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Vestida por el mundo
Opiniones sobre aquello que leo, veo o escucho... y un cuento de vez en cuando
Acerca de
VESTIDA POR EL MUNDO ¡Bienvenidos a mi blog personal! Intentaré colgar algo cada día, artículos, comentarios de libros y, de vez en cuando, relatos. Gina Lollobrigida fue “desnuda por el mundo” (o “Desnuda frente al mundo”) en la versión fílmica de la novela de Tom T. Chamales, un libro que ha estado desde tiempos pretéritos en la librería de mis padres y que, a pesar de eso y de mi afición por la lectura, aún tengo pendiente de leer.
Sindicación

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MICRO-CUENTO DE PRIMAVERA (QUE LLEGUE YA)
Despertà amb els xisclets de les orenetes i va rebre el matí amb un badall endormiscat. Els raigs de sol entraven tímids per les escletxes de la persiana. Amb lleganyes als ulls i els cabells esparracats va cercar les sabatilles sota el llit. L’aigua de la dutxa era calenta i revifà el seu cos encara tebi de son. Va ser aleshores, amb el cabell humit i un cafè calent davant quan es va adonar que havia arribat la primavera.

TRADUCCIÓN:
Se despertó con los chillidos de las golondrinas y recibió la mañana con un bostezo adormecido. Los rayos de sol entraban tímidos por las rendijas de la persiana. Con legañas en los ojos y los cabellos estropajosos buscó las zapatillas debajo de la cama. El agua de la ducha estaba caliente y reavivó su cuerpo aún tibio de sueño. Fue entonces, con el cabello húmedo y un café caliente delante que se percató que acababa de llegar la primavera.
 
JASPER FFORDE (ME) ATACA DE NUEVO
Don’t expect the expected:
Expect the unexpected
If you expect the expected
I expect you will remain unexpected.

(De las enseñanzas de San Zvlkx)


Uno de los libros más divertidos que he leído en los últimos tiempos, sin duda, ha sido “The Eyre Affair” de Jasper Fforde, del que creo que ya hice algún comentario en el pasado. Un libro que aúna el humor, la ciencia-ficción, la novela policíaca y el formato de diario. Pasé largos ratos de entretenimiento puro con él y ahora, gracias al ofrecimiento de una bookcrosser, Atenea, he podido continuar las aventuras de Thursday Next en “Lost in a good book”. Si el primero era un viaje enloquecido a través del tiempo y en el interior del mundo de la literatura, este no se queda corto ni por asomo.
Thursday, nuestra heroína, se ha casado con el amor de su vida –aunque llevaba muchos años sin siquiera dirigirle la palabra- y parece que, a pesar de algunas pequeñas incomodidades con la fama, lo lleva bastante bien. Pero las cosas, como era previsible que fueran a pasar, se tuercen y las coincidencias comienzan a fastidiarle la vida. Neandertales que han sido “reinventados”, un puñado de mujeres con el mismo nombre y varias casualidades más la zarandean de una aventura a otra. Y mientras tanto la poderosa Corporación Goliath, a la que ella tanto odia (sus razones tiene) se las arregla perfectamente para erradicar a su flamante maridito, relegándolo a ser sólo un recuerdo en la mente de Thursday. Claro que, todo esto no es más que chantaje: Jack Schitt, que fue “encarcelado” por Next en “El Cuervo” de Poe, a cambio de Landen. Mientras tanto, un abogado de Jurisficción le susurra a Thursday palabritas al oído… y no son de amor.
A lo largo de la novela, asistiremos al juicio más increíblemente extraño de todos los tiempos en “El proceso” de Kafka, conoceremos a la desconsolada Sra. Havisham de “Grandes Esperanzas” (y su pasión por la velocidad), nos abriremos paso entre los admiradores de Daphne Farquitt para conseguir una edición especial de sus novelas. Y, entre una cosa y otra, hasta nos las tendremos que ver cara a cara con un Supremo Ser Maligno (un SEB, Supreme Evil Being) y un puñado de no-muertos, echándole una mano (por el bien de la paga) a “Spike” Stoker de los SO-17.
En fin, que emociones no faltan y la diversión está garantizada. Tan pronto como termine de leer este libro, no voy a pensarmelo ni un segundo para sumergirme en la tercera novela de la serie: “The Well of the lost plots”.

Una interesante entrevista al autor (en inglés)
La página web de Jasper Fforde (en inglés)
Una reseña (en castellano) de “The Eyre Affair”:
 
UNA NOVELA ON LINE
Hace varios años que tengo tres o cuatro novelas escritas a medias, que nunca termino. Como la idea de escribir un blog ha reactivado mis ganas de escribir, pensé en publicar los capítulos que ya tengo escritos y los que vaya escribiendo de una de ellas en un blog. De esta forma, me obligaré a continuarla, a ver si algún año de estos termino aunque sea esta.
La novela con la que voy a inaugurar mi blog hace cosa de un par de años que la comencé. Me ha aportado momentos muy divertidos y también muchas horas de revisión y corrección. Claro que, siempre me quedo estancada corrigiendo una y otra vez los capítulos escritos hasta la fecha, cosa que no ayuda mucho a que la historia continúe su camino.
La novela, que se podrá leer on-line, estará alojada en esta dirección: http://blogs.ya.com/unanovela y espero subir un capítulo cada dos o tres días, o como mucho uno a la semana.
A las “cotillas” :-) que se quedan con las ganas de profundizar más en una historia, quizá esta les guste. Es una mezcla de novela policíaca futurista, con toques de erotismo aquí y allá, y algo de humor.
Por supuesto, aceptaré sugerencias con respecto a futuros capítulos, si creéis que hay algún detalle que debería incluir en la historia.
La novela aún no tiene título definitivo, pero espero que, poco a poco, se vaya perfilando.
Y espero que os paséis de vez en cuando a leer el capítulo de turno.
 
