Quince rituales de suerte para dar la bienvenida al año, gracias a Rozonda, que los dejó en el foro de BookCrossing-Spain:1- Regalar nueces y monedas (para desear prosperidad)
2- Decorar la puerta con una planta con espinas (rosa, buganvilla, espino) para protegernos de lo malo que pueda venir.
3- Aplastar una hoja seca durante las campanadas, pensando en lo que quieres cambiar en tu vida.
4- Decorar la mesa con flores frescas, que atraen la prosperidad.
5- Decorar con rojo y verde, trae suerte y dinero.
6- Echar algo de oro en la copa para atraer dinero y riqueza
7- Escribir lo malo que te ha pasado en el año y quemar el papel.
8- Si el año fue pésimo, quemar un calendario del año pasado.
9- Encender una vela en forma de estrella mientras formulas tus deseos, y dejar que se consuma.
10- Encender velas blancas, rojas y doradas, dan suerte.
11- Estrenar un jabón la mañana del día 1. Sólo lo podrás usar tú. Eso "limpiará" tu vida.
12- Escribir los deseos en papel rojo y colocarlo en la ventana de casa.
13- Recibir el año nuevo riendo.
14- Derramar un poquito de cava -o lo que bebas- cuando brindes, esta libación u ofrenda es para la buena suerte.
15- Poner un cuenco de leche y miel en la puerta, para que sólo entren cosas buenas por ella (cuidado con los tropiezos).
16- Permanecer despierto lo más posible esta noche añade años de vida.
FELIZ AÑO NUEVO 2005 A TODOS!!!!!
Mientras unos preparan los tangas rojos y otros buscan zapatos que hagan juego con el vestido –sin mangas- con el que van a pasar un frío de narices, otros más se olvidarán las uvas y buscarán un colmado a última hora, a ver si queda algún racimo (como nosotros el año pasado…). Cada cual se prepara para el salto de año como quiere y como le dejan. Aunque lo importante es pasarlo, dejarlo atrás y, a modo de diario de Bridget Jones, proponernos nuevas metas que no vamos a cumplir. A Perlanegra le preocupa tener sólo un deseo para el 2005. Pero ¿no se le pedían tres al genio de la lámpara? Pues, nada, por pedir que no quede.
Hace un par de días tomaba té con una amiga hindú. Ella se interesaba por las costumbres de aquí, por el pesebre, el árbol, la cabalgata… Me preguntó qué representaba exactamente la estrella del belén y también sobre el cagatió que en Catalunya hacemos por Nochebuena (en catalán, la Nit de Nadal). Ellos no celebran nada de todo esto. El calendario hindú en ¿sánscrito? que rige para ellos es distinto al nuestro, el calendario gregoriano. Según he investigado por ahí: "El calendario nacional de India es lunar y solar. Cada año bisiesto coincide con el calendario Gregoriano. Aunque han intentado establecer un mismo calendario para toda la India, existen muchas variaciones locales. Utilizan el calendario Gregoriano para asuntos administrativos y las fiestas están determinadas de acuerdo a tradiciones religiosas, étnicas y regionales. Los años normales tienen 365 días y los bisiestos 366". Espero preguntarle más sobre el tema porque siempre me han llamado mucho la atención las costumbres de otros lugares y otras culturas. Más cositas aquí.
Mañana, recién cobradita la nómina y con nuestras mejores galas, saldremos (o no) a saludar al Nuevo Año y a despedir el Viejo, brindaremos con cava (o con champan, o con vino, o con agua, o con tequila…), después de engullir –o tratar de hacerlo- las dichosas 12 uvas (se recomienda comprar una de esas latas en las que ya van peladas y deshuesadas, que maravilla). Se acepta todo tipo de combinaciones y versiones.
Mañana no creo que me de tiempo de escribir un post, aunque igual sí. Sea como sea, quiero aprovechar hoy –por si acaso- para desearos un FELIZ AÑO NUEVO 2005 (No se vale, que yo no soy Ramón García) y enviaros un abrazo –virtual- desde mi pequeño rincón. Si salís, id con cuidado por esas carreteras, recordad que a los coches, muchas veces, los conduce el diablo.
El día 1 no dejéis de pasear por el centro aunque sea con legañas y resaca. Pues dicen que no hay nada que dé más suerte que ver al “Senyor dels nassos” (El Señor de las Narices) esa primera mañana de año. Buscad a un hombre que tiene tantas narices como días tiene el año. Y si lo encontráis, venid a contarme vuestra experiencia.
Pero, ¿de dónde procede esta costumbre? Pues este día se conmemora la matanza de niños inocentes que hizo Herodes –el Grande-, para así terminar con el que podría usurparle el poder. Porque se decía que había nacido el “Rey de los Judíos” y Herodes no tuvo ningún empacho en hacer asesinar a todos los niños menores de dos años en las inmediaciones de Belén, ya que ahí le habían dicho que nacería ese potencial Rey al que tanto –parece ser- temía. Un evento histórico de carácter tan sangriento ha terminado por ser una celebración festiva.
He leído por ahí que en México la broma viene dada por el préstamo de dinero, joyas u otros objetos de cierto valor. Por supuesto, lo prestado no es devuelto (aunque sí más tarde) pero la tradición indica que al “inocente” hay que entregarle una canastilla de dulces acompañada de la siguiente frase: “INOCENTE PALOMITA QUE TE DEJASTE ENGAÑAR, SABIENDO QUE EN ESTE DÍA NADA SE DEBE PRESTAR”. Pero si queréis leer todo, mejor pinchad aquí.
En Catalunya existe la tradición de colgar un papel o trapo en forma de muñeco, la “llufa”, en la espalda de los “inocentes” sin que se percaten, una especie de burla que, por lo que parece, tiene relación también con algunas prácticas llevadas a cabo durante la Edad Media y que podría tener su origen en la costumbre de los Benedictinos de castigar al pecador con una serie de colgantes que indicaban su condición de pecador y de purgar así el delito para ser nuevamente inocente. De ahí puede que proceda la frase de “Colgarle el San Benito”, una forma de escarnio y burla. Antiguamente, la “llufa” era simplemente una hoja de col que los chavales colgaban en las faldas de las mujeres con un alfiler. También he leído que, según los oficios, se llevaban a cabo bromas concretas. Así, los cerrajeros y gente del gremio del metal clavaban una moneda en la calle, cerca de una tienda, para reírse de aquellos que intentaban cogerla. O colocaban una moneda con un agujero en el centro, atada a un hilo muy fino, y esperaban a que el “inocente” de turno quisiera cogerla para estirar del hilo y echarse unas risas a costa del pobre que había picado.
Cada año, incluso los medios de comunicación gastan alguna que otra bromita a los inocentes oyentes o televidentes, con noticias o reportajes de broma. Recuerdo que un año dijeron que iban a dar en la tele una película que acababan de estrenar en el cine y más de uno se lo tragó, corriendo a comprar cintas de vídeo para no perder semejante oportunidad. Claro, que se quedaron con un palmo de narices.
