ESTADÍSTICAS
La estadística fue una de las asignaturas que con más gusto aprendí en mi época de estudiante. Aunque es lógico, porque siempre he sido aficionada a ella. Con catorce años, pasando las vacaciones de verano en un pueblo donde la diversión brillaba por su ausencia, además de dedicarme a leer y bañarme en la alberca que teníamos en el jardín trasero, comencé a desarrollar mi afición por contar y sacar conclusiones en forma de porcentajes. Me apoyaba en el alfeizar de la ventana de mi cuarto –que daba a una carretera con bastante tráfico- y contaba los coches que pasaban, los colores de los mismos y otras características. Entre contarlos y luego hacer los numeritos para saber que porcentaje de ellos eran rojos o cuántos camiones habían pasado en un período X de tiempo, se me iba la tarde.
¿Cómo no iba a hacer un estudio estadístico de mi blog? Ya tardaba en hacerlo. He clasificado los textos como artículos, comentarios de libros, relatos (los largos que están en capítulos), micro-relatos y miscelánea. Y estos son los resultados:
Hoy es uno de esos días en los que encontrar un tema sobre el que realmente me apetezca escribir no va a poder ser. Pensé en hablar sobre el frío o sobre el método Pilates, pero no me apetecía.
¿Cómo no iba a hacer un estudio estadístico de mi blog? Ya tardaba en hacerlo. He clasificado los textos como artículos, comentarios de libros, relatos (los largos que están en capítulos), micro-relatos y miscelánea. Y estos son los resultados:
- - Casi un 78% de lo escrito son artículos sobre temas diversos.
- Casi un 7% corresponden a Comentarios de libros. Pensé que me dedicaría más a este apartado pero visto lo visto…
- Los relatos y los micro-relatos se llevan, entre ambos un discreto 11,62% (a medias)
- La miscelánea, esas cosas que no se sabe muy bien cómo clasificar, no llegan a un 3,5% del total. Eso quiere decir que, a pesar de que muchos días no tengo ni repajolera idea de sobre qué escribir, no echo mucha mano del socorrido recurso de poner una cita, un dibujo, una foto…
Hoy es uno de esos días en los que encontrar un tema sobre el que realmente me apetezca escribir no va a poder ser. Pensé en hablar sobre el frío o sobre el método Pilates, pero no me apetecía.
“LO BUENO, SI BREVE, DOS VECES BUENO”, QUE DIJO BALTASAR GRACIÁN
Uno de los habituales del foro en catalán de BookCrossing, a pesar de su peculiar lugar de origen (Marte) y los problemas que tiene con su traductor marciano-catalán, ha puesto en marcha una propuesta con el título “I JOCS FLORALS INTERESTELARS” (I Juegos florales interestelares) en la que puede participar cualquier bookcrosser. El tema es libre y lo mismo el idioma, así que está abierto a todos por igual, siempre y cuando esos mini-relatos cumplan unos requisitos: que sean en prosa, que no excedan de 80 palabras y que vayan escritos bajo seudónimo. La votación será popular y se han definido dos categorías: el mejor y el peor texto (la nota más alta y la más baja). Habrá un libro para cada ganador. Podéis consultar las bases aquí. En 80 palabras no podemos explicar muchas cosas. Especialmente quienes tenemos una tendencia a dejarnos llevar por las teclas. Pero supone todo un reto: condensar en unas pocas líneas toda una historia, con su inicio, nudo y desenlace.
El género del micro-relato (mini-relato, micro-cuento o incluso creo que ha sido denominado “cuentículo”) tiene toda una tradición a sus espaldas. Si queréis saber más sobre él, sólo tenéis que pinchar aquí. Y si queréis leer los que están participando en esta aventura, los encontraréis aquí.
Uno de los micro-relatos más famosos, y el considerado más corto de la historia de la literatura, es de Augusto Monterroso, “El dinosaurio”: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".
LEER, AMAR, SOÑAR…
Desde el martes no he conseguido escribir nada coherente para colgar en el blog. Salían temas, los tanteaba, pero como no terminaban de gustarme, le daba a la “x” de la parte superior derecha. También es cierto que ayer tuve una clase intensiva de gramática y literatura con una alumna (que espero que se aplique mucho) a través del Messenger. Ya veis, los caminos de la "enseñanza" son infinitos :-)
Durante las “clases” improvisadas, se mencionó el libro de Daniel Pennac, “Como una novela” y el primer capítulo de ese estupendo libro me ha dado pie para el tema de hoy. Dice el primer párrafo: “El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo amar…, el verbo soñar…”. La pregunta de comprensión de texto era “Comente y explique el significado de la oración “El verbo leer no soporta el imperativo””. Y es que nadie puede obligarte a leer, lo mismo que no se puede obligar ni a amar ni a soñar. Son cosas que deben hacerse por voluntad propia, implican un descubrimiento y un deseo. O un estado del alma.
No podemos animar a la lectura con una orden, sólo conseguiremos el efecto contrario. O ninguno. La lectura, como asignatura, lleva todas las de perder. Cuantos lectores no se habrán perdido por culpa de un libro obligatorio. Porque el lector nace pero también se hace. En mi caso, nací lectora. Me viene por parte materna. Mi madre es una gran lectora, pero mi abuela nos ganó la mano tanto a ella como a mí. En sus tiempos, comprar libros era un lujo que no estaba al alcance de cualquiera, y ella pasó muchas de sus tardes de juventud en una biblioteca, leyendo cuanto caía en sus manos. En cambio, mi hermano pequeño es un lector que “se hizo”. No fue hasta los catorce años que comenzó a sentir el gusanito. Empezó pidiéndonos a mi hermano mayor y a mí cosas divertidas para leer. Se aficionó a Tom Sharpe en un principio, pero fue ampliando horizontes. Ahora es un lector con todas las letras.
Dice Ángeles Caso en un artículo titulado “Lectores del siglo XXI” que el truco para aficionar a los niños a la lectura, quizá, "consista simplemente en enamorarles. De las historias no contadas y de los silencios que se esconden detrás de las palabras".
Durante las “clases” improvisadas, se mencionó el libro de Daniel Pennac, “Como una novela” y el primer capítulo de ese estupendo libro me ha dado pie para el tema de hoy. Dice el primer párrafo: “El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo amar…, el verbo soñar…”. La pregunta de comprensión de texto era “Comente y explique el significado de la oración “El verbo leer no soporta el imperativo””. Y es que nadie puede obligarte a leer, lo mismo que no se puede obligar ni a amar ni a soñar. Son cosas que deben hacerse por voluntad propia, implican un descubrimiento y un deseo. O un estado del alma.
No podemos animar a la lectura con una orden, sólo conseguiremos el efecto contrario. O ninguno. La lectura, como asignatura, lleva todas las de perder. Cuantos lectores no se habrán perdido por culpa de un libro obligatorio. Porque el lector nace pero también se hace. En mi caso, nací lectora. Me viene por parte materna. Mi madre es una gran lectora, pero mi abuela nos ganó la mano tanto a ella como a mí. En sus tiempos, comprar libros era un lujo que no estaba al alcance de cualquiera, y ella pasó muchas de sus tardes de juventud en una biblioteca, leyendo cuanto caía en sus manos. En cambio, mi hermano pequeño es un lector que “se hizo”. No fue hasta los catorce años que comenzó a sentir el gusanito. Empezó pidiéndonos a mi hermano mayor y a mí cosas divertidas para leer. Se aficionó a Tom Sharpe en un principio, pero fue ampliando horizontes. Ahora es un lector con todas las letras.
Dice Ángeles Caso en un artículo titulado “Lectores del siglo XXI” que el truco para aficionar a los niños a la lectura, quizá, "consista simplemente en enamorarles. De las historias no contadas y de los silencios que se esconden detrás de las palabras".
EL LADO OSCURO DE LA FUERZA
De todos es sabido que Anakin Skywalker, papá de Luke y la Princesa Leia, decidió que le convenía más aliarse a la parte oscura de la fuerza y convertirse en el asmático malvado del Imperio, organizando una de las Guerras más cinematográficas de todos los tiempos. Desdeñó la parte buena y pura de la fuerza, se vistió de negro severo y se endosó un casco que nos tuvo durante mucho tiempo intrigados por saber qué cara tendría. El casco, cuanto menos, es curioso, y seguramente ha marcado mucho la moda de cascos para ir por esas galaxias perdidas en el quinto pino.Al igual que el amigo Vader, Dark Vader, todos tenemos una parte oscura, como la tiene la Luna. Esa parte, por regla general, acostumbra a ser inócua y no hace mal a nadie –como mucho a quien la soporta-. Nos gusta mantenerla guardadita, para nosotros solos y la pobre ni siquiera verá la luz en un blog o en un bloc. Nadie tiene el código de acceso ni la llave para acceder a ella. A veces nos avergonzamos de ella, porque no es políticamente correcta. Y porque nuestros amigos o familia podrían rechazarla aunque probablemente –y digo probablemente- piensen en lo mismo muy en el fondo de su ser (o no).
El misterio es importante. Cuando dos personas se conocen por primera vez hay mucho misterio por descubrir y eso, de alguna forma, hace que la relación sea mucho más interesante e intensa en sus comienzos. Con el tiempo, y cuando ya prácticamente conoces tanto al otro que casi le adivinas el pensamiento, puede llegar el hastío. No queda nada que descubrir de nuevo. Por eso, hay que echar mano del lado oscuro que tenemos para mantener la llama de la intriga encendida. Quien dice oscuro, dice el lado gris marengo...
Me gustaría contaros cosas de mi lado oscuro, pero no lo voy a hacer. Es mío, sólo mío… mi tesoro :-)
COCINANDO Y NEVANDO
Ya en un post, del 31 de octubre, confesé mi poca afición a la cocina. La verdad es que es un tema que no me apasiona, no me gusta hablar de cocina ni me gusta intercambiar recetas (por eso, supongo, no he participado en el loable proyecto de “Comparte tus recetas” que lanzó Laprofe, o quizá porque mi recetario es tan básico y simple que no había nada que compartir). Todas las recetas que convierto en comida de forma habitual están apuntadas –o casi todas- en una libreta roñosa que vio tiempos mejores. Algunos de los apuntes los he sacado de libros de cocina que rondan por casa o son recetas que busqué puntualmente en Internet, pero la mayoría están tomados por teléfono. Es decir, llamo a mi madre y le digo:- Oye, mama, que la receta de “bacallà a la llauna”, ¿cómo la haces?