EL ERMITAÑO (RELATO) 2/2
Me estaba esperando. Estaba sentado en el desvencijado porche de su casucha, en una aún más desvencijada mecedora carcomida por el tiempo y los insectos, fumando un cigarrillo sin filtro.
Nada más verme llegar, acalorada y fatigada de la larga caminata, me invitó a sentarme en una silla de enea que, junto a la mecedora y una mesa de caña que había visto mejores tiempos, conformaban un extraño y disparejo juego de terraza. Sobre la mesilla había una jarra de cristal que contenía un líquido de color caramelo, salpicado de cubitos de hielo. Era té, por supuesto.
Me senté, me quité las bambas y calcetines, liberando los pies al frescor de la sombra que ofrecía el tejadillo del porche. Me puse unas sandalias que llevaba de repuesto en la mochila y, sirviéndome un vaso de té, saqué el tabaco. Fumamos un buen rato en silencio, contemplando las volutas de humo, entremezclándose las suyas con las mías.
- Me ha sorprendido tu visita – fue lo primero que me dijo.
- Si te soy sincera, a mí también.
- ¿Qué te han contado en el pueblo?
- Un poco de todo. La gente no lo dice, pero lo piensan: que estás algo mal de aquí –dije, haciendo un gesto inconfundible con el dedo.
- No me extraña.
- ¿Cuándo piensas volver?
- Ya lo sabes… nunca.
Estuvimos hablando un largo rato sobre muchas cosas, cosas todas que no tenían nada que ver nosotros. Sobre su huerto, que me enseñó con el orgullo de un padre primerizo; de las gallinas, de sus dos burros. De la soledad y de las noches lluviosas de invierno.
Comimos casi en silencio en la penumbra del comedor. Tomamos el café en el porche, volviendo a nuestros juegos silenciosos con las volutas de humo. Me quedé con él hasta las seis de la tarde, adivinando que la vuelta sería más larga. Quería llegar al pueblo antes de que anocheciera completamente.
Contemplé aquel rostro quemado por el sol y las inclemencias, escondido bajo una barba hirsuta que peinaba muchas canas. Sus ojos, tan azules, aún conservaban el mismo brillo lleno de energía.
Antes de marcharme, le abracé con fuerza. Sentí sus brazos rodearme la cintura. Al apartarnos, me besó en la mejilla levemente, rozándome con la barba.
- Te quiero, papá – le dije antes de girarme de espaldas.
Aquella noche no había luna y el cielo estaba cuajado de estrellas. Me senté en el mirador.
 
EL ERMITAÑO (RELATO) 1/2
Vivia en una casita, en el fondo del cráter de un volcán extinguido hacía miles de años. Una vez a la semana, con su reata de burros, subía el caminito estrecho y serpenteante que le llevaba hasta el borde y, de allí, al pueblo. Compraba leche, queso, fruta y carne de ternera. Luego, cargado con sus paquetes, regresaba con paso cansino, a veces silbando una cancioncilla, a su casa solitaria. Me contaron que, una vez al mes, subía sin los burros, muy temprano, vestido con un traje oscuro. Tomaba el autobús a la capital y no regresaba hasta la noche.
Le llamaban el ermitaño. Nadie conocía su nombre, nadie sabía de dónde había venido. Contaban algunos que, a la muerte de Vicente, el anterior habitante de la casita, se había instalado allí, como si simplemente hubiera tomado el testigo del muerto, para perpetuar su solitaria existencia. Heredó los burros, el pequeño huerto junto a la casa y el gallinero destartalado.
Todo esto me lo contaron frente a una jarra de cerveza, una tarde de finales de julio.
El pueblo contaba con un mirador desde el que la vista del cráter era magnífica, abarcando toda aquella enorme extensión de matorral bajo en forma de cuenco. Subí al atardecer a fumarme un pitillo, dejando que la brisa fresca de aquella hora tardía me refrescara. Me fijé en la casita, sólo una mancha de color en mitad de todo aquel verde deslucido. Se veía tan pequeña, tan escuálida… Decidí que, al día siguiente, iría hasta allí. Habría dos o tres horas de caminata a buen paso. Con este pensamiento, regresé a la pensión donde me hospedaba.
La mañana se levantó plácidamente luminosa. El cielo azul, salpicado de algunas nubes deshilachadas. Me colgué la mochila al hombro y me puse de camino. Eran las nueve.
A las diez el sol picaba con ganas y comencé a sudar. Supongo que, de no haberme llevado un buen sombrero previsoramente, hubiera terminado con una buena insolación. Afortunadamente aquel trozo del recorrido era el más facíl y el camino, que antes serpenteaba bruscamente hacia abajo, ahora era suavemente cuesta abajo.

(Mañana la segunda y última parte)
 
DE LIBROS Y LECTURAS
Generalmente, soy de esas personas que leen un solo libro a un mismo tiempo, y que cuando lo terminan, comienzan otro. Pero últimamente, no sé cómo ha podido pasar, se me han acumulado cuatro lecturas simultáneas, y lo llevo fatal. Por un lado, estoy leyendo “Lost in a good book” de Jasper Fforde que, tal como había previsto, es una novela divertida, entretenida y chispeante (ya disfruté con el primero de la serie, “The Eyre Affair”, y este otro no está nada, pero que nada mal). El segundo de a bordo es “Los crímenes de Oxford”. Mientras que el libro de Fforde me lo llevo de paseo todos los días conmigo (al final se va a conocer la red metropolitana mejor que yo :-)), al de Guillermo Martínez le dedico la hora de lectura de la noche. Pero aquí no termina el asunto. Mientras tanto, entre lectura y lectura, voy tratando de avanzar leyendo “El Quijote”, como actividad de BookCrossing (el Reto de leer el Quijote durante el 2005). Afortunadamente, este último lo llevo suficientemente adelantado (voy por el capítulo IX y más o menos está dentro de lo correcto para que pueda terminarlo antes de que termine el 2005). El que se ha llevado la peor parte es “Alfanhui” de Rafael Sánchez Ferlosio que espero terminar un día de estos pero que, quizá porque no me he concentrado lo suficiente, me aburrió un poco pasada la mitad del libro. Lo que más me gustó de Alfanhui fue la parte cuando convive con el maestro.
Mientras tanto, llevo aproximadamente un mes sin terminar ninguno de los cuatro y, acostumbrada a leer un libro por semana, me siento un poco incómoda con esta situación.
Para colmo de males, la semana pasada me entregaron en mano otro libro –un anillo de lectura de BookCrossing- al que, pobre, aún no he podido ni tantear. Y eso que es un libro que no llega a las cien páginas. Eso sí, no os perdáis el título del librito, que tiene miga: “El vizconde Palillero de los Cojones Blandos” de Bejamin Péret. Para no hablar de cómo comienza: “¿Qué es lo que me hace cosquillas más agradables en la…?”. Mejor lo dejo con puntos suspensivos. Ya os lo comento otro día.
***

