UNA HISTORIA Y MAGRITTE

En el foro catalán de Bookcrossing siempre tenemos alguna que otra actividad lúdica-literaria en marcha. La última idea, de Petitprincep, trata de escribir un relato ultra-corto (hasta 60 palabras) inspirándonos en un cuadro que propondrá. El primer cuadro de nuestro nuevo juego es de Magritte. Un cuadro que, sin duda, puede contener muchas historias. La mía es esta: (Escrita originalmente en catalán)
“Le gustaba tanto la música que, mientras su última amante yacía exhausta y muerta sobre el diván antes compartido, él pegaba la oreja a la trompa del gramófono, olvidado de los acreedores que esperaban a la salida y de los testigos de su execrable proceder. Viajaba con poco equipaje sin destino, indiferente al peligro, sólo deseando escuchar una vez más su aria preferida”
“Li agradava tant la música que, mentre la seva darrera estimada jeia exhausta i morta al divan abans compartit, ell enganxava l’orella a la trompa del gramòfon, oblidat dels creditors que l’esperaven al sortir i dels testimonis del seu execrable comportament. Viatjava amb poc equipatge sense destí, indiferent al perill, només desitjant escoltar un altre vegada la seva ària preferida”.
UN INVESTIGADOR ROMANO EN ROMA
Descubrí la saga de novelas de Marco Didio Falco, de la autora británica Lindsey Davis, gracias a una recomendación.
Casualmente, tenía en casa el primer libro de la saga y, llevada por la curiosidad, comencé a leerlo y… me entusiasmo. Ayer terminé la segunda novela y espero conseguir pronto la tercera para continuar disfrutando de las intrigas en las que este curioso investigador se ve involucrado ahora sí y después también.
Si “La plata de Britania” (The silver pigs) me entusiasmó, me lo he pasado de miedo viajando a Pompeya y alrededores con Falco y su gente, ocho años antes de la históricamente famosa erupción del Vesubio, en “La estatua de bronce”. La novela aúna, como la anterior, acción y romanticismo, todo salpicado de buen humor y una correcta ambientación de la época. No sé si es rigurosa, pero si la autora se ha tomado algunas licencias, simplemente se trata de pinceladas de creatividad. Y, en todo caso, si existiera alguna, no empañaría para nada un argumento redondo y, para colmo, divertido.
Marco Didio Falco, el protagonista, es un investigador privado, nacido en el año 41 d.C., que trabaja como agente del emperador Vespasiano en casos que requieren cierta discreción. La primera novela comienza allá por el año 70 d.C. Marco suple su bajo nivel social y económico con su astucia, su simpatía y un poco de caradura, aunque es algo que lleva francamente mal en lo que concierne a su relación con Helena Justina, una dama de buena familia de la que está enamorado pero para la que no se cree suficientemente bueno (dadas las dificultades económicas y la paga, de la que siempre se queja, que recibe por su trabajo de agente imperial).
En esta ocasión, tras detener una conspiración –una de tantas- contra Vespasiano, se le encarga viajar al sur de Italia en busca de un supuesto conspirador, a fin de ganárselo para la causa del emperador. Pero las circunstancias, posteriormente, le llevarán a la Campania, a la búsqueda de otro de los posibles intrigantes y al esclarecimiento de un misterio que tiene relación con personajes que ya aparecían en la novela anterior.
La novela está ambientada tanto en la populosa Roma, con vistas especialmente al barrio del Aventino donde vive Falco, como en la costa de la Campania donde los romanos pasan sus vacaciones y los ricos dan fastuosas fiestas en villas con vistas al mar. Así que quizá pueda resultar una lectura tan entretenida como refrescante para el verano.
Novelas que completan (hasta el momento) la saga de Marco Didio Falco:
I. La plata de Britania
II. La estatua de bronce
III. La Venus de cobre
IV. La mano de hierro de Marte
V. El oro de Poseidón
VI. El último acto en Palmira
VII. Tiempo para escapar
VIII. Una conjura en Hispania
IX. Tres manos en la fuente
X. ¡A los leones!
XI. Una virgen de más
XII. Oda a un banquero
XIII. Un cadáver en los baños
XIV. El mito de Júpiter
XV. Los fiscales
XVI. En busca de Infamia
XVII. See Delphi and die (en ingles)
Los libros (en inglés)
Página del club de fans de Falco y Lindsey Davis (inglés)
Casualmente, tenía en casa el primer libro de la saga y, llevada por la curiosidad, comencé a leerlo y… me entusiasmo. Ayer terminé la segunda novela y espero conseguir pronto la tercera para continuar disfrutando de las intrigas en las que este curioso investigador se ve involucrado ahora sí y después también.
Si “La plata de Britania” (The silver pigs) me entusiasmó, me lo he pasado de miedo viajando a Pompeya y alrededores con Falco y su gente, ocho años antes de la históricamente famosa erupción del Vesubio, en “La estatua de bronce”. La novela aúna, como la anterior, acción y romanticismo, todo salpicado de buen humor y una correcta ambientación de la época. No sé si es rigurosa, pero si la autora se ha tomado algunas licencias, simplemente se trata de pinceladas de creatividad. Y, en todo caso, si existiera alguna, no empañaría para nada un argumento redondo y, para colmo, divertido. Marco Didio Falco, el protagonista, es un investigador privado, nacido en el año 41 d.C., que trabaja como agente del emperador Vespasiano en casos que requieren cierta discreción. La primera novela comienza allá por el año 70 d.C. Marco suple su bajo nivel social y económico con su astucia, su simpatía y un poco de caradura, aunque es algo que lleva francamente mal en lo que concierne a su relación con Helena Justina, una dama de buena familia de la que está enamorado pero para la que no se cree suficientemente bueno (dadas las dificultades económicas y la paga, de la que siempre se queja, que recibe por su trabajo de agente imperial).
En esta ocasión, tras detener una conspiración –una de tantas- contra Vespasiano, se le encarga viajar al sur de Italia en busca de un supuesto conspirador, a fin de ganárselo para la causa del emperador. Pero las circunstancias, posteriormente, le llevarán a la Campania, a la búsqueda de otro de los posibles intrigantes y al esclarecimiento de un misterio que tiene relación con personajes que ya aparecían en la novela anterior.
La novela está ambientada tanto en la populosa Roma, con vistas especialmente al barrio del Aventino donde vive Falco, como en la costa de la Campania donde los romanos pasan sus vacaciones y los ricos dan fastuosas fiestas en villas con vistas al mar. Así que quizá pueda resultar una lectura tan entretenida como refrescante para el verano.
Novelas que completan (hasta el momento) la saga de Marco Didio Falco:
I. La plata de Britania
II. La estatua de bronce
III. La Venus de cobre
IV. La mano de hierro de Marte
V. El oro de Poseidón
VI. El último acto en Palmira
VII. Tiempo para escapar
VIII. Una conjura en Hispania
IX. Tres manos en la fuente
X. ¡A los leones!
XI. Una virgen de más
XII. Oda a un banquero
XIII. Un cadáver en los baños
XIV. El mito de Júpiter
XV. Los fiscales
XVI. En busca de Infamia
XVII. See Delphi and die (en ingles)
Los libros (en inglés)
Página del club de fans de Falco y Lindsey Davis (inglés)
LA FAMILIA ¿EN PELIGRO?
Durante el reportaje que dieron ayer en la tele, acerca de la manifestación que “no era contra los gays”, algunas de las personas entrevistadas dijeron que “la familia está en peligro”.