- ¿Tienes por ahí para apuntar?
- Dispara.
Y mientras ella explica, lo voy apuntándolo todo. Y a partir de ahí, es cosa mía que aquello tenga el sabor, la textura y la presencia de lo que se supone que es. A veces se consigue… y algunas otras no, pero esa es otra historia.
Ayer me encontré que los canalones que había comprado no llevaban bechamel. Bueno, la verdad es que los compré adrede, con la peregrina idea de hacer el experimento. Con el delantal en ristre, saqué todos los ingredientes y me puse manos a la obra. Unos minutos más tarde, la mezcla estaba cociéndose a fuego lento mientras yo la removía pacientemente para que no se hicieran grumos. Cuando finalmente saqué los canelones del horno, gratinaditos, me sentí como si hubiera descubierto la sopa de ajo.
A ver si va a resultar, al fin y a la postre, que me gusta la cocina. Bueno, no caerá esa breva, pero si que es verdad que últimamente me estoy aplicando un poco más de lo normal.
Ayer, durante unos pocos minutos, nevó en Barcelona. No fui testigo de dicho acontecimiento metereológico y me tuve que contentar con que me lo contaran. Para recordar alguna nevada en la city, una bonita foto desde el balcón. Según está escrito en la parte trasera de la foto, corresponde al 22 de noviembre de 1999.
UNA DE MIS IDEAS…
Llevo tres días recopilando todos los artículos, relatos cortos y comentarios de libros que he ido vertiendo en este blog. En un principio, la idea era, simplemente, pasarlos a un formato cómodo de llevar a encuadernar, para tener un recuerdo de mi paso por el mundo de los blogs en papel. Luego, se me ocurrió que quizá sería divertido organizar un bookring o anillo de lectura con ese librito. Y más tarde, he decidido que también quería incluir en el mismo los comentarios que vosotros habíais dejado. Aún me falta bastante. Llevo hechas más de 100 páginas de libro, que abarcan desde el 4 de octubre hasta el 18 de diciembre. La mayor parte son artículos, pero también hay un buen puñado de historias y algun que otro comentario de libro (pocos, bien pocos. Yo creía que tendría que tirar de ahí más de lo que lo he hecho).
De momento, prepararé un primer libro con los posts del tercer trimestre del 2004 y luego, si aún tengo ánimos de seguir con el proyecto de recopilación, ya seguiré con el 2005.
Cuando cortas y pegas cada artículo, arreglas la alineación, las posibles faltas de ortografía que se hubieran colado, etc. etc. muchos recuerdos te vienen a la memoria, de cuando escribiste aquello, de cómo te sentías o qué narices te habías fumado cinco minutos antes de sentarte a escribir… todo tipo de sensaciones.
El bookring, por supuesto, aún tardaré en organizarlo. Primero quiero acabar el librito, encuadernarlo y registrarlo en BookCrossing. No sé si habrá mucha gente interesada. Es algo que pueden leer on-line, siempre que quieran, en la red, pero a lo mejor eso de poder leerlo de una tacada, recostado/a sobre la cama o el sofá, atrae algún lector.
Espero que no os importe que vuestras opiniones queden también plasmadas en papel, junto a mis escritos. Si alguien tiene cualquier reparo a ello, que levante la mano. De todas formas, no creo que ningún comentario de los que hay pueda suscitar controversia.
El libro lo terminaré con una lista de mis blogs y páginas web favoritas, a modo de broche final.
De momento, prepararé un primer libro con los posts del tercer trimestre del 2004 y luego, si aún tengo ánimos de seguir con el proyecto de recopilación, ya seguiré con el 2005.
Cuando cortas y pegas cada artículo, arreglas la alineación, las posibles faltas de ortografía que se hubieran colado, etc. etc. muchos recuerdos te vienen a la memoria, de cuando escribiste aquello, de cómo te sentías o qué narices te habías fumado cinco minutos antes de sentarte a escribir… todo tipo de sensaciones.
El bookring, por supuesto, aún tardaré en organizarlo. Primero quiero acabar el librito, encuadernarlo y registrarlo en BookCrossing. No sé si habrá mucha gente interesada. Es algo que pueden leer on-line, siempre que quieran, en la red, pero a lo mejor eso de poder leerlo de una tacada, recostado/a sobre la cama o el sofá, atrae algún lector.
Espero que no os importe que vuestras opiniones queden también plasmadas en papel, junto a mis escritos. Si alguien tiene cualquier reparo a ello, que levante la mano. De todas formas, no creo que ningún comentario de los que hay pueda suscitar controversia.
El libro lo terminaré con una lista de mis blogs y páginas web favoritas, a modo de broche final.
SUSHI PARA UNA PRINCIPIANTE
(O “COMO COMER CON PALILLOS Y NO MORIR –DE HAMBRE- EN EL INTENTO”)
Ayer, con motivo de la visita de Tolbier y María a Barcelona, algunos bookcrossers nos fuimos de cena tras el meet-up extraordinario.
Recuerdo que durante el mitap hablamos de restaurantes, y de restaurantes japoneses, así que al final, siguiendo la sugerencia de RaquelC, acabamos plantándonos delante de un restaurante japonés que hay en la calle Provenza, entre Balmes y Enrique Granados. El sitio tenía buen aspecto y el precio parecía razonable, especialmente cuando estamos tan cerca de fin de mes.
Era la tercera vez que yo visitaba un japonés pero he de decir que no hay color entre uno y otro establecimiento (es que las otras dos veces, fui al mismo, que pilla cerca de casa).
El precio incluía cualquier cosa de la carta que estuviera dentro del “buffet libre” y eso era algo así como 100 platos diferentes. La dificultad no estaba en escoger los platos (que estaban muy explicaditos en la carta) sino en que una vez estuvieran en la mesa, había que comerlos con palillos. Y yo, a pesar de que llevo muchos años intentándolo, siempre parece que estoy a punto de clavarle unas banderillas a la comida. Mis primeros intentos fueron, cuanto menos, infructuosos. Las dichosas –y deliciosas- setas se escabullían cosa mala, con las verduritas fui cogiéndole el tranquillo y cuando llegó el sushi, fui capaz –ante mi sorpresa- de sostener el paquetito firmemente entre los dos palitos e incluso “sucarlo” en la salsita sin demasiado esfuerzo.
Mi sorpresa, en todo caso, fue para el sushi. Yo lo recordaba como unos paquetitos de arroz empalagoso y pegajoso, y lo que menos me había importado anteriormente era si el pescado estaba crudo o cocido al vapor. Y aunque no tengo ninguna referencia más, esta vez encontré el sushi delicioso.
He decidido que no puedo olvidar la práctica adquirida, así que aprovechando que hace algún tiempo compré un paquete de palillos en un Todo a 100 (cosas que se compran por si un día hacen falta), a partir de hoy, en casa se comerá con ellos.
“Cariño, hoy tenemos paella”.
Curiosidades:
Ayer, con motivo de la visita de Tolbier y María a Barcelona, algunos bookcrossers nos fuimos de cena tras el meet-up extraordinario.Recuerdo que durante el mitap hablamos de restaurantes, y de restaurantes japoneses, así que al final, siguiendo la sugerencia de RaquelC, acabamos plantándonos delante de un restaurante japonés que hay en la calle Provenza, entre Balmes y Enrique Granados. El sitio tenía buen aspecto y el precio parecía razonable, especialmente cuando estamos tan cerca de fin de mes.
Era la tercera vez que yo visitaba un japonés pero he de decir que no hay color entre uno y otro establecimiento (es que las otras dos veces, fui al mismo, que pilla cerca de casa).
El precio incluía cualquier cosa de la carta que estuviera dentro del “buffet libre” y eso era algo así como 100 platos diferentes. La dificultad no estaba en escoger los platos (que estaban muy explicaditos en la carta) sino en que una vez estuvieran en la mesa, había que comerlos con palillos. Y yo, a pesar de que llevo muchos años intentándolo, siempre parece que estoy a punto de clavarle unas banderillas a la comida. Mis primeros intentos fueron, cuanto menos, infructuosos. Las dichosas –y deliciosas- setas se escabullían cosa mala, con las verduritas fui cogiéndole el tranquillo y cuando llegó el sushi, fui capaz –ante mi sorpresa- de sostener el paquetito firmemente entre los dos palitos e incluso “sucarlo” en la salsita sin demasiado esfuerzo.
Mi sorpresa, en todo caso, fue para el sushi. Yo lo recordaba como unos paquetitos de arroz empalagoso y pegajoso, y lo que menos me había importado anteriormente era si el pescado estaba crudo o cocido al vapor. Y aunque no tengo ninguna referencia más, esta vez encontré el sushi delicioso. He decidido que no puedo olvidar la práctica adquirida, así que aprovechando que hace algún tiempo compré un paquete de palillos en un Todo a 100 (cosas que se compran por si un día hacen falta), a partir de hoy, en casa se comerá con ellos.
“Cariño, hoy tenemos paella”.
Curiosidades:
- - Receta de arroz para el sushi
- La enciclopedia del sushi (en inglés)
- Receta de sushi nori (pues va a ser que no lleva pescado):
- Según la tradición japonesa, las mujeres no pueden hacer sushi, ya que la temperatura de las manos de la mujer es diferente.
- Cuando uno come sushi, la cantidad de piezas en cada plato siempre debe ser impar. Algunos dicen que los platos con piezas pares llaman a la muerte; otros dicen que llaman a la soltería. Superstición o no, es lo que dice la historia del sushi.
- Curiosidades culinarias sobre el sushi
FOBIA A LAS ALTURAS
Hoy tenía que hacer una gestión de esas “oficiales” y me tocó personarme (porque en espíritu no podía ser, por mucho que me empeñase) en la planta veinte de un edificio de esos que rascan los cielos (y que en catalán, los “gratan” por eso los llaman “gratacels”).