¿Leéis un libro por vez o acostumbráis a leer más de uno simultáneamente?
 
¿NO SE SUPONE QUE ES SECRETO?
Cual no sería mi sorpresa, cuando nada más salir del colegio electoral, ya me estaban esperando en la puerta para preguntarme qué había votado. Me cogió desprevenida y me pareció de mal gusto plantar a un encuestador en la misma puerta del colegio para preguntarle a la gente qué había votado.
La verdad es que no me cogió de buenas la pregunta y fui algo brusca con el chico. Al fin y al cabo, supongo que él no tenía la culpa, sino alguna empresa de sondeos que decidió hacer un sondeo de opinión para ver cómo iba la cosa.
- ¿Me puede decir que ha votado? – me preguntó el chico, carpeta en mano.
- No – le contesté escuetamente.
- ¿Quiere decir que ha votado NO o que no me lo va a decir?
- Quiero decir que no se lo voy a decir.
Yo siempre había creído que toda la parafernalia de las cabinas para votar y los sobres cerrados era porque el voto es secreto. En todo caso, no es secreto de estado lo que yo he votado y no tengo empacho en comentarlo con parientes y amigos si surge el tema, pero ¿por qué se lo tengo que decir a un desconocido que me para en la calle? ¿Y qué ha votado usted? Es que yo también estoy haciendo un sondeo.
Me quedé con la intriga de si, después de la pregunta inicial, me preguntaría porque había votado SI o NO. Pero eso ya habría sido demasiado.
 
SALTA, SALTA CONMIGO
Siguen algunas aventuras vacacionales, con aparición de la fauna autóctona.

Para llegar a Bragança, tomamos la C-622, pasando por Lobeznos y Calabor y luego adentrándonos en la Reserva de la Sierra de la Culebra y la Sierra de Gamoneda. Esta zona es una gran extensión y, personalmente me pareció árida hasta decir basta. Hacía un calor de mil demonios y allí los árboles brillaban por su ausencia, con lo cual la sombra debe ser algo desconocido por aquellos pagos. El coche no tenía aire acondicionado y nosotros viajábamos con las ventanillas abiertas de par en par para poder beneficiarnos de la bochornosa brisa con la velocidad del vehículo. El aire no era cálido, era el chorro que sueltan los secadores de pelo a velocidad máxima. Pero era aire.
Varios kilómetros después, tuvimos que parar y no precisamente para cambiarle el agua al canario. Poco después de llegar a la abandonada aduana de Portelo, en mitad de la calzada había un bicharraco que hacía honor al nombre de la sierra. Una señora culebra había decidido que estirarse, cuan larga era, en el asfalto suponía la mejor forma de pasar la mañana. Aunque no somos Greenpeace en acción, tampoco era cuestión de atropellarla. Así que paramos, ella se apartó a un lado y nosotros continuamos camino.
Claro que la alegría duró hasta que algo seco y compacto entró por la ventanilla de mi lado. Miré hacia mi hombro derecho, cruzado por el cinturón de seguridad y allí, me encontré con la mirada facetada de un saltamontes de generosas proporciones, al que sólo le faltaba un cartel que dijera “Voy a Bragança”, para confirmar su estatus de autostopista okupa. Los bichos y yo nunca hemos tenido una relación cordial. Pero descubrir aquel pedazo de ortóptero en plan mono Amedio fue más de lo que podía soportar sin pegar un alarido. Gracias a los esfuerzos del valiente conductor, el bicho volvió a la naturaleza tras algunos forcejeos (se escondió en el cajetín de la puerta y se puso en plan “del barco de Chanquete no nos moverán” pero no le valió de mucho, que nosotros ya nos hemos visto Verano Azul hasta en reposición).
Cuando comenzábamos a desesperar porque el paisaje no daba pie a una población de ciertas proporciones, apareció Bragança en el horizonte. Pero nuestras aventuras y desventuras en Bragança y otros municipios portugueses pertenecen a otra historia.



 
DIARIO DE A BORDO
Siempre que vamos de vacaciones, intento llevar una especie de diario de a bordo donde comento las excursiones, los lugares visitados, las anécdotas e incluso hago pequeños cutre-mapillas de los lugares a los que hemos ido. Este mediodía, hablando de Montserrat, me he acordado de una anécdota que nos ocurrió visitando el Monasterio de Bellmunt, que está cerca de Sant Pere de Torelló.