Sea como sea, hoy es mejor que os lo toméis todo a risa y que vigiléis vuestra espalda, por si las llufas. Y recordad que las “llufas” hay que colgarlas con celo, no hagáis como aquel que la pegó con super-glue en el jersey nuevo del inocente de turno.
¿Os acordáis de alguna broma que os hayan hecho este día? ¿O alguna que hayáis hecho vosotros? A ver, contadnos la vuestra.
Cada personaje ha sido escogido por un bookcrosser y si abrís su ficha clicando en el personaje, veréis los comentarios del bookcrosser y los del webmaster. Además, para añadirle un poco de emoción, hay escondidos diez libros en el paisaje. La cuestión es encontrarlos, apuntar los títulos y los autores, y enviarlos a Garson para entrar en el sorteo de un lote de libros.
¡No dejéis de visitarlo!

En Catalunya aún nos queda por completar la primera ronda, ya que hoy se celebra Sant Esteve (San Esteban) y aún queda una última comida familiar y otra ronda de turrones.
Papa Noel llegó puntual a su cita el 24 a medianoche. Los mayores, cuando el peque ya está durmiendo como un tronco, nos intercambiamos los regalos, que suelen ser libros, música, pelis y ropa. Cada año la tarea de escoger regalos se hace más ardua, por eso también nos intercambiamos cartitas con ideas para facilitar la tarea. “Pues yo necesito con urgencia unas zapatillas nuevas” o “Estoy desesperado por ver la última de Vam Damme” :-) etc. etc. La mañana de Navidad, para el peque, es un poco como una mañana de Reyes, ya que es tradición en mi familia que la mitad sea para Papa Noel y la otra para Reyes, a fin de repartir y de que tenga tiempo de jugar con los regalos. Se levantó temprano diciendo: “Vamos a ver que hay de regalos” y alrededor del árbol había una pila de paquetes que abrió con ese entusiasmo de los niños.
Ahora sólo nos falta preparar el cotillón. ¿Ya habéis comprado los gorritos de papel? ¿Sois de los que tomáis las doce uvas o los doce polvorones? ¿O quizá un plato de lentejas al estilo italiano? ¿Ya tenéis las braguitas -o slips- rojas de la suerte? ¿Y el liguero rojo?
¿Cómo celebráis el fin de año? ¡Contad, contad, queridos!

Por supuesto, también estaban las visitas de los familiares, que venían a comer o cenar en los días señalados, pero nosotros íbamos a nuestro aire y disfrutábamos de verdaderas vacaciones. Y por no hablar –o sí- de la espera de los Reyes Magos de Oriente que, como todo el mundo sabe, son esos tres señores vestidos fastuosamente con capas de armiño y que responden a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero de los Reyes, de la víspera y de la mañana siguiente, os hablo otro día, que merece su propio espacio.
Ahora, todo es tan distinto. Hace años que no tengo verdaderas vacaciones navideñas. Si los días clave caen en laborables, aún queda esperanza, un fin de semana largo. A las malas, algún día reservado de las vacaciones de verano y gracias. Y, mientras tanto, toca hacer malabarismos para conseguir canguro que te cuide al chaval mientras tú curras. En fin, todo lo bueno se termina, como dijo aquel sabio después de regresar de sus vacaciones en Benidorm.
La primera vez que me aprendí de memoria un verso para recitar a los abuelos y recibir mi aguinaldo, debía tener entre tres y cuatro años. Supongo que la tasa de por entonces debía rondar las cinco pesetas. Me lo enseñó mi madre y decía así:
“Como soy tan chiquitita
Y tengo poquita voz
Sólo sé decir
¡Viva la Madre de Dios!”
Este año aún me he preocupado menos, porque no llevo ni una triste participación. Ya me lo decía el lotero: “Niña, que si no compras un decimico no te toca, bonica” (a esto ponedle la voz de Emilio de “Aquí no hay quien viva” haciendo de viejecita). Bueno, me queda la esperanza que le toque a mi madre que, como siempre dice: “Si me toca a mí, nos toca a todos”. Y como sólo somos cuatro gatos a repartir…
Haciendo un repaso de mi carrera como “afortunada ganadora” de alguna cosa, me vienen a la memoria:
- 1- Aquella vez que tuve que recoger el juego de mesa “Los burritos saltarines” en uno de esos festivales de cine infantil que hacían en el desaparecido cine América (que estaba en el Paralelo). En realidad le tocó a mi hermano, pero como era muy pequeño y aún más tímido, tuve que salir yo a recogerlo.
2- En una rifa de fiesta callejera me tocó un radio-cassette de coche. Y yo no tenía ni una triste bici. No recuerdo a quien se lo endosé.
3- En una feria de barrio me tocaron dos “Chochonas” que tuve que pasear en brazos durante horas, hasta que se me durmieron (los brazos, no las Chochonas).
4- Una vez me tocó un viaje, pero para ser merecedora de dicho premio tenía que comprar un apartamento en multipropiedad.
Total que lo mío con los premios siempre ha sido un “querer y no poder”, pero ya me he hecho a la idea. Y es que hay gente, como la que suscribe, que no nació para ser millonaria aunque siempre le ha hecho ilusion, por aquello de ver muuuuuuchos ceros en la cuenta.
“Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario”. Pues Arthur Schopenhauer se podía haber guardado el comentario, que cuando te acercas tan peligrosamente a las cuatro decenas como que no te hace ninguna gracia pensar que estás a punto de que comience “el comentario del partido”. A ver si antes de que termine la segunda parte del mío, meten un gol y me paso los próximos treinta años haciendo el comentario dichoso en una mansión de Malibú. Incluso me conformo si es en Cadaqués.
El domingo pasado salimos a callejear alrededor de la media mañana (vale, era casi la una, para que nos vamos a hacer los madrugadores). En una de las bocacalles nos llamó la atención un entusiasta fotógrafo que tomaba instantáneas desde diversos ángulos, alejándose y acercándose de algo o alguien que estaba en una de las aceras. Nos detuvimos y cual no sería nuestra sorpresa cuando vimos que el “objeto” de su atención era un hombre tan vestido como Adán antes de hincarle el diente a la manzana (por prescripción facultativa de Eva).
El hombre se apoyaba desmayadamente sobre uno de los contenedores de material reciclable, el de plástico, latas y tetrabricks (el amarillo) de espaldas a nosotros (es decir, no le vimos nada más que el trasero). La postura y el atrezzo sirvieron para que nos hiciéramos la siguiente pregunta: ¿Qué significado tendrían aquellas fotos? Mi pareja aventuró que quizá se trataba de una alegoría al hombre que lo ha perdido todo pero que, aún así, tienen una utilidad, es reciclable, no merece ir de cabeza al container gris, en el que se mezclan todos los desperdicios que ya no tienen futuro. Hacía una mañana preciosa y la temperatura era agradable, con la chaqueta puesta. Esperemos que nuestro amigo, el hombre del contenedor amarillo, no nos haya pillado una galipandria. Que con 15ºC no está el horno para ir desnudos por el mundo.
