SIN PAPELES, SIN MEMORIA, SIN LIBERTAD…
Parece que ni soy la primera ni la única que, después de ver “Código 46”, observo una cierta similitud entre esta película y “Lost in traslation”. No entraré en detalles sobre esta similitud, aunque ciertamente está ahí.
“Código 46” es una película de ciencia-ficción atípica, sin efectos especiales, que pasó bastante desapercibida en su estreno en la gran pantalla, por lo que recuerdo. La vi anunciada en los cines de mi ciudad y pensé en ir a verla. Pero como voy, como mucho, una vez al mes, al final la pobre se quedó en la lista de “películas que veré en DVD”. Cosa que hice, precisamente, este fin de semana pasado.
La película es lenta, aséptica, fría, quizá tan fría como la historia que cuenta.
Si los bebés se producen en serie, en laboratorios, la posibilidad de que personas a las que les separan miles de kilómetros puedan ser, biológicamente, familia está ahí. Los padres, parece ser, no son tanto padres biológicos como “criadores”. Y es, precisamente, lo que les ocurre a William y María. De la misma forma que, en el pasado, los monarcas se casaban con mujeres de su misma familia –con mayor o menor grado de parentesco- y la consanguinidad era cosa habitual (y las consecuencias que eso acarrea), en ese futuro que nos presenta “Código 46”, la consanguinidad es algo que se prohíbe explícitamente y que está regulado por ese código que no se puede, de modo alguno, transgredir. Lo malo del caso es que puedes transgredirlo sin ser consciente de ello.
La visión del futuro que nos ofrece “Código 46” es fríamente sobrecogedora, ya que la ciudadanía está circunscrita a tener o no tener los “papers” que te permitan vivir en una ciudad concreta o viajar a un sitio determinado. Y sin esos “papers”, algo así como una pequeña tarjeta de permiso de residencia, sólo eres un marginado que vives expuesto a lo que hay afuera, en el exterior, un vasto desierto calcinado que se extiende a lo largo de esas carreteras kilométricas. ¿Y quién decide si mereces o no ese permiso, ese seguro de vida? La Esfinge, ese ente que lo sabe todo de ti y que, dependiendo de eso, te permite ser un ciudadano o no ser nadie. En realidad, más que un pase de residencia, parece una protección contra cualquier cosa que pueda suponer una amenaza para la sociedad. Sólo hay que comprobarlo en la escena en la que William es informado de la suerte que ha corrido el hombre que desea ir a la India para estudiar a los murciélagos. Aunque él no lo sabe, la Esfinge sólo trataba de protegerlo de una muerte segura. Pero ¿siempre es así? ¿Se trata de proteger a la sociedad y a las personas de los peligros que las acechan o hay algo más?
Hay un tercer ingrediente en esta visión futurista de nuestra sociedad: el control mental. Para “proteger” a las personas de las consecuencias de sus acciones, se les borra una parte de la memoria. Así, Maria puede sentirse feliz “olvidando” un momento de su vida, perdiendo un recuerdo que puede hacerle daño, pero también todo lo demás. William podrá continuar su vida sin más, olvidando que, durante un periodo de su vida, amó a alguien a quien ni siquiera recuerda. En el momento en el que nuestras decisiones pueden ser manipuladas hasta el grado de ser borradas para siempre en pro de nuestra felicidad, dejamos de ser libres. Libres para decidir nuestros actos o para equivocarnos al hacerlo.
La película, en términos generales, me gustó. Quizá la lentitud o la frialdad de su argumento puede ser la causa de que no generara demasiada expectación. Pero me gustó a pesar de ello, porque aunque no sea una película de ciencia-ficción espectacular, si especula con una situación que puede pasar mañana. ¿Quién merecerá los “papers” y quien se quedará afuera? ¿Nos enamoraremos de nuestro propio/a hermano/a (quien dice, hermano dice cualquier parentesco consanguíneo) a quien jamás vimos antes? Si transgredimos las normas ¿nos borrarán nuestros recuerdos?
Ficha de la película:
“Código 46” es una película de ciencia-ficción atípica, sin efectos especiales, que pasó bastante desapercibida en su estreno en la gran pantalla, por lo que recuerdo. La vi anunciada en los cines de mi ciudad y pensé en ir a verla. Pero como voy, como mucho, una vez al mes, al final la pobre se quedó en la lista de “películas que veré en DVD”. Cosa que hice, precisamente, este fin de semana pasado. La película es lenta, aséptica, fría, quizá tan fría como la historia que cuenta.
Si los bebés se producen en serie, en laboratorios, la posibilidad de que personas a las que les separan miles de kilómetros puedan ser, biológicamente, familia está ahí. Los padres, parece ser, no son tanto padres biológicos como “criadores”. Y es, precisamente, lo que les ocurre a William y María. De la misma forma que, en el pasado, los monarcas se casaban con mujeres de su misma familia –con mayor o menor grado de parentesco- y la consanguinidad era cosa habitual (y las consecuencias que eso acarrea), en ese futuro que nos presenta “Código 46”, la consanguinidad es algo que se prohíbe explícitamente y que está regulado por ese código que no se puede, de modo alguno, transgredir. Lo malo del caso es que puedes transgredirlo sin ser consciente de ello.
La visión del futuro que nos ofrece “Código 46” es fríamente sobrecogedora, ya que la ciudadanía está circunscrita a tener o no tener los “papers” que te permitan vivir en una ciudad concreta o viajar a un sitio determinado. Y sin esos “papers”, algo así como una pequeña tarjeta de permiso de residencia, sólo eres un marginado que vives expuesto a lo que hay afuera, en el exterior, un vasto desierto calcinado que se extiende a lo largo de esas carreteras kilométricas. ¿Y quién decide si mereces o no ese permiso, ese seguro de vida? La Esfinge, ese ente que lo sabe todo de ti y que, dependiendo de eso, te permite ser un ciudadano o no ser nadie. En realidad, más que un pase de residencia, parece una protección contra cualquier cosa que pueda suponer una amenaza para la sociedad. Sólo hay que comprobarlo en la escena en la que William es informado de la suerte que ha corrido el hombre que desea ir a la India para estudiar a los murciélagos. Aunque él no lo sabe, la Esfinge sólo trataba de protegerlo de una muerte segura. Pero ¿siempre es así? ¿Se trata de proteger a la sociedad y a las personas de los peligros que las acechan o hay algo más?
Hay un tercer ingrediente en esta visión futurista de nuestra sociedad: el control mental. Para “proteger” a las personas de las consecuencias de sus acciones, se les borra una parte de la memoria. Así, Maria puede sentirse feliz “olvidando” un momento de su vida, perdiendo un recuerdo que puede hacerle daño, pero también todo lo demás. William podrá continuar su vida sin más, olvidando que, durante un periodo de su vida, amó a alguien a quien ni siquiera recuerda. En el momento en el que nuestras decisiones pueden ser manipuladas hasta el grado de ser borradas para siempre en pro de nuestra felicidad, dejamos de ser libres. Libres para decidir nuestros actos o para equivocarnos al hacerlo.
La película, en términos generales, me gustó. Quizá la lentitud o la frialdad de su argumento puede ser la causa de que no generara demasiada expectación. Pero me gustó a pesar de ello, porque aunque no sea una película de ciencia-ficción espectacular, si especula con una situación que puede pasar mañana. ¿Quién merecerá los “papers” y quien se quedará afuera? ¿Nos enamoraremos de nuestro propio/a hermano/a (quien dice, hermano dice cualquier parentesco consanguíneo) a quien jamás vimos antes? Si transgredimos las normas ¿nos borrarán nuestros recuerdos?
Ficha de la película:
- Título original: Code 46
- Año 2003. Reino Unido.
- Director: Michael Winterbottom
- Reparto: Tim Robbins, Samantha Morton, etc.
- Web oficial
- Más sobre la película
LA SOMBRA DEL VAMPIRO ¿ES ALARGADA?
A juzgar por la fotografía, sí lo es la sombra de sus largos dedos de afiladas uñas. Si lo hacemos por la leyenda que nació gracias a Friedrich Wilhelm Murnau y su “Nosferatu” (Nosferatu, una sinfonía del horror), sin duda lo es, ya que no sólo sigue siendo para muchos un misterio el actor Max Schreck (1879-1936), sino que la filmación de esa película del cine mudo, encuadrada en el “expresionismo alemán” y rodada en 1921-1922, ha dado frutos en forma de otra película: “La sombra del vampiro” (2000).A pesar del misterio que envuelve al actor que encarnó a Nosferatu, el Conde Orlok de Murnau, hay datos, según el IMDB, que aseguran que no sólo tenía gran experiencia teatral sino que fue un actor que filmó durante todo el resto del cine mudo y comienzos del sonoro, debutando en la gran pantalla con la película muda “Der Richten von Zalamea”, película de Ludwig Berger basada en la obra de Calderón de la Barca. Pocas de sus películas han llegado hasta nosotros a pesar de ello. Y sólo rodó dos películas de terror, para quien crea que fue encasillado, la ya mencionada de “Nosferatu” y “Ramper der Tiermensch” en 1928. Su última película, “Die Letzten vier von Santa Cruz” fue filmada en el mismo año que falleció de un ataque al corazón, 1936.
Quizá el misterio resida en todos los problemas a los que se enfrentó esta película: una demanda interpuesta por la viuda de Bram Stoker y el posterior fallo del jurado a favor de esta, y el que fuera ordenado que se destruyeran todas las copias de la película, que ha llegado a nuestros días, por lo que leo, gracias a los coleccionistas. Si, además, sumamos el hecho de que el apellido del actor significa “terror” en alemán (que no era un seudónimo ni un nombre artístico, según dicen por un lado., aunque, por otro, se aventura que fuera el seudónimo del actor Alfred Abel) y que en alguna página web se asegura que “murió en un accidente automovilístico” (cosa que le ocurrió a Murnau) en vez de un ataque al corazón, las dudas sobre su verdadera identidad continúan. Tampoco podemos preguntarle a su viuda, la Sra. Fanny Schreck (Normann de soltera) porque falleció en 1951 y apenas existen datos sobre su vida.
¿Fagocitó el Conde Orlok a Max Schrek hasta el punto que la existencia de este actor alemán quedara para siempre esclavizada a la del vampiro calvo de la película de Murnau?
La película “La sombra del vampiro”, precisamente se nutre del mito que sobrevuela a la figura de Schrek. ¿Murnau contrató a un verdadero vampiro en vez de a un actor sumamente bien caracterizado y de gran talento interpretativo? Sin duda, la película, del año 2000 y protagonizada por John Malkovich (Murnau) y Willem Dafoe (Schreck/Orlok) entre otros, es una interesante película en sí misma. No sólo porque nos ofrezca una visión fílmica de la popular leyenda sino porque también nos adentra en el mundo del cine mudo: el director explicando al actor como sentirse en cada escena, el tratamiento de la luz, la forma de filmar las tomas. Ese momento en el que la escena en color pasa al blanco y negro casi quemado por la luz de los focos, donde los rostros se desdibujan y las sombras desaparecen, eso sí, revelándonos la espeluznante sombra del vampiro en todo su esplendor.
