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Vestida por el mundo
Opiniones sobre aquello que leo, veo o escucho... y un cuento de vez en cuando
Acerca de
VESTIDA POR EL MUNDO ¡Bienvenidos a mi blog personal! Intentaré colgar algo cada día, artículos, comentarios de libros y, de vez en cuando, relatos. Gina Lollobrigida fue “desnuda por el mundo” (o “Desnuda frente al mundo”) en la versión fílmica de la novela de Tom T. Chamales, un libro que ha estado desde tiempos pretéritos en la librería de mis padres y que, a pesar de eso y de mi afición por la lectura, aún tengo pendiente de leer.
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NO TOCARTE O QUIZÁ…
No sé vosotros, pero a mi me resulta incómodo que me toquen personas desconocidas sin necesidad. En mi familia acostumbramos a ser poco dados a las efusividades afectivas. No será la primera vez que nos llaman “ariscos”. Pero es que no vemos la necesidad de achucharnos a todas horas. Yo no quiero más a mi madre cuando la abrazo, por ejemplo. Lo cual no quiere decir que yo no sea tan capaz como la que más de dar un abrazo. No escatimo mi cariño, sólo que lo dosifico a quien quiero y cuando quiero. Y me gusta que sea sincero.
El caso es que, aunque mi capacidad para abrazar no esté en absoluto atrofiada, no me gusta que me “soben” ni que me besuqueen, que la mayoría de las veces no es una demostración de cariño –porque, en ocasiones, esa persona apenas te conoce- sino una forma de demostrar a los demás lo cariñosos que son. Recuerdo una señora que debía creer que el súmmun del cariño era meterte una mano por debajo del jersey mientras te abrazaba. Era una señora mayor con la que yo tenía poca confianza, porque si la hubiera tenido le hubiera dicho cuatro cosas sobre modales. De todas formas, creo que se percató de que así lo único que conseguía era que yo hiciera un mutis en el foro a la velocidad de la luz.
El caso es que me estoy yendo por los cerros de Úbeda, porque yo lo que quería comentar era el “contacto físico” con personas totalmente desconocidas y que nada tiene que ver con demostraciones de afecto. Por supuesto, no voy por la calle escudada por un campo de fuerza protector, pero me gusta que la gente respete mi –digamos- espacio aéreo. Recuerdo un señor, al que le pregunté una dirección en Atenas, que no sólo invadió mi espacio sino que me salpicó toda la camiseta de migas de pan (es que hablaba mientras se comía un bocata ¿o sería un bocatopoulos?). Si es que le vi hasta la campanilla, sin ningún esfuerzo.
Hoy me ha pasado algo que me ha hecho reflexionar con respeto a todo esto. Un hombre de edad indeterminada, con aspecto de vagabundo, me ha abordado en la calle, de tal forma que he terminado en el bordillo de la acera de una calle muy transitada y con poco espacio para maniobrar. Entonces ha posado su mano sobre mi hombro en un gesto para detenerme. Mi reacción nada ha tenido que ver con la que tiene la gente en las pelis. Ni le he hecho una llave de judo para librarme de su amenaza implícita ni hemos terminado siendo amigos después de contarnos nuestra vida. Simplemente he musitado un “¡Uy!” y me he zafado de su mano. Me he sentido incómoda porque por un lado no me gusta “hacerle un feo” a nadie y por otro tampoco me fío un pelo de la gente cuya apariencia no me resulta tranquilizadora. No es que el hombre tuviera pinta de amenazarme ni de arrastrarme a un oscuro callejón para violarme y luego descuartizarme. Ya dicen que las apariencias engañan, pero como no tengo otra referencia, no me queda más remedio que desconfiar de las que no me merecen confianza.
En general, me siento molesta cuando alguien se “abalanza” sobre mi en la calle, ya sea para pedirme unas monedas o por cualquier otro motivo. La proximidad física tiene una connotación de intimidad que, en estos casos, se establece de forma unidireccional. Es decir, hay personas que fuerzan una situación de intimidad para conseguir ya sea una moneda o tu atención. Y hacen que te sientas vulnerable y, por ende, a la defensiva.
Creo que respetar el espacio vital de las personas es imprescindible y que somos nosotros mismos los que, si estamos cómodos con una persona, lo cedemos sin ambages. Pero si alguien lo invade sin tenernos en cuenta, resulta cuanto menos incómodo. Y en ocasiones, incluso podemos interpretarlo como una muestra de agresión.
 
EFEMÉRIDES Y COINCIDENCIAS
Visitando una página web, El Poder de la Palabra, que la bookcrosser Marejadilla había recomendado en los foros de BookCrossing, me encuentro con que hoy hace 64 años que Virginia Wolf se suicidó rellenándose los bolsillos del vestido con piedras y zabulléndose en un río en Rodemell. Fue el 29 de marzo de 1941.
No conozco apenas la obra de esta autora inglesa, de la que sólo he leído “La señora Dalloway”, pero en uno de los últimos libros que he leído este mes se la cita, a ella y a su obra, de forma bastante habitual. Quizás también circunstancial, ya que uno de los personajes de la novela es un guía turístico que hace la ruta de Bloomsbury. Por ello, también se comentan algunas de sus obras y se incide en la vida de la autora y en cómo sus circunstancias personales pudieron influir en lo que escribió. Por eso digo lo de las coincidencias. Porque quizás esta efemérides no hubiera suscitado tanto mi interés de no ser por este otro libro: “The used women’s book club” de Paul Bryers.
Sinceramente, compré el libro por el título, porque no conocía al autor ni tenía referencias de esta novela. Incluso diría que no está publicado en castellano, ya que Google no ha sido capaz de encontrar entradas del libro en este idioma.
Siendo como es una novela de misterio, con asesinatos por esclarecer y trama policíaca, también es una novela de personajes, ya que se incide especialmente en las circunstancias particulares de cada uno de ellos, más que en la investigación propiamente dicha. Aquí los policías tienen su papel, pero secundario, al margen de la historia principal. A pesar de ello, el detective que lleva el caso tiene una personalidad acusada y está bien descrito. Pero sigue siendo un secundario y eso no es lo habitual en la mayoría de literatura policíaca al uso. Si el poli no es la estrella ¿lo es el asesino? Bueno, en realidad eso sería contar un poco más de la cuenta. Y eso de “destripar” argumentos está muy feo.
Y Virginia Woolf forma parte del elenco, a través de su vida y obra. Toda la trama transcurre entre las orillas del Támesis y el barrio tristemente famoso de Whitechapel. Las referencias a Jack el Destripador también son frecuentes, que tampoco es tan extraño –por los lugares en los que se mueven los personajes- e incluso se propone una conexión entre Virginia Woolf y el infausto Jack, quizás otra más de las hipótesis del misterio más oscuro de la historia del asesinato.
En todo caso, el libro es interesante y recomendable. Sinceramente, me costaba mucho poner el punto del libro y dejarlo, porque me tenía enganchada.
 