Por supuesto, se refieren al modelo de familia que ellos quieren, no a la multitud de modelos que existen. Porque si para ellos el matrimonio homosexual pone en peligro a la familia, entonces todos los separados o divorciados, quienes viven en pareja sin casarse, las mujeres solteras con hijos y cualquier otro núcleo familiar distinto al que ellos imponen también hacen peligrar el concepto católico de familia. En fin, que si ese millón y medio de personas que se manifestaron “no en contra de los gays” es representativo de la familia española, apaga y vámonos.
¿Por qué tienen tanto miedo a una ley que sólo sirve para equilibrar un derecho que otros no tienen? La ley del divorcio, en su momento, también fue algo que se vio como una amenaza de ese concepto de familia, porque la gente se divorciaba, rompiendo “los sagrados vínculos del matrimonio”. Y si tenía suficiente dinero, incluso podían pedir la nulidad en La Rota, con lo cual volvían a casarse por la iglesia y aquí no ha ocurrido nada. Pero la ley del divorcio era necesaria.
Y ahora también es necesaria la ley que permitirá a gays y lesbianas regularizar legalmente su situación de pareja como cualquier otra pareja que así lo desee. El hecho de que haya una ley que permita que se casen no quiere decir que todo el mundo se casará, ni mucho menos, pero quienes sí lo desean, tendrán ese derecho como cualquier hijo de vecino. Y como también son personas (que alguna pancartita se las traía al respecto), merecen disfrutar de los mismos derechos que quienes ya los disfrutan. Si tienen las mismas obligaciones, también los mismos derechos.
No va a pasar absolutamente nada si gays y lesbianas se casan. Ni siquiera pasará absolutamente nada si adoptan niños. Los niños, en vez de estar en un orfanato, podrán contar con padres o madres que los querrán y garantizarán sus necesidades: alimento, casa, educación… y cariño, lo principal. En realidad no es cuestión de que los gays y lesbianas puedan adoptar, si no de que haya niños que sean adoptados y que tengan un hogar y una familia.
Personalmente, esta ley no me afecta directamente, pero es necesario que exista para que la puedan ejercer a quienes sí afecta. Por eso estoy a favor.
¿La familia?… ¡bien, gracias!
Por supuesto, se refieren al modelo de familia que ellos quieren, no a la multitud de modelos que existen. Porque si para ellos el matrimonio homosexual pone en peligro a la familia, entonces todos los separados o divorciados, quienes viven en pareja sin casarse, las mujeres solteras con hijos y cualquier otro núcleo familiar distinto al que ellos imponen también hacen peligrar el concepto católico de familia. En fin, que si ese millón y medio de personas que se manifestaron “no en contra de los gays” es representativo de la familia española, apaga y vámonos.
¿Por qué tienen tanto miedo a una ley que sólo sirve para equilibrar un derecho que otros no tienen? La ley del divorcio, en su momento, también fue algo que se vio como una amenaza de ese concepto de familia, porque la gente se divorciaba, rompiendo “los sagrados vínculos del matrimonio”. Y si tenía suficiente dinero, incluso podían pedir la nulidad en La Rota, con lo cual volvían a casarse por la iglesia y aquí no ha ocurrido nada. Pero la ley del divorcio era necesaria.
Y ahora también es necesaria la ley que permitirá a gays y lesbianas regularizar legalmente su situación de pareja como cualquier otra pareja que así lo desee. El hecho de que haya una ley que permita que se casen no quiere decir que todo el mundo se casará, ni mucho menos, pero quienes sí lo desean, tendrán ese derecho como cualquier hijo de vecino. Y como también son personas (que alguna pancartita se las traía al respecto), merecen disfrutar de los mismos derechos que quienes ya los disfrutan. Si tienen las mismas obligaciones, también los mismos derechos.
No va a pasar absolutamente nada si gays y lesbianas se casan. Ni siquiera pasará absolutamente nada si adoptan niños. Los niños, en vez de estar en un orfanato, podrán contar con padres o madres que los querrán y garantizarán sus necesidades: alimento, casa, educación… y cariño, lo principal. En realidad no es cuestión de que los gays y lesbianas puedan adoptar, si no de que haya niños que sean adoptados y que tengan un hogar y una familia.
Personalmente, esta ley no me afecta directamente, pero es necesario que exista para que la puedan ejercer a quienes sí afecta. Por eso estoy a favor.
¿La familia?… ¡bien, gracias!
PAUL IS DEAD?
Leyendo mi dosis de blogs diaria, me he encontrado con una curiosidad, en el blog de Phentesilea, que hace muchos años ronda por el mundo.
Comencé a ser fan de los Beatles gracias a mi vecina, que me traía singles del grupo, del que ella era una gran admiradora, a casa. Me prestó el “Get back” y ya no hubo quien detuviera mi afición por el grupo. Por aquel entonces, no tenía más que la paga semanal que me daban mis padres, así que para comprar los LP’s había que ahorrar semanas o meses. Pero, poco a poco, fui reuniendo una pequeña colección de singles, LP’s y fotos. Posteriormente, me aficioné también a Paul McCartney, en solitario, con Linda y con Wings. Y también seguí más o menos de cerca a George.
El caso es que allá en el año 1969 apareció la noticia de que Paul había muerto en un accidente de coche en 1966 y que el asunto se había tapado. Se había buscado un doble de Paul para continuar. ¿Ese supuesto doble seguiría su carrera en solitario, con Wings y con su esposa Linda? Resulta, cuanto menos, bastante sospechoso (o no). De todas formas, Paul y Linda se casaron el 12 de marzo de 1969, así que Linda se hubiera casado con el doble y no con Paul McCartney.
Me he dado una vuelta por la página en la que habla de la supuesta muerte de Paul y me he estado informando sobre ese bulo que lleva tantos años existiendo.
Según cuentan en esa página, Paul, después de una discusión en los estudios de Abbey Road, salió a una noche lluviosa con su coche. Era poco antes de las 5 de la madrugada. Por el camino recogió a una chica que hacía autoestop y que, al reconocerle, se puso histérica, consiguiendo que Paul perdiera el control del vehículo, estrellándose contra un poste. La chica salió ilesa y trató de ayudar a Paul a salir, pero el fuego se lo impidió. Además Paul tenía los dedos rotos y no pudo abrir la puerta y, finalmente, el coche estalló. Los curiosos que se habían acercado al lugar del siniestro no pudieron hacer nada debido a las circunstancias, aunque trataron de ayudarle y de apagar el fuego.
Cuando la noticia llegó al manager del grupo, este hizo lo posible para tirar tierra en el asunto. Más tarde se organizó un concurso de dobles y un canadiense, de nombre William Campbell, sería el ganador. Este hombre, posteriormente, fue dado como desaparecido. Dicen que fue porque dejó de ser William Campbell para convertirse en Paul McCartney.
En la misma página también se incluye un “estudio” en mayor o menor profundidad sobre las claves que los Beatles dejaron en sus discos acerca de la muerte de Paul. En realidad el follón comenzó en 1969 cuando un hombre, de nombre Tom (creo), llamó a una emisora de radio comentando que se podían encontrar claves en los discos y escuchando algunas canciones hacia atrás.
Según he leído, y en forma resumida, algunas de las claves serían estas:
Hay más discos en los que se indican claves semejantes. En el “Let it be”, sin ir más lejos, el hecho de que Paul esté enmarcado en un fondo distinto al resto y que, encima, este sea de color rojo, simbolizando la sangre. O en el “Hey Jude”, donde hay una foto del grupo, encima de ellos, en la que los cuatro parecen estar en una especie de bosque mirando al cielo. ¿El lugar donde está enterrado y ellos buscando el alma del compañero fallecido?