Murnau murió en un accidente de coche en 1936, en una carretera entre Los Ángeles y Carmel a la edad de 43 años. A pesar de morir a temprana edad, difícilmente hubiera podido ver la película en la que se recrea la filmación de su primera película reconocida, ya que en el año 2000 hubiera cumplido 112 años. Pero, si eso hubiera sido posible ¿cómo se hubiera sentido? ¿Divertido, molesto, confuso? ¿Y Schreck?
En todo caso, después de ver “La sombra del vampiro”, y dado que jamás he visto la película de Murnau al completo, voy a buscar “Nosferatu”, que está disponible en DVD.
Curiosidades:
- El director de “La sombra del vampiro”, E. Elias Merhige, además de ser autor de numerosas obras de teatro también ha realizado videos musicales con músicos como Marilyn Manson.
- El asesor histórico de la película fue Luciano Berriatha, autor del libro “Los proverbios chinos de F.W. Murnau”.
- La película, además de ser Mención Especial durante el Festival de Cine de Sitges en el año 2000, también fue candidata al Oscar por mejor actor secundario para Willem Dafoe y por mejor maquillaje.
- Willem Dafoe, como se explica en los extras del DVD, se sometía a largas horas de maquillaje para convertirse en el Conde Orlok.
- Nosferatu significa en rumano “no-muerto”
Páginas para saber más y mejor:
- Max Schrek, biografía en castellano.
- Más sobre Nosferatu
- Nosferatu, el remake de Herzog, protagonizado por Klaus Kinski
MÁXIMA AUDIENCIA
Mi última lectura fue una novela bastante fugaz, ya que con 119 páginas y una letra mediana, tirando a grande (es decir, muy cómoda de leer), en un par de días la tuve lista. Fue uno de esos libros en oferta a “solo 1 euro” que me llamó la atención el otro día, cuando tuve que ir a unos conocidos grandes almacenes para tratar de cambiar uno de los libros de mi hijo que me habían dado equivocado. Al final, salí con seis libros en una bolsa y sin el libro que había ido a cambiar. Y es que ser miembro de Bookcrossing hace que cuando ves una ganga compres libros no sólo para leer sino también para liberar.
Uno de esos seis libros era precisamente este, “Màxima audiencia”, una novelita editada por La Magrana, en catalán, cuyo autor firma como “Anónimo”. Una vez leído el libro, no sé si ese anonimato indica que el escritor no tienen intención de ser famoso, si prefiere no ser linchado, o si simplemente lo escribió para vengarse de alguien (que sabrá que se habla de él en el libro). Porque el libro se dedica, a través de una historia ficticia -que la contraportada asegura está basada en hechos reales- a dejar a la altura del betún a quienes trabajan en ciertos programas televisivos y a cierta colectivo del mundo editorial.
La historia, para destriparla un poquito (pero sólo un poco), narra la historia de un “Presentador Casi Famoso” de un programa de humor de la tele. Como es sólo “casi famoso” y su pretensión es “ser famoso”, sigue los sabios consejos de una compañera y decide que la idea de publicar un libro mediático puede ser la solución. Así que se busca un “negro” entre los guionistas –los que se dignan aparecer por allí- de su programa y se embarca en la “publicación” de un libro de carácter erótico. Los capítulos, cuyos títulos se inician con un “Hemos de…”, van simultaneando cortas narraciones eróticas con las vivencias del “Presentador Casi Famoso” en el mundo de la televisión y la edición mediática. La idea inicial que le propone el recién estrenado “negro”, que ya tiene cierta experiencia en el campo, es firmar el libro como “Anónimo”. Y así se va fraguando un plan para mantener el suspense del libro, publicitarlo y finalmente desvelar el nombre del autor en un programa especial para el “Día del libro”. Claro que nuestro “Presentador Casi Famoso”, que tan bien sabe expresarse con lo que otros han escrito pero que carece de inventiva propia, está completamente vendido y se siente rodeado de personajes más listos que él.
En la novela se cuestionan muchas cosas, en clave de humor bastante ácido, y no queda títere con cabeza.
Me marqué algunos párrafos del texto, que os transcribo (traducido del catalán) seguidamente aquí:
En fin, como muestra unos pocos botones. Ya lo veis, el autor, morderse la lengua no se la muerde mucho y se despacha a gusto.
No he encontrado gran cosa en Internet sobre este libro que será liberado el próximo 24 de septiembre. Os recomiendo visitar este sitio.
Uno de esos seis libros era precisamente este, “Màxima audiencia”, una novelita editada por La Magrana, en catalán, cuyo autor firma como “Anónimo”. Una vez leído el libro, no sé si ese anonimato indica que el escritor no tienen intención de ser famoso, si prefiere no ser linchado, o si simplemente lo escribió para vengarse de alguien (que sabrá que se habla de él en el libro). Porque el libro se dedica, a través de una historia ficticia -que la contraportada asegura está basada en hechos reales- a dejar a la altura del betún a quienes trabajan en ciertos programas televisivos y a cierta colectivo del mundo editorial.
La historia, para destriparla un poquito (pero sólo un poco), narra la historia de un “Presentador Casi Famoso” de un programa de humor de la tele. Como es sólo “casi famoso” y su pretensión es “ser famoso”, sigue los sabios consejos de una compañera y decide que la idea de publicar un libro mediático puede ser la solución. Así que se busca un “negro” entre los guionistas –los que se dignan aparecer por allí- de su programa y se embarca en la “publicación” de un libro de carácter erótico. Los capítulos, cuyos títulos se inician con un “Hemos de…”, van simultaneando cortas narraciones eróticas con las vivencias del “Presentador Casi Famoso” en el mundo de la televisión y la edición mediática. La idea inicial que le propone el recién estrenado “negro”, que ya tiene cierta experiencia en el campo, es firmar el libro como “Anónimo”. Y así se va fraguando un plan para mantener el suspense del libro, publicitarlo y finalmente desvelar el nombre del autor en un programa especial para el “Día del libro”. Claro que nuestro “Presentador Casi Famoso”, que tan bien sabe expresarse con lo que otros han escrito pero que carece de inventiva propia, está completamente vendido y se siente rodeado de personajes más listos que él. En la novela se cuestionan muchas cosas, en clave de humor bastante ácido, y no queda títere con cabeza.
Me marqué algunos párrafos del texto, que os transcribo (traducido del catalán) seguidamente aquí:
"...de tanto copiarse unos a otros, (los programas) se parecen todos tanto que si no fuese por el logotipo que aparece sobreimpreso no sabrías que canal están mirando"
"...escribe un libro, una tontería cualquiera, la editorial pone una cubierta de colorines con una faja que diga “El primer libro del Presentador Casi Famoso” y al día siguiente ya has perdido el “casi”. Y, encima, te hinchas los bolsillos"
"Los editores van locos por publicar libros de famosos: con un poco de promoción, nada, cuatro pósters y un anuncio, se venden como churros. Si, además, tienen la suerte que alguno de esos papanatas intelectuales escribe un artículo en algún diario, quejándose de los escritores mediáticos y la cancioncita de siempre, entonces ya es la pera: se venden tantos que se pueden permitir el lujo de no untar a los responsables de los suplementos literarios para que los coloquen en el ranking de más vendidos, como suelen hacer normalmente"
"En este país todos los críticos literarios son escritores que hacen reseñas para ganarse la vida, y la última cosa que haría un escritor seria hacerle propaganda a alguien que él considera un impostor"
"Las críticas, igual que los libros, tampoco se las lee nadie. Como mucho, el autor del libro reseñado, que normalmente es el único que se molesta por una mala crítica. ¡Si hasta el editor del libro está encantado con una mala crítica!. Porque lo importante no es que sea buena o mala sino que sea. Es decir, que aparezca tu nombre en el diario, porque eso es propaganda, y la propaganda quiere decir más público y por tanto más ingresos"
"Si fueras el director de un canal de televisión importante, de una televisión nacional, ¿pondrías de jefe de programas a un experto en televisión?"
En fin, como muestra unos pocos botones. Ya lo veis, el autor, morderse la lengua no se la muerde mucho y se despacha a gusto.
No he encontrado gran cosa en Internet sobre este libro que será liberado el próximo 24 de septiembre. Os recomiendo visitar este sitio.
HORIZONTE FINAL
En temas de cine, si hay un género que me guste especialmente es la ciencia-ficción. Y si hay algo que no me gusta nada, son las escenas de higadillos. Es decir, que lo gore a mi, como que no. Leo en una web, que gore significa sangre en castellano (según mi Collins, también “cornear”).
Os cito textualmente:
"Su medio de expresión más afamado es el cine, que tuvo sus comienzos en los nudies, películas cuyo atractivo era la muestra de piel femenina, y su primer ejemplo fue "The Immoral Mr. Teas" (1959) dirigida por Russ Meyer. Pero el verdadero precursor de este género es sin duda el director Herschell Gordon Lewis, que en 1963 dirigió la película "Blood Feast"(primer film realmente gore de la historia del cine) y en 1964 hizo "2000 Maníacos". Otras dos películas que marcaron un hito en la historia del cine gore fueron "La Matanza De Texas" rodada en 1974 por Tobe Hooper y "Posesión Infernal" (1982) de Sam Raimi. Aquí, la nueva generación empieza a mostrar el descontento con la sociedad en la que viven y podemos hablar de un gore reivindicativo, de crítica social, donde la sangre se mezcla con ironía y un toque de humor negro, como el claro ejemplo de "Pesadilla En Elm Street"(1984) de Wes Craven". (Fuente: Recopila2)
Después de leer algunas opiniones sobre la película que quiero comentar hoy, “Horizonte final” (Event horizon), veo que la mayoría de gente comparte mis opiniones en un amplio porcentaje.
La película, supuestamente encuadrada en los géneros de ciencia-ficción y terror, comienza de forma bastante sugerente: Una nave desparecida siete años atrás emite un mensaje casi imposible de comprender (aquí, a una se le pasan por la cabeza escenas de “Alien”) y se envía a un grupo de astronautas a Neptuno (que es de donde procede el mensaje) para ir rescatar a los tripulantes y recuperar la nave. Hay un par de escenas inquietantes, de esas que hacen que el corazón peque un bote, pero todo parece ir bien. Una vez llegamos a la nave, la sensación de opresión es palpable. La nave tiene algo de azteca (¿o inca?), con esos extraños diseños de las paredes, o el diseño de la enorme esfera que es el corazón de la nave. La sensación de algo ajeno al hombre está ahí. Pero, la cosa sigue más o menos bien, con algunas escenas de susto y un enigma por resolver, además de una dificultad añadida: la supervivencia del grupo. Luego, se pasa de vueltas, desde mi punto de vista, y lo que fue ciencia-ficción pasa a ser terror gore, bastante explícito aunque quizá no a la altura de joyas de ese género. Y te vienen imágenes de “Hellraiser” y dices "¿pero que estoy viendo?" El final, apocalíptico como él solo, realmente se resuelve de forma bastante rápida. Y, de algún modo, lo agradeces, porque ya tienes suficientes escenas gore y lo que quieres es ver naves surcando el espacio.