TODO LO BUENO SE ACABA… TARDE O TEMPRANO
Pues sí, eso de tener cinco días de vacaciones de Semana Santa es muy agradable, pero ya se sabe que todo lo bueno se termina, y las vacaciones no iban a ser menos. Y ya estamos en víspera de volver a la rutina cotidiana.
Como el tema no estaba para irse por ahí de vacaciones –y tampoco soy muy devota a salir cuando todo el mundo sale, que nos ponemos todos de acuerdo- han sido cinco días de descanso y vagancia. Eso es, dormir hasta tarde, leer en un rincón sin preocuparse del reloj, comer más a deshoras, no tan a “golpe de pito”, ver la tele, jugar con la consola (tengo los dedos “agarrotaos” por culpa de Zelda y la Ocarina del Tiempo, pero con lo que disfruta mi peque viendo cómo me las apaño en las mazmorras, vale la pena)… El buen tiempo de los últimos días invitaba a pasear por el centro y tampoco faltó la salida “facultativa”.
Lo que no sabía yo era que habría tres cuartos de hora de cola para entrar en el Museu de la Ciencia, pero visto lo visto, valió la pena, aunque nos quedamos sin planetario por culpa de las colas para comer y porque en diez minutos es imposible, especialmente cuando vas con niños. Lo que más llamó la atención de mi hijo fue el Péndulo de Foucault que nos tuvo concentrados durante el período que tarda en tirar uno de los palitos varias veces. Lo que más me atrajo a mi fue el bosque inundado. Será mi antigua afición por la biología y la naturaleza. Desde luego no la llamada de la selva, porque yo veo un bicho y ya lo he visto bastante (salvo que haya un cristal por en medio). La exposición de los iguanodontes está bien, interesante y bien ambientada.
“Robots” puso el broche de cine a estos cinco días de asueto. Película simpática, con los tópicos de costumbre (chico guapo-chica guapa, malos malísimos, bien contra el mal con victoria del bien –faltaría- etc. etc.) y un par de escenas larguísimas que, bueno, estaban bien pero al final casi cansaban un poco (sobre todo la del transporte).
Desde el viernes no he asomado la cabeza por Internet. Hasta ahí me he tomado unas cortas vacaciones. Pero ya estoy de regreso. Aunque mis neuronas están como siempre, un poco holgazanas, a la espera de que los elementos exteriores les faciliten temas sobre los que explayarse.
 
DEJEN ENTRAR ANTES DE SALIR
Hablaba en mi post anterior de esos viajeros ansiosos que, a pesar de que tras la puerta hay una cantidad X de viajeros que quieren bajar, no pueden esperar hasta que estos hayan desocupado el vagón y, ya sea a manotazo limpio o escurriéndose entre los cuerpos “salientes”, entren los “primi” en el vagón. Con tantas prisas, es lógico que pasen por alto la inscripción que, en la parte superior, reza: “Dejen salir”. Quizás aún no se han percatado que en los transportes metropolitanos, es de buena educación (entre otras cosas) el ceder el paso a los viajeros salientes para que así haya sitio para los entrantes. Ni siquiera haría falta el cartel, que es de lógica. A mi me entran ganas de soltarles una colleja como esas que propina “Sole” a sus compañeros de reparto.
Entiendo que la gente se salte a la torera lo de “no salir ni entrar después del toque de silbato”, porque siempre hay algún despistado que iba leyendo y casi se pasa la parada. Y también aquel que llega con la lengua afuera, bajando las escaleras a toda pastilla, a ver si pilla el metro y esta vez no llega tarde al trabajo. Eso es, comprensible. Pero ¿entrar "a saco" es comprensible?
También entiendo que se produzca algún empujón involuntario y sin mala intención, porque hay gente que entra como si estuvieran solos en el mundo, con parsimonia, de paseo. Y, claro, el silbato suena y hay que ir aligerando. Que no es cuestión de quedarse en tierra.
A veces, me gustaría recordar a la gente que la educación no está de más. Y que no cuesta nada esperar un par de segundos. Vamos a llegar igual de pronto… o de tarde.
 
MISCELANEA
Eso de que haya “vacaciones del cole” está bien. Claro, que está bien para los niños, porque los que tenemos que currar, aunque sea hasta el miércoles (o el jueves), hemos de aplicar todo nuestro ingenio para colocarlos en horario laboral. Tanto Semana Santa como las vacaciones de Navidad acarrean sus problemas, porque tú no tienes fiesta y, evidentemente, no te puedes llevar a los niños al trabajo y decirle a tu jefe o jefa: “No, si yo le doy unos rotuladores y un par de folios y ya verás que ni se le oye”. Tenemos que echar mano de los recursos que, en bastantes casos, se llaman “abuela”. Ya me ves a mí gastando 6 viajes de metro diarios, porque el niño ya no cuela que tiene menos de cuatro años, y hay que hacer:

1- Dos viajes para llevarlo a casa de la abuela.
2- Un viaje para irte tú al curro.
3- Otro viaje para irlo a recoger a casa de la abuela
4- Dos viajes para regresar a casa.

Total: 6 viajes y, como mínimo, dos horas de ir para arriba y para abajo.
Lo cierto es que yo, a este tipo de vacaciones, las temo. Me descolocan totalmente, tanto que ayer pensaba que era viernes hasta que vi que daban CSI en la tele. Y ya se sabe que los viernes no dan nada que valga la pena y hay que tirar de peli de vídeo. Por supuesto, tengo la opción de sentarme en mi butaca favorita y leer un buen libro, cosa que hago a menudo. Pero también es cierto que, algunos días, simplemente te apetece sentarte ahí y desconectar las neuronas mirando la caja tonta.
Hasta mi “capacidad creadora” se ha puesto de fiesta. No es que sea nada del otro mundo, pero cumple su función. Tenía previsto hablaros del “dejen entrar antes de salir”, pero como la susodicha está festiva, no me siento con ganas de tratar de descifrar porqué la gente se empeña en entrar en el vagón del metro empujando a los que pretenden salir del mismo, como si lo fueran a perder. Si es que ha gente que no tiene paciencia. Y a mí, lo único que me apetece en ese momento es darles una colleja, al estilo “Soledad Huete”.
En fin, yo lo único que quería decir es que os deseo una buena Semana Santa, y que si os vais por ahí de viaje, que os lo paséis bien. Y si cogéis el coche, ya sabéis, sed prudentes.

P.D. Gracias a todos por esas 7 mil visitas acumuladas en el contador. Tengo que reconocerlo, no escribo simplemente para mi, escribo para vosotros.
 
LA RED ES UNA CRUEL AMANTE
El New York Times titulaba la noticia, haciendo una aproximación al título del libro de Robert A. Heinlein (“La luna es una cruel amante”): Internet fame is cruel mistress. Pero es cierto, la red puede hacer tanto bien como mal, puede ser una cruel amante. Y a este chico, desde luego, que le da jugado una mala pasada.
Gary Brolsma es un chaval de 19 años de Nueva Jersey que un buen día grabó un vídeo suyo, haciendo play-back de la popular canción rumana de Dragontea Din Tei (la ya popular “Numa, Numa”). Y ese vídeo, que imagino que era para echar cuatro risas, y que grabó para amigos y familiares, ha dado la vuelta al mundo y ha sido centro de interés de periódicos y programas de televisión. Gary ha saltado a la fama gracias a él, pero no le ha hecho ninguna gracia y, según he leído, está avergonzado y se niega a salir de su casa.
Yo me enteré del vídeo viendo el programa de Buenafuente. Lo admito, me reí con el vídeo porque es divertido. Al chico se le ve que lo hace con pasión, pero también con mucho cachondeo. Lo malo es que, cuando lo colgó en Internet, no se imaginaba lo que se le venía encima. Y es que los vídeos graciosos, curiosos o risibles están muy buscados. Si no, no se entendería que programas de esos de videos de batacazos y situaciones jocosas hayan proliferado como las setas.
Pues nada, yo voy a romper una lanza a favor de Gary. A ver… ¿quién no se ha puesto delante del espejo alguna vez cantando una canción y haciendo un poco el burro? Vale, que hay gente que no lo ha hecho. Pero seguro que muchos sí, aunque no lo vayan a reconocer. Tampoco es nada grave. ¿Quién no ha cantado –a grito pelao- alguna de sus canciones favoritas con los cascos puestos? Si mi madre ya me lo decía: “Niña, no pegues esos alaridos, que ya te ha oído toda la comunidad de vecinos”. Tampoco hace nada más que montarse una coreografía y hacer ver que canta con los cascos puestos. Claro que una cosa es cantar mirándose al espejo y otra grabarse en vídeo y, mal que le pese, pasar a la posteridad.
Antes de Gary, pasaron por la fama de Internet, el Star Wars Kid con su espada láser, el Wary Fat Kid, cuya foto ha recorrido la red retocada y con los montajes más extravagantes, o la chica que bailaba en un concierto, muy emocionada ella, que también ha sido protagonista de montajes, Moshzilla.