Han pasado muchos años desde que este bulo (o lo que sea) comenzó a circular, Paul ya tiene sus años y una carrera propia, al margen de The Beatles, a sus espaldas. No sé si él ha desmentido el bulo alguna vez o si, simplemente, le ha parecido una cosa de esas curiosas que, de alguna forma, acrecientan una leyenda a sus espaldas.
Sea como sea, yo creo que Paul está vivo. Porque canciones como “Heart of the country” o “Average person” entre muchas de las que hizo posteriormente a la separación del grupo, no pueden ser el producto de alguien que se convirtió en McCartney presentándose a un concurso de dobles, sin más. ¿O sí?
Biografía de Paul McCartney (castellano)
Comencé a ser fan de los Beatles gracias a mi vecina, que me traía singles del grupo, del que ella era una gran admiradora, a casa. Me prestó el “Get back” y ya no hubo quien detuviera mi afición por el grupo. Por aquel entonces, no tenía más que la paga semanal que me daban mis padres, así que para comprar los LP’s había que ahorrar semanas o meses. Pero, poco a poco, fui reuniendo una pequeña colección de singles, LP’s y fotos. Posteriormente, me aficioné también a Paul McCartney, en solitario, con Linda y con Wings. Y también seguí más o menos de cerca a George.
El caso es que allá en el año 1969 apareció la noticia de que Paul había muerto en un accidente de coche en 1966 y que el asunto se había tapado. Se había buscado un doble de Paul para continuar. ¿Ese supuesto doble seguiría su carrera en solitario, con Wings y con su esposa Linda? Resulta, cuanto menos, bastante sospechoso (o no). De todas formas, Paul y Linda se casaron el 12 de marzo de 1969, así que Linda se hubiera casado con el doble y no con Paul McCartney.
Me he dado una vuelta por la página en la que habla de la supuesta muerte de Paul y me he estado informando sobre ese bulo que lleva tantos años existiendo.
Según cuentan en esa página, Paul, después de una discusión en los estudios de Abbey Road, salió a una noche lluviosa con su coche. Era poco antes de las 5 de la madrugada. Por el camino recogió a una chica que hacía autoestop y que, al reconocerle, se puso histérica, consiguiendo que Paul perdiera el control del vehículo, estrellándose contra un poste. La chica salió ilesa y trató de ayudar a Paul a salir, pero el fuego se lo impidió. Además Paul tenía los dedos rotos y no pudo abrir la puerta y, finalmente, el coche estalló. Los curiosos que se habían acercado al lugar del siniestro no pudieron hacer nada debido a las circunstancias, aunque trataron de ayudarle y de apagar el fuego. Cuando la noticia llegó al manager del grupo, este hizo lo posible para tirar tierra en el asunto. Más tarde se organizó un concurso de dobles y un canadiense, de nombre William Campbell, sería el ganador. Este hombre, posteriormente, fue dado como desaparecido. Dicen que fue porque dejó de ser William Campbell para convertirse en Paul McCartney.
En la misma página también se incluye un “estudio” en mayor o menor profundidad sobre las claves que los Beatles dejaron en sus discos acerca de la muerte de Paul. En realidad el follón comenzó en 1969 cuando un hombre, de nombre Tom (creo), llamó a una emisora de radio comentando que se podían encontrar claves en los discos y escuchando algunas canciones hacia atrás.
Según he leído, y en forma resumida, algunas de las claves serían estas:
- En “Help” las letras que forman los cuatro componentes con los brazos, según el alfabeto del semáforo (nunca había oído hablar de él), son N-U-J-V (en vez de las evidentes H-E-L-P) que vendrían a significar “New Unknown James vocalist”, es decir “el nuevo y desconocido vocalista James”. el nombre completo de Paul McCartney es James Paul McCartney. También el hecho de que Paul sea el único que no lleva sombrero dicen que podría simbolizar que murió decapitado (como cuenta la leyenda). O que todos lleven el abrigo abotonado menos él (que lleva cremallera), simbolizaría la bolsa en la que se transportan los cadáveres.
- En “Rubber Soul”, el gesto triste y las caras sombrías de los componentes les situaría en el funeral, incluso se juega con la idea que esa foto hubiera sido tomada en el mismo (y el Paul de la foto sería el doble). También menciona detalles en el título, las letras, etc.
- En “Revolver”, cuya portada es un dibujo, se indican como claves –entre otras- que hay un dibujo de Paul gritando (arriba a la derecha junto a George vestido de cowboy) o que Paul tiene un hombre en la oreja, que parece estar tratando de escuchando algo ¿el qué?.
- “Oldies… but goldies” parece que también esconde unas cuantas claves, como el coche con las luces encendidas que hay en la parte superior de la colina y que simbolizaría el accidente ocurrido a las cinco de la madrugada.
- “Sgt. Peppers” sugiere, en su conjunto, un funeral, con mucha gente en el fondo que, si nos fijamos, son personajes que están muertos (Poe, Marilyn, James Dean, Jay Mansfield…). Además, el logo que hay en la batería contiene una frase extraña que podría interpretarse como que el Paul que vive está en lugar del fallecido. El logo está diseñado por un tal Joe Epigrave, que explican que es algo así como un juego de palabras: Epi como abreviatura de “epitafio” y “grave” que significa tumba. Entre otros detalles que se dan en la página y con los que no me extenderé, porque no acabamos.
- “Magical Mistery Tour”. Paul y John admitieron, ambos, que estaban tras la máscara de la morsa (the walrus) pero en la película, la morsa no toca el bajo (lo hace el hipopótamo, creo). En la contraportada, girando la cubierta 90º en el sentido contrario de las agujas del reloj se pueden leer las letras RIP enfocando en las figuras blancas.
- Quizá la portada del “Abbey Road” sea la más famosa con respeto a este bulo. Las ropas que llevan o el que Paul vaya descalzo se consideran claves sobre el misterio. Paul iría vestido con un traje viejo y con los ojos cerrados simbolizando al muerto de la procesión. También lleva un cigarrillo en la mano derecha que, por un lado parece incongruente porque Paul era zurdo y, por otro, en los años 60 los cigarrillos eran llamados “coffin nails”, es decir los clavos del ataúd. Para no dejar de mencionar que en un Volkswagen escarabajo que hay en la foto se lee la matrícula LMW 281F que algunas personas han considerado como una clave importante: “Si Paul estuviera vivo tendría 28 años” (28 IF). Aunque Paul nació en 1942 y tendría 27 años en esa época, algunas personas consideran que, si se sigue la tradición india de que cada persona nace con nueve meses (el cumpleaños se celebra en el momento de la concepción y no en el del nacimiento), Paul sí tendría 28 años.
Hay más discos en los que se indican claves semejantes. En el “Let it be”, sin ir más lejos, el hecho de que Paul esté enmarcado en un fondo distinto al resto y que, encima, este sea de color rojo, simbolizando la sangre. O en el “Hey Jude”, donde hay una foto del grupo, encima de ellos, en la que los cuatro parecen estar en una especie de bosque mirando al cielo. ¿El lugar donde está enterrado y ellos buscando el alma del compañero fallecido?
Han pasado muchos años desde que este bulo (o lo que sea) comenzó a circular, Paul ya tiene sus años y una carrera propia, al margen de The Beatles, a sus espaldas. No sé si él ha desmentido el bulo alguna vez o si, simplemente, le ha parecido una cosa de esas curiosas que, de alguna forma, acrecientan una leyenda a sus espaldas.