Durante toda la película, te vienen, como he dicho, imágenes de otras películas del género de ciencia-ficción y terror (Alien, en realidad, también es una peli de terror). Incluso, mi compañero comentó que le recordaba un poco a "Solaris" en ciertos momentos.
Está calificada como “no recomendada para menores de 13 años” pero, sinceramente, yo subiría el listón hasta los 18. Y si uno es sensible a ciertas escenas, mejor evitarla. No vayamos a soñar con Sam Neill…
Ficha de la película:
USA, 1997
Director: Paul Anderson
Protagonistas: Laurence Fishburne (Miller), Sam Neill (Weir), Kathleen Quinlan (Peters), Joely Richardson (Starck), Richard T. Jones (Cooper), Jack Noseworthy (Justin), Jason Isaacs (D.J.)
92 minutos aprox.
*****
Un puñado interesante de opiniones sobre la peli
Os cito textualmente:
"Su medio de expresión más afamado es el cine, que tuvo sus comienzos en los nudies, películas cuyo atractivo era la muestra de piel femenina, y su primer ejemplo fue "The Immoral Mr. Teas" (1959) dirigida por Russ Meyer. Pero el verdadero precursor de este género es sin duda el director Herschell Gordon Lewis, que en 1963 dirigió la película "Blood Feast"(primer film realmente gore de la historia del cine) y en 1964 hizo "2000 Maníacos". Otras dos películas que marcaron un hito en la historia del cine gore fueron "La Matanza De Texas" rodada en 1974 por Tobe Hooper y "Posesión Infernal" (1982) de Sam Raimi. Aquí, la nueva generación empieza a mostrar el descontento con la sociedad en la que viven y podemos hablar de un gore reivindicativo, de crítica social, donde la sangre se mezcla con ironía y un toque de humor negro, como el claro ejemplo de "Pesadilla En Elm Street"(1984) de Wes Craven". (Fuente: Recopila2)
Después de leer algunas opiniones sobre la película que quiero comentar hoy, “Horizonte final” (Event horizon), veo que la mayoría de gente comparte mis opiniones en un amplio porcentaje. La película, supuestamente encuadrada en los géneros de ciencia-ficción y terror, comienza de forma bastante sugerente: Una nave desparecida siete años atrás emite un mensaje casi imposible de comprender (aquí, a una se le pasan por la cabeza escenas de “Alien”) y se envía a un grupo de astronautas a Neptuno (que es de donde procede el mensaje) para ir rescatar a los tripulantes y recuperar la nave. Hay un par de escenas inquietantes, de esas que hacen que el corazón peque un bote, pero todo parece ir bien. Una vez llegamos a la nave, la sensación de opresión es palpable. La nave tiene algo de azteca (¿o inca?), con esos extraños diseños de las paredes, o el diseño de la enorme esfera que es el corazón de la nave. La sensación de algo ajeno al hombre está ahí. Pero, la cosa sigue más o menos bien, con algunas escenas de susto y un enigma por resolver, además de una dificultad añadida: la supervivencia del grupo. Luego, se pasa de vueltas, desde mi punto de vista, y lo que fue ciencia-ficción pasa a ser terror gore, bastante explícito aunque quizá no a la altura de joyas de ese género. Y te vienen imágenes de “Hellraiser” y dices "¿pero que estoy viendo?" El final, apocalíptico como él solo, realmente se resuelve de forma bastante rápida. Y, de algún modo, lo agradeces, porque ya tienes suficientes escenas gore y lo que quieres es ver naves surcando el espacio.
Durante toda la película, te vienen, como he dicho, imágenes de otras películas del género de ciencia-ficción y terror (Alien, en realidad, también es una peli de terror). Incluso, mi compañero comentó que le recordaba un poco a "Solaris" en ciertos momentos.
Está calificada como “no recomendada para menores de 13 años” pero, sinceramente, yo subiría el listón hasta los 18. Y si uno es sensible a ciertas escenas, mejor evitarla. No vayamos a soñar con Sam Neill…
Ficha de la película:
USA, 1997
Director: Paul Anderson
Protagonistas: Laurence Fishburne (Miller), Sam Neill (Weir), Kathleen Quinlan (Peters), Joely Richardson (Starck), Richard T. Jones (Cooper), Jack Noseworthy (Justin), Jason Isaacs (D.J.)
92 minutos aprox.
Un puñado interesante de opiniones sobre la peli
BUSQUEDA Y SUSCRIPCIÓN A BLOGS
El otro día “hacernohaciendo” me dejó un comentario en relación a suscribirse a blogs a través de Bloglines, así que hoy voy a poner aquí un pequeño tutorial para que quien lo desee pueda suscribirse a sus blogs favoritos a través de esta cómoda herramienta.
Vayamos paso a paso:
En fin, desde mi punto de vista, es una herramienta útil y cómoda para poder leer nuestros blogs favoritos. Nos ahorra tener que navegar arriba y abajo, recordar direcciones o visitar un blog una y otra vez hasta que haya nuevo post.
Por otra parte, hoy me he enterado que a través de Google podemos buscar blogs. Bueno, igual lo sabe todo el mundo menos yo y no es ninguna novedad para nadie. El caso es que si vamos al buscador y pinchamos en “mas>>” (arriba a la derecha, sobre el recuadro a escribir nuestra búsqueda) accederemos a una página de búsqueda en la cual está la búsqueda de blogs.
En fin, haciendo un uso libre de la frase de Grial: ¡Qué ustedes lo blogeen bien!
Vayamos paso a paso:
- Primero de todo tenemos que ir a www.bloglines.com
- Pincharemos en “Sign up now it’s free”, que nos llevará al registro
- Rellenaremos los datos que nos solicitan: dirección e-mail, contraseña, zona horaria (en España estamos en la +1), lenguaje utilizado y si queremos o no suscribirnos al boletín de Bloglines.
- Sólo nos resta pinchar en el botón de “register” para comenzar.
- A continuación nos enviarán un mensaje por email para confirmar el registro.
- Una vez hemos recibido ese email (que es casi inmediato), tenemos que pinchar en el enlace que nos ponen para la validación.
- Al pinchar nos dan la bienvenida y el siguiente paso es rellenar unas casillas con nuestros intereses. Luego pinchamos en “Suscribe to my selections" y ya estamos en nuestra página principal de seguimiento de blogs.
- El siguiente paso será añadir blogs a los que queremos suscribirnos. Para ello, en el marco de la izquierda, pincharemos en “add” (arriba de todo de la pestaña abierta). En la casilla correspondiente, añadimos la dirección URL del blog al que queremos suscribirnos (“blog or feed URL"). Nos dará de una a varias opciones (supongo que es según la sindicación de ese blog en concreto). Seleccionamos uno de los recuadros (si hay más de uno), seleccionamos las opciones (generalmente las que van por defecto ya están bien) y luego le damos a “suscribe”.
- A partir de ese momento, ya podremos ver nuestro nuevo blog suscrito en la columna de la izquierda, con las entradas sin leer que haya. Cada vez que haya un nuevo post en ese blog, lo tendremos en esa columna y sólo será cuestión de pinchar sobre el título del blog para leer las novedades.
En fin, desde mi punto de vista, es una herramienta útil y cómoda para poder leer nuestros blogs favoritos. Nos ahorra tener que navegar arriba y abajo, recordar direcciones o visitar un blog una y otra vez hasta que haya nuevo post.
Por otra parte, hoy me he enterado que a través de Google podemos buscar blogs. Bueno, igual lo sabe todo el mundo menos yo y no es ninguna novedad para nadie. El caso es que si vamos al buscador y pinchamos en “mas>>” (arriba a la derecha, sobre el recuadro a escribir nuestra búsqueda) accederemos a una página de búsqueda en la cual está la búsqueda de blogs.
En fin, haciendo un uso libre de la frase de Grial: ¡Qué ustedes lo blogeen bien!
¡NO ME GRITES QUE NO TE OIGO!
Leía ayer, en uno de esos periódicos gratuitos que me dan a la salida del metro, que alzarles la voz a los niños va a ser considerado (o es considerado) maltrato. Que hay que hablar más con ellos y razonar las cosas.
Mis padres no fueron nada aficionados a zurrarnos. De hecho no puedo recordar ni una sola vez que mi padre me levantara la mano, y los cachetes en el culo que mi madre dice haberme dado de pequeña no los recuerdo si no me lo cuenta ella. En casa nunca se creyó que las bofetadas, los correazos o las palizas fueran una forma de educación. Se nos reconvenía, se nos castigaba, teníamos horas tope para regresar a casa (o enfrentarnos a un castigo fastidioso) y, desde luego, no se nos dejaba pasar ni una. Eso sí, los gritos de mi madre nos afectaban mucho más que una buena azotaina, no tanto por los decibelios como porque ver enfadada a nuestra madre no era plato de gusto.
Dada la forma como yo fui educada, tampoco el cachete ni los azotes forman parte de la educación que le doy a mi hijo. Pero eso no quiere decir que, cuando se lo merece, le pegue un par de gritos y una buena filípica. Intento explicarle siempre los motivos por los que está castigado o por los que le he reñido, para que comprenda que nada de eso es gratuito. A veces, funciona hablarle, otras hay que reñirle y algunas veces, levantar la voz es inevitable.
Pero, en ningún momento le he maltratado. A veces, ni siquiera es necesario alzar la voz, basta con el tono de enfado. Lo que me preocupa es que la política de educación para los niños, de ser algo basado en el castigo físico y en la humillación del pasado, se vuelva tan extremadamente blanda (no le riñas, que se traumatiza; no le grites, que se traumatiza) que, al final, los niños se subirán a la chepa de sus padres y cada uno campará por sus respetos.
Los padres, creo yo, debemos mantener una relación con nuestros hijos que se base en la confianza y en el respeto mutuo y en el que el padre o madre tenga autoridad sobre el hijo. Porque si nos pierden el respeto o nos toman por el pito del sereno… no quiero ni pensar lo que pasará en el futuro.
En fin, que siendo como soy totalmente contraria al castigo físico (que no sirve para crear ni confianza ni respeto, sólo miedo) no puedo comprender que haya hoy en día padres que se saquen la correa y zurren a su hijo, ni que haya gente que lleve a sus hijos a golpe de bofetada. Pero tres gritos bien dados en un momento crítico y reñirlos no creo que vaya a traumatizar a nadie. Que castigarlos sin la Play (por ejemplo), puede ser hasta cierto punto efectivo a corto plazo, pero como saben que, tarde o temprano, se les levantará el castigo, muchos niños aguantan el chaparrón pero no aprenden. Y no lo digo por nada, que lo he visto.
Mis padres no fueron nada aficionados a zurrarnos. De hecho no puedo recordar ni una sola vez que mi padre me levantara la mano, y los cachetes en el culo que mi madre dice haberme dado de pequeña no los recuerdo si no me lo cuenta ella. En casa nunca se creyó que las bofetadas, los correazos o las palizas fueran una forma de educación. Se nos reconvenía, se nos castigaba, teníamos horas tope para regresar a casa (o enfrentarnos a un castigo fastidioso) y, desde luego, no se nos dejaba pasar ni una. Eso sí, los gritos de mi madre nos afectaban mucho más que una buena azotaina, no tanto por los decibelios como porque ver enfadada a nuestra madre no era plato de gusto.