El caso es que yo no había previsto que para subir a semejante altura sobre el nivel del suelo, había que hacerlo con ascensor. No padezco claustrofobia, ni le tengo especial pánico a los ascensores, pero es que ahora o les da por hacerlos completamente transparentes o parecen ataúdes de acero inoxidable. Unos me producen vértigo, los otros simplemente angustia. Sobre todo si suben en 2,3 segundos a la planta 20, como era el caso (con un poco de exageración por mi parte). Vamos, que me he planteado muy seriamente bajar a pata de regreso. He sentido esa desagradable sensación como cuando el avión va a aterrizar y el Comandante Martínez hace un picado a través de las nubes y a ti el micro-bocata de goma que te han dado para calmar el gusanillo se te coloca a la altura de la epiglotis. Claro que en 2,3 segundos tampoco hay tiempo para asustarse más que lo justo y yo, con mirada audaz y algo de temblequeo, he llegado a mi destino. Afortunadamente no había nadie para ver mi cara en ese breve lapso. Más que de susto debía tener cara de circunstancias.
Y entonces he llegado al paraíso. Efectivamente, ese edificio rasca el cielo de maravilla. Este (el cielo) era de un hermoso azul, veteado por esas nubes que se asemejan a jirones de algodón deshilachado y que casi parecen estar al alcance de la mano. ¿Y el panorama? ¡Si se veía toda la ciudad a mis pies! Seguro que así se debe sentir Zeus mirándolo todo desde el Olimpo. Mientras atendían mi trámite, y de la forma más discreta y menos paleta posible, me he dedicado a buscar lugares conocidos de mi ciudad. El “rasca” de la plaza Urquinaona, el “supositorio” de Glòries, las punchas de la Catedral, ¡Y las de la Sagrada Familia!. Todo apiñadito como en una maqueta muy detallista.
La bajada en ascensor ha ido bien. He mirado el hueco de las escaleras y he comenzado a contar mentalmente lo que había de allí hasta el suelo (hay unos 60 escalones hasta mi casa, que tiene una altura como de tres pisos) y me he dado cuenta que me enfrentaba a unos cuatrocientos escalones, así que he arriesgado el pellejo, me he metido en la cabina y ¡para abajo que falta gente!
Lo reconozco soy muy exagerada, pero aunque me haya excedido un poco en la narración reconozco que las alturas y yo no hacemos muy buenas migas y me siento mucho más cómoda a ras de suelo. ¡Menuda astronauta iba a hacer yo!
La foto corresponde a uno de mis antiguos despachos, ubicado en una 12º planta. Mi paso por allí fue breve –era una suplencia- pero quedó esta instantánea como recuerdo.
Leído en una página de Internet: “En el momento de enfrentarse a una altura considerable, los expertos consultados recomiendan ante episodios de vértigo o acrofobia intentar mantener la calma en todo momento y, aunque resulte difícil, relajarse y respirar profundo. En casos extremos, se aconseja recurrir a técnicas de relajación, tales como el yoga, y esforzarse por erradicar ese temor.” Bueno, lo del yoga no estaba muy aconsejado en mi caso (que tampoco era desesperado), así que opté por no sentarme en el suelo del ascensor en la posición del loto.
El caso es que yo no había previsto que para subir a semejante altura sobre el nivel del suelo, había que hacerlo con ascensor. No padezco claustrofobia, ni le tengo especial pánico a los ascensores, pero es que ahora o les da por hacerlos completamente transparentes o parecen ataúdes de acero inoxidable. Unos me producen vértigo, los otros simplemente angustia. Sobre todo si suben en 2,3 segundos a la planta 20, como era el caso (con un poco de exageración por mi parte). Vamos, que me he planteado muy seriamente bajar a pata de regreso. He sentido esa desagradable sensación como cuando el avión va a aterrizar y el Comandante Martínez hace un picado a través de las nubes y a ti el micro-bocata de goma que te han dado para calmar el gusanillo se te coloca a la altura de la epiglotis. Claro que en 2,3 segundos tampoco hay tiempo para asustarse más que lo justo y yo, con mirada audaz y algo de temblequeo, he llegado a mi destino. Afortunadamente no había nadie para ver mi cara en ese breve lapso. Más que de susto debía tener cara de circunstancias. Y entonces he llegado al paraíso. Efectivamente, ese edificio rasca el cielo de maravilla. Este (el cielo) era de un hermoso azul, veteado por esas nubes que se asemejan a jirones de algodón deshilachado y que casi parecen estar al alcance de la mano. ¿Y el panorama? ¡Si se veía toda la ciudad a mis pies! Seguro que así se debe sentir Zeus mirándolo todo desde el Olimpo. Mientras atendían mi trámite, y de la forma más discreta y menos paleta posible, me he dedicado a buscar lugares conocidos de mi ciudad. El “rasca” de la plaza Urquinaona, el “supositorio” de Glòries, las punchas de la Catedral, ¡Y las de la Sagrada Familia!. Todo apiñadito como en una maqueta muy detallista.
La bajada en ascensor ha ido bien. He mirado el hueco de las escaleras y he comenzado a contar mentalmente lo que había de allí hasta el suelo (hay unos 60 escalones hasta mi casa, que tiene una altura como de tres pisos) y me he dado cuenta que me enfrentaba a unos cuatrocientos escalones, así que he arriesgado el pellejo, me he metido en la cabina y ¡para abajo que falta gente!
Lo reconozco soy muy exagerada, pero aunque me haya excedido un poco en la narración reconozco que las alturas y yo no hacemos muy buenas migas y me siento mucho más cómoda a ras de suelo. ¡Menuda astronauta iba a hacer yo!
La foto corresponde a uno de mis antiguos despachos, ubicado en una 12º planta. Mi paso por allí fue breve –era una suplencia- pero quedó esta instantánea como recuerdo.
Leído en una página de Internet: “En el momento de enfrentarse a una altura considerable, los expertos consultados recomiendan ante episodios de vértigo o acrofobia intentar mantener la calma en todo momento y, aunque resulte difícil, relajarse y respirar profundo. En casos extremos, se aconseja recurrir a técnicas de relajación, tales como el yoga, y esforzarse por erradicar ese temor.” Bueno, lo del yoga no estaba muy aconsejado en mi caso (que tampoco era desesperado), así que opté por no sentarme en el suelo del ascensor en la posición del loto.
CARNAVALES A LA UNA…
Los carnavales están a la vuelta de la esquina y ya muchos están por la labor de escoger el disfraz adecuado. Yo hace muchos años que no me disfrazo. Aunque en mis tiempos mozos había sido muy carnavalera e incluso, algunos años, me había confeccionado yo misma mis trajes. Un año tocó de payasa y disfruté enormemente porque llevaba la cara pintada y mucha gente no me reconoció. Otro tuve el valor de disfrazarme de Cleopatra, con un vestido que para una noche de febrero no era lo más indicado (pasé un frío de tres pares, por lo menos antes de los tres whiskies :-)). También lo hice de muñeca, con mi peluca de lana amarilla y mis pololos de puntillas; de gitana echadora de cartas, con el peligro que conlleva tener que ir por ahí leyendo manos; de romana, de diablesa. Como veis nada extremadamente complicado y, por supuesto, no me presentaba al concurso de turno para ver si caía algún premio.
Recuerdo un año que tres amigos nuestros se disfrazaron de muertes. Habíamos quedado en encontrarnos en una estación de metro. Esperaron hasta que toda la gente se marchó del andén para salir, hombro con hombro, de su escondite. Yo, aquel día, iba de echadora de cartas y casi pierdo la baraja cuando salí corriendo piernas para que os quiero. Ganaron el segundo premio al disfraz de conjunto, pero es que no sólo se lo habían currado, sino que el disfraz daba lo que se dice “mal rollo” (en las máscaras, en las concavidades de los ojos, llevaban unas lucecitas rojas y los tres iban pertrechados de guadañas made in home).
También he disfrutado disfrazando a otros. Un año, el que fui de romana, me tocó disfrazar a un amigo con poca imaginación. Tuve que improvisar, así que con un sombrero negro, una gabardina y un guante de lana, le convertí en el “Inspector Gadchet”. A pesar de que la mano (o sea, el guante relleno de papel de periódico) era un tanto casera, la gente lo reconocía por la calle y no veáis lo ufano que iba él.
También mi hermano pequeño pasó por mis manos. Un año le disfracé de televisor y el pobre tuvo que cargar con la dichosa caja de cartón pintada y las antenitas sujetas a una diadema durante horas. El siguiente año me entretuve con dos enormes cartulinas, pintándole una carta de la baraja por delante y por detrás. Esta vez fue más cómodo pero aún así la carta llegó hecha una pena a casa. La tercera vez decidió prescindir de mis servicios como asesora de imagen y no recuerdo que haya vuelto a disfrazarse. Espero que mis buenas intenciones no le crearan ningún trauma.
También le tocó a mi hijo. Además de vestir de catalán clásico (con barretina), ha ido de ninja un par de veces, de tiburón y la última fue él quien decidió de qué se disfrazaría: de Spiderman. El disfraz ya le queda chico y ha comenzado a descoserse por las costuras pero, aún así y de vez en cuando, se lo pone por casa, para revivir las aventuras de su héroe. Este año habrá que comprarle uno nuevo, porque ya le empieza a apretar por todos los lados.
Por un matasuegras y dos kilos de confeti de colores, díganme un disfraz con el que les gustaría salir a los carnavales este año. Por ejemplo, de Lady Godiva, un, dos, tres, responda otra vez…
Si aún no has encontrado el disfraz adecuado, no tires la toalla:
Disfraces on line
¡Que el Carnaval comienza el 4 de febrero!
Recuerdo un año que tres amigos nuestros se disfrazaron de muertes. Habíamos quedado en encontrarnos en una estación de metro. Esperaron hasta que toda la gente se marchó del andén para salir, hombro con hombro, de su escondite. Yo, aquel día, iba de echadora de cartas y casi pierdo la baraja cuando salí corriendo piernas para que os quiero. Ganaron el segundo premio al disfraz de conjunto, pero es que no sólo se lo habían currado, sino que el disfraz daba lo que se dice “mal rollo” (en las máscaras, en las concavidades de los ojos, llevaban unas lucecitas rojas y los tres iban pertrechados de guadañas made in home).
También he disfrutado disfrazando a otros. Un año, el que fui de romana, me tocó disfrazar a un amigo con poca imaginación. Tuve que improvisar, así que con un sombrero negro, una gabardina y un guante de lana, le convertí en el “Inspector Gadchet”. A pesar de que la mano (o sea, el guante relleno de papel de periódico) era un tanto casera, la gente lo reconocía por la calle y no veáis lo ufano que iba él.