André Gide dijo (o escribió): “Cree en aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado”. Lógico, porque los que creen estar en poder de la verdad casi siempre van con orejeras.
Es curioso porque mientras decoraba el arbolito nuevo me asaltaron muchos recuerdos. En casa de mis padres, yo era la encargada de poner el árbol y aún conservo algunas piezas de aquel entonces, como una guitarra de color rosa, toda descascarillada. Mi madre ya no pone el árbol, sólo el pesebre, que lo hizo mi padre –que era muy mañoso- con sus luces y todo instaladas. Ayer fue una tarde muy navideña. Decorar el árbol, montar el pesebre (que el 13 nos cogió pereza y lo dejamos para el fin de semana) y envolver todos los regalos. Celo, papel y etiquetas identificativas (ver dibujo) para cada paquete se amontonaban en desorden sobre la mesa del comedor, en una orgía de colores y de retazos de papel sobrante.
A lo mejor estas cosas son las que más me gustan de la Navidad. Esa vorágine de los preparativos. Luego, se me hace todo algo cuesta arriba.
Este año habrá un “pesebre” BookCrossing, en el que está trabajando Garson sin descanso. Aún no está subido a la red, pero en muy poco tiempo podréis visitarlo en Barrionite.
Comencé, por casualidad y gracias a una consola Super Nintendo prestada, con el ya legendario Supermarioworld. La de horas que pasé tratando de conseguir un paso más en el camino. A lomos de Yoshi, o simplemente a pata y/o con la capa voladora, tuve que hacer frente a un montón de enemigos que me lo ponían bien difícil. Y si Supermario fue mi primer “héroe” de video-juego, cuando descubrí la primera aventura de Zelda, me hice totalmente adicta. En Zelda, tienes que hacer uso del ingenio en cada una de las mazmorras o calabozos. Con “Oracle of seasons” he pasado por momentos muy entretenidos y por aquellos que, tras ser derrotada doscientas mil veces por el “jefe” de turno, apago la consola y me vuelvo tarumba buscando información en la red para conseguir pasar el nivel. “Zelda y la Ocarina del tiempo” para Nintendo 64 se nos ha revelado un poco más complicado. El sepulcro con los zombis, que no hay manera de pasar, incluso da un poco de miedo. El último, regalito para Reyes que no he podido evitar probar –durante varias horas-, “The minish cap”. Es una gozada jugar con él en la pantalla de la Game Boy Advance SP. Y en cuanto a juegos de PC, mi favorito sigue siendo “Caesar III”. Eso de construir y administrar una ciudad –en este caso, romana- termina siendo completamente adictivo. Con el tiempo, mucha paciencia y escogiendo provincias poco peligrosas, he conseguido unos cuantos ascensos. Incluso una vez, jugando por etapas durante largos meses, conseguí llegar a la cima del juego. Pero lo mejor no es llegar hasta allí, sino el reto que supone que tu ciudad funcione, que el comercio sea próspero, que los edificios estén en buenas condiciones y, poco a poco, tu ciudad crezca y ocupe toda la pantalla.
No me gustan mucho los juegos violentos, aunque también alguno que otro ha caído en mis manos.
Antes de que las video-consolas fueran las reinas de los juegos, recuerdo que había unas consolitas pequeñas –cada una con un único juego- que tuvieron mucho éxito cuando mi hermano tenía la edad de mi hijo. Te pasabas las horas muertas cazando paracaidistas o pescando peces. Eran muy repetitivos, pero ¡es que entonces había poca cosa más! Y qué decir de las “mata-marcianos” que había en los bares. Eran de un vicio. A pesar de su sencillez de gráficos, lo que tenían de bueno era que terminabas por conseguir unos reflejos que ni el Vandam.

Me ha dado por entretenerme en hacer un banner esta tarde. Mientras unos crean hermosos pesebres "vivientes" otros hacemos estas cosas. ¡Y gracias!
Ya ves que venero
tu imagen divina,
tu párvula boca
que siendo tan niña,
me enseñó a besar.
Piensa en mí
Agustín Lara
Canta: Luz Casal
No, hoy he decidido no explotar el tema navideño, aunque eso no quiere decir que no vuelva a hacerlo. Advierto, acostumbro a ser reincidente. :-)
Lo que pasa es que ayer por la noche, mientras me tomaba el té prescriptivo de la noche, el mando a distancia se tropezó con un programa en el que escogían “la mejor canción” española de todos los tiempos. Comenzando por esa “Piensa en mí” que tantas veces escuchamos en voz de Luz Casal y que fue compuesta por Agustín Lara en 1940. Como una ya comienza a peinar canas –aunque lo lleve bien- pues me quedé enganchada en el “revival” para oficiar como una buena y ejemplar “joven carroza”.
Lo que pasa es que no pienso votar por mi canción favorita. ¡Cómo hacerlo! Como anteponer la entrañable “Mediterráneo” de Serrat (Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa) a la ternura de “Pienso en ti” o la emoción que me produce escuchar “Libre” en la voz de mi siempre admirado Nino Bravo. O como elegir “La canción de la alegría” de Miguel Ríos, que tantas veces cantamos mis amigos y yo cuando andábamos algo bolingas –o alegres-, en que los hombres volverán a ser hermanos. Ni el “ramito de violetas” de la dulce Cecilia recibía cada nueve de noviembre. Ni siquiera puedo escoger, aunque tenga el “Corazón partío”.
Cada canción la votaría por un motivo distinto, por mil motivos o por ninguno en particular.
Si queréis un cancionero muy completo para cantar bajo la ducha las canciones de vuestra vida, nada mejor que visitar este de aquí: Solo Letras
Bueno, bueno, bueno (como diría Jesús Puente, q.e.p.d.), en realidad también hay algo muy bonito en todo esto (además de recibir un extracto de tarjeta hermosamente plagado de entradas en el “debe”) y es la ilusión con la que compramos los regalos. Nunca es fácil escoger regalos para nuestros seres queridos. A mamá ya no sabemos qué comprarle, el año pasado ya nos volvimos locos pensando hasta que se nos ocurrió regalarle un pijama. ¿Y al tío Gerardo? Si es que, desde que dejó de fumar, ya no sabemos qué llevarle. Porque antes le comprabas un cartón de tabaco, una pitillera, un encendedor nuevo o un cenicero y ¡hala! Ya estaba solucionado. Pero ¿y ahora? A la abuela es fácil, porque le llevas una caja de pañuelos y una botella de colonia fresca y a la mujer se le saltan las lágrimas de la emoción. Al tío Pascual, que es sacerdote, cada año le caen varios pares de calcetines negros y el after-shave del Varon Dandy, pero tendremos que organizarnos porque el pobre va a tener que poner una “calcetinería”. Que está bien cambiarse todos los días de calcetines, pero el tío Pascual, con los que tiene, debe cambiarse cada media hora. Antes jugaba al tenis, y mamá siempre le ponía una caja de esas con pelotas (de tenis) o le compraba una sudadera,… pero el hombre empieza a estar mayor para ir trotando pista arriba y pista abajo. Carmelita nos lo pone fácil, porque como colecciona muñecas de porcelana, siempre la ayudamos a ampliar su colección. Este año vamos a tener que hacer una colecta para comprarle una nueva vitrina, que entre todos hemos conseguido que la que tiene parezca el vagón del metro en hora punta.
