hace años, creo que no voy a dejar pasar la oportunidad de pedirle a Papa Noel que meta en su saco un ejemplar de este libro. Porque eso de saber qué pasa después de que triunfe el amor verdadero es algo que no ocurre todos los días.
 
CYNAR, EL APERITIVO DE ALCACHOFA
Cynar es una bebida alcohólica, de tipo aperitivo, típicamente italiana (creo que procede de Sicilia) y está fabricada a base de hojas de alcachofa y hierbas aromáticas. Aparte de poderse beber a pelo, también da juego para combinarla con otras bebidas, como la coca-cola, la naranjada o la tónica. La página de Campari, que es la empresa que la fabrica, ofrece recetas para hacer un “Cynar cola” o un “Cynar Tonic”, pero si os entretenéis buscando con el Google, encontraréis más recetas.
El caso es que al verla mencionada en el libro que estoy leyendo estos días, La Mennulara, me trajo al recuerdo una anécdota de hace bastantes años.
Supongo que querían introducir esta bebida en España –creo que la campaña no fue muy fructífera- y por la compra de dos botellas de Cynar te regalaban una radio que tenía exactamente la misma forma que las botellas. Era graciosa y mi padre decidió comprar el pack y probar aquel mejunje espirituoso. Lo cierto es que la decisión fue bastante desastrosa. Las dos botellas de Cynar quedaron relegadas en el fondo del mueble-bar (con todos esos licores que nos regalan con el lote y que se sacan sólo cuando vienen los amigos). Eso sí, la radio funcionó durante años. Recuerdo que la base de la botella servía para buscar las emisoras y el tapón, si no estoy equivocada, para encenderla y apagarla. Ahora, una radio de esas debe ser casi objeto de coleccionismo.
 
QUE SE DIRÁ DE NOSOTROS...
El titulillo del artículo de hoy viene a cuento por las sensaciones que me produce el libro que estoy leyendo esta semana. ¿Se puede dibujar toda una vida a través de los comentarios de quienes nos conocieron? Poderse, se puede, pero lo que no queda tan claro es la objetividad de la imagen final. Cada uno de nosotros despierta emociones distintas en los demás: simpatía, antipatía, odio, amor, pasión, respeto… y así le ocurre a “La Mennulara”, la protagonista presente y ausente de esta novela de Simonetta Agnello Hornby. Presente, porque toda la novela gira en torno a su personaje, y ausente porque su vida es desgranada tras su muerte, en el momento que comienza la historia. Los habitantes del pueblo siciliano de Roccacolomba se convierten, entonces, en el testimonio de la vida de una mujer controvertida que ha generado sentimientos muy diferentes en cada uno de ellos. Casi analfabeta, hija de un minero y una sirvienta, la Mennulara fue la cabeza de familia desde niña, pasando a servir en la casa de los Alfallipe a la edad de 13 años y convirtiéndose, con el paso de los años, en la férrea mano que administraba las tierras y riquezas de la familia. Una “criata” con aires de grandeza para unos, una “desertora” de las clases bajas para los otros, se quedó en ese lugar intermedio donde no se pertenece a ningún grupo y la soledad es compañera. Unos la ensalzan como “santa”, otros la maldicen, pero ninguno queda exento de sentir una emoción hacia su persona que será, durante el período que abarca el libro (un mes), el tema de conversación del pueblo. Chismorreos, odios y pasiones, la codicia de los herederos, los recuerdos y las envidias se entremezclan, retratando el ambiente rural de un pueblo de la Sicilia interior, entre el pasado señorial y el presente que parece resistirse a llegar. Y a través de todo esto, vamos conociendo a cada uno de los personajes, convirtiéndose la novela en una coral de voces y personajes intrincadamente tejida.
La sensación más intensa de toda la novela es que nunca sabes si tú estás con los que la odian o con los que la ensalzan. Tan complejos somos.


Una frase: “Siempre es difícil hablar de los muertos. A veces busco las palabras que al difunto le hubieran gustado, a veces las que la familia quisiera escuchar… pocas veces me planteo decir lo que quiero yo” (homilía del padre Arena durante el funeral de la Mennulara).
 
NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD
¡Cómo se nota que las fiestas navideñas están a la vuelta de la esquina! Todas las tiendas “Todo a 100” están engalanadas con esos adornos navideños llenos de bombillitas, hace casi un mes que han colgado las luces de las calles y en los grandes almacenes ya no hay saldos de libros :-( pero la sección de juguetería se ha convertido en el sueño de cualquier niño, con tal profusión de juguetes que como “reina maga” en ciernes me entran hasta escalofríos.
Cuando llegan estas fechas, los anuncios de televisión se convierten, sobre todo, en un catálogo interminable de juguetes y perfumes. Y la paga navideña, que esperas con alegría, está ya condenada a terminar en otros bolsillos. Tiempo de luces y villancicos, de regalos y cenas pantagruélicas, reuniones familiares, compras interminables... Sinceramente, los regalos me despluman y las cenas… bueno, nunca he tenido una gran familia, así que no estoy demasiado acostumbrada a las cenas multitudinarias, más bien me agobian.
Las dos personas a quien más ilusión hacían las Navidades ya no están: mi padre y mi abuelo materno. Ellos ponían tal entusiasmo que sin ellos ya no es lo mismo. Si no fuera porque tengo un niño que aún cree en los Reyes Magos, seguramente pasaría estos días en algún lugar remoto y tranquilo, lejos del mundanal ruido y de las cabalgatas. Y es que, cada año, estoy en el lado equivocado del paso de la cabalgata y llegar a casa es toda una hazaña.
No, no odio las Navidades, simplemente debo haberme hecho mayor y aquellas cosas que veía a través de la mirada clara de una niña han perdido el brillo y el esplendor de antaño.
 
¡HAZTE BRICOMANÍACO YA!
Pasar una tarde de invierno haciendo manualidades puede ser muy gratificante (o no). Nosotros lo hemos hecho alguna que otra vez y la tarde pasa volando. Durante una temporada, nos dedicamos a hacer figuritas de arcilla (que ahora crían polvo). Otra, objetos con cartón (para el peque) como antifaces o cubos, que no sirven absolutamente para nada salvo para pasar el rato (y luego ocupan un espacio valioso porque no hay forma de tirarlos a la basura).
Lo peligroso es fijarte en las manualidades esas tipo Art-Atack o del Kombai & Co. Algunas son muy divertidas, otras son originales y la mayoría son bastante poco útiles y más caras que ir a la tienda y comprarlas ya hechas. Porque eso de que se hacen con material reciclado… Te dicen: "necesitamos una placa de porexpan" (qué, ¿la arranco de algún techo?) y unos fieltros de varios colores (¡uf! yo normalmente tengo siempre, para los apuros estos, que nunca se sabe…). Y, prácticamente siempre, pintura acrílica de varios colores. El caso es que, salvo la botella de plástico o cosa similar, que es el soporte de la manualidad, todo lo demás se tiene que comprar y vale una pasta (poca o mucha, pero pasta al fin y al cabo).
De todas formas, es bonito eso de utilizar nuestras manos y nuestro talento para crear objetos, así que si una tarde estás aburrido/a y no sabes qué hacer, puedes ver alguno de los vídeos de manualidades en tu ordenador y luego, ponerte manos a la obra. También cabe la posibilidad de que pases toda la tarde fuera de casa, en busca de los materiales necesarios. Pero, ¿ves? Ya has conseguido ocupar esa tarde aburrida en algo. Aunque luego llegues a las nueve de la noche a casa con media docena de retales de fieltro, una placa de porexpan y seis botes de pintura acrílica y lo único que te apetezca sea sentarte en la butaca a ver la peli de turno o el partido de fútbol.
 
PRACTICANDO EL BOOKCROSSING
En los foros en castellano de BookCrossing se hablaba estos días de cosas curiosas que la gente se encuentra dentro de los libros. En general, casi todos habíamos encontrado las mismas cosas: billetes o bonos de transporte público, postalitas, puntos de libro, flores secas, el ticket de compra del libro, etc. Hoy tenía que escoger un libro para liberar y me he dado cuenta de que “El talento de Mr. Ripley” de Patricia Highsmith lo tengo incluso repe en la estantería dedicada a mis libros BC. Así que cojo uno de ellos y, como no tiene etiqueta (sólo el BCID anotado en la esquina superior izquierda de la primera página), me pongo a la labor. Y, de repente, de entre sus páginas asoma un papelito: Una tarjeta de sellar de la OTG (antes conocida como INEM). Le falta sólo una fecha por sellar, de abril del 2003, o sea que su usuaria debía haberla usado como punto de libro para no olvidarse de cuándo le tocaba ir pero… la dejó en su interior. Espero que esa pérdida no supusiera ningún problema importante para ella.
Ese libro lo compré de segunda mano hace unos meses. En la tarjeta que he encontrado se indica su dirección y su edad (pronto será su cumpleaños) así que decido que voy a enviarle un libro con una nota y su tarjeta del paro. Los caminos para practicar el BookCrossing son inescrutables.
 