“Vamos a Torelló nuevamente con la idea de visitar el Monasterio de Bellmunt. La carreterilla parte de Sant Pere de Torelló, por detrás del cementerio, y se interna entre campos. Hay seis largos kilómetros de ascensión por la montaña. Aunque la carretera es asfaltada, es muy estrecha y está llena de socavones. Tras el largo recorrido (o que, por lo menos se hizo largo) llegamos a una zona de aparcamiento. Desde allí se tiene que subir a pie. Llegamos hasta el mirador desde el que hay un fantástico panorama, tanto de las poblaciones circundantes, como de montañas y picos. Exploramos los indicadores del mirador, que nos muestran hacia dónde tenemos que mirar para ver tal o cual lugar. En días claros, que no es el caso, se pueden ver el Turó de l’Home, Montserrat y algunos de los picos del Pirineo. Es que estamos a mucha altura.
Al pie del monasterio hay un sendero que conduce hasta Torelló, con un recorrido de dos horas y media aproximadamente. Mentalmente, anotamos la posibilidad de hacerlo algún día, por lo menos de bajada.
Subimos, al fin, al monasterio propiamente dicho. Todo está solitario, no hay ningún visitante ni en el mirador, ni en el jardincillo infantil… y nada más entrar en el vestíbulo de la iglesia quedamos ensordecidos por la música heavy que suena a todo trapo en algún lugar de ¿la sacristía? Me entra un mal rollo terrible y salimos al exterior. Al cerrarse la puerta, el sonido queda aislado en el interior del monasterio. Jamás hubiera imaginado que ese tipo de música pudiera escucharse en una iglesia. Suena incluso sacrílego para alguien que es tan poco habitual de estos lugares.”


Algún otro día os contaré más aventuras. Las que nos pasaron en Vinyais no tiene desperdicio. Pero ya lo dice el refrán: “Si la Sierra de la Culebra atravesáis llegaréis a Vinyais”.
 
EL MICRO-CUENTO MÁS “FREAK”
Jaume va anar-hi a l’agencia matrimonial “Cors Sargits” per que volia trobar a la dona de la seva vida i, de pas, fotre un clau. La primera cita va ser amb una rossa de ulls clars i somriure encisador. Llàstima de la seva veu de tenor. I això que diuen que 512 Kb de RAM no poden equivocar-se. Potser es veritat?

Jaime fue a la agencia matrimonial “Corazones Zurcidos” porque quería encontrar a la mujer de su vida y, de paso, echar un polvo. La primera cita fue con una rubia de ojos claros y sonrisa hechicera. Lástima de su voz de tenor. Y eso que dicen que 512 Kb de Ram no pueden equivocarse. ¿Quizá es verdad?

***

Este relato fue elegido, durante los I Jocs Florals Interestelars (Juegos florales) que un marcianito con malas pulgas (el bueno de Rendíos Terrícolas) organizó en los foros en catalán de BookCrossing, como el relato más “freak” de la hornada.
Hoy me ha llegado, por correo galáctico, el premio correspondiente: Un libro de Jorge Bucay, “Contes per pensar” (Cuentos para pensar).
Gracias Rendíos, que tengas buen viaje a Mercurio.
 
APUNTES SOBRE JESÚS
Hace un par o tres de noches, me quedé a ver un programa que nunca veo, el TNT del Jordi González. ¿Por qué? Bueno, lo cierto es que siempre me he sentido interesada por la figura de Jesucristo, como personaje histórico, y precisamente de eso trataba la primera parte del programa (la segunda no me molesté ni en verla comenzar…).
Jesús es un personaje que ha dado que hablar durante los últimos dos milenios. Y últimamente se ha puesto de moda desentrañar las incógnitas que hay en torno a su vida y muerte. ¿Murió verdaderamente en la cruz? Hay una hipótesis que pretende probar que el lanzazo en el costado fue, precisamente, lo que le salvó de la muerte por asfixia. Dicen que tampoco le partieron las piernas como era la costumbre de los romanos hacer con los crucificados. ¿Le descolgaron aún vivo aunque sin sentido o no?
También el tema familiar está dando que hablar: ¿Se casó con Maria Magdalena? ¿Tuvo hijos? ¿Tenía varios hermanos? Parece ser que se descubrió una tumba en Jerusalén, de alguien llamado Jacobo, cuya inscripción cita que “era hijo de José y hermano de Jesús”. No sé realmente si eso prueba algo. Quizás esos nombres eran muy comunes en aquella época (como lo siguen siendo) y se trata de otro José y otro Jesús. O no. También se habla de la tumba de Jesús en la India. Se habría marchado a vivir a Cachemira posteriormente a su supuesta muerte en la cruz, donde viviría con su familia hasta su muerte. Nicholas Notovich, en sus diarios, afirma que encontró unos documentos que prueban que Jesús se casó y tuvo descendencia. Incluso he leído que esos documentos los encontró en el monasterio budista Himis de Ladakh, que contenían registros de la visita del Mesías, según él, durante el periodo de edad entre los 12 y los 30 años. Esos 18 años de vida de Jesucristo son lo que se ha venido a llamar la Gran Incógnita. ¿Habría Jesús devuelto la visita a los Tres Reyes Magos de Oriente durante ese período?
El tercer tema de la controversia está en “El Santo Grial” que más que una copa, se trataría del linaje de Jesús. Es decir, su descendencia. La “Sangre Real”, simbolizado en el cáliz que sería el vientre de Maria Magdalena. En el programa, incluso se llegaron a aventurar nombres de personas que podrían ser los herederos de ese linaje, que se habría emparentado con el linaje de la dinastía de los Merovingios.
Hasta JJ Benitez, novelísticamente hablando, se las ingenió durante una larga saga de “Caballos de Troya” (¿6?) para ir en busca de la verdadera historia de Jesús, descubriendo incluso que Jesús tuvo un perro que se llamaba Zal y que, además, era un buen cocinero.
En fin, la historia es muy compleja. Y esos hechos pasaron hace tanto tiempo que las pruebas no parece que vayan a ser concluyentes, ni a favor ni en contra, por lo menos no a corto plazo. Mientras tanto, la incógnita seguirá abierta. ¿Por los siglos de los siglos?
 
