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Vestida por el mundo
Opiniones sobre aquello que leo, veo o escucho... y un cuento de vez en cuando
Acerca de
VESTIDA POR EL MUNDO ¡Bienvenidos a mi blog personal! Intentaré colgar algo cada día, artículos, comentarios de libros y, de vez en cuando, relatos. Gina Lollobrigida fue “desnuda por el mundo” (o “Desnuda frente al mundo”) en la versión fílmica de la novela de Tom T. Chamales, un libro que ha estado desde tiempos pretéritos en la librería de mis padres y que, a pesar de eso y de mi afición por la lectura, aún tengo pendiente de leer.
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COMO EXPLICAR LA EVOLUCIÓN…
… a un niño de siete años y no morir de risa en el intento.

Los que tienen hijos de esa edad ya saben a qué me refiero. A la cantidad de preguntas, incluso capciosas, a la que nos someten nuestros hijos llegados a cierta edad. Comienzan a tener necesidad de dar respuesta a lo que ven, a lo que les rodea, a lo que escuchan. Y me alegro de que mi hijo confíe en mí para exponerme todo tipo de dudas, aunque algunas veces me meta en un compromiso del que es ineludible zafarse. Porque no todo tiene una explicación sencilla. Pero, habrá que tratar de sintetizar la respuesta y ya, poco a poco, se les irá ampliando a medida que crezcan.
Hoy me preguntó que, si al principio sólo había existido un hombre, de dónde había salido, ya que, como todo el mundo sabe, las personas salen de la barriga de sus madres. Entonces, me pongo las patillas y la barba de Darwin y me lanzo a explicarle una versión sui generis de la evolución.
“No, es que al principio no había un solo hombre. Unos monos se hicieron inteligentes y comenzaron a aprender a hacer cosas”.
“¿Nosotros somos monos?”
“Nosotros no, nuestros antecesores. Los hombres que vivían hace miles de años. Luego fueron evolucionando, cambiando, hasta hoy”.
“¿Había mujeres? Pues serían monas, jajajaja, monas de Pascua”

Debería delegar en un libro ilustrado, para que el mismo saque conclusiones y luego me las exponga, pensé llegado a ese punto de no retorno.
“¿Quieres que te explique lo de los hombres primitivos, si o no?” le pregunto después de cinco minutos en los que se ha petado de risa con su chiste.
“Sí, sí”
“Vale. Había un señor que se llamaba Darwin, que explicó que el hombre procede del mono. Había una clase de mono que tenía más habilidad que los demás, y aprendió a hacer más cosas. Aprendió a hacer herramientas sencillas y luego aprendió a hacer flechas”.
“¿Podemos comprar uno?”
“¿Un qué? ¿Un arco con flechas?”
“No, un mono”.
Risas.
Miro el techo de la estación de metro. “Si Darwin levantara la cabeza, se arrancaría los pelos de la barba a mechones” murmuro para mí misma. Mi hijo continúa preguntando: si un mono puede disparar flechas y si podemos tener uno en casa.
“No, no podemos tener un mono”.
“¿Por qué?”
“Porque come más que tú. Aunque todo el mundo come más que tú.”
“¿Es carnívoro? ¿Come personas? ¿Puede un mono comerme a mí?”
“No, comen fruta y verdura, cosa que tú no haces”.

La conversación, finalmente, abandona la evolución. Evidentemente, ha evolucionado.
***

El dibujo, como no, de Garson.
 
UN JUEGO VISUAL - DE QUIEN SON ESTOS OJAZOS
Mi pareja, el otro dia, se entretuvo en preparar esta composición y me propuso un juego: a ver si era capaz de adivinar a qué actrices pertenecían los dieciséis pares de ojos.
Me costó bastante y reconozco que las últimas cuatro o cinco me las tuvo que desvelar, porque no acertaba ya ni una.
Así pues os propongo este pequeño juego. Y para facilitarlo, os doy una lista de 20 actrices, de las cuales 4 son para despistar. Están todas las que son, pero no son todas las que están. Si pincháis aquí veréis la imagen en un tamaño suficientemente grande.
1. Drew Barrymore
2. Monica Bellucci
3. Claudia Cardinale
4. Glenn Close
5. Ava Gardner
6. Katie Holmes
7. Angelina Jolie
8. Nicole Kidman
9. Natascha McElrone
10. Demi Moore
11. Julianne Moore
12. Carrie-Ann Moss
13. Michelle Pfeiffer
14. Natalie Portman
15. Julia Roberts
16. Ingrid Rubio
17. Elizabeth Shue
18. Sharon Stone
19. Madeleine Stowe
20. Charlize Theron
Por cierto, los nombres están ordenados alfabéticamente (por el apellido) así que en el orden de la lista no hay pistas escondidas.
¡A jugar!
***

Próximamente, la solución.
 
