EXPERIENCIA KUNDALINI
A petición del personal (bueno, en realidad, sólo de Pily) voy a dedicar mi articulillo de hoy al yoga.
El tipo de yoga que yo practico es el llamado “kundalini”, que es una variante que tiene relación con la religión Sikh (con la que también tengo relación yo, en cierta manera). El yoga “hatha”, que practico los martes, es algo distinto, menos exótico y más “gimnástico” por decirlo de alguna manera. También me gusta y me parece que ambos se complementan perfectamente.
Hoy he retomado mis clases en el centro cívico donde comencé el pasado mes de octubre, después de casi dos meses de "parón" por fiestas y período de nuevas inscripciones. Había dos personas nuevas en el grupo (el resto eran “reenganchadas” como yo) y por ello, el profe ha decidido hacer una clase de iniciación que me ha traído recuerdos de mi primera clase. Que lleve 4 meses haciendo yoga no me convierte en una veterana, no soy capaz de sentarme en la posición del loto, ni tengo aún suficiente práctica como para soportar algunas posturas y ejercicios durante un largo tiempo. Pero sí es verdad que me he aprendido los mantras de conexión, me conozco unos cuantos mudras y que tengo cierta noción de lo que podríamos denominar el “vocabulario” yogui. Vamos que me dicen que vamos a hacer una “sat kriya” y no pienso que estemos a punto de preparar una escalivada.
La clase de hoy ha sido muy suavita y, a pesar de ello, estimulante. Hemos comenzado sentados en postura fácil (o sea, con las piernas cruzadas) y hemos cantado el mantra de conexión (Ong namo Guru dev namo). Al principio da corte ponerse a cantar palabras extrañas, pero una vez te acostumbras, pierdes la vergüenza y desafinas alegremente.
Los ejercicios que hemos hecho han sido todos bastante sencillos y los tiempos de ejecución cortos: flexiones de columna en postura fácil y en postura de roca, rotaciones de cuello, ejercicios de cintura, de hombros, etc. y una “sat kriya” cortita antes de tendernos en las colchonetas para la relajación. La escuela de yoga donde voy desde diciembre te provee de mantas y almohadas para taparte durante la relajación ya que, después del ejercicio, al tenderte a reposar (y recoger los beneficios de todo ese ejercicio) el cuerpo se enfría. Pero en el centro cívico no hay y en la mochila no me cabía la manta y la almohada, así que he llevado sólo lo último y me he tapado con el pareo que pongo sobre la colchoneta, que algo es algo.
Ha sido una de esas clases para hacer con los ojos cerrados, nunca mejor dicho porque, generalmente, es así como se practican los ejercicios, con los ojos cerrados mirando al entrecejo.
Después de una clase de yoga salgo tonificada y, generalmente, me cambia el humor (a mejor). Es agradable, no tiene porque producirte agujetas y te ayuda a sentirte más flexible. Y como se dice en kundalini: “quien tiene la espalda flexible, tiene la mente flexible” (creo que era algo así).
Mi escuela de yoga
Mi blog sobre yoga
El tipo de yoga que yo practico es el llamado “kundalini”, que es una variante que tiene relación con la religión Sikh (con la que también tengo relación yo, en cierta manera). El yoga “hatha”, que practico los martes, es algo distinto, menos exótico y más “gimnástico” por decirlo de alguna manera. También me gusta y me parece que ambos se complementan perfectamente.
Hoy he retomado mis clases en el centro cívico donde comencé el pasado mes de octubre, después de casi dos meses de "parón" por fiestas y período de nuevas inscripciones. Había dos personas nuevas en el grupo (el resto eran “reenganchadas” como yo) y por ello, el profe ha decidido hacer una clase de iniciación que me ha traído recuerdos de mi primera clase. Que lleve 4 meses haciendo yoga no me convierte en una veterana, no soy capaz de sentarme en la posición del loto, ni tengo aún suficiente práctica como para soportar algunas posturas y ejercicios durante un largo tiempo. Pero sí es verdad que me he aprendido los mantras de conexión, me conozco unos cuantos mudras y que tengo cierta noción de lo que podríamos denominar el “vocabulario” yogui. Vamos que me dicen que vamos a hacer una “sat kriya” y no pienso que estemos a punto de preparar una escalivada.