Total, que además de dejarnos el peculio, nos devanamos los sesos para encontrar el regalo perfecto. Y digo yo ¿por qué no hacemos una carta a los Reyes o a Papa Noel todos y pedimos aquello que realmente queremos que nos regalen? ¿Y una anti-carta para que no nos regalen otra vez un precioso juego de sartenes?
Bueno, me voy de compras, que tengo que escoger los regalos de la familia y voy a necesitar tiempo y paciencia… y un mucho de imaginación para encontrar el regalo perfecto para cada uno.
¡¡¡Felicidades Zaragoza por ese futuro 2008!!!
El caso es que, entre guiños y demás, he llegado sana y salva hasta la boca de metro. Como, además, ya era tarde, el vagón iba ya bastante vacío. Justo cuando arrancaba el tren de la estación, un hombre a mi espalda se ha puesto a hablar en una mezcla de castellano e italiano. Y luego, acompañado por una guitarra, ha comenzado a cantar –reconozco que con poco oficio- una canción en italiano, que me ha traído recuerdos de cuando las adolescentes estábamos locas por Massimo Ranieri .Pero lo que más ha llamado mi atención ha sido que el hombre, a pesar de que cantaba en el trayecto del metro para conseguir unas monedas, que eran las nueve y poco de la mañana y que la gente apenas le prestaba atención, lo hacía con entusiasmo, poniendo el corazón en la voz y en el rasguear de la guitarra.
Uno, dos tres, cuatro, ¡maaaaaambo! Uh!
Cuando rondaba entre los catorce y los dieciséis, aparecieron los “jóvenes carrozas”, que eran la generación siguiente y que habían crecido con los Sirex –entre otros-. Era la época en que mis amigas y yo nos emperifollábamos para ir a discotecas como “Trocadero” o “Zafiro 3” (no sólo, que conste), bailábamos los éxitos de los ochenta y el fin de fiesta siempre venía dado por las canciones que los antes mencionados gustaban de llamar “música de ayer, de hoy y de siempre”. Aquellas discotecas contrastaban brutalmente con otras tales como “Studio 54” o el ambiente pijo de “Up&Down”, por poner un par de ejemplos. Muchas de ellas ya han desaparecido –algunas, afortunadamente- y yo estoy, ahora, totalmente desconectada del mundo disco, aunque tengo una idea pero es de segunda mano.
Lo malo de todo esto es que ahora soy yo una “jóven carroza” porque los de aquel entonces son ya la mayoría abuelos orgullosos de los retoños de sus hijos –que somos nosotros-. Escuchas con nostalgia aquellas canciones que te marcaron una época. “Don’t go”, “Sweet dreams”, “Herr Komissar” y tantas otras. Y te das cuenta de que el tiempo, siempre tan puntual en su cita, no deja de pasar.
¿Será que la que ahora es “camp” soy yo? Vivir para ver. Fijate.
Ayer fue el cumpleaños de una amiga, a quien no veía desde hacía más o menos un año. Pensábamos que se había ido a hacer las Américas o que, como en la canción de Perales, había ido a “pintar estelas en la mar”. Pero veinte minutos de conversación, como atestigua el contador de mi móvil, me la devolvieron nuevamente con su deje de las tierras del Gironés, intentando ponernos al día de las novedades. Espero que, pronto, lo hagamos delante de una taza de café. Felicitats, maca!!!
Cada año, vaya-usted-a-saber-porqué, nos aprendemos el texto de “Les fures del infern”(3) que son los personajes que más divierten a todos los niños (es que son los demonios de la obra):
“Som les furies de l’infern
Som les furies infernals...”
Este año le han dado el papel de “parent”, aunque en realidad no sé qué tiene que ver con los parientes, ya que se trata del posadero que no puede alojar a José y familia. Lógicamente también nos hemos aprendido su única pero contundente frase:
“Josep, donar-te posada aixó ja no podrà ser.
Tota la casa tinc plena de gent i no hi cap ni un foraster”
Traducción casi-simultánea: “José, darte posada eso no va a poder ser. Toda la casa tengo llena de gente y no cabe ni un forastero”.
El día del estreno –y única función- los papás y mamás (y abuelas/os, etc.), cargados hasta los dientes con cámaras y vídeos, nos amontonamos en la sala de actos de un colegio cercano (el suyo es un cole muy bonito –yo había ido de pequeña y había sido un antiguo convento- pero no tienen sala de actos propia). Sube el telón y a nosotros se nos cae la baba cuando nuestros pequeños saltamontes salen a escena. Los flashes invaden el espacio aéreo de la sala y las cámaras graban a toda pastilla. Y cuando los pequeños actores se despiden, vienen los mayores que, pobres, no hacen tanta gracia.
De todas formas, nos piden que no nos vayamos ahora que los pequeños han terminado su actuación. Y a mi me recuerdan tiempo pretéritos, cuando en clase de música, además de hacer el tábano (era lo que mejor se me daba, jejejeje, por eso debe gustarme tanto Rimsky-Korsakov(4)), aprendí a tocar la flauta aunque ahora sólo me acuerde del “Canto de la alegría” de Miguel Rios, y ¡a tocar el xilófono! La primera vez que vi a los mayores, cantando “nadales”(5) al ritmo del “ping-ping-pong” de los xilófonos me sentí transportada a otra época. ¡Si yo pensaba que esos artilugios ya no existían!
El viernes es el gran día y espero que este año las fotos no me salgan tan oscuras como el año anterior… a ver si cuelgo alguna.
(1) pastorets = pastorcillos
(2) El clásico de “La ratita presumida”
(3) Las furias del infierno (o los demonios)
(4) Véase “El vuelo del moscardón”.
(5) Villancicos
Haciendo un repaso hacia atrás, también se ha ido cumpliendo que el blog contendría “artículos, relatos y comentarios de libros” aunque han proliferado los artículos, y quizá también ha sido lo que más ha comentado y leído quien ha entrado en esta página.
Las visitas, sin ser para tirar cohetes (sé que hay blogs que tienen más de cien visitas al día) se han mantenido en una media de 36 al día desde que coloqué el contador (el 7 de noviembre). Y me siento contenta de contar con esos 36 lectores –de media- diarios, que espero que encuentren algo entretenido este pequeño espacio –como una isla pequeña y poco arbolada pero con alguna que otra palmera- en el inmenso mar virtual. Y hoy, me apetecía hacer un poco de balance.
Mi afición a escribir una bitácora o un diario on-line o un blog (como cada uno quiera llamarlo) me ha llevado también a aficionarme a leer otros blogs. Y eso me lleva a la tercera reflexión: ¿es mi bitácora tan desordenada como mis propios pensamientos? Veo que muchas bitácoras siguen una línea más ordenada, más ¿concisa?. En definitiva, siguen una línea, no un zigzag. El mío navega a la deriva y no sé si estoy consiguiendo que tenga su propia personalidad o si se le está pegando la caótica dispersión de su autora. Aunque, en realidad, jamás pretendí que esto fuera un diario sino un espacio donde verter las cosas –algunas más tontas que otras- que se me ocurre escribir, desde lo que me ha hecho pensar el último libro que he leído hasta comentarios de cosas que me han llamado la atención.