¡ZOCORRO! ¡QUE VIENEN LO ETRATERRET-TRE!
Menudo susto me he llevado hoy al llegar a casa. En el cielo oscuro de las ocho y media de la noche he vislumbrado un potente juego de luces blancas que, como iba sin gafas (y claro, las cosas se ven con menos nitidez), parecía talmente un estupendo platillo volante. Lástima del “Ziummmm” de los motores, porque aquel aparato volador alumbrado cual trineo de Papa Noel en mitad de Nochebuena, de “no identificado” tenía bien poca cosa. Eso sí, volaba tan bajo que si llego a ponerme las gafas, le veo hasta la matricula. Total, que hoy tampoco vendrán los extraterrestres, ni a invadir ni a colonizar ni a visitar la Tierra. Casi que mejor.
Y hablando de estas cosas, hay unos extraterrestres bastante pavorosos aterrizando en nuestras pantallas esta noche (bueno, en realidad creo que el estreno fue el 13 de agosto, pero no aquí, que toca hoy): Alien y Predator (o ¿era Depredator?). Según la crítica del “Que fem?” (que leo siempre que mi jefe se lo deja tirado por ahí… y hoy se lo ha dejado), la película es una ingeniosa cinta de serie B que, aunque no esté a la altura de sus predecesoras, sí que se puede considerar entretenida y resultona. Una cosa ha llevado a la otra, y esta noticia me ha recordado que ya, en el pasado, se enfrentaron otros seres de pesadilla para gozo y diversión de los amantes del cine B. O sea, que los recursos de siempre continúan siendo una buena forma de llenar salas de cine. Yo ya he visto el trailer, y ofrece acción y bichos a raudales… Y, como de costumbre, terminaré viéndola en DVD dentro de seis meses (o más).


La frase del día:
“Nuestras vidas son una sucesión de experiencias y las imperfectas cuenta igual que las perfectas”.
 
CHICAS INSATISFECHAS
El pasado viernes tuvimos mitap los de BookCrossing Barcelona, en nuestra Baguetina de Vía Augusta (y digo “nuestra” porque cuando nos reunimos allí la invadimos, que siempre somos entre 20 y 30 personas en el punto álgido de la tarde-noche).
Para mi desesperación, que había esperado regresar a casa casi de vacío, me pasaron cuatro bookrings (anillos de lectura). Al llegar a casa, no sabía por cual empezar, comencé a leerme “Mr. Vertigo” de Paul Auster pero cuando llegó el trocito en el que el maestro le hace las mil perrerías al pobre chaval, me cogió mal cuerpo y decidí cambiar de tercio. Total, que jugándomelo al “pito-pito-colorito” me salió que tocaba “Sushi para principiantes”.
Reconozco que lo abrí con recelo (¿yo me había apuntado voluntariamente a ese bookring?) y empecé a leerlo con ganas de sacarle defectos. Y ha resultado que es la mar de entretenido. Quizá no el tipo de literatura que me compraría (pero ya lo dije en el mitap, que si no salen marcianos vamos mal... :-)) pero me ha sorprendido que me esté gustando.
Detrás de la superficialidad de las protagonistas, hay mucha insatisfacción. Y, a pesar de que mis bolsos jamás serán DKNY, en alguna que otra ocasión me he sentido identificada con alguna cosilla, con detalles de la vida cotidiana. En el fondo, esas tres, Clodagh, Ashling y Lisa, tienen un problema de insatisfacción brutal. Lo tienen casi todo, lo necesario y lo superfluo, pero aún así no se sienten felices. Clodagh tiene problemas como madre y como esposa, siente que su vida no está lo suficientemente llena a pesar de que sus dos retoños son capaces de llenar prácticamente cada minuto libre (vaya dos energúmenos, y yo me quejo del mío). Ashling no tiene cintura y se siente preocupada por sus piernas y por no ser suficientemente buena en el trabajo. A pesar de todo, es la más normal, la más sensata y la que tiene más razón para quejarse (su infancia no fue idílica, conviviendo con una madre que padecía depresión. Se convirtió en Doña Remedios, porque si no cuidaba ella de los suyos... ¿quién iba a hacerlo?). Lisa es insufrible, superficial, vacía y desagradable. Pero en el fondo, aunque no se haya dado cuenta, está más sola que la una. Claro que siendo todas esas cosas, no es raro que le ocurra.
Con todos los males que aquejan a nuestro mundo, hambre, pobreza, enfermedad, guerra…, parece que quienes están al amparo de todo eso no son necesariamente felices. Quizá es que contra más tenemos, más queremos. Que una vez cubiertas las necesidades básicas (aunque muchos ya se conformarían con eso), y que cuando lo imprescindible y lo superfluo están solucionados, seguimos sin tocar techo.


La frase de hoy:
- ¿Te has acordado de ponerte suavizante en el vello púbico? (Joy, la amiga de Ashley mientras esta se arregla para ir a una cita).
Podría ser peor.
 