La clase de hoy ha sido muy suavita y, a pesar de ello, estimulante. Hemos comenzado sentados en postura fácil (o sea, con las piernas cruzadas) y hemos cantado el mantra de conexión (Ong namo Guru dev namo). Al principio da corte ponerse a cantar palabras extrañas, pero una vez te acostumbras, pierdes la vergüenza y desafinas alegremente. Los ejercicios que hemos hecho han sido todos bastante sencillos y los tiempos de ejecución cortos: flexiones de columna en postura fácil y en postura de roca, rotaciones de cuello, ejercicios de cintura, de hombros, etc. y una “sat kriya” cortita antes de tendernos en las colchonetas para la relajación. La escuela de yoga donde voy desde diciembre te provee de mantas y almohadas para taparte durante la relajación ya que, después del ejercicio, al tenderte a reposar (y recoger los beneficios de todo ese ejercicio) el cuerpo se enfría. Pero en el centro cívico no hay y en la mochila no me cabía la manta y la almohada, así que he llevado sólo lo último y me he tapado con el pareo que pongo sobre la colchoneta, que algo es algo.
Ha sido una de esas clases para hacer con los ojos cerrados, nunca mejor dicho porque, generalmente, es así como se practican los ejercicios, con los ojos cerrados mirando al entrecejo.
Después de una clase de yoga salgo tonificada y, generalmente, me cambia el humor (a mejor). Es agradable, no tiene porque producirte agujetas y te ayuda a sentirte más flexible. Y como se dice en kundalini: “quien tiene la espalda flexible, tiene la mente flexible” (creo que era algo así).
Mi escuela de yoga
Mi blog sobre yoga
VIBRANTES IDEAS
Me entero de que una revista francesa, Jalouse (celosa), para celebrar la entrada en el 2006 con buenas vibraciones (y de paso vender la friolera de 50 mil ejemplares –la mitad de su tirada bimensual-) ofreció, por sólo un euro más del precio habitual, un vibrador de bolsillo a sus lectoras. Una curiosa promoción que, como no vivo en Paris (por ejemplo), no sé cómo la gente se ha tomado por tierras galas (¿se puede decir “galas”?(*)). Aunque seguro que son más modernos que aquí, porque si una revista de esas “de chicas” tuviera semejante osadía en la piel de toro y, en vez de unas chancletas de goma, un bolso (normalmente feo) o el foulard que lleva todo el mundo, te regalase un vibrador para llevar en el bolso (¿el feo?), la gente estaría rasgándose las vestiduras. Vamos, por lo menos una parte del público femenino que compra este tipo de revistas (otras, probablemente encantadas de la vida).
Ya no estoy a tiempo de comprar ese “Jalouse” en concreto, creo que agotaron las existencias (del regalito). Pero no sería mala idea seguirles la pista. Desde el 2001 está en los kioscos y, por lo que he leído, se considera una revista vanguardista, creativa y que toca temas diversos, desde la moda hasta el cine. Y le gusta provocar al personal. ¿O no?
Por cierto, fijaros en el nombre de la presidenta de la editorial.
Eco de la noticia en los medios
El vibrante ejemplar en cuestión
(*) No sé si es correcto o si se puede considerar de mal gusto. Pero con tanto libro de las aventuras y desventuras de Marco Didio Falco y mi afición a la serie “Roma” cuyo desenlace emitió ayer Cuatro estoy en la Roma Imperial.
Ya no estoy a tiempo de comprar ese “Jalouse” en concreto, creo que agotaron las existencias (del regalito). Pero no sería mala idea seguirles la pista. Desde el 2001 está en los kioscos y, por lo que he leído, se considera una revista vanguardista, creativa y que toca temas diversos, desde la moda hasta el cine. Y le gusta provocar al personal. ¿O no?
Por cierto, fijaros en el nombre de la presidenta de la editorial.
Eco de la noticia en los medios
El vibrante ejemplar en cuestión
(*) No sé si es correcto o si se puede considerar de mal gusto. Pero con tanto libro de las aventuras y desventuras de Marco Didio Falco y mi afición a la serie “Roma” cuyo desenlace emitió ayer Cuatro estoy en la Roma Imperial.
ME LLENA DE ORGULLO Y SATISFACCIÓN
… esto de haber dejado de fumar. Y ahora que lo he anunciado a bombo y platillo, los mensajitos de ánimo que me han llegado me siguen ayudando a conseguir un día más sin humo. Al principio contaba mi “secreto” a cuenta-gotas, un día a una amiga, otro a mi madre… Supongo que temía que no prosperara mi resolución y cuanta menos gente lo supiera menos quedaba mi voluntad (mi falta de voluntad) en entredicho.