También mi hermano pequeño pasó por mis manos. Un año le disfracé de televisor y el pobre tuvo que cargar con la dichosa caja de cartón pintada y las antenitas sujetas a una diadema durante horas. El siguiente año me entretuve con dos enormes cartulinas, pintándole una carta de la baraja por delante y por detrás. Esta vez fue más cómodo pero aún así la carta llegó hecha una pena a casa. La tercera vez decidió prescindir de mis servicios como asesora de imagen y no recuerdo que haya vuelto a disfrazarse. Espero que mis buenas intenciones no le crearan ningún trauma.
También le tocó a mi hijo. Además de vestir de catalán clásico (con barretina), ha ido de ninja un par de veces, de tiburón y la última fue él quien decidió de qué se disfrazaría: de Spiderman. El disfraz ya le queda chico y ha comenzado a descoserse por las costuras pero, aún así y de vez en cuando, se lo pone por casa, para revivir las aventuras de su héroe. Este año habrá que comprarle uno nuevo, porque ya le empieza a apretar por todos los lados.
Por un matasuegras y dos kilos de confeti de colores, díganme un disfraz con el que les gustaría salir a los carnavales este año. Por ejemplo, de Lady Godiva, un, dos, tres, responda otra vez…
Si aún no has encontrado el disfraz adecuado, no tires la toalla:
Disfraces on line
¡Que el Carnaval comienza el 4 de febrero!
HABLEMOS DE SEXO
Decían en el telediario de las tres que las relaciones sexuales entre los jóvenes de hoy en día siguen un patrón parecido a hace veinte años, salvo porque ahora se toman más contraceptivos que antaño. Y que la media de edad para la primera relación son los dieciocho años.
Yo siempre me he preguntado si este tipo de encuestas son fidedignas, porque en cuestiones sexuales la mayoría nos inhibimos bastante. Digamos que el sexo, pese a quien pese, sigue siendo un tabú en nuestra sociedad, por mucho que intentemos verlo como algo natural –que lo es-, y cuesta “desmelenarse” frente a un encuestador y contestar de forma totalmente sincera (si es en papel, me callo). Total que te preguntan algo comprometido (aquí os tenéis que imaginar la pregunta que más corte os dé) y, con cara de inocente, una/o seguro que responde: “Yo, uy, no, que va”. A lo mejor es verdad, pero todos tenemos nuestras fantasías sexuales y casi seguro que, alguna vez, se nos ha pasado por la cabeza (se acepta "aunque fugazmente"). Una cosa es imaginarlo y otra practicarlo, media un abismo, así que tampoco debería darnos tanta vergüenza.
El sexo, además de seguir siendo tabú (e incluso pecado, sobre todo fuera del matrimonio y sin camisón :-)), no sería lo mismo si lo tomáramos como algo natural, como el… comer, por ejemplo. Perdería ese aire de misterio, ese no-sé-qué que algunas veces tiene de furtivo… vamos que perdería el morbo. Claro, que la costumbre, la falta de imaginación y la periodicidad estática también se cargan la magia.
Por un tanga de leopardo y una caja de profilácticos de colores, díganme lugares insólitos donde practicar sexo requiera ciertas dotes especiales o mucha imaginación, por ejemplo en el asiento trasero de un Smart (¡jajajaja! Eso es inviable). Un, dos, tres, responda otra vez.
Yo siempre me he preguntado si este tipo de encuestas son fidedignas, porque en cuestiones sexuales la mayoría nos inhibimos bastante. Digamos que el sexo, pese a quien pese, sigue siendo un tabú en nuestra sociedad, por mucho que intentemos verlo como algo natural –que lo es-, y cuesta “desmelenarse” frente a un encuestador y contestar de forma totalmente sincera (si es en papel, me callo). Total que te preguntan algo comprometido (aquí os tenéis que imaginar la pregunta que más corte os dé) y, con cara de inocente, una/o seguro que responde: “Yo, uy, no, que va”. A lo mejor es verdad, pero todos tenemos nuestras fantasías sexuales y casi seguro que, alguna vez, se nos ha pasado por la cabeza (se acepta "aunque fugazmente"). Una cosa es imaginarlo y otra practicarlo, media un abismo, así que tampoco debería darnos tanta vergüenza.
El sexo, además de seguir siendo tabú (e incluso pecado, sobre todo fuera del matrimonio y sin camisón :-)), no sería lo mismo si lo tomáramos como algo natural, como el… comer, por ejemplo. Perdería ese aire de misterio, ese no-sé-qué que algunas veces tiene de furtivo… vamos que perdería el morbo. Claro, que la costumbre, la falta de imaginación y la periodicidad estática también se cargan la magia.
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Por un tanga de leopardo y una caja de profilácticos de colores, díganme lugares insólitos donde practicar sexo requiera ciertas dotes especiales o mucha imaginación, por ejemplo en el asiento trasero de un Smart (¡jajajaja! Eso es inviable). Un, dos, tres, responda otra vez.
LOS VECINOS DEL 4º A
Comentaba Perlanegra el tema de las relaciones con los vecinos en su post del lunes. Y su pregunta final era “¿Son ellos los raros o lo soy yo?”. Y me temo que la pregunta no tiene respuesta, porque esta es según el cristal con el que se mire. Ella es rara para ellos porque no participa activamente en las actividades propias de la comunidad, eso es quererse enterar de lo que hacen los demás vecinos del inmueble. Ellos son raros para ella porque están a la que saltan a ver si pueden penetrar en su propia intimidad, aunque sólo sea para ver de qué color tiene tapizado el sillón.
Yo soy de las raras del segundo grupo. No me gusta que penetren en mi intimidad. De puertas para adentro, cada cual a sus cosas. Recuerdo las visitas a una tía que me ponían de los nervios. Mientras estabas comiendo con la familia, llamaba a la puerta algún vecino. “Que luego vengo a tomar el café con vosotros” y cuando menos te lo esperabas tenías a una caterva de cotillas, bien apoltronadas en la salita y tomando café de gorra, que venían a enterarse de las últimas novedades en chismorreo. Y, de paso, trataban de tirarte de la lengua, a ver si podías aportar algo jugoso. Y yo soy de las que, con la excusa del cigarrito (que ya sé que está mal fumar), salen al balcón a pasar frío con tal de que a una la olviden y con la esperanza –vana- de que las visitas hayan desaparecido antes de que a una se le congele el ombligo. Lo malo es que el ombligo se te congela pero las visitas siguen al pie del cañón… despellejando, con muy buena voluntad y con gran generosidad, a quien se les ponga a tiro.
Es muy bonito eso que dicen de las relaciones de vecinos pero también lo es que respeten tu vida y tu intimidad. Si ambas cosas se pudieran combinar, sería el cóctel perfecto. Pero me temo que está difícil. En cuanto ofreces un dedo, te cogen hasta el hombro.
Yo soy de las raras del segundo grupo. No me gusta que penetren en mi intimidad. De puertas para adentro, cada cual a sus cosas. Recuerdo las visitas a una tía que me ponían de los nervios. Mientras estabas comiendo con la familia, llamaba a la puerta algún vecino. “Que luego vengo a tomar el café con vosotros” y cuando menos te lo esperabas tenías a una caterva de cotillas, bien apoltronadas en la salita y tomando café de gorra, que venían a enterarse de las últimas novedades en chismorreo. Y, de paso, trataban de tirarte de la lengua, a ver si podías aportar algo jugoso. Y yo soy de las que, con la excusa del cigarrito (que ya sé que está mal fumar), salen al balcón a pasar frío con tal de que a una la olviden y con la esperanza –vana- de que las visitas hayan desaparecido antes de que a una se le congele el ombligo. Lo malo es que el ombligo se te congela pero las visitas siguen al pie del cañón… despellejando, con muy buena voluntad y con gran generosidad, a quien se les ponga a tiro.
Es muy bonito eso que dicen de las relaciones de vecinos pero también lo es que respeten tu vida y tu intimidad. Si ambas cosas se pudieran combinar, sería el cóctel perfecto. Pero me temo que está difícil. En cuanto ofreces un dedo, te cogen hasta el hombro.
LOS PORQUÉS DE LA INOCENCIA
Cuando una es madre de un niño que comienza a descubrir muchas cosas a su alrededor, el “porqué” se convierte en una palabra reiterativa. Algunos porqués son relativamente sencillos de explicar con un ejemplo, pero otros… otros son simplemente imposibles, porque para comprender la respuesta a esos porqués hay que saber ya otras anteriores y resulta muy complicado explicarle todo eso a un niño de siete años sin que la mitad de la explicación genere un montón más de porqués.
Me pasa a menudo. Cuando vamos de la mano camino del colegio y no nos encontramos con otros compañeros de clase –entonces salen corriendo y las mamás aprovechamos para “petar” la charradita-, mi hijo aprovecha para preguntar cosas. El otro día me preguntó que porqué había gente que duerme en la calle. Le conté que era porque no tenían una casa donde vivir. Y entonces me hizo la pregunta clave: “¿Y porqué Papa Noel no les regala una casa?” Yo, que creía que ya no se fiaba de Papa Noel, quedé totalmente desarmada. ¿Cómo explicárselo? Él entendía que igual que Papa Noel trae colonia para su abuela, también podía traerle una casa a quien le hiciera falta. Le convencí de que Papa Noel no podía hacer esas cosas, pero entonces contraatacó “¿Y los Reyes? Ellos sí que deben poder”.
Gracias a todos por los comentarios de mi micro-relato sobre el té pero, como ya creo que indicaba la última frase de ayer, “lo importante no es ganar si no participar”, no me comí un colín :-)
Me pasa a menudo. Cuando vamos de la mano camino del colegio y no nos encontramos con otros compañeros de clase –entonces salen corriendo y las mamás aprovechamos para “petar” la charradita-, mi hijo aprovecha para preguntar cosas. El otro día me preguntó que porqué había gente que duerme en la calle. Le conté que era porque no tenían una casa donde vivir. Y entonces me hizo la pregunta clave: “¿Y porqué Papa Noel no les regala una casa?” Yo, que creía que ya no se fiaba de Papa Noel, quedé totalmente desarmada. ¿Cómo explicárselo? Él entendía que igual que Papa Noel trae colonia para su abuela, también podía traerle una casa a quien le hiciera falta. Le convencí de que Papa Noel no podía hacer esas cosas, pero entonces contraatacó “¿Y los Reyes? Ellos sí que deben poder”.
