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Vestida por el mundo
Opiniones sobre aquello que leo, veo o escucho... y un cuento de vez en cuando
Acerca de
VESTIDA POR EL MUNDO ¡Bienvenidos a mi blog personal! Intentaré colgar algo cada día, artículos, comentarios de libros y, de vez en cuando, relatos. Gina Lollobrigida fue “desnuda por el mundo” (o “Desnuda frente al mundo”) en la versión fílmica de la novela de Tom T. Chamales, un libro que ha estado desde tiempos pretéritos en la librería de mis padres y que, a pesar de eso y de mi afición por la lectura, aún tengo pendiente de leer.
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DE MUDANZA
He decidido trasladarme. Este blog hace tiempo que no hay forma de que funcione. Tengo amigos que me dicen que si "lo tengo en obras" porque no hay forma de que puedan acceder. Otros me comentan que, al escribir sus comentarios, saltan a antiguos posts. Sea como sea, como es algo que yo no puedo solventar (y mis conocimientos de HTML se limitan a cuatro instrucciones básicas para poner negrita, italica, subrayado o listas numeradas, etc.), me voy con el viento a otra parte... A partir de ahora me encontraréis en

VESTIDA POR EL MUNDO (II)
 
MIENTO LUEGO EXISTO
Hay gente que, por lo que parece, miente por norma, por costumbre o por afición. No es que a mi me vaya mucho lo de la mentira piadosa, pero reconozco que, en algunas ocasiones, hay que tirar de ellas (o de sus “primas hermanas”, las mentirijillas para quedar bien) a fin de salir de un embrollo o tratar de salvar una situación embarazosa. Pero siempre he creído que para ser mentiroso/a hay que tener dos grandes “virtudes”: memoria y rapidez. Memoria para recordar todas las mentiras contadas y rapidez para soltarlas sin que parezca que estas pensando la respuesta que te conviene más. Y, como dice el refrán, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.
Tenía una compañera de clase que mentía por afición. Sus trolas podían ser de todos los tipos y, con el tiempo, ya no sabías qué era ficción y qué realidad. Si lo que te contaba parecía muy fantasioso, las posibilidades de que fuera uno de sus rollos eran mayores. Pero, a veces, mentía en cosas intrascendentes con una verosimilitud que, ahora que lo pienso, daba un poco de yu-yu.
El otro día trajeron unas muestras de baldosas y, por equivocación, las dejaron donde trabajo. Decidimos preguntar a la vecina, porque nosotros no habíamos pedido muestras de nada (ni de champú) y pensamos que alguien estaría esperándolas. Después de descorrer doscientos cerrojos me salió una señora mayor con su hija flanqueándola, ambas encuadradas por la decoración de espejos y dorados del recibidor. Cuando les mostré la pesada baldosa azul de 90x90 cms., negaron toda relación con ella. Y también que estuvieran proyectando hacer obras en su casa en los próximos seis quinquenios. Hoy han llegado los albañiles, cargados de herramientas y materiales de construcción. La pared que nos separa no ha parado de retumbar durante todo el día. He temido por sus ladrillos. Es evidente, por las pruebas, que están haciéndose la cocina o el cuarto de baño nuevos. Mientras ellos estén al otro lado de la pared y no nos desmonten el chiringuito, a mi me parece perfecto. Lo del ruido no es peor que la máquina taladradora que esta mañana, a las ocho en punto, ha comenzado a desmigar el suelo de la calle frente a mi dormitorio.
Pero me pregunto ¿a santo de qué me mintieron el otro día? ¡Si la baldosa era suya! Me hubiera ahorrado tener que pasearme con el dichoso azulejo que, no sólo pesaba lo suyo, sino que no sabía que hacer con él. Mentir para nada, digo yo, es tontería.


Hoy es el “Día de la mujer trabajadora” y, para celebrarlo me he pasado el día haciendo precisamente eso: trabajar. Espero que, algún día, titulares como el que he leído en el periódico de camino al trabajo sean una rareza: “El 13% de los españoles cree que las mujeres están mejor en casa”. ¿Haciendo exactamente qué?