UN POQUITO DE POR FAVOR
No recordaba la última vez que alguien –desconocido- me aguantaba una puerta mientras yo salía –o entraba-. Hoy ha ocurrido y eso me ha dado pie para escribir este pequeño artículo.
Dicen que si las mujeres queremos igualdad, no lo podemos tener todo y que la galantería se termina. ¿No será que, a lo mejor, la gente es demasiado perezosa para ser educada? Porque abrirle a alguien una puerta, o ceder un asiento en los transportes públicos o el paso al entrar o salir de un lugar, y esos pequeños mil detalles más que puede que se hayan considerado galanterías en el pasado, son maneras de comportarse con educación para con los demás. Y, encima, hasta pueden resultar gratificantes.
Lo podemos practicar todos, jóvenes y no tan jóvenes, tanto hombres como mujeres. Que sí, que está dentro de la igualdad, que no sólo es para los derechos sino también para las obligaciones, y para la buena educación.
A mi me gusta que me sostengan la puerta pero también yo lo hago muchas veces. No se me van a caer los anillos (aunque es cierto que tampoco llevo) e incluso puede resultar gratificante. Tengo que reconocer que, alguna que otra vez, me apetece estampar la puerta a alguien en las narices pero, ya lo decía aquel anuncio: “Hay gente que se la juega en las distancias cortas” :-)
 
JEANS CON ANTIFORM
Los llaman vaqueros, tejanos, jeans. En los ochenta se llevaban ajustados y altos de cintura, con el jersey metido por dentro. Se han llevado de tipo pitillo y de pata de elefante. Anchísimos y ajustadísimos, de corte recto y de los llamados “globo”. Cortos enseñando los tobillos o largos arrastrando todos los chiclés y colillas por la acera. Muy subidos, por encima del ombligo, o tan caídos que todo el mundo conoce la marca de ropa interior del usuario. Se han llevado cortados hasta el extremo de ser confundidos con un tanga, o agujereados de las más sexy y variopintas formas. Se han llevado en versión peto y en versión falda. Con adornos brillantes, con pedazos cosidos, con parches, con aplicaciones de piel, con tachuelas. Con el dobladillo enrollado hacia arriba, o cortados y deshilachados. Duros, blandos, elásticos, con tara, oscuros, claros, blancos, negros, grises, desteñidos, hasta en los colores del parchís. Los han llevado famosos –luciendo palmito- y trabajadores de la construcción –trabajando-. Se pueden encontrar en las tiendas más glamurosas y en los mercadillos de barrio. Con las perneras de los tejanos viejos se han confeccionado bolsas tipo saco, con la parte superior bolsos veraniegos. ¡Si hasta Barbie seguro que tiene unos vaqueros! Ahora se llevan con “antiform” que no estoy segura de si quiere decir que no se deforman o sencillamente que no tienen forma.
Sea como sea es una prenda que se “inventó” como ropa de trabajo pero que se erigió como la prenda multiusos por excelencia. ¿Alguien no la ha tenido alguna vez en el armario?


Y esto lo he sacado de otra web (está traducido del inglés):
"Si hay alguien a quien culpar por la persistencia de los jeans, aparte de los vaqueros "guay", de las estrellas de rock, adolescentes rebeldes y de un libro como The Blue Jean, es a quien los originó, Levi Strauss, que marchó de Bavaria hacia los EEUU a los 18 años. En San Francisco, en 1873, él y su compañero, Jacob David, patentaron los jeans de denim azul reforzados con remaches. Fue una estupenda idea." Bueno, hay más pero os lo tendréis que traducir vosotros ;-)
 
LLORANDO POR LOS RINCONES VA LA ZARZAMORA
Ayer me puse malita de verdad. Cuando me pongo mala, prefiero hacerlo en la intimidad de mi casa, pero ayer me pilló con alevosía y premeditación a la salida del trabajo. Me mareé en el autobús –para rizar el rizo- y las nauseas fueron in crescendo. No pude llegar a casa a tiempo. Jamás un semáforo me había parecido que tardaba tanto en cambiar, mientras mi rostro debía ir cambiando del blanco al incoloro. Luego, los espaguetis del mediodía se fueron por la alcantarilla que había junto a la parada del bus. Sólo conseguí llegar hasta allí.
En aquel instante no sentí vergüenza, demasiado impotente para preocuparme por “el que dirán”. Ahora, tampoco siento vergüenza, porque no pude evitarlo. A veces, el cuerpo se nos rebela y nuestros esfuerzos, por mucha respiración sincronizada que practiquemos, acaban siendo infructuosos. Llamé a casa y vinieron a buscarme corriendo, para acompañarme a casa (no quise llamar antes para no preocuparlos). Al cabo de un ratito se me pasó. De vez en cuando me ocurre. Nada grave, llevo muchos años padeciéndolo casi cada mes.
Me sentí muy desamparada. Nadie me preguntó si me encontraba mal, nadie se acercó. Y eso que lo mío no se pega (aunque tampoco lo sabían, claro). “Seguro que lleva una buena cogorza” o “debe ser una drogadicta” es posible que pensara alguna persona que me viera en aquella situación tan penosa. Y eso, ahora que lo miro desde la distancia, me parece realmente triste.
 