Gracias a todos por los comentarios de mi micro-relato sobre el té pero, como ya creo que indicaba la última frase de ayer, “lo importante no es ganar si no participar”, no me comí un colín :-)
TÉ O TE
"Cada tarde, cuando el sol comenzaba a declinar y las nubes dibujaban formas caprichosas en el cielo, se sentaba junto a la ventana a tomar un té, caliente, azucarado y con unas gotitas de limón. Lo hacía desde que, cuatro años atrás, Gerardo se despidiera de ella con la palabra “te” en los labios. Jamás supo si quiso decir “te quiero”, “te espero” o “tengo miedo”, pero desde entonces, era un ritual beberse aquella taza humeante y buscaba las palabras que deberían haber acompañado a aquel “te” que sólo pudo ser monosílabo en labios de un moribundo. "
Presenté este micro-cuento al concurso de los té Twiggins por recomendación de Flaneuse. Por supuesto, lo importante no es ganar sino participar :-)
Presenté este micro-cuento al concurso de los té Twiggins por recomendación de Flaneuse. Por supuesto, lo importante no es ganar sino participar :-)
LA LUNA ES UNA CRUEL AMANTE
Hoy toca comentario de libro que hace siglos que no comento aquí ninguna lectura y es una de las cosas que “prometo” en el encabezamiento del blog. Bueno, la verdad es que cuando me leí “El enigma Vivaldi” (último libro que leí en el 2004) y dado que este libro ya ha generado bastante publicidad –también negativa- no me apeteció comentarlo. Tampoco había mucho que decir al respecto.
Las Navidades me pillaron poco lectora. Así que el 2005 lo estrené con una novela de Robert A. Heinlein que me apetecía muchísimo leer y que, como la mayoría de novelas de este autor que he leído, tiene la virtud de ser entretenidísima. Pues sí, es de ciencia ficción (mi género favorito) pero contiene un poco de todo. Tiene sus trocitos científico-fantásticos pero básicamente nos habla de un modelo de sociedad del futuro, en el que una parte de la humanidad (convictos, ex convictos y descendientes libres de los primeros penados) vive en La Roca, o sea la Luna, con todo lo que eso representa. En la Luna la gravedad es algo así como seis veces inferior que en la Tierra. Y la gente que vive allí se adapta a dicha circunstancia por lo que su regreso a la Tierra, después de un tiempo, representa un peligro para su salud, cuando no un suicidio o un asesinato (según si es voluntario o a punta de pistola). Y los lunáticos, como se llaman sus habitantes a sí mismos, tienen sus propias ideas, sus propias leyes no escritas y, con la ayuda de un personaje muy particular, su propia gran revolución. De esta revolución y de sus principales protagonistas habla esta historia. De Manuel, técnico en ordenadores (como dice él, "un especialista general") que pertenece a un matrimonio lineal y quien narra la historia; del profesor Bernardo de la Paz, un personaje que Heinlein parece siempre incluir en sus novelas (no con el mismo nombre), que representa al hombre mayor y lúcido y que me recuerda bastante a Jubal en “Forastero en tierra extraña”; de Wyoming Nott, una mujer hermosa y llena de energía, cabecilla del primer movimiento revolucionario; y de Mike, un personaje de peso en la historia sin el que muchas cosas no hubieran sido posibles.
De Heinlein se han dicho muchas cosas, algunas no precisamente bonitas, pero es sin duda uno de mis autores favoritos. Se las arregla muy bien para tomar diversos elementos altamente inflamables y conseguir combinarlos a la perfección, sacando lo mejor y lo peor que habita en los seres humanos. Y, además, narrado de forma muy amena.
Un pequeño párrafo extraído del libro:
“Este planeta no está superpoblado, sino mal gobernado. Lo peor que puede hacerse por un hombre hambriento es regalarle comida. “Regalársela”. Lee a Malthus. Los franceses solían decir que “ríe mejor quien ríe el último”; y Malthus siempre es el último en reír. Un hombre deprimente, me alegro de que esté muerto. Pero no le leas hasta que todo esto haya terminado; el exceso de hechos es una rémora para un diplomático, especialmente para un diplomático honrado”.
Thomas E. Malthus (1766-1834) fue un economista inglés que escribió “Essay on the Principle of Population as it affects the Future Improvement of Society” (Ensayo del principio de población que afecta la futura mejora de la sociedad), publicado en 1789. Para saber más sobre Malthus y el pensamiento malthusiano, pincha aquí
Las Navidades me pillaron poco lectora. Así que el 2005 lo estrené con una novela de Robert A. Heinlein que me apetecía muchísimo leer y que, como la mayoría de novelas de este autor que he leído, tiene la virtud de ser entretenidísima. Pues sí, es de ciencia ficción (mi género favorito) pero contiene un poco de todo. Tiene sus trocitos científico-fantásticos pero básicamente nos habla de un modelo de sociedad del futuro, en el que una parte de la humanidad (convictos, ex convictos y descendientes libres de los primeros penados) vive en La Roca, o sea la Luna, con todo lo que eso representa. En la Luna la gravedad es algo así como seis veces inferior que en la Tierra. Y la gente que vive allí se adapta a dicha circunstancia por lo que su regreso a la Tierra, después de un tiempo, representa un peligro para su salud, cuando no un suicidio o un asesinato (según si es voluntario o a punta de pistola). Y los lunáticos, como se llaman sus habitantes a sí mismos, tienen sus propias ideas, sus propias leyes no escritas y, con la ayuda de un personaje muy particular, su propia gran revolución. De esta revolución y de sus principales protagonistas habla esta historia. De Manuel, técnico en ordenadores (como dice él, "un especialista general") que pertenece a un matrimonio lineal y quien narra la historia; del profesor Bernardo de la Paz, un personaje que Heinlein parece siempre incluir en sus novelas (no con el mismo nombre), que representa al hombre mayor y lúcido y que me recuerda bastante a Jubal en “Forastero en tierra extraña”; de Wyoming Nott, una mujer hermosa y llena de energía, cabecilla del primer movimiento revolucionario; y de Mike, un personaje de peso en la historia sin el que muchas cosas no hubieran sido posibles. De Heinlein se han dicho muchas cosas, algunas no precisamente bonitas, pero es sin duda uno de mis autores favoritos. Se las arregla muy bien para tomar diversos elementos altamente inflamables y conseguir combinarlos a la perfección, sacando lo mejor y lo peor que habita en los seres humanos. Y, además, narrado de forma muy amena.
Un pequeño párrafo extraído del libro:
“Este planeta no está superpoblado, sino mal gobernado. Lo peor que puede hacerse por un hombre hambriento es regalarle comida. “Regalársela”. Lee a Malthus. Los franceses solían decir que “ríe mejor quien ríe el último”; y Malthus siempre es el último en reír. Un hombre deprimente, me alegro de que esté muerto. Pero no le leas hasta que todo esto haya terminado; el exceso de hechos es una rémora para un diplomático, especialmente para un diplomático honrado”.
Thomas E. Malthus (1766-1834) fue un economista inglés que escribió “Essay on the Principle of Population as it affects the Future Improvement of Society” (Ensayo del principio de población que afecta la futura mejora de la sociedad), publicado en 1789. Para saber más sobre Malthus y el pensamiento malthusiano, pincha aquí
VA COMO VA
Lo de encontrar temas sobre los que escribir y dar rienda suelta a los dedos sobre las teclas, va como va. Hay días en los que se me ocurren tres o cuatro temas, otros en los que no tengo ni repajolera idea sobre qué escribir (como hoy). El caso es que si no me apunto los temas esos que “surgen” de más, luego no me acuerdo que se me ocurrieron (¿Será la edad?). Y cuando me los apunto, luego no me apetece escribir nada sobre ellos.
Pues nada, he cogido la libreta donde, cuando me acuerdo, apunto esos temas extraordinarios (o cosas que pasan por mi cabeza) y he encontrado algunos sobre los que hoy no me apetece escribir. Y una nota que me ha hecho sonreír: “Tenía una idea estupenda para el blog de mañana y ¡se me ha olvidado!”. He encontrado un artículo en el que hablo sobre la prisa (a saber qué me había picado ese día, seguramente no una mosca pse-pse) y una nota, pequeñita, en la que recuerdo a Cristobalito Gazmoño (lo cual da una idea de mi edad, aunque sólo aproximada), cantando aquello de “mi padre tiene un barco…” con su traje de marinerito y su aro.
También hay un párrafo que dice “Estamos viendo “Muerte entre las flores” aunque mientras escribo me entero de la misa la mitad. Es curioso, pero Gabriel Byrne es un tipo más bien tirando a feúcho pero tiene un no-sé-qué” (Fans de Byrne, no os enfadéis, que lo encuentro realmente atractivo, a eso me refería con el “no-sé-qué”).
Realmente ese libro no es un diario, aunque a veces cuento cosas que me pasan. Es una libreta de ideas, un lugar donde recordar o dejar constancia de algo que quiero recordar más tarde.
Espero que mañana haya más suerte y se me ocurra alguna idea más interesante (dentro de mis limitaciones).
Ayer, vía email, me llegó un chiste de esos, tipo mini-relato. Os lo dejo aquí colgado para compartirlo con vosotros/as:
Una pareja se fue de vacaciones a una laguna donde se podía pescar. Al esposo le gustaba pescar al amanecer y a su mujer le encantaba leer. Una mañana, el esposo volvió después de varias horas de pesca y decidió tumbarse y dormir una pequeña siesta. La esposa, aunque no conocía bien el lago, decidió salir a pasear en el bote. Remó una pequeña distancia, ancló el bote y retomó la lectura de su libro.
Al poco rato apareció el guarda en su bote. Llamó la atención de la mujer y le dijo:
- Buenos días, señora... ¿Qué está haciendo?.
- Leyendo- respondió ella, (pensando "¿es que no lo ve?".)
- Se encuentra en un área de pesca restringida.
- ¡Pero si no estoy pescando...! ¿No lo ve?.
- Si, pero tiene todo el equipo. Tendré que llevarla conmigo y ponerle una multa.
- Si usted hace eso lo denunciaré por violación! - dijo la mujer indignada.
- Pero si ni siquiera la he tocado...!
- No, pero tiene todo el equipo!.
Moraleja: Nunca discutas con mujeres que saben leer.