Una amiga, a quien tengo un poco lejos (físicamente), me dijo que había leído mi bitácora y que le encantó porque “derrocha tanta frescura como tú, leerte en él es como estar charlando contigo por teléfono. En serio, es divertidísimo”. Me hizo sentir bien ese comentario, aunque yo también sé que ella me quiere y no me diría que es un peñazo :-) De todas formas, me gustaría pensar que quien me lee me siente cercano. Yo me he sentido de esa forma con algunos blogs, algunos de gente que conozco, otros a los que accedí de forma fortuita, saltando de un enlace a otro y deteniéndome aquí y allá, cuando un texto llamaba mi atención.
Hace dos meses y pico no tenía ni idea de cuánto podía encerrar este mundo de las bitácoras, y ahora no sólo escribo la mía sino que estoy pilladísima leyendo otras prácticamente todos los días.
Hoy es Santa Lucía (Santa Llúcia por mis tierras) y según la tradición de por aquí, es el día en el que la gente coloca el belén y el arbolito de Navidad. Mi hijo me pidió el sábado que hiciéramos un belén con sus muñecos de Playmobil, aunque supongo que esta noche pondremos el clásico. Fue divertido buscar la fórmula para que hubieran todas las piezas más emblemáticas del belén: el nacimiento, los Reyes, la anunciación a los pastores… La Virgen es policía (era la única chica que había entre los muñecos), el niño Jesús es un niño vikingo, uno de los pajes es un romano de la legión y entre los pastores hay un pirata con largas barbas negras. Lo peor de todo fue encontrar un ángel anunciador. Mejor lo veís en la foto…

Como ya he apuntado anteriormente, se registraron al menos dos casos de mujeres que padecían licantropía en Italia. En 1558, un cazador descubrió que la garra que había cortado en una batida se había convertido en una mano femenina, con anillo incluido. Comentado el asunto a un noble de la zona, resultó que la mano pertenecía a la esposa de este. La descubrieron mientras se vendaba el muñón y fue condenada a la hoguera.
En el cine, tenemos algunos ejemplos de mujeres licántropo. Dee Wallace-Stone y las mujeres de La Colonia en “Aullidos”, o en la segunda parte de la saga, The Howling II (1985). También Michelle Pfeiffer se convierte en la compañera del lobo Nicholson en “Lobo”. En “La maldición del hombre lobo” (1960) la mujer desempeña el papel de madre del futuro licántropo, nacido, según la creencia, a las 12 de la noche del día de Navidad. “She-Wolf of London” (1946) de la Universal, cuenta con una mujer loba que padece una maldición familiar. O “She-Wolf of London” de 1990, donde una estudiante es mordida por un hombre lobo e investiga el misterio junto a un atractivo profesor. En “Ginger Snaps” (2001), dos adolescentes son atacadas por un hombre lobo y para una de ellas, Ginger, ya no volverá a ser nada igual. En “La loba” (1965) es la hija de un científico la que se dedica a salir en las noches de luna llena, y no precisamente de copas. Y para terminar (ya que hay más ejemplos de los que parece) “La lupa mannara” (1976), una producción italiana en la que violencia y sexo parecen darse la mano.
Este post va por si mañana no tengo tiempo de colgar el siguiente capítulo. Ya queda poco para terminar la maratón del hombre-lobo.
Próximamente: "Algunos enlaces interesantes". Y hablaremos de otras cosas: del tiempo, del cultivo de la berenjena o de si los hombres son de marte y las mujeres de venus. ¿Quién lo sabe? (lo que escribiré después).
Parece haber tres formas claras de ser o convertirse en un hombre lobo. A saber:
a) Padecer la maldición de forma genética. Sería el caso del adolescente lobezno de “Teen Wolf”, protagonizado por Michael J. Fox. O quizá también el de aquel hombre lobo de pantalones rasgados de los cómic Marvel (que debía compartir vestuario con la Masa) cuya maldición le venía por herencia paterna.
b) Al ser heridos por un licántropo genético, también denominado licántropo auténtico.
c) Controlar ese poder gracias a objetos o técnicas mágicas. Aquí estaría, sin duda, el caso de algunos chamanes que utilizan el espíritu del lobo como un ente benéfico o protector. Según confesión de algunos hombres-lobo ajusticiados durante la Edad Media, la posesión de un cinturón de piel de lobo y un ungüento, entregados por un ser maléfico o demoníaco, les permitía la transformación.
En el caso del lobizón argentino, el hombre maldito sólo se convierte en lobo los viernes -a veces también los martes- sin intervención necesaria de la Luna. Generalmente quien padece esta afección siente la necesidad de alejarse de sus semejantes poco antes de la transformación. Y esta no se da hasta las doce de la noche del día señalado.
Lo que está muy claro, si nos ceñimos a la tradición cinematográfica, es que no hay mejor manera de convertirse en hombre lobo que ser mordido por uno. No importa el grado de la mordedura, sino el salir vivo de ella. Sería el caso de David Kessler en “Un hombre lobo americano en Londres” que resulta gravemente herido durante unas vacaciones por Europa junto a su amigo –y luego difunto- Jack Goodman. También Nicholson siente la llamada de la selva gracias al mordisco de un lobo atropellado en “Lobo” (1994). Y su mordisco convierte a James Spader en un lobito sumamente agresivo.
Finalmente, y una alimentación que me resultó bastante curiosa, es la del lobizón americano: desde hociquear en gallineros y corrales, buscando excrementos, hasta revolver la tierra de las tumbas de los cementerios. Aunque, para equilibrar la dieta, según cuenta la leyenda, comerá un niño no bautizado de vez en cuando. Dice la tradición que los lobizones tienen que guardar cama al día siguiente (los sábados, y supongo que algún que otro miércoles, como os cuento más adelante), debido a todos los desperdicios que se han comido durante la noche
Pero no todos los hombres lobo son iguales. En la provincia de Corrientes (Argentina) existe la creencia del “lobizón”, generalmente el séptimo hijo varón seguido y no bautizado. Según se dice, al lobizón no es posible dispararle y las únicas cosas que pueden acabar con él son hacerle la señal de la Santa Cruz y tirarle botellas y tizones encendidos.
En ocasiones, y me imagino que a falta de balas, el sistema más socorrido para acabar con la bestia es clavarle una cruz de plata en el corazón. Cosa que es bastante más difícil de lo que pudiera parecer, porque ya se ha visto lo malo que es para la salud acercarse demasiado a un hombre lobo.
En la Edad Media la solución más habitual –y evidentemente drástica- era quemar en la hoguera a cualquier sospechoso de licantropía. Por supuesto, siempre hay soluciones intermedias y se afirmaba que un fuerte golpe en la frente podía curar al licántropo. Aún así, me temo que pocos o ninguno de los presuntos licántropos tuvieron el beneficio de la duda (o del certero golpe).