Sea como sea, yo creo que Paul está vivo. Porque canciones como “Heart of the country” o “Average person” entre muchas de las que hizo posteriormente a la separación del grupo, no pueden ser el producto de alguien que se convirtió en McCartney presentándose a un concurso de dobles, sin más. ¿O sí?
Biografía de Paul McCartney (castellano)
BEATRIZ Y LOS CUERPOS CELESTES
“… todo aquel amor que he mantenido vivo durante cuatro inacabables años no ha sido más que la luz de una estrella muerta”.
Beatriz y los cuerpos celestes
Capítulo IV
Mal que me pese, tengo que reconocer que la novela me ha gustado. Nunca he sabido por qué, imagino que se trataba, más que otra cosa, de falta de empatía con la autora. Y como no me gustaba ella me limitaba a no leer sus libros.
Hasta ahora, claro. El libro llegó a mis manos a través de BookCrossing. Ni siquiera recuerdo cuándo aterrizó en la estantería de pendientes de lectura que hay detrás de la puerta de mi micro-despacho. Ahí se quedó hasta que hace una semana, buscando una nueva lectura, decidí darle una oportunidad. ¿Fue curiosidad? ¿Por qué escogí este libro y no cualquier otro?
Ahora no me cae mejor (ni peor) ni me he propuesto buscar todas sus novelas, pero reconozco que con “Beatriz y los cuerpos celestes”, Lucia Etxebarria ha logrado seducirme, voluntariamente. Lo que se dice enganchada a su lectura. La novela, escrita en primera persona y con numerosos saltos en el espacio y en el tiempo, cuenta una historia que puede haber acontecido cientos de veces. La historia de una chica de mi generación, de una época en la que yo era poco más que una adolescente. No me siento identificada con ella: ni por su relación con los padres, ni por sus escarceos con la droga, ni por su sexualidad, ni siquiera por su soledad. Pero si es cierto que Beatriz no me parece un personaje ajeno, y quizá por ello, porque consigue hacerse cercano, la novela fluye suavemente hasta el último capítulo.
La historia narrada por su propia protagonista nos lleva desde una infancia marcada por la relación con sus padres hasta el momento actual, cuando Beatriz, Bea, Betty, ha dejado de ser una adolescente para cuestionar su propia vida. Las cosas que ha hecho por amor, su paso por una adolescencia marcada por la soledad y la incomprensión, su sexualidad dual (o quizá universal, ya que ella no ama a hombres o mujeres, sino a personas), sus escarceos con la droga. Creo que es un libro que merece la pena recomendar.
Esta novela obtuvo el Premio Nadal en 1998. Fue presentada bajo el título “Tierra de por medio” y el seudónimo de Beatriz Santos Arrate.
EL SALÓN DEL CÓMIC: UNA MAÑANA EN CLAROSCUROS
Llevo cuatro años acudiendo al Salón del Cómic que se celebra en Barcelona, y ese espacio era ya algo familiar, una actividad señalada en el calendario de compromisos lúdicos varios. Tanto a mi compañero como a mi nos gustan los cómics, así que una vez al año aprovechamos para bucear en los stands del Saló, en busca de historias nuevas o de otras ya conocidas. Un año conocimos en persona a Sergio Aragonés, el autor de Groo, y en otra ocasión conseguimos el autógrafo de Bernet (el autor de Torpedo) después de hacer la cola pertinente. Mi hijo se ha fotografiado con el Spiderman de turno (era un poco bajito). Hemos charlado con Son Goku, tropezado con Hommer Simpson, visitado exposiciones de cómics diversos, hemos sido perseguidos por fanzineros pertinaces o, directamente, hemos ido a visitar a fanzineros que conocíamos.
Este año, el Saló me ha sabido a poco, o a menos. Quizás el cambio de ubicación me desubicó. Antes se celebraba en la Estación de Francia, en la que nos conocíamos casi de memoria la ubicación de los stands y que recorríamos en una ya predeterminada ruta familiar. Había tres pasillos largos, tres caminatas de caseta a caseta. Eso de que ahora lo hagan en la Fira de Barcelona no me ha acabado de gustar. Faltaba luz natural, caminabas en un claroscuro, entre la luz potente de los stands y la oscuridad de los pasillos. En la Estación, la luz se colaba por las cristaleras del techo y había un no-se-qué de exterioridad, de ver las caras con las que te cruzabas. En la Fira, las casetas no se alineaban como en la Estación, las rutas eran erráticas de aquí para allá. Probablemente nos dejamos alguna que valía la pena visitar. El segundo pabellón, todo y que podía considerarse un espacio de mayor tranquilidad, se veía vacío, demasiado grande para lo que había allí.
Este año compré muy poco. Cayó un cómic de Pafman que me llamó la atención. Terminé por no comprar uno de Ranma, porque al fin y al cabo, ya estoy haciendo la colección de DVDs de la serie y los cómics los puedo comprar cuando quiero en la tienda de al lado de casa, al mismo precio. El nuevo de los Xunguis, para mi hijo, estaba agotado y sólo tenían el del año anterior, que ya habíamos comprado el año anterior. Me tuve que “comer” una entrada de más porque nosotros éramos tres y las entradas eran para dos cada una. Nos enganchamos en las maquinitas de muñecos en busca del Pokemon perdido. Las exposiciones no me llamaron demasiado la atención, aunque la de Manel Fontdevila no estaba nada mal y la de Horacio Altuna era curiosa. Nos regalaron un montón de cómics a cambio de nuestras entradas. A mi hijo le regalaron un lote de “Witch” que tendremos que regalar, a nuestra vez, a alguna amiguita del cole, porque la diadema de diamantes de plástico y la revista para “convertirse en princesa” no es algo que a él le interese.
Lo mejor del Saló: que hubiera varias cafeterías para tomar un tentempié o hacer un café. Acostumbrados a que en la Estación sólo nos quedaba la opción de ir a la cafetería de esta, tener tres cafeterías a nuestra disposición estaba bien. Pero, claro, vas una vez –o dos- y eso es todo.
La Comicteca, como siempre, un lugar obligado, ya que mi hijo se queda siempre un rato, todos los años, a pintar y jugar allí, para salir con la cara llena de colores y alguna manualidad bajo el brazo.
No nos quedamos a pasar la tarde, como otros años. Con la mañana habíamos tenido suficiente.
Para colmo, nos olvidamos la cámara de fotos, así que ni Batman, ni Robin, ni la Gata quedarán inmortalizados en JPEG. Y este año, cosa rara, no tropezamos con el simpático Son Goku de todos los años, ni con la voluptuosa Electra. Lo cierto es que a los superhéroes los vimos de refilón y gracias.
COMO LEER TUS BLOGS FAVORITOS...
... Y NO AGOBIARTE EN EL INTENTO
Cuando llevas ya muchos meses enganchada a los blogs, seguirles la pista a aquellos de los que eres adicta, en ocasiones, puede resultar un poco pesado si no echas mano de herramientas que te faciliten su lectura.
Un amigo, hace ya bastantes meses, me habló de los lectores de blogs, que te ponen al día de los artículos nuevos de aquellos blogs a los que te suscribes. Así no te pierdes ningún artículo si estás unos días desconectado, y sabes cuándo actualizan los autores, sin tener que ir de peregrinación bloguera.
Hace también algún tiempo que incluí en mi blog un botoncito para que quien quisiera se suscriba a mi blog a través de un lector de esos, de forma casi automática. Lo veréis bajando en la parte izquierda, después de la sindicación.
He estado un par de semanas más liada que de costumbre y he tenido que aparcar mis lecturas diarias de blogs durante ese periodo pero, ahora que vuelvo a reanudar tan saludable costumbre, con sólo entrar en mi lector, me he puesto al día de lo que había de novedad.