EL DÍA DEL SEÑOR
Según cuenta el Génesis, Dios estuvo ocupado con la creación durante seis días y decidió echarse un descanso el séptimo. Lo dice la Biblia, clarito, clarito: “y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. Al hombre le debió tocar ser creado un sábado y, dado que le hemos salido un poco “rana”, seguramente se echó una siesta mientras estaba en marcha el proceso (debía ser sábado por la tarde), porque si no, siendo tan perfeccionista (con lo bien que le quedaron los cielos y la tierra, los mares, etc.) no se entiende que le salieran según qué especimenes.
Así pues, el domingo es un día que invita al descanso y, como a mi no es necesario que me lo digan dos veces, me lo tomo al pie de la letra. Me levanto tarde –o todo lo tarde que me dejen-, y dedico todo el día, siempre que sea posible, a gandulear. Es el único día de la semana en el que no me siento culpable de tumbarme a la bartola con la más pequeña excusa. Es el día en el que me puedo regodear haciendo lo que me apetece, no como los días laborales que siempre vas a golpe de pito. Y es el día de la semana que pasa más rápido. No sé vosotros, pero cuando el domingo comienza a llegar a su fin, por mucho que trate de estirarlo para que me dure, me entra una desazón indescriptible. Como si el domingo fuera el día en el que SI se tacha una semana menos del finito número de semanas que a cada uno nos han asignado.
Ayer fue domingo y hoy… lunes sin remedio. Ya lo cantaba Bob Geldof y los Boomtown Rats (escucha aquí la canción): No me gustan los lunes. Bueno, siempre y cuando no sean festivos o parte de un puente, porque entonces, tienen sabor de domingo.
¡Qué tengáis una buena semana!
 
INTRASCENDENCIA
Por regla general, los temas de los que hablo aquí son banales, intrascendentes. Nunca tuve intención de escribir un blog reivindicativo, ni tampoco que fuera políticamente correcto o incorrecto. Sólo son retazos, recuerdos, pensamientos, historias, reflexiones, libros y, de vez en cuando, alguna tontería sin pies ni cabeza.
Estaba buscando tema para el post de mañana, pero las neuronas deben estar de huelga de dendritas caídas. Traté de buscar inspiración pero las musas deben estar de vacaciones, como cantaba Serrat. Eché mano de los recuerdos y me puse nostálgica. Me leí el periódico y me puso de mal humor. Entonces, encendí el CD, a ver si una canción… Mientras Vonda Shepard cantaba “For once in my life”, tuve la mala fortuna (es que a mi no me gustaba nada) de acordarme de Pedro Marín, que cantaba aquello de “Aire, soy como el aire, pegado a ti…”. Para colmo se han agotado las pilas y me he quedado sin música hasta nuevo aviso.
¿Y de qué le hablo hoy a esta gente? Pensé. ¿Me salto el día? No, que me prometí no hacer campana si lo podía evitar. Miro mi horóscopo y me dice: “Te falta un poco de sentido del humor para aceptar tus equivocaciones. Ríete”. Jajajajaja… De paso me entero de que Esther Cañadas y yo tenemos en común el signo del zodíaco. Fíjate.
¿A ver qué dan hoy por la tele? Pues vaya, el único periódico que tengo a mano es del miércoles (y el horóscopo también). Además, daban el partido España-San Marino y yo, el fútbol, ni en pintura.
Son las siete y media, y no tengo tema. Pero, como decía Donna Summer, “Thanks God is Friday”. Dentro de un rato tomaré el autobús y leeré unas cuantas páginas de “Lost in a good book” de Jasper Fforde hasta llegar a destino. Mañana será otro día, y además sábado. Siempre me sienta bien levantarme un poco tarde.
Hoy tocó tema sin pies ni cabeza. Que le vamos a hacer.

***


Evidentemente esto lo escribí ayer por la tarde. Tenía la esperanza de no colgarlo hoy, pero aún está el convenio de neuronas en negociaciones. Seguiremos informando.
 
LA PERSPECTIVA DEL TORO
Algunas veces me han dicho que soy una mala enferma. Cierta persona me recuerda, cuando el tema sale en la conversación, una anécdota hospitalaria que, vista desde la perspectiva del tiempo, me causa risa. Pero, es cierto, debo ser mala enferma porque cuando mis facultades físicas han estado mermadas por un motivo de salud, me pongo de muy mala leche. Supongo que, por dicha razón, alguna que otra vez he preferido prescindir del acompañante familiar. Y así se evitan, de paso, los comentarios cariñosos y sin mala intención, como ese de “¡qué mala enferma eres, niña!” “¡contigo hay que tener paciencia!” “¡Vaya la que armaste!”. Que lo sé, pero prefiero reconocerlo a que me lo detallen.
Ahora toca preguntar ¿y a santo de qué el título? Pues sencillamente porque no es lo mismo verlo desde la barrera (los demás) que desde el toro (o sea, vivirlo en propia carne). Quizás el símil no es muy afortunado pero, a veces, una se siente como el toro, aguantando los capotazos y soportando las dichosas banderillas. Y, puestos a escoger, prefiere contarlo en primera persona de singular… en algunas ocasiones en un modo lo más pretérito posible.
No, si al final va a resultar que tengo vocación de cuenta-cuentos. No digo nada de las dotes porque ya hice mi debut y, debo reconocerlo, fue catastrófico (y me puse roja como un tomate)… como aquello de que empiezas a contar un chiste, todos te miran y tú olvidas que el final hay que contarlo cuando toca, que si no la cosa no tiene puñetera gracia. En fin, la picha un lío.
 
LETRAS EN LA PARED
Si recordáis, hace unos días hablaba sobre aquella máxima de mi padre, la del “casi”. Una amiga la leyó en este blog y me comentó que le había llamado mucho la atención que aquella misma frase estaba “pintada” en el enorme cristal (La Word Wall Web) del CCCB. Después de tomarnos un café y charlar, nos acercamos y, efectivamente, la frase estaba allí. La había escrito yo durante las jornadas de Kosmopolis, en memoria de mi padre, que falleció en el mes de julio del 2001.
Más tarde, pasé cámara en mano e hice esta foto.
Podéis ver más fotos en mi álbum.
 
