E G U B E R R I O N - F E L I Z N A V I D A D

Por la noche viene el Olentzero. Quería regalaros algo. Un regalo,
que fuera posible en este medio. Se me han pasado varias ideas por
la mente, pero todas empezaban por palabras y acaban casi igual.
Quería algo diferente, algo kurrado, que me costara.
Llevaba mucho tiempo intentándolo y no lo conseguía. Hoy he
decidido que era el día. Que quería regalaros el resultado del
esfuerzo. Porque aunque parezca que no, una es muy negada y os
aseguro que lo mío me ha costado insertar esa imagen. Al final entre
los trucos de Andaya y mi cabezonería algo ha salido. Resumiendo
que si no hubiera sido por ella, hubiera sido imposible. Es una de
esas cosas que una hace con todo el kariño del mundo.
Muchos besos y a disfrutar de los que están, que en la sociedad en la
que vivimos, el día a día marcha tan deprisa, que es difícil muchas
veces buscar un hueco para juntarnos todos. Tal vez, eso tenga de
bueno la navidad, que nos esforzamos en buscar ese momento en el
que encontrarnos todos al rededor de una mesa y disfrutar de una
buena comida, un buen vino y una buena compañía.
A ser felices.
CUALQUIER TIEMPO PASADO, NO FUE MEJOR
Dicen que hay cosas
que nunca se olvidan; que uno siempre regresa a ellas. Estoy
totalmente de acuerdo. El camino, a este mágico mundo de los blogs,
no se me olvidó. Muchas noches, me invadía la necesidad de
contaros, de leeros, de inventar historias nuevas y mostrarlas en este
escaparate, donde muchos observamos, a la vez que nos
exponemos a ser observados. Algunas veces, desnudamos nuestra
alma, hasta el punto que necesitamos inventarnos un sol y vestirnos
con su cálida sonrisa.
Muchas gracias, a los que me habéis visitado incondicionalmente y
siento no haberos recibido como os merecíais. La vida, que muchas
veces me lía y me lío yo con ella, hasta el punto de que van pasando
los días y una empieza a añorarlo casi todo.
Hace un tiempo, casi el mismo que llevo sin zambullirme, en este
juego de construir historias con palabras, me detuve, la detuve a ella,
la miré a los ojos contracorriente, pensé en un instante que no sería
capaz de vencer la marea de relojes que me apuntaban, con horas
que me retaban a seguir a delante. Me planté, decidí retomar aquella
ilusión de estudiar. Aquella ilusión, que enterré hace muchos años,
debajo de un pupitre carcomido a golpe de calendario, en una vieja
escuela, de un pueblo del que prefiero no revelar su nombre. Siempre
he querido estudiar psicología, pero ya dicen, que muchas veces con
querer no es suficiente. Supongo, que hay un momento para todo, un
momento que como dejes escapar, esa ilusión pasará a ser un
sueño; y yo quiero, tengo la necesidad, de hacer una realidad de ello.
He puesto los medios necesarios, la ilusión de empezar a vestir un
cuaderno en blanco; las ganas de empuñar como única arma, una
pluma; la alegría de saber, que una hace lo que le gusta; el buen
sabor de boca, que deja el realizar sueños arrastrados a través de los
años; el goce de reencontrarse con nuevos compañeros de instituto,
de saborear un cigarro entre clase y clase, de intercambiar apuntes
pasados a limpio; de mirar atrás y conectar con sensaciones ya
pasadas, ya vividas, pero desde una personalidad más formada y de
descubrir, que no han pasado tantos años, como los que quedan por
venir y que tampoco todo tiempo pasado fue mejor. De no sentir, que
uno vive estancado en el pasado y que para poder añorar, en un
futuro un tiempo anterior, sin repetirse en las experiencias, hay que
ir construyendo, día a día unas nuevas.
Esta es la razón, por la que dejé en su día, de compartir con todos
vosotros, ese momento, en el que una abre el alma sin miedo,
sin pudor, sin ser consciente muchas veces de lo que brota de ella,
hasta que no se detiene a observarlo. De contar vivencias, que tal vez
nunca hayan sido contadas, de dar paso a la fantasía, de exponer los
miedos, de criticar injusticias, de cicatrizar heridas, de contar en
grupo; de alcanzar sueños, aunque solo sea para rozarlos y dejarlos
después escapar; de llorar palabras, de abrir heridas a golpe de
contar vivencias y dejar que cicatricen solas; de conocer a personas,
que nunca reconoceríamos si cruzáramos el umbral, que separa lo
virtual de lo terrenal.
Un besito a todos, e intentaré acudir más a menudo. Aunque si no lo
hago, que sepáis que será, porque estoy realizando un sueño.