Así que hoy, que no tenía un tema en concreto sobre el que escribir, aprovecho para recomendaros este servicio. Actualmente hago servir dos lectores de blogs distintos: Bloglines y Feedness (tenía un tercero, pero resultaba tan agobiante que cada dos por tres me salieran avisos, que me deshice de él). Bloglines, en especial, es de lo más discreto. Se queda muy quietito en la barra inferior de Windows y sólo tienes que clicarle para ver que hay de nuevo hoy. El de Feedness es un poco pesadito, porque de vez en cuando salta un aviso para que leas nuevos artículos, pero no tanto como el que descarté en su momento.
Que tengáis un buen fin de semana. Nosotros estaremos de visita en el Saló del Cómic, como todos los años. Supongo que saldremos cansados de tanto caminar y cargaditos con un puñado de cómics nuevos para devorar estos días.
Espero compartir en breve una crónica del evento con vosotros.
Cuando llevas ya muchos meses enganchada a los blogs, seguirles la pista a aquellos de los que eres adicta, en ocasiones, puede resultar un poco pesado si no echas mano de herramientas que te faciliten su lectura.
Un amigo, hace ya bastantes meses, me habló de los lectores de blogs, que te ponen al día de los artículos nuevos de aquellos blogs a los que te suscribes. Así no te pierdes ningún artículo si estás unos días desconectado, y sabes cuándo actualizan los autores, sin tener que ir de peregrinación bloguera.
Hace también algún tiempo que incluí en mi blog un botoncito para que quien quisiera se suscriba a mi blog a través de un lector de esos, de forma casi automática. Lo veréis bajando en la parte izquierda, después de la sindicación.
He estado un par de semanas más liada que de costumbre y he tenido que aparcar mis lecturas diarias de blogs durante ese periodo pero, ahora que vuelvo a reanudar tan saludable costumbre, con sólo entrar en mi lector, me he puesto al día de lo que había de novedad.
Así que hoy, que no tenía un tema en concreto sobre el que escribir, aprovecho para recomendaros este servicio. Actualmente hago servir dos lectores de blogs distintos: Bloglines y Feedness (tenía un tercero, pero resultaba tan agobiante que cada dos por tres me salieran avisos, que me deshice de él). Bloglines, en especial, es de lo más discreto. Se queda muy quietito en la barra inferior de Windows y sólo tienes que clicarle para ver que hay de nuevo hoy. El de Feedness es un poco pesadito, porque de vez en cuando salta un aviso para que leas nuevos artículos, pero no tanto como el que descarté en su momento.
Que tengáis un buen fin de semana. Nosotros estaremos de visita en el Saló del Cómic, como todos los años. Supongo que saldremos cansados de tanto caminar y cargaditos con un puñado de cómics nuevos para devorar estos días.
Espero compartir en breve una crónica del evento con vosotros.
VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS
Últimamente no es extraño encontrar noticias en los periódicos que hablan de la violencia en las escuelas. Quienes tenemos hijos nos sentimos preocupados ante semejante panorama y cruzamos los dedos a la espera de que la educación que les damos y el sentido común les aparte de compañías poco o nada recomendables, de peleas… Deseamos fervientemente que nuestros hijos no lleguen a ser noticia en los periódicos, en la sección de sucesos.
Creo que el llamado “bullying”(*) ha existido siempre. Si no, haced memoria y acordaros de aquel o aquella compañero/a de clase que era el blanco de las burlas, al que ponían la trabanqueta al ir a la pizarra, al que le colocaban motes desagradables y del que se reían con el mero deseo de avergonzarle frente a los demás. El resto, por lo general, no hacíamos nada. Probablemente, por miedo a convertirnos en el siguiente blanco. A veces, una corriente de simpatía hacía que algunos compañeros hicieramos piña en defensa del acosado, pero por regla general, la víctima tenía que hacer de tripas corazón para ir día a día a clase. Yo tuve una compañera de clase que tuvo que aguantar situaciones desagradables de ese tipo hasta que los cuatro o cinco que la fastidiaban dejaron los estudios. Llegó a ser una de mis mejores amigas a raíz de que coincidiéramos en el camino de regreso a casa. Eso sí, no recuerdo que jamás la cosa pasara de insultos, risas y burlas. Y, sinceramente, llegué a admirarla, porque a pesar de esos incidentes ella no faltaba nunca a clase.
El otro día, justo después de dejar a mi hijo en el cole, me encontré con una escena de violencia que me dejó helada. Los contendientes eran dos chavales de secundaria de un colegio cercano. Al que iba desarmado no lo vi bien, pero era un chico más bien delgado. El agresor era un chaval de rasgos asiáticos y noventa kilos de peso (por lo menos). Un peso pesado. Y, además de que aventajaba al otro en peso y altura, iba pertrechado con unos nunchacos con los que golpeaba metódicamente al otro, que trataba de zafarse y esquivar los golpes. No sólo le golpeaba sino que hacía fintas con el arma. Esa pelea de la que jamás, supongo, conoceré el motivo, se desarrolló a la entrada de un colegio público, en medio de un centenar de estudiantes de todas las edades. Había desde niños pequeños a adolescentes, además de madres. Para colmo es una zona muy concurrida ya que, en la acera de enfrente del colegio, se alinean media docena de restaurantes con sus correspondientes terrazas de verano.
En aquel instante, aquello parecía un hervidero humano. Nadie se atrevía a intervenir, salvo los interesados en el asunto, aunque se escuchaban los más diversos comentarios.
Finalmente el agredido salió corriendo calle abajo y el agresor y sus colegas marcharon por la calle perpendicular, espero que no en su persecución.
Cuando escuché las sirenas de la policía, yo ya había llegado a casa, pero estaba convencida de que iban hacia allí, aunque seguramente ya no encontrarían a nadie: la contienda había terminado.
(*)Bullying. Anglicismo procedente de la palabra inglesa bully traducida como matón o abusón. Se aplica a los problemas provocados por niños y adolescentes en colegios e institutos, cuando éstos provocan y agreden a otros compañeros más débiles ante la complicidad de otros escolares y la impotencia de profesores, padres y educadores.
Creo que el llamado “bullying”(*) ha existido siempre. Si no, haced memoria y acordaros de aquel o aquella compañero/a de clase que era el blanco de las burlas, al que ponían la trabanqueta al ir a la pizarra, al que le colocaban motes desagradables y del que se reían con el mero deseo de avergonzarle frente a los demás. El resto, por lo general, no hacíamos nada. Probablemente, por miedo a convertirnos en el siguiente blanco. A veces, una corriente de simpatía hacía que algunos compañeros hicieramos piña en defensa del acosado, pero por regla general, la víctima tenía que hacer de tripas corazón para ir día a día a clase. Yo tuve una compañera de clase que tuvo que aguantar situaciones desagradables de ese tipo hasta que los cuatro o cinco que la fastidiaban dejaron los estudios. Llegó a ser una de mis mejores amigas a raíz de que coincidiéramos en el camino de regreso a casa. Eso sí, no recuerdo que jamás la cosa pasara de insultos, risas y burlas. Y, sinceramente, llegué a admirarla, porque a pesar de esos incidentes ella no faltaba nunca a clase.