Mi decisión de dejar de fumar no tuvo nada que ver con la nueva ley, porque cuando me enteré de que el día 1 de enero se ponía en marcha yo ya había dejado el vicio (eso me pasa por ser una mujer “desactualizada”). Me ayudaron los parches (caros pero eficaces) y el libro de Allen Carr. Y especialmente mi tozudez. Me empeñé en dejar de fumar y si no he vuelto a hacerlo es porque no quiero bajar del burro.
Si no llevo mal la cuenta hoy ha sido mi día 34 sin fumar. Y mientras escribo esto me apetece fumarme un cigarro. Afortunadamente, me apetece pero no me vuelvo loca por un pitillo, simplemente la acción de escribir al ordenador estaba muy ligada a fumar. Como lo estaba tomarme el café (y sigo tomando café, porque, independientemente de la asociación, me gusta) y muchas otras acciones que sigo haciendo y que, evidentemente, ahora no van acompañadas de un cenicero y un paquete de tabaco con su inseparable mechero.
Por mucho que te digan que dejes de fumar, por mucho que te digan que es malo para la salud o que te gastas una pequeña fortuna en envenenarte, no vas a dejar de fumar. Es algo que se tiene que tomar como un reto personal o una resolución a la que se obliga uno mismo. Que los demás presionen no sirve. Y si no fijaros en toda esa gente que, desde la prohibición en el trabajo, fuma a la puerta de los edificios y de las tiendas. Si no quieren dejar de fumar, ya pueden insistirles en prosa poética.
A veces me pregunto si lo de ser ex fumadora o no-fumadora será para siempre, o si un lejano y aciago día volveré a caer en la “trampa”. Mientras llega ese día (o no), me preocuparé de seguir manteniendo el tipo. Por cierto, el yoga me ha ayudado mucho (y creo que también fue uno de los detonantes de mi decisión).
Mi decisión de dejar de fumar no tuvo nada que ver con la nueva ley, porque cuando me enteré de que el día 1 de enero se ponía en marcha yo ya había dejado el vicio (eso me pasa por ser una mujer “desactualizada”). Me ayudaron los parches (caros pero eficaces) y el libro de Allen Carr. Y especialmente mi tozudez. Me empeñé en dejar de fumar y si no he vuelto a hacerlo es porque no quiero bajar del burro.
Si no llevo mal la cuenta hoy ha sido mi día 34 sin fumar. Y mientras escribo esto me apetece fumarme un cigarro. Afortunadamente, me apetece pero no me vuelvo loca por un pitillo, simplemente la acción de escribir al ordenador estaba muy ligada a fumar. Como lo estaba tomarme el café (y sigo tomando café, porque, independientemente de la asociación, me gusta) y muchas otras acciones que sigo haciendo y que, evidentemente, ahora no van acompañadas de un cenicero y un paquete de tabaco con su inseparable mechero.
Por mucho que te digan que dejes de fumar, por mucho que te digan que es malo para la salud o que te gastas una pequeña fortuna en envenenarte, no vas a dejar de fumar. Es algo que se tiene que tomar como un reto personal o una resolución a la que se obliga uno mismo. Que los demás presionen no sirve. Y si no fijaros en toda esa gente que, desde la prohibición en el trabajo, fuma a la puerta de los edificios y de las tiendas. Si no quieren dejar de fumar, ya pueden insistirles en prosa poética.
A veces me pregunto si lo de ser ex fumadora o no-fumadora será para siempre, o si un lejano y aciago día volveré a caer en la “trampa”. Mientras llega ese día (o no), me preocuparé de seguir manteniendo el tipo. Por cierto, el yoga me ha ayudado mucho (y creo que también fue uno de los detonantes de mi decisión).
PETROLEO, EL FIN DE UNA ERA
Hace siglos que no escribo nada en el blog. Empecé practicando yoga y terminé rellenando esas horas que antes dedicaba a sentarme delante del ordenador a hacer la postura de la cobra (entre otras). También tienen culpa las dichosas fiestas de Navidad que, como ya es habitual, me han tenido correteando por el subsuelo de la ciudad tarjeta de metro en mano. Ni siquiera sé si he vuelto… por decirlo de alguna manera. No sé si mañana escribiré algo nuevo o tardaré una semana… o quien sabe si un mes.
El caso es que mi amigo Lluis me envió un email –que he abierto hoy- que ha despertado mis ganas de escribir sobre el tema. Os dejo el texto del correo y mi monólogo al respecto.