SI FUERA…
Leyendo el blog de Phentesilea, me he encontrado con este juego y no me he podido resistir a hacerlo yo también.

Si fuera…
  • …un mes, sería… Indudablemente un mes de primavera, quizá marzo o abril, porque es cuando comienzas a pensar en el buen tiempo aunque aún no lo haga. Supongo que por eso de las contradicciones. Y porque me gusta esa sensación de cambios inminentes en ciernes.
  • …un día, sería… Un sábado. Un día que puede ser deliciosamente perezoso o tremendamente activo. Porque puede ser un día muy completo: por la mañana de compras, por la tarde, de siesta y por la noche, de marcha. Una que es polifacética.
  • ...un momento del día, sería… las tantas de la noche. Levantarme por la mañana temprano me mata y necesito una buena dosis de café para abrir los ojos y no darme con la puerta del baño. A las doce de la noche, o más tarde (siempre y cuando no me haya levantado especialmente temprano), estoy mucho más fresca que el resto del día.
  • ... un planeta, sería… me gustaría ser Marte, lo bastante cerca del Sol para que fuera posible la vida pero no lo suficiente para que los humanos me puedan colonizar fácilmente. Misteriosa y envuelta en una atmósfera tenue pero irrespirable.
  • …un animal, sería… un delfín, es uno de mis animales favoritos. Porque debe ser una delicia poder nadar como ellos, hacer piruetas fuera del agua y, encima, ser inteligente.
  • …un mueble, sería… Una estantería repleta de libros. Eso sí, sería una estantería muy selectiva :-)
  • …un líquido, sería… una tónica. Con burbujitas. Refrescante pero con un sabor amargo. Que quita la sed. Bueno, a mi me gustaría, además, quitar el hipo pero no de un susto.
  • …un instrumento musical, sería… como máximo el triángulo, porque esto de la música no es lo mío.
  • …una emoción, sería… la risa. Porque, digan lo que digan, no engorda y una de las cosas que más me gusta es cuando te coge la risa esa que no puedes parar y que incluso te hace llorar.
  • …un alimento, sería… una ensaladita de verano con un poco de todo: pasta, trocitos de salmón o de pollo, piña, nueces, dados de queso, etc. Algo refrescante, ligero y sabroso. O quizá un coco, con una cáscara dura en el exterior pero una pulpa jugosa y blanca en el interior.
  • …un número, sería… el 2, que es mi número favorito. Porque dos son compañía y tres multitud. De todas formas, seguramente si yo fuera un número sería par.
  • …una parte del cuerpo, sería… los ojos, para poder verlo todo y no perderme detalle.
  • …un aroma, sería… el olor de césped recién cortado, que es picante en la nariz pero también resulta extrañamente agradable. O el olor del café recién hecho.
  • …una figura geométrica, sería… un rombo. ¿Por qué? Pues no sé, puestos a escoger, yo prefiero ser un rombo.
  • …un país, sería… Grecia o Australia. O Nueva Zelanda. Será porque son tres de mis países favoritos. De cualquier forma, seguramente sería un país con mar, a ser posible Mediterráneo.
  • …un poeta, sería… se me da muy mal la poesía, así que seguramente sería algún poeta desconocido e inédito.
  • …una película, sería… probablemente la última que haya visto y me haya gustado. Una película de humor, probablemente. O de fantasía, o de ciencia ficción. No me decanto por ninguna en concreto.
  • …otra persona, sería… ¡que me quede como estoy!. En todo caso, seguiría siendo una mujer, no me imagino como hombre. Puestos a elegir, me gustaría ser Michelle Pfeiffer o Nicole Kidman (¡yo no me habría casado jamás con Tom Cruise! :-)).
  • ... una planta/flor, sería ... una margarita. Sencilla pero interesante, con un olor suave y muchos pétalos blanquitos que no me dejaría arrancar por el enamorado desdichado de turno. Que se vaya a arrancar hierbajos al campo, hombre.