Si queréis ver el vídeo de Gary, aquí lo encontraréis
Noticia en Terra
 
CAMBIO DE “LOOK”
Pues sí, ya lo veis, me animé a utilizar una de esas estupendas plantillas que ofrecía Azulica y he cambiado la imagen de mi blog. Espero que este nuevo estallido de color (acostumbrados al sobrio negro anterior) os guste.
Hoy es un día bastante señalado para mí porque, según indica mi partida de nacimiento, hace más de 14.000 días asomé la cabeza al mundo. Mi hijo, a quien le gusta que le contabilicen todo en días o minutos, ya me está preguntando que cuando le toca a él… y no le ha hecho mucha ilusión saber que aún le quedan muchos días para comenzar a reclamar regalos a diestro y siniestro.
Aquí os dejo un pequeño trozo de tarta virtual para que os la comáis a mi salud (es baja en calorías, y podéis repetir todo lo que queráis).

Receta para hacer la tarta
 
TÉ O CAFÉ
Me resulta imposible escoger uno de los dos. Soy tan “tetera” como “cafetera”, aunque las horas para tomar una u otra de estas bebidas sea, precisamente, lo que me defina.
A primera hora de la mañana, para remojar la somnolencia, nada como un buen café. A mediodía, después de la comida, qué mejor que sentarme –aunque sean cinco minutos- en mi sillón favorito tomándome un café calentito. Cuando regreso del trabajo, un té me renueva. Después de cenar y viendo un poco la tele –si es que dan algo, ayer el monólogo de Buenafuente- nada mejor que una taza de té.
El café me gusta azucarado y largo de agua –aunque no exactamente de calcetín-. El “espreso” italiano me gusta por su “consistencia” pero se me hace tremendamente corto. Durante algunos años fui consumidora de café instantáneo –no digamos marcas, aunque todos sabéis a cual me refiero- pero ahora prefiero el café de cafetera. Generalmente compro mezcla o directamente torrefacto, aunque he probado el café de Colombia, el Arábica y alguna otra variedad.
El té que más me gusta es el té verde, con limón si puede ser, pero no le hago ascos a otros tipos. Hace poco, en el Gudwara, sentada para compartir el Langar, me tomé mi primer té de leche. Los hindús lo preparan así, aunque mi amiga se bebe la tetera entera del que hago yo. En mi barrio proliferan las tiendas en las que es fácil encontrar cajitas de té chino, de Ceilán o de la India a precios económicos. Incluso me compré hace poco un té chino medicinal –ejem, digamos que adelgazante, pero sabe a rayos-. He probado el “Tikuanyin Tea”, el “Sow mee tea”, el que lleva frutas del bosque, el té verde con poleo menta, uno que me trajeron del Nepal… He sido incluso “adicta” a la tila. Sí, no es té, pero es que las infusiones también me gustan. Salvo la manzanilla, que siempre relaciono con estar pachucha.
Precious Ratmowse, la primera detective de Botswana, es muy aficionada al té de Rooibos, que procede de una planta sudafricana cuyo nombre significa “arbusto rojo”. Es una especie de té que no contiene cafeína y que, además de su gusto agradable, tiene múltiples propiedades.
Mi abuelo, que fue un buen cafetero, siempre decía que el café tenía que contemplar cuatro propiedades, tal como indican las letras de la palabra: Caliente, Amargo, Fuerte y Espeso. Supongo que se llevaría una pequeña desilusión con su nieta, que lo único que cumple de esos tres requisitos es que esté caliente –y también se lo toma frío-. Le gusta dulce, suave y un poco aguado. Pero no le hace ascos a un buen café negro y espeso, eso sí, que no falte aunque sea un terroncito de azúcar.
¿Y vosotros, té o café?

Página sobre el te
Te de rooibos
Historia del café
Como hacer un buen té
 
DESCUBRIENDO BOTSUANA
El personaje es un bombón” me dijo Garson cuando comentábamos el último libro que he leído. No se refería ni al color de piel de Mma Ramotswe y a sus rollizas curvas, sino a la originalidad y frescura de este personaje de la novela de Alexander McCall Smith, que da muchísimo juego. Un bombón de personaje.
He quedado gratamente sorprendida por la sencillez con la que este libro te engancha de principio a fin. Sin utilizar un lenguaje complejo, sin pretender nada, la novela es visual, plástica, cercana aunque en tu vida hayas estado en África, y aún menos en Botswana. Y de la misma forma, Precious Ramotswe, la primera detective de Botswana, se concibe familiar, un personaje de esos que se quieren a primera vista.
La novela encadena un buen puñado de casos que nuestra detective setswana irá resolviendo con su perspicaz forma de hacer las cosas, tratando que el sentido común sea el motor principal de sus pesquisas. Pero, no sólo estamos ante una novela policíaca al uso, sino también ante una novela casi costumbrista, que nos muestra una parte de África vista por los ojos de una africana que se siente orgullosa de serlo. Y también estamos ante el retrato de un personaje muy completo, con su pasado y su presente bien definidos desde un comienzo. Por no hablar de los personajes secundarios, ya sea el señor J.L.B. Matekoni o Mma Makutsi, que aportan su necesario granito de arena a una historia redonda y que también me han parecido personajes entrañables.
Una curiosidad. Cuando me compré el primer libro, animada por los comentarios que me habían llegado de él, quise tener el segundo y tercero de la serie de la detective en Botswana. Y no sé cómo, al final, tengo el primero en castellano, el segundo en catalán y el tercero en inglés. Ayer mismo comencé el segundo, del que ya contaré mis impresiones un día de estos.
El libro merece la pena así que si tenéis oportunidad de leerlo, no la dejéis escapar.
 