El otro día, justo después de dejar a mi hijo en el cole, me encontré con una escena de violencia que me dejó helada. Los contendientes eran dos chavales de secundaria de un colegio cercano. Al que iba desarmado no lo vi bien, pero era un chico más bien delgado. El agresor era un chaval de rasgos asiáticos y noventa kilos de peso (por lo menos). Un peso pesado. Y, además de que aventajaba al otro en peso y altura, iba pertrechado con unos nunchacos con los que golpeaba metódicamente al otro, que trataba de zafarse y esquivar los golpes. No sólo le golpeaba sino que hacía fintas con el arma. Esa pelea de la que jamás, supongo, conoceré el motivo, se desarrolló a la entrada de un colegio público, en medio de un centenar de estudiantes de todas las edades. Había desde niños pequeños a adolescentes, además de madres. Para colmo es una zona muy concurrida ya que, en la acera de enfrente del colegio, se alinean media docena de restaurantes con sus correspondientes terrazas de verano.
En aquel instante, aquello parecía un hervidero humano. Nadie se atrevía a intervenir, salvo los interesados en el asunto, aunque se escuchaban los más diversos comentarios.
Finalmente el agredido salió corriendo calle abajo y el agresor y sus colegas marcharon por la calle perpendicular, espero que no en su persecución.
Cuando escuché las sirenas de la policía, yo ya había llegado a casa, pero estaba convencida de que iban hacia allí, aunque seguramente ya no encontrarían a nadie: la contienda había terminado.
(*)Bullying. Anglicismo procedente de la palabra inglesa bully traducida como matón o abusón. Se aplica a los problemas provocados por niños y adolescentes en colegios e institutos, cuando éstos provocan y agreden a otros compañeros más débiles ante la complicidad de otros escolares y la impotencia de profesores, padres y educadores.
LA DÉCIMA VÍCTIMA
A veces en BTV, Barcelona Televisión, dan películas ciertamente curiosas, de esas que ya no se ven ni en las estanterías más recónditas del video-club más kirsch del barrio. Películas que, algunos, recordamos haber visto en blanco y negro (porque las teles aún lo eran, no necesariamente las películas) de años ha.
Hace un par de noches me quedé enganchada por la película más extraña, estrambótica y sesentera que he visto en años. Lo que realmente me sedujo era el género al que pertenecía y del que soy casi adicta: la ciencia ficción. Al día siguiente no dudé en recurrir a Google para buscarla.
“La decima vittima” , o “La víctima número 10” como fue titulada en España, es una película franco-italiana protagonizada por un Marcello Mastroianni futurista y una Ursula Andress explosiva y sexy como una barbie de los sesenta. El argumento, basado en una novela de Robert Sheckley , una mezcla de futurismo y look de los 60 alucinógeno. Y lo mejor de todo: ese futuro del que habla ocurre en el año 2000, con lo cual, en estos momentos, ya es pasado.

Marcello Mastroianni es un cuarentón sexy, futurista, rubio oxigenado y austero que participa en el concurso más famoso del mundo: “la caza”. Cada inscrito tiene derecho a diez cazas, cinco en las que es cazador y cinco en las que es víctima. A Marcello, que así también se llama el protagonista, le ha tocado ser víctima y ya tiene empeñado el dinero que le pagarán por ello (no me quedó claro si se lo pagan si muere o si consigue salir de esa). Está recién divorciado de su mujer, que ya se ha gastado todo el premio de la caza anterior, y su novia –Elsa Martinelli- ya tiene planeado cómo gastarse el próximo.
La Andress es la cazadora. Una mujer escultural, de gestualidad de muñeca y ropero sexy-futurista (predomina el fucsia) que, acompañada de un equipo de asesores, va a filmar el anuncio de su vida (por otra parte, el anuncio de una marca de té) mientras se carga a su víctima de turno.
El resto de película, tras la presentación inicial, es una carrera de despropósitos bastante divertida, en la que ambos jugarán al gato y al ratón, a veces incluso intercambiando el papel, a ver quién puede más.
El final, sin duda, grotesco, te arranca una sonrisa.
Las escenas de amor, los besos, son extravagantes y plastificados. No sé, pero ahí al Mastroianni no le veo yo muy fino del todo. Pero claro, es que en el futuro que nos narran hasta el sexo es tan frío como el plexiglás.
Como mínimo me reí y, pesar de que eran las tantas de la madrugada y que los ojos se me cerraban de puro sueño, no pude evitar quedarme hasta el final.
Hace un par de noches me quedé enganchada por la película más extraña, estrambótica y sesentera que he visto en años. Lo que realmente me sedujo era el género al que pertenecía y del que soy casi adicta: la ciencia ficción. Al día siguiente no dudé en recurrir a Google para buscarla.
“La decima vittima” , o “La víctima número 10” como fue titulada en España, es una película franco-italiana protagonizada por un Marcello Mastroianni futurista y una Ursula Andress explosiva y sexy como una barbie de los sesenta. El argumento, basado en una novela de Robert Sheckley , una mezcla de futurismo y look de los 60 alucinógeno. Y lo mejor de todo: ese futuro del que habla ocurre en el año 2000, con lo cual, en estos momentos, ya es pasado.

Marcello Mastroianni es un cuarentón sexy, futurista, rubio oxigenado y austero que participa en el concurso más famoso del mundo: “la caza”. Cada inscrito tiene derecho a diez cazas, cinco en las que es cazador y cinco en las que es víctima. A Marcello, que así también se llama el protagonista, le ha tocado ser víctima y ya tiene empeñado el dinero que le pagarán por ello (no me quedó claro si se lo pagan si muere o si consigue salir de esa). Está recién divorciado de su mujer, que ya se ha gastado todo el premio de la caza anterior, y su novia –Elsa Martinelli- ya tiene planeado cómo gastarse el próximo.
La Andress es la cazadora. Una mujer escultural, de gestualidad de muñeca y ropero sexy-futurista (predomina el fucsia) que, acompañada de un equipo de asesores, va a filmar el anuncio de su vida (por otra parte, el anuncio de una marca de té) mientras se carga a su víctima de turno.
El resto de película, tras la presentación inicial, es una carrera de despropósitos bastante divertida, en la que ambos jugarán al gato y al ratón, a veces incluso intercambiando el papel, a ver quién puede más.
El final, sin duda, grotesco, te arranca una sonrisa.
Las escenas de amor, los besos, son extravagantes y plastificados. No sé, pero ahí al Mastroianni no le veo yo muy fino del todo. Pero claro, es que en el futuro que nos narran hasta el sexo es tan frío como el plexiglás.
Como mínimo me reí y, pesar de que eran las tantas de la madrugada y que los ojos se me cerraban de puro sueño, no pude evitar quedarme hasta el final.
EPITAFIO A UNA MADRE
Se fue el lunes, aunque su luz se había apagado hacía tiempo. Yo apenas la conocía. La había visto una o dos veces, pero ella, seguramente, no se podía acordar de mí. Después de una operación que la dejó viva pero le robó el alma, no volvió a ser la misma que fue, y yo la conocí tiempo después.
A veces, conocemos a las personas a través de otros. Y, en mi caso, las palabras y los gestos de cariño de su hija, mi amiga, me permitieron conocerla a otro nivel distinto, a través de los ojos de quien la quería. Y eso, desde luego, me sirve para llorarla ahora que ya no está.
Nunca se me han dado bien las condolencias. Ni darlas ni recibirlas. Pero me duele su pérdida porque le duele a una amiga querida. Mi dolor, quizá, no es del todo genuino, pues no fue alguien cercano a mí, es un dolor reflejo. Sentir una pérdida ajena como propia por querer compartirla con alguien a quien aprecias. Porque si ella llora, yo quiero llorar con ella. Si puedo robarle un poco de peso del corazón y ayudarla a cargarlo, igual es más llevadero entre las dos.
Descanse en paz.