ALTER EGO
Si algo tienen en común Superman, Spiderman y Batman, además de ir por el mundo en leotardos y tener un nombre compuesto terminado en “man”, es que los tres tienen un alter ego, otro yo. Una personalidad oculta desdoblada de la pública. Clark Kent, Peter Parker y Bruce Wayne esconde a un superhéroe debajo de su ropa de paisano. Estos tres, a pesar de los problemas que tanto cambio de ropa y de identidad les pueda ocasionar, lo tienen relativamente fácil, ya que si uno de ellos es un ricacho con mayordomo incluido (por cierto, George Clooney estaba como un queso vestido de hombre murciélago), los otros dos se han buscado profesiones lo suficientemente liberales como para poder escaquearse del horario laboral para ir a salvar a desvalidos (y desvalidas) humanos en su lucha contra el crimen y los villanos.
Bill Bixby, quiero decir Bruce Banner, lo tenía pelín complicadito, porque a poco que le cogiera un cabreo, se ponía verde (literalmente), se cargaba el dobladillo (??) de los pantalones y así no hay forma de mantener el anonimato del alter-ego correspondiente.
Y resulta que todo esto venía a cuento de los “nicks” que utilizamos en Internet y que son, por así decirlo de alguna forma, nuestros alter ego. Nuestras personalidades virtuales en la red de redes. No precisamos ir con los calzoncillos por encima de las mallas ni marcar unos pectorales que ni la Pamela Anderson con un wonderbra. Imprimimos a nuestros nicks una personalidad, algunas veces calcada a la real, otras veces, amparados del anonimato, podemos dejar salir algo de nuestro lado oscuro, ¿no es al fin y al cabo nuestro alter ego ese nick con el que nos comunicamos?

***


Mañana enterramos la sardina, así que se acabó la “disbauxa”(1) de los carnavales. A comer pescadito todos los viernes y a esperar, que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina.

***


(1) Disbauxa (cat): desenfreno.
 
ALFONSINA Y EL MAR
Como hoy voy a tener poquito tiempo para dedicarme a ver qué os puedo contar, os dejo el texto de una canción que es una pequeña joya. Yo la he escuchado en la voz de Mercedes Sosa, un valor añadido a una letra llena de melancólica tristeza.

Por la blanda arena que lame el mar
tu pequeña huella no vuelve más,
un sendero sólo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero sólo de penas mudas llegó
hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó,
qué dolores viejos calló tu voz,
para recostarte arrullada en el canto de las
caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola.

Te vas Alfonsina, con tu soledad.
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?

Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y te está llamando.
Y te vas hacia allá, como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral,
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado,
y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma, nodriza, en paz,
y si llama él no le digas que estoy, dile que
Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Te vas Alfonsina, con tu soledad.
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?

Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y te está llamando.
Y te vas hacia allá, como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.



Canción "Alfonsina y el mar"
Dedicada a la poetisa Alfonsina Storni
Letra: Félix Luna



La letra también aquí
Biografía de Alfonsina Storni
 
LLUEVE…

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.

Balada de Otoño
Joan Manuel Serrat


La lluvia, además de empaparnos, también nos puede poner melancólicos. A mi me pasa, a veces. Ver llover tras los cristales me pone tristona, y al mismo tiempo me gusta escuchar el tamborileo de la lluvia sobre los tejados. Me gusta cuando deja de llover y el aire huele a la tierra mojada de las macetas (más que nada porque mucho campo por aquí no hay), y sobre todo cuando después de un buen chaparrón, aparece el arco iris de entre las nubes desgarradas por los rayos del sol. Que bonito ¿no?
Claro que también me fastidia tener que salir a toda pastilla a recoger la ropa tendida. O lo resbaladizo que está el suelo en la ciudad. O que se inunde el metro y tengas que atravesar el vestíbulo de salida con botas de pocero. O llegar al trabajo –porque me olvidé el paraguas y me sorprendió el aguacero- con el aspecto de un pollo recién salido de la ducha. Todo tiene su parte romántica y su parte negativa.
La lluvia, muchas veces, me trae imágenes de caracoles. Cuando yo tenía 6 o 7 años y veraneábamos en un antiguo monasterio (que hoy en día vuelve a serlo), las noches de verano, después de un buen chaparrón, significaban diversión… y poder acostarse tarde. Significaban poder corretear por los campos de noche, ayudar a llevar los cubos de caracoles y vivir pequeñas aventuras. Siempre he sido miedosa, pero en aquellas ocasiones, caminar bajo la luz de la luna era apasionante. Todo tenía otro aspecto muy distinto que bajo la luz del sol. Fascinante y amenazador. A veces, caminaba muy deprisa hasta la casa, o hasta donde estaban los mayores recogiendo los caracoles que salían de la tierra mojada, con la adrenalina corriéndome a velocidad de vértigo por las venas.
Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú”. Un trocito de canción que me convence que no soy la única que se pone melancólica cuando llueve. También hay gente que canta bajo la lluvia…


No perdáis vuestro tiempo ni en llorar el pasado ni en llorar el porvenir. Vivid vuestras horas, vuestros minutos. Las alegrías son como flores que la lluvia mancha y el viento deshoja.
Edmond Gouncourt


Sobre la lluvia:
 