LA PALABRA EN LA PUNTA DE LA LENGUA
Hace un par de días, zapeando que es gerundio, me encontré con una imagen que me llamó la atención. Fueron quizá unos segundos, pero empecé a buscar la palabra para definirlo en mi cabeza durante otros tantos. En la imagen se veía a un hombre, con camisa de cuadros y pantalón vaquero, como aquel del que cantaba ¿Pepe Domingo Castaño o José Luís Perales o ninguno de los dos? (“Viste pantalón tejano y las camisas de cuadros”). El hombre llevaba un palito en forma de V entre las manos y caminaba por un terreno pelado por el que acababa de pasar el tractor que se veía al fondo. Al final, la palabra hizo un chasquido en mi cerebro: “zahorí”. Entonces, se me ocurrió consultar la Wipikedia, que es muy práctica para encontrar muchas cosas (por si no la conocíais), y hallé esto:
“Un zahorí es un individuo que, valiéndose de un péndulo, horquilla o dispositivo similar, afirma ser capaz de encontrar agua subterránea, tesoros ocultos, personas, etc. Dicha pretensión es acientífica y cae dentro de la pseudociencia denominada radiestesia aunque goza de gran respaldo popular en zonas rurales desde hace miles de años”.
Efectivamente, aquella imagen tenía algo de ciencia-ficción y algo de rural, y quizá fue exactamente esa mezcla la que me llamó tanto la atención. Y sobre todo, eso de tener una palabra, que no has escuchado desde hace muchos años, en la punta de la lengua.
 
EL NÚMERO QUE HA MARCADO ESTÁ APAGADO O FUERA DE COBERTURA
Acababa de salir del bar donde nos habíamos reunido los bookcrossers y ya bajaba las escaleras de los FFCC, de regreso a casa, cuando mi móvil ha comenzado a sonar y vibrar a un tiempo, con la cancioncilla distintiva de que se trataba de un mensaje.
Mientras lo rescataba del interior del bolso, he pensado que podría ser mi compañero, o una amiga a la que cinco minutos antes había enviado un mensaje. Pero, para mi asombro, no era ni una cosa ni la otra, y todo lo contrario:

“Soy Sergio. Me va a ser imposible ir. Un saludo”.


He hecho una lista mental de los Sergios que conozco (1) y de las posibilidades de que me enviara ese mensaje (ninguna, vive a 400 kms. de aquí). Además, el número no estaba en mi agenda.
No he dudado en contestarle, como un gesto de cortesía. No sé a quién iba dirigido el mensaje pero, fuera quien fuese, he pensado que no me apetecía verle una noche de viernes esperando a un Sergio que no se iba a presentar. Claro que existía la posibilidad de que le enviara a Sergio un SMS tal que así “Sergio, ¿vienes o q?”
A raíz de todo esto, me he acordado de una anécdota de hace muchos años, cuando los móviles eran considerados una cosa del futuro y lo más parecido que existía era el zapatófono.
Llamaron a casa y contesté “Diga”. Era un hombre y, para mi sorpresa me contestó “¿Diga? Pues sí me has llamado tú”. Después de una conversación para besugos, se puso en plan ligón y le colgué. ¿Fue una llamada en plan broma? (casi seguro) ¿Fue un extraño cruce de líneas? (Nunca se sabe). ¿Y si yo no hubiera colgado?
 
SOMBRA AQUÍ, SOMBRA ALLÁ...
Las mujeres padecemos la esclavitud de la belleza -externa, se entiende- que nos obliga a pasar por todo tipo de padecimientos psicológicos y físicos (lo que duele que te depilen las axilas, y ya no digo las ingles, demuestra hasta donde estamos sometidas por la esclavitud estética). Psicológicos porque si sales sin depilar, ni se te ocurre ponerte falda porque te pueden poner de marrana para arriba. A muchas les preocupa que se les corra el rimmel o la raya de los ojos (no es mi caso, que el arsenal de maquillaje debe estar caducado... voy a comprobarlo, tiene que estar en alguna parte...), nos preocupan los michelines (tanto si existen como si nos los imaginamos), nos preocupa tanto la imagen que los cirujanos de estética se están forrando a costa de muchas mujeres (porque hay quien se empeña en pagar créditos por tener algunos atributos tal como mandan los cánones de la moda). En cierta forma, me alegra que muchas mujeres hayan decidido enseñar el ombligo aunque no estén en el canon de 0% libre de grasa.
En cuanto a los metrosexuales (palabra esta de la que aprendí hace muy poco su correcto significado, yo pensaba que tenía que ver con los hombres urbanitas que usaban los transportes públicos :-)) a mi ya me parece bien que los hombres se cuiden, que eso de oler a tigre pues como que no. Lo único que veo negativo es que todo ese cuidado se quede sólo en el exterior, que todo sean cremitas para eso y lo otro, depilarse el pecho, comprarse ropa mona, pero que en el fondo sólo sea eso. Yo espero que no, que dicen que sacan también su lado femenino y tal. Tampoco es que me interese precisamente eso, lo del lado femenino. Con que nos entendamos –y comprendamos- mejor unos a los otros, creo que sería más que suficiente. De todas formas, para hablar de potingues y de trapitos prefiero hacerlo con las amigas :-)