Pues nada, he cogido la libreta donde, cuando me acuerdo, apunto esos temas extraordinarios (o cosas que pasan por mi cabeza) y he encontrado algunos sobre los que hoy no me apetece escribir. Y una nota que me ha hecho sonreír: “Tenía una idea estupenda para el blog de mañana y ¡se me ha olvidado!”. He encontrado un artículo en el que hablo sobre la prisa (a saber qué me había picado ese día, seguramente no una mosca pse-pse) y una nota, pequeñita, en la que recuerdo a Cristobalito Gazmoño (lo cual da una idea de mi edad, aunque sólo aproximada), cantando aquello de “mi padre tiene un barco…” con su traje de marinerito y su aro.
También hay un párrafo que dice “Estamos viendo “Muerte entre las flores” aunque mientras escribo me entero de la misa la mitad. Es curioso, pero Gabriel Byrne es un tipo más bien tirando a feúcho pero tiene un no-sé-qué” (Fans de Byrne, no os enfadéis, que lo encuentro realmente atractivo, a eso me refería con el “no-sé-qué”).
Realmente ese libro no es un diario, aunque a veces cuento cosas que me pasan. Es una libreta de ideas, un lugar donde recordar o dejar constancia de algo que quiero recordar más tarde.
Espero que mañana haya más suerte y se me ocurra alguna idea más interesante (dentro de mis limitaciones).
Ayer, vía email, me llegó un chiste de esos, tipo mini-relato. Os lo dejo aquí colgado para compartirlo con vosotros/as:
Una pareja se fue de vacaciones a una laguna donde se podía pescar. Al esposo le gustaba pescar al amanecer y a su mujer le encantaba leer. Una mañana, el esposo volvió después de varias horas de pesca y decidió tumbarse y dormir una pequeña siesta. La esposa, aunque no conocía bien el lago, decidió salir a pasear en el bote. Remó una pequeña distancia, ancló el bote y retomó la lectura de su libro.
Al poco rato apareció el guarda en su bote. Llamó la atención de la mujer y le dijo:
- Buenos días, señora... ¿Qué está haciendo?.
- Leyendo- respondió ella, (pensando "¿es que no lo ve?".)
- Se encuentra en un área de pesca restringida.
- ¡Pero si no estoy pescando...! ¿No lo ve?.
- Si, pero tiene todo el equipo. Tendré que llevarla conmigo y ponerle una multa.
- Si usted hace eso lo denunciaré por violación! - dijo la mujer indignada.
- Pero si ni siquiera la he tocado...!
- No, pero tiene todo el equipo!.
Moraleja: Nunca discutas con mujeres que saben leer.
QUIEN NOS ENTIENDA…
Ayer, hablando con una amiga que es hindú, me sorprendió que entre los hindús y los pakistaníes hay una cierta reticencia, por decirlo de alguna manera, a mezclarse entre ellos. Mi amiga me decía que ella NO podía entrar en una tienda pakistaní (de las que nuestro barrio está lleno) y yo le pregunté si no podía o no quería. El caso es que, dentro de la comunidad hindú, está mal visto que un hindú entre en una tienda pakistaní (y me imagino que lo mismo será al revés). Mirándolo desde mi perspectiva, todo esto me parece complicarse la vida. Digo yo, que si tenemos que convivir en un mismo barrio, y en una misma ciudad personas de diferentes países, culturas, etnias, religiones, etc. el primer paso debería ser, precisamente, hacer una sociedad plural en el que cada uno tenga su lugar y no se menosprecio a unos a favor de otros. Yo compro en una frutería pakistaní, tengo un colmado pakistaní delante de casa –donde compro aquello que me he olvidado-, la tienda del todo a cien de al lado de casa es pakistaní y, en fin, estoy rodeada por todas partes menos por una (porque ahí está el patio de las cocinas). No me molesta. No me importa demasiado. Lo que, en todo caso, me importa es que el barrio pierda diversidad en favor de una homogeneización del tipo de comercios, cosa que me preocupó cuando cerraban tiendas –de todo tipo- y sólo abrían locutorios. Pero aquella especie de “fiebre” pasó y ahora tenemos todo tipo de colmados, restaurantes de comida para llevar, fruterías, carnicerías, etc. Nunca he entrado en una carnicería pakistaní, pero no porque NO quiera. Me da un poco de corte, porque sé que ellos siguen una cierta tradición con respecto a la matanza y no quiero parecer una “intrusa”. No sé si puedo entrar. A lo mejor estoy equivocada… pero como no conozco bien sus costumbres, me limito a comprar la carne en el sitio de siempre.
Hablando con mi amiga estoy aprendiendo mucho de las costumbres y tradiciones de su tierra. Algunas me chocan mucho. Mi forma de pensar occidental se da de bruces con un sistema de castas inamovibles, con matrimonios pactados sin el mutuo consentimiento de los cónyuges (bueno, de la futura esposa), de hijas sumisas e hijos con todos los privilegios, de decisiones que puede tomar hasta el primo segundo del padre en lugar de la interesada, etc. Y por otro, me sorprende la espiritualidad, en otros temas, de esta gente. Solamente el saludo “Namaste” ya es un indicio de ello. Equivaliendo a "hola" y "adiós" en hindi (con su correspondiente gesto de juntar las palmas de la mano y una breve inclinación de la cabeza), cuyo significado exacto sería algo así como "honro el lugar en ti, donde habita tu ser, si tu lo habitas en ti y yo en mi, entonces ambos somos uno". Muy espiritual.
A veces me pregunto si, algún día, los seres humanos conseguiremos entendernos los unos a los otros, por encima de creencias y costumbres, ancestrales o no. La cosa está complicada porque, muchas veces, no nos entendemos ni a nosotros mismos.
Un inciso para felicitar a Grial por su cumple a la que, dado mi proverbial despiste, volví ayer a felicitar porque no me acordaba que lo hice en la página de Perlanegra. ¡Muy ricos los bombones, guapa!
Mi agradecimiento para mi AI de este año en Bookcrossing. Ayer, en el meet-up oficial me sorprendió con un regalo inesperado. Muchas gracias quien quiera que seas. Te llamaré “Lorenzo” porque eres un solete :-)
Hablando con mi amiga estoy aprendiendo mucho de las costumbres y tradiciones de su tierra. Algunas me chocan mucho. Mi forma de pensar occidental se da de bruces con un sistema de castas inamovibles, con matrimonios pactados sin el mutuo consentimiento de los cónyuges (bueno, de la futura esposa), de hijas sumisas e hijos con todos los privilegios, de decisiones que puede tomar hasta el primo segundo del padre en lugar de la interesada, etc. Y por otro, me sorprende la espiritualidad, en otros temas, de esta gente. Solamente el saludo “Namaste” ya es un indicio de ello. Equivaliendo a "hola" y "adiós" en hindi (con su correspondiente gesto de juntar las palmas de la mano y una breve inclinación de la cabeza), cuyo significado exacto sería algo así como "honro el lugar en ti, donde habita tu ser, si tu lo habitas en ti y yo en mi, entonces ambos somos uno". Muy espiritual.
A veces me pregunto si, algún día, los seres humanos conseguiremos entendernos los unos a los otros, por encima de creencias y costumbres, ancestrales o no. La cosa está complicada porque, muchas veces, no nos entendemos ni a nosotros mismos.
Un inciso para felicitar a Grial por su cumple a la que, dado mi proverbial despiste, volví ayer a felicitar porque no me acordaba que lo hice en la página de Perlanegra. ¡Muy ricos los bombones, guapa!
Mi agradecimiento para mi AI de este año en Bookcrossing. Ayer, en el meet-up oficial me sorprendió con un regalo inesperado. Muchas gracias quien quiera que seas. Te llamaré “Lorenzo” porque eres un solete :-)
HISTORIAS COMPARTIDAS
Al poco de conectarme a Internet, en el 97, participé en una historia compartida por primera vez. Había ya muchos participantes que habían escrito su trocito y tuve que leer muchísimo para centrarme en la historia. No sé si mi pequeña aportación fue importante para la trama o no, pero recuerdo aquella experiencia con cariño, probablemente porque fue la primera vez. Supongo que ya no debe estar colgando en la red. Han pasado varios años y ni siquiera recuerdo la dirección de la página.
Posteriormente he participado en otras iniciativas semejantes. En el 2003 yo misma inicié una de ellas, en la que participan veinte bookcrossers de distintos lugares de España y que, por el momento, ya casi va por la mitad. Dado que cada participante puede escribir un capítulo autoconcluyente, en realidad el libro será una colección de historias relacionadas entre ellas pero independientes. Cuando el libro esté completo, la idea es publicarlo y que quienes lo deseen puedan leerlo. La opción más fácil sería que estuviera disponible en formato PDF en la red, de forma que cualquiera pudiera bajárselo y leerlo sin esperar turnos. Pero aún falta un largo camino hasta el final.
Hoy he participado nuevamente en una de estas historias a varias manos y ha resultado divertido hacerlo. En Bookcrossing, A-buendia puso en marcha la iniciativa de escribir una historia on-line entre todos los que quisieran participar. Y la idea tuvo muy buena acogida por lo que he comprobado. ¡Mi aportación a dicha trama es la número 28! Resulta complicado conseguir una historia más o menos lineal –cosa que tampoco tiene porqué ser así- y especialmente un argumento consistente con tantas imaginaciones en acción y, aunque la historia tiene algunos pequeños fallos argumentales (por ese motivo) merece la pena ser leída. No solamente tiene la gracia de contar con un buen número de autores distintos sino que el argumento puede dar giros sorprendentes a medida de vaya creciendo y nutriéndose de la capacidad creativa de los mismos. Os animo a leerla y, porqué no, a participar en ella.
Podéis leer el hilo que dio vida a esta historia aquí. Y podéis seguir la historia aquí.
Posteriormente he participado en otras iniciativas semejantes. En el 2003 yo misma inicié una de ellas, en la que participan veinte bookcrossers de distintos lugares de España y que, por el momento, ya casi va por la mitad. Dado que cada participante puede escribir un capítulo autoconcluyente, en realidad el libro será una colección de historias relacionadas entre ellas pero independientes. Cuando el libro esté completo, la idea es publicarlo y que quienes lo deseen puedan leerlo. La opción más fácil sería que estuviera disponible en formato PDF en la red, de forma que cualquiera pudiera bajárselo y leerlo sin esperar turnos. Pero aún falta un largo camino hasta el final.