Sea cual sea el método elegido para exterminar a la bestia, cuando este resulta efectivo, el cuerpo vuelve a su estado humano. Se supone que, en este caso, el espíritu del hombre queda liberado de la maldición. Aunque maldita la gracia que le debe hacer (que le exterminen, por supuesto).
Lon Chaney Jr., cuyo verdadero nombre era Creighton Tull Chaney (1906-1973), siguió los pasos de su padre, “El hombre de las mil caras”, y estudió las técnicas de maquillaje que hicieron famoso al progenitor. En 1941 fue escogido para interpretar el papel de Larry Talbot, un atormentado hombre lobo, en “El hombre lobo”, compartiendo cartel con Claude Rains y Bela Lugosi. De todas formas, nunca pudo igualar la fama del padre, aunque participó en una multitud de películas de terror y westerns, y fue obligado progresivamente a participar en películas de menor entidad. Sus últimos años vendrían marcados por sus problemas con el alcohol y por el beriberi, una enfermedad producida por la falta de vitamina B.
Más tarde se realizarían películas que han sido famosas por la repercusión de taquilla que tuvieron en su día, como "Aullidos" (1980), "Un hombre lobo americano en Londres" (1981), “Lobo” (1994), etc. Una lista que está, de alguna forma, encabezada por el actor que más veces ha sido hombre lobo en la pequeña y gran pantalla. Porque, si hablamos de hombres lobo, es irremediable no relacionarlos con Paul Naschy, el hombre lobo cañí por antonomasia, aunque se hiciera llamar Waldemar Daninsky (nombre de origen polaco, con el que Naschy bautizó a su particular criatura como tributo a la gente oprimida de Polonia).
Naschy nació en 1934, en Madrid y en plena Guerra Civil. Su familia, después de pasar varios años en Burgos, regresó a Madrid y fue allí donde Naschy descubrió su pasión por el cine. Naschy reconoce que su fascinación por el personaje del hombre lobo nació más o menos a raíz de ver una película: "El hombre lobo contra Frankestein" (1943).
Mientras estudiaba arquitectura, se dedicó al levantamiento de peso, llegando a ser campeón nacional de dicho deporte en 1958. Y, gracias a su impresionante físico, comenzó a trabajar como extra en películas, destacando entre ellas “Rey de Reyes” (1961) y “55 días en Pekín” (1963).
Su afición por el cine fantástico y, en especial, por la hirsuta criatura, le llevaría a escribir su primer guión que el director Enrique López Eguiluz no se tomó muy en serio. De todas formas, alguien sí lo hizo, haciendo de esta forma que el fenómeno Waldemar naciera con "La marca del hombre lobo" en 1968. Se probó a varios actores españoles para el papel de hombre lobo, e incluso se contactó con Lon Chaney Jr. (que rechazó el papel a causa de su mala salud), pero finalmente el papel fue ofrecido a Naschy que, tras ese momento, pasó a ser nuestro maldito y algo romántico licántropo Waldemar Daninsky.
Si recorremos la extensa filmografía de este actor / guionista -y en ocasiones, incluso director- veremos cuánto le debe a Naschy el género fantástico. Si no por calidad, por cantidad. Desde la ya mencionada “La marca del hombre lobo” hasta “Licántropo” (1996). Su peludo personaje llegó a aparecer incluso en películas de tan dudoso interés como "Bienvenido señor monstruo" (los niños de Parchís daban más miedo que cualquier pesadilla ambulante) o "Aquí huele a muerto... (y yo no he sido)" protagonizada por Martes y 13.
Por cierto, y para terminar este capítulo: Paul Naschy y los “Mojinos escozíos” protagonizan la película “Mucha sangre” (con tema principal de la B.S.O. realizado por estos últimos) que promete mucha sangre, muchos disparos y acción a borbotones.
Próximamente: "Hombres lobos menos tradicionales"
También Boris Vian (1920-1959) aportó su visión personal del tema con "Un lobo hombre en París" (un título que, sin duda, nos recordará una popular canción del grupo “La Unión”, que dedicó tres canciones a este autor). En el relato de Vian hay un importante matiz ya que no es el hombre el que se convierte en lobo sino todo lo contrario, creando un nuevo engendro que sería el antropolicandro. Stephen King aportó su granito de arena con "El ciclo del hombre lobo" que fue llevada al cine con el título "Silver Bullet" (1985). Si no estoy equivocada, esta película fue titulada “Miedo azul” en España. Alejandro Dumas contribuyó con “The wolf-leader” en 1857. Paul Naschy, de quien os hablo más adelante, también hizo su debut en la literatura con “Memorias de un hombre lobo”, probablemente las de Waldemar Daninsky. Y escritores tales como R.L. Stine, Philip José Farmer, Robert Silverberg y Clifford Simak han escrito relatos o novelas basadas en este personaje.
Mañana: "El cine y los hombres lobo"
Una de las formas de zoantropía más extendida, famosa y explotada es, sin duda alguna, la licantropía. Esta palabra viene del griego Lykanthropia y en psicología se define como una manía en la que el enfermo se imagina transformado en lobo –o en otros animales- e imita los aullidos de este animal.
Desde tiempos remotos se tiene noticia de este extraño fenómeno o enfermedad. Hay indicios de que ciertas tribus amerindias, antes de la llegada de los españoles, ya conocían la existencia de hombres lobo e incluso entre los lapones existe -o existía- la creencia de que los espíritus-lobo les permiten asumir la forma y habilidad de este animal. Algunos escritores clásicos, como Ovidio, Homero y Apuleyo, poetizaron a estas criaturas en algunas de sus obras.
El origen de esta zoantropía puede estar en la historia del rey Licaón que, por lo visto, es el patrón de los hombres lobo. Este rey consiguió hacer enfadar de veras a Zeus, tras ofrecerle un guiso hecho con el cadáver de uno de sus hijos - o de un niño pequeño, según otra versión - y fue castigado por el dios a padecer la maldición de la licantropía. Otro ejemplo lo tenemos en Nabucodonosor, rey de Babilonia, que también sufrió una zoantropía, aunque en su caso el animal elegido fue un buey. Dice la leyenda que, tras siete años metamorfoseado de esa guisa, cuando recuperó su forma humana, conservó las uñas para siempre convertidas en pezuñas.
Pero es con la llegada de la Edad Media, el oscurantismo de la misma y, sobre todo, la persecución implacable de la Santa Inquisición, que el personaje del hombre lobo adquiere mayor relevancia y peor fama en la sociedad. Personajes como Giles Garnier o el joven Juan Grenier reconocen, tras ser denunciados por vecinos de la zona, que pueden convertirse en lobos, y que han asesinado y devorado a diversos niños en el interludio. Ambos personajes fueron ejecutados en la hoguera, como era costumbre de la época. En Francia se dieron bastantes casos de loup garou, y entre 1520 y mediados del siglo XVII se enumeran unos treinta mil casos de licantropía en Europa Occidental, Serbia, Bohemia y Hungría.