EXPERIMENTOS CON ANIMALES ¡NO, GRACIAS!
El sábado pasado, caminando por el centro, una chica me dio un folleto. Generalmente, son publicidad de un restaurante o de un centro para de depilación, etc. etc. Pero no esta vez. El título del folleto es “¿Qué hay detrás de una cara bonita?” y en un espacio de 21x10 cms., a doble cara, está muy bien explicado el tema de la experimentación con animales para la industria cosmética y de productos de limpieza.
Lo que no acabo de comprender es que, habiendo -como parece- tests de experimentación alternativos, que no precisan de animales para realizarse, se sigan torturando a estos. El folleto explica brevemente pero de forma clara en qué consiste el Test Draize. Se trata de verter una sustancia en los ojos de conejos albinos inmovilizados durante siete días y, además de que el test está considerado subjetivo (porque estos conejos son mucho más sensibles que los humanos al segregar menos lágrimas), parece que hay laboratorios que ya utilizan más de 60 métodos de sustitución que se aplican con éxito. Se mencionan métodos alternativos como el Topkat, las pruebas de toxicidad celular, el Skintex, Epiderm y Corrositex.
Si existen métodos alternativos para conseguir los mismos resultados, parece innecesaria la tortura, porque provocar todo tipo de reacciones y enfermedades en animales no deja de serlo. ¿Son más baratos los métodos que utilizan animales para la experimentación? ¿Se consigue así un mayor margen de beneficio en la venta de esos productos?
Consultando la lista de empresas que no experimentan con animales, siento un poquito de alivio al comprobar que el tinte que compré el otro día, para cambiar el color de pelo -y, de paso, para tapar esas canas rebeldes temporalmente- está fabricado por una empresa que no experimenta con animales.
Si queréis saber más, aquí os dejo unos pocos enlaces para consultar:
- Anima Naturalis
- Lista de empresas que no experimentan con animales

No voy a hacer propaganda ni positiva ni negativa sobre esas empresas, ni de las que experimentan, ni de las que no. Pero añadiré que, tal como reza el folleto, “consulta la lista y verás que un simple cambio en la elección del producto habitual puede significar millones de animales beneficiados”.
 
OTRA VEZ HABLANDO DE BLOGS
Pues sí, parece que el tema de “porqué escribimos blogs” da para comentar largo y tendido. Las razones son varias pero creo que todos coincidimos, sea cual sea el tema que queremos tratar en ellos o la dispersión que haya en los mismos, que todos escribimos para que nos lean o, en todo caso, nos alegra que lo hagan y que los lectores comenten sus puntos de vista.
Yo hace cosa de seis meses que entré en este mundillo bloguero y puedo pasarme horas navegando de un enlace al otro, además de preparar diariamente mi pequeño artículo. Para que voy a negarlo: estoy enganchada. Y curiosamente, desde que leo blogs, me entero de más cosas de las que me enteraba antes. Tengo pocas opciones de ver las noticias –en todo caso, en cuentagotas- porque a esa hora emiten los “Digimon” y ya se sabe que, aunque yo sea la dueña del mando –a distancia- primero tengo que apropiarme de él :-). Y sólo leo el periódico –de cabo a rabo, eso sí- los miércoles, porque es el día que me lo entregan gratuitamente al salir del metro.
Comentaba Nachete que muchas veces unos blogs comentan a otros, o sea, hay feedback, nos estamos comunicando. Yo no lo veo como una forma de copiarse unos a otros, sino de sacarle jugo a un mismo tema desde distintas perspectivas.
¿De dónde sale vuestra inspiración a la hora de encontrar tema para el artículo de turno? Carboanion nos comenta que, además de su muso Juan Antonio (curioso nombre para un muso) sus fuentes de inspiración son variadas dependiendo de cómo ande el encefalograma (esta chica siempre exagerando pero hay que ver lo bien que se enrolla). ¿Y vosotros? Mis fuentes de inspiración son diversas: por ejemplo, un folleto puede ser el agente iniciador (como uno que llevo en el bolsillo de la chaqueta y que espero comentar en breve, o el de la Geomancia Druídica del otro día), un artículo en el periódico que me haya llamado especialmente la atención (o sea, los miércoles), algo que lo ha hecho mientras iba por la calle, una anécdota del pasado que ¡pluf! ha aparecido en el recuerdo como por arte de birlibirloque. Incluso un anuncio de la tele, una foto, una película, un libro, el santoral del calendario, o el saxofonista que a las tres de la mañana se pone a tocarnos jazz (este os lo cuento otro día). Casi todo lo que nos rodea, en mayor o menos medida, puede desatar nuestros inquietos dedos sobre el teclado. ¿Por qué? Porque nos gusta. Porque tenemos necesidad de compartir lo que vemos, lo que oímos y lo que sentimos con otras personas. Es simplemente, necesidad de comunicación. Y aquí, la que suscribe, acaba de descubrir la sopa de ajo. Aunque, sinceramente, me gusta más la de cebolla.
 
UN EXPERIMENTO COMO OTRO CUALQUIERA
Leyendo el blog de Nachete encuentro este pequeño juego, que procede del blog de Zifra. Estamos ante uno de los fenómenos –que empiezan a ser habituales- de “copiarnos” unos a otros. Pero no he podido evitar la tentación de hacer el ejercicio-experimento. A ver qué sale.

  • 1. Coge el libro más cercano.
  • 2. Ábrelo en la página 123.
  • 3. Encuentra la quinta frase.
  • 4. Escribe la oración junto con estas instrucciones.
  • 5. No busques el libro más guay que puedas encontrar. Hazlo con el que esté a tu lado.

El libro más cercano que tengo no es el que estoy leyendo, sino el último que leí y que forma parte de un bookring que tengo que pasar tan pronto como el siguiente participante de este anillo de lectura contacte conmigo.
Veamos, pag. 123... Es comienzo de capítulo. Busco la quinta frase…

“It was snowing when we arrived and the wind whipped the flakes into something akin to a large cloud of excitable winter midges”

“Estaba nevando cuando llegamos y el viento arremolinaba los copos como algo parecido a una enorme nube de excitadas moscas de invierno”. (Vale, no valgo gran cosa como traductora, pero se entiende).

Ahora quiero hacer el mismo experimento con el libro que estoy leyendo. No se trata de que sea el más guay –aunque me está gustando- sino es el que más cerca tengo “lectoramente” hablando. Es curioso pero esta vez también la página me lleva a un inicio de capítulo. ¿Será una conspiración?

“Ese era el único problema que tenía con la casa”

Es también curioso que las cuatro primeras frases sean muy largas y al llegar a la quinta, sólo esto.
 
UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA
Cuando llegamos al lugar, al que nos había invitado mi amiga hindú, nos quedamos cerca de la puerta, sin saber muy bien qué hacer. No me había explicado cómo funcionaba la etiqueta y pensamos en quedarnos en la puerta, a ver si salía ella o alguien de su familia. A los pocos minutos, se nos acercó un chico muy amable, preguntándonos si veníamos a ver a alguien. Le dije quien era mi amiga. Me contó que, precisamente, estaba cantando en ese momento. Nos asomamos a la puerta del local y, efectivamente, allí estaba, vestida de negro, con otras mujeres cantando y tocando diferentes instrumentos.
Al lugar, el templo Sikh , donde se celebra la reunión lo llaman “Gurdwara”.
El chico que nos había preguntado en la puerta nos ayudó muchísimo. Había que dejar los zapatos –y calcetines- en la entrada. “Acordaros de dónde los dejáis”. Era un buen consejo porque allí había un centenar o más de pares de zapatos. Nos lavamos las manos en la entrada, donde un hombre nos la vertió con un vaso. Parece que también había que lavarse los pies, pero nosotros no tuvimos que hacerlo. Luego nos dieron un pañuelo a cada uno de nosotros con el que teníamos que cubrirnos la cabeza. Yo había pensado llevarme un pañuelo de casa pero, al final y no sé porqué, no lo cogí.
Descalzos y con las manos lavadas, nos pusimos los pañuelos (mucha gente utilizaba los pañuelos que suministraba la organización) y entramos en la sala. El hecho de cubrirse la cabeza es una muestra de respeto hacia el Siri Guru Granth Sahib (el Libro sagrado, también llamado Adhi Granth Sahib). La gente estaba sentada en el suelo, en distintos grupos: el grupo de hombres, a la derecha; el grupo de mujeres, a la izquierda, en una hilera paralela a la de los hombres. Todos mirando hacia el Libro. En el centro, una alfombra llevaba hasta la mesa donde se hallaba el Libro, a mayor altura. La costumbre es recorrer esa alfombra, postrarse y tocar el suelo como signo de respeto, y depositar una ofrenda en efectivo para los gastos de sostenimiento, aunque la ofrenda es totalmente voluntaria. A los lados y al fondo había hileras de personas sentadas tomando té.
Nosotros, además de haber llegado tarde a los cantos –porque nos habíamos perdido- no asistimos a la primera parte de la celebración, en la que se lee el Libro –que está en sánscrito- y lo comentan.
Mi amiga nos vino a buscar a la puerta, nos saludamos y allí fue donde mi compañero y yo nos separamos. Él, mirándome bajo su pañuelo de color amarillo, susurró algo así como “esta me la apunto” sonriendo. Fue a sentarse en la zona de los hombres y yo me fui con mi amiga a la zona de las mujeres. Allí estaba su madre y varias amigas. Las mujeres llevaban hermosos velos de colores muy llamativos cubriendo sus cabezas: rosas, azules, verdes, negros. Las mujeres no visten el sari en ocasiones como esta, porque es un tipo de vestimenta que, al sentarse en el suelo en el templo, resulta poco cómodo. Así que la vestimenta que llevan las mujeres es un conjunto de dos piezas, muy vistoso, compuesto por un pantalón ancho y una casaca a juego. Se me veía tan occidental allí, a pesar de mi casaca negra con bordados estilo hindú.
Nos sentamos con las piernas cruzadas y, mientras seguían los cantos, hablamos entre nosotras. Ella me contaba cosas sobre la tradición y las costumbres. Al cabo de un rato, nos trasladamos a la zona de té, a compartir el langar. Durante el langar, todos se sientan en el suelo y se les sirve comida y té. El té es con leche, nunca lo había probado así y tenía el sabor de un café con leche corto de café. Pero estaba sabroso. En el plato me echaron una especie de buñuelos, muy condimentados, una salsa roja y picante y una especie de albóndiga roja, de sabor dulce en el rebozado. La comida que se sirve en el langar es vegetariana, a fin de que nadie se sienta ofendido y cualquier persona pueda sentarse a compartir alimentos sin agredir ninguna restricción alimenticia.
Mientras comíamos con las manos aquel extraño pero sabroso aperitivo y bebíamos té, continuamos hablando. El hermano de mi amiga fue a buscar a mi compañero para que viniera a tomar el té. No podía sentarse con nosotras, pero sí frente a nosotras.
De fondo se oían los cánticos, de los que no entendía nada pero que resultaban agradables de escuchar, y el murmullo de la gente hablando, a pesar de que, en varias ocasiones, se llamó al orden. Para ellos, es una ocasión estupenda de reunirse y sentirse entre gentes que hablan su mismo idioma, como si estuvieran en la India, así que es normal que los congregados estuvieran de cháchara.
Los Gurdwaras están abiertos, por lo que he leído, a cualquier persona de cualquier religión. No me sentí incómoda en ningún momento, nadie me miró como a una intrusa, ni me sentí fuera de lugar a pesar de mi aspecto occidental. Fui una más.
Espero que esta no sea mi primera y última visita. Siento mucha curiosidad por otras culturas y esta ha sido una oportunidad muy interesante para conocer más de cerca a un colectivo de personas que viven en mi ciudad, conocerlos en su propia salsa y compartir con ellos –aunque yo no entienda su idioma ni sus ritos- algo que para ellos es importante. Probablemente no hemos contemplado al 100% la etiqueta correspondiente, y seguro que hemos cometido algún fallo de cortesía, que espero que no nos lo hayan tomado demasiado en cuenta. Ya se sabe, de los errores también se aprende. Ahora ya sé un poquito más sobre los Sikhs y su religión.

Enlaces para saber más:
Guru Granth Sahib
Gudwaras


Por cierto, ayer los cuentos japoneses de Yoshi, en el Harlem, fueron una gozada. Si sois de Barcelona y os apetece ir a escuchar cuentos un sábado por la noche (a partir de las 21 h.) tomando una copa, ya lo sabéis. Y para más información: www.contesicuentos.com
 
¿POR QUÉ ESCRIBIMOS BLOGS?
Siguiendo la idea que sugirió Garson en el hilo anterior, hoy vamos a reflexionar sobre las razones que nos llevan a tener un blog propio.
Supongo que quien se propone iniciar un blog lo hace porque quiere que lo lean otras personas. Tanto si es su diario personal, como si se trata de un repertorio de crónicas, de recetas, de poemas, de cuentos o de artículos, están ahí para ser leídos por personas, muchas veces anónimas, que a veces nos encuentran por casualidad, otras siguiendo enlaces en una navegación viento en popa y a toda vela por la blogosfera… y en algunas ocasiones porque buscaban algo en el Google y, mira por donde, nuestro blog tenía las palabras clave. Si escribís en Google “The Eyre Affair” (un libro muy recomendable de Jasper Fforde) y lo buscáis como “páginas en España”, mi blog sale en el primer lugar de la lista. Suerte que tengo que este libro no ha sido editado en España y son pocas las referencias a él en castellano.
Es desalentador poner un contador y ver que las visitas diarias son escasas. ¿O no? Entras, compruebas el contador y ves que sólo hay dos visitas… y peor aún si las dos son tuyas. Pero teniendo en cuenta que en la blogosfera en castellano hay miles de blogs (imaginad los que habrá en inglés), existe un porcentaje bajo de que los lectores tropiecen con tu blog, a no ser que esté enlazado con otros blogs, que sea muy popular o que la casualidad juege a tu favor.
¿Por qué escribís un blog? Yo lo escribo como ejercicio, como una forma de obligarme a pergeñar artículos diariamente –o casi-, para no perder la sana costumbre de escribir a menudo –casi la perdí-. Y sí, me gusta que me lean, para que voy a engañar a nadie.


Bueno, hoy tenía un artículo mucho más largo y más comprometido por escribir, pero no me ha dado tiempo y ahora ¡me voy a escuchar cuentos! El culpable de mi “fuga” es Yoshi Hioki que, a partir de las 9 de la noche, va a servir un menú de apetitosos cuentos en el Harlem. “Cuentos del Japón para comérselos… o no?”.
 
UN TOUR POR LA BLOGOSFERA
Hoy, en vez de romperme los cuernos con el artículo de turno, he decidido irme de paseo por los blogs que acostumbro a leer y a los que, desde hace unos pocos días, no había podido dedicar toda mi atención como a mi me gusta.
Podríamos pasar un día entero, dos, tres, una semana, leyendo blogs, enlazando uno tras otro, de forma errática si queréis. Hay tantísimos, tantas historias, tantas vivencias, tantas anécdotas para reír y para llorar…
Hoy os invito a subiros conmigo en un autocar virtual y visitar pequeños mundos, unos poquitos sólo que he seleccionado de los posts que he leído hoy.