THE LIBIDO POWER. DE 0 A 100 Y VICEVERSA.
Hay cosas que nos “ponen” y otras que hacen que los niveles de libido en sangre disminuyan de forma alarmante. Cada cual tiene sus baremos, pero hay algunas situaciones, objetos y prendas que ya forman parte del imaginario colectivo.
Me hizo cierta gracia la mención de Mi-lado-oscuro, en el post titulado “El lado oscuro de la fuerza”, a “esas bragas de cuello alto rezurcidas”. Una de esas prendas que se cargan la libido con sorprendente facilidad pero que, reconozcámoslo, muchas de nosotras las hemos llevado por comodidad. Si es que cuando le coges apego a una prenda…
Pero ¿qué decir de las camisetas de felpa remetidas por dentro de los calzoncillos, que será un sistema muy bueno para combatir el frío, pero que enfría cosa mala en otro sentido? ¿O el pijama que nos regalaron para la Comunión y con el que nos sentimos tan a gustito en las noches frías del equinoccio invernal, pero que no sólo es ya “queco” sino que no puede estar ya más zurcido y deshilachado?
No hay nada más anti-erótico que un hombre desnudo con calcetines negros de ejecutivo o una mujer llevando un sujetador playtex “cruzado mágico” de color crudo.
En las primeras citas con derecho a roce, todos nos esforzamos por mejorar nuestras dotes de seductores. Todos nos emperifollamos, perfumamos, y hay algunos/as que hasta pasan por unas sesiones de rayos uva, a fin de que no les confundan con el estucado de la pared. Ellas eligen ropa interior cómoda –o no tanto, porque hay que reconocer que los tangas son muy monos pero de cómodos ná de ná- pero sensual y/o provocativa. Ellos, no sé… cambian momentáneamente los abanderados de dibujitos por uno de esos boxers ajustados que marcan tan bien el trasero. :-)
El caso es que con la confianza se relajan las técnicas seductoras y se inclina uno/a por el confort y el “estar por casa”. Pero, como decía el anuncio: “El interior es lo que cuenta”.

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Os dejo aquí un test para que midáis como anda la libido estos días: The Libido Test (en inglés)
 
EXPRESIONES POPULARES
Diariamente todos hacemos uso de expresiones y frases hechas, de muchas de las cuales no conocemos su etimología y porqué son así y no de otra forma.
Por ejemplo, “tener más cuento que Calleja” probablemente puede que, en un momento dado nos haga preguntarnos ¿Quién fue Calleja? ¿Uno que se dedicaba a lo que hacen algunos famosillos, a vivir del cuento?. Pues hay otro dicho que dice “sépase quien fue Calleja” (*)
En algunas ocasiones, sí tenemos claro a qué aluden. “A todo cerdo le llega su San Martín" es una frase clásica de la que seguramente todos conocemos su significado y su origen.
Todo esto viene a cuento porque ayer me picó la curiosidad de saber quién demonios fue Picio. Es común decir aquello de “más feo que Picio” pero ¿sabe alguien quien fue este señor? ¿Qué hizo el pobre Sr. Picio para merecer semejante fama y pasar a la posteridad? Se puede consultar el Google, o la enciclopedia que tenemos por casa… o el compendio de dichos y frases hechas que, curiosamente, rondaba por casa. Y resulta que este señor era un zapatero de Granada, según la leyenda popular, que se cargó al amante de su mujer y fue condenado por ello. Pero entonces “se comprobó que tenia razones para cometer el delito” (s.c.) y quedó indultado. De la impresión, le cogió tal arrechucho que, ante la mirada atónita de sus carceleros, comenzó a arrancarse mechones de pelo (incluso se arrancó cejas y pestañas, que ya tiene eso dificultad) y puso la cara más fea que se había visto hasta la fecha. De ahí que pasara a la posteridad. Parece ser que, luego, se fue a Lanjaron, de donde fue expulsado. Pero esta es otra historia.
Aunque seguimos utilizando el simil de Picio para comparar fealdades, esta frase ya ha sido actualizada. ¿Habrá alguien, en el futuro, que investigue quien era el Fary, por ejemplo? ¿Le buscará por “torito bravo” o por “chupar un limón”? Lo siento, no pude evitar hacer el chiste.
Mientras a una le dio por cantar a los cuatro vientos que no quería ser “más bonita que ninguna”, otros se dedicaron a proclamar “que se mueran los feos”. Si Picio levantara la cabeza…

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(*) Don Saturnino Calleja Fernández fue creador y director de una editorial, allá por el 1785, que publicaba cuentos infantiles. La frase que todos conocemos, de hecho, debería ser “tiene más cuentos que Calleja”. Por eso, posteriormente, fue acuñada una frase que decía “Sépase quién fue Calleja”, para limpiar la imagen pública de este perspicaz hombre de negocios que se interesó por la docencia y del que, pinchando en el correspondiente enlace, sabréis más.

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Otro día que no tenga tema, os cuento más. Y si no, me aplicáis lo que al gaitero de Bujalance, un maravedí para que empiece y diez para que acabe.
 
CELEBRANDO EL CENTENAR
Con lo adicta que soy a contarlo todo (numeralmente hablando), y no me había percatado que el pasado 29 de enero publiqué mi "post" número 100. Desde luego, aquel ya lejano 4 de octubre, cuando colgué el primero, no me podía imaginar que a) llegaría a escribir un centenar de post (claro, si contamos que algunos textos están partidos en varios, para aligerar la carga lectora) y b) que me engancharía a leer blogs como algo habitual.
Si contamos los temas que he ido desgranando por aquí (sin contar las particiones en varios capítulos de algunos relatos), aún me quedan unos días para llegar al tema 100 y llevo contabilizados 91.
Sigo recopilando artículos, a ratitos perdidos, para imprimirlos y encuadernarlos en un libro y, posteriormente, hacer un bookring con él en Bookcrossing. Lleva su tiempo.
Os mantendré informados, no dejéis de conectaros a este blog-canal a la misma blog-hora (o a la que os parezca mejor).
**FIN DE LA EMOSIÓN**
 