Dada la forma como yo fui educada, tampoco el cachete ni los azotes forman parte de la educación que le doy a mi hijo. Pero eso no quiere decir que, cuando se lo merece, le pegue un par de gritos y una buena filípica. Intento explicarle siempre los motivos por los que está castigado o por los que le he reñido, para que comprenda que nada de eso es gratuito. A veces, funciona hablarle, otras hay que reñirle y algunas veces, levantar la voz es inevitable.
Pero, en ningún momento le he maltratado. A veces, ni siquiera es necesario alzar la voz, basta con el tono de enfado. Lo que me preocupa es que la política de educación para los niños, de ser algo basado en el castigo físico y en la humillación del pasado, se vuelva tan extremadamente blanda (no le riñas, que se traumatiza; no le grites, que se traumatiza) que, al final, los niños se subirán a la chepa de sus padres y cada uno campará por sus respetos.
Los padres, creo yo, debemos mantener una relación con nuestros hijos que se base en la confianza y en el respeto mutuo y en el que el padre o madre tenga autoridad sobre el hijo. Porque si nos pierden el respeto o nos toman por el pito del sereno… no quiero ni pensar lo que pasará en el futuro.
En fin, que siendo como soy totalmente contraria al castigo físico (que no sirve para crear ni confianza ni respeto, sólo miedo) no puedo comprender que haya hoy en día padres que se saquen la correa y zurren a su hijo, ni que haya gente que lleve a sus hijos a golpe de bofetada. Pero tres gritos bien dados en un momento crítico y reñirlos no creo que vaya a traumatizar a nadie. Que castigarlos sin la Play (por ejemplo), puede ser hasta cierto punto efectivo a corto plazo, pero como saben que, tarde o temprano, se les levantará el castigo, muchos niños aguantan el chaparrón pero no aprenden. Y no lo digo por nada, que lo he visto.
LOS FIDEOS DEL ESPACIO
Hoy he tropezado, en el blog de Carboanion, con una curiosidad que me ha hecho cierta gracia, ya que ayer terminé de leer “El origen perdido” de Matilde Asensi y en el mismo se habla de la teoría de la evolución de Darwin y de las teorías creacionistas. Así que, al encontrarme hoy con ese artículo sobre el “pastafarismo”, se me ha ocurrido comentarlo.
Vayamos por partes, según se comenta en la novela, la teoría de la evolución de Darwin no es un hecho cierto ya que jamás se ha convertido en “La Ley de Darwin”. Es decir, que igual provenimos del mono, que tiene su lógica que pudiera ser así, pero que no se puede demostrar, supongo que porque aún no se ha encontrado el famoso eslabón perdido, si es que algún día se encuentra o si es cierto que existe. Segundo: tenemos otra teoría, la que asegura que a los hombres nos creó Dios a su imagen y semejanza, pero tampoco hay pruebas y se trata más bien de un acto de fe. También existen teorías –y aquí volvemos a la novela otra vez- que juegan con la idea de que los hombres seamos la creación de una raza inteligente que nos “sembró” en la Tierra. Y añadiría la idea de un relato que me pareció realmente curioso, en la que nuestro mundo hubiera sido simplemente creado por los desperdicios de un vertedero espacial (de origen extraterrestre, claro) que se hubiera descontrolado. No he encontrado el relato en la red y tampoco sé donde está el librillo en el que lo leí hace ya 4 años (a mi regreso de la Hispacón de Zaragoza, si no me equivoco).
El “pastafarismo” comenzó como una broma y, gracias a Internet, se ha convertido en un pequeño movimiento popular, que se basa en la tesis de que el inicio de la vida se debe a la existencia de un ser superior con cuerpo de fideos. Así pues, la “Teoría del Monstruo del Espagueti Volador” ha tenido cierta resonancia con sus partidarios y detractores, e incluso se han puesto en marcha apuestas para demostrar empíricamente distintas teorías. Pero mejor si os leéis el artículo.
Tanto si nos creó Dios, un espaguetti volante, los “Orejones” de la señora Asensi, o si en el pasado fuimos monos que bajaron de los árboles, los problemas que tenemos en este mundo no se van a resolver aunque solucionemos ese enigma. Pero el hombre, desde que es hombre, siempre ha tenido una curiosidad innata y el “de donde venimos” siempre le ha intrigado. El “adonde vamos”, como sigamos por el camino que vamos, va a estar cantado.
Vayamos por partes, según se comenta en la novela, la teoría de la evolución de Darwin no es un hecho cierto ya que jamás se ha convertido en “La Ley de Darwin”. Es decir, que igual provenimos del mono, que tiene su lógica que pudiera ser así, pero que no se puede demostrar, supongo que porque aún no se ha encontrado el famoso eslabón perdido, si es que algún día se encuentra o si es cierto que existe. Segundo: tenemos otra teoría, la que asegura que a los hombres nos creó Dios a su imagen y semejanza, pero tampoco hay pruebas y se trata más bien de un acto de fe. También existen teorías –y aquí volvemos a la novela otra vez- que juegan con la idea de que los hombres seamos la creación de una raza inteligente que nos “sembró” en la Tierra. Y añadiría la idea de un relato que me pareció realmente curioso, en la que nuestro mundo hubiera sido simplemente creado por los desperdicios de un vertedero espacial (de origen extraterrestre, claro) que se hubiera descontrolado. No he encontrado el relato en la red y tampoco sé donde está el librillo en el que lo leí hace ya 4 años (a mi regreso de la Hispacón de Zaragoza, si no me equivoco).
El “pastafarismo” comenzó como una broma y, gracias a Internet, se ha convertido en un pequeño movimiento popular, que se basa en la tesis de que el inicio de la vida se debe a la existencia de un ser superior con cuerpo de fideos. Así pues, la “Teoría del Monstruo del Espagueti Volador” ha tenido cierta resonancia con sus partidarios y detractores, e incluso se han puesto en marcha apuestas para demostrar empíricamente distintas teorías. Pero mejor si os leéis el artículo.
Tanto si nos creó Dios, un espaguetti volante, los “Orejones” de la señora Asensi, o si en el pasado fuimos monos que bajaron de los árboles, los problemas que tenemos en este mundo no se van a resolver aunque solucionemos ese enigma. Pero el hombre, desde que es hombre, siempre ha tenido una curiosidad innata y el “de donde venimos” siempre le ha intrigado. El “adonde vamos”, como sigamos por el camino que vamos, va a estar cantado.
ASOCIACIÓN DE IDEAS
En uno de esos momentos de conversación distendida, me contaba mi jefe una anécdota. Unos amigos habían ido a una fiesta y los anfitriones de la misma, como una especie de broma inocente, habían servido una botella de buen cava en un orinal (quiero imaginar que no sería uno de esos de plástico que venden en los “Todo a 100”). El caso es que el cava era del mejor pero nadie lo probó. Y es que es relativamente fácil sentir rechazo por algo, por bueno que sea, si es asociado con algo que asociamos con algo que no es bueno (en este caso, en términos gastronómicos). No es lo mismo beber un buen cava, o un buen vino, en vasos de plástico que hacerlo en copas de cristal. No es lo mismo comer un manjar en un plato de plástico que en una vajilla de cerámica. Y si, en vez de tratarse de vasos o platos de papel o cartón, ese cava, ese vino o ese manjar delicioso se nos presenta en recipientes que nosotros asociamos a algo sucio o desagradable, entonces probablemente pierden todo su sabor.
Esas asociaciones de ideas es algo que tenemos inculcado desde pequeños. Y también es por ellas que, en muchas ocasiones, costumbres que en otros lugares resultan totalmente normales, a nosotros nos puedan llegar a causar desde desagrado a nauseas. Por ejemplo, el comer saltamontes puede ser lo más normal del mundo en ciertos lugares y, en cambio, a nosotros se nos puede antojar algo asqueroso. Y estoy hablando de los inofensivos y no especialmente repulsivos saltamontes. Imaginemos que, en vez de una estupenda cazuela de mejillones, nos traen otra repleta de cucarachas a la marinera. Sinceramente, por muchas vitaminas y minerales que semejantes bichos puedan ofrecerme, me niego a comerlos si no es que se trata de eso o de morirme de hambre (la supervivencia es lo que tiene). Pero, supongo –y sólo supongo- que para personas de otros lugares, las gambas pueden resultar un alimento desagradable. Tampoco hay que ir muy lejos para encontrar alguna, pues mi hermano piensa que las gambas son unos bichos asquerosos.
La oscuridad, en nuestra sociedad, se asocia con el mal, con lo misterioso, con lo oculto, con lo ilícito. El negro es señal de duelo (por eso, cuando te da por vestirte toda de negro porque simplemente te gusta el color, la bromita obligada es preguntar si “se te ha muerto el canario”) mientras que en otros lugares lo es el blanco que, para nosotros es un signo de pureza. Las novias, en la India y en China, se visten de rojo pero cuando Scarlett O’Hara se presenta vestida de este color –y no de negro luto-(¿O fue Bette Davis en "Jezabel") escandaliza al personal.
Pensamos lo que la sociedad en la que vivimos nos ha enseñado y reaccionamos ante las cosas según lo aprendido. Pero supongo que el hecho de que las cosas no sean siempre iguales aquí que en otros lugares es también bueno. Sería realmente tedioso que todos, absolutamente todos, pensáramos y actuáramos igual.
Sobre la entomofagia (comer insectos) con recetas
Esas asociaciones de ideas es algo que tenemos inculcado desde pequeños. Y también es por ellas que, en muchas ocasiones, costumbres que en otros lugares resultan totalmente normales, a nosotros nos puedan llegar a causar desde desagrado a nauseas. Por ejemplo, el comer saltamontes puede ser lo más normal del mundo en ciertos lugares y, en cambio, a nosotros se nos puede antojar algo asqueroso. Y estoy hablando de los inofensivos y no especialmente repulsivos saltamontes. Imaginemos que, en vez de una estupenda cazuela de mejillones, nos traen otra repleta de cucarachas a la marinera. Sinceramente, por muchas vitaminas y minerales que semejantes bichos puedan ofrecerme, me niego a comerlos si no es que se trata de eso o de morirme de hambre (la supervivencia es lo que tiene). Pero, supongo –y sólo supongo- que para personas de otros lugares, las gambas pueden resultar un alimento desagradable. Tampoco hay que ir muy lejos para encontrar alguna, pues mi hermano piensa que las gambas son unos bichos asquerosos.
La oscuridad, en nuestra sociedad, se asocia con el mal, con lo misterioso, con lo oculto, con lo ilícito. El negro es señal de duelo (por eso, cuando te da por vestirte toda de negro porque simplemente te gusta el color, la bromita obligada es preguntar si “se te ha muerto el canario”) mientras que en otros lugares lo es el blanco que, para nosotros es un signo de pureza. Las novias, en la India y en China, se visten de rojo pero cuando Scarlett O’Hara se presenta vestida de este color –y no de negro luto-(¿O fue Bette Davis en "Jezabel") escandaliza al personal.