  • Un mar de letras, Grial nos sumerge en la literatura de aquellos que nos hablaron del mar. Grumetes, capitanes de corbeta, piratas y bucaneros, pero siempre el mar.
  • Hay heridas que no se curan con una tirita, pero Aguadebrisa guarda en algún lugar sus banditas para el corazón.
  • ¿Nos lo creemos todo si nos lo cuenta San Google? Verdades y mentiras de la blogosfera. Y como crear una leyenda urbana sin levantarse de la silla.
  • Acepta el reto de Miriam y cuéntanos.
  • Que llega el buen tiempo y hay que ponerse a dieta. Pero Brandy ya nos avisa que el método Atkins para adelgazar sin mojar en los huevos fritos un buen pedazo de pan tiene sus desventajas.
  • ¿Qué es friky, me preguntas mientras clavas tu púpila azul en la mía? ¡Friky no eres tú! Y nuestra querida Carboanion nos cuenta con pelos y señales porqué ella no lo es.
  • Salta, salta conmigo… y con 600 millones más. Vamos, que hay que pegar el Gran Salto para cambiar el rumbo de nuestra querida Tierra. A ver si se nos va la mano y terminamos orbitando por las cercanías de Plutón… que nunca se sabe.
  • Por diez milloncejos de las antiguas pesetas ya puedes tener tu eco-casa. ¿Harán descuento si llevamos los cascos –de las botellas-? Habrá que ir guardando las latas de cerveza para el día que queramos construirnos nuestra propia eco-casa. Y si no, tiempo al tiempo.
  • Lyl hace un homenaje a una gran pluma.
  • Laguiri se nos muda, pero la blogosfera sigue necesitando haikus.
  • ¿Me quieres por mi misma o porque te arreglo el PC? A veces, no podemos evitar reflexionar hasta que punto somos queridos o útiles.
  • A algunos les envían la tuna –pa no levantar cabeza- el día de su cumple, pero el de Lola fue mucho más original. Lástima que faltaba el indio en el repertorio y que se olvidaron de cantar eso de “Macho, macho man”.



Y por hoy ya tenemos bastante, así que propongo que paremos aquí, a hacer un pequeño descanso… tenéis diez minutos para echar cuatro fotos, que el autocar no espera.
 
ARMONICEMOS NUESTRO ENTORNO
Últimamente oigo hablar mucho de “feng sui”, “reiki”, “método pilates” y otras prácticas de carácter ¿exótico? que se están haciendo un huequito en nuestra sociedad. Lo reconozco, de algunas de estas prácticas apenas sé nada y opinar sobre el tema precisaría, por mi parte, documentarme bien. Ya lo dice el refrán: “Hablar por hablar es tontería”. Pero el otro día descubrí un método nuevo del que no había oído hablar aún: “El Arte Zahorí o la Geomancia Druídica”.
Tal como citaba el folleto que encontré en el cajero de un banco, “Es un conocimiento de los más antiguos y efectivos en el diseño, planificación, armonización de los espacios y elementos que los componen. Cada espacio, vivienda o lugar de trabajo tiene una constitución energética particular, fundamentada en la interacción de influencias telúricas, cósmicas, proporciones y medidas, ondas de forma y frecuencias vibracionales de los objetos”. Todo ello está relacionado con el deseo de vivir en salud y bienestar mejorando nuestro hábitat.
Hasta la fecha, para mi “zahorí” era un señor que practicaba el arte de encontrar agua con un palito. Según reza mi diccionario, un zahorí es “una persona capaz de descubrir lo que está oculto, particularmente agua subterránea” y también se refiere a ello como “adivinador o persona muy perspicaz”.
A mi me parece estupendo que la gente mueva el ombligo con la danza del vientre, que encuentre el equilibrio de energía con el reiki, que se acondicione físicamente con el método pilates o que practique tai-chi. Todo lo que mejore nuestro estado físico y mental nunca está de más. Para que negarlo, a mí, todas estas cosas me llaman la atención y si tengo el tiempo –y el dinero para los cursillos- ¿por qué no hacerlas? A ver si un día de estos me apunto a yoga, que estoy un poco oxidada y seguro que me iría bien.
Pero lo de la Geomancia Druídica me ha llegado al alma. Aunque digo yo que si la vivienda estuviera más al alcance de todos, no tendríamos la necesidad de invocar a las fuerzas cósmicas y a las influencias telúricas para que nuestros hogares –que cuestan un riñón y parte del otro- fueran más armoniosos y estuvieran mejor planificados. Desde luego, para comenzar, primero debemos ser capaces de conseguir ese “hábitat”. Y luego, si la hipoteca lo permite, a lo mejor hasta podemos aplicar el “feng sui” en nuestros caros hogares.
 
WHAT’S IN YOUR BAG?
El contenido del bolso de una mujer ha sido, en ocasiones, motivo de conversación. Las mujeres tenemos fama de llevar muchas cosas en el bolso, muchas útiles, otras no tanto. Pero siempre es curioso eso de cotillear en bolsos ajenos.
Visitando el blog de Flaneuse, descubrí una curiosa página en la que se muestran más de 200 contenidos de bolsos, en su gran mayoría de mujer (pero no todos), en los que una puede encontrar que, en el fondo, no hay tanto misterio como se podría pensar: paquetes de pañuelos de papel, la cartera, el móvil, una agenda o un bloc, las llaves, un pintalabios o bolígrafos son los objetos más habituales que se hallan en su interior. Si el bolso da de sí, un libro. Y otras cosas que se repiten en muchos son un reproductor de MP3 o una Palm (los bolsos se renuevan con las nuevas tecnologías).
Lo que quizá más haya llamado mi atención han sido los libros. Fijarme en los títulos, aunque en ocasiones resultaba difícil leerlos.
Como un sano ejercicio de “voyeurismo” bolsero, os invito a visitar la página de “What’s in your bag?”.
 
LOST IN TRANSLATION
Este fin de semana va de cine. Hoy tocó ver “Lost in translation”, una película de la que había recibido comentarios positivos por todas partes, aunque un pequeño paseo por la red me ha corroborado que no gustó a todo el mundo, ni que todos vieron lo mismo.
Para mí, habla de la soledad. De estar perdido. Los dos protagonistas están perdidos interior y exteriormente. No encuentran un sentido a su vida y se hallan inmersos en un marco que no comprenden y en el que se sienten fuera de lugar, ajenos. Dos personas que, sin duda, tienen una necesidad de afecto pero también de encontrar el camino del que se han desorientado. Ni siquiera tienen cosas que compartir, pertenecen a mundos distintos, a generaciones distintas, y aún así juntos se sienten menos solos. Dos personas entre las que nace una empatía fruto de una búsqueda que ni siquiera se habían planteado.
Un amor que no precisa de sexo para demostrar los sentimientos de los protagonistas. Un amor –o un cariño- que nace de la necesidad de encontrarse a uno mismo y de compartir ese encuentro.
Como he leído en un artículo (más abajo os dejo el enlace), aquí no hay escenas románticas sino amor sugerido, pero demoledor. Pequeños detalles que, a pesar de su pequeñez, tienen una gran carga de ternura: una cabeza recostada en un hombre, una mano que acaricia un pie, miradas que se cruzan, sonrisas… Y al final, el conocimiento de que todo lo vivido es irrepetible, e irrecuperable porque cualquier otro contexto lo hace imposible.