UN NEGRO CON UN SAXO
Este libro llevaba años cogiendo polvo en una estantería, a la espera de que le llegara su turno. Desde que en uno de mis cumpleaños, los compañeros de trabajo me regalaron un libro de Ferran Torrent, decidí ir buscando sus libros. Pero “Un negre amb un saxo” es una novela completamente diferente a “L’Illa de l’holandés” (que fue aquel primer descubrimiento) como estoy comprobando estos días. Eso sí, si la segunda me gustó, la primera me está haciendo pasar momentos muy divertidos.
Todo comenzó una bonita y fría mañana de enero… Participando en el juego del ahorcado del forum catalán de BookCrossing puse el título de esta novela para que la acertaran. Y lo que ocurrió es que, entre tanto se descubría, decidí ojear el libro. Las escenas subidas de tono y las situaciones “gamberras” se suceden unas detrás de las otras, creando un divertidísimo marco en el que un periodista de la sección de sucesos, ex boxeador y con pocos escrúpulos, investiga en los bajos fondos de Valencia, con la ayuda de los más variopintos personajes: el Trilita, la Dentetes, el Xino, el Xuso, el Xurro, etc. etc.
Si tuviera que quedarme con alguna porción de esta novela, lo haría con el capítulo en el cual Barrera, nuestro anti-héroe periodista, visita “El corral de la Pacheca”. Impagable. Ayer, mientras lo leía en el autobús no pude evitar que se me escapara una carcajada.
Aunque estoy leyendo el libro en valenciano (Torrent nació en Sedaví, en la comarca de l’Horta) se puede perfectamente encontrar en castellano, al igual que otras de sus novelas. Además, en 1988, Francesc Bellmunt convirtió esta novela en película. No hay excusa… Si os da pereza leeros el libro, siempre podéis alquilar la peli en el video-club más cercano. No he visto la película pero estoy convencida que, aunque sea muy buena, el libro siempre será mejor. Cosas de lectores empedernidos.
 
DA LO MEJOR DE TI MISMO…
"… Y casi siempre recibirás buen cambio". Esta era una de las “máximas” de mi padre. Un día, cuando éramos críos, hizo un cartelito con letras adhesivas formando esta frase, y lo colgó, explicándonos que valía la pena dar lo mejor de nosotros mismos, aunque hubiera un “casi” en mitad de la frase. Por aquel entonces, lo entendí a medias.
Con los años y la experiencia que se va cogiendo, te das cuenta de que, aunque muchas veces recibes más palos que una estera aún dando lo mejor de ti mismo (es decir, el “casi”), también resulta gratificante en otras ocasiones. Quizá no se trata tanto de valorar lo que damos a los demás, sino cómo lo damos y cuándo lo damos. O a quién se lo damos.
Total, que este verano me echaron las cartas y me salió que doy demasiado de mí misma. ¡Uf! Pues vaya. Quizá la frase de mi padre, aún sin entenderla del todo y de forma inconsciente, se enganchó muy bien en algún lugar de mis meninges.
Sinceramente, yo en las cartas creer mucho no creo (también me decían que un hombre me daría unos consejos que tenía que seguir al pie de la letra para conseguir el éxito. Aún ando buscando a “Jacks”, a ver si me ilumina.), pero sí creo en que uno tiene que hacer lo que cree que ha de hacer. Y que nunca se da bastante, suficiente, poco o demasiado. Está en función de la situación, de la persona y de las circunstancias. Y de uno mismo.
Si damos y nos pegamos el gran batacazo (lo cual tampoco es tan raro), la experiencia servirá para que aprendamos a manejar mejor lo que ofrecemos. Total, la vida es un aprendizaje continuo, y dicen que de los errores se aprende. Y como explicaba un personaje de una novela de Robert A. Heinlein, la edad no necesariamente nos da sabiduría pero sí perspectiva. Pues será eso.
 
EL ÁRBOL FAMILIAR
Durante algún tiempo me aficioné a la genealogía. En casa –como supongo que en muchas otras casas- se han transmitido algunas historias familiares, de forma oral, entre padres e hijos. O entre abuelos y nietos (y entonces, se les ha llamado “batallitas”). Tuve la oportunidad, en unas vacaciones, de visitar el pueblo de donde procedía la familia paterna de mi madre y aproveché la ocasión para intentar conseguir algunos datos.
Una mañana, libreta en mano, me fui al cementerio del pueblo y me paseé entre las tumbas y los panteones, a ver si alguna inscripción me ponía sobre la pista de algún antepasado fallecido. Aunque una tiene un talante algo peliculero y mucho entusiasmo, en aquel cementerio no había nadie enterrado que ostentara el apellido de la familia. Para mi sorpresa, una visita a la iglesia fue mucho más fructífera. En el suelo de la misma y bajo una losa de piedra, estaba enterrado un caballero medieval que se apellidaba igual que mi tatarabuelo (y bien podría ser pura casualidad pero una ve muchas películas). Pregunté en información y me dijeron que quizá sería una buena idea ponerme en contacto con el párroco. Me indicaron dónde vivía para que pudiera visitarle. El párroco no estaba en casa, así que me senté en la terraza de un bar y le escribí una carta contándole que mi familia había vivido en aquel pueblo años ha y que yo andaba tras la pista de datos para el árbol genealógico de la familia. A día de hoy aún estoy esperando que me responda aunque sea para decirme que no tiene ni idea.
Todos tenemos parientes con una historia interesante detrás. En mi caso, incluso tengo una tía-abuela que bien podría haber sido una especie de “mata-hari” española. Fue actriz (en el IMDB constan películas suyas de los años 20 y 30, de cine mudo) y trabajó en el mundo de la revista y el teatro. En un teatro barcelonés, mientras esperábamos para entrar en la sala, descubrí un retrato suyo colgado en el vestíbulo. De todas formas, ahí terminaron mis pesquisas por ese lado.
Fue una afición divertida durante una temporada y quién sabe si algún día volveré a retomar el hilo que dejé colgado hace un par de años. Yo, por si acaso, guardo mi libreta con todas las anotaciones de fechas, nombres y lugares, por si el día que me jubile –y gracias al IMSERSO- puedo viajar por la geografía española en busca de parientes lejanos. Aunque me temo que es como buscar a Wally sin su jersey a rayas y su gorro de lana.