Hoy he participado nuevamente en una de estas historias a varias manos y ha resultado divertido hacerlo. En Bookcrossing, A-buendia puso en marcha la iniciativa de escribir una historia on-line entre todos los que quisieran participar. Y la idea tuvo muy buena acogida por lo que he comprobado. ¡Mi aportación a dicha trama es la número 28! Resulta complicado conseguir una historia más o menos lineal –cosa que tampoco tiene porqué ser así- y especialmente un argumento consistente con tantas imaginaciones en acción y, aunque la historia tiene algunos pequeños fallos argumentales (por ese motivo) merece la pena ser leída. No solamente tiene la gracia de contar con un buen número de autores distintos sino que el argumento puede dar giros sorprendentes a medida de vaya creciendo y nutriéndose de la capacidad creativa de los mismos. Os animo a leerla y, porqué no, a participar en ella.
Podéis leer el hilo que dio vida a esta historia aquí. Y podéis seguir la historia aquí.
A POR LAS REBAJAS
Pues sí, ya han llegado las rebajas. Y con ellas, también, la cuesta de enero, que entre los gastos extras y los fijos, vamos a tener que subirla tanto si nos gusta como si no. Cosas que tiene el directo.
Yo soy de las que divisa las primeras rebajas desde el burladero. No entiendo muy bien porqué la gente se pelea y hace cola para entrar en los grandes almacenes el primer día de rebajas. Es casi seguro que, con la emoción, compres cosas que no te hacen ni puñetera falta. Claro que si te esperas hasta las últimas rebajas ya no quedan tallas (por ejemplo), salvo esas diminutas que parece que siempre son las que más se resisten a abandonar los colgadores. O no tendrán el color que te gusta, que esa es otra. “No, sólo nos queda en rosa fucsia con apliques de color verde pistacho, en azul ya se ha terminado”. Yo esperaré pacientemente a las segundas rebajas, que las Navidades y los regalos han dejado exhaustos mis recursos y han terminado con mis ganas de ir de compras. Claro que eso se me pasa rápido (lo de la desgana de ir de compras).
Esta mañana, después de una estupenda conversación en la que hemos tratado de arreglar el mundo –como es lógico, no lo hemos conseguido- y dos cafés, me he pasado a echar un vistazo a un centro comercial cercano a mi casa. En realidad mi única pretensión era comprarme unas medias –que parece que me las coma, con lo indigesto que debe ser el nylon- y, para mi sorpresa, sólo he salido con una pequeña bolsita que contenía exactamente dos pares de medias (a eso se le llama "pasarle la mano por la cara a la tentación"). La verdad, las rebajas me han parecido poco rebajadas, aunque es cierto que acaban de comenzar y no les vamos a pedir que sean fantásticas desde el primer día. Me ha llamado la atención una falda de pana pero el precio no tanto. Costaba 24 euros y estoy convencida que hace unos días no costaba mucho más. Claro que si dentro de un par o tres de semanas me animo a volver a pasar por la misma tienda, la falda (si aún la tienen) costará quizá 20 euros en vez de 24, pero ya no tendrán mi talla (¡bua!). Pos vale. ¿Realmente necesito esa falda? Esa ha sido la gran pregunta que me ha hecho comprender que, efectivamente, no me hacía ni puñetera falta, y a mi tarjeta de crédito tampoco.
Si vais de rebajas, ya contaréis que chollos habéis encontrado por esas tiendas que regenta el diablo (por lo tentadoras).
Había prometido no dar la lata hasta el lunes pero tenía tiempo para divagar un rato y he pensado “¿Anda, y porque no escribo un post para el blog?” Pues eso.
Yo soy de las que divisa las primeras rebajas desde el burladero. No entiendo muy bien porqué la gente se pelea y hace cola para entrar en los grandes almacenes el primer día de rebajas. Es casi seguro que, con la emoción, compres cosas que no te hacen ni puñetera falta. Claro que si te esperas hasta las últimas rebajas ya no quedan tallas (por ejemplo), salvo esas diminutas que parece que siempre son las que más se resisten a abandonar los colgadores. O no tendrán el color que te gusta, que esa es otra. “No, sólo nos queda en rosa fucsia con apliques de color verde pistacho, en azul ya se ha terminado”. Yo esperaré pacientemente a las segundas rebajas, que las Navidades y los regalos han dejado exhaustos mis recursos y han terminado con mis ganas de ir de compras. Claro que eso se me pasa rápido (lo de la desgana de ir de compras).
Esta mañana, después de una estupenda conversación en la que hemos tratado de arreglar el mundo –como es lógico, no lo hemos conseguido- y dos cafés, me he pasado a echar un vistazo a un centro comercial cercano a mi casa. En realidad mi única pretensión era comprarme unas medias –que parece que me las coma, con lo indigesto que debe ser el nylon- y, para mi sorpresa, sólo he salido con una pequeña bolsita que contenía exactamente dos pares de medias (a eso se le llama "pasarle la mano por la cara a la tentación"). La verdad, las rebajas me han parecido poco rebajadas, aunque es cierto que acaban de comenzar y no les vamos a pedir que sean fantásticas desde el primer día. Me ha llamado la atención una falda de pana pero el precio no tanto. Costaba 24 euros y estoy convencida que hace unos días no costaba mucho más. Claro que si dentro de un par o tres de semanas me animo a volver a pasar por la misma tienda, la falda (si aún la tienen) costará quizá 20 euros en vez de 24, pero ya no tendrán mi talla (¡bua!). Pos vale. ¿Realmente necesito esa falda? Esa ha sido la gran pregunta que me ha hecho comprender que, efectivamente, no me hacía ni puñetera falta, y a mi tarjeta de crédito tampoco. Si vais de rebajas, ya contaréis que chollos habéis encontrado por esas tiendas que regenta el diablo (por lo tentadoras).
Había prometido no dar la lata hasta el lunes pero tenía tiempo para divagar un rato y he pensado “¿Anda, y porque no escribo un post para el blog?” Pues eso.
SE TERMINÓ EL MONOGRÁFICO SOBRE LA NAVIDAD
Ayer intenté escribir algo sobre el día de Reyes, pero al final lo dejé estar. Supongo que me he empachado de tanto hablar de las Navidades y de las fiestas. Hoy es el primer día de normalidad. Aunque sea viernes y yo me haya tomado el puente libre. Aunque mi normalidad no regrese hasta el lunes, cuando los niños vuelvan a la escuela y las mamás y papás retomemos nuestros quehaceres aunque, en realidad, no los hayamos abandonado salvo de forma puntual.
Hoy es el primer día “oficial” de la rutina diaria, del volver a las obligaciones y las responsabilidades de cada día… y de un largo desierto de días laborales sin fiestas por en medio. Hasta marzo, cuando celebremos la Semana Santa, no hay ningún día oficialmente festivo que no sea sábado o domingo (si mi calendario no me engaña). Por supuesto, llegarán los carnavales, el miércoles de Ceniza, el día de la tortilla y el entierro de la sardina. Pero ninguna de estas celebraciones es un día de fiesta.
Estoy contenta de volver a mi rutina cotidiana. Las fiestas están bien pero, como todo, si no son con mesura, pueden hastiar. Y las Navidades no son como las vacaciones de verano, que esas nunca cansan.
Ahora me tomaré un par de días de fiesta en el blog, para preparar los temas que colgaré a partir del lunes. A ver de qué se me ocurre hablar. Y es que tanto hablar de las fiestas navideñas… ¡Voy a tener que hacer un esfuerzo!
Hoy es el primer día “oficial” de la rutina diaria, del volver a las obligaciones y las responsabilidades de cada día… y de un largo desierto de días laborales sin fiestas por en medio. Hasta marzo, cuando celebremos la Semana Santa, no hay ningún día oficialmente festivo que no sea sábado o domingo (si mi calendario no me engaña). Por supuesto, llegarán los carnavales, el miércoles de Ceniza, el día de la tortilla y el entierro de la sardina. Pero ninguna de estas celebraciones es un día de fiesta.
Estoy contenta de volver a mi rutina cotidiana. Las fiestas están bien pero, como todo, si no son con mesura, pueden hastiar. Y las Navidades no son como las vacaciones de verano, que esas nunca cansan.
Ahora me tomaré un par de días de fiesta en el blog, para preparar los temas que colgaré a partir del lunes. A ver de qué se me ocurre hablar. Y es que tanto hablar de las fiestas navideñas… ¡Voy a tener que hacer un esfuerzo!
QUE VIENEN, QUE VIENEN… DESDE ORIENTE
¿Qué? ¿Ya le habéis llevado la carta a los Reyes? Estamos ya en la víspera de la noche mágica, en la que los niños –hasta los que no han sido tan buenos- se van a dormir pronto… O deberían. Porque los Reyes, a lomos de sus camellos y cargados de paquetes, están a puntito de hacer su ronda anual de entrega a domicilio. Habrá que ir comprando la paja para los camellos, que andarán hambrientos. Y no hay que olvidar un buen balde de agua, que seguro que tienen sed, pobres, que el camino desde Oriente es largo y se les desinflarán las jorobas. Para los Reyes no estará de más dejarles unas copitas de algo que les caliente el espíritu y los ánimos, que tienen mucho trabajo y sólo una noche para hacerlo (cuando toca, no paran de hacer horas extraordinarias).
Melchor, Gaspar y Baltasar están a puntito de llegar, aunque ahora son más modernos y en vez de entrar en la ciudad cubiertos de arena del desierto, vienen en los más modernos medios de transporte.