"En Documentos TV (La 2, 10/1/2006 23:30), emiten el documental "Petróleo: El Fin de una Era", que pone de manifiesto la situación actual de agotamiento de las reservas de petróleo. Una vez visto, pregúntate de que manera estás contribuyendo al agotamiento del petróleo, y en qué medida puedes cambiar tus hábitos para evitar esta situación.
La responsabilidad no es de los políticos, sino de cada uno de nosotros y de nuestros actos cotidianos, principalmente los que tienen que ver con nuestra movilidad. Estamos acostumbrados a utilizar nuestro coche para movernos a todas partes, y esto tiene que cambiar; Es necesario que nuestros comportamientos cambien, y nos adaptemos a modos de transporte más sostenibles como el tren, el metro y la bicicleta."
¿Sabes? Lo que más me preocupa no es el tema de la movilidad. Ya hay autobuses a gas natural y trenes eléctricos… Lo veo peor para los viajes en avión… se acabaron los fines de semana en Paris a bajo precio. No tengo coche, el bus y el metro son mi coche de cada día. Además del coche de San Fernando(*). Cuando salimos fuera en familia, o en ocasiones concretas, vamos en coche (el de mi pareja) pero le estoy acostumbrando a moverse por BCN, aunque sea para ir a comer el domingo a casa de la familia, en metro o bus, y lo que nos ahorramos en estrés y dolores de cabeza a la hora de buscar aparcamiento. Me gusta la bici, aunque bajar mi bici cada día cuatro pisos… es algo que me incomoda pero si fuera la solución lo haría.
El caso es que el petróleo no sólo es un tema a tratar con la movilidad, es que está presente en montones de cosas que usamos cada día y a las que no les damos la más mínima importancia (todos tendríamos que encontrarnos durante algún tiempo en una isla desierta sin más que aquello que pudiéramos rescatar del naufragio y entonces valoraríamos mucho más lo que tenemos a nuestro alcance sin ningún esfuerzo. Es que no valoramos lo que tenemos… y yo la primera).
No se trata sólo de dejar el coche, que tampoco le veo yo tanta comodidad: hay que aparcarlo (y si no hay sitio, pagar garaje), gasta gasolina (esta precisamente no es barata), se estropea (te arruinas pagando al mecánico), tiene que pasar cada x tiempo la revisión (dependiendo de lo viejo que sea más a menudo) y un año caen las cuatro ruedas, otro cae hacer frenos, etc. También se trata de que la gente recicle, que aunque pongan contenedores de cristal, plástico y papel en cada esquina hay gente que sigue tirándolo todo en el contenedor general y ni se esfuerza. Concienciarnos que las cosas no se usan y se tiran sin más, que hay que aprovechar su vida útil. Si yo guardo el aceite sobrante de cocinar en una garrafa de agua (vacía… de agua) y una vez cada tanto me acerco con ella al camión verde, que viene dos veces por semana por el barrio, para llevársela (y aprovecho para llevar las pilas, bombillas y cosas de esas).
A lo mejor tenemos que empezar a plantearnos la vida sin el petróleo. Y tengo el pálpito que, sin él, puede ser muy diferente a como es hoy en día. Me entra pánico sólo pensarlo.
(*) Unos ratitos a pie y otros andando.
P.D. Ayer “celebré” un mes entero sin fumar. Dejé de fumar el 10 de diciembre. La tarde anterior, en un acto totalmente inusitado (un “rampell” como decimos por aquí), entré en una farmacia y me compré una caja de parches que estrené al día siguiente. Después de 14 parches (que a mi me funcionaron muy bien) decidí dejarlo del todo, a pelo, y aunque pasé unos días bastante malos, cada día era un poco menos malo sobretodo si hacía cosas que me mantuvieran ocupada. Hoy aún he tenido un momento de esos de “voy a encender un cigarrito” pero me he hecho un té. El día 9 por la noche, antes de irme a dormir, tiré todos los ceniceros y el paquete de tabaco a la basura. No me preocupa lo que me he ahorrado en tabaco y aún no he podido disfrutar de vivir sin humo plenamente (he tenido dos constipados seguidos…), pero estoy contenta de haber tomado la decisión.
P.D.2: Espero que hayáis tenido unas buenas fiestas navideñas y que hayáis entrado con el pie derecho en el 2006. Yo, de momento, mientras cruzo los dedos y toco madera, puedo decir que no he empezado mal del todo.
El caso es que mi amigo Lluis me envió un email –que he abierto hoy- que ha despertado mis ganas de escribir sobre el tema. Os dejo el texto del correo y mi monólogo al respecto.