Pensamos lo que la sociedad en la que vivimos nos ha enseñado y reaccionamos ante las cosas según lo aprendido. Pero supongo que el hecho de que las cosas no sean siempre iguales aquí que en otros lugares es también bueno. Sería realmente tedioso que todos, absolutamente todos, pensáramos y actuáramos igual.
Sobre la entomofagia (comer insectos) con recetas
EL ORIGEN PERDIDO
Siempre me han subyugado los misterios y enigmas del pasado. Seguramente ese interés por la prehistoria y por la “proto-historia” de nuestra civilización actual es algo que he heredado de mi padre. Allá por los años 70-80, los reyes de los misterios enigmáticos eran Jiménez del Oso, que culpaba o responsabilizaba a los OVNIS de cualquier cosa inexplicable, Eric Von Däniken, que también responsabilizar a los extraterrestres de la mayoría de misterios, y Charles Berlitz, que se centró en el “Triángulo de las Bermudas” y vendió libros hasta decir basta en varios idiomas. Actualmente, algunos escritores, que quieren que en la portada de su libro aparezca la palabra “bestseller”, se las ingenian para desenterrar cuatro datos arqueológicos (o históricos) y convertirlos en una aventura. Por otra parte, las colecciones de enigmas y misterios del pasado hacen su agosto. Sólo hay que comprobar la sección correspondiente de cualquier librería medianamente grande.
Matilde Asensi, con “El origen perdido”, que es el libro que estoy leyendo actualmente, mezcla arqueología y aventuras. Se trata de una novela a la que, si le quitas toda la información sobre Tiwanaku, los aymaras, los Incas, Viracocha…, te queda un capítulo de esos de “Cazatesoros”. Personalmente, los tres personajes principales me están pareciendo poco creíbles y bastante insulsos, por muchos “afeites” tecnológicos con los que hayan sido pertrechados. Los diálogos entre ellos me suenan huecos, tratando de ser “desenfadados” pero resultando –por lo menos para mí- bastante tontorrones. Por no mencionar que, a poco que descubran cualquier tontería que el lector hace rato que ya ha supuesto (información no falta), se maravillen ante su descubrimiento como niños párvulos a los que acaban de enseñar a hacer pompas de jabón.
Si estoy leyéndome el libro con verdadera fruición es porque, aunque Matilde Asensi no me acaba de convencer, si es cierto que sabe enganchar al lector, con el interés que un misterio de semejante categoría suscita. Y porque sabe explicarlo con sencillez, abreviando los textos más o menos sesudos que nos aburrirían a muerte o nos resultarían penosos de leer. Es decir, que es muy hábil a la hora de traducir información en algo masticable para el lector medio. Entre explicación y explicación, intercala algunos innecesarios diálogos en los que los tres protagonistas muestran lo tontolabas que son, pero en seguida ¡zas! vuelve a cautivarte al continuar con la explicación del misterio, que es el meollo del argumento. Lo cierto es que, ahora que voy aproximadamente por la mitad del libro, me da absolutamente lo mismo lo que les pase a los protagonistas, sólo quiero saber más sobre los Incas, sobre los aymaras, sobre los yatiris. Hasta me han entrado ganas de irme para Bolivia y visitar Tiwanaku.
Por todo eso, terminaré el libro. Ya me he dado un buen atracón de información gracias a Internet (la fuente básica en la que Matilde Asensi se documenta, por lo que he leído), buscando las palabras y lugares que he ido anotando en mi agenda, para ampliar un poco la información. Quiero saber cuanto hay de verdad y cuanto es pura ficción, donde termina la investigación y comienza la imaginación.
Aunque mi opinión sobre este libro de Matilde Asensi no sea muy buena, lo que sí voy a concederle es que es capaz de despertar en el lector –o en mí, particularmente- un interés por saber más. Y, como dice el refrán, el saber nunca ocupa lugar.
***
P.D. No, no he olvidado que ya han estrenado “Guía del autoestopista galáctico”, de hecho tengo muchas ganas de verla. Cuando estuve en Paris, ¡había carteles de la peli por todas partes! Tan pronto la vea, comento. Prometido.
Matilde Asensi, con “El origen perdido”, que es el libro que estoy leyendo actualmente, mezcla arqueología y aventuras. Se trata de una novela a la que, si le quitas toda la información sobre Tiwanaku, los aymaras, los Incas, Viracocha…, te queda un capítulo de esos de “Cazatesoros”. Personalmente, los tres personajes principales me están pareciendo poco creíbles y bastante insulsos, por muchos “afeites” tecnológicos con los que hayan sido pertrechados. Los diálogos entre ellos me suenan huecos, tratando de ser “desenfadados” pero resultando –por lo menos para mí- bastante tontorrones. Por no mencionar que, a poco que descubran cualquier tontería que el lector hace rato que ya ha supuesto (información no falta), se maravillen ante su descubrimiento como niños párvulos a los que acaban de enseñar a hacer pompas de jabón.
Si estoy leyéndome el libro con verdadera fruición es porque, aunque Matilde Asensi no me acaba de convencer, si es cierto que sabe enganchar al lector, con el interés que un misterio de semejante categoría suscita. Y porque sabe explicarlo con sencillez, abreviando los textos más o menos sesudos que nos aburrirían a muerte o nos resultarían penosos de leer. Es decir, que es muy hábil a la hora de traducir información en algo masticable para el lector medio. Entre explicación y explicación, intercala algunos innecesarios diálogos en los que los tres protagonistas muestran lo tontolabas que son, pero en seguida ¡zas! vuelve a cautivarte al continuar con la explicación del misterio, que es el meollo del argumento. Lo cierto es que, ahora que voy aproximadamente por la mitad del libro, me da absolutamente lo mismo lo que les pase a los protagonistas, sólo quiero saber más sobre los Incas, sobre los aymaras, sobre los yatiris. Hasta me han entrado ganas de irme para Bolivia y visitar Tiwanaku.Por todo eso, terminaré el libro. Ya me he dado un buen atracón de información gracias a Internet (la fuente básica en la que Matilde Asensi se documenta, por lo que he leído), buscando las palabras y lugares que he ido anotando en mi agenda, para ampliar un poco la información. Quiero saber cuanto hay de verdad y cuanto es pura ficción, donde termina la investigación y comienza la imaginación.
Aunque mi opinión sobre este libro de Matilde Asensi no sea muy buena, lo que sí voy a concederle es que es capaz de despertar en el lector –o en mí, particularmente- un interés por saber más. Y, como dice el refrán, el saber nunca ocupa lugar.
P.D. No, no he olvidado que ya han estrenado “Guía del autoestopista galáctico”, de hecho tengo muchas ganas de verla. Cuando estuve en Paris, ¡había carteles de la peli por todas partes! Tan pronto la vea, comento. Prometido.
MENTIRAS PIADOSAS QUE ME CUENTO A MI MISMA
Algunas veces, trato de mentirme a mi misma diciéndome que, en realidad, no me importa que nadie lea mi blog, que yo no escribo para que la gente me lea sino por el puro placer de escribir. Pero, reconozco que no es cierto. Que en el fondo –y no demasiado profundo- me gusta saber que alguien me lee, incluso a veces fantaseo que ese alguien se ríe con alguna de mis ocurrencias de la misma forma que, algunas veces, se me salta una carcajada cuando leo alguno de los blogs a los que estoy suscrita.
Desde que el contador desapareció por arte de magia de mi blog, aunque el código sigue allí, no sé si entran tres o trescientas personas, cosa que, cuando lo tenía, me animaba bastante aunque apenas tuviera comentarios. Gracias al servicio de Dot.Tk (mi página web tiene su dominio en Tokelau, como www.suskiin.tk) sé que unas 60 personas visitaron mi página a través de ese enlace durante el mes de agosto, pero no sé cuantas lo hicieron a traves de Ya.com. Y, para añadir más leña al fuego, sé que sólo 4 personas están suscritas a mi blog a través de Bloglines.
Soy consciente de que muchos de mis artículos no son de la clase que se prestan a dejar comentarios. De la misma forma, no soy una habitual de dejar comentarios en los blogs de otras personas salvo que tenga algo que decir al respecto. aunque los lea ávidamente.
Pero, a pesar de todo ello, cuando mi correo electrónico me avisa que tengo un nuevo comentario, eso me llena de alegría. ¡Alguien ha pensado que valía la pena dejar un mensaje!
He sido una bloggera descuidada y perezosa desde el mes de julio (y no digamos durante agosto) y yo, como un mantra, me repetía “Vas a perder a los cuatro que te leen, so vaga” pero no hacía nada al respecto. Por falta de tiempo (julio fue un mes en el que apenas encontraba momento ni para pensar) o por falta de ganas (no se me ocurría qué escribir) iba dejándolo para mañana.
Ahora, con lo que mi jefe denomina “iniciar el nuevo curso”, pretendo volver al redil y espero –no sé si en vano- que mis lectores –si es que alguna vez hubo alguno- sigan leyendo mis pequeñas historias, mis anécdotas, mis opiniones, mis recomendaciones.
Supongo que este blog tiene los meses contados. Las megas de las que dispongo, después de los once meses que llevo escribiéndolo, se van agotando, aunque espero que su capacidad me permita terminar el 2005. Quizás el último artículo sea felicitaros el Año Nuevo, así lo espero. Pero no creo que, por ese motivo, abandone si no he abandonado por llegar a pensar que nadie me leía. “Vestida por el mundo”, si nada lo impide, seguirá dando guerra, con o sin lectores, con o sin contador.
Desde que el contador desapareció por arte de magia de mi blog, aunque el código sigue allí, no sé si entran tres o trescientas personas, cosa que, cuando lo tenía, me animaba bastante aunque apenas tuviera comentarios. Gracias al servicio de Dot.Tk (mi página web tiene su dominio en Tokelau, como www.suskiin.tk) sé que unas 60 personas visitaron mi página a través de ese enlace durante el mes de agosto, pero no sé cuantas lo hicieron a traves de Ya.com. Y, para añadir más leña al fuego, sé que sólo 4 personas están suscritas a mi blog a través de Bloglines.
Soy consciente de que muchos de mis artículos no son de la clase que se prestan a dejar comentarios. De la misma forma, no soy una habitual de dejar comentarios en los blogs de otras personas salvo que tenga algo que decir al respecto. aunque los lea ávidamente.
Pero, a pesar de todo ello, cuando mi correo electrónico me avisa que tengo un nuevo comentario, eso me llena de alegría. ¡Alguien ha pensado que valía la pena dejar un mensaje!
He sido una bloggera descuidada y perezosa desde el mes de julio (y no digamos durante agosto) y yo, como un mantra, me repetía “Vas a perder a los cuatro que te leen, so vaga” pero no hacía nada al respecto. Por falta de tiempo (julio fue un mes en el que apenas encontraba momento ni para pensar) o por falta de ganas (no se me ocurría qué escribir) iba dejándolo para mañana.
Ahora, con lo que mi jefe denomina “iniciar el nuevo curso”, pretendo volver al redil y espero –no sé si en vano- que mis lectores –si es que alguna vez hubo alguno- sigan leyendo mis pequeñas historias, mis anécdotas, mis opiniones, mis recomendaciones.