Pon tu cabeza en mi hombro
 
EL BOSQUE
Vale, la había visto casi todo el mundo menos yo, pero es que yo siempre veo las pelis con un retraso importante. Afortunadamente, la mayoría de comentarios que había leído al respecto de la película no me daban demasiadas pistas, no leí nada que destripara el argumento excesivamente. Así que comencé a verla con una turbadora sensación de que podían ser muchas cosas o ninguna de las que pasaban por mi cabeza. Digamos que tenía nociones pero no seguridades.
La película, en si misma, es inquietante. Ambientada en 1897 (según reza la lápida al inicio de la película), se nos introduce a ella como una de esas historias de finales del XIX, con sociedad cerrada al exterior y comunidad volcada en si misma. Una especie de gran familia colectiva, donde todo parece, en un inicio, mucho más diáfano de lo que es en realidad. Pero, la inocencia y la felicidad están valladas porque el peligro acecha desde el límite que marca el bosque. Y en el bosque viven “aquellos de los que no hablamos”, los cocos.
Sin duda, el miedo, como medida de represión, como forma de evitar que los jóvenes quieran ir más allá de las fronteras impuestas, es ideal. Pero no es justo. Los adultos tienen la experiencia que les ha llevado a elegir ese modo de vida. A los jóvenes no se les permite tener esa libertad. Se les veta la posibilidad de escoger su destino a través de lo que más miedo nos da: miedo a lo que no conocemos, a lo que no podemos darle un nombre, porque es “algo de lo que no se habla”. Ellos no podrían comprender la razón del aislamiento porque no poseen la experiencia que ha creado este mismo. Pero ¿no es eso injusto? ¿Por qué escoger por los demás sin darles la oportunidad de decidir por si mismos qué es lo que más les conviene?
Posteriormente a ver la película, he buscado comentarios sobre ella que sean menos sutiles que los que había leído hasta ahora. Parece ser que esta película o entusiasma o se la odia. Y también que ha recibido sus palos.
En todo caso, me voy a quedar con el primer grupo. Quizá no sea la mejor película que he visto, pero la tensión que he vivido a lo largo de sus 127 minutos es suficiente como para colocarla en una larga lista de preferidas. No entre el TOP 50, pero vamos, creo que merece un puesto en algún lugar del ranking.
El Sr. Night Shyamalan acuñó la famosa frase de “En ocasiones veo muertos” con “El sexto sentido” y nos quitó el hipo sin necesidad de vísceras. Con “El bosque” nos sumerge en algo mucho más inquietante de lo que pueda ser un niño al que se le aparecen almas en pena: el miedo que pueden dar los vivos.

Si queréis asistir a una crítica mordaz pero divertida de la película, os recomiendo que pinchéis aquí.
 
TINTIN Y LAS MUJERES
Desde que con diez años descubriera los cómics de Tintín, que nos prestaba el vecinito del cuarto, creo que he leído varias veces todos y cada uno de los álbumes editados, incluso en inglés cuando sacaron aquella colección que incluía cuadernos de estudio y glosarios. Entre otras cosas, mi hijo ha ido coleccionando todos los vídeos con sus aventuras, lo que se traduce en que terminamos viendo cada capítulo hasta ser capaces de reproducir los diálogos con la precisión de un loro.
Lo que siempre me ha chocado ha sido la falta de personajes femeninos en las aventuras del intrépido periodista. Seguramente –aunque no lo he comprobado, tampoco me considero tintinóloga ni por asomo- se han escrito ríos de tinta acerca de esta característica de los cómics de Hergé. Pues yo no voy a ser menos.
A Tintin no se le conoce novia alguna, es soltero y, comparte mansión (Moulinsard) con otros dos hombres, el Prof. Tornasol y el Capitán Haddock. Antes de eso, la única mujer de su vida era la portera. La mansión, por no tener, no tiene ni ama de llaves (a la Sra. Danvers la querría ver allí, poniéndoles a todos firmes) aunque sí mayordomo. Al Capitán Haddok la única rubia que le debe hacer tilín es la espumosa cerveza. Los detectives Hernández y Fernández (o Dupond y Dupont) no sólo son idénticos físicamente… comparten –supongo- la soltería y el interés nulo por el sexo contrario. Es que ni siquiera Milú anda, de vez en cuando, husmeándole los cuartos traseros a alguna perrita que pasaba por allí.
La única mujer que ha tenido un papel importante en las aventuras de Tintín es Bianca Castafiore. Una mujer que parece amalgamar todos los defectos y ninguna virtud femenina. Valiente representante tenemos las mujeres en los cómics de Hergé. ¿La equivalente de Ofelia en Mortadelo y Filemón?
Se podría pensar que Tintín simplemente es homosexual y, por tanto, su interés por las mujeres es nulo. Pero es que tanto él como el Capitán Haddock están tan poco interesados por las mujeres como por el sexo en general. Quizá el Capitán ya desahoga la libido lanzando los más inimaginables improperios o echándose un traguito a nuestra salud. Posiblemente por eso lleve tan mal lo de dejar el vicio. Pero lo de Tintín ¿cómo se explica?
La razón a la falta de mujeres y, especialmente, al asexuamiento de los personajes supongo que hay que achacarla a las manías del dibujante, a su pasado, a su relación con las mujeres, a su misoginia o a su complejo de Electra (de haberlo habido).
De todas formas, Tintin estaba bien, era entretenido. Pero para una adolescente que comenzaba a fantasear nada más inquietante que el traje de latex negro del Coronel Furia. Si es que a ese personaje hasta el parche le sentaba de muerte.

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Una pequeña lista de mujeres con presencia y nombre en los álbumes de Tintín:
- La mujer del General Alcázar, Peggy (Tintín y los Pícaros)
- Madame Yamilah (Las siete bolas de cristal)
- Sra. Clairmont (Las siete bolas de cristal)
- La mujer de Serafín Latón, la Sra. Latón (El asunto Tornasol)
- La Sra. Snowball (Los cigarros del faraón)
- Irma, ayudante de la Castafiore (Las joyas de la Castafiore)

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Buscando, buscando, por la red, encontré este párrafo acerca del tema:
Es verdad que no era la mejor época para las mujeres, pero para Hergé nunca lo fue –apenas dos mujeres aparecen en sus historietas con papel relevante: la Castafiore y la mujer del general Alcázar, un golpista sudamericano sin escrúpulos, financiado por la International Banana Company –y enemigo del dictador de Tapioca, al que apoya la Borduria comunista-, traficante de armas y colérico, al que sólo le hace temblar... su esposa, Peggy.
El citado Alex Tornasol explica por qué no hay mujeres en las historietas de Tintín con claridad sólo superable en altitud:
«Una mujer entorpece toda acción (que no olvidemos, es de lo que se trata en Tintín), una mujer representa la estabilidad (frente al movimiento y la aventura continua de Tintín y sus amigos), implanta cursilería, sensiblería barata, mojigatería, dogmatismo (frente al liberalismo vital de Tintín), y todo modelo de aventura se limitaría a una simple ensoñación pseudorromántica (frente a la imaginación activa de Tintín). Conclusión: si te apetece leer psicodrama de tercera regional, cómprate el último libro de Ana Rosa Quintana o abónate a una colección de literatura femenina; pero si te gusta la acción, la aventura y la imaginación, cómprate un Tintín». O sea, misóginos irrecuperables (el personaje y sus caballeros) para la vida civilizada.