Como la mayoría de casos de brujas de esa época, es difícil aseverar nada puesto que los tormentos que se infligían a los condenados eran capaces de arrancar las más rocambolescas confesiones. Lo que sí puede teorizarse es que las personas condenadas como hombres lobo fueran desequilibrados o psicópatas que, verdaderamente, hubieran asesinado a niños de la zona donde vivían. También pudiera ser cosa de verdaderos lobos como cuento más adelante.
La cosa llegó a ser tan seria en aquellos tiempos - por lo menos desde el punto de vista de la iglesia- que en el concilio ecuménico de 1414, Segismundo (1368-1437), rey de Hungría y líder del Sacro Imperio Romano Germánico, hizo que la iglesia reconociera la existencia de tales seres y se llegó a considerar una herejía el negar o no creer en los hombres lobo.
En el siglo XX también han surgido extraños eventos ligados con la licantropía, no sé hasta qué punto documentados. En Italia, por ejemplo, se han registrado abundantemente casos de licántropos. Como el de Pascual Rossi, el lobo de Villaborghese. O la conmovedora historia de Yolanda Pascucci, la loba de Posillipo, que experimentó los primeros síntomas a la edad de 12 años. Incluso he rescatado un apunte en el que se habla de Rosalva Ghizza, una niña de cuatro años que vivía cerca de Sabona (Italia) y que, teóricamente, desmiente que la licantropía no afecte a los niños.
Próximamente: "Hombres lobo en la literatura"
Baby you can drive my car
Yes I'm gonna be a star
Baby you can drive my car
And baby I love you
Beep beep'm beep beep yeah
“Drive my car” The Beatles
Si os fijáis cuando vais por la calle, veréis que la mayoría de coches que circulan lo hacen con un solo pasajero, el conductor. Y es que hay gente que va en coche hasta el lavabo. Realmente es cierto que los transportes públicos no son todo lo eficaces que deberían para animar a los usuarios a utilizarlos más. Los retrasos, el hacinamiento en las horas punta, las huelgas de transporte y muchos otros inconvenientes pueden hacer que nuestra rutina se convierta en una verdadera pesadilla, haciéndonos perder un tiempo valioso en esperas interminables o incomodidades poco agradables. Pero ir en coche tampoco es jauja. Los embotellamientos, las largas caravanas y el estrés de encontrar sitio donde aparcar tampoco es algo apetecible. En algunos países se han instaurado sistemas para compartir coche entre varios usuarios, que se relevan periódicamente o comparten los gastos del vehículo. En otros países, la contaminación y los problemas de la aglomeración han llegado a cotas muy altas para lo cual han intentado poner en marcha propuestas que no sé si han tenido o no buena acogida y buen fin.
Sea como sea, los conductores cogen el coche hasta los días de mercado y ahí es donde entra mi queja. Vivo muy cerca de uno de los mercados más importantes de la ciudad y mi calle es, precisamente, lugar de paso obligatorio para llegar al aparcamiento –de pago- más cercano al mismo. Todo esto se traduce en que, cada sábado, bajo mi balcón se acumula una cantidad de tráfico impresionante. Personas que, semana tras semana, se empecinan en ir al mercado en coche –que ya sé que es más cómodo- a pesar de que tienen que saberse de memoria la caravana que les espera en esa calle de un solo carril que conduce directamente al aparcamiento (hay otros, pero están más lejos y hay que caminar). Pero que, a pesar de que ya lo saben, no dudan en tocar el claxon de manera desmedida, produciendo un concierto de bocinazos que puede durar unas cuantas horas. Y yo me pregunto ¿les haría gracia que yo fuera con mi coche bajo su balcón y me pusiera a tocar la bocina cada dos o tres minutos durante dos o tres horas? Supongo que no. Pues me gustaría que pensaran que a mi tampoco me gusta que me perforen los tímpanos. No es mi forma de pasar el sábado por la mañana.
Si ya bastante malo es vivir en una zona muy transitada, cerca de lugares de marcha nocturna, padeciendo los gritos de los que han bebido de más y las conversaciones en voz alta a las tantas de la madrugada (en verano, con los balcones abiertos, parece como si los tuvieras dentro de casa), tener que pasar la mañana del sábado a ritmo de claxon es ya la gota que colma el vaso.
La carta dice como sigue:
“Apreciada Sra./Srta. Suskiin:
Agradecemos el interés y el tiempo que se ha tomado en dar voz en su bitácora a algunos de nuestros asociados y amigos. Desde aquí, queremos hacerle llegar nuestro más sincero reconocimiento, ya que no es habitual que las criaturas y otros monstruos puedan airear sin pudor ni vergüenza sus pensamientos. Es de agradecer que personas como usted, que tienen otras cosas mejores que hacer, pongan un espacio a disposición de estas almas cándidas que, en el mundo actual y desenfrenado en el que vivimos o no-vivimos (dependiendo de la criatura), están físicamente imposibilitadas para utilizar las nuevas tecnologías al alcance de los humanos y no-monstruos. El mismo Sr. Garoup nos ha remitido un elogioso escrito, algo arañado pero aún legible, en el que manifiesta sentirse arropado por los lectores y, textualmente dice “la señorita que dice sentir cierto puntito sexy por los hombres lobo que tenga a bien dar su número de teléfono a Suskiin a fin de que la pueda invitar a un cafetito una noche de estas… de momento sin luna”.
El Sr. Monstruo-del-Lago, debido a sus continuos desvelos por el medio ambiente, ha sido condecorado con la chapa de cobre (nunca fabricamos nada en plata, por los efectos contraproducentes que causa en muchos de nuestros asociados) y todo gracias a su amabilidad. Es difícil contactar con él, ya que en su pantano no hay mucha cobertura y tiene la mala costumbre de llevarse el móvil al lecho fluvial.
En breve le haremos llegar peticiones de otros de nuestros asociados, que están muy interesados en contratar sus servicios como portavoz humana de las criaturas pululantes. La Momia está encantada de haber saltando al candelero gracias a la publicación del texto del Sr. Monstruo-del-lago, aunque cree que dada su provecta edad y su experiencia, debería dedicársele más espacio, que sólo han sido un par de líneas, y de pasada.
Reciba nuestro más afectuoso grito desgarrador.
Aterradoramente suyos,
Vlad Tepes Jr.
Presidente vitalicio de S.I.M.C.A
(Sociedad Internacional de Monstruos, Criaturas y Afines)
Transilvania (Europa)
Y eso de que vivo tranquilo… pues se lo parecerá a él. Total, el sólo tiene unos días malos al mes, y el resto se pasea por ahí como si tal cosa. Yo tengo serios problemas cada vez que toca bajar a la ciudad. No sólo está el problema del vestuario –que no es poco- es que es todo. La gente me mira como un bicho raro. Y ¡arrugan la nariz!. Bien que se pirran por comer un plato de sushi y no le hacen nada de ascos, pero tener que ir en el metro con el monstruo del lago… Eso es otro cantar.