Quien se anima a contarnos qué sería si fuera…
 
DIES SECRETS
El pasado día del libro, un hostal catalán decidió comprar algunos ejemplares de una novela descatalogada, cuyo destino era la trituradora, a fin de regalarlo a los clientes y amigos durante la Diada de Sant Jordi. La noticia tuvo resonancia en La Vanguardia de aquel día y así fue como un bookcrosser se enteró de la noticia y la trasladó a los foros.
La noticia decía así:
Todos los clientes que se acerquen hoy hasta el Hostal del Carme de Tàrrega recibirán un obsequio acorde con la festividad de esta jornada. La dirección de la casa regalará Dies secrets, una novela de la escritora Montserrat Oller, ya fallecida, un gesto que salvará toda la edición del libro que no ha tenido ningún éxito remarcable en el mercado editorial y que la propia empresa editora ya había decidido enviar entera a la trituradora.
Uno de esos libros terminó llegando a mis manos gracias a la gestión realizada por un bookcrosser que se ofreció a pedir y recoger algunos ejemplares para que pudieran viajar como “libros libres” en el ámbito de BookCrossing.
Aunque los resultados han sido pocos, mis pesquisas en la red de redes me han ofrecido alguna información adicional a la que tenía.
M. Montserrat Oller, nacida en Terrassa el 14 de octubre de 1933, era escritora y pintora y pertenecía al AELC, la Asociación de Escritores en Lengua Catalana. En su haber, constan seis libros, tres de narrativa breve y tres de novela, más un libro de prosa de no ficción escrito en colaboración. Falleció el 2 de septiembre de 2001.
Sus “Dies Secrets”, desgraciadamente, no tuvieron la repercusión –en números y, especialmente, en euros- que quizá hubiera salvado de la trituradora a sus ejemplares. Afortunadamente, la gente de l’Hostal del Carme decidió rescatar unos cuantos y ponerlos en manos de lectores. Cuantos libros no terminarán convertidos en pasta de papel porque no tuvieron la resonancia comercial que los hubiera salvado de la quema.
He comenzado a leer el libro y, por el momento, resulta interesante y ameno. Como reseña en la contraportada, la autora nos traslada al escenario de un pensionado en una escuela de monjas de los años cuarenta.
Os invito a conocer un poco más el libro. Encontraréis su reseña y, espero que en un futuro, su viaje a través de la lectura de diferentes personas por cuyas manos pase.
 
EL CULEBRÓN DEL VERANO
Pocas veces, contadas con los dedos de una mano, me he enganchado a alguno de esos culebrones, generalmente venezolanos, que dan de vez en cuando por la tele. Reconozco que siempre me he sentido bastante reacia. Probablemente los pocos que he visto no han sido tanto por mi interés personal como porque se veían en casa y una acababa viéndolos en familia. El que seguí durante más tiempo e interés fue “Veins” (Neighbourgs), una interminable serie australiana que daban durante la sobremesa y de la que siempre me perdía el final del capítulo porque no era cuestión de llegar tarde al trabajo. También recuerdo otra de estas series culebreras, esta vez de nacionalidad brasileña, que fue “Guerra de sexes” y que tenía mucho de humor.
Por regla general, aunque no tengo estadísticas, es más fácil que los hijos hagan bromas a las madres porque ven algún culebrón de esos de dramón, hijos ilegítimos, bellas mujeres en busca del amor verdadero y bla, bla, bla. Lo que ya no es tan normal es que tu hijo de siete años, como quien no quiere la cosa, se enganche a uno de estos culebrones y, a su manera, te cuente al día siguiente el argumento del capítulo del día anterior (en plan “buenos” y “malos”). Y que, para colmo, termine liando a su abuela, las tardes que pasan juntos, a verlo con él.
Supongo que una buena parte de “culpa” es de la canguro. Al chaval le gusta sentarse con ella a ver los dibujitos de la tarde, pero si la chica pone el culebrón ese de los gavilanes, pues lo ven juntos. Luego, por supuesto, vienen las preguntas que, en ocasiones, te obligan a meditar respuestas a su nivel. Con el mérito añadido de que no he visto ningún capítulo, no tengo ni la más remota idea del argumento y cuando me dice si Franco es guapo (uno de los protagonistas) me quedo un poco “in albis”.
Si algo me consuela es que si tiene que escoger entre el culebrón y una tanda de capítulos de Doraemon, escogerá lo segundo. Menos mal.
 