El artículo entero
 
EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE...
Una vez soñé que volaba. O más que volar, flotaba plácidamente sobre el mundo. No precisaba aletear con mis brazos ni estirar uno de ellos como Supermán para impulsarme. Me mecía en el aire ingrávida, como cuando te mantienes a flote en el mar, pero sin mover brazos ni piernas.
Mi padre, en aquellas épocas en las que se encontraba más feliz, o más relajado, soñaba que volaba y se despertaba siempre de excelente humor. Yo he heredado muchas cosas suyas. Algunas buenas, como volar en sueños, otras no tan buenas, como despertar y sentir que no puedo moverme. Sólo nos han pasado a él y a mí (dentro de nuestra familia, me refiero). Y cuando nos contábamos nuestras experiencias al respecto, era como si perteneciéramos al mismo club. Como si compartiéramos algo que los demás no podían comprender porque no lo habían experimentado.
Hace muchos años de eso y no he vuelto a volar. Y ahora tampoco le tengo a él para que me lo cuente.
En mi familia se cuenta una anécdota al respecto de lo que pudiera ser un viaje astral. Mi abuela soñó una noche, con un lujo de detalles apabullante, que caminaba por un terreno de grava hasta llegar a una ventana iluminada. Desde allí veía una escena: tres hombres, dos que ella no podía ver porque estaban de espaldas y un tercero que le pareció de raza asiática. El tercero era asesinado por los otros dos. Despertó bruscamente, asustada, y se lo contó a mi abuelo. Unos días más tarde mi abuelo vio, en un periódico, una noticia que relataba el asesinato de un hombre chino cuya descripción casaba perfectamente con la dada por mi abuela. ¿Fue un viaje astral o simplemente una casualidad?
Lo mejor que tiene soñar es despertar de una pesadilla y constatar que lo era. Y lo peor, ser despertado de un sueño especialmente agradable por el dichoso despertador. O despertar y percatarte que la pesadilla es estar despierto.
 
RELIGIÓN, CREENCIAS Y ENSEÑANZA
Hace poco una amiga –ella no es católica- me preguntó si soy atea. Quizá lo parezca, a veces, pero no, confieso que no lo soy. En realidad, no me gusta comulgar con piedras de molino ni creer algo porque sí. Me gusta comprender las cosas y, en todo caso, encontrar una explicación racional y no dejarme llevar por dogmas impuestos. Habrá cosas que yo no pueda explicarme ni nadie pueda hacerlo, pero no será porque no tengan una explicación, quizá será porque la explicación es demasiado compleja para que podamos abarcarla, por lo menos de momento. O no podamos nunca. Pero seguramente la hay.
Cuando era pequeña, en el colegio se estudiaba religión. En el primer colegio al que asistí, hasta los siete, rezábamos un rosario una vez a la semana. Yo lo recuerdo como un período de silencio –por parte de los alumnos- en el que la profesora recitaba su letanía mientras nosotros dejábamos libre la imaginación (por lo menos yo lo hacía). Rezábamos el padrenuestro al inicio de las clases y creo que también al final. Luego comencé a ir a las clases de catequesis en las que hablábamos de muchos temas y veíamos películas de Marisol. Cuando cambié de colegio, la religión, además de continuar siendo eso de aprenderse de memoria todas las oraciones habidas y por haber, también tenía una parte de enseñanza histórica. Era lo que más me gustaba. Y como siempre he tenido habilidad para memorizar, lo de saberme el Credo de carrerilla era algo que hacía sin pensar demasiado. Años más tarde, la asignatura de religión se convirtió en “Ética y moral” y ahí fue donde nuestro profesor nos introdujo en el mundo de la filosofía. Nadie se perdía la asignatura, hacíamos campana en mates pero no en filosofía. Supongo que en esto tiene mucho que ver el profesor. No es, en ocasiones, qué se enseña sino cómo se le presenta a los alumnos. Ese envoltorio de presentación puede resultar especialmente atractivo si quien imparte la asignatura tiene el don de aderezarlo convenientemente.
La mezcolanza que fue mi educación religiosa –y por otra parte, supongo que también la poca religiosidad que siempre se ha respirado en mi casa- fue la que me convirtió en una católica no practicante racionalista (por llamarlo de alguna manera).
A veces, me pregunto si de verdad existe el cielo o si en realidad lo único que tenemos es esta vida. Y luego, polvo al polvo y si te he visto no me acuerdo. Puestos a escoger entre creer a ciegas en el paraíso del cielo o en el fuego del infierno, prefiero seguir dudando de su segura existencia. Si no lo hay, no me llevaré ningún chasco. Y si el cielo –o el infierno- existe, entonces tendré ese “bonus” que no me esperaba.
Sea como sea, pase lo que pase, haya lo que haya más allá de esta vida, tanto si lo hay como si no, nuestra forma de hacer por aquí no puede depender única y exclusivamente de una posible recompensa. No hagamos las cosas para ganarnos el cielo.
***

Una página que me ha llevado hoy a reflexionar sobre mis creencias religiosas, el blog de un profesor de religión que creo que puede resultaros interesante:
Memorias de un cristiano ingenuo
 
TREINTA Y TRES PALABRAS (NI UNA MÁS, NI UNA MENOS)
Este micro-cuento lo escribí para el concurso de “33 palabras” que se organizó en el foro catalán de BookCrossing.

L’AMOR I LES PARAULES
Va mirar-se el full en blanc, pensant què trenta tres paraules faria servir per explicar-li tot el que sentia. Finalment, no sense sorpresa, es va adonar que hi havia prou amb l’antesignatura: T’estimo
.

EL AMOR Y LAS PALABRAS
Miró la hoja en blanco, pensando qué treinta y tres palabras podría utilizar para explicarle todo lo que sentía. Finalmente, sin ninguna sorpresa, se percató que había suficiente con la antefirma: Te quiero.

 
AVENTURAS NEVADAS DE AYER Y HOY PRESENTAN…
Mientras todo el mundo me cuenta que ha nevado aquí o allá, yo no he visto más que cuatro copos mal contados y peor organizados, cayendo entre medio de la lluvia. Pero, bueno, por lo menos me lo han contado que ya es algo. La foto de Petitprincep, como mínimo, da gusto mirarla.
Una de las primeras veces que estuve en Andorra nevó durante la noche. A la llegada no había ni el más mínimo rastro de nieve pero la noche trajo capas y capas de ella, cubriéndolo todo. Me pilló bastante de improviso, no tenía demasiada ropa de abrigo (es decir, lo habitual si no estás pensado ni ir a esquiar ni que va a nevar) aunque lo peor fue el tema botas. Así que tuve que irme de prisa y corriendo hasta la tienda más cercana para hacerme con un par de descansos. Pero fue muy divertido… Subimos con el coche –un SEAT 850 bastante viejo- hacia Pas de la Casa. El conductor –que no había visto nieve en toda su existencia- se empeñó en que subiéramos hasta la estación de esquí. No llegamos nunca. Y gracias quizá a la suerte no nos quedamos allí todos tiesos como carámbanos. El coche resbaló hacia el arcén y quedó semienterrado en nieve como nata montada. Había comenzado a nevar y no se veía nada a dos palmos de nuestras narices. Salimos del coche y vimos que era imposible sacarlo de allí sin más ayuda que la nuestra. Pero entonces pasó el quitanieve. El conductor nos miró como si estuviéramos locos –lo estábamos, no éramos conscientes del peligro- y nos sacó del hoyo en el que el coche se había quedado medio sumergido.
A la vuelta, perdimos una de las cadenas. Realmente no estábamos preparados… las cadenas eran prestadas –por si acaso- y quedaban algo “grandes” así que el “ingeniero” que las colocó hizo algún que otro apaño para ajustarlas. Todo el rato, oíamos un golpe del trocito de cadena que colgaba pero como éramos jóvenes e inconscientes, sólo lo veíamos como parte de la diversión. Hasta que el sonido se detuvo de repente. ¿Qué pasa? Unos metros más atrás estaba la dichosa cadena tirada sobre la nieve.
Si es que esto de ser de ciudad…