"En Documentos TV (La 2, 10/1/2006 23:30), emiten el documental "Petróleo: El Fin de una Era", que pone de manifiesto la situación actual de agotamiento de las reservas de petróleo. Una vez visto, pregúntate de que manera estás contribuyendo al agotamiento del petróleo, y en qué medida puedes cambiar tus hábitos para evitar esta situación.La responsabilidad no es de los políticos, sino de cada uno de nosotros y de nuestros actos cotidianos, principalmente los que tienen que ver con nuestra movilidad. Estamos acostumbrados a utilizar nuestro coche para movernos a todas partes, y esto tiene que cambiar; Es necesario que nuestros comportamientos cambien, y nos adaptemos a modos de transporte más sostenibles como el tren, el metro y la bicicleta."
¿Sabes? Lo que más me preocupa no es el tema de la movilidad. Ya hay autobuses a gas natural y trenes eléctricos… Lo veo peor para los viajes en avión… se acabaron los fines de semana en Paris a bajo precio. No tengo coche, el bus y el metro son mi coche de cada día. Además del coche de San Fernando(*). Cuando salimos fuera en familia, o en ocasiones concretas, vamos en coche (el de mi pareja) pero le estoy acostumbrando a moverse por BCN, aunque sea para ir a comer el domingo a casa de la familia, en metro o bus, y lo que nos ahorramos en estrés y dolores de cabeza a la hora de buscar aparcamiento. Me gusta la bici, aunque bajar mi bici cada día cuatro pisos… es algo que me incomoda pero si fuera la solución lo haría.
El caso es que el petróleo no sólo es un tema a tratar con la movilidad, es que está presente en montones de cosas que usamos cada día y a las que no les damos la más mínima importancia (todos tendríamos que encontrarnos durante algún tiempo en una isla desierta sin más que aquello que pudiéramos rescatar del naufragio y entonces valoraríamos mucho más lo que tenemos a nuestro alcance sin ningún esfuerzo. Es que no valoramos lo que tenemos… y yo la primera).
No se trata sólo de dejar el coche, que tampoco le veo yo tanta comodidad: hay que aparcarlo (y si no hay sitio, pagar garaje), gasta gasolina (esta precisamente no es barata), se estropea (te arruinas pagando al mecánico), tiene que pasar cada x tiempo la revisión (dependiendo de lo viejo que sea más a menudo) y un año caen las cuatro ruedas, otro cae hacer frenos, etc. También se trata de que la gente recicle, que aunque pongan contenedores de cristal, plástico y papel en cada esquina hay gente que sigue tirándolo todo en el contenedor general y ni se esfuerza. Concienciarnos que las cosas no se usan y se tiran sin más, que hay que aprovechar su vida útil. Si yo guardo el aceite sobrante de cocinar en una garrafa de agua (vacía… de agua) y una vez cada tanto me acerco con ella al camión verde, que viene dos veces por semana por el barrio, para llevársela (y aprovecho para llevar las pilas, bombillas y cosas de esas).
A lo mejor tenemos que empezar a plantearnos la vida sin el petróleo. Y tengo el pálpito que, sin él, puede ser muy diferente a como es hoy en día. Me entra pánico sólo pensarlo.
(*) Unos ratitos a pie y otros andando.
P.D. Ayer “celebré” un mes entero sin fumar. Dejé de fumar el 10 de diciembre. La tarde anterior, en un acto totalmente inusitado (un “rampell” como decimos por aquí), entré en una farmacia y me compré una caja de parches que estrené al día siguiente. Después de 14 parches (que a mi me funcionaron muy bien) decidí dejarlo del todo, a pelo, y aunque pasé unos días bastante malos, cada día era un poco menos malo sobretodo si hacía cosas que me mantuvieran ocupada. Hoy aún he tenido un momento de esos de “voy a encender un cigarrito” pero me he hecho un té. El día 9 por la noche, antes de irme a dormir, tiré todos los ceniceros y el paquete de tabaco a la basura. No me preocupa lo que me he ahorrado en tabaco y aún no he podido disfrutar de vivir sin humo plenamente (he tenido dos constipados seguidos…), pero estoy contenta de haber tomado la decisión.
P.D.2: Espero que hayáis tenido unas buenas fiestas navideñas y que hayáis entrado con el pie derecho en el 2006. Yo, de momento, mientras cruzo los dedos y toco madera, puedo decir que no he empezado mal del todo.