Mi hijo, que tiene siete años, empieza a sospechar de Papa Noel, porque no le parece lógico que haya papanoeles en la entrada de cada centro comercial. El otro día me decía: “Uy, me parece que son señores disfrazados”. Y yo, como buena madre, me sonrío y le digo que seguro que son ayudantes. Que Papa Noel tiene mucho trabajo que hacer y regalos que preparar. De los Reyes aún no desconfía. O eso parece. La verdad es que, entre lo torpe que soy yo y que en el cole deberían habérselo cantado, me extraña mucho que aún mantenga la creencia inocente de que los Reyes vienen de Oriente. Es que yo a los seis años ya me había enterado. Mi madre andaba mosqueada conmigo, porque con lo espabilada que yo era le parecía raro que aún estuviera en la higuera. Al final, se animó a tantearme y yo me hice la tonta… vale, al final claudiqué y le conté la verdad: que si, que los Reyes son Melchor, Gaspar y Baltasar, mujer, que no te quiero quitar la ilusión. Si es que con el ruido que hacen y lo curiosa que es una…
¡Qué bonito era llevarle la carta! ¡Y que frío pasábamos haciendo cola en la entrada de los Almacenes el Águila! Tapados con bufanda, gorro y la gabardina de piel de borreguito, esperábamos impacientes nuestro turno para sentarnos en el regazo de nuestro Rey favorito. Yo siempre fui muy devota a Baltasar, no sé si por lo exótico o porque al no llevar barbas me parecía más afable. Es que Melchor, algunas veces, tenía un aspecto de Saruman que tiraba de espaldas, y Gaspar, pues no sé, nunca atrajo mi atención. Después de varias horas de cola, entregabas tu carta y posabas para la foto de recuerdo, en blanco y negro porque, por aquel entonces, aún salíamos retratados en tonos de grises .
Y ¡hala! A esperar la gran noche. ¿Habremos sido lo suficientemente buenos para que no nos traigan carbón?
Para muestra un botón. La foto es de 1970.
Melchor, Gaspar y Baltasar están a puntito de llegar, aunque ahora son más modernos y en vez de entrar en la ciudad cubiertos de arena del desierto, vienen en los más modernos medios de transporte.Mi hijo, que tiene siete años, empieza a sospechar de Papa Noel, porque no le parece lógico que haya papanoeles en la entrada de cada centro comercial. El otro día me decía: “Uy, me parece que son señores disfrazados”. Y yo, como buena madre, me sonrío y le digo que seguro que son ayudantes. Que Papa Noel tiene mucho trabajo que hacer y regalos que preparar. De los Reyes aún no desconfía. O eso parece. La verdad es que, entre lo torpe que soy yo y que en el cole deberían habérselo cantado, me extraña mucho que aún mantenga la creencia inocente de que los Reyes vienen de Oriente. Es que yo a los seis años ya me había enterado. Mi madre andaba mosqueada conmigo, porque con lo espabilada que yo era le parecía raro que aún estuviera en la higuera. Al final, se animó a tantearme y yo me hice la tonta… vale, al final claudiqué y le conté la verdad: que si, que los Reyes son Melchor, Gaspar y Baltasar, mujer, que no te quiero quitar la ilusión. Si es que con el ruido que hacen y lo curiosa que es una…
¡Qué bonito era llevarle la carta! ¡Y que frío pasábamos haciendo cola en la entrada de los Almacenes el Águila! Tapados con bufanda, gorro y la gabardina de piel de borreguito, esperábamos impacientes nuestro turno para sentarnos en el regazo de nuestro Rey favorito. Yo siempre fui muy devota a Baltasar, no sé si por lo exótico o porque al no llevar barbas me parecía más afable. Es que Melchor, algunas veces, tenía un aspecto de Saruman que tiraba de espaldas, y Gaspar, pues no sé, nunca atrajo mi atención. Después de varias horas de cola, entregabas tu carta y posabas para la foto de recuerdo, en blanco y negro porque, por aquel entonces, aún salíamos retratados en tonos de grises .
Y ¡hala! A esperar la gran noche. ¿Habremos sido lo suficientemente buenos para que no nos traigan carbón?
Para muestra un botón. La foto es de 1970.
LA PRIMERA LIBERACIÓN DEL AÑO
En BookCrossing, y gracias a una de las bookcrossers (RaquelC) apareció la posibilidad de leer las galeradas de un libro que aún no había salido al mercado, “El enigma Vivaldi”. La editorial ofreció 100 ejemplares de esta edición sin corregir los cuales tenían que ser liberados el día 1 de enero.
La lectura del libro y mis impresiones se pueden leer en el journal del libro.
El caso es que el día 1 por la tarde, Garson y yo nos fuimos con ese libro –y otros tres más- a pasear por el centro y liberarlos. El primer libro lo dejamos en el antepecho interior de una de las ventanas del Museu Marés. Caminando llegamos a la Plaça Sant Jaume y se me ocurrió que sería buena idea dejarlo en el pesebre (o belén) que cada año se instala en la plaza.
Este año el pesebre está representado por figuras modernas de la vida cotidiana y una de ellas es un señor sentado en un banco, con el perrito a los pies, que lee un libro. Me pareció un lugar muy adecuado para dejar el libro y, además, podíamos observar si alguien lo cogía. A Garson se le ocurrió que podía ser divertido dejar dos libros, uno a cada lado de la figura, y observar cual de los dos era cazado primero. Y así lo hicimos.
El primero libro elegido fue “The enemy” de Desmong Bagley, un librito muy delgado, en inglés. El segundo era “El enigma Vivaldi”. Fotografiamos la localización y paseamos por los alrededores, en busca de un punto de observación cómodo, desde el que pudiéramos observar cual era el destino de nuestros recién liberados libros.
Unos chicos no tardaron en sentarse en el banco, se tomaron una foto y se percataron de los libros. Los cogieron, hojearon, leyeron las etiquetas… por lo menos estuvieron con ellos durante cinco o diez minutos, hablando y comentando entre ellos –nosotros no les oíamos, pero era fácil comprender lo que ocurría- la jugada. Pero al final, los dejaron los dos sobre el banco y marcharon. Al poco lo vio una niña y fue en busca de la madre, que revisó y hojeó los dos libros durante otros tantos minutos. Ya teníamos la esperanza de que uno de ellos, por lo menos, pasara a un nuevo lector. Pero después de muchos titubeos los dejó nuevamente. Dos o tres personas más se detuvieron en el banco a mirarlos, y unas cuantas más los miraron desde un metro de distancia. Siempre me ha sorprendido la reticencia de la gente a coger un libro que encuentran en la calle, sobre todo cuando va etiquetado por dentro y fuera con el mensaje “Soy un libro libre, llévame a casa”.
Al final decidimos ir en busca de un lugar donde liberar el cuarto libro. Un cuarto de hora más tarde regresamos al lugar donde está instalado el pesebre. El libro en inglés seguía allí. “El enigma Vivaldi” había desaparecido.
Es muy posible que ambos libros nunca más aparezcan, que nadie haga una entrada en su diario. Es lo más normal. Un buen porcentaje de libros jamás vuelven a aparecer. Si has encontrado un libro como estos, piensa que su antiguo propietario y las personas que lo hayan podido leer después de él estarían encantados de saber que está en tus manos y conocer tu opinión si lo has leído. Ni siquiera tienes que inscribirte como usuario de BookCrossing, ya que hay una modalidad para hacerlo de forma anónima (el llamado “anonymous finder” o cazador anónimo).
Fue divertido observar las reacciones de la gente ante un libro gratis y a disposición de quien quiera cogerlo. Cualquiera pensaría que las cosas gratis son las que más atraen a la gente, pero no. Yo creo que, en el fondo, todos –o muchos- tememos coger aquello que no es nuestro… eso o que no nos fiamos de la cámara oculta :-)
La lectura del libro y mis impresiones se pueden leer en el journal del libro.
El caso es que el día 1 por la tarde, Garson y yo nos fuimos con ese libro –y otros tres más- a pasear por el centro y liberarlos. El primer libro lo dejamos en el antepecho interior de una de las ventanas del Museu Marés. Caminando llegamos a la Plaça Sant Jaume y se me ocurrió que sería buena idea dejarlo en el pesebre (o belén) que cada año se instala en la plaza. Este año el pesebre está representado por figuras modernas de la vida cotidiana y una de ellas es un señor sentado en un banco, con el perrito a los pies, que lee un libro. Me pareció un lugar muy adecuado para dejar el libro y, además, podíamos observar si alguien lo cogía. A Garson se le ocurrió que podía ser divertido dejar dos libros, uno a cada lado de la figura, y observar cual de los dos era cazado primero. Y así lo hicimos.
El primero libro elegido fue “The enemy” de Desmong Bagley, un librito muy delgado, en inglés. El segundo era “El enigma Vivaldi”. Fotografiamos la localización y paseamos por los alrededores, en busca de un punto de observación cómodo, desde el que pudiéramos observar cual era el destino de nuestros recién liberados libros.
Unos chicos no tardaron en sentarse en el banco, se tomaron una foto y se percataron de los libros. Los cogieron, hojearon, leyeron las etiquetas… por lo menos estuvieron con ellos durante cinco o diez minutos, hablando y comentando entre ellos –nosotros no les oíamos, pero era fácil comprender lo que ocurría- la jugada. Pero al final, los dejaron los dos sobre el banco y marcharon. Al poco lo vio una niña y fue en busca de la madre, que revisó y hojeó los dos libros durante otros tantos minutos. Ya teníamos la esperanza de que uno de ellos, por lo menos, pasara a un nuevo lector. Pero después de muchos titubeos los dejó nuevamente. Dos o tres personas más se detuvieron en el banco a mirarlos, y unas cuantas más los miraron desde un metro de distancia. Siempre me ha sorprendido la reticencia de la gente a coger un libro que encuentran en la calle, sobre todo cuando va etiquetado por dentro y fuera con el mensaje “Soy un libro libre, llévame a casa”.
Al final decidimos ir en busca de un lugar donde liberar el cuarto libro. Un cuarto de hora más tarde regresamos al lugar donde está instalado el pesebre. El libro en inglés seguía allí. “El enigma Vivaldi” había desaparecido.
Es muy posible que ambos libros nunca más aparezcan, que nadie haga una entrada en su diario. Es lo más normal. Un buen porcentaje de libros jamás vuelven a aparecer. Si has encontrado un libro como estos, piensa que su antiguo propietario y las personas que lo hayan podido leer después de él estarían encantados de saber que está en tus manos y conocer tu opinión si lo has leído. Ni siquiera tienes que inscribirte como usuario de BookCrossing, ya que hay una modalidad para hacerlo de forma anónima (el llamado “anonymous finder” o cazador anónimo).
Fue divertido observar las reacciones de la gente ante un libro gratis y a disposición de quien quiera cogerlo. Cualquiera pensaría que las cosas gratis son las que más atraen a la gente, pero no. Yo creo que, en el fondo, todos –o muchos- tememos coger aquello que no es nuestro… eso o que no nos fiamos de la cámara oculta :-)