 
NOCHE DE TERROR
El lunes, con un segundo artículo sobre animales, tuve la impresión de que mi blog se podía convertir, a poco que me lo propusiera, en los nuevos “cuadernos de campo” de “El hombre y la Tierra”, así que hoy cambio de tercio. Hablaré sobre el terror, el de estar por casa, pero terror al fin y a la postre.
¿Habéis pasado alguna vez miedo leyendo o escribiendo un relato o novela?. Tuve una temporada en la que me dio por escribir relatos sobre vampiros. La mayoría, es preciso decirlo, se decantaban por el humor, pero no todos. Una noche me quedé hasta las cuatro, o quizá las cinco, inmersa en un relato que, más que terrorífico, podría calificarse de inquietante. No entraré en honduras de si era un buen relato o no, sino en la sensación en sí. Estaba trabajando en mi despacho, con la pantalla del ordenador por toda iluminación. De pronto, tuve que parar de teclear porque un latigazo helado se deslizó a lo largo de mi espalda. Tuve que recibir una buena inyección de adrenalina. La verdad es que no pasaba absolutamente nada y los ruidos eran los que no escuchamos normalmente porque estamos dormidos. Pero cuando la imaginación se desborda, la mente humana puede pretender que se oyen pasos, suspiros o el crujir de las ropas de un desconocido. Si por la puerta del despacho, entreabierta, hubiera asomado el rostro pálido de mi protagonista, no me hubiera extrañado lo más mínimo. Sólo que me alegré de que no fuera así.
 
DE HOMBRES Y ARAÑAS
En un documental que, como casi todos, termino encontrando en un momento “zapping” (y no son raros, que con la programación que hay, hacer zapping es más una necesidad que un capricho o manía) me llamó la atención lo que contaban sobre las arañas en las bodegas donde reposa el vino. Siempre había pensado que las cavas y bodegas estaban llenas de telarañas porque nadie se preocupaba de sacar el polvo, pero resulta que las arañas son no sólo toleradas sino bienvenidas porque se ocupan de los insectos que pueden dañar los corchos. Reconozco que las arañas me dan miedo. Quizá por su agilidad, porque tienen muchas patas o porque de pequeña vi a “El increíble hombre menguante” luchando con un alfiler contra una pariente de Ella La Araña. Sea como sea, ahora me miro a las arañas de mi lavadero con otros ojos, y las dejo vivir en paz –como antes, que me da repelús matarlas-.
Al hilo de “mirar con otros ojos a los bichos”, recuerdo que las hormigas dejaron de ser lo que eran –o sea hormigas y punto- desde que me leí “Las hormigas” de Bernard Webber. Tengo pendiente leerme “El día de las hormigas” que, según leo en la contraportada, aporta además una trama policíaca.
Cien millones antes de que el Homo Sapiens asomara la nariz de entre las brumas de la evolución, los insectos ya campaban por sus respetos. Si en el fondo somos unos críos.


Acabo de descubrir que la picadura de la araña de los rincones puede ser muy molesta. Parece que, en persecución de moscas y mosquitos, pueden acabar escondiéndose en la ropa y, al sentirse atacadas cuando las comprimimos entre la tela y el cuerpo, inyectan los jugos gástricos con los que digieren a sus presas. Casi nada.
 
FLOP, FLOP, FLOP
Siempre me han fascinado los murciélagos, no sólo porque contengan todas las vocales en su nombre, ni porque sean protagonistas de mitos populares de la literatura y el cine de terror. Quizá me fascinan por si mismos´.
En Catalunya tenemos nuestros pequeños "rat-penats" que, en las poblaciones, revolotean muchas veces en círculos muy cerca de las farolas, donde los insectos de los que se alimentan son atraídos por la luz. El murciélago (el insectivoro, se entiende) es uno de los insecticidad naturales más eficaces.
Mi amiga Kathy, que vivía en Townsville (Australia) cuando nos carteábamos por allá los años 90, se apuntó a un proyecto para la recuperación del zorro volador, un tipo de murciélago frugívoro (o sea, este come fruta). Así pues, durante un período de tiempo, se convirtió en mamá adoptiva de un negro murciélago que dormía en un armario de su casa.
En las noches calurosas de verano, justo cuando comienza el crepúsculo, aparece un murciélago que tiene como lugar de caza la farola de enfrente de mi balcón. Parece una gorda polilla más que ese negro vampiro de las leyendas, pero le tengo cariño.