Supongo que este blog tiene los meses contados. Las megas de las que dispongo, después de los once meses que llevo escribiéndolo, se van agotando, aunque espero que su capacidad me permita terminar el 2005. Quizás el último artículo sea felicitaros el Año Nuevo, así lo espero. Pero no creo que, por ese motivo, abandone si no he abandonado por llegar a pensar que nadie me leía. “Vestida por el mundo”, si nada lo impide, seguirá dando guerra, con o sin lectores, con o sin contador.
RIPLEY VS RIPLEY
En cuestión de un mes he visto y leído “El juego de Ripley”. Primero fue la película, protagonizada por John Malkovich, y, posteriormente, la novela de Patricia Highsmith en la que esta está basada.
En términos generales, se puede decir que la historia es la misma. ¡Ojo! Ahora vienen los dichosos “spoilers”, así que aviso por si no habéis visto la peli o leído el libro, no vaya a destriparos el placer de verla o leerlo:
“Tom Ripley vive en una mansión de Villepierce, un pequeño pueblo de Francia, junto a su esposa, Heloise. Reeves Minot necesita un asesino a sueldo y propone a Ripley hacer el trabajo, pero a quien finalmente se le ofrecerá será a un enmarcador de cuadros que vive en una población cercana, que padece leucemia y que tiene problemas económicos. El hombre, a pesar de sus reticencias, acaba aceptando ya que el dinero que ese trabajito le supondrá servirá para dejar a su viuda –cuando lo sea- económicamente aprovisionada. El primer asesinato es llevado a cabo con éxito pero Trevanny, el enmarcador, tendrá que llevar a cabo un segundo para cobrar todo el dinero prometido. Lo cual complica el asunto. Ripley, que propuso a Trevanny para el encargo como una especie de venganza, se siente implicado por haberle involucrado en el asunto y aparece en el momento oportuno, ayudando a Trevanny a terminar el asunto. Pero los mafiosos no van a dejar correr el asunto y van detrás de Reeves y, posteriormente, consiguen dar con Ripley. Ripley y Trevanny se atrincheran en Belle Ombre, la casa del primero, para hacerles frente. Pero…” Bien, una cosa son los “spoilers” y otra contar el final.
El caso es que, llevaba por la curiosidad, decidí leer el libro después de ver la peli, por aquello de comparar versión filmada y versión escrita. Y me sorprendió que existen un montón de pequeñas diferencias que, en muchas ocasiones, no tienen peso específico:
Ya sé que estos detalles, en conjunto, no tienen demasiada importancia. Que el hecho que Ripley sea rubio o moreno no tiene peso específico en el desarrollo de la historia. Pero, en el fondo, no puedo evitar que esas pequeñas diferencias salten de las líneas de texto, haciéndome comparar una y otra vez las dos versiones. ¿Soy muy puntillosa?
En términos generales, se puede decir que la historia es la misma. ¡Ojo! Ahora vienen los dichosos “spoilers”, así que aviso por si no habéis visto la peli o leído el libro, no vaya a destriparos el placer de verla o leerlo:
“Tom Ripley vive en una mansión de Villepierce, un pequeño pueblo de Francia, junto a su esposa, Heloise. Reeves Minot necesita un asesino a sueldo y propone a Ripley hacer el trabajo, pero a quien finalmente se le ofrecerá será a un enmarcador de cuadros que vive en una población cercana, que padece leucemia y que tiene problemas económicos. El hombre, a pesar de sus reticencias, acaba aceptando ya que el dinero que ese trabajito le supondrá servirá para dejar a su viuda –cuando lo sea- económicamente aprovisionada. El primer asesinato es llevado a cabo con éxito pero Trevanny, el enmarcador, tendrá que llevar a cabo un segundo para cobrar todo el dinero prometido. Lo cual complica el asunto. Ripley, que propuso a Trevanny para el encargo como una especie de venganza, se siente implicado por haberle involucrado en el asunto y aparece en el momento oportuno, ayudando a Trevanny a terminar el asunto. Pero los mafiosos no van a dejar correr el asunto y van detrás de Reeves y, posteriormente, consiguen dar con Ripley. Ripley y Trevanny se atrincheran en Belle Ombre, la casa del primero, para hacerles frente. Pero…” Bien, una cosa son los “spoilers” y otra contar el final.
El caso es que, llevaba por la curiosidad, decidí leer el libro después de ver la peli, por aquello de comparar versión filmada y versión escrita. Y me sorprendió que existen un montón de pequeñas diferencias que, en muchas ocasiones, no tienen peso específico: - Una de las diferencias que más me han llamado la atención ha sido con respecto a la descripción física de los personajes. Tom Ripley, para empezar, ronda los treinta años, es alto, delgado y tiene el cabello castaño claro. Por mucho que me guste Malkovich tengo que reconocer que, al leer el libro, no me lo imagino en absoluto a él en el papel. Su esposa, Heloise, que tiene un papel sin demasiada importancia en ambas versiones, es rubia y no morena. Reeves, que en la peli luce una buena curva de la felicidad, es bastante delgado en la novela, luciendo una marcada cicatriz en el rostro. Quizá Trevanny, a pesar de ser rubio en vez de moreno, sea el personaje que más se asemeja.
- Al margen del aspecto físico, Heloise no es concertista y sus conocimientos de clavicémbalo, según Ripley, seguramente necesitarán de unas clases.
- El primer asesinato no ocurre en un acuario, como en la película, sino en el U-Bahn de Hamburgo. Cambio de escenario, totalmente.
- Los mafiosos rusos de la peli son italianos en la novela.
- Nada se dice de la afición por la pintura de Ripley en la película. Cuando Ripley lleva a enmarcar un cuadro a la tienda de Trevanny, no se trata de unas láminas, sino de una acuarela pintada por su esposa.
- La historia secundaria del clavicémbalo es algo distinta. De hecho, se trata de un capricho de Ripley, que lo compra en un anticuario de Paris. Y nada de restaurarlo completamente… sólo precisa de un buen afinado después de su traslado a Belle Ombre. Ni siquiera es un regalo para su esposa.
Ya sé que estos detalles, en conjunto, no tienen demasiada importancia. Que el hecho que Ripley sea rubio o moreno no tiene peso específico en el desarrollo de la historia. Pero, en el fondo, no puedo evitar que esas pequeñas diferencias salten de las líneas de texto, haciéndome comparar una y otra vez las dos versiones. ¿Soy muy puntillosa?
CON SEPTIEMBRE LLEGÓ EL FASCÍCULO
Si en verano, la mayoría de revistas nos han provisto de lo necesario para ir a la playa (salvo el parasol), como todos los septiembres, y para no perder la costumbre, los coleccionables por fascículos -o los fascículos coleccionables- regresan a los kioscos. Quien más, quien menos, todos hemos sucumbido alguna vez a la tentación de los fascículos. Ni que sea al primero, el de la oferta “por tan sólo 2,95 Euros”.
Durante las pausas publicitarias mientras veía la película de la tarde, esas pausas que antes conocíamos como “el intermedio” y que ahora gustan de llamar “la publi”, he contabilizado 24 colecciones anunciadas por TV. No he comprobado otros canales pero, a efectos estadísticos, sería interesante. De todas formas, según datos de un periódico gratuito, el 60% de los anuncios son, precisamente, de fascículos.
Según leo en ese mismo periódico, se pueden clasificar los compradores en tres categorías:
Reconozco que, en algún momento de mi vida, he sido uno de esos tres tipos. El primero lo fui, justamente, la semana pasada, cuando compré la entrega nº 1 de los libros de Vázquez Figueroa. No tengo intención de continuarla pero dos libros de tapa dura por menos de 3 euros fue una oferta tentadora para una lectora irredenta como yo. El segundo lo soy desde hace unas veintitantas semanas. En el kiosco me guardan los DVDs de “Ranma” y ya voy por más de la mitad de la colección. Y el tercero, lo fui. Y dudo que repita.
De las colecciones anunciadas durante esos intermedios he hecho una pequeña lista. Se podrían dividir en varios tipos y algunas de las colecciones que se lanzan al mercado ya son viejas conocidas, ya que repiten año tras año. Afortunadamente, este año no se han atrevido a relanzar la de los muñecos de Madelman. Otro día cuento porqué.
Veamos a qué colecciones nos podemos suscribir (o sólo comprar el nº 1):
En fin, yo aquí he listado las que he visto en la tele, el kiosco o en el artículo del periódico, pero seguro que hay más. Y todas compiten por su trocito de espacio en el kiosco que cada vez se parece más un bazar… atestado de fascículos.
¿A cual os habéis enganchado vosotros? ¿Recomendáis alguno?
Durante las pausas publicitarias mientras veía la película de la tarde, esas pausas que antes conocíamos como “el intermedio” y que ahora gustan de llamar “la publi”, he contabilizado 24 colecciones anunciadas por TV. No he comprobado otros canales pero, a efectos estadísticos, sería interesante. De todas formas, según datos de un periódico gratuito, el 60% de los anuncios son, precisamente, de fascículos.
Según leo en ese mismo periódico, se pueden clasificar los compradores en tres categorías:
- El esporádico. Compra alguna que otra vez el primer fascículo, por la oferta.
- El constante. Le guardan la colección en el kiosco de confianza. Si conseguimos pasar de la 4º entrega, cabe la posibilidad de que la terminemos.
- El suscriptor. Si una colección le interesa, prefiere recibirla cómodamente en casa.
Reconozco que, en algún momento de mi vida, he sido uno de esos tres tipos. El primero lo fui, justamente, la semana pasada, cuando compré la entrega nº 1 de los libros de Vázquez Figueroa. No tengo intención de continuarla pero dos libros de tapa dura por menos de 3 euros fue una oferta tentadora para una lectora irredenta como yo. El segundo lo soy desde hace unas veintitantas semanas. En el kiosco me guardan los DVDs de “Ranma” y ya voy por más de la mitad de la colección. Y el tercero, lo fui. Y dudo que repita.
De las colecciones anunciadas durante esos intermedios he hecho una pequeña lista. Se podrían dividir en varios tipos y algunas de las colecciones que se lanzan al mercado ya son viejas conocidas, ya que repiten año tras año. Afortunadamente, este año no se han atrevido a relanzar la de los muñecos de Madelman. Otro día cuento porqué.
Veamos a qué colecciones nos podemos suscribir (o sólo comprar el nº 1):
- “La abeja Maya”, la dulce y traviesa Maya de nuestra infancia vuelve, esta vez en DVD, para hacer las delicias de nuestros hijos.
- “Heidi”. Recuerdo que mortifiqué a mi madre para que me hiciera la colección de los tebeos de la serie en los años 70. Ahora sale en DVD, para ídem que la abejita Maya.
- “Érase una vez el cuerpo humano”. Por lo que he leído, es la colección más veterana, y va por su 16ª edición. Otra que, con un poco de suerte, volverán a coleccionar hasta nuestros tataranietos.
- "Curso de ingles"(y curso de francés). Cada año salen cursos de idiomas. Recuerdo que yo hice el de francés, el de alemán y el de italiano. Entonces iban acompañados de cinta de casete, ahora son más modernos y van con DVD.