A veces, conocemos a las personas a través de otros. Y, en mi caso, las palabras y los gestos de cariño de su hija, mi amiga, me permitieron conocerla a otro nivel distinto, a través de los ojos de quien la quería. Y eso, desde luego, me sirve para llorarla ahora que ya no está.
Nunca se me han dado bien las condolencias. Ni darlas ni recibirlas. Pero me duele su pérdida porque le duele a una amiga querida. Mi dolor, quizá, no es del todo genuino, pues no fue alguien cercano a mí, es un dolor reflejo. Sentir una pérdida ajena como propia por querer compartirla con alguien a quien aprecias. Porque si ella llora, yo quiero llorar con ella. Si puedo robarle un poco de peso del corazón y ayudarla a cargarlo, igual es más llevadero entre las dos.
Descanse en paz.
PREMIOS 20BLOG DE 20 MINUTOS
Como ya comenté hace algún tiempo, han comenzado las votaciones para estos premios y, en fin, nada, que hoy vengo a hacer campaña para que me votéis… que ya sé que no tengo nada que hacer frente a gigantes del blog que se me van a comer cruda; que la gente que lee mi blog es muy poquita y aún son menos los que dejan comentarios de mis artículos; que me lo voy a tener que tomar con deportividad, porque es la única manera de encajar el asunto. Pero no me gustaría quedarme “vestida por el mundo” con cero points en mi haber como quien maneja mi barca.
Así que os invito a votar mi blog, si queréis, sólo pinchando en el enlace que hay más abajo.
También quisiera disculparme con quienes sé que me leen habitualmente porque estoy de una vagancia que quita la respiración. A ver si termino de leer el libro de Coetzee, que esta vez me está costando terminar la lectura–y no porque no me guste el libro sino por falta de más tiempo- y me embarco en nuevas lecturas que pueda comentaros.
El otro día estuve a puntito de colgar un artículo en relación a “hacerse mayor” y es que llega un punto en la vida en el que te das cuenta de que, efectivamente, una no se puede plantar en la vida y decir “a partir de hoy descumplo” o simplemente me quedo donde estoy. Porque todo el resto que te rodea continua imparable. Pero decidí que no estaba yo de humor para hablar del tema y mejor dejarlo para otro momento.
Así que os invito a votar mi blog, si queréis, sólo pinchando en el enlace que hay más abajo.
También quisiera disculparme con quienes sé que me leen habitualmente porque estoy de una vagancia que quita la respiración. A ver si termino de leer el libro de Coetzee, que esta vez me está costando terminar la lectura–y no porque no me guste el libro sino por falta de más tiempo- y me embarco en nuevas lecturas que pueda comentaros.
El otro día estuve a puntito de colgar un artículo en relación a “hacerse mayor” y es que llega un punto en la vida en el que te das cuenta de que, efectivamente, una no se puede plantar en la vida y decir “a partir de hoy descumplo” o simplemente me quedo donde estoy. Porque todo el resto que te rodea continua imparable. Pero decidí que no estaba yo de humor para hablar del tema y mejor dejarlo para otro momento.
LA EDAD DE HIERRO
Mi primera incursión en la literatura de Coetzee ha sido, sin duda, un gesto de “serenpendity”, o como quiera que esa palabra pueda ser traducida al castellano. Como ya expliqué en el artículo anterior, fue uno de los libros que mi compañero y yo “cazamos”, un domingo por la tarde, a la hora de la siesta, en el cajero de un banco.
Hasta ese momento, sabía quien era Coetzee (un escritor) y tenía la información de que fue Nobel (el 2003). Pero no sabía nada de lo que sus libros encierran. Ahora, en todo caso, puedo hablar de lo que, para mi, encierra uno de sus libros: “La edad de hierro”.
Me ha pasado en ocasiones, que leo una narración de voz femenina en la pluma de un hombre (o viceversa) y no acabo de creérmela. Pero Coetzee ha conseguido convencerme. La voz sincera, desgarrada por el dolor, tensada por la experiencia y suavizada por la sensatez, es la de una mujer, por mucho que sea Coetzee quien está detrás. No hay falsete. Quizá porque Coetzee no ha querido profundizar en el alma femenina, sino en el alma humana, y ahí compartimos todos un intrincado universo de sentimientos, sensaciones, miedos y deseos.
Si se ha podido meter en el pellejo de la protagonista y salir airoso, como es el caso, sin despeinarse –literariamente hablando-, es que ha captado por completo la esencia y, o bien ha sabido hacernos llegar esa esencia y nosotros hemos sido capaces de captarla. Al fin y al cabo, leer es una pasión solitaria pero la voz del escritor y la del lector colaboran estrechamente durante la lectura, para hacer real una historia que puede que no haya existido salvo en el pensamiento del escritor, y que el lector hace suya.
Pero no se trata sólo del retrato, en clave epistolar –o a modo de diario escrito para ser leído- del personaje. Sino que habla del latido de un país en una época difícil y oscura. Finales del apartheid en Sudáfrica, una época de tensiones, de miedos, de luchas y de injusticia. Y lo hace a través de esa voz sincera y cansada, que prefiere el mundo que conoció, que lucha a pesar de tener la guerra perdida y que, a pesar de aferrarse a la vida con toda su voluntad, no sabe si vale la pena quedarse para vivir en un país en llamas, como le está ocurriendo al suyo. Un personaje singular, un vagabundo instalado en el patio de su casa por el que siente tanto interés como desagrado, es depositario de muchas de las confidencias y reflexiones de esta mujer a la que se le acaba el tiempo y que aún le queda mucho por decir, para irse “perdonando a los vivos y sin amargura”.
Cuando el vagabundo le pregunta a la mujer para qué lo necesita, ella se lo explica así: “Es difícil estar siempre sola. Eso es todo. Yo no le he escogido, pero ahora mismo es lo que tengo, y he de conformarme. Es el que llegó. Es como tener un hijo. No se puede elegir un hijo. Llega y basta”.
Hasta ese momento, sabía quien era Coetzee (un escritor) y tenía la información de que fue Nobel (el 2003). Pero no sabía nada de lo que sus libros encierran. Ahora, en todo caso, puedo hablar de lo que, para mi, encierra uno de sus libros: “La edad de hierro”.Me ha pasado en ocasiones, que leo una narración de voz femenina en la pluma de un hombre (o viceversa) y no acabo de creérmela. Pero Coetzee ha conseguido convencerme. La voz sincera, desgarrada por el dolor, tensada por la experiencia y suavizada por la sensatez, es la de una mujer, por mucho que sea Coetzee quien está detrás. No hay falsete. Quizá porque Coetzee no ha querido profundizar en el alma femenina, sino en el alma humana, y ahí compartimos todos un intrincado universo de sentimientos, sensaciones, miedos y deseos.
Si se ha podido meter en el pellejo de la protagonista y salir airoso, como es el caso, sin despeinarse –literariamente hablando-, es que ha captado por completo la esencia y, o bien ha sabido hacernos llegar esa esencia y nosotros hemos sido capaces de captarla. Al fin y al cabo, leer es una pasión solitaria pero la voz del escritor y la del lector colaboran estrechamente durante la lectura, para hacer real una historia que puede que no haya existido salvo en el pensamiento del escritor, y que el lector hace suya.