DESPROPÓSITOS VERANIEGO
Igual es el calor que me aturde… o no, pero lo que sí es cierto es que desde que comenzó el buen tiempo mis ganas de escribir no son tantas como lo fueron el invierno pasado. No es que me sienta cansada de mi blog, ni mucho menos. Pero no me siento inspirada para escribir la mayor parte del tiempo. Claro que la mayor parte del tiempo me la paso en tránsito. Y es que desde que los chavales terminaron el cole, me paso la mayor parte de los días con el niño arriba y abajo, de casa al metro, del metro a casa de mi madre, de casa de mi madreal metro, del metro al trabajo, del trabajo al metro, del metro a casa de mi madre, de casa de mi madre al metro y… del metro a mi casa. Me quejaba hace unos días de los frenazos y de las curvas que pegaban los conductores del metro. Debo haberme acostumbrado, que tantas horas viajando en el metropolitano tiene eso.
Todo no va ser viajar, por supuesto. El sábado –no sé si afortunadamente o no- mi amiga me dijo que no podíamos ir a ver juntas “La guerra de los mundos” porque su pareja le reclamó que la vieran juntos. Ella y yo salimos una vez al mes para hacer nuestro circuito periódico de CCC, que no es ningún cursillo ni se aprende nada (bueno, nunca se sabe), sino una combinación de Cine-Cena-Copa. Y así fue como aterrizamos en una sala de exhibición (usease, un cine) para ver “Tapas”. Si obviamos que dos semanas atrás otra amiga prácticamente me contó hasta el final, la escogimos por intuición. Y acertamos, porque “Tapas” es una película que está realmente bien: buen argumento y buenos personajes. Un argumento cercano, con personajes más acordes a la realidad cotidiana. Historias de gente del barrio. En fin, que fue una gozada verla, con sus momentos divertidos, sus momentos tiernos y sus momentos tristes. No os cuento nada del argumento, pero os recomiendo que la veíais, porque creo que merece la pena.
Y para finalizar el rollo de hoy (una excusa como otra cualquiera para escribir algo en el blog), comentaros que sigo enganchada hasta el infinito y más allá con la dichosa saga de Marco Didio Falco. Terminé el V libro y no pude reprimir las ganas de ir en busca del VI y con él estoy estos días. Para colmo, he decidido enganchar a mi madre –otra lectora irredenta como yo- y ya me ha pedido el II libro. Hasta el momento el que más me ha gustado ha sido, precisamente, el II. El que estoy leyendo ahora mismo, “Último acto en Palmira”, no está mal, pero encuentro que en anteriores había toques de humor mucho más ingeniosos. Aún así, lo estoy disfrutando y no tardará en caer el VII. Si es que cuando me engancho, lo hago con todas las consecuencias… hasta el final.
 
AY, QUIEN MANEJA MI METRO
No sé si son manías mías, pero, de un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que los conductores de metro han hecho las prácticas en Port Aventura. Los vagones, en la oscuridad de los túneles que horadan nuestra Ciudad Condal, toman las curvas ladeándose a toda pastilla. Si la curva es doble, te sientes con la necesidad de sentarte junto al conductor y preguntarle: “Carlos Sainz, supongo?”. Sin olvidarnos de los frenazos bruscos que pegan de vez en cuando (más de vez que en cuando), cogiendo a todos los usuarios de improviso. ¿Siempre ha sido así y soy yo que me hago mayor (probablemente, también), o la nueva hornada de conductores son admiradores de la Formula I?
No hace mucho leí en un periódico que los cursillos para los nuevos conductores iban a durar unos quince días y que la noticia había causado cierto revuelo. No he sido capaz de encontrar el dichoso diario en la pila de periódicos viejos y tampoco de encontrarlo en Internet. Lo que sí he encontrado es que los conductores de metro de Madrid aprenden de forma virtual, con un simulador, mientras los de Barcelona se las tienen que apañar con un ordenador. Y que conducir un metro no es, ni de cerca, algo fácil que el primer héroe de turno que se presente pueda hacer sin arañar la carrocería. Y de cursillo de quince días nada, que la media de los cursillo son de cuatro meses. Eso sí, de la academia salen sabiendo conducir seis tipos de trenes distintos.
En fin, que creo yo que si conducir un metro no es algo sencillo, sólo algo más que llevar un avión, que menos que preparar convenientemente a los conductores. Que no nos vayamos a llevar un disgusto y terminemos todos evacuando los vagones en mitad de un túnel oscuro -¿con ratas?- que eso da mucho miedo.
Si me quejaba que el conductor de mi autobús de las tardes pega unos giros tremendos que se bambolea todo, ahora resulta que en el metro tampoco me siento tan cómoda como antaño. Sólo estoy deseando que la siguiente estación no esté al otro lado de un túnel lleno de curvas. Y eso que yo, de pequeña, era de las que se pegaban al cristal trasero del último vagón (de aquellos trenes verdes) para ver como la vía iba desapareciendo detrás nuestro.


P.D. Para los admiradores de Lindsey Davis (que sé que alguno hay por aquí): Me he terminado ya de leer la V novela de Marco Didio Falco y estoy deseando que sea mañana para ir a por la VI. Le escribí un correo electrónico a la autora que, amablemente, me contestó (lo cual me hizo una ilusión tremenda): En él me informaba que estará en Barcelona, Valencia y Madrid durante este mes (la semana del 11 de julio). El 12 estará presentando su último libro en Barcelona y el 14 dará una charla en Valencia.