- Las casitas de muñecas son habituales de los kioscos cada septiembre. No sé si alguien las acaba. Reconozco que a mi me atrae mucho la idea de tener una casa de muñecas, pero... Este año podemos elegir entre la clásica de “El palacio de muñecas” o “La casa de muñecas andaluza”.
- Coches o helicópteros por radio-control. Yo he visto el del Renault, aunque me consta que también ha salido una para montar tu propio helicóptero teledirigido, y la del Chrysler Viper. Lo malo de estas colecciones es que te dan tres piezas para montar por entrega y resulta una colección un tanto tediosa para impacientes. Cuando pones la última pieza, la primera ya está oxidada. Deberían sacar la de “Piezas de recambio para tu coche teledirigido”
- Monta tu propio “Navío San Felipe”. Si siempre deseaste montar tu propia maqueta de barco, esta es la tuya. Eso sí, si no piensas continuarla hasta sus últimas consecuencias, comprar el primer fascículo es tontería. En el mismo caso están la mayoría de fascículos para montar algo por piezas.
- "Testimonios de la guerra civil". Me consta que, además de esta colección, hay un periódico que también lanza otra parecida, de forma gratuita al comprar el diario.
- “Carros de combate” y “Cañones”. ¿Qué hay mejor que llenar tu casa de tanques y cañones en miniatura? ¿Llenarla con la colección “Relojes de cuerda”?
- Dan Brown fue el descubridor del filón, pero muchos se han apuntado a esta particular “fiebre investigadora”. Así que también tenemos la colección de libros “Enigmas de la historia al descubierto”. Para amantes de conspiraciones en la oscuridad.
- Los aficionados al Scalextric están de suerte. Esta vez no se trata de montar coches por piezas, sino de coleccionar coches de "Rallies de España".
- En el apartado literatura tenemos la colección de libros de Vázquez Figueroa, la de libros de Agatha Christie y una de novela romántica de Jude Deveraux para que nos suba el nivel de azúcar en sangre.
- Para conocer el mundo sin salir de casa, dos colecciones: “Conoce España con National Geographic” y “Las ciudades”.
- “La energía de las piedras” es una colección de… piedras, con la particularidad que son piedras con cualidades terapéuticas, curativas y esas cosas.
- Si lo tuyo son las miniaturas y estás a punto de terminar (lo más probable es que no) la de “El Señor de los Anillos”, puedes enrolarte con la de “Historia en miniatura de la Edad Media”.
- De coches también tenemos la “Carlos Sainz collection”, con todos los coches que ha conducido (y que ha dejado para el arrastre).
- Si lo que a uno le interesa es el arte… “Dibujo y pintura”. Con la primera entrega te regalan dos tubos de pintura. ¿Qué más se puede pedir? ¿La tela?
- “Video Digital” te ayudará a manejarte con las fotos que has hecho este verano con la cámara digital.
- Si tu abuela ha decidido aprender cómo funciona un ordenador, que mejor regalo que suscribirla a “PC OK” o “Aprender el PC”. Quien no sabe es porque no quiere.
- En música, una colección de “Grandes interpretes” que es, según mis datos, la más cara: 9,95 Euros. De todas formas, creo que con la primera entrega te dan 3 CDs.
- El año pasado, en el apartado “manga” sacaron “Ranma” y “Bola de Dragón” (supongo que alguna más). Este año, "Kenshin".
- Los “Aprendilunnis” para que los más pequeños aprendan mates y lengua en CD-Rom.
- “Grandes del cómic”. Porque el cómic no empieza y termina con Zipi y Zape, ni con Mortadelo y Filemón (¿Quién se acuerda de “Anacleto, agente secreto”?). Terror, ciencia-ficción, etc.
- “Juguetes de hojalata” para que los niños se olviden de la Play. Mientras no se corten y acabemos en el dispensario para ponerles la antitetánica...
- “Atlas del mundo”. ¿Sabes dónde está Rawalpindi? Pues si no lo sabes, ya estás suscribiéndote.
- “Perros”. Para que los amantes de los perros eduquen a sus mascotas. Aunque, la verdad, deberían sacar una para que algunas mascotas eduquen a sus amos…
En fin, yo aquí he listado las que he visto en la tele, el kiosco o en el artículo del periódico, pero seguro que hay más. Y todas compiten por su trocito de espacio en el kiosco que cada vez se parece más un bazar… atestado de fascículos.
¿A cual os habéis enganchado vosotros? ¿Recomendáis alguno?
C’EST FINI (PARIS VI Y FINAL)
Último día en Paris o, debería decir, última mañana en Paris. Nos levantamos temprano, desayunamos nuestro croissant, café y zumo en el hotel y, después de dejar las maletas en recepción, ponemos rumbo a la Gare d’Austerlitz porque, hoy toca visitar le Jardin des Plantes y el Muséum National d’Histoire Naturelle, en el que hay una exposición sobre la Evolución.
Nuestro último día ha amanecido nublado y al poco de llegar al Museo comienza a llover. La “Grande Galerie de l’Évolution” es una de esas exposiciones que, a la gente que estos temas les gusta –como a mi- les hace pasar un rato interesantísimo. Una escalera estrecha de caracol lleva a lo largo de los millones de años desde el primer trilobites hasta la actualidad, hay todo tipo de animales disecados (quizá la parte que menos me gusta) y otros que simplemente son reproducciones de animales en ¿plástico o resina?.
Lo peor de la visita es que cuando tengo que hacer uso de los aseos, mientras me lavo las manos se me olvida la cámara con 140 fotos de Paris y, cinco minutos después, cuando me percato que no la llevo en el bolso (donde debería haber estado) y regresamos corriendo a los aseos, ya no está. Pero, todo hay que decirlo, no está gracias a la eficiencia del servicio del museo. Ya que sólo han pasado cinco minutos y mi cámara está en el bolsillo de la chaqueta del vigilante de la puerta. Repito veintisiete veces “merci”, lo cual, obviamente, no es que yo sea lacónica sino que mi vocabulario en francés es tan limitado que, como no le de un beso, no sé que más puedo decirle para expresarle mi agradecimiento. Claro que, después de dejarme que me explaye con mi reiteración, me habla en correcto castellano. Lo que son las cosas.
Visitamos, finalmente, la exposición del sótano, dedicada al cortejo de los animales y luego salimos al exterior lluvioso de un día soñoliento y legañoso.
El trayecto de regreso en el metro (Censier-Daubenton a Stalingrad y de allí a Rome) nos toma una hora completa por lo que llegamos al hotel un cuarto de hora antes de que nos recojan para ir al aeropuerto.
Sólo nos queda recoger nuestras maletas, despedirnos del portero y sentarnos en la salita del vestíbulo a revisar bolsas, notas y mapas, con la mirada nostálgica del viajero que está a punto de partir.
Nos ha quedado mucho por ver, pero los pies no daban ya para más, a pesar del calzado cómodo y de que somos “andarines” por naturaleza. Pero, en fin, para la próxima vez tendremos ya nuestros objetivos mucho más definidos. No hemos podido ver la Ópera, ni el Centre Pompidou, ni las Galerias Lafayette por dentro, ni la casa de Victor Hugo, ni la de Proust, ni el cementerio de Père-Lachaise donde está la tumba de Jim Morrison, ni tantos otros sitios. Ni siquiera tomarnos un café en “Les Deux Magots” a la sombra de Sartre. ¡Con la de cosas que llevaba yo en la agenda apuntadas para ver!
Alrededor de las ocho de la tarde estábamos en casa, hechos fosfatina pero increíblemente felices.
Y, la verdad, poco íbamos a poder descansar porque al cabo de tres días nos esperaba una semana de vacaciones rurales en la comarca del Osona.
Nuestro último día ha amanecido nublado y al poco de llegar al Museo comienza a llover. La “Grande Galerie de l’Évolution” es una de esas exposiciones que, a la gente que estos temas les gusta –como a mi- les hace pasar un rato interesantísimo. Una escalera estrecha de caracol lleva a lo largo de los millones de años desde el primer trilobites hasta la actualidad, hay todo tipo de animales disecados (quizá la parte que menos me gusta) y otros que simplemente son reproducciones de animales en ¿plástico o resina?.
Lo peor de la visita es que cuando tengo que hacer uso de los aseos, mientras me lavo las manos se me olvida la cámara con 140 fotos de Paris y, cinco minutos después, cuando me percato que no la llevo en el bolso (donde debería haber estado) y regresamos corriendo a los aseos, ya no está. Pero, todo hay que decirlo, no está gracias a la eficiencia del servicio del museo. Ya que sólo han pasado cinco minutos y mi cámara está en el bolsillo de la chaqueta del vigilante de la puerta. Repito veintisiete veces “merci”, lo cual, obviamente, no es que yo sea lacónica sino que mi vocabulario en francés es tan limitado que, como no le de un beso, no sé que más puedo decirle para expresarle mi agradecimiento. Claro que, después de dejarme que me explaye con mi reiteración, me habla en correcto castellano. Lo que son las cosas.
Visitamos, finalmente, la exposición del sótano, dedicada al cortejo de los animales y luego salimos al exterior lluvioso de un día soñoliento y legañoso.
El trayecto de regreso en el metro (Censier-Daubenton a Stalingrad y de allí a Rome) nos toma una hora completa por lo que llegamos al hotel un cuarto de hora antes de que nos recojan para ir al aeropuerto.
Sólo nos queda recoger nuestras maletas, despedirnos del portero y sentarnos en la salita del vestíbulo a revisar bolsas, notas y mapas, con la mirada nostálgica del viajero que está a punto de partir.
Nos ha quedado mucho por ver, pero los pies no daban ya para más, a pesar del calzado cómodo y de que somos “andarines” por naturaleza. Pero, en fin, para la próxima vez tendremos ya nuestros objetivos mucho más definidos. No hemos podido ver la Ópera, ni el Centre Pompidou, ni las Galerias Lafayette por dentro, ni la casa de Victor Hugo, ni la de Proust, ni el cementerio de Père-Lachaise donde está la tumba de Jim Morrison, ni tantos otros sitios. Ni siquiera tomarnos un café en “Les Deux Magots” a la sombra de Sartre. ¡Con la de cosas que llevaba yo en la agenda apuntadas para ver!
Alrededor de las ocho de la tarde estábamos en casa, hechos fosfatina pero increíblemente felices.
Y, la verdad, poco íbamos a poder descansar porque al cabo de tres días nos esperaba una semana de vacaciones rurales en la comarca del Osona.
DE VANVES A MONTMARTRE (V)
Me encantan los mercadillos, así que si tengo ocasión de visitar uno trato de no perdérmela. Antes de salir de Barcelona, buscando en Internet, me había informado que en Porte de Vanves, los sábados, hay un “marché aux puces”, así que cogemos el metro y recorremos medio Paris para ir a la otra punta.
El “marché aux puces” de Porte de Vanves es, como indica su nombre, un mercado de pulgas. Pulgas no sé, pero muchos de los muebles expuestos seguro que tenían más de una y más de dos carcomas. Los productos no son, ni de lejos, tentadores. Ni por aspecto ni por precio. Se supone que es un mercadillo de antigüedades, pero allí lo que no está roto es viejo. De todas formas lo recorremos en toda su longitud y, a pesar de mi compulsividad compradora, sólo salgo de allí con un libro bajo el brazo. La única paradita de libros decentes y a buen precio que había en todo el mercadillo me provee de una novela en francés de Michel Tournier: “Vendredi ou la vie sauvage”. Tengo intención de leerlo, por supuesto, aunque voy a tener que tirar bastante de diccionario y eso que el hecho de hablar catalán es una gran ayuda para entender el francés, por lo menos escrito.