Galoup puede permitirse el lujo de buscar una novia humana e incluso cursar una solicitud de pareja en la L.O.L.A. Como los monstruos del lago no estamos organizados, yo ni siquiera tengo esa opción. Y lo de buscarme novia humana está completamente descartado. Tuve una, sí, pero se quejaba constantemente de que le rascaban mis escamas y lo tuvimos que dejar.
Tampoco lo de vivir en el campo es idílico. Claro que como Galoup sólo viene cuando organizo alguna fiesta “pijama”… pero no se debe acordar que, en la última, además de que se cortó con una lata mientras hociqueaba por los matorrales (menos mal que la Momia siempre tiene apósitos a mano y no terminamos todos en el veterinario del pueblo), unos niños vinieron a tirarnos piedras. Si es que a los monstruos ya no nos respeta nadie. Las parejitas vienen a darse el lote y me dejan todo perdido de preservativos usados. Los niños se dedican a tirar piedras. Los adultos dejan por las inmediaciones todos los trastos que ya no les sirven. Y cuando salgo del lago, en todo mi esplendor de escamas y aletas, me llaman “tío feo”. A ver, que soy un monstruo, pero a mucha honra, ojo. Y dentro de los cánones del gremio, me considero más bien tirando a atractivo. Que, a pesar de los vertidos, aún tengo un bonito color verde esmeralda y mis aletas están bien turgentes.
Si es que hay que se quejan de vicio…
El tema de encontrar pareja lo llevo bastante mal, a pesar de haber cursado la solicitud en el gabinete correspondiente de la L.O.L.A. Hay pocas mujeres loba, la mayoría están comprometidas y, las que quedan libres, aducen que “tienen ciclos lunares incompatibles con los míos”. Me gustaría saber que significado tiene la frase.
Conocí a un colega, durante unas jornadas en Madrid (son cada dos años), que tuvo realmente suerte en este asunto. Me contó que durante las tres semanas “normales” vive en un chalet de las afueras con la mujer y sus dos hijos. Todo muy corriente y muy humano. Cuando tiene la semana lunar, siempre se las arregla para hacer turnos de noche a mansalva. Trabaja en el Zoo como cuidador y tiene allí una compañera acorde a las circunstancias. Por cierto, que cuando nos conocimos me invitó a un par de whiskies y a un habano, porque acababa de ser padre de una camada de cuatro lobeznos. Se le veía de un orgulloso…
Claro que he tratado de buscarme pareja por mi cuenta, aunque sólo fuera humana. No soy mal parecido y tanto trote nocturno me mantiene en forma. Pero las mujeres siempre me encuentran un defecto u otro. Si no es un ajo, es una cebolla. Yo comprendo que a Marta le produjera cierto malestar encontrarse mi nevera rebosando de hígados crudos (estábamos en invierno, en una época de lluvias pertinaces, y quería estar prevenido). Ahora que lo de Espe no tiene nombre… ¿Pues no me dijo que me encontraba demasiado barbilampiño? Me tendría que ver a plena luna y se enteraría de lo que es un hombre de pelo en pecho.
Tengo todos los inconvenientes de ser un monstruo (yo prefiero considerarme “una criatura sobrenatural”, que suena más intelectual) y ninguna de sus ventajas. Drácula duerme todo el santo día y no tiene que trabajar porque está forrado. Tantos años invirtiendo en bolsa le han dejado unos dividendos suculentos, a pesar del crack del 29. Frankestein no cuenta: desde que se hizo la estética, no ha parado de trabajar en el cine… de galán. Además creo –por lo menos eso se rumorea- que cobra derechos de imagen cada vez que se publica un libro sobre su persona o hacen una película de su vida. El monstruo del lago vive… en el lago. Exento de males de cabeza gracias a ser quién es y cómo es. La última vez que le vi se quejaba de las basuras que echaban los excursionistas y de la contaminación. Alguna pega tenía que encontrarle.
Decididamente, soy el menos afortunado del clan terrorífico. Si tuviera que enumerar todas las molestias e inconvenientes de ser un hombre lobo me pasaría la noche entera escribiendo.
Y lo peor que le puede pasar a un hombre lobo, además de que le pisen el rabo, es que aburra hasta a las piedras.
Pongo punto y final. Espero que en un futuro cercano os pueda contar cómo llegué a ser lo que soy (y no me refiero a ser contable).
La luna está a punto de asomar por el horizonte. Lo siento en mi piel. Os dejo pues, que tengo poco tiempo y me ha costado demasiado este PC como para dejarlo hecho unos zorros. ¡¡¡¡¡Auuuuuuuuuuh!!!!
Jean Loup Garoup (Canis lupus sapiens)
Además del dolor que me causan las transformaciones, el picor del pelo y la tortícolis que me provoca el ir a cuatro patas, no hay forma de aguantar el tipo durante el horario laboral. Es como si os hubierais pasado toda la noche de farra, en cueros y haciendo footing a un mismo tiempo, y no os hubiera dado tiempo ni de ducharos antes de salir para el trabajo. Y no puedo pedir la baja porque mi “dolencia”, además de ser maldita, no está tipificada. Ahí es nada. Dadas las circunstancias, intenté conseguirla aduciendo dolores cervicales. Me plantificaron una receta para comprar crema (que debe estar hecha de panes de oro, lo digo por el precio) y un hermoso collarín ortopédico. Y, de vuelta a la oficina (es que soy contable).
Primero está el tema del vestuario. Como ya sé que lo hago trizas en cada transformación, soy muy cuidadoso. Espero la salida de la luna ligero de ropa. Por lo general, voy con el coche hasta algún punto solitario del bosque de Collserola, me desvisto y abro la portezuela del coche (no sabéis lo difícil que es abrirla con las garras). Y mientras tanto, escucho un poco de música, por eso de que la música amansa a las fieras y así, me relajo. Claro que, a pesar de mis precauciones, todo son inconvenientes cuando el cielo está borrascoso. Si la noche es muy nubosa ni me preocupo de salir de casa. Además, me pone de los nervios que se me moje el pelo, que parezco más una rata gorda que un lobo bien alimentado. Os preguntaréis por qué. Muy fácil: si la luna no tiene posibilidades de dejarse ver, su influjo sobre mi, llamémosla, peculiaridad es directamente proporcional a la luz que ésta proyecte sobre la Tierra. Durante esas noches, mi maldición se reduce a una desagradable migraña y a un irresistible antojo de comer hígado crudo. Lo malo es cuando está parcialmente nublado y la luna aparece y desaparece, sin previo aviso, entre nubes. Ando tan campante de caza, o simplemente marcado el terreno, cuando una nube caprichosa tapa la luna. Y me encuentro desnudo, a cuatro patas, y en el peor de los casos, con una de las cuatro en posición algo más elevada. Y eso no es lo peor de todo. Lo peor es cuando en semejante situación te pilla alguien… No sabéis la de gente que sale a pasear al perrito a horas intempestivas… Pero mejor no profundizo con ninguna anécdota, más que nada por ahorrarme el bochorno. No sea que alguien me reconozca en estas líneas...
(continuará)