ONGI ETORRI ON LAIA

Hace meses que te esperaba. Te iba queriendo día a día, a pesar de
no haberte visto nunca.
Hoy me he despertado nerviosa, contenta, feliz porque íbamos a
encontrarnos.
No puedo explicar con palabras, lo que he sentido caminando por ese
pasillo que me llevaba hasta donde tú estabas. Al abrir la puerta de la
habitación, me he emocionado. He visto la cara de tu amona. Estaba
como están las amonas cuando esa condición se hace realidad.
A mis ojos, se han asomado las lágrimas, cuando te he visto allí, en
el pecho de tu ama, de esa persona con la que he crecido; de esa
mujer, a la que quiero profundamente; ese ser, sin el que las cosas,
nunca hubieran sido las mismas; ese tesoro que se cruzó en mi
camino, con la que he llenado mi vida con secretos, he tejido
veranos mágicos, he cantado, reído, llorado; he compartido penas,
alegrías, ilusiones, sueños, deseos; de todo un poco, y de poco nada.
Cuando he mirado su cara y la huella absoluta de la felicidad
iluminaba su rostro, me he puesto a llorar como una niña; y aún sigo
llorando, sólo de recordarlo.
No soy capaz tampoco, de explicar lo que he sentido cuando te he
acunado en mis brazos, cuando me has mirado como si me
conocieras de hace tiempo. O tal vez sí que pueda. Me he sentido
feliz, como hacía tiempo que no me sentía. O tal vez como nunca me
haya sentido, porque tu nacimiento ha sido algo único. Me has dado
fuerza, hace tiempo que la necesitaba; me has dado ternura,
demasiada; me has dado la ilusión de verte crecer, de conseguirte
una sonrisa, de escucharte decir izeba.
Has llegado, te he visto y me has regalado vida; mucha vida.
MAITE ZAITUT TXIKI.