Descubrimos que a pocos metros del inicio del mercadillo hay una parada de autobús, la del 95, que cruza medio Paris y que, por el precio de un viaje de tarjeta, nos va a dar un gran tour por zonas que aún no hemos pisado y que no sabemos si tendremos tiempo de visitar. Para en la Gare de Montparnasse donde podemos ver, brevemente, la Tour de Montparnasse (el único rascacielos de la ciudad, supongo) y las Galerias Lafayette (las de la parte sur). Saint Germaine-des-près y Saint Sulpice están incluidos en el trayecto. Bajamos en el Quay Voltaire, muy cerca del Musee d’Orsay, a fin de informarnos de los horarios para visitarlo por la tarde.
Como son las 12, decidimos encaminarnos hacia Saint Denis para comer, cruzando el Pont Royal y los Jardines de les Tuileries a lo ancho hasta la rue Saint Honore que nos lleva a la plaza donde está ubicada la Fontaine des Innocents. Nos decidimos, finalmente, por un restaurante con terraza cubierta que luce una bandera del arco iris en la fachada: Le Taverne del Phare, cuyo interior asemeja una taberna de piratas a la vieja usanza (lo comprobamos al ir a visitar los aseos). Mientras yo me zampo mi ensalada de crudités (verduras, judías verdes entre otras), J. descubre el filete de hareng, que resulta ser lo que aquí conocemos como “arengades” (O sea arenques). De segundo soy incapaz de terminarme el plato de chili de carne con arroz, aunque está muy sabroso. Lástima que se me ocurra pedir queso de postre porque, sintiéndolo en el alma, el brie no me gusta nada de nada. ¿Quién me mandaría a mi pedirlo en vez de un crème caramel?.
Con el buche lleno, nos encaminamos al Musee d’Orsay, cuya cola ha dejado de serlo, aunque el museo no está vacío como podemos comprobar. Como J. está interesado por la sala impresionista y el museo es demasiado grande (aunque ni por asomo como el Louvre) para verlo en un par de horas (que es, como mucho, lo que tenemos de tiempo), subimos a la quinta planta después de algunos titubeos. La madre de Whistler, el cuadro que Mr. Bean hizo famoso para los legos como yo, nos mira de reojo, severamente desde su cuadro. Mi favorito, Monet, llena las salas de luz con sus cuadros de nenúfares y todos sus retratos y paisajes. Me siento atraída por el puntillismo y especialmente por un cuadro de Lemmen (Plage à Heist) cuya lámina me compraré a la salida. También me fijo especialmente en Signac y Seurat. A pesar de que no puedo presumir de una gran educación artística ni pictórica, sé lo que me gusta y lo disfruto y, de paso, hago reír a J. con mis comentarios jocosos sobre ese o aquel cuadro.
Pero me duelen los pies hasta el extremo de decir basta y cuando vamos por los pasteles y las acuarelas yo, lo único que quiero es sentarme y allí todos los asientos están ocupados. Así que dejo que J. siga su visita sin la intervención de mis quejidos y me voy a la cafetería donde me siento frente a un café doble (el café, en general, es muy bueno en Paris) a escribir en mi moleskine. El descanso, de todas formas, me dura poco, ya que a las cinco empiezan a “evacuarnos” amablemente hacia la salida. Como no tengo ni idea de por donde puede estar J., decido bajar al vestíbulo y visitar la tienda del museo. No tengo intención de irme con las manos vacías y hay un par de láminas que quiero llevarme (serán una de Lemmen y otra de Monet). Cuando me encamino a la librería, a echarle un vistazo al libro que J. quiere comprar, le veo bajando por las escaleras y saludándome. Al final, mientras él se compra el libro de pintura del museo, yo me compro un punto de libro de Klimt (“le tré età”) y un boli decorado con un cuadro de Monet.
El autobús, el 95, que nos lleva desde el Quai de Voltaire hasta la Place de Clichy va de bote en bote, así que nuestro “tour” de regreso es algo apretado.
Descansamos un rato en el hotel, haciendo tiempo para ir a cenar (y yo, tratando de que me vuelvan a crecer las plantas de los pies).
Alrededor de las 8 de la tarde salimos hacia Clichy, porque hemos decidido volver al corazón de Montmartre para cenar. Por Joseph de Maistre y des Abesses llegamos al pie del Sacré Coeur y nos entretenemos en comprar unos regalitos de última hora. Luego entramos en un coquetón restaurante de la Place de Charles Dullin que se llama “La ville de Poulbot” y cuyo menú es, además de asequible, sabroso y casero. J. repite con el filete de hareng y yo con la sopa de cebolla (siempre me ha gustado mucho). De segundo me decanto por la omelette avec champignons (riquísima y bien cargada de champiñones) y J. por el bavette grillé (à point) que está tiernísimo.
Regresamos paseando por la rue d’Orsel, des Abesses, Durantin y terminamos en la place de Pigalle, con su animación habitual y la cola para entrar en Le Moulin Rouge.
Es nuestra última noche en Paris. Y vamos a echarla de menos.
El “marché aux puces” de Porte de Vanves es, como indica su nombre, un mercado de pulgas. Pulgas no sé, pero muchos de los muebles expuestos seguro que tenían más de una y más de dos carcomas. Los productos no son, ni de lejos, tentadores. Ni por aspecto ni por precio. Se supone que es un mercadillo de antigüedades, pero allí lo que no está roto es viejo. De todas formas lo recorremos en toda su longitud y, a pesar de mi compulsividad compradora, sólo salgo de allí con un libro bajo el brazo. La única paradita de libros decentes y a buen precio que había en todo el mercadillo me provee de una novela en francés de Michel Tournier: “Vendredi ou la vie sauvage”. Tengo intención de leerlo, por supuesto, aunque voy a tener que tirar bastante de diccionario y eso que el hecho de hablar catalán es una gran ayuda para entender el francés, por lo menos escrito.
Descubrimos que a pocos metros del inicio del mercadillo hay una parada de autobús, la del 95, que cruza medio Paris y que, por el precio de un viaje de tarjeta, nos va a dar un gran tour por zonas que aún no hemos pisado y que no sabemos si tendremos tiempo de visitar. Para en la Gare de Montparnasse donde podemos ver, brevemente, la Tour de Montparnasse (el único rascacielos de la ciudad, supongo) y las Galerias Lafayette (las de la parte sur). Saint Germaine-des-près y Saint Sulpice están incluidos en el trayecto. Bajamos en el Quay Voltaire, muy cerca del Musee d’Orsay, a fin de informarnos de los horarios para visitarlo por la tarde.
Como son las 12, decidimos encaminarnos hacia Saint Denis para comer, cruzando el Pont Royal y los Jardines de les Tuileries a lo ancho hasta la rue Saint Honore que nos lleva a la plaza donde está ubicada la Fontaine des Innocents. Nos decidimos, finalmente, por un restaurante con terraza cubierta que luce una bandera del arco iris en la fachada: Le Taverne del Phare, cuyo interior asemeja una taberna de piratas a la vieja usanza (lo comprobamos al ir a visitar los aseos). Mientras yo me zampo mi ensalada de crudités (verduras, judías verdes entre otras), J. descubre el filete de hareng, que resulta ser lo que aquí conocemos como “arengades” (O sea arenques). De segundo soy incapaz de terminarme el plato de chili de carne con arroz, aunque está muy sabroso. Lástima que se me ocurra pedir queso de postre porque, sintiéndolo en el alma, el brie no me gusta nada de nada. ¿Quién me mandaría a mi pedirlo en vez de un crème caramel?.
Con el buche lleno, nos encaminamos al Musee d’Orsay, cuya cola ha dejado de serlo, aunque el museo no está vacío como podemos comprobar. Como J. está interesado por la sala impresionista y el museo es demasiado grande (aunque ni por asomo como el Louvre) para verlo en un par de horas (que es, como mucho, lo que tenemos de tiempo), subimos a la quinta planta después de algunos titubeos. La madre de Whistler, el cuadro que Mr. Bean hizo famoso para los legos como yo, nos mira de reojo, severamente desde su cuadro. Mi favorito, Monet, llena las salas de luz con sus cuadros de nenúfares y todos sus retratos y paisajes. Me siento atraída por el puntillismo y especialmente por un cuadro de Lemmen (Plage à Heist) cuya lámina me compraré a la salida. También me fijo especialmente en Signac y Seurat. A pesar de que no puedo presumir de una gran educación artística ni pictórica, sé lo que me gusta y lo disfruto y, de paso, hago reír a J. con mis comentarios jocosos sobre ese o aquel cuadro.
Pero me duelen los pies hasta el extremo de decir basta y cuando vamos por los pasteles y las acuarelas yo, lo único que quiero es sentarme y allí todos los asientos están ocupados. Así que dejo que J. siga su visita sin la intervención de mis quejidos y me voy a la cafetería donde me siento frente a un café doble (el café, en general, es muy bueno en Paris) a escribir en mi moleskine. El descanso, de todas formas, me dura poco, ya que a las cinco empiezan a “evacuarnos” amablemente hacia la salida. Como no tengo ni idea de por donde puede estar J., decido bajar al vestíbulo y visitar la tienda del museo. No tengo intención de irme con las manos vacías y hay un par de láminas que quiero llevarme (serán una de Lemmen y otra de Monet). Cuando me encamino a la librería, a echarle un vistazo al libro que J. quiere comprar, le veo bajando por las escaleras y saludándome. Al final, mientras él se compra el libro de pintura del museo, yo me compro un punto de libro de Klimt (“le tré età”) y un boli decorado con un cuadro de Monet.
El autobús, el 95, que nos lleva desde el Quai de Voltaire hasta la Place de Clichy va de bote en bote, así que nuestro “tour” de regreso es algo apretado.
Descansamos un rato en el hotel, haciendo tiempo para ir a cenar (y yo, tratando de que me vuelvan a crecer las plantas de los pies).
Alrededor de las 8 de la tarde salimos hacia Clichy, porque hemos decidido volver al corazón de Montmartre para cenar. Por Joseph de Maistre y des Abesses llegamos al pie del Sacré Coeur y nos entretenemos en comprar unos regalitos de última hora. Luego entramos en un coquetón restaurante de la Place de Charles Dullin que se llama “La ville de Poulbot” y cuyo menú es, además de asequible, sabroso y casero. J. repite con el filete de hareng y yo con la sopa de cebolla (siempre me ha gustado mucho). De segundo me decanto por la omelette avec champignons (riquísima y bien cargada de champiñones) y J. por el bavette grillé (à point) que está tiernísimo.
Regresamos paseando por la rue d’Orsel, des Abesses, Durantin y terminamos en la place de Pigalle, con su animación habitual y la cola para entrar en Le Moulin Rouge.
Es nuestra última noche en Paris. Y vamos a echarla de menos.