En la foto, el zorro volador de mi amiga, colgando de su camiseta.
 
UNA DE FANFIC
Hablando de blogs, ha salido en el foro en el que acostumbro a participar, el tema de los fanfics. Son historietas o relatos hechos por aficionados a una serie, un programa, una película, una saga, etc., basados en hechos y personajes de la misma pero con una trama propia, personajes nuevos o adaptados, y con mucha imaginación. Yo me aficioné a los fanfics durante una temporada, después de ver una serie de TV (una mini-serie) que se titulaba “El Décimo Reino”. Buscando por la red información sobre la serie, me encontré con ellos y me leí bastantes. Todos estaban en inglés y supongo que por aquel tiempo, la afición aún no había llegado a España.
Ahora, navegando un poco, he encontrado fanfics de Xena la princesa guerrera, de las Tortugas Ninja, de los cómics Marvel y, especialmente, fanfic de series anime.
Además de esta simple denominación, hay diversos tipos de fanfic. Una amiga me contó que por ahí puedes encontrar lo que viene a llamarse el “slash fanfic”, que es algo así como fanfic erótico –cuando no directamente pornográfico-. Definitivamente, para adultos. También están los llamados “crossovers”, que vienen a ser una especie de mezcla de diversas series, como un fanfic titulado “Orange Marmalade” que es un fanfic de dos series de anime distintas.
Me parece una idea interesante, así que para los aficionados o los curiosos, he abierto un grupo dedicado al tema, en castellano. La dirección pinchando aquí.
He escrito sólo dos fanfics, uno sobre Star Trek con el que me divertí muchísimo y que fue publicado en un libro titulado “Ultimas Fronteras”. El otro lo escribí recientemente y está basado en la serie CSI. Probablemente un día de estos lo cuelgue en el grupo de fanfic.
¿Habéis leído o escrito fanfic alguna vez?


 
SE HACE CAMINO AL ANDAR
La anécdota comienza en la reunión de inicio de curso. Mamás y papás ocupamos los asientos de la clase formando una U alrededor de la mesa de la profesora. La directora, en su ronda de bienvenidas, pasa por allí y deja caer la pregunta:
- ¿A que os gustaría volver a estar aquí? (risas)
Al día siguiente el tema surge en mitad de una conversación trivial. La madre con la que hablo afirma:
- La verdad es que a mi no me gustaría.
- A mi tampoco -confieso.
- Ni siquiera eso de volver a tener dieciocho.
- Bueno -le digo con un guiño- si fuera con todo lo que sabemos ahora, igual sería para pensarselo.

Una segunda oportunidad para regresar al pasado y enmendar los errores cometidos... o para cometerlos de nuevo por el simple placer de hacerlo. Disfrutar de aquellas cosas que, muchas veces por motivos nímios, no hicimos. Entonces los motivos eran poderosos, ahora parecen no tener la misma importancia. Volver 15 o 18 años atrás, evitar errores o volver a pecar, pero sabiendo porqué lo hacemos. Con conocimiento de causa. Esa era la idea.
Pero nuestra línea del tiempo sólo funciona en una dirección y no hay forma de ir y venir, de andar y desandar. Ya lo dijo el poeta:

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.


Entonces, quizás, es cuestión de que nos fijemos bien en el paisaje, de no perdernos ni una brizna de hierba, ni una flor en la orilla del camino, ni un guijarro suelto, ni el silencio o el canto de los pájaros. Mejor no mirar atrás y continuar pisando sin miedo el camino que vamos dejando, poco a poco, atrás.
 
EL VIRUS ELVIS
Conocí al autor durante la celebración del festival de Literatura Kosmopolis, el pasado mes de septiembre. Hacía poco que había sacado este libro de relatos y estuvimos charlando sobre esto y aquello. Nos había traído un ejemplar para que estuviera disponible en nuestra paradita de libros libres de BookCrossing.
Posteriormente, me hizo llegar otro ejemplar para que lo pudiera leer y aún recuerdo con una sonrisa en los labios ese puñado de divertidas historias que configuran el ejemplar. Tocan esos temas que forman parte de nuestro día a día (el fútbol, el metro, la convivencia en pareja, el cine, la televisión, etc.) y convierte la rutina en una divertida sucesión de anécdotas, algunas más alocadas que otras.
El libro está editado en La Busca. Es de rápida lectura, es divertido y además un poco gamberro. Eso sí, está escrito en catalán, así que hasta que no lo traduzcan a diez o doce idiomas :-), los lectores castellano-parlantes tendrán que esperar. Esperemos que no sea mucho.
 