Pero no se trata sólo del retrato, en clave epistolar –o a modo de diario escrito para ser leído- del personaje. Sino que habla del latido de un país en una época difícil y oscura. Finales del apartheid en Sudáfrica, una época de tensiones, de miedos, de luchas y de injusticia. Y lo hace a través de esa voz sincera y cansada, que prefiere el mundo que conoció, que lucha a pesar de tener la guerra perdida y que, a pesar de aferrarse a la vida con toda su voluntad, no sabe si vale la pena quedarse para vivir en un país en llamas, como le está ocurriendo al suyo. Un personaje singular, un vagabundo instalado en el patio de su casa por el que siente tanto interés como desagrado, es depositario de muchas de las confidencias y reflexiones de esta mujer a la que se le acaba el tiempo y que aún le queda mucho por decir, para irse “perdonando a los vivos y sin amargura”.
Cuando el vagabundo le pregunta a la mujer para qué lo necesita, ella se lo explica así: “Es difícil estar siempre sola. Eso es todo. Yo no le he escogido, pero ahora mismo es lo que tengo, y he de conformarme. Es el que llegó. Es como tener un hijo. No se puede elegir un hijo. Llega y basta”.
PAROLE, PAROLE, PAROLE
Últimamente mi actividad en el blog es casi inexistente. No sé si se me terminaron los temas o si la astenia primaveral ha hecho mella en mí y estoy en una fase de vagancia escritora. Pero hoy, para variar, me apetece escribir.
Hay un proverbio alemán que dice que el habla es plata y el silencio oro. Entonces, mis silencios deben ser valiosos… quizá es mejor callar si no se tiene nada que decir. Últimamente poco tengo que decir, ni siquiera sé si he dicho algo que valga la pena desde que comencé a escribir este blog.
También decía Goethe que una sola palabra basta para destruir la dicha de los hombres. A veces, es más fácil de lo que parece, por lo menos destruir la ilusión.
Decía Lao-Tse que las palabras elegantes no son sinceras; y las sinceras no son elegantes. No sé si soy elegante, pero quizá tampoco soy sincera. Ni siquiera sé si es posible ser sincera al 100% en un cuaderno, aunque sepas que nadie lo va a leer, porque esa nunca es una certeza. Pero no estoy del todo de acuerdo con Lao-Tse. ¿Por qué la elegancia y la sinceridad tienen que estar necesariamente reñidas? ¿No se pueden decir las cosas sin perder la compostura, las buenas maneras, la elegancia?
Tales de Mileto tenía también algo que decir al respecto, que muchas palabras no indican mucha sabiduría. Lo decía Gracián, que lo breve, si bueno, dos veces bueno, así que aplicando una y otra frase, igual nos queda que pocas palabras, si buenas, indican sabiduría. Montesquieu aseguró que cuanto menos se piensa, más se habla. Y posiblemente tiene toda la razón. Así que pocas palabras, bien pensadas, igual indican sabiduría. ¿Tendremos que aprender a ser lacónicos? Qué lástima que a mi no me sale. Realmente debo pensar poco, porque hablar… hablo por los codos. Pobre sabiduría mía, inexistente, que habla mucho, no dice nada y, para colmo, ni siquiera es breve. Pero es lo que hay.
Somerset Maughan, por otra parte, dejó dicho que si la gente sólo hablara cuando tuviera algo que decir, el ser humano perdería muy pronto el uso del lenguaje. Bueno, se supone que hablar –o escribir- es comunicarnos. Si sólo tenemos que comunicar lo que realmente es importante, pareceríamos el parte del telenoticias. Se perdería la conversación intrascendente, inútil y sin propósito, pero que, a veces, rellena los vacíos de silencio que la voz acalla.
Y para terminar este despropósito de hoy, una de Voltaire: “Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento”. Seguro que la mayoría nos pasamos el día estropeando más de uno y más de dos. No se puede estar todo el día sopesando las palabras como si estuviéramos escribiendo el soneto de nuestra vida. Podemos esforzarnos en escoger con cuidado nuestras palabras, enlazarlas pulcramente en nuestras frases pero, aún así, seguro que alguna se colocará mal, en el sitio donde no le corresponde y todo nuestro afán de construir bellos pensamientos se irá al carajo.
Leyendo estos días: “La edad de hierro” de Coetzee. Un libro que rescaté en un cajero automático. Un compañero de Bookcrossing anunció sus liberaciones de aquel domingo y mi pareja y yo nos animamos a visitar los puntos donde había dejado libros. En el primero hubo suerte: tres libros de los cuales nos llevamos dos y, como íbamos preparados, sustituimos por otros dos. En el segundo lugar no hubo suerte, pero dejamos el tercero que llevábamos nosotros para liberar.
Hay un proverbio alemán que dice que el habla es plata y el silencio oro. Entonces, mis silencios deben ser valiosos… quizá es mejor callar si no se tiene nada que decir. Últimamente poco tengo que decir, ni siquiera sé si he dicho algo que valga la pena desde que comencé a escribir este blog.
También decía Goethe que una sola palabra basta para destruir la dicha de los hombres. A veces, es más fácil de lo que parece, por lo menos destruir la ilusión.
Decía Lao-Tse que las palabras elegantes no son sinceras; y las sinceras no son elegantes. No sé si soy elegante, pero quizá tampoco soy sincera. Ni siquiera sé si es posible ser sincera al 100% en un cuaderno, aunque sepas que nadie lo va a leer, porque esa nunca es una certeza. Pero no estoy del todo de acuerdo con Lao-Tse. ¿Por qué la elegancia y la sinceridad tienen que estar necesariamente reñidas? ¿No se pueden decir las cosas sin perder la compostura, las buenas maneras, la elegancia?
Tales de Mileto tenía también algo que decir al respecto, que muchas palabras no indican mucha sabiduría. Lo decía Gracián, que lo breve, si bueno, dos veces bueno, así que aplicando una y otra frase, igual nos queda que pocas palabras, si buenas, indican sabiduría. Montesquieu aseguró que cuanto menos se piensa, más se habla. Y posiblemente tiene toda la razón. Así que pocas palabras, bien pensadas, igual indican sabiduría. ¿Tendremos que aprender a ser lacónicos? Qué lástima que a mi no me sale. Realmente debo pensar poco, porque hablar… hablo por los codos. Pobre sabiduría mía, inexistente, que habla mucho, no dice nada y, para colmo, ni siquiera es breve. Pero es lo que hay.
Somerset Maughan, por otra parte, dejó dicho que si la gente sólo hablara cuando tuviera algo que decir, el ser humano perdería muy pronto el uso del lenguaje. Bueno, se supone que hablar –o escribir- es comunicarnos. Si sólo tenemos que comunicar lo que realmente es importante, pareceríamos el parte del telenoticias. Se perdería la conversación intrascendente, inútil y sin propósito, pero que, a veces, rellena los vacíos de silencio que la voz acalla.
Y para terminar este despropósito de hoy, una de Voltaire: “Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento”. Seguro que la mayoría nos pasamos el día estropeando más de uno y más de dos. No se puede estar todo el día sopesando las palabras como si estuviéramos escribiendo el soneto de nuestra vida. Podemos esforzarnos en escoger con cuidado nuestras palabras, enlazarlas pulcramente en nuestras frases pero, aún así, seguro que alguna se colocará mal, en el sitio donde no le corresponde y todo nuestro afán de construir bellos pensamientos se irá al carajo.
Leyendo estos días: “La edad de hierro” de Coetzee. Un libro que rescaté en un cajero automático. Un compañero de Bookcrossing anunció sus liberaciones de aquel domingo y mi pareja y yo nos animamos a visitar los puntos donde había dejado libros. En el primero hubo suerte: tres libros de los cuales nos llevamos dos y, como íbamos preparados, sustituimos por otros dos. En el segundo lugar no hubo suerte, pero dejamos el tercero que llevábamos nosotros para liberar.