PICNIC JUNTO AL CAMINO

“El hombre se ha encontrado con un criatura extraterrestre.
¿Cómo descubren ambos que los dos son criaturas inteligentes?"
“Picnic junto al camino”
Arkadi y Boris Strugatski




Es refrescante encontrar ideas tan sensatas como las de los hermanos Strugatski (Arkadi y Boris), los autores de esa perla de la literatura de ficción que es “Picnic junto al camino"
Vamos a ver, los seres humanos vivimos en una bolita azul que no es más que una mota de polvo rodando (en su rotación y traslación), un pedrusco en los suburbios de la Vía Láctea, que no es más que un trocito de Universo que ya bastante grande nos queda. Nuestras limitaciones no nos permiten hacernos una idea del todo, del lugar donde se halla nuestra galaxia y, por ende, donde flotamos nosotros. Algo así como un hormiguero en una vasta selva amazónica, y aún me quedo corta con la comparación. Utilizamos aparatos que hemos inventado, con el tiempo y bastante cabezonería, para poder ver algo más allá de nuestro pequeño planeta. Pero ni siquiera así somos capaces de comprender la inmensidad del lugar en el que estamos, porque estamos limitados. Buscamos vida “inteligente” en otros lugares y la inventamos dentro de nuestro antropocentrismo en mil y una novelas. Pero los “extraterrestres” (ya la palabra es antropocentrista sin remedio, que se limita a una zona diminuta del Universo que para nosotros lo es todo) pueden no ser ni espantosos insectos, ni pulpos telépatas ni tan siquiera seres grises con forma humana y ojos negros como pozos. ¿Y si los extraterrestres son tan diferentes a nosotros que son incapaces siquiera de darse cuenta de que estamos aquí? Imaginad un grupo de personas que sale de excursión, aparcan el coche en el arcén de una carretera local y acampan entre los árboles de un agradable bosquecillo. ¿No son, de alguna forma, extraterrestres para los insectos y otros animales que viven allí? Luego dejan una colección de objetos que para esos animales puede ser algo totalmente incomprensible. A algunos les encontrarán utilidad, a otros no. Y muchos de ellos les resultarán nocivos. Imaginad un grupo de extraterrestres que han salido con el platillo de excursión. Llegan a la Tierra, montan su picnic particular y nos dejan allí un “sembrado” de objetos imposibles, peligrosos o simplemente extraordinarios, cuyo significado se nos escapa pero que, simplemente, son lo que queda detrás de una excursión. Un picnic junto al camino, con una parada en el tercer planeta a la derecha.
 
YO PARA SER FELIZ QUIERO UN CAMIÓN
Generalmente, me fijo bastante en los anuncios. La mayoría me parecen terribles, llenos de tópicos y de fórmulas repetitivas, cuando no directamente desagradables. Pero los anuncios, esas pequeñísimas historias que pretenden convencernos de las virtudes de tal o cual producto, son un pulso de nuestra sociedad y es interesante mirar un poco más allá de ellos, o si lo preferís, mirar a través de ellos.
Por ejemplo, los anuncios de coches. Apelan a ese defecto tan feo que tenemos todos: la envidia. Porque el coche X nos permitirá ser diferentes del cenutrio de nuestro vecino. Nosotros, por supuesto, tenemos más clase, así que nuestro vehículo es aquel que, según el anuncio, nos hace ser más dinámicos, o más jóvenes, o más atrevidos (además de tener mucha más clase).
Hay un par que me “revientan” especialmente. El primero nos muestra a un hombre de mediana edad, guapo, elegante, triunfador, que cambia de trabajo y que nos va contando que tendrá un trabajo mejor, más tiempo para la familia… y por supuesto, su coche es una pasada. Pobrecito, suelta una lagrimita. ¡Qué asco! Este tipo de anuncios clasistas, que nos muestran a esa minoría favorecida, con chalet adosado, tres coches en el garaje y vacaciones exóticas todos los años (sin tener que pedir un préstamo que malpagar durante un montón de meses) me revuelven las tripas. Ademas, ¿es necesario que el chico sea tan guapo?. El segundo es el del hijo que recoge al papá (ambos millonetis). “Ya sé porqué no te gusta mi coche” dice el hijo con una sonrisa de triunfador en los labios (con la cuenta corriente que se le supone, ya puede, ya). “Porque no es uno de los tuyos”. De verdad, clama al cielo tanta imbecilidad.
Por supuesto, también hay una gama de cochecitos simpáticos, supuestamente baratos (aunque nos claven millón y medio, más los intereses) para la gente modesta. Colorines y diversión a mogollón. Siguen apelando a lo mismo, sólo que a otro nivel. Como estos vehículos son para la gente “de a pie” que quiere dejar de ser peatón o que no puede conducir una joya con ruedas, apelan a la envidia con otras tácticas, pero en el fondo sigue siendo lo mismo: nuestro coche nos distingue del resto de mortales.
Un detalle curioso: prácticamente son inexistentes los anuncios de motocicletas. Pero eso ya lo estudiaré un día de estos, a ver que saco en claro.